Uno de los conceptos más importantes, y a la vez más incómodos, en el ámbito de las relaciones afectivas es el de la irresponsabilidad afectiva. No hablamos de grandes traiciones o de dinámicas claramente abusivas, sino de una actitud más sutil pero profundamente dañina: la de quien se vincula emocionalmente con otra persona sin asumir las consecuencias de sus palabras, sus actos o incluso de sus silencios.
En el primer episodio de la segunda temporada de Entre Divanes, se plantea un ejemplo especialmente revelador. Ana comparte una experiencia clínica difícil: “Cuando viene un paciente que estamos viendo que es irresponsabilidad afectiva, se lo decimos... una vez le confronté a un paciente y le dije, de una manera suave, que estaba siendo un irresponsable afectivo y que encima estaba echándole la culpa a la otra persona. Se enfadó muchísimo conmigo, se fue dando un portazo y no quiso volver nunca más”.
Este tipo de reacción ilustra algo muy real en el trabajo terapéutico: tomar conciencia de nuestra parte en las dinámicas relacionales no siempre es agradable. Muchas personas llegan a consulta buscando alivio emocional, estrategias de autocuidado o herramientas para salir del dolor. Pero a veces, el mayor acto de autocuidado es precisamente revisar el lugar que ocupamos en la relación y reconocer que no siempre somos sólo víctimas de los otros, sino también protagonistas con mayor o menor consciencia de lo que ocurre en el vínculo.
Como se explica en el episodio, “la psicología es tomar conciencia”, y eso incluye mirar de frente nuestras incoherencias, nuestros miedos, nuestras evasiones. Es difícil, sí, pero es el único camino para generar vínculos más sanos, más justos y más empáticos. Y para eso, en ocasiones, es necesario confrontar. No con juicio, sino con claridad.
La irresponsabilidad afectiva se manifiesta en muchas formas: ambigüedad prolongada, falta de honestidad emocional, retirar afecto sin explicación, generar expectativas que no se van a cumplir, desaparecer en momentos clave o incluso hacer que el otro se sienta culpable por tener necesidades. Y aunque cada persona es responsable de gestionar sus propias emociones, en una relación sí hay una parte compartida que implica cuidado y respeto hacia el otro.
En palabras de Ana: “Que no sólo va el ir al psicólogo de que el otro es culpable y yo a ver cómo me puedo cuidar... el concepto universal que hay ahora mismo es: yo también, ¿de qué soy responsable? Y entender al otro desde un punto de vista general”.
En un momento histórico en el que se habla cada vez más de autocuidado, límites y salud mental, lo cual es fundamental, corremos también el riesgo de caer en un discurso unilateral: el de protegerme yo sin mirar lo que genero en los demás. Pero la verdadera madurez afectiva no solo consiste en protegerse, sino también en hacerse cargo: de lo que uno dice, de lo que uno hace, y de cómo eso puede afectar al otro.
Ir al psicólogo no es solo para encontrar consuelo. A veces, el verdadero trabajo terapéutico empieza cuando nos duele mirar hacia dentro y reconocemos que, aunque no sea nuestra intención, también podemos estar haciendo daño.
En Psicólogos Princesa, ofrecemos terapia presencial y terapia online para ayudarte a mejorar tus relaciones. Contáctanos y comienza tu camino hacia el bienestar emocional.
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Donde el valor de los vínculos humanos se pone en tela de juicio. Pareciera que vivir en soledad, bastarse a uno mismo y no “depender” de nadie es el ideal contemporáneo. Sin embargo, en el primer episodio de la nueva temporada del podcast Entre Divanes, se plantea una verdad incómoda pero profundamente humana: seguimos necesitando a los otros.
“Vivimos en una sociedad super individualista... parece que las relaciones …gastamos tiempo en tener que ajustarnos con el otro”, reflexiona Ana en conversación con sus alumnos. Y es que lo relacional requiere esfuerzo: implica negociación, compromiso, ceder, escuchar, adaptarse. Pero también es, según lo que observan desde la práctica clínica, lo que más impacta en nuestro bienestar mental.
En palabras de Ana: “El ser humano, por más que no queramos muchas veces... las seguimos necesitando”. Esta afirmación se aleja del discurso actual que promueve una autosuficiencia emocional casi absoluta. Porque, aunque es cierto que construir una base interna sólida es esencial, no podemos negar que nuestro equilibrio también se sostiene, y a veces se tambalea, en la forma en que nos relacionamos.
Una de las ideas más potentes del episodio es que lo que una persona dice al inicio de una sesión (“el motivo de consulta”) no siempre es el verdadero motivo que subyace. “Una cosa es el motivo de consulta, que es lo primero que nos dice el paciente, y luego está normalmente el verdadero problema”, afirma Ana. Y lo que aparece al fondo, con una frecuencia abrumadora, son las relaciones: vínculos de pareja, familiares, amistosos, laborales... vínculos que duelen, que faltan, que se rompen o que no terminan de construirse.
“En el 95% de los casos [el problema] tiene que ver con las relaciones y en el otro 5% probablemente con la falta de relaciones”, comenta Ana. Esta estadística no científica, pero basada en la experiencia clínica directa, pone el foco donde pocas veces se coloca: en la complejidad y la necesidad de vincularnos. En una época donde se sobrevalora el “no necesitar a nadie”, se nos recuerda que no tener vínculos también duele. Que la ausencia de relaciones significativas puede ser tan perjudicial como una relación conflictiva.
Las consultas están llenas de personas que llegan hablando de ansiedad, tristeza, falta de sentido o síntomas físicos que no encuentran causa médica clara. Pero en muchas ocasiones, al profundizar, lo que se encuentra es un conflicto emocional relacional no resuelto, una ruptura no elaborada, una soledad crónica o una sensación de desconexión con el entorno más cercano.
Desde la psicología, el abordaje de estos temas no se basa únicamente en hablar de “relaciones tóxicas”, sino en explorar qué patrones hemos aprendido, cómo nos vinculamos, qué necesidades tratamos de cubrir y qué heridas están en juego. Se trata de aprender a identificar nuestras dinámicas, ponerles nombre, comprender su origen y, poco a poco, transformarlas.
Este fragmento del podcast funciona como una invitación a repensar el papel que tienen los demás en nuestra salud mental. No para caer en la dependencia emocional, sino para recuperar el valor del encuentro. Porque, como seres humanos, estamos hechos para relacionarnos. Y en ese tejido complejo de afectos, rupturas, cuidados y desencuentros, muchas veces se esconde no solo el origen del malestar, sino también la posibilidad de sanar.
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El tratamiento de los problemas relacionados con la alimentación es un proceso complejo que requiere un enfoque integral y multidisciplinar. Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Cristina Pardo de Vera, Psicóloga General Sanitaria y Neuropsicóloga Clínica, comparten su experiencia sobre cómo abordar estos trastornos desde la terapia y la colaboración interdisciplinaria.
El enfoque multidisciplinar como base del tratamiento
Cristina Pardo de Vera destaca que lo primero, cuando un paciente llega a consulta con un problema alimentario, es garantizar un trabajo multidisciplinar: "Es superimportante que haya un trabajo multidisciplinar porque no somos nutricionistas, ni psiquiatras. Si podemos tener a alguien de referencia y colaborar, mejor."
En este tipo de casos, es fundamental que el paciente se someta a una evaluación médica completa para descartar causas orgánicas y entender el impacto del problema en el cuerpo. Analíticas médicas, consultas con un nutricionista y, en algunos casos, con un psiquiatra, son pasos iniciales imprescindibles para construir una base sólida en el tratamiento.
Ana Millán también resalta que cada persona es diferente, y que el metabolismo y las expectativas individuales deben tenerse en cuenta: "Primero de todo, hay que poner en contacto a cada uno con su realidad. Muchas veces, las expectativas están influenciadas por modelos ideales en redes sociales que no reflejan la diversidad real."
Explorando la raíz del problema: más allá del origen
En terapia, surge con frecuencia la pregunta de cómo y por qué se ha desarrollado el problema de la conducta alimentaria. Sin embargo, Cristina advierte que centrarse en identificar una causa única puede ser contraproducente: "Hay veces que se empeñan mucho en entender cómo han llegado hasta aquí. No siempre vamos a saberlo, y no estoy segura de que te vaya a ayudar tanto como crees en el proceso."
En lugar de buscar un único desencadenante, el foco debe estar en comprender la función que cumple el síntoma en la vida del paciente.
"Lo más importante es encontrar la función que tiene el síntoma. Es decir, ¿qué está cubriendo este problema alimentario en la vida de la persona? Desde ahí, se puede trabajar para desmontarlo y construir herramientas más saludables." Cristina Pardo
Desafiar las expectativas y conectar con la realidad
Otro aspecto clave es trabajar con las expectativas y creencias del paciente sobre su cuerpo y su relación con la comida. Ana subraya la importancia de explorar las motivaciones detrás de los objetivos poco realistas: "¿Para qué quieres estar como esta persona que has visto en redes sociales? ¿Qué crees que eso te puede aportar? Hay que ayudar a las personas a entender que muchas veces lo que persiguen está basado en ideales que no reflejan lo que necesitan realmente."
Este proceso de reconexión con la realidad permite al paciente comprender mejor sus propias metas y necesidades, alejándose de comparaciones dañinas.
La importancia del acompañamiento integral
El tratamiento de los problemas de alimentación no es lineal ni depende de una sola disciplina. Como explican Ana Millán y Cristina Pardo de Vera, el trabajo en equipo entre psicólogos, médicos, nutricionistas y psiquiatras es esencial para abordar estos trastornos de manera integral.Desde la perspectiva terapéutica, no se trata solo de identificar la causa del problema, sino de entender su función en la vida del paciente y construir un camino hacia una relación más sana con la comida, el cuerpo y la mente. Además, el acompañamiento empático y realista ayuda a los pacientes a alinear sus expectativas con su realidad, favoreciendo un proceso de recuperación sostenible y transformador. Te invitamos a escuchar este fragmento del episodio.
En el contexto actual, los problemas relacionados con la alimentación son una preocupación creciente que afecta a personas de diversas edades y géneros. Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Cristina Pardo de Vera, Psicóloga General Sanitaria y Neuropsicóloga Clínica, con amplia experiencia en el campo de la salud mental, abordan los trastornos alimentarios más frecuentes y los desafíos asociados a su tratamiento.
Los trastornos alimentarios más comunes
Cristina Pardo de Vera identifica tres trastornos alimentarios como los más comunes en consulta: Anorexia nerviosa, Bulimia nerviosa y Trastorno por atracón. Estos trastornos, aunque distintos, no suelen mantenerse estáticos a lo largo del tiempo.
"Es probable que una persona con anorexia nerviosa migre, por ejemplo, a trastorno por atracón o bulimia. Es decir, los trastornos no se quedan estáticos." Cristina Pardo de Vera.
Aunque estos son los casos más frecuentes, es importante destacar que los trastornos alimentarios afectan a cada persona de manera distinta, dependiendo de factores como la edad, el género y las experiencias de vida.
Relación difícil con la comida
Ana Millán aporta una perspectiva clave sobre el origen y la naturaleza de los problemas alimentarios: "Cuando uno tiene un problema con la alimentación, es que tiene una relación con la comida difícil. Al final, el trastorno no es más que esos rasgos difíciles que se vuelven disfuncionales."
La mayoría de las personas que enfrentan problemas con la alimentación no cumplen los criterios diagnósticos de un trastorno alimentario específico, quedando clasificados como "no especificados". Sin embargo, esto no disminuye la importancia de abordar estas dificultades.
"Muchas veces no hace falta llegar a ese límite para pedir ayuda". Ana Millan.
Recordando que la frecuencia, intensidad y duración de los síntomas son indicadores clave para determinar la gravedad del problema.
La importancia de pedir ayuda temprana
Uno de los mensajes más relevantes de Cristina es la necesidad de actuar de manera temprana ante cualquier señal de un trastorno alimentario: "Cuanto más tardes en pedir ayuda, cuanto más tiempo estés con el trastorno, peor pronóstico vas a tener y más largo será el tratamiento."
Reconocer los signos iniciales y buscar apoyo profesional de inmediato puede marcar la diferencia en el pronóstico y la duración del tratamiento. La detección temprana es esencial para minimizar el impacto de estos trastornos y favorecer una recuperación más rápida y eficaz.
Los trastornos alimentarios son un reflejo de una relación difícil con la comida que puede manifestarse de diversas maneras. Aunque los diagnósticos específicos, como anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno por atracón, son comunes, muchas personas enfrentan problemas que no cumplen todos los criterios clínicos, pero que igualmente afectan su calidad de vida.
Pedir ayuda a tiempo es clave para evitar que estas dificultades evolucionen hacia trastornos más graves. Como destacan Ana Millán y Cristina Pardo de Vera, reconocer la importancia de la relación con la comida y buscar apoyo profesional es el primer paso hacia la recuperación. Te invitamos a escuchar el fragmento aquí.
En el ámbito de la psicoterapia, la relación entre el terapeuta y el paciente juega un papel crucial para el éxito del proceso terapéutico. ¿Cómo lograr ese equilibrio entre profesionalidad y autenticidad? Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Cristina Pardo de Vera, Psicóloga General Sanitaria y Neuropsicóloga Clínica, comparten reflexiones sobre su práctica y exploran la importancia de crear un vínculo sólido y natural con los pacientes.
El vínculo como base del proceso terapéutico
Cristina Pardo subraya la relevancia de construir un vínculo genuino con el paciente desde el primer encuentro: "Evidentemente, creo que al principio en lo que más me centro es en poder generar ese vínculo y luego tratar a los pacientes de una manera más natural."
Reconoce que, en sus primeros años de experiencia, sentía su manera de interactuar con los pacientes forzada. La rigidez y el formalismo en exceso limitaban la conexión con las personas que atendía, dificultando un acercamiento auténtico.
Con el tiempo, decidió explorar un enfoque más cercano, integrando elementos de su personalidad en las sesiones: "Dije: 'Oye, voy a probar, evidentemente, ser profesional, pero si me sale utilizar el sentido del humor, lo utilizo. Si me sale reírme, me río. Soy una persona muy cercana'."
Adaptación y estilo personal
Ana Millán aporta una reflexión interesante sobre el estilo del terapeuta y su relación con la adaptabilidad: "Nos vamos adaptando, pero también hay un punto en que si a alguien no le vale como tú eres o como tú trabajas, no pasa nada."
Esto resalta una verdad importante en el trabajo terapéutico: no todos los pacientes encontrarán en un terapeuta específico lo que necesitan, y eso está bien. Parte de ser auténtico como terapeuta es aceptar que la conexión debe ser mutua, sin forzar un encaje donde no lo hay.
Cristina coincide, destacando que ser auténtico y cercano no significa perder el profesionalismo, sino mostrar cariño y humanidad. El vínculo, para ella, es bidireccional: "Es desde ser más auténtica, ser natural, también desde mucho cariño."
El valor de la cercanía en la terapia
Ambas profesionales concuerdan en que el vínculo terapéutico no solo facilita el proceso, sino que también humaniza el trabajo. Cristina concluye que, en su práctica, ser ella misma le permite ofrecer un espacio seguro y cómodo para sus pacientes, mientras que Ana reconoce que el afecto hacia los pacientes es inevitable: "A los pacientes al final les cogemos cariño."
En este enfoque se encuentra un equilibrio clave: ofrecer un acompañamiento profesional sin renunciar a la cercanía y autenticidad que humanizan la terapia. El resultado es una relación de confianza que beneficia tanto al terapeuta como al paciente.
En la psicoterapia, el vínculo es un pilar fundamental que se construye desde la autenticidad, la adaptabilidad y la cercanía. Reconocer la importancia de ser uno mismo y encontrar un estilo personal no solo facilita el proceso terapéutico, sino que también permite al terapeuta disfrutar y aprender de su práctica. Como Ana Millán y Cristina Pardo de Vera destacan, el cariño hacia los pacientes y la conexión bidireccional son elementos que enriquecen el trabajo y generan un impacto positivo en la vida de quienes buscan ayuda.Te invitamos a escuchar el aquí el fragmento de este episodio.
En esta conversación, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, junto a Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa, abordan el mundo del emprendimiento desde una perspectiva inspiradora. Hablan sobre la importancia de tomar decisiones valientes como primer paso hacia el éxito, analizan las claves para dar vida a una empresa y reflexionan sobre el papel del riesgo en el proceso. Además, exploran cómo el autoempleo puede evolucionar hasta convertirse en un proyecto empresarial sólido.
El malestar como parte de la vida
Ana Millán inicia con una reflexión que resuena profundamente entre quienes trabajan en el ámbito de la psicología: “En el fondo, estudiamos psicología para aliviar un sufrimiento.”
Esta búsqueda constante de aliviar el malestar, tanto en los pacientes como en uno mismo, parece ser el motor detrás de esta profesión. Sin embargo, Ana señala un punto crucial que a menudo enfrentan quienes asisten a terapia: “Estoy mejor, pero no dejo de pasarlo mal.”
La realidad, como Ana lo expone con claridad, es que el sufrimiento forma parte de la experiencia humana. “Claro, es que no vas a dejar de sentirlo hasta que te mueras”, comenta. Pero la solución no radica en eliminar el malestar, sino en aprender a relacionarnos con él desde un lugar de aceptación.
Tres formas de enfrentar las emociones
Ana Millán, complementa esta reflexión destacando que, cuando enfrentamos emociones difíciles, generalmente tomamos una de estas tres rutas:
- Aceptar y atravesarlas conscientemente: Reconocer las emociones y procesarlas de manera saludable.
- Evitarlas: Buscar distraerse de ellas o huir, lo cual suele hacer que reaparezcan con más fuerza.
- Reaccionar de forma compulsiva: Intentar eliminarlas rápidamente, perpetuando un ciclo de lucha interna.
Y enfatiza una enseñanza fundamental de la psicología: “A lo que te resistes, persiste.” Tanto la evitación como la compulsión nos llevan a luchar contra nuestras emociones en lugar de entenderlas. Es aquí donde la Terapia de Aceptación y Compromiso ofrece una alternativa: aceptar el malestar sin intentar erradicarlo, permitiendo que este forme parte de la vida sin dominarla.
Las emociones como aliadas, no enemigas
Ambas coinciden en que las emociones tienen un propósito importante.
“La emociones están ahí para algo, tienen una función.” Cristina Pardo de Vera
Las emociones, incluso las más incómodas, no son nuestros enemigos, sino señales que nos ayudan a comprender nuestras necesidades y adaptarnos a las circunstancias.
La aceptación no implica resignación, sino un cambio de enfoque que permite dejar de luchar contra lo inevitable.
“Cuando dejas de intentar quitarte la emoción, te relajas,” Cristina Pardo de Vera
La Terapia de Aceptación y Compromiso: Un camino hacia la transformación
La Terapia de Aceptación y Compromiso se centra en ayudar a las personas a aceptar sus emociones y pensamientos en lugar de resistirlos o evitarlos. Como Ana Millán explica, esta perspectiva no solo transforma la manera de entender la psicología, sino también de ayudar a los demás.
“El tema no es eliminar el sufrimiento, sino aprender a relacionarte con él de una manera que no te pelees.” Cristina Pardo de Vera
Esta idea ofrece una forma más saludable y consciente de vivir. Aceptar el malestar como parte inherente de la vida no significa rendirse ante él, sino integrarlo como una herramienta para el crecimiento personal y la construcción de una vida con significado.
Reflexión final
Las emociones, incluso las más difíciles, tienen un papel crucial en nuestra vida. Aprender a convivir con ellas desde la aceptación nos permite dejar de luchar contra lo inevitable y, en cambio, construir una relación más sana con nuestro mundo interno.
Ana Millán y Cristina Pardo de Vera nos invitan a explorar este camino transformador, recordándonos que la aceptación no es un signo de debilidad, sino una herramienta poderosa para vivir una vida más plena y auténtica.Te invitamos a escuchar el fragmento y a sumergirte en esta reflexión.
En el segundo capítulo del podcast “Entre Divanes”, Jesús Fernández, psicólogo general sanitario, comparte un recuerdo íntimo y significativo: la experiencia de su primer paciente. Acompañado por Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, Jesús reflexiona sobre el impacto de esa primera sesión y cómo se asemeja a enfrentar un combate. Este momento se convirtió en un hito que le permitió descubrir su vocación y encontrar un profundo sentido de propósito en su labor como terapeuta.
El Primer Paciente: Una Experiencia Inolvidable
Jesús recuerda vívidamente su primer encuentro en consulta. Aún mantiene contacto con esa paciente, quien continúa asistiendo a terapia ocasionalmente. "Era la primera vez que me sentaba frente a alguien sin conocer nada de ella. Y entonces, comenzó a hablarme de su ansiedad, y pensé, ‘Ha empezado una investigación’, comenta Jesús. En ese instante, se dio cuenta de que no solo estaba allí para escuchar, sino también para crear un ambiente de confianza y seguridad, un espacio donde la vulnerabilidad podría florecer y generar una conexión terapéutica auténtica.
¿Nervios o Pasión? La Tensión Previa a la Sesión
Comparando esta experiencia con sus días de competencia en kickboxing, Jesús revela cómo los nervios en la consulta inicial fueron tan intensos como antes de un combate. “He competido en kickboxing, tengo 70 combates. Me han roto un dedo, me han hecho un KO… pero enfrentarse al miedo es algo común a ambas experiencias. La semana antes de los combates siempre perdía peso de puro miedo. Y esto fue igual. Sin embargo, al comenzar la sesión, todo el nerviosismo desapareció, enfocándome solo en la persona frente a mí", comparte. Para Jesús, la terapia y el kickboxing comparten una esencia similar: ambos requieren enfrentarse a la incertidumbre y aprender a moverse en el momento presente.
Un Efecto Túnel: La Conexión en el Tiempo
Jesús describe el inicio de la sesión como un "efecto túnel". Al comenzar la conversación, todo lo demás desapareció y su enfoque se volvió absoluto. Sin darse cuenta, había pasado más tiempo del previsto en aquella primera sesión, y se sintió completamente inmerso en el proceso. "Sentí que ese era mi lugar, mi sitio", reflexiona. En ese momento de conexión y entrega, descubrió que la psicoterapia no solo era un trabajo, sino una vocación que le permitía impactar en la vida de los demás.
Una Lección de Vulnerabilidad y Compromiso
Para Jesús, la experiencia de su primer paciente marcó el inicio de un compromiso profundo con la psicoterapia. Al igual que en el ring, donde el miedo inicial se disuelve al comenzar la pelea, la consulta se convirtió en un espacio de aprendizaje y descubrimiento continuo. Esa primera sesión le enseñó la importancia de la presencia plena y la empatía, principios que continúan guiando su práctica hasta el día de hoy.
Explorar más sobre este fragmento del segundo episodio de “Entre Divanes”.
En el segundo episodio del podcast Entre Divanes, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Jesús Fernández, psicólogo general sanitario, abordan una de las preguntas más profundas y reflexivas: ¿qué haríamos si supiéramos que solo nos quedan seis meses de vida? En esta conversación sincera, Jesús comparte cómo vivir con propósito, disfrutando cada día, es fundamental para él, y cómo, en realidad, su vida cambiaría poco frente a esa noticia.
La satisfacción de vivir haciendo lo que amas
Ana lanza la pregunta: “Si te dicen que te vas a morir dentro de seis meses, ¿qué cosas harías seguro?” Jesús responde con una sorprendente reflexión: su vida no cambiaría mucho. Explica que siente una profunda satisfacción porque su día a día está alineado con sus pasiones y propósitos. “Creo que estoy en un momento de mi vida en el que tengo mucha satisfacción porque estoy haciendo lo que me gusta hacer. Curro mucho, duermo poco, pero me da mucho sentido a mi vida”, comenta, enfatizando la importancia de encontrar un propósito que haga que cada día merezca la pena.
Jesús destaca que su labor como psicólogo y su trabajo con opositores que entrenan pruebas físicas le otorgan una gran realización. “Me encanta ser psicólogo” confiesa, mostrando cómo su trabajo va más allá de una profesión para él; es un medio para conectar y contribuir. En este sentido, la vida de Jesús está plena de significado y satisfacción, lo que le permite vivir cada día como si fuera único.
Aceptar la finitud: Vivir sin miedo a la muerte
La conversación se adentra en un tema más profundo cuando Jesús habla de su aceptación de la muerte. Al reflexionar sobre la posibilidad de morir, expresa que probablemente se despediría de sus seres queridos y les explicaría que no le teme a la muerte. “Tengo muy consciente que nos vamos a morir, que cualquier día que venga de viaje puede pasar”, comenta. Su enfoque es claro: más que evitar el final, busca asegurarse de que su vida haya valido la pena, aun con sus errores y limitaciones. “Yo soy un tío muy pequeñito, muy imperfecto, pero es verdad que he sido muy pasional y que sigo haciendo todo de forma pasional”, dice, transmitiendo una autenticidad que invita a vivir sin miedo al fin.
El amor por la vida y las pequeñas cosas
Jesús revela su amor por la vida y el ser humano, una pasión que lo impulsa a disfrutar de cada momento, como si fueran los últimos bocados de un postre delicioso. “Yo siempre digo: estoy enamorado del ser humano y de la vida. Entonces intentaría exprimirla, como a mí me encanta el tiramisú, pues como que me quedan dos trocitos, hacerlo poquito a poquito para saborearlos”, explica, usando esta metáfora para describir su manera de aprovechar cada instante.
Su visión de la vida incluye un toque de humor y ligereza ante la muerte. Confiesa que, al morir, le gustaría que hubiera un poco de humor en su velatorio. “Que pongan un poquito de humor en el velatorio, que no sea todo tan serio, porque la vida es un juego maravilloso”, reflexiona Jesús, mostrándonos su deseo de dejar este mundo sin solemnidades, celebrando en su lugar el viaje que ha sido su vida.
Vivir una vida con sentido y humor
Esta cápsula concluye con una reflexión inspiradora sobre cómo vivir de una manera que haga que cada día, cada acción y cada relación sean significativas. La aceptación de la muerte, el amor por el trabajo y la conexión con los demás son, para Jesús, pilares fundamentales de una vida plena. Su actitud ante la vida y la muerte nos invita a vivir con autenticidad, sin miedo a cometer errores, y con una pasión que nos llene de satisfacción.Te invitamos a escuchar este fragmento de Entre Divanes, donde Ana y Jesús exploran cómo una vida bien vivida es aquella que se vive intensamente, con humor y con amor, recordándonos que cada día es una oportunidad para hacer que nuestra vida, con todas sus imperfecciones, realmente valga la pena.
En el segundo episodio del podcast Entre Divanes, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Jesús Fernández, psicólogo general sanitario y corredor apasionado, exploran cómo el running y las conversaciones con otros se han convertido en pilares de su equilibrio emocional y mental. En esta conversación, reflexionan sobre cómo actividades como el correr pueden brindar claridad y satisfacción, ayudando a enfrentar los desafíos de la profesión y a conectar consigo mismos.
Correr: un maestro silencioso y constante
Jesús describe el running como su "amor", una actividad que comenzó a los 14 años y que ha sido una constante en su vida. A lo largo del tiempo, ha descubierto que correr es mucho más que un ejercicio físico; es una fuente de autoconocimiento y aprendizaje. “Para mí, correr ha sido una actividad que luego he podido ir pensando y veo que ha sido ese gran maestro que yo de joven no quise tener y que me ha ido enseñando de forma silente, inconsciente, un montón de cosas que ahora en consulta puedo poner para mí y, si acaso, puedo echar una mano a los pacientes”, comenta Jesús. El running le ha brindado herramientas y reflexiones que enriquecen tanto su vida personal como su práctica profesional.
Aunque ha probado otros deportes, el running se ha convertido en su actividad esencial, una especie de columna vertebral que lo sostiene emocionalmente. “He hecho diferentes deportes, pero correr es como esa columna vertebral con la que siempre he estado vinculado”, añade Jesús, dejando claro que correr no solo le proporciona bienestar físico, sino también un espacio de claridad mental y paz.
Las pausas reflexivas al final del día: Un complemento necesario
Para Jesús, la rutina diaria de atender pacientes puede ser intensa, y el running le ofrece un escape físico. Sin embargo, también encuentra un espacio de paz y reflexión en las conversaciones que tiene al final del día. Compartir experiencias y pensamientos después de un día de trabajo se convierte en una forma de procesar sus vivencias y de cerrar el día en equilibrio. “Esas charlas, un poco reflexionando sobre todo el día y con gente interesante que siempre aporta, pues también creo que se pueden hacer las dos, como que completan y enriquecen un montón”, comparte Jesús. Estos momentos de conexión se vuelven una extensión de su jornada, donde las ideas fluyen de manera natural y significativa.
La gratitud y el apoyo entre compañeros: Una pausa necesaria
Ana también destaca la importancia de esos pequeños momentos de desconexión al final del día. Después de horas de consulta y de escuchar a los pacientes uno tras otro, las conversaciones informales en los pasillos o durante el trayecto hacia casa son esenciales para su bienestar. “Es muy gratificante encontrarte con gente en la cocina, en los pasillos, o que termina a la misma vez que tú, irte andando aunque sean 20 minutos y hablar de lo que nos ha pasado y de la vida”, reflexiona Ana. Estos encuentros le permiten liberar las emociones acumuladas y procesar las experiencias del día desde una perspectiva más personal.
Ana valora especialmente el apoyo que recibe de Jesús en estos momentos de pausa. Menciona cómo él le ha brindado un espacio de escucha en momentos de agobio, y cómo incluso han compartido recomendaciones de libros que enriquecen sus reflexiones. “Te agradezco mucho esas conversaciones de pasillo, hasta del libro que me regalaste una vez: La trama de la vida”, comenta Ana, refiriéndose a cómo sus charlas han llegado a temas profundos.
Un equilibrio entre el movimiento y la reflexión
Ambos concluyen con una reflexión sobre la importancia de integrar el ejercicio físico con espacios de diálogo y reflexión. Tanto Jesús como Ana encuentran en estas prácticas un equilibrio que no solo les permite lidiar con los desafíos de su profesión, sino que también enriquece su vida personal. El running y las pausas para conversar representan para ambos una manera de reconectar consigo mismos y de profundizar en sus relaciones.
Te invitamos a escuchar este fragmento de Entre Divanes, donde Ana y Jesús exploran cómo el correr y las pausas conscientes pueden ayudarnos a construir una vida más plena y equilibrada, integrando actividades que nutran tanto el cuerpo como el alma.
En el segundo episodio del podcast "Entre Divanes", Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Jesús Fernández, psicólogo general sanitario, compartieron una conversación íntima sobre sus preferencias y experiencias al viajar. Esta charla reveló cómo las diferentes elecciones reflejan diferentes etapas y estilos de vida.
La pasión por la moto: 30 países de libertad y aventura
Jesús Fernández compartió su increíble experiencia al recorrer 30 países en moto, un logro que destaca su pasión por este medio de transporte. "Si tuviera que elegir una, por disfrute, con la moto", afirmó, señalando cómo cada viaje le ha permitido descubrir nuevos paisajes y culturas desde una perspectiva única. Para él, la moto simboliza una conexión directa con el entorno, donde cada kilómetro representa una vivencia intensa y enriquecedora que ha marcado tanto su vida personal como profesional.
La transición a la autocaravana: comodidad y reflexión
Con el paso del tiempo, Jesús reconoció que ha buscado mayor comodidad en sus viajes, optando en ocasiones por la autocaravana. Relató una anécdota en la que, viajando en moto, hacia Helsinki bajo la lluvia, adelantó a una autocaravana donde una mujer disfrutaba relajada. Este momento lo llevó a reflexionar sobre la posibilidad de cambiar la incomodidad por un estilo de viaje más tranquilo y confortable.
Viajar solo: una experiencia de autodescubrimiento
Ana Millán destacó la inclinación de Jesús por viajar solo. Esta preferencia le permite una conexión más profunda consigo mismo y con los lugares que visita, convirtiendo cada viaje en una oportunidad de autodescubrimiento y reflexión.
Esta conversación entre Ana Millán y Jesús Fernández nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras elecciones de viaje reflejan nuestras personalidades y etapas de vida. Ya sea en moto, coche o autocaravana, cada medio ofrece una experiencia única que enriquece nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.
Te invitamos a escuchar este fragmento para profundizar en esta interesante conversación sobre las formas de viajar y su impacto en nuestra vida.

