La inteligencia artificial ya forma parte de nuestro día a día. Muchas personas recurren a herramientas como ChatGPT para resolver dudas, organizar tareas o incluso pedir consejo sobre situaciones personales. Pero cuando hablamos de bienestar emocional, surge una cuestión importante: ¿hasta qué punto es recomendable apoyarse en una inteligencia artificial?
En nuestro podcast Entre Divanes, Ana Millán conversa con Raúl Alelú Paz, científico y director de I+D+i de Healthy Minds, sobre los beneficios y los riesgos que puede tener esta tecnología para la salud mental. Su reflexión parte de una idea clara: la inteligencia artificial no es buena ni mala por sí misma; todo depende del uso que hagamos de ella.
Cuando la inteligencia artificial puede reforzar nuestros sesgos
Durante la entrevista, Ana Millán recuerda una afirmación de Raúl Alelú que resume muy bien el debate: "Has dicho que la IA puede salvar la salud mental o destruirla dependiendo de cómo la usemos."
A partir de ahí, el experto explica uno de los principales riesgos de utilizar modelos de inteligencia artificial generalistas para buscar orientación sobre cuestiones emocionales o personales.
Como señala en el podcast: "La fiabilidad, bueno, te puede dar algún consejo que esté bien, yo no lo niego ni mucho menos, pero creo que puede generar un problema a la hora de interpretar, de cómo interpreta esa persona, porque muchas veces tiende a corroborar todo lo que la otra persona está diciendo."
Es decir, estas herramientas pueden ofrecer respuestas útiles en determinados contextos, pero no siempre favorecen una reflexión crítica. En ocasiones, pueden reforzar las ideas con las que la persona llega a la conversación, en lugar de ayudarle a contemplar otras perspectivas.
Ana Millán lo resume con una metáfora muy ilustrativa: "Es como si fuera una resonancia de tu propia obsesión y de tu propio miedo."
¿Por qué una IA puede ser demasiado complaciente?
Otro aspecto que destaca Raúl Alelú es que los modelos generativos suelen intentar mantener una interacción agradable con el usuario. Esto puede hacer que eviten confrontar determinadas creencias o interpretaciones.
En sus propias palabras: "No te va a confrontar, si te vas a enfadar, va a intentar que no." Además, añade una advertencia que también resulta relevante fuera del ámbito de la salud mental: "Si tú no le has dado la instrucción clara de que no te mienta, te va a mentir en muchos casos."
Este fenómeno está relacionado con las llamadas "alucinaciones" de los modelos de lenguaje, es decir, respuestas que parecen correctas, pero contienen información inventada. Por ello, es importante contrastar siempre la información relevante con fuentes fiables y con profesionales cuando se trata de cuestiones relacionadas con el bienestar emocional.
El potencial de una inteligencia artificial basada en evidencia científica
A pesar de estos riesgos, Raúl Alelú mantiene una visión optimista sobre el futuro de esta tecnología cuando se desarrolla con criterios científicos y éticos.
Como concluye durante la conversación: "Si desarrollas inteligencias artificiales basadas en conocimiento científico válido y que estén trabajando psicólogos, psiquiatras, neurólogos, neurólogas, etcétera, creo que puede ayudar a muchísima gente."
Esta idea coincide con el interés creciente por desarrollar herramientas digitales que complementen la labor de los profesionales, siempre sin sustituir la relación humana ni la intervención psicológica cuando resulta necesaria. La investigación actual apunta a que la tecnología puede facilitar la detección temprana de necesidades, mejorar el acceso a recursos de apoyo y favorecer la promoción del bienestar emocional, siempre que su diseño esté respaldado por evidencia científica y supervisión profesional.
La tecnología debe complementar, no sustituir, el acompañamiento profesional
La inteligencia artificial seguirá evolucionando y, con ella, también sus aplicaciones en el ámbito de la salud mental integral. Sin embargo, utilizar estas herramientas de forma crítica y responsable será esencial para aprovechar su potencial sin caer en sus limitaciones.
En Psicólogos Princesa, creemos que la tecnología puede ser una aliada cuando está al servicio de las personas y basada en el conocimiento científico. Si buscas psicólogos en Madrid, atención psicológica presencial o modalidad online, nuestro equipo puede ofrecerte un espacio de asesoramiento e intervención adaptado a tus necesidades, con un enfoque cercano, personalizado y fundamentado en la evidencia científica.
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Cada vez más organizaciones comprenden que cuidar el bienestar emocional de las personas trabajadoras no solo mejora el clima laboral, sino que también favorece la salud de toda la empresa. Sin embargo, surge una pregunta importante: ¿es posible anticiparse a los problemas de salud mental antes de que aparezcan?
En el último episodio de nuestro podcast Entre Divanes, Ana Millán conversa con Raúl Alelú Paz, científico y director de I+D+i de Healthy Minds, sobre cómo la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para impulsar la prevención en el ámbito laboral, siempre desde un enfoque ético y respetuoso con la privacidad.
Inteligencia artificial para favorecer la prevención
Durante la conversación, Raúl Alelú explica el origen de Healthy Minds Analytics y cómo nació la idea de aprovechar la información sobre los riesgos psicosociales presentes en las organizaciones para diseñar estrategias preventivas.
Tal y como señala en el podcast: "Desarrollamos algoritmos que nos permiten predecir la aparición de problemas de salud mental a partir de esos riesgos psicosociales."
La idea central es que el sistema utiliza información agregada sobre el entorno laboral. Este tipo de herramientas permite detectar patrones colectivos que pueden indicar un mayor riesgo de aparición de dificultades relacionadas con la salud mental, facilitando así el diseño de acciones preventivas antes de que el problema se extienda.
La importancia de proteger la privacidad
Uno de los aspectos más interesantes que aborda Raúl Alelú es el papel de la legislación europea en el uso responsable de la inteligencia artificial.
Como explica durante la entrevista: "En la empresa, siempre con datos agregados, sin identificar a nadie, porque la ley europea, afortunadamente, no deja hacer eso."
Más adelante añade una aclaración fundamental: "No puedes utilizar inteligencia artificial para decir que alguien va a tener un problema de salud mental (...) pero datos agregados sí, tú sí puedes decir que en la empresa van a aparecer problemas de ansiedad, con lo cual puedes desarrollar programas preventivos."
Es decir, el objetivo no es señalar a personas concretas, sino comprender qué está ocurriendo en un colectivo para poner en marcha medidas que favorezcan el bienestar emocional de toda la organización.
Prevención e intervención temprana en salud mental
La evidencia científica respalda que actuar sobre los factores psicosociales del entorno laboral puede reducir el impacto del estrés y favorecer un mejor bienestar psicológico. La Organización Mundial de la Salud destaca que promover entornos de trabajo saludables constituye una de las estrategias más eficaces para proteger la salud mental de las personas.
La combinación entre ciencia, tecnología y programas preventivos abre nuevas oportunidades para que las empresas puedan actuar antes de que las dificultades se cronifiquen, siempre respetando los derechos y la privacidad de quienes forman parte de la organización.
En Psicólogos Princesa, creemos que la prevención, la intervención temprana y la promoción del bienestar emocional son pilares fundamentales para construir entornos laborales más saludables. Si buscas psicólogos en Madrid, necesitas atención psicológica presencial o deseas recibir asesoramiento para desarrollar programas de salud mental integral en tu organización, nuestro equipo puede ayudarte a encontrar la estrategia más adecuada para cada situación.
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Un artículo de Belén Fernández
En los últimos años, cada vez más familias acuden a consulta preocupadas por conductas desafiantes, explosiones emocionales o dificultades de autocontrol en sus hijos. Estos comportamientos no solo afectan la convivencia en casa, sino también la adaptación escolar y social de los niños.
Los padres suelen encontrarse atrapados entre dos fuerzas: por un lado, el deseo de proteger a sus hijos de cualquier sufrimiento; por otro, la necesidad de poner límites que, inevitablemente, generan frustración o enfado. Este conflicto —evitar el malestar vs. permitirlo para que aprendan— es uno de los grandes dilemas de la crianza actual. ¿Cómo actuar cuando decir “no” provoca llanto, rabia o rechazo? ¿Es posible educar sin que el niño sufra… o es precisamente parte del proceso?
El malestar como parte del aprendizaje
En nuestra sociedad, el malestar se percibe cada vez más como algo que debe evitarse. La idea dominante es que “estar bien” es el estado natural y deseable, y que cualquier emoción incómoda —frustración, rabia, tristeza, aburrimiento— es señal de que algo va mal y debe eliminarse rápidamente. Este enfoque, basado en evitar el malestar inmediato, ha influido en la crianza: muchos padres sienten que su rol es proteger a sus hijos de cualquier incomodidad.
El llanto se interpreta como daño, la frustración como desregulación, el enfado como problema. Para evitar ver al niño sufrir, los adultos ceden, negocian o resuelven la situación por ellos. Este comportamiento, llamado evitación experiencial (Wilson & Luciano, 2002), puede dificultar el aprendizaje de valores y límites funcionales a largo plazo.
El dilema, entonces, no es ser “duro” o “blando”, sino educar pensando en el alivio inmediato o en el desarrollo futuro. Cada vez que el niño obtiene lo que quiere a través del malestar, se refuerza la conducta disruptiva; cada vez que el adulto cede para no sentirse incómodo, refuerza su propia evitación (Wilson & Luciano, 2002).
Comprender las conductas disruptivas
Antes de ver cómo acompañar estos procesos, conviene aclarar qué son las conductas disruptivas: comportamientos que interfieren con la adaptación social del niño y dificultan la adquisición de habilidades funcionales (Luciano, 1988). No se trata solo de “mal comportamiento”, sino de respuestas que obstaculizan tanto el desarrollo del niño como la tarea educativa de padres y docentes.
Una clasificación frecuente distingue cuatro grandes subgrupos (Luciano, 1988):
- Conductas agresivas: alteran el entorno y pueden ser riesgosas (golpear, insultar, romper objetos).
- Conductas autoestimuladas: patrones repetitivos como mecerse, golpear objetos o emitir sonidos constantes.
- Conductas autolesivas: el daño recae sobre el propio niño (morderse, golpearse, rascarse).
- Conductas incompatibles: comportamientos adecuados en ciertos contextos (correr, saltar, hablar en voz alta) pero problemáticos en otros, como el aula.
Desde la perspectiva conductual, el comportamiento se mantiene o cambia según sus consecuencias. Comprender esto permite intervenir eficazmente sin castigos arbitrarios ni autoritarismo.
Cómo intervenir de manera positiva
Algunos procedimientos utilizados para reducir conductas disruptivas y enseñar comportamientos adaptativos son:
Refuerzo positivo: añadir un estímulo agradable tras una conducta para aumentar su probabilidad. Por ejemplo, cuando un niño recoge sus juguetes y el adulto le presta atención o le permite acceder a una actividad motivadora, la conducta tiende a repetirse.
Refuerzo negativo: retirar un estímulo molesto cuando aparece la conducta adecuada. Por ejemplo, si un niño organiza su mochila y los padres dejan de insistirle, tenderá a hacerlo antes para evitar la presión.
Extinción: retirar la consecuencia que mantenía una conducta, de modo que pierda su función. Si un niño logra algo con una rabieta, ignorarla hará que esa conducta pierda efectividad. Durante este proceso puede aumentar temporalmente la intensidad del comportamiento (“estallido de extinción”) antes de disminuir.
Economía de fichas: el niño obtiene elementos simbólicos (pegatinas, puntos) que luego puede canjear por privilegios o actividades. Permite visibilizar el progreso y organizar contingencias de manera clara y predecible.
Mantener los límites con calma
El malestar no solo lo experimenta el niño: los padres también sienten ansiedad, culpa o temor. Mantener la calma y la coherencia es clave. Preparar al niño para los límites mediante advertencias claras (“Primero aviso, luego consecuencia”) ayuda a que perciba el entorno como seguro y predecible.
Un ejemplo práctico: si un niño protesta porque se acabó la televisión, el padre puede decir con serenidad: “Entiendo que te enfada, pero ya te había avisado que terminaba el episodio. Ahora cenamos”. Si el niño sigue molesto, el adulto mantiene la calma, no cede y espera a que el niño se tranquilice. Luego, reconoce su esfuerzo: “Gracias por calmarte, ahora podemos hablar”. Así, el malestar se sostiene sin reforzar conductas disruptivas, y se enseña autorregulación desde la contención.
Una metáfora útil es la de la llave: cuando una conducta que antes funcionaba deja de abrir “la puerta”, el niño puede intensificarla o probar otras. Este aumento temporal no indica que el límite sea incorrecto; es señal de que el cambio está en marcha (Molina Cobos, citado por Fernández Parrilla).
Cada límite sostenido con calma, cada “no” dicho desde el cuidado y cada acompañamiento del malestar sin resolverlo por el niño construye estructura interna, confianza y seguridad emocional. Educar no es eliminar emociones difíciles, sino enseñar a transitarlas sin miedo.
Herruzo, J., Luciano, M. C., & Pino, M. J. (2001). Disminución de conductas disruptivas mediante un procedimiento de correspondencia «Decir - Hacer». Acta Comportamentalia, 9(2), 145–162.
Wilson, K. G., & Luciano, M. C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso: un tratamiento conductual orientado a los valores. Pirámide.
Luciano, M. C. (1988). Conducta disruptiva en niños: clasificación y análisis.
Los modelos predictivos basados en inteligencia artificial podrían ayudar a anticipar situaciones de riesgo en salud mental y tener implicaciones para la investigación psicológica.
La capacidad de anticipar: un cambio de paradigma en la psicología
Imagina que pudiéramos identificar señales de alerta antes de que una situación de gran impacto emocional o psicológico llegara a producirse. Durante años, la psicología ha trabajado para comprender los factores que influyen en el comportamiento humano y en el bienestar emocional. Hoy, gracias a los avances en inteligencia artificial, la investigación está abriendo nuevas posibilidades para anticipar determinados acontecimientos con un grado de precisión cada vez mayor.
En el último episodio de nuestro podcast “Entre Divanes”, presentado por Ana Millán, codirectora de Psicólogos Princesa, el científico Raúl Alelú Paz compartió algunas de las experiencias más llamativas de su trabajo con modelos predictivos aplicados a la salud mental.
Cuando una predicción se convierte en realidad
Al ser preguntado sobre qué fue lo que más le llamó la atención al comenzar a utilizar estos modelos, Raúl Alelú destacó una experiencia que resume el potencial de esta tecnología: "Lo más impactante de todo esto es que cuando haces una predicción y se cumple te choca."
Esta afirmación refleja uno de los aspectos más fascinantes de la investigación basada en datos. Los modelos matemáticos y los sistemas de inteligencia artificial permiten analizar grandes cantidades de información para detectar patrones que, en ocasiones, pueden pasar desapercibidos para el análisis humano tradicional.
Según explicó Alelú, parte de su trayectoria investigadora se centró en el estudio de la cognición y en el desarrollo de modelos cognitivos inspirados en el funcionamiento del cerebro y la mente. Gracias a este trabajo, su equipo logró observar cómo determinados modelos podían anticipar la probabilidad de que ocurrieran ciertos episodios relacionados con la salud mental.
De la observación a la probabilidad
Uno de los cambios más relevantes que aporta la inteligencia artificial es la posibilidad de traducir observaciones complejas en probabilidades cuantificables. Como explicó Raúl Alelú durante la conversación: "Ahora le pones un número y una probabilidad y entonces sabes si va a ocurrir."
Más allá de la precisión exacta de cada modelo, esta capacidad abre nuevas líneas de investigación para comprender mejor los factores que influyen en el comportamiento humano y en diferentes procesos psicológicos.
No se trata de predecir el futuro de forma absoluta, sino de identificar patrones que ayuden a estimar riesgos y a comprender mejor determinadas dinámicas psicológicas. Esto puede resultar especialmente relevante en contextos de investigación, prevención e intervención temprana.
El futuro de la inteligencia artificial en la atención psicológica
La combinación entre psicología, ciencia de datos e inteligencia artificial representa uno de los campos con mayor crecimiento en la actualidad. Aunque todavía quedan numerosos retos éticos, metodológicos y científicos por abordar, los avances de los últimos años sugieren que estas herramientas podrían convertirse en un apoyo valioso para la investigación y para el desarrollo de nuevas estrategias de intervención.
Tal y como señala Raúl Alelú, la verdadera sorpresa llega cuando las predicciones se verifican en la realidad. Ese momento pone de manifiesto el enorme potencial de unas herramientas que, utilizadas con rigor científico y responsabilidad, podrían contribuir a mejorar nuestra comprensión de la salud mental integral y del comportamiento humano.
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En Psicólogos Princesa contamos con un equipo de psicólogos generales sanitarios especializados en atención psicológica presencial y online. Si deseas mejorar tu bienestar emocional, gestionar situaciones de estrés o recibir asesoramiento psicológico personalizado, puedes contactar con nuestro equipo para encontrar la intervención que mejor se adapte a tus necesidades.
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Un artículo de Araceli V. Castillo
En los últimos años se ha popularizado la técnica del contacto cero. Una técnica que consiste en romper todo contacto con la persona para, soltando una relación del pasado, poder sanar. Pero ¿qué tan efectiva es? Y, ¿cómo aplicarla? En este artículo daremos respuesta a estas dos preguntas, además de razones de por qué aplicarla si estás pasando por una ruptura complicada.
Las rupturas amorosas son experiencias muy dolorosas y difíciles. Dar el paso y decir a la otra persona que todo ha acabado es complicado de por sí, pero olvidarla lo es aún más. Decir adiós a quien hemos querido supone una ruptura con esa persona, pero también con nosotros mismos y nuestra propia identidad. No solo es dejar de verla, sino también es cambiar nuestros hábitos, dejar atrás la seguridad y cariño que nos proporcionaba, y lo más importante: dejar una parte de lo que éramos en el pasado.
Romper con alguien no es únicamente el hecho de separarse físicamente del otro. También supone una ruptura con las costumbres compartidas, la seguridad y afecto que nos proporcionaba la expareja. Especialmente es despedirse y dejar atrás una parte de nosotros mismos.
Cuando dejamos de ver a esa persona que quisimos, una serie de mecanismos se activan, generándose neurotransmisores que provocan gran estrés al organismo. En casos de dependencia emocional, las emociones y sensaciones de malestar desencadenan un deseo irrefrenable de retomar el contacto con la expareja. En dicho momento, la parte más emocional del cerebro aflora, mientras que la parte más racional se nubla, provocando que muchas veces no tomemos las decisiones más oportunas durante el tiempo de duelo.
Durante este periodo volver a saber del otro traerá consigo sensaciones agradables y placenteras, pues el tiempo que hemos pasado separados de la otra persona nos lleva a extrañarla. Sin embargo, esto sólo actúa como una anestesia ante el dolor. Pero no permite sanar.
La ruptura trae consigo un duelo que en cada persona va a tener unos ritmos y tiempos diferentes. Sin embargo, estar cerca de la expareja, o saber constantemente del otro, puede dificultar todo este proceso. Para hacerlo más llevadero, se recomienda la técnica del contacto cero, que implica un distanciamiento total de la persona tras la ruptura.
El contacto cero es una herramienta utilizada en psicología que consiste en restringir todo tipo de comunicación con aquella persona con la que hemos decidido cortar un vínculo afectivo. Supone dejar de recibir llamadas o mandar mensajes. Es no estar pendiente de las redes sociales del otro y evitar que las personas de nuestro entorno nos den información sobre el otro. Siempre que se pueda se aconseja evitar los lugares que sabemos que la otra persona suele frecuentar, y tampoco ver recuerdos o fotografías que se tienen en común.
En la teoría puede parece sencillo, sin embargo puede evocar en la persona sensaciones desagradables, que le hagan querer volver a estar con la expareja. Incluso, algunos psicólogos y psicólogas asemejan las rupturas con procesos de adicción, estableciendo una analogía con el síndrome de abstinencia que se sufre cuando se dejan de consumir sustancias que antiguamente despertaban en nosotros deseo y placer.
En nuestro centro aconsejamos aplicar el contacto cero siempre que se pueda. Como sabemos que es costoso, a continuación os damos una serie de tips que se pueden utilizar de manera conjunta a esta técnica. Son:
Sé paciente y comprensivo con tu proceso. Cada persona necesita un tiempo determinado para sanar y recuperarse completamente de una ruptura amorosa.
Aprende a aplicar un contacto cero también a nivel mental. Puede ser útil eliminar los encuentros con la expareja, sin embargo, una persona puede facilitar o interrumpir su proceso voluntariamente a través de pequeñas acciones mentales. A veces somos nosotros mismos los que evocamos recuerdos que compartimos en el pasado con la expareja. Sin embargo, nosotros también podemos decidir reorientar nuestros pensamientos hacia otra dirección y detenerlos para que no nos evoquen tanto dolor.
Ama tu tiempo en soledad. Estar solo/a no es sinónimo de aburrimiento y tristeza. Sácale partido y descubre cuáles son tus intereses y aficiones y dedícales tiempo. También es una oportunidad de retomar algún hobbie que te hacía feliz y dejaste de hacer en el pasado.
Haz una lista de razones por las que decidiste acabar con la relación. Deja por escrito una lista con los motivos que te llevaron a finalizar con la relación. Qué te dolió, qué no te gustaba o qué no te hacía sentir en paz estando en ese vínculo.
Permítete hacer planes con tu familia y amigos. Hacer pequeñas actividades y planificar viajes con tus seres queridos puede ser muy beneficioso para tu cuerpo y tu mente. Permítete descansar y tomarte un respiro, siendo feliz con las personas de tu entorno.
El contacto cero tiene como vemos múltiples beneficios y es efectivo si se aplica correctamente y se mantiene en el tiempo. Evita entrar en dinámicas dañinas de “romper-volver-romper” con la expareja, puede servir para reflexionar sobre qué falló en nuestra relación pasada, y qué aspectos hemos de trabajar nosotros en el futuro.
En resumen, el contacto cero permite soltar primeros para sanar después, tomando distancia de la ex pareja. Al contrario de lo que muchos puedan pensar, hacerlo no es un signo de inmadurez, sino más bien de respeto y amor propio. Tal vez alejarse del otro sea el mayor acto de madurez, y responsabilidad, contigo misma y tu bienestar. Recuerda que en Psicólogos Princesa estamos dispuestos a ayudarte si sientes que la situación te desborda. Si sientes que no sabes manejarla, no dudes en contactar con nosotras. Reserva una cita con nuestro equipo sin compromiso.
Un artículo de Ana Ballester
Cualquiera que haya pasado tiempo con un niño pequeño habrá sido testigo de escenas como esta: el momento de irse a dormir se convierte en una negociación imposible si el peluche favorito no aparece, o la salida de casa se retrasa porque la mantita azul se ha quedado olvidada en el sofá. Para muchos adultos, estos objetos pueden parecer simples caprichos infantiles, pero la realidad es que cumplen una función psicológica muy importante: ayudan al niño a gestionar la separación, a calmarse y a dar sus primeros pasos hacia la autonomía emocional.
En este artículo vamos a explorar qué son los llamados "objetos transicionales", por qué tienen tanto poder para calmar y acompañar, y qué nos dice la psicología del desarrollo sobre su papel en la construcción del apego y la seguridad emocional.
¿Qué es un objeto transicional?
El concepto de "objeto transicional" fue propuesto por el pediatra y psicoanalista británico Donald Winnicott en la década de 1950. Winnicott observó que, alrededor de los 4 a 12 meses de edad, muchos bebés empiezan a mostrar preferencia por un objeto específico (una mantita, un peluche, un trozo de tela o, incluso, una prenda del cuidador) al que recurren especialmente en momentos de cansancio, angustia o separación (Winnicott, 1971).
Este objeto no es “cualquier juguete”: el niño le ha asignado un significado especial. Winnicott lo llamó "transicional" porque funciona como un puente entre dos mundos: el mundo interno del bebé (sus emociones, su necesidad de consuelo) y el mundo externo (la realidad, la separación del cuidador). Es, en palabras del autor, el primer objeto que el niño reconoce como "no-yo", pero que aún siente como parte de sí mismo, cargado de significado afectivo (Winnicott, 1971).
¿Por qué funciona? La conexión con el apego
Para entender por qué un objeto aparentemente inanimado puede tener tanto poder calmante, es útil recurrir a la teoría del apego desarrollada por John Bowlby (1969). Este modelo nos explica que los bebés nacen con un sistema biológico diseñado para buscar proximidad con sus cuidadores principales, especialmente en situaciones de estrés, miedo o malestar. Esta sensación de cercanía no solo garantiza la supervivencia física, sino que también proporciona regulación emocional: el bebé aprende a calmarse porque el adulto lo calma.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando el cuidador no está disponible? Aquí es donde entra en juego el objeto transicional. Su función es actuar como un sustituto simbólico de la figura de apego: lleva consigo las sensaciones, olores, texturas y recuerdos asociados a la seguridad y el consuelo que proporciona el cuidador (Passman & Weisberg, 1975). Lógicamente, no reemplaza a la persona, pero sí funciona como recordatorio tangible de que la seguridad existe, incluso cuando mamá o papá no están físicamente presentes.
Dicho de otro modo: el peluche o la mantita se convierten en un ancla emocional. Permiten al niño tolerar la separación sin sentirse completamente desamparado, facilitando así el desarrollo de la capacidad de autorregulación y de autonomía (Fortuna et al., 2014).

No es un capricho: forma parte del desarrollo normal
Es común escuchar comentarios como "lo estamos malcriando" o "se está volviendo dependiente del peluche". Sin embargo, la evidencia muestra que el uso de estos objetos es una parte completamente normal y saludable del desarrollo infantil. De hecho, estudios longitudinales sugieren que entre el 60% y el 70% de los niños desarrollan algún tipo de apego a un objeto de este tipo durante la primera infancia (Passman & Halonen, 1979).
Lejos de ser señal de dependencia patológica, el objeto transicional refleja que el niño está aprendiendo a gestionar la ausencia y a construir representaciones internas de seguridad. Es un paso hacia la capacidad de autorregularse, de anticipar el regreso del cuidador y de confiar en que el mundo es un lugar suficientemente seguro como para explorarlo y ser capaz de sobrevivir en él (Winnicott, 1971).
Además, su uso suele disminuir de forma natural conforme el niño crece y desarrolla otras estrategias de regulación emocional, como el lenguaje, el juego simbólico y las relaciones sociales más complejas.
¿Cuándo preocuparse?
Dicho esto, es importante matizar que, como cualquier recurso emocional, el objeto transicional puede convertirse en motivo de preocupación en determinadas circunstancias:
- Si el niño muestra un malestar extremo y persistente cuando no tiene acceso al objeto, hasta el punto de que interfiere significativamente con su vida cotidiana.
- Si el objeto es el único recurso de regulación emocional y el niño no desarrolla otras formas de calmarse o relacionarse.
- Si aparecen regresiones importantes en el desarrollo (por ejemplo, volver a conductas mucho más infantiles de forma súbita y prolongada).
En estos casos, puede ser útil consultar con un profesional de la psicología infantil para explorar si hay factores de estrés, cambios importantes o dificultades en el vínculo que estén afectando al niño.
Ideas prácticas para familias
Si todo esto te suena familiar, aquí van algunas orientaciones respetuosas basadas en el conocimiento del desarrollo:
- No lo quites de golpe. El objeto cumple una función reguladora, por lo que retirarlo bruscamente puede generar más ansiedad.
- Respeta su ritmo. La mayoría de niños dejan el objeto de forma natural conforme crecen.
- Facilita su uso en momentos clave: sueño, cambios de entorno, separaciones.
- Si es posible, ten un duplicado (especialmente si el objeto se lava, se pierde o se rompe con facilidad).
- Valida la emoción del niño: "Ya sé que tu mantita te ayuda a sentirte mejor, la vamos a llevar contigo."
- Observa el contexto: si el apego al objeto se intensifica mucho de repente, pregúntate si ha habido cambios, estrés o situaciones nuevas que puedan estar afectándole.
Conclusión y referencias
Los objetos transicionales no son "tonterías" ni caprichos sin sentido. Son herramientas emocionales que acompañan al niño en uno de los grandes retos del desarrollo: aprender a estar solo sin sentirse abandonado, a separarse sin romperse. Entender su función nos permite acompañar con más respeto, paciencia y conocimiento una etapa fundamental del crecimiento infantil.
Al final, ese peluche desgastado o esa mantita cuentan una historia importante: la historia de cómo un niño pequeño aprendió a encontrar seguridad en un mundo desconocido.
Bowlby, J. (1969). Attachment and loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books.
Fortuna, K., Roisman, G. I., Haydon, K. C., Groh, A. M., & Holland, A. S. (2014). Attachment states of mind and the quality of young adults' sibling relationships. Developmental Psychology, 50(5), 1374–1385. https://doi.org/10.1037/a0024393
Passman, R. H., & Halonen, J. S. (1979). A developmental survey of young children's attachments to inanimate objects. The Journal of Genetic Psychology, 134(2), 165–178. https://doi.org/10.1080/00221325.1979.10534051
Passman, R. H., & Weisberg, P. (1975). Mothers and blankets as agents for promoting play and exploration by young children in a novel environment: The effects of social and nonsocial attachment objects. Developmental Psychology, 11(2), 170–177. https://doi.org/10.1037/h0076464
Winnicott, D. W. (1971). Playing and reality. Tavistock Publications.
En un momento en el que las relaciones personales parecen cada vez más rápidas, líquidas e inmediatas, detenerse a pensar qué queremos realmente puede convertirse en un auténtico acto de cuidado personal. En el último episodio de nuestro podcast Entre Divanes, Ana Millán, codirectora de Psicólogos Princesa, directora de la Escuela de Psicología y presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, conversa con Belén Serrano, psicóloga y alumna de la Escuela de Psicología, sobre cómo construir vínculos más coherentes con nuestros valores y necesidades emocionales.
Durante el episodio, ambas reflexionan sobre una idea muy presente en la actualidad: la tendencia a centrarnos únicamente en gustar a la otra persona, olvidándonos de quién queremos ser dentro de una relación. Belén Serrano lo expresa de forma especialmente clara cuando afirma:“Cuando estoy en una relación o cuando estoy conociendo a alguien, no solamente es preguntarme qué hago yo para gustarle a esta persona, sino qué tipo de persona quiero ser yo en una relación”.
Esta reflexión conecta directamente con uno de los pilares fundamentales del bienestar emocional: la coherencia personal. Muchas veces, especialmente en las primeras fases de una relación, podemos actuar desde el miedo al rechazo o la necesidad de validación externa. Sin embargo, cuando dejamos de escuchar nuestras propias necesidades, es fácil alejarnos de aquello que realmente nos hace sentir bien.
La importancia de los límites en las relaciones
Otro de los temas centrales del capítulo es el papel de los límites personales. En palabras de Belén:“Los valores, los límites. Parece que ahora no tenemos que poner límites a nada a la hora de conocer a cualquiera, de tener sexo con cualquiera, de entrar en cualquier tipo de relación y eso no hace nada más que traicionarse a uno mismo”.
Hablar de límites no significa cerrarse emocionalmente ni desconfiar de las demás personas. Al contrario: establecer límites sanos permite crear relaciones más honestas, seguras y equilibradas. Desde la atención psicológica, cada vez más personas consultan por dificultades relacionadas con vínculos afectivos, dependencia emocional o manejo del estrés relacional.
En muchas ocasiones, el malestar aparece precisamente cuando una persona siente que ha dejado de respetarse a sí misma para mantener una conexión afectiva. Aprender a identificar qué necesitamos, qué toleramos y qué no encaja con nuestros valores puede ser clave para construir relaciones más saludables.
Relaciones conscientes y salud mental integral
La psicología actual pone cada vez más el foco en el autoconocimiento y la regulación emocional como herramientas fundamentales para el bienestar. Desde enfoques como la terapia cognitivo conductual (TCC), se trabaja frecuentemente la identificación de pensamientos automáticos relacionados con la autoestima, el miedo al abandono o la necesidad constante de aprobación. Este tipo de intervención ayuda a desarrollar relaciones más conscientes y coherentes con la propia identidad.
En Psicólogos Princesa, abordamos el bienestar emocional desde una perspectiva integral, ofreciendo asesoramiento psicológico tanto presencial como en modalidad online.
Escucharse también es cuidarse
A veces, cuidar una relación empieza por no abandonarse a uno mismo. Preguntarnos quién queremos ser, qué valores queremos sostener y cómo deseamos vincularnos puede marcar una gran diferencia en nuestra salud emocional.
Porque una relación sana no debería alejarnos de nosotros mismos, sino ayudarnos a sentirnos más en calma, más coherentes y más libres.
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En un momento en el que las relaciones parecen avanzar al ritmo de las redes sociales y la inmediatez, cada vez más personas experimentan dificultades para sostener vínculos afectivos estables. En el último episodio de nuestro podcast Entre Divanes, Ana Millán conversa con Belén Serrano sobre cómo la cultura actual influye en nuestra manera de relacionarnos y en el manejo del malestar emocional.
La conversación parte de una reflexión muy cotidiana. Belén comparte el caso de un amigo que le confesaba sentirse perdido en sus relaciones: “Sé que atraigo a personas maravillosas, pero luego no puedo sostener la relación, enseguida me pierdo o se me baja ese hype inicial que tengo”.
Esta sensación es más frecuente de lo que parece. Muchas personas comienzan una relación con intensidad, ilusión y expectativas muy altas, pero cuando aparecen las primeras diferencias o momentos incómodos, surge la necesidad de escapar o empezar de nuevo. Desde la psicología, esto puede relacionarse con la dificultad para tolerar la frustración, la incertidumbre y el conflicto emocional.
El consumo rápido de las relaciones
Durante el episodio, Ana Millán y Belén Serrano reflexionan sobre cómo el exceso de opciones afecta a nuestra satisfacción emocional. Tal y como explican en el podcast: “Está demostrado que cuantas más opciones supuestas tenemos disponibles, menos conformidad con nuestra elección”.
En una sociedad hiperconectada, donde constantemente aparecen nuevas posibilidades, personas, planes, estímulos o experiencias, resulta más complicado comprometerse con una decisión. Esto no solo afecta a las relaciones de pareja, sino también a la amistad, al trabajo o incluso a la percepción de nuestra propia identidad.
Belén Serrano resume esta idea con una frase especialmente significativa: “Entramos en un bucle de rapidez, de inmediatez, de alivio del malestar con cosas que no tienen sentido”.
Muchas veces buscamos aliviar emociones incómodas de manera inmediata: distraernos, cambiar de vínculo o evitar conversaciones difíciles. Sin embargo, el bienestar emocional suele construirse justamente en el proceso contrario: aprendiendo a sostener la incomodidad, comunicarnos y entender qué necesitamos realmente.
¿Sabemos qué queremos?
A menudo esperamos encontrar relaciones estables sin haber dedicado tiempo a conocernos, identificar nuestros límites o comprender nuestras necesidades afectivas.
Cada vez más personas acuden a consulta buscando orientación para mejorar sus relaciones, fortalecer su autoestima y aprender herramientas de manejo emocional. En muchos casos, la intervención psicológica ayuda a identificar patrones repetitivos y a desarrollar vínculos más conscientes y saludables.
Relaciones más humanas y menos inmediatas
En otro momento del podcast, Ana y Belén señalan una idea clave: “Consumimos a las personas y no proyectamos algo que, en principio, supuestamente querríamos”.
Esta reflexión invita a pensar cómo construimos nuestras relaciones hoy. Frente a la lógica del consumo rápido, quizá el verdadero desafío sea aprender a conectar desde la calma, la autenticidad y el compromiso emocional.
Cuidar nuestra salud mental integral también implica revisar cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos. A veces, detenernos a entender qué sentimos y qué buscamos puede ser el primer paso para construir relaciones más satisfactorias y un mayor bienestar emocional.
Si sientes que te cuesta sostener vínculos, gestionar conflictos o comprender tus emociones, pedir asesoramiento psicológico puede ayudarte a desarrollar relaciones más conscientes y saludables. Desde Psicólogos Princesa ofrecemos atención psicológica presencial y modalidad online adaptada a las necesidades de cada persona.
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En muchas ocasiones, las relaciones afectivas no empiezan desde la calma o la libertad emocional, sino desde necesidades internas no resueltas. El miedo a la soledad, la necesidad de validación o el deseo de sentirnos acompañados pueden influir profundamente en cómo elegimos vincularnos con otras personas. Este fue uno de los temas abordados en nuestro podcast Entre Divanes, presentado por Ana Millán junto a la psicóloga Belén Serrano.
Durante la conversación, Belén compartió una reflexión muy humana y cercana sobre cómo, a veces, conectamos emocionalmente desde nuestras heridas y no desde un lugar de bienestar emocional real: “Llegar a la conclusión de que yo misma estaba conectando desde mi herida, desde ese miedo a la soledad. Y al final cuando eliges desde ahí cualquier cosa te vale para tapar el vacío”.
Esta idea conecta con algo que muchas personas experimentan, aunque no siempre logren identificarlo: cuando existe un vacío emocional interno, cualquier vínculo puede convertirse en un intento de aliviarlo momentáneamente. Sin embargo, eso no significa necesariamente que la relación esté construida desde la compatibilidad, la autenticidad o el conocimiento mutuo.
¿Por qué elegimos desde la necesidad emocional?
Desde la psicología, sabemos que las experiencias emocionales previas influyen en nuestra manera de relacionarnos. Cuando una persona siente miedo intenso al rechazo, a la soledad o al abandono, puede desarrollar patrones de apego basados en la necesidad constante de validación externa.
Belén Serrano lo explicaba de forma muy clara en el episodio: “No estamos eligiendo realmente desde la libertad de conocernos, sino desde la necesidad de tapar, de parchear, de que me validen, de que me calmen”.
Esta reflexión pone sobre la mesa un aspecto importante dentro de la atención psicológica: aprender a identificar desde dónde estamos construyendo nuestras relaciones.
En muchos procesos de intervención psicológica relacionados con la ansiedad relacional o la autoestima, aparece esta misma dificultad. La persona siente que necesita estar acompañada para sentirse suficiente o tranquila, lo que puede generar relaciones desequilibradas emocionalmente.
El vacío emocional no se resuelve solo con compañía
Una de las ideas más relevantes que dejó este fragmento del podcast es que el vacío emocional no desaparece automáticamente al estar con alguien. De hecho, cuando la relación se convierte en una forma de “parchear” emociones difíciles, es frecuente que aparezca dependencia emocional, inseguridad o frustración.
Por eso, gran parte del trabajo terapéutico consiste en revisar qué estamos proyectando sobre la otra persona y qué necesidades estamos intentando cubrir a través del vínculo.
Diversos estudios en el ámbito de la salud mental integral señalan que fortalecer el autoconocimiento y la regulación emocional mejora significativamente la calidad de las relaciones interpersonales y el bienestar emocional.
Aprender a relacionarnos desde la libertad emocional
Construir relaciones sanas implica poder elegir desde la calma y no desde la urgencia emocional. Esto no significa no necesitar a nadie, sino aprender a diferenciar entre compartir desde el afecto y buscar constantemente que otra persona calme nuestro malestar interno.
Reconocer estos patrones no siempre es fácil, pero puede ser el primer paso para generar vínculos más conscientes y satisfactorios.
En Psicólogos Princesa trabajamos desde una mirada cercana, humana y basada en la evidencia científica para acompañar procesos relacionados con autoestima, relaciones afectivas, ansiedad y bienestar emocional, tanto de forma presencial como en modalidad online.
Si sientes que tus relaciones están marcadas por el miedo a la soledad o la necesidad constante de validación, buscar asesoramiento psicológico puede ayudarte a comprender qué hay detrás de esos patrones y desarrollar una forma más saludable de vincularte contigo y con los demás.
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Vivimos en una época en la que todo parece ir demasiado rápido: las conversaciones, las decisiones y también las relaciones. En el último episodio de nuestro podcast Entre Divanes, Ana Millán, codirectora de Psicólogos Princesa y directora de la Escuela de Psicología, conversa con Belén Serrano, psicóloga y alumna de la Escuela, sobre cómo la inmediatez y la sobreestimulación están transformando nuestra forma de vincularnos.
Durante el episodio, Belén Serrano reflexiona sobre una idea que muchas personas reconocen en su día a día: la necesidad constante de estímulos rápidos y gratificantes. Tal y como comenta en el podcast: “Creo que gran parte de lo que nos encontramos es esa dopamina, ¿no?, que enseguida nos da ese hype y ese chute.”
Esta frase resume muy bien uno de los fenómenos psicológicos más frecuentes en consulta actualmente. Vivimos rodeados de estímulos inmediatos: redes sociales, mensajes instantáneos, aplicaciones de citas o contenido diseñado para captar nuestra atención durante segundos. Nuestro cerebro se acostumbra a recompensas rápidas y eso puede dificultar la construcción de relaciones profundas y sostenidas en el tiempo.
La sobreestimulación y el miedo a la soledad
En el episodio también se aborda cómo esta dinámica puede alejarnos de nosotros mismos. Belén Serrano señala que detrás de estas relaciones rápidas y superficiales existe: “mucha sobreestimulación, mucha desconexión de nosotros mismos, mucho miedo a la soledad, mucho miedo al dolor”.
Desde la psicología, sabemos que evitar el malestar emocional puede llevarnos a buscar distracciones constantes o vínculos intensos pero poco estables. Sin embargo, conectar emocionalmente con otra persona requiere tiempo, presencia y capacidad para sostener la incomodidad que a veces aparece en las relaciones humanas.
Bauman y el concepto de “amor líquido”
Durante la conversación, Ana Millán y Belén Serrano mencionan también el concepto de “modernidad líquida”, desarrollado por el sociólogo Zygmunt Bauman. Según esta idea, vivimos en un mundo cambiante y acelerado donde cuesta mantener estructuras sólidas, incluidas las relaciones afectivas.
Como explica Belén en el podcast: “¿Cómo vamos a llegar a conectar con otras personas si todo es efímero, es rápido, es dinámico, es cambiante?” Esta reflexión conecta con una realidad que observan muchos profesionales de la salud mental integral: la dificultad para parar, reflexionar y construir relaciones desde la autenticidad. Cuando vivimos desde la inmediatez, resulta más complicado identificar qué necesitamos emocionalmente y qué tipo de vínculo queremos crear.
Recuperar la conexión emocional
Frente a esta dinámica, la intervención psicológica puede ayudar a desarrollar una relación más consciente con uno mismo y con los demás. Herramientas como la terapia cognitiva conductual (TCC), el trabajo emocional o las técnicas de regulación emocional permiten comprender mejor nuestros patrones relacionales y fortalecer el bienestar emocional.
Además, distintos estudios psicológicos han señalado que la conexión social profunda y el apoyo emocional actúan como factores protectores frente al estrés y la ansiedad. Dedicar tiempo a cultivar vínculos sanos no solo mejora nuestras relaciones, sino también nuestra salud mental.
En Psicólogos Princesa, trabajamos desde una perspectiva integradora ofreciendo atención psicológica presencial y modalidad online para acompañar a personas que desean mejorar sus relaciones y su bienestar emocional.
¿Te has sentido identificado con esta sensación de desconexión o superficialidad en los vínculos? Buscar asesoramiento psicológico puede ser un primer paso para entender qué hay detrás de esas dificultades y aprender a construir relaciones más conscientes y saludables.
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