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Escuchamos mucho hablar en estos días de soledad no deseada, lo que demuestra la importancia de un sentimiento que cuando se vuelve forzado y duradero adquiere inevitablemente una connotación negativa. Acerca del impacto que la soledad no decidida ocasiona, en una población tan sensible como la adolescente, reflexiona en el siguiente artículo Lourdes Núñez de Arenas. Estamos seguros que os va a interesar.

¿Qué es eso de la soledad no deseada?

¿Alguna vez nos hemos sentido solos?  ¿Algunas veces queremos estar solos y no lo conseguimos? ¿Qué pensamos que es la soledad no deseada?

Y es que ahí está el quid de la cuestión: a veces la soledad es voluntaria y a veces es autoimpuesta.  El sentimiento de soledad es muy subjetivo; cada persona vive la soledad de una manera distinta. La soledad voluntaria es positiva, nos incita a la reflexión, la inspiración. Sin embargo, la soledad forzada nos genera dolor. 

No es lo mismo estar sólo que sentirse sólo

No se trata tanto de cuánto de aislados estamos sino de cuánto de aislados nos sentimos.  Podemos estar rodeados de gente y amigos a nuestro alrededor y sin embargo sentirnos solos, tener la “experiencia subjetiva de estar socialmente aislados” (Tilman van soest, 2020, Luhmann ~Wawkley, 2016). 

La soledad no deseada solemos asociarla con los mayores. Cierto es que la evidencia se ha centrado hasta ahora en las personas de avanzada edad. Sin embargo, comienza a despertar interés otro sector de la población cuyas estadísticas van en aumento: los adolescentes. Los estudios muestran una distribución en forma de U en la que la que la adolescencia formaría parte del otro extremo. 

A pesar de la falta de estudios empíricos, parece que hay muchos factores que ayudan al desarrollo de ese sentimiento subjetivo de soledad no deseada: socioeconómicos, culturales, de personalidad, avalados por las estadísticas.

Ahora algo de estadística

Un estudio de la OCDE (2021) reveló que el 41% de los jóvenes (15-24 años) en países desarrollados reportan sentirse solos frecuentemente, con un aumento considerable desde el inicio de la pandemia de COVID-19.

Un estudio global en adolescentes publicado en The Lancet encontró que los niveles de soledad entre los jóvenes aumentaron en un 25% durante la pandemia, con implicaciones negativas en su bienestar mental y físico. 

Y es que la soledad no deseada afecta a nuestro bienestar mental y físico: aumenta el riesgo de hipertensión y enfermedades coronarias, disminuye la efectividad del sueño provocando fatiga crónica, problemáticas de salud mental como depresión, ansiedad, bajo estado de ánimo, ideación suicida, adicciones y desordenes alimentarios.

Un estudio realizado por la BBC en 2018 (Lonelyness Experiment) identificó 5 factores comunes en la soledad no deseada: no tener a nadie con quien hablar, sentirse desconectado del mundo, sentirse dejado de lado, tristeza y no sentirse entendido.

Concretamente en España, un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE)  a través de la encuesta de calidad de vida, encontró que el 30% de los jóvenes entre 16 y 24 años experimentaron sentimientos de soledad durante 2020. Todo ello implica la necesidad de abordar la soledad no deseada en adolescentes y jóvenes. 

La adolescencia es una etapa que implica grandes cambios de tipo social, cognitivo y biológico. Es una etapa de la vida en la que las relaciones emocionales con los padres y otros miembros de la familia se van debilitando y distanciando, y toman más fuerza las relaciones con los pares. 

Relacionarnos con otros nos hace vulnerables; compartimos vivencias personales y nos arriesgamos a que los otros nos conozcan… nos aterroriza el miedo al rechazo social y a percibirnos amenazados por nuestros pares.

Por otra parte, el papel que juega el contexto en el que crecen y se desarrollan (colegio, familia, relaciones de pareja…) puede influir considerablemente en el desarrollo de la persona.  Un adolescente que se siente acompañado en el seno de una familia y/o en un ambiente escolar saludable es probable que tienda a socializar y sentirse integrado. Además, sus niveles subjetivos de soledad probablemente sean relativamente bajos.

Y las redes no ayudan

La soledad, en adolescentes y jóvenes, parece estar relacionada con el uso excesivo de redes sociales.  

Estamos más conectados que nunca a través de plataformas digitales, y utilizamos en exceso las redes sociales. Todo ello ha mostrado tener efectos negativos sobre las relaciones interpersonales reales. Los adolescentes que dependen demasiado de las interacciones online tienden a experimentar más soledad. Las interacciones superficiales en línea suelen sustituir las conexiones emocionales profundas.

Es tal la adicción a las redes sociales, que el abuso de las mismas está propiciando en algunos países la aparición de fenómenos como el de los Hikikomori: un trastorno que relaciona el aislamiento social y la adicción a las plataformas virtuales.  Está basado en un comportamiento asocial y evitativo caracterizado por la tendencia al aislamiento extremo y el abandono de la sociedad, con lo que la vida de estas personas gira en torno al uso de la tecnología sin salir de su habitación (De la Calle y Muñoz, 2018, p117).

¿Qué hacemos?

A la hora de trabajar con esta población, el abordaje se desarrollará en tres niveles:  Intervenciones grupales, tratamientos individualizados y trabajo comunitario.

En los últimos años, las terapias de tercera generación tienden a ofrecer recursos más adaptativos para abordar esta problemática, planteando que la función de la soledad no deseada podría estar asociada a la evitación experiencial, es decir, la persona trata de evitar el sufrimiento que le  supone enfrentarse a sus propios eventos (emociones, sentimientos, pensamientos y conductas) y afrontar esa vulnerabilidad al exponerse a otros. Como consecuencia de ello decide evitar esas situaciones y aislarse cada vez más. De tal manera que su vida se va limitando progresivamente (García, R.F., 2000)

Concluyendo

En definitiva, la soledad no deseada es un hecho de tal importancia que se está considerando como un grave problema de salud pública, y en algunos países se está considerando una cuestión de estado, como así lo indica The Family Watch (2019). En concreto, la soledad en adolescentes es un problema creciente que necesita nuestra atención. Las intervenciones tempranas, tanto a nivel social como psicológico, pueden ayudar a mitigar sus efectos negativos en el bienestar de los jóvenes.

Referencias: 

En el último episodio reciente del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversó con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre la evolución de las relaciones de pareja y la percepción de quererlo todo en una relación.

¿Han cambiado realmente las relaciones?

Ana plantea la pregunta central: "¿Cómo han cambiado las relaciones y tiene algo que ver con que lo queremos todo?".

Rafael responde desde su percepción personal, destacando que, en términos fundamentales, las relaciones no han cambiado demasiado. La manera en que comienzan, se desarrollan y finalizan sigue patrones similares a los de hace décadas. Sin embargo, reconoce que ciertos aspectos sí han evolucionado, particularmente en lo que respecta a la diversidad de estructuras de pareja y la libertad de elección dentro de ellas.

"Se han autorizado más nuevas estructuras de pareja. Se les ha puesto palabras. En cierto sentido, se han puesto de moda, pero también se han normalizado y se ejercen con más naturalidad.", explica Rafael.

Más libertad, más decisiones

Una de las diferencias que Rafael identifica es el aumento del "permiso social" para cambiar de pareja, interrumpir relaciones y probar diferentes formas de convivencia. A nivel sociológico, ahora hay más flexibilidad en la manera en que las parejas se configuran y evolucionan con el tiempo. No obstante, él enfatiza que la esencia de la pareja como concepto sigue siendo la misma.

¿Se puede tener todo en una relación?

Rafael reflexiona sobre la idea de "tenerlo todo" en una relación y señala que la percepción de plenitud varía según la persona.

"El todo para mí no es lo mismo que el todo para ti. Tu todo no es mi todo. Entonces quizá tú sí lo puedes tener todo, pero yo no, porque necesitamos cosas diferentes y aspiramos a cosas distintas.", aclara.

Desde su experiencia con pacientes, menciona que muchas personas fantasean con el tipo de relación que desean, ya sea porque aún no la tienen o porque enfrentan fricciones dentro de la misma. En este punto, el trabajo en terapia se centra en la exploración de deseos y necesidades, ayudando a los individuos a entender que no hay una obligación de ajustarse a una estructura predeterminada.

Entre la modernidad y la tradición

Otro aspecto interesante que surge en terapia, según Rafael, es la dicotomía entre el discurso moderno sobre las relaciones y la realidad emocional de las personas.

"En mi mente y de boquilla soy muy moderno en el tema de la pareja, pero en la práctica me descubro más siglo XX o XIX de lo que habría esperado.", comenta.

Este fenómeno refleja cómo, aunque se promuevan nuevos modelos de pareja y relaciones abiertas, muchas personas siguen sintiendo comodidad en estructuras más tradicionales.

La conversación entre Ana y Rafael nos invita a cuestionar nuestras expectativas sobre las relaciones y a aceptar que no hay un único camino válido. Lo importante no es ajustarse a una idea impuesta de éxito en pareja, sino construir relaciones que sean auténticas y satisfactorias para cada persona.

Para explorar más sobre este tema, escucha el episodio completo del podcast aquí.

En un episodio reciente del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversó con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre un tema profundo y complejo: ¿qué define a una familia y qué determina su éxito o dificultades?

¿Qué es una familia y cuál es su misión?

Ana plantea la pregunta clave: "¿Qué es una familia y qué es el éxito de una familia?". En respuesta, Rafael San Román aborda el concepto desde una perspectiva funcional, describiendo a la familia como un grupo con una misión específica.

Según Rafael, una posible lectura de la misión de una familia es la de sobrevivir en el tiempo. Es decir, más allá de la convivencia y los lazos de sangre o políticos, la familia debe facilitar que sus miembros se desarrollen y avancen generación tras generación. Esta capacidad de impulsar el crecimiento individual y colectivo es lo que otorga a una familia su verdadero propósito.

La familia como estructura en evolución

Rafael explica que las familias se forman a través de distintos tipos de vínculos y contratos, y que su éxito no radica únicamente en su estructura, sino en la forma en que cumplen su misión. Si una familia no logra crear un entorno en el que sus miembros puedan desarrollarse, apoyar sus proyectos de vida y adaptarse a los cambios, su cualidad de familia comienza a desvanecerse.

"Si la misión de una familia no está lo suficientemente cumplida, entonces tenemos un grupo de personas que conviven, comparten actividades y tiempo, pero cuya esencia familiar se ha diluido.", explica Rafael. En este caso, aunque externamente sigan siendo una familia, en la práctica han perdido la capacidad de cumplir su función esencial.

Familia exitosa vs. pseudofamilia

Rafael introduce un concepto interesante: la idea de la "pseudofamilia". Explica que existen familias que, aunque siguen existiendo formalmente, han perdido el sentido de su misión. En lugar de ser un núcleo de apoyo y desarrollo, se convierten en grupos donde los lazos se mantienen por inercia, sin cumplir una función real en la evolución de sus miembros.

"No se trata de que una familia deba ser perfecta o cumplir con un ideal rígido, sino de que realmente funcione como un sistema que favorece el crecimiento y la estabilidad de sus integrantes.", aclara Rafael.

La conversación entre Ana y Rafael nos invita a replantearnos el significado de la familia. No se trata únicamente de un conjunto de lazos sanguíneos o de convivencia, sino de un grupo con una misión clara: apoyar, impulsar y permitir el desarrollo de sus miembros en el tiempo. Comprender esta diferencia puede ayudarnos a evaluar nuestras propias dinámicas familiares y trabajar hacia un modelo de familia que realmente cumpla su propósito.

Para profundizar en este tema, escucha este fragmento del podcast aquí.

En un episodio reciente del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversó con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre la relación entre la autoestima y la diferencia entre el yo real y el yo ideal.

La brecha entre el yo real y el yo ideal

Ana introduce el tema señalando cómo, en terapia, se trabaja frecuentemente con el concepto del yo real y el yo ideal. Explica que la autoestima suele estar influenciada por la distancia entre quién una persona cree que es y quién desea ser. Esta discrepancia puede generar insatisfacción y afectar la percepción de uno mismo.

"¿Cómo salvamos esa diferencia?", plantea Ana, abriendo paso a la reflexión de Rafael sobre este desafío.

Identificar lo que realmente queremos ser

Rafael San Román destaca la importancia de hacer un trabajo profundo de diferenciación entre lo que realmente queremos ser y lo que creemos que debemos ser debido a influencias externas. Explica que muchas veces, lo que percibimos como nuestros deseos y metas pueden estar condicionados por mandatos sociales, familiares o culturales.

"Nos convencemos de que queremos ser algo, nos han hecho creer que debemos serlo o incluso nos sentimos obligados a serlo", señala Rafael.

Este proceso de introspección implica reconocer aquellas expectativas heredadas que, aunque puedan ser válidas, no necesariamente reflejan nuestra verdadera esencia. No se trata de rechazar por completo estos mandatos, sino de analizarlos y cuestionar si realmente resuenan con nuestra identidad.

Un trabajo de autoconocimiento continuo

Rafael enfatiza que este trabajo de diferenciación es un proceso largo y difícil, y que quizás nunca se complete del todo. Sin embargo, esto no debería generar angustia, sino verse como una oportunidad de crecimiento.

"Si logramos distinguir lo que es verdaderamente nuestro y lo que no nos pertenece, abrimos una posibilidad de avance", comenta Rafael.

Este ejercicio de autoconocimiento y autenticidad puede ayudar a reducir la brecha entre el yo real y el yo ideal, fortaleciendo así la autoestima y promoviendo una mayor conexión con uno mismo.

La conversación entre Ana y Rafael deja una enseñanza clara: la autoestima no se basa en alcanzar un yo ideal impuesto, sino en construir una identidad genuina y alineada con nuestras verdaderas necesidades y deseos. Aceptar que la evolución personal es constante y permitirnos cuestionar nuestras propias expectativas nos brinda la posibilidad de vivir con mayor autenticidad y bienestar.

Para conocer más sobre este tema, escucha este fragmento del podcast aquí.

En el último episodio del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversa con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre el concepto de identidad.

La complejidad de la identidad

Ana inicia la conversación con una pregunta fundamental: ¿Quién soy yo? No. ¿Qué es la identidad?.

Rafael San Román responde que la identidad es un concepto amplio y complejo, tanto a nivel psicológico como filosófico. Explica que es tentador definirla como la esencia de lo que somos, una parte nuclear que permanece con nosotros a lo largo del tiempo. Sin embargo, también existen capas de la identidad que cambian constantemente.

"Siempre somos nosotros, pero siempre somos diferentes a quienes hemos sido", menciona Rafael. Desde esta perspectiva, la identidad no solo es lo que somos en este momento, sino también lo que hemos sido y lo que seremos.

El conflicto de la identidad en la evolución personal

Uno de los mayores desafíos en la construcción de la identidad es la sensación de cambio. Rafael explica que las personas pueden sentirse confundidas cuando notan que han evolucionado y ya no encajan con una versión anterior de sí mismas.

"Quizá ese conflicto viene de que tienes que reconectarte y reordenar esa capa de tu identidad que siempre está en movimiento", sugiere Rafael. No se trata de una fragmentación o de perderse, sino de aceptar que la identidad es flexible y se adapta a nuevas circunstancias.

Definirnos también por lo que no somos

Rafael introduce una idea clave: para entender quiénes somos, también debemos reconocer quiénes no somos. La identidad se construye tanto a partir de nuestras experiencias como de aquellas decisiones que hemos tomado para no ser algo en particular.

"La respuesta a 'quién soy' también incluye quién he sido, quién quiero ser, quién no soy, quién no he sido y quién no quiero ser", explica Rafael. Este enfoque ayuda a construir una identidad más sólida y consciente, basada en la autenticidad y el autoconocimiento.

La identidad como un proceso continuo

La conversación entre Ana y Rafael destaca la identidad no como un concepto fijo, sino como un proceso en constante transformación. En un mundo donde las experiencias y los cambios son inevitables, aprender a adaptarnos y aceptar la evolución personal nos permite vivir con mayor claridad y confianza.

Si quieres profundizar más en este tema, escucha este fragmento del podcast aquí.

En este episodio de "Entre Divanes", Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, y Clara Simal, Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta EMDR, abordan un tema fundamental: ¿cómo decidir si iniciar o no una relación de pareja? Ambas comparten consejos prácticos y reflexiones para elegir desde la conciencia, evitando entrar en relaciones de manera compulsiva o guiados por patrones destructivos.

1. Conéctate contigo mismo: la base para elegir bien

Clara Simal comienza subrayando la importancia de la relación con uno mismo antes de pensar en una pareja: "No es un requisito amarme a mí mismo para ser amado, pero sí es clave conocerme: entender mis necesidades, mis límites y mi proyecto de vida. Cuanto más me conozco, más sensibilizado estoy para detectar qué me hace bien y qué no."

Añade que el autoconocimiento no es un lujo, sino una herramienta vital para protegernos: "No se trata de estar perfecto antes de entrar en una relación, pero si conozco mis límites, podré reconocer rápidamente cuando alguien los vulnere y tomar decisiones que me protejan."

2. Evalúa la compatibilidad: más allá de la atracción

Otro punto clave es determinar si la otra persona encaja con nuestro proyecto vital y valores. Clara explica: "No solo importa si le gusto al otro, sino si el otro me gusta a mí y encaja con mi vida. Es importante que haya sintonía en nuestros proyectos y nuestras inquietudes, no que seamos iguales, pero sí que compartamos una visión compatible."

Agrega  que esta compatibilidad también incluye aspectos prácticos como el compromiso, la estabilidad emocional y la capacidad de construcción conjunta. "Es crucial sentir que la relación fluye sin generar una alerta constante o sensación de amenaza. Desde el principio, debería haber una base de tranquilidad y seguridad."

3. Presta atención a las señales de alerta: detecta las red flags

En la conversación, Ana y Clara reflexionan sobre la importancia de estar atentos a las "red flags" o señales de alerta que pueden indicar patrones perjudiciales. Clara señala: "Hoy en día, con prácticas como el ghosting o la falta de responsabilidad emocional, es fácil caer en relaciones intermitentes y ambivalentes que destruyen nuestro equilibrio emocional."

Ana compara estas dinámicas con una máquina tragaperras: "Todo lo que es ambivalente, que genera un 'ahora sí, ahora no', engancha de manera muy intensa porque activa nuestro sistema nervioso. Pero esta intermitencia puede ser devastadora para nuestra salud emocional."

La clave, según Ana, es no autoengañarse: "A veces justificamos comportamientos que en el fondo sabemos que no nos hacen bien. Es importante escuchar nuestras emociones y no ignorar esas señales iniciales de incomodidad o desconfianza."

Elegir desde la conciencia

Ambas expertas concluyen que elegir una relación desde la conciencia implica preguntarse: ¿Esta persona encaja con mis valores y necesidades? ¿Me siento seguro y en paz al estar con ella?
Te invitamos a reflexionar sobre estos tres consejos y a escuchar este fragmento del episodio de "Entre Divanes" para profundizar en cómo construir relaciones saludables y evitar patrones que puedan afectar tu bienestar emocional.

En este episodio de "Entre Divanes", Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Clara Simal, Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta EMDR, reflexionan sobre cómo nuestro sistema nervioso responde ante situaciones de amenaza, profundizando en las ideas clave de la teoría polivagal.

Respuestas automáticas ante la amenaza

Durante la conversación, Clara Simal explica que el cerebro, cuando enfrenta una situación amenazante, sigue un orden específico en sus respuestas automáticas: "Lo primero que intentamos es conciliar. Es una respuesta instintiva que busca pacificar o negociar para evitar el conflicto." Esta primera fase, que activa la vía ventral del sistema parasimpático, está estrechamente relacionada con nuestra capacidad de conexión social y seguridad.

Clara complementa esta idea destacando que "esta respuesta inicial es profundamente relacional. Intentamos conectarnos para minimizar el peligro porque, evolutivamente, nuestra supervivencia depende de los demás". Sin embargo, cuando esta estrategia falla, el cuerpo pasa a una segunda fase.

Clara describe cómo, al no lograr conciliar, el sistema parasimpático entra en acción: "En este punto, el cuerpo se activa para luchar o huir. La adrenalina aumenta, el corazón se acelera y todos los sistemas trabajan para escapar del peligro. Es una respuesta intensa, pero temporal." Clara señala que esta activación, aunque útil en situaciones de emergencia, puede generar desgaste si se prolonga en el tiempo.

Finalmente, Clara introduce la tercera respuesta automática: la congelación. "Cuando ni la conciliación ni la huida son posibles, el cerebro recurre a la vía dorsal del sistema parasimpático. En este estado, el cuerpo se paraliza y se desconecta como un mecanismo de protección". Clara agrega que esta "muerte fingida" puede llevar a una sensación de fragmentación entre cuerpo y mente, algo que las personas que han experimentado trauma describen como disociación.

La importancia de entender nuestras respuestas

Es fundamental no patologizar estas respuestas: "Son mecanismos naturales de supervivencia. La clave está en entender cómo funcionan y aprender a regularnos." 

Ambas psicólogas reflexionan sobre cómo estas respuestas están profundamente conectadas con nuestras experiencias pasadas y patrones de apego. Clara comenta: "La forma en que nuestro sistema nervioso responde ante la amenaza está moldeada por nuestras vivencias con figuras de confianza. Por eso, el trabajo terapéutico no solo aborda los síntomas, sino también las raíces de estas respuestas."

Sanar a través de la conexión y la autorregulación

En su conversación, ambas profesionales destacan la importancia de no minimizar ni exagerar nuestras reacciones ante el peligro. "Entender que el cuerpo tiene sus propios mecanismos de protección nos permite abordarlos sin juicio", concluye Clara.

Te invitamos a escuchar este fragmento del episodio de "Entre Divanes" para profundizar en cómo nuestras respuestas automáticas ante la amenaza pueden transformarse en oportunidades de crecimiento y sanación.

En este episodio de "Entre Divanes", Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, junto a Clara Simal, Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta EMDR, nos invitan a reflexionar sobre el verdadero significado del trauma relacional. A menudo se usa el término "trauma" de manera imprecisa, por lo que en esta conversación desmitifican ciertos conceptos y profundizan en cómo estas experiencias impactan en nuestra neurobiología y nuestra forma de relacionarnos.

¿Qué es realmente un trauma?

Clara Simal comienza aclarando que el trauma no es simplemente algo que nos afecta, sino algo que nos rompe: "Últimamente siento que se está desvirtualizando mucho la connotación de la palabra trauma. Estamos llamando trauma a cosas que nos afectan, pero es importante entender que el trauma es algo que desconfigura, algo que impacta directamente sobre nuestra neurobiología y que activa el sistema de amenaza y los mecanismos de supervivencia más primitivos".

El trauma no es solo un evento doloroso o difícil, sino una experiencia que afecta nuestra configuración emocional y cerebral. Se trata de una ruptura que puede alterar la percepción de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

Clasificación del trauma: tipos y dimensiones

Para comprender mejor el impacto del trauma, Clara propone una clasificación en tres niveles:

Trauma de tipo 1 (T mayúscula): Son eventos que impactan directamente en la integridad de una persona. "Lo explico así: impacta de fuera hacia dentro", señala Clara. Ejemplos incluyen accidentes, pérdidas significativas o abusos.

Trauma de tipo 2 (t minúscula): Se refiere a experiencias que afectan la identidad de una persona, como humillaciones, abandonos o rechazos. Estos eventos no son necesariamente catastróficos, pero generan heridas profundas en la autoestima y en la forma en que nos percibimos en nuestras relaciones.

Trauma relacional: Se diferencia de los anteriores porque es un proceso prolongado en el tiempo y suele estar vinculado a las figuras de apego. "Son experiencias que han tenido que ver con nuestras figuras de confianza. Estas personas que se supone que nos tendrían que proteger, han vulnerado o han impactado en nuestra configuración de personalidad", explica Clara.

Desmitificando el trauma relacional

Uno de los puntos clave de la conversación es la necesidad de redefinir cómo entendemos el trauma relacional. No todas las experiencias difíciles generan un trauma, y es fundamental diferenciar entre una situación dolorosa y una que realmente desconfigura nuestra forma de ser.

Ana Millán subraya la importancia de esta distinción: "Vivimos en una sociedad donde el término trauma se usa con demasiada facilidad. No todo lo que nos duele nos rompe". Clara complementa esta idea explicando que muchas de las experiencias cotidianas pueden ser difíciles, pero no necesariamente traumáticas en el sentido clínico.

¿Cómo sanar el trauma relacional?

Dado que el trauma relacional surge en el contexto de vínculos dañinos, su sanación también se da en el marco de nuevas relaciones saludables. Clara enfatiza: "El trauma puede rompernos, pero también podemos repararnos a través del trabajo personal y las conexiones humanas".

Algunas claves para la recuperación incluyen:

Conciencia y comprensión: Entender cómo nuestras experiencias pasadas influyen en nuestra forma de vincularnos.

Terapia y acompañamiento profesional: Procesar estas heridas en un espacio seguro con la guía de un especialista.

Construcción de relaciones seguras: Rodearse de personas que fomenten la confianza y la estabilidad emocional.

Te invitamos a escuchar este fragmento del episodio de "Entre Divanes" para profundizar en estos valiosos conceptos y reflexionar sobre cómo nuestras experiencias pasadas han moldeado nuestra manera de vincularnos con los demás.

En este capítulo de “Entre divanes”, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, junto a Clara Simal, Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta EMDR, abordan el mundo de las relaciones humanas, el apego y los traumas. Ambas nos invitan a reflexionar sobre cómo nuestras experiencias tempranas y vínculos moldean nuestra manera de ser y de relacionarnos con los demás. Además, comparten sus perspectivas profesionales sobre cómo el trabajo terapéutico puede ayudarnos a sanar y construir relaciones más saludables.

El poder de los vínculos

Ana,  comienza subrayando la importancia del apego en nuestra configuración emocional: "Las relaciones, aunque ahora vivimos en una sociedad individualista, son la base de nuestra personalidad". Desde los vínculos con nuestros padres hasta nuestras relaciones de pareja, todos dejan una huella que nos acompaña.

Por su parte, Clara Simal resalta la dimensión reparadora de los vínculos: "Todo se crea a partir de los vínculos y todo se repara a través del vínculo". Según explica, el apego no nos determina completamente, pero sí condiciona nuestra manera de entender y vivir nuestras relaciones.

Desapego e interdependencia: un delicado equilibrio

El desapego, muchas veces malinterpretado como una invitación al individualismo extremo, tiene en realidad un papel esencial en el desarrollo emocional. Clara explica: "El desapego no significa falta de compromiso, sino la capacidad de aceptar y soltar lo que ya no está".

Ana complementa esta idea proponiendo un modelo de interdependencia: "Entre la dependencia y la independencia está la interdependencia. Necesitamos a los demás, no a una persona en concreto, pero sí a los demás". En este equilibrio, somos capaces de reconocer nuestras necesidades y buscar apoyo mientras mantenemos nuestra autonomía.

Trauma relacional: una herida invisible

El trauma, según Clara, es algo que nos rompe, no simplemente algo que nos afecta. Describe el trauma relacional como: "Experiencias con nuestras figuras de confianza que impactan en nuestra configuración emocional y personalidad".

A menudo, este tipo de trauma no proviene de eventos catastróficos, sino de pequeñas experiencias acumulativas como rechazos o humillaciones. "El trauma relacional suele estar vinculado a nuestras figuras de apego y afecta profundamente nuestra manera de vincularnos en el futuro", añade Clara.

Relaciones sanas: claves para construirlas y mantenerlas

Cuando se trata de elegir pareja, Clara propone:

  1. Conocerse a uno mismo: "Entender cuáles son mis límites, mis necesidades y mi proyecto personal".
  2. Buscar sintonía vital: "Saber si esa persona y tú compartís proyectos e inquietudes similares".
  3. Estar atento a las señales de alerta: "Detectar patrones dañinos desde el principio para tomar decisiones conscientes".

En cuanto a mantener una relación, Ana enfatiza la importancia de la confianza y el compromiso mutuo: "La relación de pareja debe prevalecer incluso sobre nuestra familia de origen; es nuestro proyecto común". Clara añade que la paciencia y la capacidad de mentalización —entender la perspectiva del otro— son fundamentales: "Las relaciones se construyen y requieren esfuerzo constante".

En este capítulo coinciden en que las relaciones humanas son complejas, pero profundamente enriquecedoras. Clara concluye con una afirmación poderosa: "Aunque el trauma rompe, también podemos repararnos a través del trabajo personal y las conexiones humanas".

Ana, por su parte, nos recuerda: "La terapia es un espacio para conectar con la realidad, entendernos mejor y construir relaciones más saludables".

Te invitamos a reflexionar sobre tus propias relaciones y a considerar cómo tus experiencias han moldeado tu manera de vincularte. Escucha este fragmento del episodio de "Entre Divanes" para profundizar en estas valiosas perspectivas sobre el apego, el trauma y las relaciones humanas.

Julieta García Canales, Psicóloga y Orientadora Vocacional, comparte su perspectiva sobre uno de los momentos más desafiantes en la vida laboral: decidir cambiar de trabajo. Según Julieta, este proceso no solo implica buscar nuevas oportunidades, sino también realizar un trabajo interno y externo para garantizar que el cambio sea positivo y sostenible.

1. Busca ayuda para mirar hacia adentro

"Lo primero que le recomendaría a alguien en esta situación es que busque ayuda. Eso siempre es interesante, porque permite abrir un espacio donde alguien te ayude a mirar hacia adentro."

Julieta enfatiza la importancia de reflexionar sobre el origen del malestar: "Es necesario preguntarte si tu incomodidad tiene realmente que ver con el trabajo o con otras áreas de tu vida. Muchas veces, no se trata solo del empleo, sino de algo más profundo que estás viviendo. Este espacio de reflexión también te permite sacar aspectos positivos de tu experiencia laboral."

Antes de tomar una decisión impulsiva, Julieta recomienda elaborar cuidadosamente el cierre de este ciclo: "Romper con todo de manera abrupta, puede ser perjudicial. Es importante transicionar y cerrar esa etapa de manera consciente, tanto a nivel práctico como psicológico."

2. Reelabora tu perfil profesional

"El segundo paso sería buscar ayuda para reconstruir tu perfil profesional. Es muy probable que, a lo largo de tu experiencia laboral, hayas desarrollado habilidades que ni siquiera habías considerado."

Julieta sugiere trabajar en una nueva visión de ti mismo como profesional:"Tu perfil seguramente ha cambiado, pero puede que no seas plenamente consciente de ello porque nadie te lo ha señalado. Al reelaborar tu experiencia y competencias, puedes darte cuenta de todo lo que has aprendido y cómo puedes aportar valor en otros contextos."

Este proceso no solo te ayuda a reconocer tu crecimiento, sino que también te prepara para presentarte de manera más efectiva en el mercado laboral.

3. Mira hacia afuera con un propósito claro

"Una vez que has reelaborado tu perfil, el siguiente paso es mirar afuera y preguntarte: ¿qué está pasando en el mercado? ¿Dónde puedo aportar valor?"

Julieta destaca la importancia de salir al mundo laboral con una perspectiva renovada: "Ya no eres solo la persona que empezó en tu empleo actual, sino alguien con nuevas habilidades y aprendizajes. Es fundamental identificar cómo esos cambios encajan en lo que el mercado laboral necesita."

Este enfoque no solo te permite encontrar un empleo que se alinee con tus habilidades, sino también con tus intereses y valores personales.

Un cambio laboral consciente y estratégico

Para Julieta, cambiar de trabajo no es solo cuestión de buscar algo nuevo, sino de hacerlo de manera consciente y estratégica: "El cambio laboral no debe ser una decisión impulsiva. Es un proceso que requiere mirar hacia adentro, reelaborar tu perfil y luego mirar hacia afuera con un propósito claro. Solo así puedes garantizar que el cambio sea una experiencia enriquecedora y no solo una forma de escapar del malestar."

Con estos tres consejos, Julieta invita a quienes se sienten insatisfechos en su trabajo a transformar una etapa de incertidumbre en una oportunidad para el crecimiento personal y profesional. Puedes ver este fragmento del podcast aquí. 

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