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Normas de envejecimiento y algunas teorías sobre la vejez

xisten distintas formas de envejecimiento. Una de ellas es el envejecimiento patológico (que cursa con patologías que causan discapacidad), otra es el envejecimiento normal (que presenta ciertas patologías que no discapacitan), y por último está el envejecimiento con éxito (que cursa con alto funcionamiento físico, cognitivo y alta implicación social) (Rowe y Khan, 1997).

Existen distintas teorías sobre la vejez. Algunas de ellas adoptan enfoques totalmente opuestos, como podría ser el caso de algunas de las que mencionamos a continuación. Si bien la Teoría de la Desvinculación percibe la vejez como un proceso de adaptación gradual a la muerte esperada por parte del mayor (con una desvinculación tanto social como de actividades), la Teoría de la Actividad establece que para lograr una adaptación adecuada al proceso de envejecer es fundamental mantener los mismos niveles de actividad e incluso fortalecer los compromisos sociales. En cambio, teorías como la de la Selectividad Socioemocional se posicionan situando la vejez como un periodo de repliegue sobre las relaciones personales íntimas en la búsqueda del apoyo necesario y el bienestar por parte del mayor (Molina, M. A. (2021). Intervención socioemocional [Material de aula]. Evaluación e intervención psicológica en la vejez, Universidad San Rafael-Nebrija. Madrid).

Como bien es sabido, gracias a los avances de las últimas décadas, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente. Tanto es así que a principios del siglo XIX la esperanza media de vida estaba comprendida entre los 35 y 55 años, a principios del siglo XX entre los 50 y 65 (en los países desarrollados) y actualmente la media mundial se sitúa entre los 70 y 73 años, si bien en países como España está situada en 82,34 (Esperanza de vida, 2021).

Según la OMS, el porcentaje de habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará entre 2015 y 2050. La pauta de envejecimiento a día de hoy es mucho más rápida que en el pasado, con lo que los países se enfrentan a grandes retos para asegurar que sus sistemas sociales y sanitarios estén preparados para un cambio de tal envergadura ya que se vive más tiempo en todo el mundo (Organización Mundial de la salud, 2021).

Este aumento de la esperanza de vida ha convertido a las personas mayores, en muchos casos, en figuras cuya mayor participación o colaboración es en el apoyo a la familia. Actuando como cuidadores se generan en ellos sentimientos de utilidad, se reduce la soledad y se preserva el funcionamiento físico y cognitivo.

Orientación en la vida de las personas mayores. Valoración que perciben del entorno.

Las personas mayores están más orientadas al bienestar eudaimónico (en la búsqueda por perfeccionarse y realizar su propio potencial). Este tipo de bienestar incluye las relaciones positivas con los otros, la auto-aceptación, la autonomía, el propósito en la vida, el crecimiento personal y el dominio del entorno. (Molina, M. A. (2021). Intervención socioemocional [Material de aula]. Evaluación e intervención psicológica en la vejez, Universidad San Rafael-Nebrija. Madrid).

Dado que en la etapa de la vejez la orientación de la persona está más enfocada a los valores, cabría pensar que podrían asumir ciertas funciones de liderazgo o dirección realizando tareas relevantes para la comunidad, y no tan solo a nivel familiar como ocurre en la mayoría de los casos por la desconfianza que se ha instaurado a nivel social en las personas mayores, al menos así es actualmente de forma generalizada en el mundo occidental, si bien no es ni ha sido igual para todas las épocas y culturas.

La valoración de la vejez ha sido y es muy diferente según las distintas épocas y culturas. Así, nos encontramos las gerontocracias como formas de gobierno en las que el mando o poder es ejercido por los ancianos, y por el contrario la gerontofobia que contempla a las personas mayores como improductivas, dependientes y en definitiva una carga social. Estos posicionamientos tan dispares quedan reflejados por ejemplo en el antiguo pueblo hebreo y la antigua sociedad china (que presentaban un gran respeto y admiración hacia los ancianos, viendo el envejecimiento como un honor) frente a otras como la antigua sociedad egipcia que si bien valoraba el conocimiento y experiencia de los ancianos, también intentaban evitar el envejecimiento a toda cosa usando ungüentos para conservarse jóvenes. En esta misma línea de diferenciación podríamos citar a Platón, que consideraba a los ancianos como las personas mejor preparadas para estar al mando de la sociedad, y por el contrario a Aristóteles, que hacía mención a la última etapa de la vida como un momento de gran deterioro y pérdida de facultades. No obstante, siguen existiendo pueblos y culturas en las que la vejez se enfoca como algo muy positivo, un claro ejemplo son los Abcasios (Falagán, 2018).

La llegada de la industrialización no ayudó en la visión que se tenía de las personas mayores, pues dio paso a sociedades orientadas a la producción en serie y a la búsqueda de un aumento de la productividad, pasando por tanto los ancianos a quedar desplazados y a ser minusvalorados en esta nueva forma de productividad en la que surgirían numerosas innovaciones tecnológicas y descubrimientos científicos (Falagán, 2018).

Es evidente que el envejecimiento conlleva un importante deterioro a nivel biológico y cognitivo. Este hecho provoca que la percepción de las personas mayores acerca de su vida pueda llegar a ser la de una vida con poca calidad o no digna debido a las pérdidas que comienzan a sufrir. Los principales indicadores de la calidad de vida de este sector de la población son la salud, la economía, la vida afectiva, el amor y la sexualidad, y la salud psicológica.

Es necesario un cambio del entorno hacia ellos que posibilite su empoderamiento.

Actualmente en nuestro país la visión de la vejez tiene una marcada negatividad basada en ciertos prejuicios y estereotipos, lo que provoca que las personas mayores no fomenten su autonomía y capacidades e independencia, llegando a perder sus derechos y deberes en la sociedad. Es necesaria por tanto la puesta en marcha de estrategias, medidas y políticas que potencien la vida activa y saludable de este colectivo, evitando de esta forma los sentimientos de baja autoestima y autoeficacia, así como la desintegración social de estas.

Es importante que no se generalice en relación a la forma de envejecer. Además, gran parte de los prejuicios que se tienen hacia las personas mayores tienen base en el desconocimiento de las capacidades reales de esta población. Es primordial tener en cuenta la visión que tienen de sí mismas, ya que este trato que se les da en muchas ocasiones les afecta en su propia autovaloración, asumiendo todos estos estereotipos y afectando por tanto a su propia autoestima. En ocasiones se les trata como a niños, transmitiéndoles así el mensaje de que son personas dependientes y disminuyendo su nivel de autoeficacia, provocando comportamientos de evitación para no afrontar situaciones que consideran difíciles de abordar por ellos mismos, y disminuyendo por tanto su autoestima.

Las personas mayores aportan a la sociedad un gran valor desde su experiencia, además de enriquecer su entorno familiar y social. Por tanto, se considera necesario un cambio de enfoque en cuanto al papel de nuestros mayores, pasando desde la visión de personas dependientes, sin autonomía y receptoras de ayuda, a una visión de personas que se han ganado el derecho a disfrutar de aquello que les satisfaga, aportando además un gran valor a la familia y la sociedad. Cabría por tanto considerar algunos conceptos para la adopción de una visión positiva del envejecimiento como son el empoderamiento, el envejecimiento activo y el envejecimiento productivo. Gracias a ellos se puede enfocar esta etapa de la vida como unos años de oportunidades y bienestar. Adicionalmente, también la utilización de las Técnicas de la Información y la Comunicación (TIC) aportará con seguridad a los mayores una visión positiva de sí mismos (Falagán, 2018).

En cuanto a las medidas para fomentar el empoderamiento, cabe destacar “el aumento del activismo social, político y cultural, la prevención y promoción de la salud, la educación permanente, las actividades de ocio y el marco político. Según la autora Lucía Pardo, las premisas para conseguir el empoderamiento de las personas mayores pasarán por permitirles que tomen sus propias decisiones sobre su vida teniendo en cuenta sus opiniones, así como fomentar la integración de este colectivo en la sociedad impulsando su participación e implicación en la misma (Falagán, 2018).

Desde mi punto de vista, sería muy importante cambiar nuestro lenguaje hacia las personas mayores de tal forma que en lugar de provocar un descenso de su autoestima hagamos que tras la interacción con nosotros salgan reforzados y empoderados. También pienso que deberían organizarse espacios orientados a ellos, tanto en los medios de comunicación como de ocio en general. Son pocos los programas de televisión creados y orientados al colectivo, sin embargo sí los hay para niños, adolescentes y adultos.

Deberíamos comprenderles, agradecer todo lo que han hecho y facilitar su empoderamiento todo lo que esté en nuestra mano para permitir que sus vidas en sus últimos años sean más plenas y felices.

Por último, me gustaría acabar con dos citas que pienso que pueden reflejar en qué consiste el arte de envejecer:

“Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.

Ingmar Bergman

        

“El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza”

André Maurois

Referencias bibliográficas

Esperanza de vida. (1 de diciembre de 2021). En Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Esperanza_de_vida

Falagán, P. (2018). Empoderamiento en la vejez.[Trabajo Fin de Grado]. Universidad de Cantabria.

Molina, M. A. Evaluación e intervención psicológica en la vejez. En M. A. Molina (Comp.), Curso 2020/2021: Evaluación e intervención psicológica en la vejez (pp. 1-88). Universidad San Rafael-Nebrija.

Organización Mundial de la Salud (2021). Envejecimiento y salud. Recuperado el 8 de diciembre de 2021 de https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ageing-and-health

Rowe, J. W. y Kahn, R. (1997). Successful Aging. The Gerontologist, 37(4). 433-440. https://doi.org/10.1093/geront/37.4.433

Artículo escrito por Arturo Escobar.

Este artículo pretende servir para dar visibilidad y apoyo a las mujeres con lesión medular, un colectivo que según las estadísticas permanece prácticamente invisible. En concreto, clarificando tanto la idea del autoconcepto como la importancia de realizar un buen trabajo con una mujer que acaba de adquirir una lesión medular.

En primer lugar debemos comenzar definiendo el concepto tratado en este artículo. El autoconcepto es la idea o imagen que una persona tiene de sí misma, lo que sabe sobre su persona. Es la respuesta a la pregunta ¿quién soy?

Existe poca limitación entre los conceptos de autoestima y autoconcepto produciéndose confusión entre ambos en muchas ocasiones. Fijándonos en los estudios de diversos autores podemos decir que el autoconcepto hace referencia al conocimiento personal y la autoestima a la importancia que cada persona se da a sí misma.

Tras la adquisición de una lesión medular son muchos los aspectos que deben reaprenderse a nivel social, físico y emocional.

Existen investigaciones que afirman la posibilidad de crecimiento personal tras afrontar un trauma, en este caso una lesión medular. Estas corrientes atestiguan, al contrario que las de corte más médico, que tras un fuerte trauma y con el paso de los días comienzan a aparecer emociones positivas. Estas emociones permiten visualizar aspectos positivos que aportan motivación para el reaprendizaje de nuevas variables, como el autoconcepto, lo cual supone una gran ventaja para la intervención de este.

La imagen corporal que una persona tiene de sí misma influye en la confianza, las relaciones sociales y en general en múltiples aspectos de su vida. Cuando una mujer adquiere una lesión medular, esa imagen se emborrona, debido a factores como la percepción que tiene la sociedad de ella y la etiqueta de “persona con discapacidad”. La adaptación a esta nueva etapa produce en muchos casos ansiedad, ideas suicidas y depresión. Esta situación hace necesario un reaprendizaje de su nueva imagen corporal reelaborándola desde sus virtudes y puntos fuertes.

Existen múltiples investigaciones que recogen testimonios de personas con lesión medular. En algunas de ellas se hace hincapié en una variable que en muchas ocasiones pasa desapercibida: la sensación de estar atrapado en un cuerpo que no responde a la mente. Desde esta posición se observa cómo la dicotomía cuerpo-mente que se produce tras una lesión medular puede llegar a causar, en la mayoría de los casos, sensaciones de ansiedad o claustrofobia. Este sentimiento de emparedamiento provoca, en ocasiones, un odio hacia el componente físico, que no responde a las órdenes mentales que le envía la persona. Si no se trabaja adecuadamente esta situación puede provocar el aislamiento social y laboral.

Tras abandonar la etapa de hospitalización suele producirse una etapa de crisis. Esta etapa es debida a la retroalimentación negativa de las relaciones sociales, los cambios a realizar en el entorno, y la observación por parte de la persona de avances más lentos que en la etapa hospitalaria. La retroalimentación negativa va a influir en el autoconcepto de la persona, provocando frustración y en algunos casos depresión. Por lo tanto, en esta etapa, al trabajar con personas que presenten lesión medular, es vital centrarse tanto en la autonomía personal como en el trabajo con el autoconcepto.

La persona con lesión medular pasa por distintas fases con respecto a su silla de ruedas. Lo que en un primer momento se observa con rechazo y temor en la fase hospitalaria, tras la recuperación y aceptación total se convierte en un elemento más de su vida y su principal vínculo con la autonomía personal. Es importante que esta integración persona-silla de ruedas se produzca lo antes posible, puesto que la autonomía y el autoconcepto presentan una relación positiva.

La mujer con lesión medular se observa socialmente como un ente asexualizado e infantilizado. Esta situación hace que las mujeres no encuentren espacios para hablar con naturalidad de sus dudas e inquietudes, lo que provoca miedos y desestabilización de la autoimagen.

En el ámbito de las relaciones de pareja, la mujer con lesión medular se observa a sí misma como una carga, alguien que hay que cuidar. Las relaciones sentimentales se elaboran con cierto recelo, en especial cuando han ocurrido fracasos anteriores debido a la lesión medular.

Los estereotipos y las muestras de compasión sociales, que muchas veces se producen sin ánimo de ofender, afectan con más intensidad a las mujeres con lesión medular. En el mundo laboral les hace sentirse menos capacitadas y tener que esforzarse el doble para demostrar lo mismo que otras personas sin ningún tipo de discapacidad. Esta situación genera frustración y ansiedad, afectando seriamente al autoconcepto.

De todos los casos conocidos de lesión medular en los países industrializados, el 20% son mujeres. Este porcentaje significativo no se ve reflejado en los estudios dedicados a las personas con lesión medular. Las mujeres con lesión medular permanecen muchas veces en la sombra, con pocos recursos y poca información necesaria para incorporarse de nuevo a su vida o reelaborar una nueva.

Mientras que el autoconcepto en una mujer joven está muy ligado al componente físico, debido a la importancia social que presenta este aspecto, en la edad madura es donde se encuentran las puntuaciones más altas de este constructo. Esta y otras muchas variables, como la motivación y la autoestima, se deben reaprender tras una lesión medular debido a los cambios sufridos. Las mujeres jóvenes presentan, tras adquirir una lesión medular, una serie de necesidades; en especial información sobre posibles cambios en su cuerpo, posibles dolores y estrategias de afrontamiento. En muchos casos, las ayudas son prácticamente inexistentes.

El aspecto físico en la mujer sin discapacidad aparente es puesto a prueba socialmente, a diario, desde diversos ámbitos: televisión, moda, mundo laboral; esto hace que las mujeres tengan unas normas y presiones no escritas que hacen que luchen por el cuerpo perfecto para entrar dentro de estos cánones de belleza.

Cuando una mujer adquiere una lesión medular, sigue siendo valorada a partir de los mismos cánones, sufriendo en muchas ocasiones frustración por no poder cumplirlos, o tener que realizar un doble esfuerzo para adaptarse a ellos debido a los cambios sufridos en el cuerpo. La mujer con lesión medular vive cambios como cicatrices, incontinencia o úlceras por presión, con temor y vergüenza, dejándole poco margen y preparación para adaptarse a estos cánones y vivirlos dentro de su feminidad y de su nueva condición.

Las investigaciones que recalcan la doble estigmatización de la mujer con lesión medular son abundantes. Esta doble marginación está marcada por la pertenencia de estas mujeres a dos categorías sociales que, desde épocas ancestrales, están marcadas con prejuicios y carga peyorativa: son las mujeres y la discapacidad.

Durante los últimos años estos dos grupos sociales han vivido cambios y mejoras, pero sigue quedando un largo camino por recorrer. Cada vez son más las investigaciones, que, dándose cuenta de la situación vivida por estas mujeres, están poniendo el foco de interés en sus necesidades y demandas para poder llevar una vida igual, o lo más parecida, a antes de adquirir la lesión. Esperamos que este artículo sea una pequeña aportación a estas investigaciones y que impulse a otras personas a conocer y trabajar más esta área.

Referencias bibliográficas

Sin con este artículo se ha despertado en ti el interés por el AT, o si ya lo conocías y quieres seguir profundizando, te invito a leer de las fuentes:

  1. Alcedo-Rodríguez, M., García-Carenas, L., Fontanil-Gómez, Y., Arias-Martínez, B., y Aguado Díaz, A. (2014). Proceso de adaptación en mujeres con lesión medular: relaciones entre variables psicológicas y sociodemográficas. Aquichan, 14 (2), 159-169.
  2. Aguado Díaz, A.L., Alcedo Rodríguez, M.A., García Carenas, L., y Arias Martínez, B. (2010). Personas con lesión medular: diferencias en variables psicológicas desde la perspectiva de género. Psicothema, 22(4), 659-663.
  3. Botero, P. A y Londoño, C. (2013). Factores psicosociales predictores de la calidad de vida en personas en situación de discapacidad física. Acta Colombiana de Psicología, 16 (2), 125-137.
  4. Campo, M., y Sánchez Ramos, A. (2003). La mujer con lesión medular: sexualidad y maternidad. Terapia sexual y de pareja, vol. (16)
  5. Cruz Pérez, M.P. (2004). Mujeres con discapacidad y su derecho a la sexualidad. Política y cultura, (22), 147-160.
  6. Cuadrado Guirado, M.I., Gaviria Stewart, E. y López Sáez, M. (2013). Introducción a la Psicología Social, España, Madrid: Sanz y Torres.
  7. Esnaola Etxaniz, I. (2008). El autoconcepto físico durante el ciclo vital. Anales de Psicología, 24 (1), 1-8.
  8. García de la Cruz, J.J. y Zarco, J. (2003). El espejo social de la mujer con gran discapacidad: barreras sociales para retornar a una vida normal. Recuperado de https://www.aspaymmadrid.org/wpcontent/uploads/2018/04/espejo_social_mujer_gran_discapacidad.pdf
  9. González, M. L. (2007). Discapacidad y Género: estudio etnográfico sobre mujeres discapacitadas. Education and diversity: Revista interuniversitaria de investigación sobre discapacidad e interculturalidad, (1), 137-172.
  10. Mendoza Gutiérrez, M. (2009). El autoconcepto, los factores resilientes de la personalidad, y su relación con la sexualidad en las personas con discapacidad física y sensorial. (Tesis de grado). Universidad Arturo Michelena, California.
  11. Monroy Asturias, A.E. (2014). Autoconcepto en adultos con paraplejia que llevan una vida activa y saludable. (Tesis de grado). Universidad Rafael Landívar, Guatemala.
  12. Moreno-Fergusson, M.E. y Amaya-Rey, P. (2009). Paraplejia: pasado y futuro del ser. Índex de Enfermería, 18(3), 185-189.
  13. Rueda Ruiz, M.B. y Aguado Díaz, L., (2003). Estrategias de afrontamiento y proceso de adaptación a la lesión medular. IMSERSO, España.
  14. San Martín, M. (2016). La sexualidad en la Discapacidad Motriz adquirida; resignificación del cuerpo. (Monografía). Universidad de la República, Uruguay.
  15. Vera Poseck, B., Carbelo Baquero, B. y Vecina Jiménez, M. (2006). La experiencia traumática desde la psicología positiva: resiliencia y crecimiento postraumático. Papeles del Psicólogo, 27 (1), 40-49.

Artículo escrito por Alba María Mostolác

Un día recibes una llamada y sientes que te rompes en mil pedazos. El castillo de naipes sobre el que has asentado tu vida se tambalea y se derrumba. No es una decisión tuya, eres el daño colateral de quien decidió irse.

Me gustaría ser creyente y saber que un día volveré a ver a mi hermano. Lo primero que haría sería darle un bofetón y luego el abrazo más largo y sincero que jamás hubiera recibido.

Pronto se van a cumplir cinco años desde que decidió irse. En este tiempo, cada paso que he dado ha sido sobre un manto de cristales, pisadas dolorosas que atraviesan todo tu cuerpo y van llenando tu mochila hasta hacerla demasiado pesada.

En esta etapa, he sentido rabia, culpa, odio, comprensión, amor... he pasado por todos los estados posibles que se pueden sentir pero lo que más me ha hecho sufrir ha sido sentirme solo. Quizás busqué ese aislamiento porque no me permitía reír pero también la sociedad, los profesionales a los que acudí, no estaban preparados para acompañar a alguien que ha perdido a un familiar por suicidio.

Solo quería un abrazo, una mano tendida, que me acompañaran en silencio, que me preguntaran que tal estás. Vivimos en un mundo con tantas posibilidades de interactuar, de relacionarnos, de comunicarnos y te sientes solo. Qué paradoja!

Hemos sido educados en un sistema educativo donde se primaba ser el mejor, donde los débiles sufrían, donde las emociones habían sido reprimidas...

Las emociones no son malas, al contrario, nos hacen ser humanos. Permitámonos reír, sentir, crear pero también llorar, enfadarnos, sentir tristeza.

No necesitamos pastillas mágicas, decálogos profesionales de psicología de como pasar el duelo, consejos de que bonita es la vida.... Solo necesitamos piel, sentir un abrazo, una conversación sincera, un silencio bonito.

Mi travesía me ha devuelto al camino que llevaba el día anterior al suicidio de mi hermano. La herida se ha cicatrizado pero siempre quedará esa marca. Volveré a pisar cristales que me harán llorar pero feliz.

Esta carta es de un superviviente. Cada uno de nosotros vivirá su duelo de manera diferente, con tiempos diferentes, no todos somos iguales.

Solo pido a la sociedad, a los profesionales, a los gobernantes que no nos miren diferente, que den visibilidad a esta situación, que financien programas de prevención pero desde la emoción, la solidaridad y la piel.

Feliz vidaArtículo escrito por D. R.

Cinco palabras tan solo y mi vida quedó convertida en mil pedazos. Un chillido sordo, sollozos, desesperación vinieron a mi mente y no me dejaron actuar. Mi cuerpo no era el mío. Sentada en una silla, mis gritos reflejaban el aullido más grande desde el interior de mis entrañas con un dolor desgarrador que en el silencio más profundo empezó a comerme por dentro. Mi mundo quedó convertido en ese instante en mi mayor tragedia, en la rabia más grande, en el sufrimiento constante, en la ira, en la injusticia, en el llanto incontrolado, en la dificultad de respirar, en el grito, en la desesperación y en una guerra conmigo misma que acababa de comenzar.

No estoy sola, la persona que está mi lado sufre más que yo, aunque no grita, no chilla, pero su llanto descontrolado me hiere enormemente y a partir de ese instante los dos sabemos que acabamos de entrar en el mayor de los infiernos y en la mayor desesperación.

- “Señora, ¿sabe usted que la mayoría de las muertes es por suicidio?” “Debe usted entenderlo”

¿Cómo podía yo entender en esos momentos que la tarde anterior mi hijo estaba conmigo en casa y que catorce horas después se había suicidado?

No podía ni quería entender nada.

Después de esos tristes y angustiosos momentos que siguen martilleándome en mi memoria, solo al salir de la comisaria agarrada de la mano de mi marido es cuando supe que nada volvería a ser importante, ni un enfado, ni un disgusto, ni una disputa... nada, absolutamente nada. Acabábamos de perder aquello que más queríamos los dos, a nuestro hijo y pasara lo que pasara en el resto de nuestras vidas, jamás existiría un dolor mayor.

Hoy, después de once meses, evocando aquellos momentos, todavía mi desgarro es profundo, sigo anestesiada y no alcanzo a comprender mi desgracia. Ni la poca ayuda que recibimos en los primeros instantes. Personas extrañas, ajenas a nosotros y nuestras vidas realizaban su trabajo rutinario, eso sentí yo. Nadie supo ponerse en nuestro lugar. Nadie se acercó a nuestro corazón destrozado y por eso, como personas educadas y respetuosas apagamos nuestro llanto, nuestro aullido, nuestra desesperación tratando de huir de un secuestro obligado en aquellos cuartos oscuros donde las palabras ya no tenían un significado y solo queríamos huir de ellos y de la situación.

Y nos fuimos a casa, solos, sin compañía, sin ayuda y sin nuestro hijo al que solo volveríamos a ver en un ataúd un día más tarde.

Escribir estas palabras para mí han significado muchas horas de llanto y de asimilación que he querido hacer para dar voz a aquello que se esconde y que se tapa, sin saber muy bien por qué, hasta que te das cuenta que hay que decirlo y hasta gritarlo si es necesario para que el mundo entero sepa lo que sucede y se podría evitar.

En todo este proceso he necesitado ayuda, mucha ayuda y la sigo necesitando, a la que doy gracias por encontrarla en este camino tan difícil y tan tortuoso de seguir, porque yo me habría ido en ese mismo instante con mi hijo y hubiera querido desaparecer para no comenzar el gran sufrimiento que siento.

Mi hijo tenía 34 años. Era muy alegre y siempre nos recibía con una gran sonrisa. En todos esos años derrochó una gran simpatía a su alrededor, no tenía maldad, no podía estar enfadado y con una gran ironía nos hacía reír siempre con sus característico humor. Era el detonante divertido en los encuentros familiares, el que demostraba su ingenio, le encantaba ver monólogos de humor a los que trataba de imitar y siempre con sus chistes buenos o malos nos arrancaba a todos las mayores carcajadas. Y si algo había que destacar de él era su gran sensibilidad. Así era Luis, divertido, jovial, dicharachero, amable, agradable y muy muy trabajador.

A los 18 años se enamoró perdidamente. Eso le costó no aprobar nada más que una asignatura en la carrera que eligió, “arquitectura técnica” pero con todo su esfuerzo y tesón consiguió terminarla, aunque en más años de los debidos.

En aquellos momentos vino la crisis en la construcción y no encontraba trabajo.

-Tengo mala suerte- decía siempre porque no lo encontraba. Y yo, también lo pensaba, aunque me callaba. Aun así trabajó en todo aquello que encontraba.

Se casó con su chica de toda la vida, se compraron un piso, pudo ir cumpliendo sus ilusiones, hasta que se propuso otra meta, ser policía y después de luchar y trabajar muy duramente año tras año, lo consiguió a la cuarta vez que se presentó y se sentía el hombre más feliz del mundo.

A partir de aquí, podría expresar miles de pensamientos, miles de ideas que me planteo cada día, miles de conjeturas que se han dicho, miles de rumores con los que se ha especulado y miles y miles de suposiciones que nunca nos podrán decir la verdad porque la verdad de su sufrimiento se la llevó él y jamás podremos saberla. Pienso y pienso, tengo mis propias conclusiones, pero prefiero no decirlas, no pensarlas porque me destrozaría a mí misma y el mundo en el que sé que tengo que sobrevivir.

¿Quién se lo podía imaginar? ¿Por qué lo hizo si ya había conseguido lo que quería? ¿Por qué no nos contó su sufrimiento? ¿Por qué no lo demostró?

Enumeraría infinitos “porqués” que no tienen respuesta y sobre todo no pueden calmar la angustia y el dolor de tantas preguntas.

Éramos una familia normal, con tres hijos a los que hemos tratado de inculcar unos valores siempre desde el respeto y el cariño. Jamás hemos tenido enormes preocupaciones, hemos disfrutado enormemente con ellos y siempre ha existido mucho amor y mucha comprensión. Como padres nos sentimos muy orgullosos de los tres y gracias a eso podemos seguir adelante.

Somos supervivientes y esa es nuestra nueva realidad y tenemos que aprender a vivir de otra manera, sin nuestro hijo que ya no está y no va a volver nunca más.

Nuestro hijo se suicidó, un término que jamás había entrado en nuestras vidas y que desconocíamos por completo. Un término que hemos tenido que aprender a comprender y que no tiene explicación ni sentido. Un término que en principio callamos y no dijimos. Un término que nos hace sentirnos muy culpables aunque no entendemos muy bien de qué. Un término que nos está matando por dentro y no sabemos si algún día no se nos quebrará la voz al decirlo, pero un término que me gustaría gritar al mundo entero y decir claramente:

¡MI HIJO SE SUICIDÓ!

Y no tenía una enfermedad mental, ni doble personalidad, ni estaba loco, probablemente sufría y en esa terrible desesperación, es lo que decidió.

“Su hijo se ha suicidado”

Cinco palabras que deseo enormemente que otras madres no tengan que escuchar.

Mi voz se quiebra al no oír la tuya,
aunque la escucho constantemente
y me calma y me ayuda.
Te has ido tristemente sin decir adiós
aunque te siento en cada momento.
Tu sonrisa clara, tu dulzura
me despierta el alma dándome alas
para seguir, para luchar, para amar.
El río se llevó tu esencia y tu figura,
lentamente, en ese caminar de pasos eternos.
Ya no hay nada, sin ti,
ya no hay risas, ni juegos,
ni llamadas alegres, ni noticias, ni escritura.
Mi pensamiento se ha hecho tuyo
y no soy yo, soy tú,
porque los dos ya somos uno.
Es la forma de seguir,
porque sí, porque no hay otra.
Y cuando este hierro candente
deje de quemar mi carne trémula,
cuando ya pueda verte, oírte, escucharte,
y mi profunda herida esté sanada,
entonces reviviré por ti y para ti,
para tenerte siempre a mi lado y en mi alma.

Para empezar a leer este artículo, te pediría que pensases en el primer cuento que recuerdas en tu infancia, y qué personaje te imaginabas ser dentro de él, o en tu aventura más recurrente. ¿Lo tienes? Pues ahora vamos a dar un paso más. ¿Qué me dices si te pido que compares a ese protagonista contigo, con las cosas que te gustan y no te gustan de él? ¿Se parece? Te dejo unos minutos con esa duda, y al final de este breve paseo, veremos si la pregunta tenía algún sentido. Ya me dirás.

El Análisis Transaccional de manera muy resumida

El Dr. Eric Berne (1910-1970), médico psiquiatra, fue el fundador y principal creador del Análisis Transaccional (AT a partir de ahora). El AT, enfocado en la teoría humanista, es una teoría de la personalidad y de las relaciones (o transacciones) entre las personas. Piensa en cómo actuamos cada uno con los otros, qué pensamos de la realidad que nos rodea y las distorsiones que nos acompañan en ocasiones.

Como el AT es muy grande, vamos a centrarnos en este momento en alguna de sus bases: La teoría del guion de vida. Esta nos habla de patrones que estructuran nuestra identidad. Nuestro modo de actuar en la vida hoy sigue un patrón que tiene su origen en decisiones que tomamos en nuestra infancia como respuesta a lo que vivimos en ese momento. Y esas decisiones de entonces se han ido sustentando por experiencias significativas en nuestro crecimiento que, en la vida adulta, van actualizándose, a pesar de que no sean siempre beneficiosas o libres de dolor para nosotros.

Lo importante de esas decisiones es que las tomamos entonces, en base a los mensajes que recibimos y percibimos, siendo lo que éramos: con nuestro comportamiento natural. Es decir, y resumiendo mucho a Berne: “todos nacemos príncipes y princesas”, y vamos a desarrollar nuestra vida intentando satisfacer distintas “hambres psicológicas” básicas: hambre o necesidad de estímulo, de reconocimiento, y de estructura, a las que luego unió otras tres más: hambre de sexo, de incidentes (situaciones que alteran el medio) y de posición o contacto.

El niño/niña empieza su vida mostrándose como es, interactuando con los adultos que le rodean, expresando sus emociones, y su comportamiento provoca una serie de reacciones en los otros. Esas reacciones pueden ser satisfactorias o no serlo, de tal manera que si no lo son, tendrá que ir tomando decisiones y variando su modo natural de expresarse y comportarse para conseguirlas. El niño va adoptando decisiones sobre él mismo, sobre los otros y sobre el ambiente, que dejan una honda seña en su personalidad. Y así, decidimos si nosotros “somos OK” y si los otros “son OK”. O también si “nosotros somos OK si…” o si “los otros son OK si…”, es decir, somos ok de una manera condicionada a cómo actuamos, decimos.... Y así, de esos príncipes o princesas, tendremos “sapos o ranas encantadas” por esas decisiones auto-limitadoras que muchos hemos tomado (Esto último en el AT se llama posiciones existenciales: creencias básicas acerca de la valía y la dignidad personal y de los otros, pero no es el motivo de este breve comentario). Y de esta manera, con esas decisiones que el niño va tomando y adaptando, va configurando un pequeño guion de cómo va a ir resolviendo las situaciones en su vida.

¿Y cuál es la meta del Análisis Transaccional?

Pues una sola palabra recoge esa meta: AUTONOMÍA. Y esa autonomía, Berne la define englobando tres conceptos:

(1) La consciencia o capacidad de distinguir la realidad de la fantasía interna proyectada sobre lo que me pasa o lo que sucede

(2) La espontaneidad o capacidad de elegir libremente expresar mis propios pensamientos, sentimientos y necesidades y de actuar en consecuencia, viviendo desde sí mismo

(3) La intimidad o capacidad de abrirse al otro, estar próximo, cercano y ser auténtico con el otro y consigo mismo en la relación.

Y añadiremos uno más, que si bien no nace directamente de Berne, fue añadido posteriormente por Carlos Moiso, un reconocido analista transaccional:

(4) la ética o capacidad de elegir actuar en cada contexto respetando los propios valores asumidos.

Es decir, que la persona funcione de manera consciente, espontánea, con capacidad para la intimidad y siendo ético.

Conocer el guión nos abre un mundo de posibilidades.

En el fondo, esas decisiones que he adjetivado como auto-limitadoras no son más que respuestas ante los mensajes que recibimos de los otros y del entorno que nos rodea. Se llaman mandatos y contramandatos, pero lo que importa es que en el fondo se incorporan en nuestro registro de vida y nos marcan.

Contramandatos. A ver si reconoces alguno de estos mensajes en ti:

Yo soy OK si… complazcoYo soy OK si… soy perfectoYo soy OK si… me aguanto

Yo soy OK si… me esfuerzo

Yo soy OK si… me doy prisa

Tú eres OK si… complacesTú eres OK si… eres perfectoTú eres OK si… te aguantas

Tú eres OK si… te esfuerzas

Tú eres OK si… te das prisa

Mandatos. Y estas frases seguro que también te suenan en alguna medida:

“No seas” o “No existas”.– “No seas tú” que puede tomar la forma de “No seas del sexo que eres”.– “No seas un niño”, y asociado “No disfrutes”.

“No crezcas”, que puede ser también “No seas sexual” o “No me abandones”.

“No pienses”, a veces referido a algo concreto y otras veces “No pienses como tú piensas, piensa esto otro o piensa como yo”.

“No lo hagas”, que toma a veces la forma de “No triunfes”.

“No”, que es vivido a veces como “No decidas”.

“No seas importante”, en general o en áreas específicas.

“No pertenezcas”.

“No te acerques”, que puede ser “No confíes” o “No ames”.

“No sientas”, que puede referirse a algo concreto o tomar la forma de “No sientas lo que sientes, siente lo que yo siento”.

“No estés bien” o “No seas sano”.

Y todo esto del guion no es un plan prediseñado sobre nuestra vida ¡Al contrario! Conocer el guion que seguimos nos sirve para poder caminar hacia esa meta de consciencia, espontaneidad, intimidad y ética que mencionamos. Es decir, yo conozco cuál es mi guion o el modo que hasta el momento he adoptado para responder ante los problemas o las situaciones que se complican, las relaciones con el otro, pero PUEDO responder sin seguir ese guion.

Eso es lo magnífico: salirme del guion en pos de esa autonomía. El objetivo es relacionarlos de manera auténtica con los otros. Nuestra vida pasa entre esa autonomía y el guion repetidamente. La mayoría de los guiones pasan muy superficialmente, no tienen un impacto terrible y suelen se tristes, sin más. Otros sin embargo, suelen ser trágicos y llevarnos a la locura, el suicidio o incluso el homicidio. Y otros tienen una gravedad intermedia, que nos llevan a vivir en depresión, soledad, marginación…

¿Y en medio de todo esto, ¿Qué papel juegan los permisos?

Vamos a rescatar al protagonista de tu cuento, de tu aventura soñada repetidamente, o de tu historia del inicio. Tu protagonista, ¿era un ganador? ¿un perdedor? ¿simplemente no ganaba? ¿qué hacía? Y ¿cuántas de las frases que he  expuesto antes te suenan conocidas? ¿Identificas a alguien que mantenía ese mensaje hacia ti? Entonces ya estás en el momento bueno para empezar a darte cuenta de qué sucede.

Y todo esto pasa por redefinir la identidad de cada uno. Identificar nuestras pautas, nuestros guiones, y reconocer el punto donde tuvieron su origen. Y aquí llega un verdadero trabajo, el trabajo que la terapia te aporta: ahora se trata de escuchar de otro que tienes permiso para comportarte de una manera diferente a la que te dijeron, a la que asumiste para ser querido, para ser importante para alguien, para sentirte cuidado… y sabiendo que el terapeuta te está ofreciendo un ambiente de protección y de seguridad, donde PUEDES equivocarte, caer, gritar, experimentar, definirte… hacer lo que necesites hacer porque es importante para ti.

Y a ti, te digo:

Puedes existir, tienes permiso para existir. Tienes permiso  para ser tú, del sexo que te sientas o te identifiques. Puedes ser un niño y disfrutar de las cosas. Puedes crecer, alejarte de mí y vivir tu vida. Puedes pensar como quieras, como sientas. Puedes llevar adelante tus planes y triunfar y tener éxito. Puedes decidir sobre las cosas y las situaciones, puedes elegir de hecho. Puedes ser importante, y puedes ser diferente y destacar. Puedes acercarte, física y emocionalmente y puedes confiar en el otro. Puedes sentirte parte de un algo y pertenecer. Puedes estar bien, sentirte bien y sano.

Te diría que lo leas despacio, varias veces. Tal vez alguna de las frases, de los permisos, te hacen click en algún punto, te llama la atención. Te invito a que profundices en ello, seguro que contactas con algo muy interno y profundo que está necesitando ese permiso.

Y busca a alguien que te abrace y te repita esa frase. Es importante que lo escuches, sí, que te den permiso, y que tú también te lo des.

Y como con los anuncios de la tele, te diría que no hagas esto sin la supervisión de un terapeuta. Estamos en marcha, entramos en contacto si quieres.

Referencias bibliográficas

Sin con este artículo se ha despertado en ti el interés por el AT, o si ya lo conocías y quieres seguir profundizando, te invito a leer de las fuentes:

Artículo escrito por Olga Balenzategui

Una mirada más que severa, un grito inesperado, un pequeño insulto con disculpas posteriores, pequeñas humillaciones sin importancia son a menudo los primeros indicios de un maltrato en la pareja. Esto puede pasar a ataques de ira cada vez más violentos, más duraderos, más frecuentes en los que el maltratador humilla e insulta con sus sentencias y sus palabras.

Es frecuente que, en los primeros estadios del maltrato, el agresor justifique sus “explosiones” por situaciones de estrés, presión y prometa cambiar. En un elevado porcentaje de ocasiones, esto no es así y la situación empeora. Desde su posición de poder, poco a poco el agresor empieza a decidir por su pareja: dónde ir, con quién, cómo ha de vestir, si puede o no salir.

Cuando la víctima se queja de su infelicidad, su insatisfacción... la persona maltratadora o se encoleriza o bien inicia un discurso manipulador (que la maltratada no detecta) en el que, finalmente, la víctima sólo ve la responsabilidad de su infelicidad en ella misma y en su entorno; en fin, en circunstancias externas que nada tienen que ver con su relación de pareja ni con su agresor.

La víctima, gracias al perseverante trabajo de su maltratador, pierde progresivamente confianza en sí misma, anula su autoestima y va asimilando esta situación hasta el extremo de cambiar sus actitudes, sus costumbres, su forma de pensar, su forma de hacer, de hablar y de relacionarse en función de las reacciones que pueda causar en su agresor.

En la mayoría de ocasiones, todo esto pasa sin que nadie del entorno de la pareja se dé cuenta de la gravedad del asunto: ven alguna discusión de vez en cuando, alguna mala cara. Pero el maltratador teje su red en silencio. Normalmente, a ojos de todos, parece una persona encantadora con algún momento de genio nada más. Incluso la propia víctima, desde la dependencia emocional, logra verlo así y acaba justificando y defendiendo las actitudes de su verdugo.

El maltrato psicológico en la pareja puede durar toda la vida, acabar porque la víctima finalmente logra romper el lazo o bien derivar en maltrato físico. Esta última opción está siempre a un mínimo paso del maltrato psicológico. En muchas ocasiones, la víctima sólo toma conciencia del maltrato que ha estado sufriendo durante años cuando empiezan las agresiones físicas.

Una  víctima de maltrato psicológico puede presentar dolores de cabeza, de espalda o articulares, mostrarse irritable, angustiada o sufrir ansiedad, tristeza y ganas de llorar sin motivo aparente. El insomnio y la fatiga permanente así como la inapetencia sexual también son habituales. A todo esto, se le suma un pensamiento fatalista, sentimiento de culpa y una sensación de temor generalizada, soliendo abandonarse socialmente y a ser menos comunicativa con las personas de su entorno.

El maltratador intimida, maneja a la víctima y manipula las circunstancias en su provecho. Para imponer su parecer puede apelar a la lógica y la razón, manipular emocionalmente, humillar o insultar. En caso de tener hijos, la persona maltratadora maternaliza/paternaliza a la víctima, creando las condiciones para que ésta dé prioridad al cuidado de las otras personas (evitando así que piense en su propio cuidado). El maltrato continuado daña la autoestima y genera dependencia, acompañada de la sensación de culpa que va generándose gracias a conductas del agresor como generar lástima a través de comportamientos autolesivos (ya sean físicos o verbales) o incluso amenazas de suicidio.

Existen señales de alerta en las actitudes de un potencial agresor que evidencian (o derivan hacia) el maltrato psicológico como ignorar los sentimientos de la pareja, ridiculizar o insultar la mayoría de sus valores y creencias, así como ridiculizar o insultar a las mujeres como colectivo. Es también habitual que utilice su aprecio o afecto como premio / castigo y que critique, insulte o grite a su pareja tanto en público cómo en privado. En ocasiones, castiga o pega a animales de compañía y destruye muebles, golpea puertas, paredes o rompe objetos domésticos cuando se enfada.

Si entendemos la inteligencia emocional como la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos, entendemos que tanto víctima como agresor carecen de esta inteligencia. La inteligencia emocional se sustenta en cuatro pilares básicos:

De aquí la importancia en educar en inteligencia emocional, especialmente a nuestros pequeños/as. Esta sociedad patriarcal en que vivimos fomenta la actividad, la competición, la agresividad, la transgresión y la fuerza en los niños, mientras anima a la pasividad, la ternura, el acatamiento de las normas, el cuidado y la obediencia en las niñas, reforzando así los futuros roles de agresor y víctima. A su vez, se crean expectativas estereotipadas y la mujer asume atributos e incluso conductas de dependencia afectiva frente al varón, convirtiéndola en víctima potencial de maltrato.

Se trata de romper con los estereotipos marcados por el género y aprender, a través de la inteligencia emocional, a establecer relaciones basadas en la empatía, la igualdad, el diálogo, la negociación,  la cooperación y la resolución de conflictos constructiva, con un discurso asertivo y respetuoso. Si, por ejemplo, dejamos que nuestros hijos/as resuelvan los conflictos con pataletas y nosotros con cachetes, enseñaremos esto para resolver conflictos en el futuro. Si por el contrario, hablamos, controlamos nuestros impulsos y emociones para dialogar y empatizar con las suyas, lograremos resolver los conflictos de manera constructiva, fomentando en nuestros pequeños / as un mejor manejo del estrés, una correcta tolerancia a la frustración y un buen conocimiento de sí mismos, de sus impulsos, sus emociones y las de los demás en beneficio de ellos mismos y, por tanto, de sus relaciones.

Empecemos a conocernos a nosotros mismos y a nuestras emociones. Conectemos con las emociones de los demás y regulemos nuestros impulsos; sabremos así educar desde la inteligencia emocional y fomentar la misma en nuestros hijos. Hagámosles ese favor, a ellos y a nuestra sociedad en conjunto.

Referencias bibliográficas

Garriga, A. y y Martín, J. C., 2011. Guía práctica clínica. Actuación en salud mental con mujeres maltratadas por su pareja. Departamento de salud mental del servicio murciano de salud.

Goleman, D., 1995.  Emotional Intelligence.  New York: Bantam Books.

Hué, C., 1994. Inteligencia Emocional y prevención del maltrato de género. II Jornadas sobre violencia familiar. Universidad de Zaragoza.

Artículo escrito por Irene López.

Las madres con problemas de salud mental suelen sentirse culpables o avergonzadas al pedir ayuda profesional

A pesar de su gran impacto psicosocial, los procesos psicológicos que tienen lugar durante la maternidad y el nacimiento no han despertado —hasta hace pocos años— ningún interés para la Psicología y la Obstetricia. No es por tanto de extrañar que la atención a madres y bebés durante el embarazo, el parto y el posparto se haya centrado únicamente en aspectos físicos y médicos, dejando de lado los aspectos psicológicos y las consecuencias que estos conllevan.

En la sociedad actual, el embarazo es considerado como uno de los momentos de mayor felicidad y plenitud emocional en la vida de una mujer. No obstante, la transición a la maternidad conlleva una gran transformación a nivel psicológico y cerebral.

Un estudio reciente realizado con 1000 madres australianas y sus hijos, ha puesto en tela de juicio varios mitos sobre la depresión posparto:

Mito nº1: los cambios de humor en el embarazo son sólo una parte de lo que significa estar embarazada, y se irán por sí solos

Las mujeres que padecen depresión durante el embarazo tienden a seguir teniéndola durante el período de posparto y los primeros años de vida de sus hijos.

Para la mayoría de las mujeres, la depresión durante el embarazo no desaparece por sí sola.

Este estudio mostró que la mayoría de las mujeres que sufrieron síntomas depresivos en el embarazo, siguieron manteniendo aproximadamente el mismo nivel de depresión desde que dieron a luz hasta que su hijo comenzó a ir a la guardería. Las mujeres con síntomas más severos durante el embarazo continuaron empeorando a medida que el niño iba cumpliendo años.

Mito nº2: la depresión posparto es mala para el desarrollo del bebé. Lo único importante ocurre en el posparto

Este estudio también reveló que los niños de 4 años, cuyas madres sufren de un trastorno depresivo que comenzó durante el embarazo y se mantuvo en los años posteriores, tienen el doble de posibilidades de presentar problemas emocionales y de conducta. De hecho, de todos los factores de riesgo estudiados en esta investigación, la depresión materna (del embarazo a los cuatro años) fue el factor de riesgo de mayor peso para un desarrollo infantil inadecuado.

Mito nº3: las mujeres que sufren depresión durante el embarazo y después de haber tenido a sus bebés, son madres sin recursos

La mayoría de las mujeres que sufrían depresión desde el embarazo hasta cuatro años después del parto, trabajaban y tenían educación universitaria y más del 96 por ciento estaban casadas o en una relación estable de pareja.

De hecho, una de cada cinco madres puede sufrir una enfermedad mental durante el período perinatal, pero sólo una de cada cuatro será diagnosticada.

La depresión posparto es probablemente la más conocida, pero no es la única:

Si tú (o una amiga embarazada o un familiar) sientes que tu salud emocional no está del todo bien ¡habla con tu médico y busca ayuda psicológica especializada!

La depresión y la ansiedad prenatal EXISTEN, y este estudio demuestra que es más común de lo que parece.

Referencias bibliográficas

Giallo R, Woolhouse H, Gartland D, Hiscock H, Brown S. The emotional-behavioural functioning of children exposed to maternal depressive symptoms across pregnancy and early childhood: a prospective Australian pregnancy cohort study. Eur Child Adolesc Psychiatry. 2015 Oct;24(10):1233-44.

Artículo escrito por Andrea Pérez.

Esta es una gran cuestión ampliamente debatida.

Las investigaciones revelan que la estructura de la personalidad es estable en el tiempo y consistente a lo largo de las distintas situaciones que vivimos.

Esta consistencia y estabilidad son aspectos clave para un funcionamiento adaptativo, son necesarios para nuestra supervivencia porque nos permiten ser confiables en el entorno social y, al mismo tiempo, predecir la conducta de los demás.

Entonces, ¿es posible el cambio? Si los rasgos de personalidad se mantienen estables y son consistentes, si los atributos propios de cada persona no se modifican, ¿cómo es posible cambiar? ¿qué utilidad tiene esforzarnos tratando de cambiar algo que no puede ser modificado?

Autores como Avia (1998) nos hablan de la permanencia de los atributos de la personalidad a lo largo del ciclo vital, mientras que Larsen y Buss (2005) afirman que los rasgos psicológicos y mecanismos de afrontamiento, una vez consolidados, son estables y consistentes, e influyen en las interacciones y adaptaciones al ambiente intrapsíquico, físico y social, de manera que organizan la conducta, las percepciones, actitudes y decisiones que tomamos en nuestras vidas.

Sin embargo, esto no significa que no pueda haber maduración y crecimiento personal: significa que la maduración no necesariamente se traduce en un cambio cualitativo en nuestra estructura de personalidad, sino que hay aprendizaje y adaptación a pesar de la personalidad característica de cada uno.

Sí hay posibilidad de cambio, sí podemos ajustarnos a la realidad que se nos presenta con mayor sabiduría y utilizar nuestros recursos y potencialidades, sí hay apertura al desarrollo y realización como personas. Tiene lugar a través de la toma de conciencia y el deseo de cambiar para crecer, en lugar
de ir repitiendo una y otra vez lo mismo. Es necesario darse cuenta y tener el coraje de dar un paso más, una vuelta más, una pequeña nueva conquista que implica un gran avance en nuestro proceso de crecimiento como personas.

La libertad reside en la voluntad, no es algo que nos viene dado, la verdadera libertad es una conquista interna. Los grandes cambios se hacen de dentro hacia afuera, no al revés.

Nosotros decidimos si dejamos transcurrir el tiempo y las experiencias o si crecemos con ellas. Madurar es modularnos y gestionarnos, tener posturas flexibles y tolerantes, y hacer una lectura ajustada de nuestras circunstancias y experiencias.

Cuando dudamos y nos preguntamos si es posible el cambio, ¿qué nos estamos preguntando realmente? ¿Dudamos de que sea posible cambiar? O realmente estamos dudando porque cambiar implica trabajo personal, movilizar recursos, aceptar los retos, poner interés y esfuerzo, con sus dosis correspondientes de ansiedad e incertidumbre.

En definitiva, significa optar por hacernos responsables, y por tanto libres, de hacernos cargo de nuestra vida.

Sí, si... ¡de nuestra vida! Tal cual se presenta y sin tratar de transformarla para que desaparezca lo difícil, incómodo, o eso que nos molestó o vimos injusto.

Aceptándola, sin más, aceptándola con los ojos bien abiertos para poder hacer una lectura ajustada e inteligente, y aprender de la oportunidad que se nos presenta por delante.

¡Claro que podemos cambiar! La duda está en si nos atrevemos.

La vida nos ofrece oportunidades constantemente, a veces disfrazadas de conflicto, dificultad, o de experiencias desafortunadas. En cualquier caso, el secreto siempre está en la respuesta que damos, en cómo decidimos mirar eso que sucede, qué me trae a mí, qué oportunidad me brinda, qué me invita a trabajar.

No importa a través de quien venga o cuáles sean las circunstancias concretas, lo que importa es la lectura que hacemos y la respuesta consciente que decidimos dar. Es decir, si nos atrevemos a VER y aprender, o si nos abandonamos al enfado, la rabia, desesperanza, o quizás claudicamos y dejamos pasar la vida pasivamente sin vivir las experiencias por las que transitamos durante nuestra existencia.

Me preguntas ¿para qué? Para vivir mejor, de forma un poco más auténtica y centrada, con un poco más libertad para ser quien decidimos ser, de forma autónoma y responsable. Para que nuestra vida tenga sentido y significado, para vivir de acuerdo a nuestros valores, para acercarnos a nuestro propósito vital y construir una sana autoestima forjada conscientemente.

Para alcanzar bienestar eudaimónico, aquel que está basado en la autorrealización y desarrollo del potencial individual, que experimentamos cuando nos atrevemos a vivir de acuerdo a nuestro verdadero self y actuamos de forma congruente con nuestros valores.

Sentimos armonía, autoaceptación, validación personal, capacidad de ser agentes de nuestra vida, y todo esto reporta bienestar y felicidad duradera y profunda.

El bienestar hedónico es más simple, pero tiene un alcance muy limitado y se experimenta de forma puntual, rápidamente se desvanece. Se centra en la felicidad entendida como logro de placer y evitación del dolor. Así, las personas felices son aquellas que se sienten satisfechas con su vida, experimentan gran cantidad de emociones denominadas positivas y sienten muy pocas emociones negativas.

La perspectiva eudaimónica se asienta en una premisa importante: la felicidad parte de dentro y se proyecta hacia afuera, en lugar de ir de fuera hacia adentro como hace la hedónica (Ryff, 1989).
¡Cuidado! No hablamos de la ilusión de un mundo maravilloso ni de impostarse haciendo ver que todo marcha fantásticamente bien. ¡NO! Las cosas no siempre van como queremos, muchas veces no se adaptan a nosotros y otras veces no son justas.

Bienvenidos a la vida tal y como se presenta... con las alegrías y los buenos momentos compartidos, con esos amigos de siempre con los que podemos ser y estar de forma auténtica, sin mascaras sociales. También son bienvenidos los retos de todo tipo en el momento en que aparezcan, sin disfrazarlos, atravesándolos tal cual, experimentando las emociones que nos gustan y las que no nos gustan tanto, aceptando la vida tal y como es.

Ana Cecilia Blum

En la vida ni se gana ni se pierde, ni se fracasa ni se triunfa. En la vida se aprende, se crece, se descubre; se escribe, borra y reescribe; se hila, se deshila y se vuelve a hilar

Referencias bibliográficas

Avia, M. D. y Sánchez, M. L. (1995). Personalidad: aspectos cognitivos y sociales. Madrid: Pirámide.

Bermúdez, J,. Pérez, A. M. y Sanjuán, P. (2006). Psicología de la personalidad: teoría e investigación (volumen 2). Madrid: UNED.

Larsen, R. J & Buss, D. (2005). Psicología de la personalidad. Dominios del conocimiento sobre la naturaleza humana. México: McGraw-Hill.

McClelland, D. (1989). Estudio de la motivación humana. Madrid: Narcea.

Moreno, B. (2007). Psicología de la personalidad: Procesos. Madrid: Thompson.

Mosterín, J. (2006). La naturaleza humana. Madrid: Espasa.

Pelechano, V. (2000). Psicología sistemática de la personalidad. Barcelona: Ariel.

Ríos, J. A. (2009). Personalidad, madurez humana y contexto familiar. Madrid: CSS.

Ríos, J. A. (2005). Los ciclos vitales de la familia y la pareja. ¿Crisis u oportunidades?. Madrid: CCS.

Artículo escrito por Luna González.

A menudo nos sentimos atraídos por consumir alimentos sanos, con la percepción de ser estos más puros y aportarnos esa détox que necesitamos.

Pero... ¿se nos está yendo de las manos?

Estamos expuestos a un bombardeo constante de contenido nutricional, belleza y moda en las redes sociales. En España, según un informe de tendencias digitales (Wearesocial y Hootsuite, 2019) pasamos conectados a internet una media de 5 horas y 18 minutos diarios. De este tiempo dedicamos 1 hora y 39 minutos a las redes sociales.

Otro estudio afirma que “los patrones de alimentación desordenados cambian continuamente a medida que evolucionan las influencias y presiones sociales”. Algunos movimientos como el Realfooding defienden “un estilo de vida saludable basado en consumir comida real y huir de los ultraprocesados” (Carlos Ríos, 2019).

Hasta aquí todo bien. ¿Pero qué ocurre cuando está información cae en manos del
desconocimiento? El objetivo de emprenderse en un viaje hacia la alimentación saludable en la población es admirable. Sin embargo, una sobre-estimulación de esta práctica, junto a la presión ejercida en las redes sociales, podría transformar ese comportamiento saludable en un problema alimentario de gran índole.

Hablamos entonces de la Ortorexia Nerviosa.

Comer sano ¿pero en exceso?

Fue Steven Bratman quien, en 1997, acuñó este término proveniente del griego orthos, que significa ́correcto ́, y orexis, ́apetito ́. Bratman define el concepto como “una fijación patológica en el consumo de alimentos apropiados y saludables”.

Las personas que son afectadas por esta alteración tienden a una evitación de todos aquellos productos en cuyos ingredientes puedan existir residuos de pesticidas, conservantes, alimentos grasos, nutrientes poco saludables o aquellos altos en sodio y azúcar. ¿Te parecen pocas restricciones?, en los casos más graves se puede llegar a eliminar categorías enteras de alimentos por no considerarlos aptos.

Algunos síntomas de la ON:

Las consecuencias pueden parecer obvias: déficits nutricionales, inestabilidad afectiva e intenso aislamiento social. Por otro lado, la posibilidad de ingesta de alimentos poco saludables puede suponer en la persona una gama de diferentes emociones desagradables como culpa, miedo a enfermedad y conductas de tipo castigo, como iniciar una dieta aún más restrictiva de la que ya sigue.

La comida pasa a ser un pilar fundamental en su vida, lo que hace que todas las metas comiencen a orientarse sin perder de vista esa “brújula saludable”, que les guía hacia nuevas amistades, nuevos trabajos e incluso cambios radicales en su estilo de vida (no acudir a ciertas reuniones sociales en las que se implique cierto tipo de comida, etc.).

Para los autores, aunque no encuentran evidencia clara en cuanto a la relación de género y ON, si existe un consenso en aquellos grupos de riesgo a la hora de desarrollar esta afectación: personas deportistas, médicos, dietistas-nutricionistas, así como aquellos con un nivel de educación alto.

Además, no podemos olvidarnos de aquellas personas que padecen trastorno obsesivo-compulsivo en algún grado, así como de quienes ya han padecido Anorexia Nerviosa, o algún tipo especificado de Trastorno de la Conducta Alimenticia.

Desde luego que... comer sano está bien. No quiero con todo esto volveros en contra de la comida saludable ¡eso nunca! Sin embargo, hay que diferenciar entre una dimensión protectora y saludable de comer sano, y otra dimensión patológica.

Únicamente podemos hablar de ON cuando esa actitud hacia la comida se intensifica hasta tal punto que la persona llega a abandonar su estilo de vida normal, para adoptar uno completamente restrictivo y poco saludable.

Todo esto ha suscitado cierto interés en la comunidad científica, y aunque no existe un acuerdo a la hora de clasificar la ON e incluirla en el Manual diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association (DSM-5), si podemos nombrar ciertos criterios diagnósticos primarios:

a) Una obsesiva o preocupación patológica con una nutrición saludable

b) Consecuencias emocionales por la no adherencia a las reglas nutricionales autoimpuestas

c) Discapacidades psicosociales en áreas relevantes de la vida, además de la desnutrición y pérdida de peso

¿Y qué hacemos entonces con todo esto?

La alta comorbilidad entre síntomas con otros trastornos alimenticios y la escasa
investigación mantiene un debate abierto sobre todo esto. Varios estudios hablan de la posibilidad de incluir la ON en un subtipo de Anorexia Nerviosa, pero... por el momento, y como comentaba anteriormente, el debate sigue abierto.

Si hay algo que se pueda deducir es que el seguimiento del Realfooding puede relacionarse con patrones rígidos en cuanto a la alimentación. Una persona con una vulnerabilidad determinada y ciertos patrones rígidos en cuanto al estilo de nutrición puede presentar un mayor riesgo de desarrollar una ON en el futuro.

¿Mantener una dieta sana implica una patología? Rotundamente no. El problema se presenta ante la dificultad para distinguir un deseo de seguir una dieta saludable, aumentando la probabilidad de mostrar un comportamiento más patológico.

Por último me gustaría que tú, lector, reflexiones sobre la cantidad de información que recibes al día, en la calle, en las redes, en conversaciones... sobre la alimentación y la dieta saludable. ¿Te has cruzado con algún realfooder muy rígido? seguramente sí.

Está tan a la orden del día preocuparse tanto por la imagen, que lo hemos llevado al campo de la alimentación. Cómo si los cánones de belleza no fueran pocos...

Nunca los extremos fueron sanos, y es que vivimos en ese mundo en el que, hasta comer sano, se ha vuelto insano.

Referencias bibliográficas

Cena, H., Barthels, F., Cuzzolaro, M., Bratman, S., Brytek-Matera, A., Dunn, T., Varga, M., Missbach, B., y Donini, L.M. (2018). Definition and diagnostic criteria for orthorexia nervosa: A narrative review of the literature. Eating and Weight Disorders, 24, 209-246. doi: 10.1007/s40519-018-0606-y

Lopes, R., Melo, R., y Dias, B. (2018). Orthorexia nervosa and comorbid depression
successfully treated withmirtazapine: A case report. Eating and Weight Disorders,
25(1),163-167. doi: 10.1007/s40519-018-0539-5

Arusoğlu, G., Kabakçi, E., Köksal, G., y Merdol, T. K. (2008). Orthorexia Nervosa and
Adaptation of ORTO-11 into Turkish. Turkish journal of psychiatry, 19(3). 283- 291.
Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/301362775
Kinzl, J. F., Hauer, K., Traweger, C., y Kiefer, I. (2006). Orthorexia nervosa dieticians.
Psychotherapy and psychosomatics, 75(6), 395-396. doi: 10.1159/000095447

Ryman, F. V. M., Cesorglu, T., Bood, Z., y Syurina, E. (2019). Orthorexia Nervosa: disorder or not? Opinions of Dutch health professionals. Frontiers in Psychology, 10, 555. doi: 10.3389/fpsyg.2019.00555

Artículo escrito por Clara Simal.

El proceso de envejecimiento está constituido por una secuencia gradual de cambios morfo-funcionales que aparecen como consecuencia de la acción del tiempo sobre los seres vivos. De esta manera, el envejecimiento nos abre las puertas de la vejez, entendida como una etapa más del ciclo vital, determinada por diferentes criterios como sociales (jubilación) o biológicos (acumulación de dolencias y enfermedades).

Debido al incremento de la esperanza de vida, se diferencian dos tipos de edad en la vejez: la primera de ellas denominada tercera edad corresponde a las personas entre 65 y 80 años de edad, recién jubilados y con una visión positiva del envejecimiento. Con posterioridad a esta etapa hablaríamos de una cuarta edad, a partir de los 80 años, donde se dan disminuciones de la capacidad funcional y de la salud en general, pudiendo aparecer patologías graves.

A su vez, dentro del envejecimiento cabe distinguir entre edad cronológica (determinada por la fecha de nacimiento) y edad funcional, formada por la edad biológica o grado de envejecimiento, la edad psicológica o rasgos psicológicos de cada grupo de edad, y la edad social o rol de la persona mayor en la sociedad.

El Envejecimiento Activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación, seguridad y aprendizaje, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen (OMS, 2001). El término envejecimiento activo fue adoptado por la OMS a finales del siglo XX, con la intención de transmitir un mensaje más completo que el de envejecimiento saludable, reconociendo los factores y ámbitos que influyen en la forma de envejecer de los individuos y poblaciones, además de la mera atención sanitaria.

El objetivo principal del envejecimiento activo es incrementar la calidad de vida de las personas mayores y fomentar la vejez con éxito, aquella donde no existen patologías discapacitantes, donde hay baja probabilidad de enfermedad, y prima un alto funcionamiento físico, cognitivo y social promocionando trayectorias positivas de envejecimiento (Rowe y Khan, 1997).

A nivel cognitivo, se interviene en la prevención del deterioro promoviendo la capacidad de reserva: aquella capacidad del cerebro pata tolerar cierto grado de patología antes de que se produzca una manifestación clínica. Ello influenciado por los factores explicativos tanto no modificables (edad y consecuencias asociadas) como modificables (estilo de vida y variables externas). El funcionamiento intelectual se altera a partir de los 70 años, provocando grandes diferencias individuales, disminuyendo entre otros la capacidad de organizar e integrar información (Rabbit, 1999). A su vez, se ven afectados los procesos de codificación y recuperación de memoria, por lo que se promueve las técnicas de estimulación de memoria.

Los factores psicológicos que se trabajan en el Envejecimiento Activo son aquellos que están influenciados por la personalidad, la regulación emocional y los estilos de afrontamiento que generan un determinado grado de bienestar. Pese al mayor número de pérdidas y amenazas características de la vejez, los niveles de bienestar y satisfacción con la vida de las personas mayores se mantienen a niveles semejantes a los de los más jóvenes. Sucede porque se ponen en marcha recursos y estrategias de afrontamiento adquiridas con la experiencia, que facilitan la adaptación a las pérdidas bio-psico-sociales en la vejez.

Desde el Envejecimiento Activo se sigue el Modelo de Bienestar de Carol Ryff, promoviendo los siete pilares fundamentales del Bienestar Eudaimonico, trabajando las relaciones positivas con otros (relaciones estables y confiables), la autoaceptación (Sentirse bien consigo mismo, es decir, actitudes positivas hacia uno mismo), la autonomía o capacidad para mantener sus convicciones, independencia y autoridad personal, el propósito u objetivos vitales que permiten dar sentido a la vida, el crecimiento personal (empeño por desarrollar las potencialidades y seguir creciendo como persona) y el dominio del entorno (habilidad personal para elegir o crear entornos favorables para satisfacer los deseos y necesidades propias).

Este modelo de envejecimiento expresa la idea de la participación de las personas en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, sin centrarse sólo en la capacidad para estar física o laboralmente activo. Diversas investigaciones han demostrado que la persona mayor disfruta no sólo de satisfactorios apoyos familiares sino también sociales (Jauregi 2001; Gracia y Herrero, 2004). Establece por tanto un nuevo modelo de sociedad, en el que las personas han de tener la oportunidad de envejecer siendo protagonistas de su vida; en un quehacer pro-activo y no como meras receptoras de productos, servicios o cuidados.

La participación aporta a la persona calidad de vida tanto en aportes materiales como en apoyo afectivo, siendo este último de gran importancia, sobre todo para la persona mayor. Sin embargo, este apoyo no implica que sea constante, ya que fluctúa a lo largo del tiempo (Hogan y Eggebeen, 1995). Está participación le corresponde de la red social, es decir, toda la red de personas que nos brindan apoyo emocional o sentimental, la actividad social o comportamientos que realizamos con otras personas, y el apoyo social o conjunto de relaciones sociales estables que proporcionan soporte físico y psicológico.

La finalidad del Envejecimiento Activo vendría a ser mejorar la calidad de vida de la persona que envejece, por ello se trabaja para lograr un rol activo de los mayores en nuestra sociedad, rompiendo los prejuicios del Edadismo o la visión peyorativa que se tiene hacia estas personas mayores basándose únicamente en su edad cronológica, ya que generalmente son consideradas como personas dependientes y en situación de aislamiento social.

Estos estereotipos negativos son los causantes de los prejuicios y la discriminación hacia las personas mayores por el hecho de tener una edad (Palmore, 1990), y lo peor de todo es que estas falsas creencias que socialmente imperan sobre la vejez, no solo influyen en el modo en que son tratadas, sino también en el modo en que los propios mayores se acaban comportando, porque al final, acaban justificando la existencia de tales visiones (Izal y Montorio, 1999).

Referencias

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Artículo escrito por Elena Martín Ferrer.

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