Esta es una gran cuestión ampliamente debatida.
Las investigaciones revelan que la estructura de la personalidad es estable en el tiempo y consistente a lo largo de las distintas situaciones que vivimos.
Esta consistencia y estabilidad son aspectos clave para un funcionamiento adaptativo, son necesarios para nuestra supervivencia porque nos permiten ser confiables en el entorno social y, al mismo tiempo, predecir la conducta de los demás.
Entonces, ¿es posible el cambio? Si los rasgos de personalidad se mantienen estables y son consistentes, si los atributos propios de cada persona no se modifican, ¿cómo es posible cambiar? ¿qué utilidad tiene esforzarnos tratando de cambiar algo que no puede ser modificado?
Autores como Avia (1998) nos hablan de la permanencia de los atributos de la personalidad a lo largo del ciclo vital, mientras que Larsen y Buss (2005) afirman que los rasgos psicológicos y mecanismos de afrontamiento, una vez consolidados, son estables y consistentes, e influyen en las interacciones y adaptaciones al ambiente intrapsíquico, físico y social, de manera que organizan la conducta, las percepciones, actitudes y decisiones que tomamos en nuestras vidas.
Sin embargo, esto no significa que no pueda haber maduración y crecimiento personal: significa que la maduración no necesariamente se traduce en un cambio cualitativo en nuestra estructura de personalidad, sino que hay aprendizaje y adaptación a pesar de la personalidad característica de cada uno.
Sí hay posibilidad de cambio, sí podemos ajustarnos a la realidad que se nos presenta con mayor sabiduría y utilizar nuestros recursos y potencialidades, sí hay apertura al desarrollo y realización como personas. Tiene lugar a través de la toma de conciencia y el deseo de cambiar para crecer, en lugar
de ir repitiendo una y otra vez lo mismo. Es necesario darse cuenta y tener el coraje de dar un paso más, una vuelta más, una pequeña nueva conquista que implica un gran avance en nuestro proceso de crecimiento como personas.
La libertad reside en la voluntad, no es algo que nos viene dado, la verdadera libertad es una conquista interna. Los grandes cambios se hacen de dentro hacia afuera, no al revés.
Nosotros decidimos si dejamos transcurrir el tiempo y las experiencias o si crecemos con ellas. Madurar es modularnos y gestionarnos, tener posturas flexibles y tolerantes, y hacer una lectura ajustada de nuestras circunstancias y experiencias.
Cuando dudamos y nos preguntamos si es posible el cambio, ¿qué nos estamos preguntando realmente? ¿Dudamos de que sea posible cambiar? O realmente estamos dudando porque cambiar implica trabajo personal, movilizar recursos, aceptar los retos, poner interés y esfuerzo, con sus dosis correspondientes de ansiedad e incertidumbre.
En definitiva, significa optar por hacernos responsables, y por tanto libres, de hacernos cargo de nuestra vida.
Sí, si... ¡de nuestra vida! Tal cual se presenta y sin tratar de transformarla para que desaparezca lo difícil, incómodo, o eso que nos molestó o vimos injusto.
Aceptándola, sin más, aceptándola con los ojos bien abiertos para poder hacer una lectura ajustada e inteligente, y aprender de la oportunidad que se nos presenta por delante.
¡Claro que podemos cambiar! La duda está en si nos atrevemos.
La vida nos ofrece oportunidades constantemente, a veces disfrazadas de conflicto, dificultad, o de experiencias desafortunadas. En cualquier caso, el secreto siempre está en la respuesta que damos, en cómo decidimos mirar eso que sucede, qué me trae a mí, qué oportunidad me brinda, qué me invita a trabajar.
No importa a través de quien venga o cuáles sean las circunstancias concretas, lo que importa es la lectura que hacemos y la respuesta consciente que decidimos dar. Es decir, si nos atrevemos a VER y aprender, o si nos abandonamos al enfado, la rabia, desesperanza, o quizás claudicamos y dejamos pasar la vida pasivamente sin vivir las experiencias por las que transitamos durante nuestra existencia.
Me preguntas ¿para qué? Para vivir mejor, de forma un poco más auténtica y centrada, con un poco más libertad para ser quien decidimos ser, de forma autónoma y responsable. Para que nuestra vida tenga sentido y significado, para vivir de acuerdo a nuestros valores, para acercarnos a nuestro propósito vital y construir una sana autoestima forjada conscientemente.
Para alcanzar bienestar eudaimónico, aquel que está basado en la autorrealización y desarrollo del potencial individual, que experimentamos cuando nos atrevemos a vivir de acuerdo a nuestro verdadero self y actuamos de forma congruente con nuestros valores.
Sentimos armonía, autoaceptación, validación personal, capacidad de ser agentes de nuestra vida, y todo esto reporta bienestar y felicidad duradera y profunda.
El bienestar hedónico es más simple, pero tiene un alcance muy limitado y se experimenta de forma puntual, rápidamente se desvanece. Se centra en la felicidad entendida como logro de placer y evitación del dolor. Así, las personas felices son aquellas que se sienten satisfechas con su vida, experimentan gran cantidad de emociones denominadas positivas y sienten muy pocas emociones negativas.
La perspectiva eudaimónica se asienta en una premisa importante: la felicidad parte de dentro y se proyecta hacia afuera, en lugar de ir de fuera hacia adentro como hace la hedónica (Ryff, 1989).
¡Cuidado! No hablamos de la ilusión de un mundo maravilloso ni de impostarse haciendo ver que todo marcha fantásticamente bien. ¡NO! Las cosas no siempre van como queremos, muchas veces no se adaptan a nosotros y otras veces no son justas.
Bienvenidos a la vida tal y como se presenta... con las alegrías y los buenos momentos compartidos, con esos amigos de siempre con los que podemos ser y estar de forma auténtica, sin mascaras sociales. También son bienvenidos los retos de todo tipo en el momento en que aparezcan, sin disfrazarlos, atravesándolos tal cual, experimentando las emociones que nos gustan y las que no nos gustan tanto, aceptando la vida tal y como es.
Ana Cecilia Blum
En la vida ni se gana ni se pierde, ni se fracasa ni se triunfa. En la vida se aprende, se crece, se descubre; se escribe, borra y reescribe; se hila, se deshila y se vuelve a hilar
Referencias bibliográficas
Avia, M. D. y Sánchez, M. L. (1995). Personalidad: aspectos cognitivos y sociales. Madrid: Pirámide.
Bermúdez, J,. Pérez, A. M. y Sanjuán, P. (2006). Psicología de la personalidad: teoría e investigación (volumen 2). Madrid: UNED.
Larsen, R. J & Buss, D. (2005). Psicología de la personalidad. Dominios del conocimiento sobre la naturaleza humana. México: McGraw-Hill.
McClelland, D. (1989). Estudio de la motivación humana. Madrid: Narcea.
Moreno, B. (2007). Psicología de la personalidad: Procesos. Madrid: Thompson.
Mosterín, J. (2006). La naturaleza humana. Madrid: Espasa.
Pelechano, V. (2000). Psicología sistemática de la personalidad. Barcelona: Ariel.
Ríos, J. A. (2009). Personalidad, madurez humana y contexto familiar. Madrid: CSS.
Ríos, J. A. (2005). Los ciclos vitales de la familia y la pareja. ¿Crisis u oportunidades?. Madrid: CCS.
Artículo escrito por Luna González.
A menudo nos sentimos atraídos por consumir alimentos sanos, con la percepción de ser estos más puros y aportarnos esa détox que necesitamos.
Pero... ¿se nos está yendo de las manos?
Estamos expuestos a un bombardeo constante de contenido nutricional, belleza y moda en las redes sociales. En España, según un informe de tendencias digitales (Wearesocial y Hootsuite, 2019) pasamos conectados a internet una media de 5 horas y 18 minutos diarios. De este tiempo dedicamos 1 hora y 39 minutos a las redes sociales.
Otro estudio afirma que “los patrones de alimentación desordenados cambian continuamente a medida que evolucionan las influencias y presiones sociales”. Algunos movimientos como el Realfooding defienden “un estilo de vida saludable basado en consumir comida real y huir de los ultraprocesados” (Carlos Ríos, 2019).
Hasta aquí todo bien. ¿Pero qué ocurre cuando está información cae en manos del
desconocimiento? El objetivo de emprenderse en un viaje hacia la alimentación saludable en la población es admirable. Sin embargo, una sobre-estimulación de esta práctica, junto a la presión ejercida en las redes sociales, podría transformar ese comportamiento saludable en un problema alimentario de gran índole.
Hablamos entonces de la Ortorexia Nerviosa.
Comer sano ¿pero en exceso?
Fue Steven Bratman quien, en 1997, acuñó este término proveniente del griego orthos, que significa ́correcto ́, y orexis, ́apetito ́. Bratman define el concepto como “una fijación patológica en el consumo de alimentos apropiados y saludables”.
Las personas que son afectadas por esta alteración tienden a una evitación de todos aquellos productos en cuyos ingredientes puedan existir residuos de pesticidas, conservantes, alimentos grasos, nutrientes poco saludables o aquellos altos en sodio y azúcar. ¿Te parecen pocas restricciones?, en los casos más graves se puede llegar a eliminar categorías enteras de alimentos por no considerarlos aptos.
Algunos síntomas de la ON:
- Obsesión por la ingesta de alimentos sanos
- Creencias de la comida poco realistas
- Deseo de aumentar la salud
- Comportamientos de alarde
- Planificación de la comida
- Cambios en estilo de vida
- Rituales de preparación
- Pensamientos intrusivos
- Rasgos de perfeccionismo
- Rigidez cognitiva
- Ansiedad
- Deterioro de memoria de trabajo y funcionamiento
- Pensamientos egosintónicos (aquellos que resultan de seguir las propias convicciones)
Las consecuencias pueden parecer obvias: déficits nutricionales, inestabilidad afectiva e intenso aislamiento social. Por otro lado, la posibilidad de ingesta de alimentos poco saludables puede suponer en la persona una gama de diferentes emociones desagradables como culpa, miedo a enfermedad y conductas de tipo castigo, como iniciar una dieta aún más restrictiva de la que ya sigue.
La comida pasa a ser un pilar fundamental en su vida, lo que hace que todas las metas comiencen a orientarse sin perder de vista esa “brújula saludable”, que les guía hacia nuevas amistades, nuevos trabajos e incluso cambios radicales en su estilo de vida (no acudir a ciertas reuniones sociales en las que se implique cierto tipo de comida, etc.).
Para los autores, aunque no encuentran evidencia clara en cuanto a la relación de género y ON, si existe un consenso en aquellos grupos de riesgo a la hora de desarrollar esta afectación: personas deportistas, médicos, dietistas-nutricionistas, así como aquellos con un nivel de educación alto.
Además, no podemos olvidarnos de aquellas personas que padecen trastorno obsesivo-compulsivo en algún grado, así como de quienes ya han padecido Anorexia Nerviosa, o algún tipo especificado de Trastorno de la Conducta Alimenticia.
Desde luego que... comer sano está bien. No quiero con todo esto volveros en contra de la comida saludable ¡eso nunca! Sin embargo, hay que diferenciar entre una dimensión protectora y saludable de comer sano, y otra dimensión patológica.
Únicamente podemos hablar de ON cuando esa actitud hacia la comida se intensifica hasta tal punto que la persona llega a abandonar su estilo de vida normal, para adoptar uno completamente restrictivo y poco saludable.
Todo esto ha suscitado cierto interés en la comunidad científica, y aunque no existe un acuerdo a la hora de clasificar la ON e incluirla en el Manual diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association (DSM-5), si podemos nombrar ciertos criterios diagnósticos primarios:
a) Una obsesiva o preocupación patológica con una nutrición saludable
b) Consecuencias emocionales por la no adherencia a las reglas nutricionales autoimpuestas
c) Discapacidades psicosociales en áreas relevantes de la vida, además de la desnutrición y pérdida de peso
¿Y qué hacemos entonces con todo esto?
La alta comorbilidad entre síntomas con otros trastornos alimenticios y la escasa
investigación mantiene un debate abierto sobre todo esto. Varios estudios hablan de la posibilidad de incluir la ON en un subtipo de Anorexia Nerviosa, pero... por el momento, y como comentaba anteriormente, el debate sigue abierto.
Si hay algo que se pueda deducir es que el seguimiento del Realfooding puede relacionarse con patrones rígidos en cuanto a la alimentación. Una persona con una vulnerabilidad determinada y ciertos patrones rígidos en cuanto al estilo de nutrición puede presentar un mayor riesgo de desarrollar una ON en el futuro.
¿Mantener una dieta sana implica una patología? Rotundamente no. El problema se presenta ante la dificultad para distinguir un deseo de seguir una dieta saludable, aumentando la probabilidad de mostrar un comportamiento más patológico.
Por último me gustaría que tú, lector, reflexiones sobre la cantidad de información que recibes al día, en la calle, en las redes, en conversaciones... sobre la alimentación y la dieta saludable. ¿Te has cruzado con algún realfooder muy rígido? seguramente sí.
Está tan a la orden del día preocuparse tanto por la imagen, que lo hemos llevado al campo de la alimentación. Cómo si los cánones de belleza no fueran pocos...
Nunca los extremos fueron sanos, y es que vivimos en ese mundo en el que, hasta comer sano, se ha vuelto insano.
Referencias bibliográficas
Cena, H., Barthels, F., Cuzzolaro, M., Bratman, S., Brytek-Matera, A., Dunn, T., Varga, M., Missbach, B., y Donini, L.M. (2018). Definition and diagnostic criteria for orthorexia nervosa: A narrative review of the literature. Eating and Weight Disorders, 24, 209-246. doi: 10.1007/s40519-018-0606-y
Lopes, R., Melo, R., y Dias, B. (2018). Orthorexia nervosa and comorbid depression
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Kinzl, J. F., Hauer, K., Traweger, C., y Kiefer, I. (2006). Orthorexia nervosa dieticians.
Psychotherapy and psychosomatics, 75(6), 395-396. doi: 10.1159/000095447
Ryman, F. V. M., Cesorglu, T., Bood, Z., y Syurina, E. (2019). Orthorexia Nervosa: disorder or not? Opinions of Dutch health professionals. Frontiers in Psychology, 10, 555. doi: 10.3389/fpsyg.2019.00555
Artículo escrito por Clara Simal.
El proceso de envejecimiento está constituido por una secuencia gradual de cambios morfo-funcionales que aparecen como consecuencia de la acción del tiempo sobre los seres vivos. De esta manera, el envejecimiento nos abre las puertas de la vejez, entendida como una etapa más del ciclo vital, determinada por diferentes criterios como sociales (jubilación) o biológicos (acumulación de dolencias y enfermedades).
Debido al incremento de la esperanza de vida, se diferencian dos tipos de edad en la vejez: la primera de ellas denominada tercera edad corresponde a las personas entre 65 y 80 años de edad, recién jubilados y con una visión positiva del envejecimiento. Con posterioridad a esta etapa hablaríamos de una cuarta edad, a partir de los 80 años, donde se dan disminuciones de la capacidad funcional y de la salud en general, pudiendo aparecer patologías graves.
A su vez, dentro del envejecimiento cabe distinguir entre edad cronológica (determinada por la fecha de nacimiento) y edad funcional, formada por la edad biológica o grado de envejecimiento, la edad psicológica o rasgos psicológicos de cada grupo de edad, y la edad social o rol de la persona mayor en la sociedad.
El Envejecimiento Activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación, seguridad y aprendizaje, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen (OMS, 2001). El término envejecimiento activo fue adoptado por la OMS a finales del siglo XX, con la intención de transmitir un mensaje más completo que el de envejecimiento saludable, reconociendo los factores y ámbitos que influyen en la forma de envejecer de los individuos y poblaciones, además de la mera atención sanitaria.
El objetivo principal del envejecimiento activo es incrementar la calidad de vida de las personas mayores y fomentar la vejez con éxito, aquella donde no existen patologías discapacitantes, donde hay baja probabilidad de enfermedad, y prima un alto funcionamiento físico, cognitivo y social promocionando trayectorias positivas de envejecimiento (Rowe y Khan, 1997).
A nivel cognitivo, se interviene en la prevención del deterioro promoviendo la capacidad de reserva: aquella capacidad del cerebro pata tolerar cierto grado de patología antes de que se produzca una manifestación clínica. Ello influenciado por los factores explicativos tanto no modificables (edad y consecuencias asociadas) como modificables (estilo de vida y variables externas). El funcionamiento intelectual se altera a partir de los 70 años, provocando grandes diferencias individuales, disminuyendo entre otros la capacidad de organizar e integrar información (Rabbit, 1999). A su vez, se ven afectados los procesos de codificación y recuperación de memoria, por lo que se promueve las técnicas de estimulación de memoria.
Los factores psicológicos que se trabajan en el Envejecimiento Activo son aquellos que están influenciados por la personalidad, la regulación emocional y los estilos de afrontamiento que generan un determinado grado de bienestar. Pese al mayor número de pérdidas y amenazas características de la vejez, los niveles de bienestar y satisfacción con la vida de las personas mayores se mantienen a niveles semejantes a los de los más jóvenes. Sucede porque se ponen en marcha recursos y estrategias de afrontamiento adquiridas con la experiencia, que facilitan la adaptación a las pérdidas bio-psico-sociales en la vejez.
Desde el Envejecimiento Activo se sigue el Modelo de Bienestar de Carol Ryff, promoviendo los siete pilares fundamentales del Bienestar Eudaimonico, trabajando las relaciones positivas con otros (relaciones estables y confiables), la autoaceptación (Sentirse bien consigo mismo, es decir, actitudes positivas hacia uno mismo), la autonomía o capacidad para mantener sus convicciones, independencia y autoridad personal, el propósito u objetivos vitales que permiten dar sentido a la vida, el crecimiento personal (empeño por desarrollar las potencialidades y seguir creciendo como persona) y el dominio del entorno (habilidad personal para elegir o crear entornos favorables para satisfacer los deseos y necesidades propias).
Este modelo de envejecimiento expresa la idea de la participación de las personas en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, sin centrarse sólo en la capacidad para estar física o laboralmente activo. Diversas investigaciones han demostrado que la persona mayor disfruta no sólo de satisfactorios apoyos familiares sino también sociales (Jauregi 2001; Gracia y Herrero, 2004). Establece por tanto un nuevo modelo de sociedad, en el que las personas han de tener la oportunidad de envejecer siendo protagonistas de su vida; en un quehacer pro-activo y no como meras receptoras de productos, servicios o cuidados.
La participación aporta a la persona calidad de vida tanto en aportes materiales como en apoyo afectivo, siendo este último de gran importancia, sobre todo para la persona mayor. Sin embargo, este apoyo no implica que sea constante, ya que fluctúa a lo largo del tiempo (Hogan y Eggebeen, 1995). Está participación le corresponde de la red social, es decir, toda la red de personas que nos brindan apoyo emocional o sentimental, la actividad social o comportamientos que realizamos con otras personas, y el apoyo social o conjunto de relaciones sociales estables que proporcionan soporte físico y psicológico.
La finalidad del Envejecimiento Activo vendría a ser mejorar la calidad de vida de la persona que envejece, por ello se trabaja para lograr un rol activo de los mayores en nuestra sociedad, rompiendo los prejuicios del Edadismo o la visión peyorativa que se tiene hacia estas personas mayores basándose únicamente en su edad cronológica, ya que generalmente son consideradas como personas dependientes y en situación de aislamiento social.
Estos estereotipos negativos son los causantes de los prejuicios y la discriminación hacia las personas mayores por el hecho de tener una edad (Palmore, 1990), y lo peor de todo es que estas falsas creencias que socialmente imperan sobre la vejez, no solo influyen en el modo en que son tratadas, sino también en el modo en que los propios mayores se acaban comportando, porque al final, acaban justificando la existencia de tales visiones (Izal y Montorio, 1999).
Referencias
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C.D. Ryff. (1989)Happiness is everything, or is it? Explorations of the meaning of psychological well-being. J Pers Soc Psychol, 57, pp. 1069-1081
Fernandez-Ballesteros (2000). Gerontologia Social. Ed. Piramide
Gracia, E y Herrero, J (2004). Determinants of social integration in the community: An exploratory analysis of personal, interpersonal, and situational variables. Journal of Community and Applied Social Psychology,14, 1-15
Havirguhurst (1963). Teoría de la Actividad
Hogan, D. P. y Eggebeen, D. J. (1995). Sources of emergency help and routine assistance in old age. Social Forces, 73, 917-936.
Izal, M y Montoro, I. (1999). Gerontologia conductual. Bases para la intervención y ámbitos de aplicación. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 38(1), 34-45.
Jauregi AL (2001). Spain. En I Philp (Ed), Family care of older people in Europe. Biomedical and health research. Amsterdam: IOS Press.
Organización Mundial de la Salud. (2001). Envejecimiento activo
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Palmore, E. (1990). Ageism: Negative and positive. New York: Springer.
Rabbit, P. (1999) "Geriatric Medicine and Gerontology" Fifth edition, by Tallis, Churchill Livingstone, Edimburgh, London, 123-151
Rowe, J.W y Khan, R.L. Human aging: Usual and successful. Science., 237 (1997), pp.143-149
Artículo escrito por Elena Martín Ferrer.
Mi padre falleció recientemente y, si bien el proceso de duelo lo llevé mucho mejor de lo que jamás hubiera imaginado, mis sentimientos al poco tiempo de su fallecimiento pueden resumirse en un texto que quise escribirle el que hubiera vuelto a ser el día de su cumpleaños. No fue necesario pensar, encontré fácilmente las palabras apropiadas para que mi corazón hablara:
"Papá, te sigo echando mucho de menos y ya soy totalmente consciente de que así será para siempre, es cierto que te siento junto a nosotros, pero nos habíamos acostumbrado a las palabras, caricias, besos, miradas, y me falta esa forma en la que nos comunicábamos.
Aunque te siento con nosotros me queda el vacío de esos besos que ya no caen en tu mejilla, de las caricias que no encuentran tu mano, de las palabras que no reciben tu respuesta, de esos gestos que ya no pueden esperar esa mirada tuya de aprobación. Te siento, pero me faltas, te encuentro, pero te sigo buscando, no siento que te has marchado para siempre, pero me aterra no volver a verte. Me entristece que tanto amor como tengo hacia ti ya no pueda ser compartido, sentido, apreciado, valorado. Porque ese amor era tuyo, era hacia tu persona, hacia lo que tú me dabas y yo te daba a ti, y no puede ser dado a nadie que no seas tú.
Te siento presente, y eso me tranquiliza, pero me falta nuestra forma de transmitirnos lo mucho que nos queríamos. Como tú solías decirme, “nos queremos con locura”.
Esos sentimientos y sensaciones han ido “madurando” con los meses. Mi forma de enfocarlo es otra y siento diferente, soy más feliz y me siento muy tranquilo gracias al crecimiento personal que he tenido durante estos meses en los que mi padre ya no está con mi familia y conmigo. He aprendido a llevarlo mejor y me gustaría compartir parte de ese aprendizaje con todos aquellos que hayan perdido a seres queridos y con los que los perderán.
Considero fundamental el hecho de transmitir todo lo que se siente hacia esa persona, compartiendo esos sentimientos de amor y cariño. Mis ojos se abrieron tras el infarto que mi padre sufrió, y a partir de ese momento (en el que sentí que se podría haber ido de este mundo sin haberme podido despedir de él y sin compartir todo lo que llevaba dentro) comenzaron a llegar las caricias, los besos frecuentes, las miradas de complicidad, y el sentir una relación mucho más cercana de la que hasta entonces había existido. Sinceramente, pienso que él lo estaba deseando y lo necesitaba, me alegro tanto de haber dado ese paso… porque mis actos de amor hacia él fueron totalmente correspondidos. Durante algún tiempo me pregunté cómo había podido guardar para mí todo eso si en realidad eran sentimientos que nos pertenecían a los dos, porque eran mis sentimientos hacia lo que él representaba para mí, generados por todo aquello que él me transmitía, y era totalmente justo y legítimo que él fuera conocedor de ese amor que había conseguido crear en mí.
Gracias a haber compartido todo esto con él, hoy siento paz y mucha tranquilidad. Tengo la sensación de haberlo dado todo por su bienestar, habiendo incluso aprendido sobre su patología, en el área de la cardiología, y el hecho de haber sido el interlocutor de la familia con los médicos a él le daba una tranquilidad inmensa y le hacía sentirse seguro y protegido, y a mí me daba la vida sentir esa tranquilidad suya gracias a ese efecto protector que yo le hacía sentir.
Buscamos una nueva forma de comunicarnos ya que vivíamos en distintas ciudades a una gran distancia. Aprovechando la implementación de la tecnología para ayudar en sus cuidados, podía conectarme a una cámara instalada en el salón de la casa. Eso hacía que pudiera sentirme más cerca de él y así se lo decía, para que él se sintiera igual, cerca de mí.
Llegó el momento de irse y pude despedirme de él cuando estaba bajo los efectos de la morfina y no sé qué pudo oír de todo lo que le dije, pero yo quise pensar que sí oyó todo. Me despedí como hijo y como amigo, y le agradecí todo lo que ha hecho por mí y por el resto de la familia.
Ahora quedan recuerdos muy bonitos, si bien es cierto que no le tengo físicamente. Precisamente por no tenerle físicamente y por querer que también en ese aspecto estuviera en mi vida, he creado una zona con la foto suya que más me gusta, parte de sus cenizas, una frase muy bonita que me escribió estando ya malito, y todo ello rodeado de un buda y algunos otros objetos que me transmiten mucha paz, como también él me la transmitía. También hay una fuente de agua y un jardín zen. Todo ello crea la que para mí es la zona más agradable de mi casa, y eso es lo que él conseguía, hacer que los momentos que pasaba con él fueran los más agradables. Sigo sintiéndole cerca y sigo teniendo algo físico que me traslada a aquellos momentos vividos con él.
Me gusta quedarme con lo mucho que disfrutó durante el tiempo que estuvo con nosotros, también eso me ayuda a llevarlo mejor.
No soy creyente, pero cuando él se marchó experimenté un cambio de creencias, no deseaba quedarme con la idea de su total inexistencia. Mi perspectiva era otra, y pensé que su energía se habría ido a algún lugar. Como persona científica que soy, eso me recordaba a lo que tantas veces me han enseñado desde pequeño: “la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”. Pensar que el alma o la energía de mi padre sigue existiendo en algún lugar y que algún día, su alma y la mía se unirán para volver a experimentar lo que algún día ambas compartieron me hace sentir bien.
Hoy en día parece ser más fácil expresar la ira o malas palabras con los que te rodean que compartir con ellos lo mucho que les quieres o el afecto o aprecio que sientes hacia ellos. Mi experiencia con mi padre ha sido única, y desde ella animo a todas las personas a abrirse a los demás y compartir esos sentimientos tan bonitos que llevamos dentro. Yo no sería ni la mitad de lo feliz que soy actualmente si no hubiese exteriorizado y compartido con mi padre todo lo que sentía hacia él. Y es que eso que sentía era algo creado por los dos, y era de justicia que también él lo conociera, lo disfrutara y se lo llevara ahí donde sea que esté.
Papá, te quiero tanto, te he querido tanto, te querré siempre tanto…
Jorge Luis Borges
La muerte es una vida vivida
La vida es una muerte que viene
Artículo escrito por Arturo Escobar.
El amor y el enamoramiento es un tema que podríamos definir como esencial en la vida de una persona, ya que de las relaciones personales nacen los sentimientos más intensos que podemos experimentar; y depende de cómo sean estas relaciones, o más bien la interpretación que tenemos nosotros de ellas nos pueden generar bienestar o, por el contrario, nos estemos exponiendo a un malestar constante, que no sepamos controlar o acerca del que tomar ciertas decisiones.
Al enamorarnos las emociones que sentimos nos evaden y las expresamos a través de nuestra mente y nuestro cuerpo, a veces de forma irracional, sin mantener un procesamiento racional de que es lo que siento, y porque lo siento así. Frecuentemente solemos desarrollar unas expectativas de pareja que deseamos que se cumplan y, en ocasiones, al luchar contra esas expectativas acabamos alejándonos de los valores que las guiaban, dejando que ciertas circunstancias o actuaciones se pasen por alto. Debemos ser muy conscientes de donde están nuestros límites y no permitir que dentro de la pareja se pasen por alto ciertos aspectos que pueden dar lugar a valoraciones irreales; de esta manera prevenimos una relación toxica basada en la desigualdad de roles.
¿Qué es una relación sana?
Robert Sternberg es un psicólogo que ha profundizado mucho en el estudio del amor y las relaciones de pareja, y manifiesta que para que exista una relación sana y estable, deben de considerarse tres cualidades:
- Intimidad: el sentimiento de cercanía, unión y afecto hacia otra persona, sin que tenga porque existir un compromiso a largo plazo. Haciendo referencia a la confianza entre ambas partes.
- Pasión: las ganas intensas que surgen desde lo más profundo de nuestro ser, la necesidad de querer pasar tiempo y unión con la otra persona, sin necesidad de que el tiempo invertido tenga que ser siempre de un modo carnal o sexual. Haciendo referencia a la impulsividad.
- Compromiso: refiriéndose a la predisposición por ambas partes de compartir su tiempo a pesar de los altibajos normales que sufren todas las relaciones en momentos puntuales.
La causa que da lugar a que tipo de relación existe dentro de la pareja , surge a partir de la combinación e interacción de estos tres elementos; por ejemplo si en una relación existe mucha pasión e intimidad por las dos partes, pero compromiso solo por un integrante de la relación, y esto no se comunica ni se habla con la persona, lo más probable es que existan conflictos dentro de la pareja, de manera que ambos miembros no se terminaran de sentir a gusto y felices, promoviendo que la relación no perdure de forma saludable a lo largo del tiempo.
Partiendo del anterior ejemplo, un problema común que suele originarse en este tipo de combinación es que al no existir un compromiso real, pueda ocasionar la aparición de los celos: esto podemos correlacionarlo con la desconfianza hacia la pareja que sería lo que pone en peligro la continuidad de la relación.
¿Qué son los celos? ¿Por qué sentimos celos?
Los celos son una respuesta emocional que normalmente aparece cuando una persona siente una amenaza o peligro hacia su bienestar con la otra persona, que induce a una sospecha o inquietud constante ante un tema, generando una incomodidad en la pareja; cumpliendo además la función de custodiar a nuestra pareja, y proyectando en ella y en nosotros mismos inseguridad y miedo.
Los celos son autodestructivos, causando multitud de sintomatología: nerviosismo, angustia, ansiedad, estrés, malestar, dolor de cabeza, insomnio, etc. Por ello es necesario aprender a canalizar y controlar esos celos, encontrando la causa y tratando de modificar las ideas irracionales que se puedan haber formado.
Tenemos que tener en cuenta a este respecto que cuando existen celos corremos el peligro de que se retroalimenten y nos hagan infelices, además de que exista una profecía auto cumplida, en la que la conducta del celoso suele ser enfadarse, pedir explicaciones o excesivo control de la pareja, provocando que la otra parte se sienta acosada y al final esta situación acabe con la relación.
Si sentimos que estos celos se caracterizan por una desconfianza hacia nuestra pareja, pensamientos recurrentes que nos llevan a realizar conductas controladoras constantemente, deberíamos pensar en solicitar ayuda profesional para modificar esas obsesiones y tomar conciencia de la existencia de posibles ideas delirantes. Podríamos estar hablando de celos patológicos, con lo que estaríamos idealizando las relaciones con creencias que tenemos instauradas, necesitando ayuda para abordar las posibles distorsiones cognitivas relacionadas.
Claves para una relación sana y como enfrentar los celos
- Fomentar confianza y tiempo de calidad (no de cantidad), reforzando lo que nos une a través de una buena comunicación, expresiones de cariño y actividades reconfortantes juntos.
- No esperar que la otra persa nos demuestre lo que queremos, céntrate en lo que puedes hacer tú.
- Trabajar individualmente nuestras inseguridades, y si es necesario ponerse en manos de profesionales que nos ayuden.
- Practica la comunicación asertiva.
- Confía en tu pareja, si realmente no tienes pruebas que verifiquen tus creencias.
- Para querer a otra persona, debemos ser conscientes de que nadie es perfecto, y todos cometemos errores o fallos, lo que significa que nuestra pareja puede herirnos, pero también puede hacernos felices.
- No esperes que tu relación o tu pareja solucione tus problemas, debemos tener claro que una pareja es un complemento más para ser felices pero no debe ser nuestro único motivo de felicidad. La clave es tratar de ser felices por nosotros mismos, sin poner todo el peso de nuestros propios miedos o vacios en nuestra pareja.
- Diferenciar entre apoyo y responsabilidad en la pareja. Una cosa es apoyarte en tu pareja, siendo sano y reconfortante para ambos; otra muy distinta es responsabilizar al otro de nuestros problemas, promoviendo que la otra persona se haga cargo de mi vida, ya que además si tenemos una baja autoestima esto será un factor de mantenimiento, alimentando nuestra propia inseguridad al no ser capaces de enfrentarnos a nuestra individualidad.
- Conectar con uno mismo, ser consciente de nuestras elecciones, motivaciones y valores.
Como resultado de todo lo expuesto, podemos manifestar que el “comieron perdices y fueron felices para siempre” no existe y es además una utopía. De la misma manera que el encontrar “mi media naranja” es un mito y una creencia idealizada.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.
Bibliografía
Sternberg, R. (1999). El Amor es como una historia. Barcelona: Paidós.
Montes-Berges, B. (2008). Tácticas para la resolución de conflictos y celos románticos en relaciones íntimas: adaptación y análisis de las escalas CTS2 y CR. Estudios de Psicología, 29(2), 1-15.
Yela, C. (2000). El amor desde la psicología social; ni tan libres, ni tan racionales. Madrid: Pirámide.
Artículo escrito por Ana García.
Hacer ejercicio me salvó la vida: descubriendo el deporte como herramienta terapéutica
Hacer ejercicio es bueno para la salud física y mental.
Nadie podría decir que esta afirmación no es cierta, pero ¿cuántas personas, aun sabiendo esto, practican deporte y viven en sus carnes los beneficios que éste proporciona?
Yo había pasado la mayor parte de mi vida siendo de esas personas que, aun sabiendo que hacer ejercicio iba a ayudarme en muchos aspectos, seguía teniendo una vida sedentaria. Ni los anuncios de gimnasios con fotografías de cuerpos perfectamente esculpidos y envidiables, ni siquiera el típico consejo de la psiquiatra sobre lo bien que viene el yoga para la ansiedad conseguían hacer que me sonara ese click en la cabeza que me motivara lo suficiente como para cambiar mi estilo de vida. Hasta que no me quedó mas remedio.
Desde el comienzo del confinamiento por Covid-19 las redes se llenaron de entrenadores y entrenadoras on-line, influencers dando trucos sobre rutinas de ejercicio para hacer en casa, personas anónimas que decidieron aprovechar para ponerse en forma… era como si, de alguna forma, practicar deporte en casa se hubiera convertido en una moda y, como todas las modas, me acabaron enganchando. Y así empezó todo: con un video de Yoga para principiantes y una esterilla recién sacada de un armario que ni sabía que existía, decidida a “ponerme en forma” porque, ahora sí, iba a tener tiempo.
Lo que jamás me habría imaginado aquel día es que el deporte se iba a convertir en mi mayor apoyo durante una de las experiencias mas complicadas de mi vida. Lo que empezaron siendo sesiones muy sencillas pero agotadoras de yoga se convirtieron en rutinas muy exigentes de diferentes combinaciones de ejercicios, lo que en un principio me daba pereza se convirtió en una necesidad para poder llegar sin desquiciarme al final del día.
Así es como una persona como yo, como cualquier otra, con una salud mental cuestionable y durante una etapa complicada de su vida descubre la realidad de los beneficios de practicar deporte.
Los beneficios psicológicos del deporte son casi innumerables: desde la mejora del autoconcepto y la autoestima, pasando por el aumento del estado de ánimo debido a la producción de endorfinas, reducción de estrés como un ansiolítico natural, hasta llegar a mejorar las habilidades sociales, el desarrollo personal y social.
Pero si es verdad que tiene todos estos beneficios ¿cómo es que aun hay personas, como lo era yo, que no son capaces de dar el paso hacia este estilo de vida?
Algo que no nos cuentan normalmente es que quienes empiezan a hacer deporte suelen estar movidas por una motivación extrínseca, es decir, una amiga te propone ir al gimnasio juntas, tu médico te dice que tienes que bajar de peso, quieres impresionar a la persona que te gusta… En definitiva, una motivación que viene de un refuerzo externo.
Algo que caracteriza a este tipo de motivación es que cuando el refuerzo positivo externo desaparece (tu amiga deja de ir al gimnasio) existe una alta probabilidad de que esta motivación se extinga poco a poco. Es por esto que, a lo largo de nuestra vida, somos capaces de proponernos e incluso empezar una rutina con respecto al deporte, pero muchas veces tenemos la misma facilidad para empezarla que para abandonarla.
No es hasta que la motivación pasa a ser intrínseca que realmente, después de un mínimo de 6 meses de rutina, resulta más probable que las personas continúen este camino hacia un estilo de vida más saludable y que, por tanto, perciban los beneficios de los que ya hemos hablado.
Ésta es la clave del éxito que yo jamás había llegado a experimentar. Lo que hace que a día de hoy considere el deporte una herramienta terapéutica para mi salud mental tan esencial como una buena alimentación o una buena higiene del sueño. El deporte conseguía calmarme, pero mantenerme activa al mismo tiempo. Me brindaba la oportunidad de dedicarme tiempo a mi misma y evadirme de todo lo que estaba viviendo a base de sudor.
No es una tarea fácil convencer a alguien para que cambie sus hábitos e introduzca el deporte en su vida, pero desde luego que es mucho mas complicado si no se hace desde el conocimiento por la propia experiencia. Si bien es cierto que los y las terapeutas podemos beneficiarnos de la empatía que genera el hecho de haber experimentado lo que después queremos transmitir a los pacientes, a la hora de proponer el uso del deporte como herramienta terapéutica esto es fundamental.
El deporte como ingrediente para una vida saludable siempre se ha intentado inculcar desde una perspectiva idealizada, como un reto que solo las personas con tiempo y una gran fuerza de voluntad podían superar. Y es cierto, pero hay que saber transmitir que en realidad es mucho menos exclusivo que todo eso, que todas las personas tienen la oportunidad de descubrir cómo el deporte puede llegar a ser un gran aliado.
Sólo debemos saber hacer sonar ese click que genera el deseo del cambio.
Referencias
Barbosa, S., Urrea, A. (2018). Influencia del deporte y la actividad física en el estado de salud físico y mental: una revisión bibliográfica. Revista Katharsis, N 25, enero-junio 2018, pp.141-159, Disponible en http://revistas.iue.edu.co/index.php/katharsis.
Ryan, M., Deci, E. (2000). Intrinsic and Extrinsic Motivations: Classic Definitions and New Directions. Contemporary Educational Psychology, 25, 54–67. https://doi.org/10.1006/ceps.1999.1020
Artículo escrito por Julia Argentina Rodríguez.
El delirium tremens es un trastorno mental grave, producido por una interrupción repentina en el consumo habitual de alcohol, y que aparece como una exageración de los síntomas del síndrome de abstinencia.
Este trastorno ocurre después de haber consumido alcohol de forma excesiva tras periodos de tiempo muy prolongados de consumo, en los que el sujeto alcohólico crea una dependencia del organismo con el alcohol. Suele ocurrir entre el segundo y el cuarto día de abstinencia. Se corresponde con un trastorno de naturaleza aguda, es decir, su aparición es brusca y con múltiples síntomas críticos para la salud, aunque en ocasiones —cuando no conlleva a la muerte— puede ser reversible.
La naturaleza aguda de este trastorno es importante para saber distinguirlo de otras enfermedades relacionadas con el alcoholismo como el Síndrome de Korsakoff o la Encefalopatía de Wernicke que, a diferencia del delirium tremens, son crónicas: cursan lentamente y con tendencia a la irreversibilidad.
¿Es lo mismo el delirium tremens que el síndrome de abstinencia?
Tenemos que tener en cuenta que no todas las personas que sufren síndrome de abstinencia llegan al punto máximo de sus síntomas, es decir, no todas llegan a tener un cuadro de delirium tremens. Por tanto, el delirium tremens no es lo mismo que el síndrome de abstinencia, si no que es un cuadro que se presenta dentro del mismo síndrome, pero que sólo ocurre en un pequeño porcentaje de las personas que incurren de manera súbita a la abstinencia. Aproximadamente en solo un 5% de estos casos.
Pero sí podríamos decir que el delirium tremens es la forma más grave del síndrome de abstinencia, donde se presentan los síntomas en su forma más pronunciada.
¿Cuándo aparece el delirium tremens?
Los síntomas del síndrome de abstinencia suelen aparecer a las pocas horas de haber cesado el consumo de alcohol, mientras que el delirium tremens ocurre entre el segundo y el cuarto día, y generalmente se agrava por la noche, periodo en el que hay menos iluminación, y mayor ausencia de estímulos.
El delirium tremens: factores de riesgo
Aunque no podemos afirmar que haya una causa específica por la cual la disminución de alcoholemia da lugar al delirium tremens en algunos sujetos, y en otros no, si conocemos algunos factores de riesgo:
- Investigaciones de Kopelman afirman que en el 90% de los casos, el delirium tremens se produce en personas con una lesión hepática grave, y en un 50% se asocia a procesos infecciosos o traumáticos.
- Suele producirse en personas cuyo consumo de alcohol es elevado (varios litros al día, durante todos los días), y que han tenido alcoholismo durante más de 10 años.
- El delirium tremens también se asocia a la interrupción de otros fármacos, y en ocasiones, a la interrupción en el consumo de otras drogas en pacientes con alta dependencia.
Por último, la mala alimentación en los pacientes alcohólicos después de haber consumido excesivamente alcohol durante un largo período, se asocia como un factor de riesgo habitual ligado a este cuadro, que puede ocasionar una malnutrición.
Síntomas en el delirium tremens
Los síntomas comienzan entre el segundo y el cuarto día de abstinencia, y de no producirse la muerte, puede darse un episodio de sueño que se prolongue durante muchas horas. El síndrome comienza con ansiedad, respiración fuerte, insomnio y taquicardia. A continuación se encuentra la siguiente fase de delirium tremens con algunos de estos síntomas:
- Alteración en la conciencia y desorientación.
- Pueden aparecer alucinaciones visuales, auditivas y táctiles: los alcohólicos en esta fase suelen ver pequeños animales, insectos u otros objetos pequeños que se mueven con rapidez. Las alucinaciones auditivas a veces se caracterizan por sonidos burdos, asociados a contracciones de los músculos del oído medio. También aparecen sonidos complejos, como voces con contenido amenazante, o música.
- Cuando hay delirios, estos son de naturaleza paranoide, y en general están relacionados con intentos del paciente de dar sentido a las alucinaciones.
- Todo esto conlleva un miedo intenso, y hace que aumenten las pulsaciones.
- También se presenta sudoración y taquicardia, pudiendo llevar al paciente a la deshidratación.
- Temblores graves y agitación motora: el término tremens alude a estos síntomas motores.
- En algunos casos, aunque menos frecuentes, pueden aparecer crisis compulsivas y derivar hasta el estado epiléptico tipo gran mal, en el cual a cada crisis le sigue otra inmediatamente, no dando tiempo al sujeto a recuperar la conciencia.
- En ocasiones, si el paciente no es intervenido a tiempo por personal especializado, puede ocasionar la muerte.
Delirium tremens: cómo intervenir en pacientes alcohólicos
Antes de que se presente un cuadro de delirium tremens, el paciente ha tenido que presentar una sintomatología de alcoholismo —generalmente grave— seguido todo ello del síndrome de abstinencia.
Por ello, hay que considerar que una persona no se vuelve alcohólica de un día para otro, si no que el curso evolutivo del alcoholismo refleja un deterioro progresivo en aspectos fisiológicos, psicológicos y sociales.
La tolerancia al alcohol se desarrolla ya en la fase pre-alcohólica, en la que la persona necesita cada vez beber más cantidad y con mayor frecuencia para obtener los efectos deseados del alcohol. En fases más avanzadas ocurrirá lo contrario: el alcohólico tendrá tolerancia reducida, es decir, la intoxicación se producirá con cantidades menores de alcohol.
A partir de este momento es cuando se empiezan a notar más los cambios en la personalidad del alcohólico, y sus continuos cambios de ánimo. Además, su principal objetivo será consumir cualquier bebida alcohólica, a veces con explosiones de ira repentinas. También suele ocurrir que escondan dinero u otros objetos, como bebidas alcohólicas, para poder consumirlas a escondidas; aunque muchas veces, tras episodios de amnesia, no recuerden que lo escondieron cuando estaban ebrios. Esto implicará que el alcohol interfiera en la vida de la persona, de forma parcial, o totalmente.
Tanto si el alcohólico tiene algún síntoma de abstinencia mencionado anteriormente, como si observamos un comportamiento asociado al alcohol en el que la persona pierda el control, será necesario buscar ayuda:
- Si se presentan síntomas de abstinencia, y en mayor medida, de delirium tremens, será necesario un ingreso hospitalario, ya que en muchos casos si no se atiende puede causar mortalidad.
- Hay centros especializados de desintoxicación, en los que además el paciente será atendido 24 horas, pudiendo intervenir en caso de que la persona tuviera alucinaciones u otros síntomas del delirium tremens.
- No siempre hay síntomas de abstinencia, pero si existe un alcoholismo y comportamientos asociados a él, cuanto antes se pueda diagnosticar, será más posible prevenir futuras complicaciones. No olvidemos que el cuadro de delirium tremens, y otros trastornos agudos o crónicos en el alcohólico, en general se presentan tras largos periodos de consumir alcohol de forma excesiva, prácticamente todos los días.
- La persona alcohólica, sobre todo al inicio del problema y según se va agravando, niega que tiene un problema, por lo que es importante fijarse en el contexto familiar, laboral y social que le rodea. Siempre será más efectivo cualquier tratamiento cuanto mayor sea la red de apoyo que tenga el paciente para afrontar el problema adecuadamente.
Actualmente, la iniciación al consumo de alcohol se suele producir en la adolescencia, cada vez a edades más tempranas. Aún así, existen grandes diferencias individuales en el transcurso del tiempo hasta que puedan aparecer problemas asociados a la dependencia del alcohol.
No podemos saber por qué algunos sujetos tendrán más dependencia que otros, y por qué algunos sujetos alcohólicos tendrán síntomas de abstinencia, y otros no. Sin embargo, siempre es mejor prevenir que curar.
La persona alcohólica puede empezar bebiendo únicamente por la noche, después durante el día, o incluso nada más despertarse, por lo que es necesario que se asuma el problema a tiempo, según van sucediendo esos comportamientos.
Es fundamental tener presente que el alcoholismo, como muchas otras adicciones, puede escaparse a la voluntad del sujeto, quien en una primera fase no querrá asumir que tiene un problema, y en fases más avanzadas puede recaer aunque sea consciente de que lo tiene.
Por otro lado, cuando hay síndrome de abstinencia, a menudo el paciente quiere volver a consumir alcohol para evitar los síntomas asociados al síndrome. Por eso, la persona alcohólica debe saber que la mayoría de personas que tienen ese problema, aun habiendo cursado síntomas del síndrome de abstinencia, o del delirium tremens, se pueden recuperar por completo si reciben la ayuda necesaria. Además, existen ayudas psicológicas no sólo para el paciente alcohólico, sino también para sus familiares.
A su vez, cada uno de nosotros deberemos tomar conciencia de que existe este problema, cada vez iniciándose antes, por lo que es importante que si una persona bebe, aunque sea ocasionalmente, lo haga con responsabilidad.
Sobre todo en relación a gente más joven, un reto importante para la psicología es ofrecer la máxima información que exista sobre el alcohol, para poder tomar conciencia y así prevenir tanto el alcoholismo como comportamientos peligrosos asociados a él, que desgraciadamente, están a la orden del día.
Artículo escrito por Eva Rodríguez.
En muchas ocasiones nos sentimos culpables por no realizar una tarea que sabemos que deberemos realizar tarde o temprano, pero aun así seguimos sin enfrentarnos a ella… entonces ¿Qué está ocurriendo? En alguna ocasión quizás hayas escuchado la palabra procrastinar ¿a qué hace referencia esta palabra?
Procrastinar (postergación o posposición) se define como: “la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras
situaciones más irrelevantes o agradables por miedo a afrontarlas”.
¿Por qué nos sucede esto?
Como forma de evitación; ante aburrimiento, ansiedad o frustración que nos puede generar la tarea. Por ejemplo: “debería hacer el TFG, pero me está generando ansiedad, por lo que decido ponerme con el móvil”.
Como duda acerca de nuestras propias capacidades a la hora de hacer ciertas tareas. Evitando la tarea por miedo a fracasar, lo que se puede asociar a una baja autoestima e inseguridad. Por ejemplo: “sé que no voy a encontrar la información que se requiere para realizar el TFG, mañana lo intentaré”.
Porque tendemos a dar prioridad a necesidades a corto plazo, dejando de lado las de a largo plazo. Por ejemplo: “voy a limpiar la casa que hoy vienen mis familiares, y ya mañana hago el TFG”.
William J. Knaus en 1997 publica su interesante artículo Superar el hábito de posponer en el que indica ciertas características personales que influyen en el acto de la postergación. Creencias irracionales: principalmente dos creencias; una de ellas les hace verseinadecuados mientras que la restante haría referencia a cómo ven el mundo. En este caso con demasiadas exigencias que no van a poder cumplir. Está directamente relacionado con el autoconcepto y la autoestima.
Perfeccionismo y miedo al fracaso: como su propio nombre indica, es miedo a fracasar ante metas poco realistas. Se trata de personas perfeccionistas y que, precisamente por ello, muchas veces utilizan la falta de tiempo como forma de postergación.
Ansiedad y catastrofismo: aquí destaca la dificultad a la hora de tomar decisiones. Mientras se va acumulando el trabajo tienden al catastrofismo, por consiguiente, les eleva la ansiedad a altos niveles, sintiéndose sobrepasados y saturados.
Rabia e impaciencia: el hecho de imponerse ciertas exigencias como: “yo debería ser capaz de realizar esto solo”, “soy estúpido”... les provoca enfado y culpabilidad hacia sí mismos, que hace que entren en un círculo de enfado-rebelión, lo cual dificulta aún más que sean capaces de rendir adecuadamente.
Necesidad de sentirse querido: como una forma de garantizar el amor, reconocimiento y aceptación de los demás. Piensan que esto es lo que les hace válidos como personas. Al final, se les hace difícil poder agradar a todo el mundo o responder a todas las demandas que, según perciben, se les imponen.
Sentirse saturado: Gran ansiedad ante el cúmulo de trabajo, pues no se ven capaces de llevar a cabo un establecimiento de prioridades.
Tras leer esto ¿te sientes identificado? Por lo que parece no se trata tanto de nuestra productividad o de una mala gestión del tiempo, sino más bien de aprender a manejar y entender nuestras emociones y pensamientos al respecto.
¿Cómo podemos solucionarlo? Algunos consejos rápidos:
Identificar la razón de esa procrastinación: ¿Por qué estamos aplazando la tarea: ansiedad, miedo o no nos gusta...? ¿En cuál de esas características personales de las que habla Knaus nos vemos reflejados?
Identificar motivaciones, es decir ¿qué nos va a aportar terminar esa tarea?
Gestionar, planificar y organizar el tiempo que necesitamos dedicarle
Eliminar todo tipo de distracciones: TV, juegos, moviles...
Estar en un sitio tranquilo y poner música si es que nos ayuda a realizar la tarea
Es muy importante el tiempo de descanso entre periodos de realización de la tarea
Reforzarnos positivamente o recompensar cuando alcancemos los logros
Referencias
Coelho, Fabián (2019). "Procrastinar". En: Significados.com. Disponible en: https://www.significados.com/procrastinar/
Correll, G., 2019. El Mapa De La Procrastinación.
Lozano Pérez, J., 2015. ¿Y Si Lo Haces Ya? No Dejes Para Mañana Lo Que Puedas Hacer Hoy. Procrastinación. Madrid, pp.11-32.
William J. Knaus, D., (1997). Superar el Hábito de Posponer. RET, Revista de Toxicomanías, (13), pp.19-22.
Artículo escrito por Marta Ortiz.
Dado que TODOS nosotros somos AGENTES DE CAMBIO, con el fin de aportar un grano de arena más en la psicoeducación del SUICIDIO, un tema tabú que representa uno de los problemas más graves de salud pública actual, elaboro el presente Flipbook Digital, centrado en Desmentir los mitos más comunes asociados a la conducta suicida.
Los mitos representan juicios de valor erróneos, culturalmente aceptados, que se contradicen con la evidencia científica. De ahí la importancia de corregir estos mitos y concienciar a la población de que EL SUICIDIO ES UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA PREVENIBLE.
Como fuente de inspiración, está presente la “Guía para la Prevención del Suicidio en el Ámbito Sanitario”, publicada por Rebeca Alcocer Velarde (Psicólogos Princesa 81), en la cual se encuentran mencionados otros tantos mitos al respecto.
¿Qué son las intervenciones asistidas con animales?
Se trata de un tipo de intervención en la que se incorpora un animal, de manera intencional, para conseguir los objetivos que se planteen con cada persona, o bien conseguir mejoras, a cualquier nivel y de manera más sencilla.
Los beneficios que presentan este tipo de intervenciones son muchos y muy variados: tanto mejoras psicológicas como físicas o educativas. Lo más habitual es que se incluyan animales como el perro o el caballo por su fuerte capacidad para canalizar la motivación de las personas, pero existe la posibilidad de incluir gatos, aves rapaces o pequeños mamíferos (como cobayas o conejos).
Selección y trabajo previo con los animales
Con el fin de elegir animales que sean aptos para el correcto desarrollo de estas actividades, se debe realizar una selección y un trabajo previo con ellos. En este artículo nos vamos a centrar en perros y de caballos.
En el caso de los perros, se trata de una selección algo más complicada, ya que, dependiendo de las actividades que se quieran desarrollar, se buscaran perros con unas características u otras. Por ejemplo, si se busca un perro que trabaje con niños que padecen TDAH, la característica principal que se querrá en el perro será que su temperamento sea tranquilo y calmado.
Por el contrario, si se busca un perro para trabajar con niños con baja activación, se querrán perros con un carácter más “movido” o bien con respuestas más espontaneas como características principales. Si, por ejemplo, se quieren perros que vayan a trabajar con personas mayores, que además presenten la dificultad de depender de una silla de ruedas, lo ideal será buscar ejemplares de pequeño tamaño y bajo peso, ya que es probable que en muchas actividades necesitemos subirlos en mesas o en las propias sillas de los usuarios.
Una vez se ha conseguido un perro con las características principales idóneas, es imprescindible contar también con un examen veterinario que certifique que el animal se encuentra en condiciones óptimas de salud para el desarrollo de las actividades previstas para él. En caso de no cumplir dicho examen, no será admitido como perro de intervención y si, en algún momento a lo largo de su vida de trabajo, el perro enfermara, deberá ser jubilado.
Aquí es donde cobran importancia los llamados Protocolos de bienestar animal en lo que se mira por la salud de estos, y que se deben seguir de manera estricta tanto por el bien del animal y de los usuarios como por el correcto desarrollo de las sesiones de intervención.
En el caso de la selección de caballos de intervención, su proceso de selección es más sencillo. Aunque también se tienen en cuenta las dimensiones del animal, la faceta que más se valora es que el animal cuente con un temperamento tranquilo y poco reactivo a los posibles estímulos que se presenten, de manera que estos queden fuera del control de la persona que va a realizar la intervención o que vaya a dirigir al animal (gritos, viento, movimientos bruscos…).
Una vez se han realizado los correspondientes procesos de selección, se desarrolla un trabajo previo en el que se habitúa al animal al espacio en el que va a trabajar, las personas con las que va a formar equipo, los materiales que se utilizarán o las actividades que se van a llevar a cabo.
¿Por qué introducir un animal en sesión?
Numerosos estudios han demostrado que la inclusión de un animal en una clase, en colegios o en entornos terapéuticos, ayuda a las personas a desarrollar destrezas sociales y de comunicación. También es importante destacar que, en muchas ocasiones, resulta menos intimidante empezar una relación social con un animal que con otra persona. En las relaciones terapéuticas que se dan entre niños y adultos este punto cobra especial importancia. Además, las habilidades básicas que se aprenden al tratar con un animal pueden ser extrapoladas a las relaciones que se dan entre personas, consiguiéndose con la inclusión de un animal en sesión que la persona trabaje en el área que más lo necesita, sin apenas darse cuenta.
En numerosos estudios que se han realizado con niños y adolescentes con graves problemas de conducta se han encontrado amplias mejorías en las áreas de comunicación, autoestima y del locus de control interno después de realizar terapia asistida con animales, midiéndolo a nivel de relaciones interpersonales también.
Organización de las sesiones
En primer lugar, se suele tener una sesión en la que se especifiquen los objetivos que se quieren lograr con la persona para la que se selecciona este tipo de terapia. Por lo general suele ser para niños y adolescentes, ya que en adultos se complica al ser una modalidad terapéutica nueva y desconocida, y es raro que acudan por su propio pie.
Aun así, las mejoras que se han visto en adultos son reales, aunque es cierto que en niños suele tener más beneficios por diferentes razones.
En el caso de que se trate de unos padres que asisten a esta terapia por alguna motivación que tengan con su hijo, es recomendable que haya una primera sesión en la que se hable con el profesional, se indiquen las dificultades que presenta el niño y los objetivos que se quieren conseguir. También es deseable, tanto desde el punto de vista del niño como del de los animales, que haya una toma de contacto en un tiempo corto (10 – 15 minutos) en el que se salude y se presente al animal, se haga un juego breve con él en el que se le premie, y finalmente una despedida.
A partir de ahí, si hay buena conexión entre el niño y el animal, se programan las sesiones futuras de trabajo, adecuándolas a los objetivos a conseguir. De aquí en adelante todas las sesiones deberían tener una primera parte de saludo al animal, una parte en que se desarrollen los ejercicios que toquen ese día, y una parte final de relajación y despedida del animal hasta la siguiente sesión.
Artículo escrito por Alba Fernández.

