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M. Runbeck

La felicidad no es una estación de llegada si no un modo de viajar.

¿Quiere ser feliz?

No hace falta que me responda, porque conozco la respuesta. La búsqueda de la felicidad siempre ha sido una condición inherente al ser humano desde tiempos inmemoriales. Es simple: queremos ser felices.

Sin embargo, cuando nos preguntamos qué es la felicidad, la respuesta no es sencilla ya que es un concepto emocional complejo y difícil de acotar, y lo es porque una de sus cualidades esenciales es que es subjetivo;  depende de nuestra manera de pensar y de sentir.

Quizás llevamos tiempo haciéndonos la pregunta equivocada, a lo mejor lo que deberíamos plantearnos es ¿qué podemos hacer nosotros para sentirnos más felices? Si quiere saberlo, por favor, siga leyendo.

Sonja Lyubomirsky, profesora de la Universidad de California en Riverside, licenciada en psicología por la Universidad de Harvard y doctorada en psicología social por la universidad de Stanford, tras años de investigaciones científicas sobre el tema de la felicidad, publica su obra La ciencia de la felicidad: un método probado para conseguir el bienestar. En ella expone los componentes de la realidad humana que predicen la felicidad: los genes, las circunstancias y la actividad deliberada. Así mismo, explica en qué porcentaje lo harán cada uno y es aquí donde radica el quid de la cuestión que nos ocupa.

Los genes van a predecir un 50 % de nuestra felicidad, es decir, cada uno de nosotros va a nacer con un nivel de felicidad, llamado nivel de referencia de felicidad, del cual partimos de nacimiento y al cual vamos a volver tras vivir tanto acontecimientos gloriosos como situaciones de gran adversidad.

¿Por qué volvemos al nivel de referencia? Lo que nos ocurre es un proceso que se ha llamado adaptación hedonista; los acontecimientos tanto positivos como negativos que ocurren en nuestras vidas solo nos afectan durante un tiempo limitado, luego nos acostumbramos y regresamos a nuestro nivel de felicidad de siempre.

El siguiente componente, es el más revelador, ya que solo un 10% de las diferencias entre los niveles de felicidad entre diferentes personas se deben a las circunstancias de la vida. Por tanto, y por sorprendente que parezca, ser guapos o menos agraciados, tener una gran casa o un piso pequeño, ser ricos o pobres, estar enfermos o sanos, ser un gran ejecutivo o un obrero…afecta mínimamente  y por un tiempo limitado a cómo de felices somos.

Este descubrimiento desmonta por si sólo las ideas preconcebidas que tenemos sobre las cosas que creemos que nos harán felices: ser guapos, tener dinero, éxito, un buen trabajo, una buena casa… ¿sorprendente, verdad?

Al llegar al tercer componente llegamos a la clave para alcanzar la felicidad: las actividades que realizamos de forma deliberada en nuestro día a día predicen el 40% de nuestra felicidad. Por tanto, independientemente de nuestra predisposición genética, y de nuestras circunstancias vitales, tenemos en nuestro poder un 40% de oportunidades de aumentar de forma significativa nuestro bienestar mediante lo que pensamos y lo que hacemos.

Pero ¿qué es exactamente lo que tenemos que pensar y hacer?

Lyubomirsky y otros investigadores identificaron los patrones de pensamiento y de comportamiento de las personas que son más felices:

Poner todo esto en práctica puede resultar abrumador… ¿cierto? sin embargo, Lyubomirsky nos recomienda escoger una o dos estrategias que se adapten a nuestra personalidad, objetivos y situación actual para emprender nuestro camino a la felicidad, ya que simplemente estos pequeños cambios en nuestro día a día van a tener un impacto notable en nuestra vida. Aún así, no podemos obviar que introducir estas variaciones va a suponer un esfuerzo pero, si queremos que la felicidad sea permanente, los cambios también deben serlo.

¿Por qué esforzarnos tanto para ser felices?

Se ha constatado que cuando somos felices —por si ser feliz no constituyera una motivación suficiente— se producen múltiples efectos secundarios positivos: aumentan nuestras experiencias de alegría, satisfacción, amor, orgullo y respeto, también mejora nuestro nivel de energía, nuestro sistema inmunitario y nuestra salud tanto física como mental. Al ser más felices, también elevamos la confianza en nosotros mismos, nuestra autoestima, sentimos que somos seres humanos dignos y que, por tanto,  merecemos respeto.

Así mismo, ser más felices no sólo va a tener una influencia positiva en nosotros como individuos sino también en nuestra familia, nuestra comunidad y hasta en la sociedad en la que vivimos.

Finalmente, recomiendo al lect@r que si se le presenta, no desperdicie la oportunidad de leer el libro de Sonja Lyubomirsky: si no consigue hacerle feliz, le dejará justo en la puerta de al lado.

Artículo escrito por Mireia Villalba .

La Arte-terapia o terapia artística es una terapia alternativa que consiste en la creación artística como medio de comunicación. Utiliza materiales de dibujo y pintura, como lápices y ceras de colores, acuarelas, pintura al óleo, tizas, marcadores, y material de escultura: arcilla, escayola… para poder realizar dibujos, collages o esculturas, de forma que se elabore una imagen, siendo conscientes de lo que pasa. Esta imagen no se corrige ni se borra.

A través de métodos integradores, la terapia artística involucra a la mente, el cuerpo y el espíritu de una forma distinta al lenguaje verbal, sorteándose las limitaciones del mismo, en el que tenemos más control.

Al concentrarse en la elaboración de la obra artística, el paciente aumenta la conciencia de sí mismo y de los demás. Esto, a su vez, puede promover el desarrollo personal, incrementando la capacidad de afrontamiento y mejorando la función cognitiva, así como su  bienestar físico, mental y emocional. Se favorece la catarsis, liberándose emociones, transmitiendo vivencias de forma espontánea, ayudando a “darse cuenta”.

Se ha demostrado que hace maravillas en la vida de muchas personas: puede ayudar a alguien a expresarse, a explorar sus emociones, a manejar las adicciones, reducir el estrés y a mejorar su autoestima. En Psicología, sus objetivos son la mejora de habilidades sociales, mejora del concepto de uno mismo, exploración de los sentimientos, conciliación de los conflictos…

Se facilita igualmente la expresión de problemas, que muchas veces no se sabe que se tienen, construyéndose  la solución a dichos problemas de una forma espontánea, real y rápida.

No se utilizan ni música ni danza ni canto, ya que éstas formarían parte de otra terapia, la terapia expresiva, que no queda fija: “se va con el aire”.

Desafortunadamente colorear, dibujar, pintar, realizar figuras con arcilla…es un tema tabú en el mundo del adulto. Todos deberíamos romper con esa presión social, y descubrir lo liberador que es dejar fluir nuestra creatividad.

Utilidades.

La terapia artística puede tener diferentes objetivos para diferentes personas. Puede ser usada para el asesoramiento de otros terapeutas, curación, tratamiento, rehabilitación o psicoterapia, mejorando el estado emocional o el bienestar mental, aliviando el estrés o la tensión

También puede ayudar al afrontamiento de enfermedades, por ejemplo, ante un diagnóstico de cáncer.

La terapia artística es un campo creciente que está siendo ampliamente aceptado.

¿Hay qué tener talento?

No es necesario tener talento o ser un artista para beneficiarse de esta terapia. Cualquier persona se puede beneficiar de la terapia de arte. Lo importante en la arte-terapia es el proceso, no la obra.

No debemos temer expresarnos a través del arte, aunque al principio pueda parecer extraño y  poco natural, al no estar acostumbrados a comunicarnos a través del mismo. El proceso creativo es uno de los aspectos más gratificantes de la terapia de arte. Poco a poco, nos iremos sintiendo cómodos con esta nueva forma de expresión.  El objetivo, desde luego, no es crear una obra maestra.

Duración de la terapia

Dependerá de la persona y del problema: suelen ser terapias breves, con una duración de tres a seis meses.

Terapeutas artísticos

Los terapeutas de arte son profesionales (normalmente psicólogos) entrenados tanto en arte como en terapia. Son conocedores del desarrollo humano, las teorías psicológicas, la práctica clínica, las tradiciones espirituales, multiculturales y artísticas, y el potencial de curación del arte. Lo utilizan en la evaluación y tratamiento del paciente, y también en investigación, y proporcionan asesoramiento a otros profesionales. Los terapeutas de arte trabajan con personas de todas las edades, ya sean individuos, parejas, familias, grupos y comunidades.

Proporcionan servicios de forma individual o como parte de equipos clínicos, en entornos que incluyen:

Los terapeutas de arte están capacitados para captar símbolos y metáforas no verbales que a menudo se expresan a través del arte y el proceso creativo, conceptos que suelen ser difíciles de expresar con palabras.

Veamos algunos ejemplos:

1.- Paciente con depresión. Esculpe un círculo gris (representa la depresión). Algunas sesiones más tarde, esculpe una  figura humana (el paciente) dentro del círculo gris, pero con un pie fuera (el paciente se ve a sí mismo saliendo de la depresión).

2.- Paciente mujer que es abandonada por su pareja. Dibuja un Cristo, amarrado. Ella se siente así, muerta y amarrada. Cuatro meses más tarde, dibuja el aire. Se siente libre.

En definitiva, cambiando la imagen, cambiamos  la conducta. Le damos forma a nuestra enfermedad, a nuestro enfado, a nuestra tristeza, y nos enfrentamos a ella(s), modelándola de manera diferente, en un proceso de abstracción mental.

Referencias

Algunos enlaces y referencias útiles

-http://arteterapia.org.es/que-es-arteterapia/
-https://www.divulgaciondinamica.es/blog/arteterapia/
-https://arteyterapia.es/
https://www.espacioimaginarte.com/arteterapia-valencia.html
https://arttherapy.org/
Arte-terapia: conocimiento interior a través de la expresión artística. (Ënfasis).
Arte-terapia: una introducción. (Octaedro).
Arte-terapia: guía de autodescubrimiento a través del arte y la creatividad. (Recréate).
Arte-terapia y Oncología. Camila S. Paterek (Letra viva).

Formación

Master Universitario en Arte-terapia y Educación Artística para la Inclusión Social. UCM - Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Educación
Máster en Arteterapia. Expedido por ISEP (Instituto Superior de Estudios Psicológicos).

Artículo escrito por Pilar Sosa.

La necesidad de mejorar el sentido de la vida y aliviar el sentimiento de vacío crónico en personas con Trastorno Límite de la Personalidad es una realidad.

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) ha ido ganando importancia como patología mental tanto por la dificultad en su diagnóstico como por la gravedad de los problemas que genera. Es un trastorno de gran relevancia en el espectro psicopatológico. Las personas con TLP manifiestan un sentimiento de vacío en su existencia vital, con crisis emocionales continuas e incapacidad para concretar metas individuales, que les generan una gran frustración en sus vidas.

El TLP es uno de los trastornos mentales que tiene un peso significativo tanto en la morbilidad como la mortalidad en las personas con este diagnóstico, siendo el suicidio una de las problemáticas más graves con respecto a otras manifestaciones disfuncionales. En relación al riesgo de suicidio y la comorbilidad psiquiátrica se ha encontrado que uno de los mayores factores que predicen dicho riesgo es la existencia de un trastorno de personalidad del grupo B, especialmente el TLP.

A este respecto la presencia de sentimientos de vacío de los pacientes con TLP les lleva a desempeñar conductas impulsivas como un canal para aliviar esos sentimientos, de la misma forma que necesitan tener vínculos sentimentales intensos de forma continua para encontrarle un sentido a las relaciones interpersonales (Gagnon y Daelman, 2011). Estas personas se ven habitualmente desbordadas por el sufrimiento y no poseen ningún tipo de esperanza en el futuro (Bobes, Giner y Saiz, 2011).

El significado de la vida en el TLP está asociado con dos características centrales: la alteración de la identidad y la falta de autodirección. De acuerdo con Frankl (2014), el primordial motivo del ser humano es que su vida tenga un sentido. El sentido de la vida se relaciona con la experiencia y la percepción de responsabilidad y de libertad, con la apreciación positiva de la vida, de uno mismo, del futuro y con la autodeterminación; a su vez, todo esto se vincula con la autorrealización y con la satisfacción vital.

Por el contrario, si existe un bajo nivel de sentido de la vida, se vincula con la depresión, la dependencia de sustancias, las conductas autolesivas, la desesperanza y el suicidio.

Así mismo, se plantea la necesidad de un diagnóstico precoz y de una intervención psicoterapéutica que aborde el concepto del “sentido de la vida” para poder disminuir los sentimientos crónicos de vacío. El hecho de crear un proyecto vital, con objetivos elegidos y realistas acerca de lo que quieren conseguir puede ayudarles a otorgar dicho sentido a su existencia o propósitos para la vida.

¿Qué entendemos por el significado de la vida?

Martela y Steger (2016) afirmaron que el significado de la vida se compone de tres componentes:

  1. La coherencia. Este es el componente cognitivo del significado en la vida. Se asocia con las personas que dan sentido al mundo, haciéndolo inteligible y racional.
  2. El propósito. Es el componente motivacional del significado en la vida. Es un propósito central de la vida que se organiza a sí mismo y que estructura y estimula los objetivos, proporciona un sentido de significado y controla los comportamientos.
  3. La importancia. Este es el componente evaluativo del significado en la vida. Es el grado en que los individuos consideran que su existencia tiene valor.

¿Qué objetivos terapéuticos podemos llevar a cabo con estas personas?

  1. Identificar los valores y creencias personales de los pacientes para que puedan ir construyendo lo que desean ser y puedan proyectarlo en sus vidas.
  2. Promover metas y propósitos vitales para mejorar su funcionamiento y control en sus vidas.
  3. Favorecer el aprendizaje de la regulación emocional disminuyendo el uso de conductas impulsivas como canal de alivio.
  4. Desarrollar en los pacientes la conciencia de responsabilidad para adaptarse a las exigencias de la vida adulta.
  5. Promover el progreso de los pacientes para alcanzar de forma personal el sentido de sus vidas.

¿Qué podemos hacer?

Los psicólogos tenemos un papel clave en el apoyo y seguimiento de estas personas: acompañarlos en sus dificultades para así poder influir en la evolución más positiva del trastorno mejorando su bienestar personal y social.

Es importante plantear los siguientes aspectos para el abordaje con estos pacientes, desde un enfoque dinámico y positivo, tratando de atender no solo a los síntomas de la enfermedad:

Bibliografía

Furnham, A., Milner, R., Akhtar, R., & De Fruyt, F. (2014). A review of the measures designed to assess DSM-5 personality disorders. Psychology, 5(14), 1646.Retrieved from: https://file.scirp.org/pdf/PSYCH_2014093011461253.pdf

López-Pérez, B., Ambrona, T., & Gummerum, M. (2017). Interpersonal emotion regulation in asperger's syndrome and borderline personality disorder. The British Journal of Clinical Psychology, 56(1), 103-113. doi:10.1111/bjc.12124. Retrieved from: https://onlinelibrary-wiley-com.bucm.idm.oclc.org/doi/full/10.1111/bjc.12124

Marco, J., Guillén, V., & Botella, C. (2017). The buffer role of meaning in life in hopelessness in women with borderline personality disorders. Psychiatry Research, 247, 120-124. doi:10.1016/j.psychres.2016.11.011. Retrieved from:
https://www-sciencedirect-com.bucm.idm.oclc.org/science/article/pii/S0165178116309489

Artículo escrito por Paula Díez.

En la sociedad actual, un gran número de personas acuden a consulta explicando que no encajan con su pareja, que no son compatibles y que, cada vez, surgen más problemas y diferencias entre ellos. Sienten que sus parejas no desean el mismo grado de intimidad, incluso evitan la cercanía, y tienen una lista interminable de excusas para no llevar a cabo los planes que se proponen juntos. En ocasiones, sienten que se han convertido en su enemigo debido a  las numerosas disputas que mantienen sin un motivo aparente. Estas personas acaban por creer que dependen demasiado de sus parejas y, por tanto, que tienen un problema. Contribuye a aumentar este malestar una sociedad tan individualista como la de hoy en día, en la que se pretende el bienestar y la felicidad propias a toda costa.

Muchos individuos, tras separarse de su compañero sentimental, se han autoconvencido de que su felicidad solo puede depender de ellos mismos y de nadie más. Si por el contrario su pareja influye en su bienestar deben distanciarse emocionalmente de ella. De hecho, se escuchan frases como: “Mis amigas me han dicho que dependo demasiado de él”, “Todos los hombres necesitan más espacio porque se agobian” o “Mi objetivo de la terapia es no depender tanto de mi pareja”. No obstante, varias investigaciones del Dr. Amir Levine demuestran que, cuando te vinculas emocionalmente a una persona, dejáis de ser dos entidades separadas para formar una unidad psicológica. Paralelamente, el Dr. James Coan llegó a la conclusión de que en una pareja íntima ambos miembros regulan el bienestar emocional y psicológico del otro; por tanto, el estado emocional del otro influye en el mío. Ya lo afirmaba Spinoza en el siglo XVII: “Toda felicidad o infelicidad depende únicamente de la calidad del objeto al que nos unen los vínculos amorosos”.

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza; es decir, estamos destinados a vivir en sociedad y necesitamos del contacto de los demás para nuestra propia supervivencia. Hay una serie de necesidades relacionales que no podemos satisfacer por nosotros mismos, por lo que necesitamos establecer vínculos con los demás porque nuestra salud también depende de nuestras relaciones, afirma la psicóloga clínica Arrate Garitaonandía. En esta línea cabe destacar, por tanto, que parece que estamos genéticamente determinados para encontrar una pareja en la que poder confiar, sentir seguridad y con la que poder explorar el mundo, pues como destaca Lucía Pérez, todos los seres humanos compartimos la necesidad y el deseo de ser amados profunda e incondicionalmente.

Tras comprender que el problema no deriva de la persona que desea mayor aproximación, pero tampoco de la persona que demanda más distancia —ya que es lógico que un sujeto necesite su espacio— te preguntarás, entonces, dónde radica la cuestión. La dificultad se encuentra en los distintos tipos de apego de ambos miembros de la pareja.

El apego son los lazos emocionales que establecemos con las personas más significativas de nuestro entorno, aquellos con los que compartimos sentimientos de pertenencia y seguridad, destaca Mariola Bonillo. Además, afirma que el modo en el que estos lazos afectivos se desarrollan va a ser fundamental para nuestro crecimiento y la creación de nuestra personalidad; si estos vínculos afectivos son adecuados, se generará seguridad y pertenencia y, por tanto, el sujeto será una persona más independiente, autosuficiente y con mayores recursos personales para afrontar las dificultades de la vida. En cambio, si desde pequeños se instalan en un apego inseguro con las personas referentes el sujeto, en un futuro, tendrá una mayor dificultad para establecer relaciones con los demás, ya que estará acechado por el miedo al rechazo o al compromiso, dependiendo el tipo de apego
inseguro que se dé.

Los estilos de apego adulto más frecuentes son los siguientes: apego seguro, ansioso, evitativo y una mezcla de los dos anteriores.

Las personas con un estilo ansioso son aquellas que padecen un fuerte miedo al rechazo, ya que ellas son bastante comprometidas e idealizan la vida en pareja. Por tanto, se preocupan en exceso por la disponibilidad y atención del otro y están muy atentas a los cambios de comportamiento de este porque pueden suponer una amenaza para la relación.

Las personas con estilo evitativo valoran demasiado su propia independencia y tienen miedo a establecer vínculos muy estrechos que requieran de gran intimidad porque consideran una debilidad depender de sus parejas. Por tanto, recurren a la distancia emocional mediante comentarios ofensivos hacia sus parejas, poniendo en duda la continuidad de la relación, apareciendo conductas de escape y huida, seducción a terceras personas, etc.

Finalmente, las personas de apego seguro son aquellas que no temen el compromiso ni la intimidad y buscan una relación estrecha con sus parejas, ya que se responsabilizan de su felicidad. Sin embargo, no consideran los aspectos negativos de la pareja como amenazas o peligros para la relación.

Como hemos afirmado anteriormente, el apego se forma en la infancia y determina nuestra personalidad y comportamiento en la adultez. No obstante, en contra de las creencias generalizadas que existen, el Dr. Levine asegura que es posible restaurar el apego, ya que, aunque este determine nuestra conducta y tienda a permanecer estable en el tiempo, posee la característica de la plasticidad.

Volviendo al ejemplo inicial, la mayoría de las veces que una persona acude a consulta preocupada por su relación de pareja, suele ser un sujeto con un perfil ansioso que, frecuentemente, mantiene relaciones con individuos de un estilo contrario, es decir, con un estilo evitativo. Mientras que las personas con un estilo ansioso reaccionan a las amenazas buscando una mayor proximidad, las de estilo evitativo las afrontan mediante el distanciamiento, tanto físico como emocional, así como con comentarios ofensivos y humillantes. Por tanto, como asegura el Dr. Levine, cuanto más se esfuerza el ansioso por acercarse, más se distancia el evasivo.

Esta dinámica es la que crea una gran preocupación en el ansioso que es el que, finalmente, suele acabar cediendo ante los comportamientos del evitativo por miedo a perder a su figura de apego, soportando así cualquier actitud o comentario denigrante. Al parecer, es muy frecuente la combinación de miembros de estos estilos (ansioso-evitativo), ya que ambos reafirman las ideas que tiene el otro sobre sí mismo y sobre las relaciones. Es decir, según explican Pietromonaco y Carnelley, el ansioso(si se junta con un individuo evitativo) confirma la creencia de que desea más proximidad que su pareja y la certeza de que las personas que le importan acabarán abandonándole, mientras que el evitativo (si se junta con el ansioso) creerá que él es un ser independiente y que su pareja pretende quitarle esa independencia.

Por tanto, para poner a salvo nuestra propia felicidad y seguridad en la pareja, es importante conocer cómo funciona la ciencia del apego, así como los estilos de apego que tiene cada miembro, al igual que hacer uso de una buena comunicación asertiva en la que se clarifiquen las expectativas que cada uno tiene de la relación. Esto será la base para mantener un vínculo con respeto, admiración y confianza como valores principales.

Bibliografía

Garitaonandia. A., (11 de septiembre de 2016). Arrate Psicoterapia. URL: http://arratepsicoterapia.com/necesidades-relacionales-dependencia-o-autonomia

Pardo. E. Apegos Posibles. URL: https://apegosposibles.com/aprende/apego-ansioso-ambivalente-adultos

Bonillo, M., (19 de septiembre de 2018). Área Humana. URL: https://www.areahumana.es/apego/

Pérez. L., (12 de junio de 2020). Cuéntaselo a Lucía. URL: https://cuentaseloalucia.com/blogs/gestion-emocional

Levine. A, Heller. R., (2010), The New Science of Adult Attachment and How It Can Help You Find-and-Keep-Love, New York, USA, Penguin.

Artículo escrito por Beatriz Arnedo.

Existe una alta relación entre los trabajadores del ámbito sanitario y la presencia de ideación suicida.

Desde Psicólogos Princesa 81 estamos comprometidos con la prevención del suicidio, así como con la atención a la salud mental de los trabajadores sanitarios.

Es por ello que se ha considerado útil la realización de una guía como herramienta de ayuda dirigida tanto a estos profesionales sanitarios como a sus familiares y allegados, con el fin de desmontar algunos de los mitos más extendidos, conocer los factores de riesgo y protección, así como incluir algunas señales de alerta, medidas preventivas y ofrecer recursos de ayuda.

https://psicologosprincesa81.com/wp-content/uploads/2021/08/GUIA-PREV.-SANITARIOS.pdf

DESCARGAR LA GUÍA

Guía elaborada por Rebeca Alcocer Velarde.

Desde siempre, tener hijos ha sido un proceso natural, pero con el avance de la sociedad y la tecnología, ha habido cambios en todo lo que concierne a la concepción, el embarazo y el parto. Por ejemplo, existe la posibilidad de ver el bebé durante la gestación a través de una ecografía desde el principio del embarazo. Esto permite saber precozmente si hay algún problema pero, sobre todo, facilita el apego de los padres con el hijo que esperan. De esta forma, los padres empiezan a sentir por este hijo y a considerarlo uno más de la familia desde el principio. Por lo tanto, cuando se produce un aborto, para los demás puede ser algo con poca importancia, ya que tiende a ser una pérdida socialmente invisible, pero para los padres significa la pérdida de un hijo al que ni siquiera han podido llegar a conocer.

Aquí es cuando aparece el duelo perinatal, que es aquel que surge de la pérdida del bebé durante el embarazo, el parto o los primeros días de vida. Son muy diversas las causas que pueden llevar a una pérdida de este tipo, aunque la mayoría de las veces no se llega a determinar exactamente (Sánchez-Pichardo, 2007).

El duelo es el proceso psicológico que se pone en marcha debido a la pérdida de una persona querida (Bowlby, 1973), pero hay ciertos aspectos del duelo perinatal que lo diferencia del duelo convencional. Por un lado, no sucede lo esperado: se junta la vida y la muerte a la vez. Esta última aparece inesperadamente, sin dar la posibilidad a los padres de prepararse para afrontar esta nueva situación. Unos sentimientos de vacío pueden surgir al esperar obtener algo y acabar no teniendo nada. Parece quedarse una especie de vacío en la familia, que es aquel que iba a ocupar el bebé (Ayala et al., 2017).

En las mentes de sus madres y padres este hijo ya existía, de alguna manera ya se sentían con el rol de padres, aunque no les haya dado tiempo de ejercer su función. Por este motivo, es recomendable que los padres se queden con este lugar simbólico que ocupa el hijo perdido en la familia, ya que ya habían formado este espacio para él desde el primer momento en que supieron de su existencia. Es normal que sientan tristeza al saber que su hijo se ha ido sin darles tiempo a conocerle y crear recuerdos compartidos (Ayala et al., 2017). Aún así, hay una forma de recordarle, que es recopilar todo tipo de objetos que tengan algo que ver con él, como por ejemplo, una ecografía o algo que ya se había comprado para él y guardarlo en una caja de los recuerdos.

Con otros duelos, el afecto depositado en la persona perdida se vuelve a investir sobre otra figura, pudiendo ser una foto, un regalo, un lugar donde solían ir o cualquier tipo de recuerdo apreciado, pero con este tipo de pérdida se hace más difícil encontrar dónde reubicar este afecto que ya habían empezado a elaborar desde el momento en que supieron que existía este hijo (Pía López, 2010). Ante la ausencia de un referente real de la pérdida, se recomienda que los padres tengan la posibilidad de nombrar a ese bebé, visualizarlo y realizar rituales de enterramiento.

Por último, no existe un reconocimiento social y esto lo hace más difícil a la hora de recibir apoyo por parte de las personas de su entorno. En general, es verdad que la gente no sabe reaccionar delante de alguien que ha sufrido una pérdida de este tipo y, por lo tanto, se tiende a no hablar de ello. No hay un significante universal para esta pérdida, ni tampoco un ritual específico que seguir para expresar el duelo. A consecuencia de esto, muchas personas lo sufren en silencio, como si fuera un secreto, y esto les hace más difícil afrontar la situación (Ayala et al., 2017).

En resumen, la realidad del duelo perinatal es que desencadena un sufrimiento psicológico, al igual que con el duelo por otras personas con las cuales existe un vínculo emocional, que puede complicarse por las siguientes razones. Principalmente, porqué el hecho de quedarse sin un hijo ya es una experiencia difícil de sobrellevar de por sí, pero también por no poder encontrar un reconocimiento y apoyo social, en el cual se valide y se acompañe el sufrimiento de los padres. Por lo tanto, es muy importante visibilizar y normalizar el duelo perinatal y situarlo a nivel de todos los otros tipos de duelo.

Referencias

Ayala, C., Boullón, A., Burillo, M., García, M. J. y Morer, B. (2017). El duelo perinatal por muerte gestacional tardía, Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente. Recuperado de https://www.sepypna.com/documentos/PSIQUIATRIA-63-1.pdf#page=85
Bowlby J (1973). Separation: Anxiety & Anger. Attachment and Loss (v. 2); (International psycho-analytical library Nº 95). Londres: Hogarth Press. ISBN 0-7126-6621-4. OCLC 8353942.

Pía López, A. (2010). Duelo perinatal: Un secreto dentro de un misterio. Recuperado de http://scielo.isciii.es/pdf/neuropsiq/v31n1/05.pdf

Sánchez-Pichardo, M. A. (2007). Guía de intervención psicológica para mujeres embarazadas con pérdidas perinatales. Recuperado de http://www.inper.mx/descargas/pdf/IP73-05-Guia.pdf

Artículo escrito por María Coloma.

“Una de las cosas básicas que tardé mucho tiempo en advertir, y que aún estoy aprendiendo, es que cuando sentimos que una determinada acción es valiosa efectivamente vale la pena”. Esta frase, dicha por el gran psicólogo C. Rogers, muestra muy bien lo que presento transmitir en este artículo. He podido observar, con la poca experiencia que tengo, que vivir en el mundo en el que estamos actualmente, trae consigo sueños, motivaciones, cambios y trampas. ¿Por qué trampas? Bueno, pues porque muchas veces sin darnos cuenta, caemos dentro de una espiral de contrariedades que nos alejan de los valores que tenemos como psicólogos.

Trabajar en una empresa, pagar el alquiler, la comida, el agua y el gas, el seguro del coche, continuar formándonos, son demasiadas cosas a las que un sueldo tiene que atender: nosotros somos psicólogos. Pero no por eso debemos sobrecargarnos por llenar el bolsillo, porque también somos personas. No pretendo decir, ni mucho menos, que trabajemos gratuitamente, o que hagamos menos por tener una estabilidad económica. Pretendo traer hoy una reflexión sobre lo que la psicología es para mí y cómo creo que la sienten los pacientes.

La psicología comenzó siendo una observación. Observo, atiendo y escucho, pero también reflexiono, también paro, espero, saco mi ojo clínico y lo pongo en duda. Hago todo eso y muestro un encuentro verdadero con el paciente, un encuentro real con la persona que tengo delante, intento que nuestra relación sea la más sincera que hay, para que pueda ser extrapolada a otras relaciones. Y saco tiempo, tiempo para él, para nosotros y para mí mismo como profesional. Para atenderme a mí en terapia, a lo que siento, a cómo me ha salido, a qué podría haber dicho, etc.

¿Y cómo se siente él? Se puede sentir escuchado, o incómodo por los silencios, alegre, feliz, motivado o reticente al cambio. Pero, sobre todo, tiene que sentir que estamos ahí con él. Porque entonces valdrá la pena. Porque nosotros, antes de tener cinco, seis o diez pacientes, si tuviéramos menos, y pudiéramos dar lo mejor de nosotros mismos, con todo ese sentimiento, con toda esa observación y atención dicha antes, es cuando se podría ver que los pasos más pequeños engrandecen nuestra vocación.

Y es que, en realidad, cuando más atendemos a eso, más nos acercamos a la psicología que soñábamos. Y aquí es donde quiero dejar mi grano de arena. Quiero que os llegue un sentimiento que alimente vuestras ganas de estar con el paciente, de ser con él para que él sea consigo, y para que el cambio y crecimiento sea mutuo. Porque es la verdad amigos, nosotros también crecemos con ellos.

El bandido. Robert Walser.

A quienes conservan su sano juicio les hago el siguiente llamamiento: no leáis siempre y de manera exclusiva libros sanos: acercaros un poquito a la llamada literatura enferma, de la que tal vez podáis sacar un consuelo vital.

Artículo escrito por Christa M. Bewernick.

Los juegos de azar son una actividad muy popular entre los adolescentes. Se ha observado un incremento notable del número de jóvenes que sufren o están al borde de la ludopatía.

Este hecho es, probablemente, consecuencia de la creciente aceptación social de este tipo de juegos, la abundante publicidad que lo promociona, la asociación con personajes famosos y la aprobación por parte de las instituciones. Se puede afirmar que la generación actual ha sido la primera que ha crecido en una sociedad en la que los juegos de azar están ampliamente aceptados y son fácilmente reconocidos como un entretenimiento.

En el caso de los juegos de apuestas deportivas, el uso de habilidades y conocimientos puede dar una ventaja sobre otros jugadores. Estos juegos tiene una dimensión económica que se refiere a correr el riesgo (eso significa apostar) de ganar o perder en función del resultado. El éxito o fracaso posible supone un potente valor motivacional además del apoyo social resultante del éxito.

Motivos para jugar

Los jóvenes y adolescentes comienzan a jugar movidos por una serie de razones que van desde las ganancias posibles al placer, el contexto social así como un medio para escapar del control parental y mantener una relación de igualdad con otros adolescentes.

Ganar dinero no es la principal motivación que señalan los adolescentes. La primera motivación tiene que ver con la excitación y el placer que lleva consigo además de reducir el aburrimiento y la soledad, así como escapar del estrés provocado por tensiones académicas o familiares. El juego es una potente forma de socialización o, incluso, de competición con amigos y compañeros.

Juegos de azar online

"Los adolescentes perciben los juegos de azar online como una actividad de riesgo igual que aceptar solicitudes de amistad online o acceder a contenidos sexuales para adultos".

Posibles signos de alarma

La instauración de una adicción comportamental suele ser un proceso gradual, con lo que se recomienda a los padres estar vigilantes ante los signos de alarma que evidencian una posible adicción. Estos deben presentarse de manera recurrente y sostenida en el tiempo (Matalí y Alda, 2008):

Si detectas algunas de estas señales de alarma en tu hijo, o crees que puede haberse iniciado en el mundo del juego:

  1. Habla con él. Establece un espacio seguro y de confianza donde él se pueda sentir tranquilo para hablar de lo que está pasando.
  2. Préstale tu apoyo, compañía y cariño.
  3. Busca ayuda profesional.

"No existe estigma entre el grupo de iguales"

Este es un problema creciente por lo que necesita más atención y medidas por parte de las instituciones. El juego es muy accesible a los adolescentes y jóvenes además no existe estigma entre el grupo de iguales.

Al estar normalizado cuesta mucho darse cuenta de la adicción, tanto el propio adolescente como su entorno, por eso resultan tan importantes los signos de alarma comentados anteriormente.

Bibliografía

García Ruiz, P., Buil, P., & Solé Moratilla, M. (2016). Consumos de riesgo: menores y juegos de azar online. El problema del “juego responsable”. Política Y Sociedad, 53(2), 551-575. https://doi.org/10.5209/rev_POSO.2016.v53.n2.47921

Echeburúa, Enrique; de Corral, Paz. Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto. Adicciones, vol. 22, núm. 2, 2010, pp. 91-95. Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías Palma de Mallorca, España

Artículo escrito por Andrea López.

Debemos considerar que las dificultades que plantea el diagnóstico y tratamiento en salud mental de las personas sordas son muchas más de las que podemos encontrar en cualquiera otra área de la salud debido, principalmente, a los elementos comunicativos implicados. Este factor ha hecho que los propios profesionales de este campo, especialmente los psicólogos, se hayan acercado al mundo de la discapacidad auditiva.

Al igual que todo el mundo, aquellas personas con problemas auditivos merecen poder acudir a psicólogo.

Debemos considerar que las dificultades de comunicación que se plantean en las personas con déficits auditivos son mucho mayores que las que nos podemos encontrar en cualquier otro grupo de personas. No hay que olvidar que las mayores dificultades a las que se enfrentan las personas sordas se presentan a la hora de relacionarse con otras personas en la medida en que no se comparte el mismo código lingüístico. Esto constituye un problema muy importante en la sociedad actual que está basada en la comunicación la cual, además, se recibe mayoritariamente a través de medios auditivos.

En consecuencia, la reducción de las posibilidades de comunicación lleva consigo una pérdida importante de información, necesaria en la vida cotidiana. Los efectos negativos de las barreras de comunicación se manifiestan en todos los ámbitos de la vida y a lo largo de todo el ciclo vital.

Se manifiesta en:

La relación con familiares, amigos, vecinos:

Al relacionarse con oyentes, las personas con déficit auditivos pierden muchísima información comunicacional, esto le lleva a experimentar un alto grado de frustración.

En el colegio, universidad etc.:

Los problemas de comunicación repercuten en el aprendizaje de los contenidos curriculares, en función de los déficits en la comprensión del lenguaje oral.

Suscitan problemas de lecto-escritura, que requiere el dominio del idioma.

En el trabajo:

En reuniones, grupos de trabajo, etc. las barreras de comunicación tienen como consecuencia que las personas con deficiencias auditivas pierdan una cantidad importante de la información tratada.

En el medio social:

En cines, espectáculos, medios de transporte, etc.: buena parte de la información ofrecida en estos medios se difunden por canales auditivos.

Auge de las nuevas tecnologías

La llegada y auge de las nuevas tecnologías han solventado mucho de los problemas de comunicación con las que anteriormente se encontraba este sector de la población.[

Existen varias tecnologías para que las personas sordas puedan comunicarse:

Showleap

Es un proyecto español de software que traduce la lengua de signos a voz. El usuario signante utiliza unos brazaletes que reconocen el movimiento de sus manos y dedos, y lo convierte en audio mediante un sintetizador de voz, y lenguaje escrito en una pantalla.

MotionSavvy

La persona signante utiliza una tablet con el software MotionSavvy, que es capaz de reconocer los signos que realiza con sus manos y convertirlos a voz.

SignARTE

Esta APP gratuita, financiada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y desarrollada por la Fundación CNSE ofrece información sobre espacios culturales accesibles para personas sordas y con discapacidad auditiva en España: cines, teatros, bibliotecas, museos, sitios arqueológicos, paisajes naturales, etc. Realiza una geolocalización del usuario para ofrecerle las alternativas de ocio inclusivo que tiene en cien kilómetros de radio desde el punto en el que se encuentra.

Visualfy

Visualfy Home es la tecnología que detecta los sonidos y eventos sonoros del hogar, y avisa de ellos en los dispositivos (smartphone, tablet, smart TV) de la persona con pérdida auditiva. En tiempo real, para que no se pierda nada de lo que ocurre en su hogar: el timbre de la puerta, el llanto del bebé, la alarma de incendios.

Utilidad de la nueva tecnología:

Cuando una persona sorda atraviesa un periodo de dificultad, y no encuentra en los demás el apoyo y el sustento que necesita debería poder acudir sin ningún tipo de inconveniente a psicólogos, con la capacidad de comprenderlas realmente y de ofrecerles alternativas.

Es importante no dar por hecho que las personas con deficiencias auditivas tienen que resignarse a no poder ir a terapia.

De cara al futuro, resultará imprescindible que más profesionales de la Psicología se impliquen en la atención a este colectivo y que, paso a paso, más personas sordas se formen como profesionales de atención directa.

Las nuevas tecnologías poco a poco deberían de de ir introduciéndose en todas las esferas y gracias a ellas poder prestar atención a todo lo que las personas con problemas auditivos nos quieren comunicar.

El Psicólogo ha de poder, y saber atender, a todo tipo de poblaciones incluyendo aquellas con sus propias particularidades. Gracias a las nuevas tecnologías que están a nuestro alcance podremos interactuar efectivamente con esta población tan especial.

Artículo escrito por Almudena Segovia.

La situación de pandemia a la que nos enfrentamos a nivel mundial, desde que se detectó el primer caso de COVID-19 en el mes de Diciembre de 2019, ha significado un antes y un después en el proceso de socialización humana. El distanciamiento físico o, como se denomina comúnmente, distanciamiento social ha pasado a formar parte de nuestras vidas,  y aunque es uno de los puntos clave a la hora de frenar la propagación del virus, son muchas las consecuencias a nivel psicológico que puede presentar esta nueva necesidad de modificar nuestro patrón de comportamiento social.

El hecho de confinarnos en nuestros hogares durante meses y el deber de reducir el contacto físico en su mínima expresión ha generado en la población diferentes reacciones que oscilan entre la sensación de miedo, el negacionismo y la invulnerabilidad. Este espectro de respuestas ante la nueva normalidad puede variar según la personalidad del individuo, la percepción que tiene del riesgo y las circunstancias en las que ha vivido la pandemia, influyendo aspectos como el sufrimiento de pérdidas cercanas, el hecho de haber enfermado, de pertenecer a grupos vulnerables o de trabajar en los considerados servicios esenciales entre otros.

¿Cuáles son las reacciones emocionales ante las restricciones sociales provocadas por el COVID-19?

Según Rafael Penadés, psicólogo del Hospital Clinic, el hecho de que muchos sujetos no respeten las restricciones sociales a pesar de conocerlas se debe principalmente tanto a la negación, que actúa como mecanismo de defensa ante la incertidumbre que genera la situación, como a la voluntad de algunos sujetos para diferenciarse del grupo o el deseo de pertenecer al grupo, viéndose influidos por la presión social si sus más cercanos no respetan las medidas.

Por el contrario, el COVID-19 ha ocasionado que gran parte de la población sea más cautelosa a la hora de relacionarse y de establecer vínculos debido al sentimiento de miedo presente ante el riesgo de contagio. El miedo es una emoción básica que posee una función de supervivencia; gracias a él somos conscientes de que existe un peligro y tomamos las medidas oportunas para ponernos a salvo. Es por ello por lo que en este contexto el miedo se convierte en necesario, pues nos ayuda a protegernos y a proteger a los demás. La otra cara de la moneda es que esta emoción puede convertirse en disfuncional cuando las consecuencias de experimentarla son peores que las de no hacerlo, es decir, cuando presenta como resultado el aislamiento social que puede reforzar los síntomas de estrés, ansiedad y depresión derivados de la situación de pandemia.

¿Cuáles son las consecuencias del distanciamiento social?

En todo caso, los seres humanos somos seres sociales y por ello necesitamos a otras personas. Nuestros antepasados consiguieron evolucionar reuniéndose en grupos, y desde que nacemos nos encontramos en constante interacción con otros  para sobrevivir, pudiendo decirse que el apoyo social es nuestra mayor fuente de protección.

A pesar de no conocer las consecuencias a largo plazo de las restricciones que impone la nueva normalidad, durante la pandemia se visualizan consecuencias psicológicas derivadas del distanciamiento social tales como:

Teniendo en cuenta la necesidad de vincularnos unida al deber de mantener el distanciamiento físico para evitar la propagación del COVID-19, ¿Qué debemos considerar ante la nueva socialización?

En conclusión...

La situación de pandemia mundial ante el COVID-19 y los esfuerzos por contenerla es una de las mayores preocupaciones a nivel mundial en los últimos meses. En esta labor el distanciamiento físico continúa ocupando un papel fundamental a la hora de evitar la propagación del virus. A pesar de las dificultades que esto supone debido a nuestra naturaleza de carácter social, nuestras actuaciones deben basarse y fundamentarse en nuestros valores personales y, mediante ellos, abogar por las conductas que favorecen tanto la propia salud como a la salud colectiva.[/zozo_vc_section_title]

Artículo escrito por María Barca Mojarro.

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