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En la sociedad actual, un gran número de personas acuden a consulta explicando que no encajan con su pareja, que no son compatibles y que, cada vez, surgen más problemas y diferencias entre ellos. Sienten que sus parejas no desean el mismo grado de intimidad, incluso evitan la cercanía, y tienen una lista interminable de excusas para no llevar a cabo los planes que se proponen juntos. En ocasiones, sienten que se han convertido en su enemigo debido a  las numerosas disputas que mantienen sin un motivo aparente. Estas personas acaban por creer que dependen demasiado de sus parejas y, por tanto, que tienen un problema. Contribuye a aumentar este malestar una sociedad tan individualista como la de hoy en día, en la que se pretende el bienestar y la felicidad propias a toda costa.

Muchos individuos, tras separarse de su compañero sentimental, se han autoconvencido de que su felicidad solo puede depender de ellos mismos y de nadie más. Si por el contrario su pareja influye en su bienestar deben distanciarse emocionalmente de ella. De hecho, se escuchan frases como: “Mis amigas me han dicho que dependo demasiado de él”, “Todos los hombres necesitan más espacio porque se agobian” o “Mi objetivo de la terapia es no depender tanto de mi pareja”. No obstante, varias investigaciones del Dr. Amir Levine demuestran que, cuando te vinculas emocionalmente a una persona, dejáis de ser dos entidades separadas para formar una unidad psicológica. Paralelamente, el Dr. James Coan llegó a la conclusión de que en una pareja íntima ambos miembros regulan el bienestar emocional y psicológico del otro; por tanto, el estado emocional del otro influye en el mío. Ya lo afirmaba Spinoza en el siglo XVII: “Toda felicidad o infelicidad depende únicamente de la calidad del objeto al que nos unen los vínculos amorosos”.

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza; es decir, estamos destinados a vivir en sociedad y necesitamos del contacto de los demás para nuestra propia supervivencia. Hay una serie de necesidades relacionales que no podemos satisfacer por nosotros mismos, por lo que necesitamos establecer vínculos con los demás porque nuestra salud también depende de nuestras relaciones, afirma la psicóloga clínica Arrate Garitaonandía. En esta línea cabe destacar, por tanto, que parece que estamos genéticamente determinados para encontrar una pareja en la que poder confiar, sentir seguridad y con la que poder explorar el mundo, pues como destaca Lucía Pérez, todos los seres humanos compartimos la necesidad y el deseo de ser amados profunda e incondicionalmente.

Tras comprender que el problema no deriva de la persona que desea mayor aproximación, pero tampoco de la persona que demanda más distancia —ya que es lógico que un sujeto necesite su espacio— te preguntarás, entonces, dónde radica la cuestión. La dificultad se encuentra en los distintos tipos de apego de ambos miembros de la pareja.

El apego son los lazos emocionales que establecemos con las personas más significativas de nuestro entorno, aquellos con los que compartimos sentimientos de pertenencia y seguridad, destaca Mariola Bonillo. Además, afirma que el modo en el que estos lazos afectivos se desarrollan va a ser fundamental para nuestro crecimiento y la creación de nuestra personalidad; si estos vínculos afectivos son adecuados, se generará seguridad y pertenencia y, por tanto, el sujeto será una persona más independiente, autosuficiente y con mayores recursos personales para afrontar las dificultades de la vida. En cambio, si desde pequeños se instalan en un apego inseguro con las personas referentes el sujeto, en un futuro, tendrá una mayor dificultad para establecer relaciones con los demás, ya que estará acechado por el miedo al rechazo o al compromiso, dependiendo el tipo de apego
inseguro que se dé.

Los estilos de apego adulto más frecuentes son los siguientes: apego seguro, ansioso, evitativo y una mezcla de los dos anteriores.

Las personas con un estilo ansioso son aquellas que padecen un fuerte miedo al rechazo, ya que ellas son bastante comprometidas e idealizan la vida en pareja. Por tanto, se preocupan en exceso por la disponibilidad y atención del otro y están muy atentas a los cambios de comportamiento de este porque pueden suponer una amenaza para la relación.

Las personas con estilo evitativo valoran demasiado su propia independencia y tienen miedo a establecer vínculos muy estrechos que requieran de gran intimidad porque consideran una debilidad depender de sus parejas. Por tanto, recurren a la distancia emocional mediante comentarios ofensivos hacia sus parejas, poniendo en duda la continuidad de la relación, apareciendo conductas de escape y huida, seducción a terceras personas, etc.

Finalmente, las personas de apego seguro son aquellas que no temen el compromiso ni la intimidad y buscan una relación estrecha con sus parejas, ya que se responsabilizan de su felicidad. Sin embargo, no consideran los aspectos negativos de la pareja como amenazas o peligros para la relación.

Como hemos afirmado anteriormente, el apego se forma en la infancia y determina nuestra personalidad y comportamiento en la adultez. No obstante, en contra de las creencias generalizadas que existen, el Dr. Levine asegura que es posible restaurar el apego, ya que, aunque este determine nuestra conducta y tienda a permanecer estable en el tiempo, posee la característica de la plasticidad.

Volviendo al ejemplo inicial, la mayoría de las veces que una persona acude a consulta preocupada por su relación de pareja, suele ser un sujeto con un perfil ansioso que, frecuentemente, mantiene relaciones con individuos de un estilo contrario, es decir, con un estilo evitativo. Mientras que las personas con un estilo ansioso reaccionan a las amenazas buscando una mayor proximidad, las de estilo evitativo las afrontan mediante el distanciamiento, tanto físico como emocional, así como con comentarios ofensivos y humillantes. Por tanto, como asegura el Dr. Levine, cuanto más se esfuerza el ansioso por acercarse, más se distancia el evasivo.

Esta dinámica es la que crea una gran preocupación en el ansioso que es el que, finalmente, suele acabar cediendo ante los comportamientos del evitativo por miedo a perder a su figura de apego, soportando así cualquier actitud o comentario denigrante. Al parecer, es muy frecuente la combinación de miembros de estos estilos (ansioso-evitativo), ya que ambos reafirman las ideas que tiene el otro sobre sí mismo y sobre las relaciones. Es decir, según explican Pietromonaco y Carnelley, el ansioso(si se junta con un individuo evitativo) confirma la creencia de que desea más proximidad que su pareja y la certeza de que las personas que le importan acabarán abandonándole, mientras que el evitativo (si se junta con el ansioso) creerá que él es un ser independiente y que su pareja pretende quitarle esa independencia.

Por tanto, para poner a salvo nuestra propia felicidad y seguridad en la pareja, es importante conocer cómo funciona la ciencia del apego, así como los estilos de apego que tiene cada miembro, al igual que hacer uso de una buena comunicación asertiva en la que se clarifiquen las expectativas que cada uno tiene de la relación. Esto será la base para mantener un vínculo con respeto, admiración y confianza como valores principales.

Bibliografía

Garitaonandia. A., (11 de septiembre de 2016). Arrate Psicoterapia. URL: http://arratepsicoterapia.com/necesidades-relacionales-dependencia-o-autonomia

Pardo. E. Apegos Posibles. URL: https://apegosposibles.com/aprende/apego-ansioso-ambivalente-adultos

Bonillo, M., (19 de septiembre de 2018). Área Humana. URL: https://www.areahumana.es/apego/

Pérez. L., (12 de junio de 2020). Cuéntaselo a Lucía. URL: https://cuentaseloalucia.com/blogs/gestion-emocional

Levine. A, Heller. R., (2010), The New Science of Adult Attachment and How It Can Help You Find-and-Keep-Love, New York, USA, Penguin.

Artículo escrito por Beatriz Arnedo.

Existe una alta relación entre los trabajadores del ámbito sanitario y la presencia de ideación suicida.

Desde Psicólogos Princesa 81 estamos comprometidos con la prevención del suicidio, así como con la atención a la salud mental de los trabajadores sanitarios.

Es por ello que se ha considerado útil la realización de una guía como herramienta de ayuda dirigida tanto a estos profesionales sanitarios como a sus familiares y allegados, con el fin de desmontar algunos de los mitos más extendidos, conocer los factores de riesgo y protección, así como incluir algunas señales de alerta, medidas preventivas y ofrecer recursos de ayuda.

https://psicologosprincesa81.com/wp-content/uploads/2021/08/GUIA-PREV.-SANITARIOS.pdf

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Guía elaborada por Rebeca Alcocer Velarde.

Desde siempre, tener hijos ha sido un proceso natural, pero con el avance de la sociedad y la tecnología, ha habido cambios en todo lo que concierne a la concepción, el embarazo y el parto. Por ejemplo, existe la posibilidad de ver el bebé durante la gestación a través de una ecografía desde el principio del embarazo. Esto permite saber precozmente si hay algún problema pero, sobre todo, facilita el apego de los padres con el hijo que esperan. De esta forma, los padres empiezan a sentir por este hijo y a considerarlo uno más de la familia desde el principio. Por lo tanto, cuando se produce un aborto, para los demás puede ser algo con poca importancia, ya que tiende a ser una pérdida socialmente invisible, pero para los padres significa la pérdida de un hijo al que ni siquiera han podido llegar a conocer.

Aquí es cuando aparece el duelo perinatal, que es aquel que surge de la pérdida del bebé durante el embarazo, el parto o los primeros días de vida. Son muy diversas las causas que pueden llevar a una pérdida de este tipo, aunque la mayoría de las veces no se llega a determinar exactamente (Sánchez-Pichardo, 2007).

El duelo es el proceso psicológico que se pone en marcha debido a la pérdida de una persona querida (Bowlby, 1973), pero hay ciertos aspectos del duelo perinatal que lo diferencia del duelo convencional. Por un lado, no sucede lo esperado: se junta la vida y la muerte a la vez. Esta última aparece inesperadamente, sin dar la posibilidad a los padres de prepararse para afrontar esta nueva situación. Unos sentimientos de vacío pueden surgir al esperar obtener algo y acabar no teniendo nada. Parece quedarse una especie de vacío en la familia, que es aquel que iba a ocupar el bebé (Ayala et al., 2017).

En las mentes de sus madres y padres este hijo ya existía, de alguna manera ya se sentían con el rol de padres, aunque no les haya dado tiempo de ejercer su función. Por este motivo, es recomendable que los padres se queden con este lugar simbólico que ocupa el hijo perdido en la familia, ya que ya habían formado este espacio para él desde el primer momento en que supieron de su existencia. Es normal que sientan tristeza al saber que su hijo se ha ido sin darles tiempo a conocerle y crear recuerdos compartidos (Ayala et al., 2017). Aún así, hay una forma de recordarle, que es recopilar todo tipo de objetos que tengan algo que ver con él, como por ejemplo, una ecografía o algo que ya se había comprado para él y guardarlo en una caja de los recuerdos.

Con otros duelos, el afecto depositado en la persona perdida se vuelve a investir sobre otra figura, pudiendo ser una foto, un regalo, un lugar donde solían ir o cualquier tipo de recuerdo apreciado, pero con este tipo de pérdida se hace más difícil encontrar dónde reubicar este afecto que ya habían empezado a elaborar desde el momento en que supieron que existía este hijo (Pía López, 2010). Ante la ausencia de un referente real de la pérdida, se recomienda que los padres tengan la posibilidad de nombrar a ese bebé, visualizarlo y realizar rituales de enterramiento.

Por último, no existe un reconocimiento social y esto lo hace más difícil a la hora de recibir apoyo por parte de las personas de su entorno. En general, es verdad que la gente no sabe reaccionar delante de alguien que ha sufrido una pérdida de este tipo y, por lo tanto, se tiende a no hablar de ello. No hay un significante universal para esta pérdida, ni tampoco un ritual específico que seguir para expresar el duelo. A consecuencia de esto, muchas personas lo sufren en silencio, como si fuera un secreto, y esto les hace más difícil afrontar la situación (Ayala et al., 2017).

En resumen, la realidad del duelo perinatal es que desencadena un sufrimiento psicológico, al igual que con el duelo por otras personas con las cuales existe un vínculo emocional, que puede complicarse por las siguientes razones. Principalmente, porqué el hecho de quedarse sin un hijo ya es una experiencia difícil de sobrellevar de por sí, pero también por no poder encontrar un reconocimiento y apoyo social, en el cual se valide y se acompañe el sufrimiento de los padres. Por lo tanto, es muy importante visibilizar y normalizar el duelo perinatal y situarlo a nivel de todos los otros tipos de duelo.

Referencias

Ayala, C., Boullón, A., Burillo, M., García, M. J. y Morer, B. (2017). El duelo perinatal por muerte gestacional tardía, Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente. Recuperado de https://www.sepypna.com/documentos/PSIQUIATRIA-63-1.pdf#page=85
Bowlby J (1973). Separation: Anxiety & Anger. Attachment and Loss (v. 2); (International psycho-analytical library Nº 95). Londres: Hogarth Press. ISBN 0-7126-6621-4. OCLC 8353942.

Pía López, A. (2010). Duelo perinatal: Un secreto dentro de un misterio. Recuperado de http://scielo.isciii.es/pdf/neuropsiq/v31n1/05.pdf

Sánchez-Pichardo, M. A. (2007). Guía de intervención psicológica para mujeres embarazadas con pérdidas perinatales. Recuperado de http://www.inper.mx/descargas/pdf/IP73-05-Guia.pdf

Artículo escrito por María Coloma.

“Una de las cosas básicas que tardé mucho tiempo en advertir, y que aún estoy aprendiendo, es que cuando sentimos que una determinada acción es valiosa efectivamente vale la pena”. Esta frase, dicha por el gran psicólogo C. Rogers, muestra muy bien lo que presento transmitir en este artículo. He podido observar, con la poca experiencia que tengo, que vivir en el mundo en el que estamos actualmente, trae consigo sueños, motivaciones, cambios y trampas. ¿Por qué trampas? Bueno, pues porque muchas veces sin darnos cuenta, caemos dentro de una espiral de contrariedades que nos alejan de los valores que tenemos como psicólogos.

Trabajar en una empresa, pagar el alquiler, la comida, el agua y el gas, el seguro del coche, continuar formándonos, son demasiadas cosas a las que un sueldo tiene que atender: nosotros somos psicólogos. Pero no por eso debemos sobrecargarnos por llenar el bolsillo, porque también somos personas. No pretendo decir, ni mucho menos, que trabajemos gratuitamente, o que hagamos menos por tener una estabilidad económica. Pretendo traer hoy una reflexión sobre lo que la psicología es para mí y cómo creo que la sienten los pacientes.

La psicología comenzó siendo una observación. Observo, atiendo y escucho, pero también reflexiono, también paro, espero, saco mi ojo clínico y lo pongo en duda. Hago todo eso y muestro un encuentro verdadero con el paciente, un encuentro real con la persona que tengo delante, intento que nuestra relación sea la más sincera que hay, para que pueda ser extrapolada a otras relaciones. Y saco tiempo, tiempo para él, para nosotros y para mí mismo como profesional. Para atenderme a mí en terapia, a lo que siento, a cómo me ha salido, a qué podría haber dicho, etc.

¿Y cómo se siente él? Se puede sentir escuchado, o incómodo por los silencios, alegre, feliz, motivado o reticente al cambio. Pero, sobre todo, tiene que sentir que estamos ahí con él. Porque entonces valdrá la pena. Porque nosotros, antes de tener cinco, seis o diez pacientes, si tuviéramos menos, y pudiéramos dar lo mejor de nosotros mismos, con todo ese sentimiento, con toda esa observación y atención dicha antes, es cuando se podría ver que los pasos más pequeños engrandecen nuestra vocación.

Y es que, en realidad, cuando más atendemos a eso, más nos acercamos a la psicología que soñábamos. Y aquí es donde quiero dejar mi grano de arena. Quiero que os llegue un sentimiento que alimente vuestras ganas de estar con el paciente, de ser con él para que él sea consigo, y para que el cambio y crecimiento sea mutuo. Porque es la verdad amigos, nosotros también crecemos con ellos.

El bandido. Robert Walser.

A quienes conservan su sano juicio les hago el siguiente llamamiento: no leáis siempre y de manera exclusiva libros sanos: acercaros un poquito a la llamada literatura enferma, de la que tal vez podáis sacar un consuelo vital.

Artículo escrito por Christa M. Bewernick.

Los juegos de azar son una actividad muy popular entre los adolescentes. Se ha observado un incremento notable del número de jóvenes que sufren o están al borde de la ludopatía.

Este hecho es, probablemente, consecuencia de la creciente aceptación social de este tipo de juegos, la abundante publicidad que lo promociona, la asociación con personajes famosos y la aprobación por parte de las instituciones. Se puede afirmar que la generación actual ha sido la primera que ha crecido en una sociedad en la que los juegos de azar están ampliamente aceptados y son fácilmente reconocidos como un entretenimiento.

En el caso de los juegos de apuestas deportivas, el uso de habilidades y conocimientos puede dar una ventaja sobre otros jugadores. Estos juegos tiene una dimensión económica que se refiere a correr el riesgo (eso significa apostar) de ganar o perder en función del resultado. El éxito o fracaso posible supone un potente valor motivacional además del apoyo social resultante del éxito.

Motivos para jugar

Los jóvenes y adolescentes comienzan a jugar movidos por una serie de razones que van desde las ganancias posibles al placer, el contexto social así como un medio para escapar del control parental y mantener una relación de igualdad con otros adolescentes.

Ganar dinero no es la principal motivación que señalan los adolescentes. La primera motivación tiene que ver con la excitación y el placer que lleva consigo además de reducir el aburrimiento y la soledad, así como escapar del estrés provocado por tensiones académicas o familiares. El juego es una potente forma de socialización o, incluso, de competición con amigos y compañeros.

Juegos de azar online

"Los adolescentes perciben los juegos de azar online como una actividad de riesgo igual que aceptar solicitudes de amistad online o acceder a contenidos sexuales para adultos".

Posibles signos de alarma

La instauración de una adicción comportamental suele ser un proceso gradual, con lo que se recomienda a los padres estar vigilantes ante los signos de alarma que evidencian una posible adicción. Estos deben presentarse de manera recurrente y sostenida en el tiempo (Matalí y Alda, 2008):

Si detectas algunas de estas señales de alarma en tu hijo, o crees que puede haberse iniciado en el mundo del juego:

  1. Habla con él. Establece un espacio seguro y de confianza donde él se pueda sentir tranquilo para hablar de lo que está pasando.
  2. Préstale tu apoyo, compañía y cariño.
  3. Busca ayuda profesional.

"No existe estigma entre el grupo de iguales"

Este es un problema creciente por lo que necesita más atención y medidas por parte de las instituciones. El juego es muy accesible a los adolescentes y jóvenes además no existe estigma entre el grupo de iguales.

Al estar normalizado cuesta mucho darse cuenta de la adicción, tanto el propio adolescente como su entorno, por eso resultan tan importantes los signos de alarma comentados anteriormente.

Bibliografía

García Ruiz, P., Buil, P., & Solé Moratilla, M. (2016). Consumos de riesgo: menores y juegos de azar online. El problema del “juego responsable”. Política Y Sociedad, 53(2), 551-575. https://doi.org/10.5209/rev_POSO.2016.v53.n2.47921

Echeburúa, Enrique; de Corral, Paz. Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto. Adicciones, vol. 22, núm. 2, 2010, pp. 91-95. Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías Palma de Mallorca, España

Artículo escrito por Andrea López.

Debemos considerar que las dificultades que plantea el diagnóstico y tratamiento en salud mental de las personas sordas son muchas más de las que podemos encontrar en cualquiera otra área de la salud debido, principalmente, a los elementos comunicativos implicados. Este factor ha hecho que los propios profesionales de este campo, especialmente los psicólogos, se hayan acercado al mundo de la discapacidad auditiva.

Al igual que todo el mundo, aquellas personas con problemas auditivos merecen poder acudir a psicólogo.

Debemos considerar que las dificultades de comunicación que se plantean en las personas con déficits auditivos son mucho mayores que las que nos podemos encontrar en cualquier otro grupo de personas. No hay que olvidar que las mayores dificultades a las que se enfrentan las personas sordas se presentan a la hora de relacionarse con otras personas en la medida en que no se comparte el mismo código lingüístico. Esto constituye un problema muy importante en la sociedad actual que está basada en la comunicación la cual, además, se recibe mayoritariamente a través de medios auditivos.

En consecuencia, la reducción de las posibilidades de comunicación lleva consigo una pérdida importante de información, necesaria en la vida cotidiana. Los efectos negativos de las barreras de comunicación se manifiestan en todos los ámbitos de la vida y a lo largo de todo el ciclo vital.

Se manifiesta en:

La relación con familiares, amigos, vecinos:

Al relacionarse con oyentes, las personas con déficit auditivos pierden muchísima información comunicacional, esto le lleva a experimentar un alto grado de frustración.

En el colegio, universidad etc.:

Los problemas de comunicación repercuten en el aprendizaje de los contenidos curriculares, en función de los déficits en la comprensión del lenguaje oral.

Suscitan problemas de lecto-escritura, que requiere el dominio del idioma.

En el trabajo:

En reuniones, grupos de trabajo, etc. las barreras de comunicación tienen como consecuencia que las personas con deficiencias auditivas pierdan una cantidad importante de la información tratada.

En el medio social:

En cines, espectáculos, medios de transporte, etc.: buena parte de la información ofrecida en estos medios se difunden por canales auditivos.

Auge de las nuevas tecnologías

La llegada y auge de las nuevas tecnologías han solventado mucho de los problemas de comunicación con las que anteriormente se encontraba este sector de la población.[

Existen varias tecnologías para que las personas sordas puedan comunicarse:

Showleap

Es un proyecto español de software que traduce la lengua de signos a voz. El usuario signante utiliza unos brazaletes que reconocen el movimiento de sus manos y dedos, y lo convierte en audio mediante un sintetizador de voz, y lenguaje escrito en una pantalla.

MotionSavvy

La persona signante utiliza una tablet con el software MotionSavvy, que es capaz de reconocer los signos que realiza con sus manos y convertirlos a voz.

SignARTE

Esta APP gratuita, financiada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y desarrollada por la Fundación CNSE ofrece información sobre espacios culturales accesibles para personas sordas y con discapacidad auditiva en España: cines, teatros, bibliotecas, museos, sitios arqueológicos, paisajes naturales, etc. Realiza una geolocalización del usuario para ofrecerle las alternativas de ocio inclusivo que tiene en cien kilómetros de radio desde el punto en el que se encuentra.

Visualfy

Visualfy Home es la tecnología que detecta los sonidos y eventos sonoros del hogar, y avisa de ellos en los dispositivos (smartphone, tablet, smart TV) de la persona con pérdida auditiva. En tiempo real, para que no se pierda nada de lo que ocurre en su hogar: el timbre de la puerta, el llanto del bebé, la alarma de incendios.

Utilidad de la nueva tecnología:

Cuando una persona sorda atraviesa un periodo de dificultad, y no encuentra en los demás el apoyo y el sustento que necesita debería poder acudir sin ningún tipo de inconveniente a psicólogos, con la capacidad de comprenderlas realmente y de ofrecerles alternativas.

Es importante no dar por hecho que las personas con deficiencias auditivas tienen que resignarse a no poder ir a terapia.

De cara al futuro, resultará imprescindible que más profesionales de la Psicología se impliquen en la atención a este colectivo y que, paso a paso, más personas sordas se formen como profesionales de atención directa.

Las nuevas tecnologías poco a poco deberían de de ir introduciéndose en todas las esferas y gracias a ellas poder prestar atención a todo lo que las personas con problemas auditivos nos quieren comunicar.

El Psicólogo ha de poder, y saber atender, a todo tipo de poblaciones incluyendo aquellas con sus propias particularidades. Gracias a las nuevas tecnologías que están a nuestro alcance podremos interactuar efectivamente con esta población tan especial.

Artículo escrito por Almudena Segovia.

La situación de pandemia a la que nos enfrentamos a nivel mundial, desde que se detectó el primer caso de COVID-19 en el mes de Diciembre de 2019, ha significado un antes y un después en el proceso de socialización humana. El distanciamiento físico o, como se denomina comúnmente, distanciamiento social ha pasado a formar parte de nuestras vidas,  y aunque es uno de los puntos clave a la hora de frenar la propagación del virus, son muchas las consecuencias a nivel psicológico que puede presentar esta nueva necesidad de modificar nuestro patrón de comportamiento social.

El hecho de confinarnos en nuestros hogares durante meses y el deber de reducir el contacto físico en su mínima expresión ha generado en la población diferentes reacciones que oscilan entre la sensación de miedo, el negacionismo y la invulnerabilidad. Este espectro de respuestas ante la nueva normalidad puede variar según la personalidad del individuo, la percepción que tiene del riesgo y las circunstancias en las que ha vivido la pandemia, influyendo aspectos como el sufrimiento de pérdidas cercanas, el hecho de haber enfermado, de pertenecer a grupos vulnerables o de trabajar en los considerados servicios esenciales entre otros.

¿Cuáles son las reacciones emocionales ante las restricciones sociales provocadas por el COVID-19?

Según Rafael Penadés, psicólogo del Hospital Clinic, el hecho de que muchos sujetos no respeten las restricciones sociales a pesar de conocerlas se debe principalmente tanto a la negación, que actúa como mecanismo de defensa ante la incertidumbre que genera la situación, como a la voluntad de algunos sujetos para diferenciarse del grupo o el deseo de pertenecer al grupo, viéndose influidos por la presión social si sus más cercanos no respetan las medidas.

Por el contrario, el COVID-19 ha ocasionado que gran parte de la población sea más cautelosa a la hora de relacionarse y de establecer vínculos debido al sentimiento de miedo presente ante el riesgo de contagio. El miedo es una emoción básica que posee una función de supervivencia; gracias a él somos conscientes de que existe un peligro y tomamos las medidas oportunas para ponernos a salvo. Es por ello por lo que en este contexto el miedo se convierte en necesario, pues nos ayuda a protegernos y a proteger a los demás. La otra cara de la moneda es que esta emoción puede convertirse en disfuncional cuando las consecuencias de experimentarla son peores que las de no hacerlo, es decir, cuando presenta como resultado el aislamiento social que puede reforzar los síntomas de estrés, ansiedad y depresión derivados de la situación de pandemia.

¿Cuáles son las consecuencias del distanciamiento social?

En todo caso, los seres humanos somos seres sociales y por ello necesitamos a otras personas. Nuestros antepasados consiguieron evolucionar reuniéndose en grupos, y desde que nacemos nos encontramos en constante interacción con otros  para sobrevivir, pudiendo decirse que el apoyo social es nuestra mayor fuente de protección.

A pesar de no conocer las consecuencias a largo plazo de las restricciones que impone la nueva normalidad, durante la pandemia se visualizan consecuencias psicológicas derivadas del distanciamiento social tales como:

Teniendo en cuenta la necesidad de vincularnos unida al deber de mantener el distanciamiento físico para evitar la propagación del COVID-19, ¿Qué debemos considerar ante la nueva socialización?

En conclusión...

La situación de pandemia mundial ante el COVID-19 y los esfuerzos por contenerla es una de las mayores preocupaciones a nivel mundial en los últimos meses. En esta labor el distanciamiento físico continúa ocupando un papel fundamental a la hora de evitar la propagación del virus. A pesar de las dificultades que esto supone debido a nuestra naturaleza de carácter social, nuestras actuaciones deben basarse y fundamentarse en nuestros valores personales y, mediante ellos, abogar por las conductas que favorecen tanto la propia salud como a la salud colectiva.[/zozo_vc_section_title]

Artículo escrito por María Barca Mojarro.

El cáncer va seguido de diversos cambios, a nivel personal, familiar, escolar, laboral, social y espiritual. Ante esta situación la psicooncología va a ser la especialidad que ofrece el soporte necesario para aprender a manejar los cambios que se generan a lo largo del proceso de la enfermedad (Malca, 2005).

Uno de los modelos que explican el proceso psicooncológico por el que pasan los pacientes y familiares ante un diagnostico es el que diseñó Kübler-Ross, quien proponía un proceso fundamentado en cinco fases reguladas por mecanismos de defensa:

  1. Negación: tiene lugar cuando la información de que su enfermedad no tiene cura le llega de golpe y los pacientes entran en shock o paralización. En esta fase predomina la desorientación en la que no reconocen su enfermedad y esto impedirá ser conscientes de la realidad.
  2. Ira: el individuo toma conciencia de la gravedad de la situación y expresa abiertamente su resentimiento.
  3. Negociación: fase de pacto en la que la persona intenta regatear a la vida con la esperanza de poder retrasar la muerte.
  4. Depresión: En esta fase caracterizada por la pena y aflicción, el paciente ha aprendido que no puede evitar el desarrollo de la enfermedad.
  5. Aceptación: ocurre cuando hay toma de conciencia de que la enfermedad ha progresado y es irreversible, pero la persona se encuentra en un estado de tranquilidad y paz.

El acompañamiento psicológico que se va a dar a estos pacientes no consiste únicamente en aliviar las consecuencias de la sintomatología física que produce la enfermedad, sino que se interviene en todas las dimensiones de la persona, mediante los cuidados paliativos. En estas situaciones el objetivo médico ya no es curar, sino cuidar al paciente intentando conseguir la máxima calidad de vida posible.

Los cuidados paliativos, tratan de aliviar el dolor y todo aquello que altere la calidad de vida, ofreciendo un sistema de apoyo para ayudar a la familia a adaptarse durante la enfermedad del paciente y en su propio duelo.

A lo largo de todo el proceso se considera necesario abordar las emociones que la persona va sintiendo para aprender a gestionarlas, ya que las personas que están en duelo han entrado en un proceso en el que experimentarán cosas que no habían sentido con anterioridad. A este respecto suele resultarles tranquilizador que se les transmita la normalidad de todo lo que les sucede (Alverola, Adsuara y López, 2007).

Fases de atención psicológica en el paciente.

La atención psicológica se fundamenta en cuatro momentos del cuidado de los pacientes y familias según Barbero et al. (2016):

Antes del comienzo del proceso del final de la vida

Afrontar adaptativamente que la vida es limitada. Para las personas enfermas que aun no han iniciado el proceso final de la vida es necesaria una preparación emocional, manejo de miedos, adherencia al tratamiento, afrontar síntomas, dialogar y hacer explícitos los deseos y preferencias en función de sus valores. En esta primera fase debemos abordar la información sobre el diagnóstico, pronóstico y posibles tratamientos.

Tras el comienzo de la fase de limitación de la vida

Es necesaria la atención psicológica en el momento de comunicación del pronóstico y notificación de la irreversibilidad de la enfermedad. En esta fase se trabaja la aceptación, el control sobre la toma de decisiones, la prevención y tratamiento de síntomas de depresión, ansiedad, ira e ideación suicida.

Durante el proceso de muerte

Con el desarrollo de la enfermedad se acelera el final de la vida por lo que se hace prioritario atender tanto a los síntomas físicos como a las necesidades espirituales. En esta fase es importante que la persona pueda expresar sus últimas voluntades, se promueva el perdón a las personas con las que tuvo diferencias y se despida de sus familiares y amigos.

Después del fallecimiento: el duelo

El final de la vida de los pacientes marca el comienzo de un cambio de vida para los familiares y amigos. Será necesaria la psicoeducación y asesoramiento para que perciban la normalidad de los sentimientos y síntomas que se presenten tras la pérdida.

Afectación en la familia

El diagnóstico de una enfermedad irreversible no afecta únicamente a la persona que lo recibe, sino que se ve afectado todo su entorno. El cáncer conlleva una crisis en la vida cotidiana de la familia y supone sufrimiento para cada miembro. Todo ello provoca una carga subjetiva caracterizada por sentimientos como el desánimo cuando se hacen conscientes de la progresión de la enfermedad o la empatía por el dolor que está sintiendo su familiar.

La familia, desbordada por las emociones que produce este diagnóstico, puede ser incapaz de gestionar las tareas y problemas prácticos que son necesarios para mantener íntegro al grupo, lo cual puede traer consecuencias negativas para la calidad de vida tanto del enfermo como de la familia.

Una reacción frecuente que surge como sentimiento de protección y que es poco adaptativa es que pacten con la conspiración del silencio que es “un acuerdo por parte de familiares de alterar la información que se le da al paciente con el fin de ocultarle el diagnóstico o gravedad de la situación”. Es poco adaptativa porque ante dicha conspiración se presentan mayores dificultades en el acompañamiento y cuidado del enfermo, mientras que las familias que tienen una comunicación abierta generan más estrategias de afrontamiento, haciendo que la experiencia de la enfermedad sea menos traumática.

Otra reacción que hace que la muerte de un ser querido se afronte de una manera adaptativa es poder dar un sentido a esa situación. Según Victor Frankl, cada uno tiene una misión que cumplir en función de las circunstancias de la vida. El cómo se enfrente cada persona a las situaciones y el valor que le dé a tales circunstancias es lo que determinará el sentido de la vida. Dependerá de tres tipos de valores: los valores experienciales, los de creación y de actitud.

Según López y Rodríguez (2007) para los familiares de una persona que tiene cáncer los tres tipos de valores se pueden desarrollar de la siguiente forma:

  1. Valores experienciales: vivir momentos positivos, intensos y agradables con el ser querido que está enfermo. De esta forma, ambos podrán disfrutar de la compañía mutua, de la conversación, de más tiempo para hablar de historias vividas, de la posibilidad de demostrarle lo que le quiere, etc.
  2. Valores de creación: el estar cuidando a un familiar, desempeñando una tarea que le es útil a esa persona, potencia la realización personal.
  3. Valores de actitud: la actitud con la que afrontamos las circunstancias depende de cada persona. En El hombre en busca del sentido (1988) Frankl afirma que la vida no se colma solamente disfrutando, sino que el sufrimiento también tiene su función, ya que el sentido de lo que nos pasa va más allá del éxito o del padecimiento. Si el sufrimiento es inevitable, la actitud de intentar buscar lo positivo de esa circunstancia dolorosa ayuda a soportarlo mejor, o bien a encontrar una manera adecuada de afrontarlo.

En el transcurso de estas enfermedades se vive un duelo inevitable y habría que realizar cuatro tareas para afrontar el duelo:

1.- Aceptar la realidad de la pérdida

La primera tarea del duelo sería afrontar de manera definitiva la realidad de la situación, ya que puede pasar que el sujeto llegue a autoconvencerse de que no es real lo que está viviendo, dando lugar a la negación. Dicho proceso puede tener lugar en diferentes niveles y formas:

Puede darse desde una mínima distorsión a un engaño total. Un ejemplo de engaño total sería el concepto de momificación: término que se emplea cuando el sujeto que no ha aceptado la muerte o pérdida del ser querido guarda las posesiones del fallecido para que las utilice cuando vuelva.

Por otro lado puede tener lugar el proceso totalmente opuesto al anterior: acabando con todos los recuerdos y posesiones del fallecido para de esta manera minimizar el impacto de la muerte. El sujeto percibe la muerte como menos significativa de lo que realmente es, se hace creer a sí mismo que le afecta menos de lo que en realidad está suponiendo.

La esperanza de reunirse con la persona fallecida es un sentimiento normal. Por lo tanto, tiene lugar un proceso de negación de la irreversibilidad de la muerte.

Aunque se suele subrayar la importancia de la aceptación intelectual, no podemos dejar de tener en cuenta la aceptación emocional. Entre ambas existe una conexión. Por lo tanto, podemos encontrarnos con casos en los que el sujeto es intelectualmente consciente de la pérdida, pero que en el ámbito emocional no la ha aceptado. De ahí la importancia de los rituales que tienen lugar tras una pérdida —como el funeral— ya que parecen ayudar a completar esta tarea, pues encaminan al sujeto hacia la aceptación.

2.- Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida

En esta fase se identifica y trabaja sobre este dolor. Puede manifestarse a través de conductas o incluso a través de síntomas disfuncionales.

Hay que tener en cuenta que el ambiente que nos rodea puede enviar inconscientemente un mensaje negativo al sujeto provocando una gran dificultad para superar esta fase, ya que estos mensajes impiden elaborar el duelo. Abandonarse en el dolor de una pérdida está estigmatizado y se concibe como algo insano y desmoralizador.

Es normal pensar que una persona ha de distraer a un amigo que se encuentra en proceso de duelo por una pérdida. Sin embargo, como consecuencia estará bloqueando sus sentimientos, aumentando la posibilidad p;de que los mismos sean negados. Por lo tanto, sin darse cuenta, estaría entorpeciendo el proceso de duelo al evitar pensamientos dolorosos.

3.- Adaptarse a un medio en el que el fallecido esté ausente

La adaptación al medio cuando ha tenido lugar una pérdida también tiene significados diferentes para cada persona. Esto dependerá de varios factores como la relación que tenía con la persona fallecida o el rol que cada uno desarrollaba. Muchas personas durante el duelo manifiestan resistencia al tener que desarrollar nuevas habilidades y roles que eran asumidos por esas personas que han fallecido. El duelo puede provocar, a este respecto, sentimientos de inutilidad e incapacidad generados por el intento fallido de cumplir con los roles del fallecido, pudiendo dar  lugar a una baja autoestima.

4.- Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo

Conviene recalcar en relación a la afirmación de Volkan que la eliminación de estos recuerdos dañaría nuestra propia identidad. Por tanto, no se trata de renunciar a nuestro ser querido, sino de encontrarle un lugar apropiado en nuestra vida psicológica. La tarea del psicólogo será, entre otras, ayudar a que pueda hallar un lugar adecuado y que de esta manera la persona pueda continuar viviendo de manera eficaz en el mundo. Worden (1997) enfatiza, a este respecto, la idea de que no se podrá completar la tarea IV sin amar.

Muchas personas mantienen el apego del pasado a partir de la muerte del ser querido y no continúan desarrollando nuevas relaciones de apego. Podrían incluso llegar al extremo de pactar consigo mismos nunca más volver a amar. Por todo esto se trata de la tarea más difícil de finalizar. De hecho, muchos se bloquean y por eso refieren que sus vidas “se detuvieron” en el momento de la pérdida de su ser querido.

El duelo se considera finalizado una vez que las tareas están completadas.

REFERENCIAS

Alverola, V., Adsuara, L., y López, N.R. (2007). Intervención Individual en duelo. En Camps, C., Sánchez, P.T. (Ed.), Duelo en Oncología (pp.137-154). Valencia: Sociedad Española de Oncología Médica.

Barbero, J., Gómez-Batiste, X., y Mateo, D. (2016). Manual para la atención psicosocial y espiritual a personas con enfermedades avanzadas. Barcelona: Obra Social “la Caixa”.

Frankl, V.E. (1988). El hombre en busca del sentido. Barcelona, España: Herder.

López, J., y Rodríguez, M. (2007). La posibilidad de encontrar sentido en el cuidado de un ser querido con cáncer.  Psicooncología, 4 (1), 11-120. Recuperado de https://www.researchgate.net/profile/Javier_Lopez13/publication/27594512_La_posibilidad_de_encontrar_sentido_en_el_cuidado_de_un_ser_querido_con_cancer/links/5437851d0cf2590375c526c6/La-posibilidad-de-encontrar-sentido-en-el-cuidado-de-un-ser-querido-con-cancer.pdf

Malca, B. (2005). Psicooncología: Abordaje emocional en oncología. Persona y bioética, 9 (2), 64-67.

Ross, K. (1989). La muerte: un amanecer. Barcelona, España: Luciérnaga

Worden, J.W., Aparicio, A y Barberán, G.S. (1997). El tratamiento del duelo; asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós

Artículo escrito por Cova de la Fuente.

El Trastorno de Personalidad Múltiple ha ido ganando cada vez más popularidad gracias a la infinidad de películas y novelas que lo han dado a conocer. Pero… ¿existe como tal o es un invento?

Trastorno Disociativo vs Trastorno de Personalidad Múltiple

Para empezar la disociación es un mecanismo de defensa que se produce tras un acontecimiento altamente estresante o traumático ocurrido durante los primeros años de la vida. Esto provoca que las personas no puedan integrar sus experiencias en una única identidad. Como resultado la persona tiene dos o más identidades.

Los síntomas que pueden presentar estas personas son amnesia disociativa, que implica la pérdida de memoria de acontecimientos de la vida cotidiana, información autobiográfica y de acontecimientos traumáticos o estresantes relacionados con el acontecimiento traumático. También pueden presentar una despersonalización y desrealización; es decir, la persona se siente desconectada de ella misma y/o del entono. Incluso pueden aparecer otros síntomas y conductas desorganizadas como depresión, ansiedad, abuso de sustancias, comportamiento suicida, episodios de automutilación y disfunciones sexuales entre otros.

Es común que la disociación aparezca en algún momento de nuestra vida sin que haga referencia a algún aspecto patológico, como por ejemplo cuando estamos sometidos a mucho estrés o bien tenemos una alta preocupación sobre nuestros conflictos personales y, como consecuencia puede suceder que no recordemos parte del camino de llegada a casa. Por el contrario, se convierte en patológico cuando la asociación se da en un alto grado y provoca la ruptura de la personalidad. En este caso, la persona no tiene sensaciones de sí misma (despersonalización) y de las percepciones de la vida diaria (desrealización).

Por otro lado, en cuanto al trastorno de personalidad múltiple, la cultura popular ha sido la que se ha apropiado en gran medida de este término. Está muy arraigado tanto por su utilización en el cine como en la literatura.

En la literatura los ejemplos que mayor popularidad han tenido son la novela de Robert Louis Stevenson El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, así como la obra del poeta Fernando Pessoa. En ambos casos los autores inventan una personalidad y biografía completa haciendo creer que sus protagonistas poseían personalidades diferentes y reales. En el cine apareció por primera vez con Las tres caras de Eva (The Three Faces of Eve) en 1957. Posteriormente se ha utilizado infinidad de veces en Hollywood, como en el caso de la película Múltiple, donde el protagonista convive con hasta 23 personalidades diferentes. En definitiva, la cultura popular lleva al diagnóstico de trastorno de identidad disociativo a una exageración. Sin embargo, es únicamente realidad en la ficción y no en la vida real.

Y entonces... ¿Cambia la personalidad?

La personalidad se va modificando a partir de la influencia de factores como la genética que heredamos de nuestros antepasados, el temperamento, los antecedentes familiares y  factores externos como el entorno y los eventos vividos durante nuestro desarrollo. También se ve influida con relación al logro de un mayor bienestar personal, es decir, nuestra personalidad se reajustará para lograr estar más satisfechos o felices. Por tanto, en la disociación influyen factores de riesgo como los eventos dolorosos o traumáticos vividos sobre todo en la infancia, que pueden hacer que cambie nuestra personalidad otorgando un papel protector al defendernos de algo impactante y doloroso para nosotros.

Entonces... ¿existe el trastorno de personalidad múltiple?

Podemos concluir diciendo que el trastorno de personalidad múltiple no existe como tal. Existen algunos trastornos que implican tener ideas que te hacen estar fuera de la realidad pero que no implican tener más de una personalidad. Por ejemplo, la idea de tener otra edad, otro sexo, experimentar eventos disociativos como dejar de ver, de sentir, oír voces, etc. Estos últimos se relacionan con trastornos psicóticos como la esquizofrenia. También pueden aparecer situaciones en las que la persona pueda ser muy explosiva en determinados momentos, por lo que se definirían como rasgos de personalidad; o incluso padecer trastornos del estado de ánimo, pero todo ello relacionado con trastornos de personalidad como el trastorno límite. Toda esta sintomatología ha sido, y sigue siendo reconocida de forma errónea como trastorno de personalidad múltiple, pese a qué en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V) adquiere la denominación de Trastorno de Identidad Disociativo.

BIBLIOGRAFÍA

-https://depsicologia.com/personalidad-multiple-verdad-o-mito/

-https://depsicologia.com/puede-uno-cambiar-su-personalidad/

-https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-de-la-salud-mental/trastornos-disociativos/trastorno-de-identidad-disociativo

-https://longsoulsystem.com/trastorno-identidad-disociativo/criterios/criterios-dsmv/[/vc_column_text]

Artículo escrito por Sofía Pérez.

“Tenía una vida perfecta, acababa de terminar mis estudios de grado en Turismo, hacía deporte, salía con mis amigos, estaba feliz con mi pareja, tenía muy buena relación con mi hermana y mis padres, muchos planes para viajar este verano… De pronto, ¿qué me ocurre? Me fatigo mucho, hablo con dificultad, me cuesta mantener el equilibrio. Me hacen pruebas y más pruebas, me siento débil, me mareo, siento un hormigueo en las piernas… Llegó el día, ya han dado con mi diagnóstico: Esclerosis Múltiple. ¿Y ahora qué? ¿Me curaré? ¿Podré viajar? ¿Podré continuar con mis planes? ¿Podré formar una familia?”

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad autoinmunitaria que afecta al cerebro y a la médula espinal. El 70% de los diagnósticos se da en personas jóvenes de entre 20 y 40 años. Actualmente existen más de 50000 casos en toda España y se estima que cada año son diagnosticados 2000 nuevos casos.

Estudios informan de que en las últimas décadas la cantidad de pacientes con la enfermedad se ha duplicado. Después de la epilepsia, es la enfermedad neurológica más frecuente en adultos jóvenes.

Cuando la persona es diagnosticada, es posible que su vida se ponga por un instante en pausa: Esclerosis Múltiple, una enfermedad que actualmente no tiene cura, ¿y ahora qué? Son muchas las preguntas que pasan por la cabeza de quien la padece, “la enfermedad de las mil caras” como se le llama comúnmente, por la gran variedad de formas que tiene de poder afectar a la persona: el equilibrio, el habla, la memoria, hormigueo en varias partes del cuerpo, parálisis y un largo etc. Si bien no tiene cura cada vez existen más tratamientos que se han demostrado eficaces para sobrellevar sus síntomas lo mejor posible.

Al igual que en otras enfermedades crónicas y degenerativas, uno de los tratamientos que debe ir de la mano del médico es el tratamiento psicológico. Frente a los problemas físicos que conlleva existen otros psicológicos que se deben abordar.

Surgen muchas dudas. Por algún motivo es una enfermedad que no tiene mucha visibilidad y que se confunde habitualmente con otras como el ELA, o alguna enfermedad de los huesos, en la que se desconocen los síntomas y, por lo tanto, hay ocasiones en las que estos son confundidos con, por ejemplo, la pérdida de equilibrio o el problema del habla. Algunos enfermos de Esclerosis Múltiple afirman haber sido acusados de ir “con una copa de más” cuando realmente están padeciendo una de sus secuelas.

Otra de las consecuencias de la Esclerosis Múltiple, y posiblemente el síntoma más común a todos los que la padecen, es la fatiga: un cansancio constante que en determinados momentos, como al finalizar el día o en las estaciones en las que hace más calor, se ve en aumento. El problema de este síntoma es que no se ve, es algo que sienten y al no verse y no poder demostrarse, a la gente que tienen alrededor les cuesta entender.

A estos síntomas y falta de comprensión o ignorancia por parte de la gente ajena, le debemos añadir la aceptación de la enfermedad de quienes la padecen. Ponte en el lugar de alguien a quien acaban de diagnosticar Esclerosis Múltiple, ¿te imaginas que te dicen que tienes una enfermedad degenerativa, crónica y que no tiene cura? Desde ese momento sabes que tu vida ya no va a ser la misma, no puedes hacer nada para cambiar el diagnóstico, pero sí para aprender a vivir con ello de la mejor manera posible.

La aparición de la enfermedad afecta no sólo a quien la padece sino también a su círculo cercano. Por este motivo se debe abordar en el ámbito individual, de pareja, familiar y en grupo, junto con otros pacientes que se encuentren en la misma situación.

Es importante saber explicar qué consecuencias tiene, aportando información adecuada, pero no poniéndose en el peor de los casos sino tratando de buscar soluciones a los problemas que se dan en el momento actual, con un asesoramiento correcto. Muchos de los pacientes se ven obligados a buscar nuevas oportunidades laborales adaptadas a sus circunstancias y nuevas actividades que fomenten una vida activa.

“Cuando dejas de hacerte el héroe, te pones en manos de los que saben y te rodeas de un buen equipo, entonces las cosas funcionan”. Estas son las palabras de Ramón Arroyo, diagnosticado con Esclerosis Múltiple en el 2004, fue capaz de realizar un Iron Man a pesar de que los doctores le aseguraron que no podría caminar ni 100 metros. Un ejemplo de superación. No quiere decir que por ser diagnosticado ya debas hacer todo lo posible por convertirte en un atleta, pero sí es un claro ejemplo de que la enfermedad no detiene tu vida.

“Esclerosis Múltiple ¿Y ahora qué? ¿Me curaré? ¿Podré viajar? ¿Podré continuar con mis planes? ¿Podré formar una familia? No me curaré, pero: podré viajar, podré continuar con mis planes, si no son los mismos, serán otros, podré formar una familia…Podré VIVIR.”

El 30 de mayo es el día mundial de la Esclerosis Múltiple. Hagamos más visible esta enfermedad y rompamos los estigmas que existen.

BIBLIOGRAFÍA

Carmen, C. (28 de diciembre de 2016). Dani Rovira en el cine. Ramón Arroyo. Teresa Perales, Fundación Telefónica. https://teresaperales.fundaciontelefonica.com/gente-capaz/ramon-arroyo-dani-rovira-cien-metros/

Merck Group. (31 de mayo de 2019). Datos y cifras de la esclerosis múltiple en España. Con la EM. https://www.conlaem.es/actualidad/esclerosis-multiple-españa-cifras

Telemadrid. (18 de junio de 2019). Eso no se pregunta: Esclerosis Múltiple. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=bapoyhcbdls

Artículo escrito por Belén López.

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