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El cáncer va seguido de diversos cambios, a nivel personal, familiar, escolar, laboral, social y espiritual. Ante esta situación la psicooncología va a ser la especialidad que ofrece el soporte necesario para aprender a manejar los cambios que se generan a lo largo del proceso de la enfermedad (Malca, 2005).

Uno de los modelos que explican el proceso psicooncológico por el que pasan los pacientes y familiares ante un diagnostico es el que diseñó Kübler-Ross, quien proponía un proceso fundamentado en cinco fases reguladas por mecanismos de defensa:

  1. Negación: tiene lugar cuando la información de que su enfermedad no tiene cura le llega de golpe y los pacientes entran en shock o paralización. En esta fase predomina la desorientación en la que no reconocen su enfermedad y esto impedirá ser conscientes de la realidad.
  2. Ira: el individuo toma conciencia de la gravedad de la situación y expresa abiertamente su resentimiento.
  3. Negociación: fase de pacto en la que la persona intenta regatear a la vida con la esperanza de poder retrasar la muerte.
  4. Depresión: En esta fase caracterizada por la pena y aflicción, el paciente ha aprendido que no puede evitar el desarrollo de la enfermedad.
  5. Aceptación: ocurre cuando hay toma de conciencia de que la enfermedad ha progresado y es irreversible, pero la persona se encuentra en un estado de tranquilidad y paz.

El acompañamiento psicológico que se va a dar a estos pacientes no consiste únicamente en aliviar las consecuencias de la sintomatología física que produce la enfermedad, sino que se interviene en todas las dimensiones de la persona, mediante los cuidados paliativos. En estas situaciones el objetivo médico ya no es curar, sino cuidar al paciente intentando conseguir la máxima calidad de vida posible.

Los cuidados paliativos, tratan de aliviar el dolor y todo aquello que altere la calidad de vida, ofreciendo un sistema de apoyo para ayudar a la familia a adaptarse durante la enfermedad del paciente y en su propio duelo.

A lo largo de todo el proceso se considera necesario abordar las emociones que la persona va sintiendo para aprender a gestionarlas, ya que las personas que están en duelo han entrado en un proceso en el que experimentarán cosas que no habían sentido con anterioridad. A este respecto suele resultarles tranquilizador que se les transmita la normalidad de todo lo que les sucede (Alverola, Adsuara y López, 2007).

Fases de atención psicológica en el paciente.

La atención psicológica se fundamenta en cuatro momentos del cuidado de los pacientes y familias según Barbero et al. (2016):

Antes del comienzo del proceso del final de la vida

Afrontar adaptativamente que la vida es limitada. Para las personas enfermas que aun no han iniciado el proceso final de la vida es necesaria una preparación emocional, manejo de miedos, adherencia al tratamiento, afrontar síntomas, dialogar y hacer explícitos los deseos y preferencias en función de sus valores. En esta primera fase debemos abordar la información sobre el diagnóstico, pronóstico y posibles tratamientos.

Tras el comienzo de la fase de limitación de la vida

Es necesaria la atención psicológica en el momento de comunicación del pronóstico y notificación de la irreversibilidad de la enfermedad. En esta fase se trabaja la aceptación, el control sobre la toma de decisiones, la prevención y tratamiento de síntomas de depresión, ansiedad, ira e ideación suicida.

Durante el proceso de muerte

Con el desarrollo de la enfermedad se acelera el final de la vida por lo que se hace prioritario atender tanto a los síntomas físicos como a las necesidades espirituales. En esta fase es importante que la persona pueda expresar sus últimas voluntades, se promueva el perdón a las personas con las que tuvo diferencias y se despida de sus familiares y amigos.

Después del fallecimiento: el duelo

El final de la vida de los pacientes marca el comienzo de un cambio de vida para los familiares y amigos. Será necesaria la psicoeducación y asesoramiento para que perciban la normalidad de los sentimientos y síntomas que se presenten tras la pérdida.

Afectación en la familia

El diagnóstico de una enfermedad irreversible no afecta únicamente a la persona que lo recibe, sino que se ve afectado todo su entorno. El cáncer conlleva una crisis en la vida cotidiana de la familia y supone sufrimiento para cada miembro. Todo ello provoca una carga subjetiva caracterizada por sentimientos como el desánimo cuando se hacen conscientes de la progresión de la enfermedad o la empatía por el dolor que está sintiendo su familiar.

La familia, desbordada por las emociones que produce este diagnóstico, puede ser incapaz de gestionar las tareas y problemas prácticos que son necesarios para mantener íntegro al grupo, lo cual puede traer consecuencias negativas para la calidad de vida tanto del enfermo como de la familia.

Una reacción frecuente que surge como sentimiento de protección y que es poco adaptativa es que pacten con la conspiración del silencio que es “un acuerdo por parte de familiares de alterar la información que se le da al paciente con el fin de ocultarle el diagnóstico o gravedad de la situación”. Es poco adaptativa porque ante dicha conspiración se presentan mayores dificultades en el acompañamiento y cuidado del enfermo, mientras que las familias que tienen una comunicación abierta generan más estrategias de afrontamiento, haciendo que la experiencia de la enfermedad sea menos traumática.

Otra reacción que hace que la muerte de un ser querido se afronte de una manera adaptativa es poder dar un sentido a esa situación. Según Victor Frankl, cada uno tiene una misión que cumplir en función de las circunstancias de la vida. El cómo se enfrente cada persona a las situaciones y el valor que le dé a tales circunstancias es lo que determinará el sentido de la vida. Dependerá de tres tipos de valores: los valores experienciales, los de creación y de actitud.

Según López y Rodríguez (2007) para los familiares de una persona que tiene cáncer los tres tipos de valores se pueden desarrollar de la siguiente forma:

  1. Valores experienciales: vivir momentos positivos, intensos y agradables con el ser querido que está enfermo. De esta forma, ambos podrán disfrutar de la compañía mutua, de la conversación, de más tiempo para hablar de historias vividas, de la posibilidad de demostrarle lo que le quiere, etc.
  2. Valores de creación: el estar cuidando a un familiar, desempeñando una tarea que le es útil a esa persona, potencia la realización personal.
  3. Valores de actitud: la actitud con la que afrontamos las circunstancias depende de cada persona. En El hombre en busca del sentido (1988) Frankl afirma que la vida no se colma solamente disfrutando, sino que el sufrimiento también tiene su función, ya que el sentido de lo que nos pasa va más allá del éxito o del padecimiento. Si el sufrimiento es inevitable, la actitud de intentar buscar lo positivo de esa circunstancia dolorosa ayuda a soportarlo mejor, o bien a encontrar una manera adecuada de afrontarlo.

En el transcurso de estas enfermedades se vive un duelo inevitable y habría que realizar cuatro tareas para afrontar el duelo:

1.- Aceptar la realidad de la pérdida

La primera tarea del duelo sería afrontar de manera definitiva la realidad de la situación, ya que puede pasar que el sujeto llegue a autoconvencerse de que no es real lo que está viviendo, dando lugar a la negación. Dicho proceso puede tener lugar en diferentes niveles y formas:

Puede darse desde una mínima distorsión a un engaño total. Un ejemplo de engaño total sería el concepto de momificación: término que se emplea cuando el sujeto que no ha aceptado la muerte o pérdida del ser querido guarda las posesiones del fallecido para que las utilice cuando vuelva.

Por otro lado puede tener lugar el proceso totalmente opuesto al anterior: acabando con todos los recuerdos y posesiones del fallecido para de esta manera minimizar el impacto de la muerte. El sujeto percibe la muerte como menos significativa de lo que realmente es, se hace creer a sí mismo que le afecta menos de lo que en realidad está suponiendo.

La esperanza de reunirse con la persona fallecida es un sentimiento normal. Por lo tanto, tiene lugar un proceso de negación de la irreversibilidad de la muerte.

Aunque se suele subrayar la importancia de la aceptación intelectual, no podemos dejar de tener en cuenta la aceptación emocional. Entre ambas existe una conexión. Por lo tanto, podemos encontrarnos con casos en los que el sujeto es intelectualmente consciente de la pérdida, pero que en el ámbito emocional no la ha aceptado. De ahí la importancia de los rituales que tienen lugar tras una pérdida —como el funeral— ya que parecen ayudar a completar esta tarea, pues encaminan al sujeto hacia la aceptación.

2.- Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida

En esta fase se identifica y trabaja sobre este dolor. Puede manifestarse a través de conductas o incluso a través de síntomas disfuncionales.

Hay que tener en cuenta que el ambiente que nos rodea puede enviar inconscientemente un mensaje negativo al sujeto provocando una gran dificultad para superar esta fase, ya que estos mensajes impiden elaborar el duelo. Abandonarse en el dolor de una pérdida está estigmatizado y se concibe como algo insano y desmoralizador.

Es normal pensar que una persona ha de distraer a un amigo que se encuentra en proceso de duelo por una pérdida. Sin embargo, como consecuencia estará bloqueando sus sentimientos, aumentando la posibilidad p;de que los mismos sean negados. Por lo tanto, sin darse cuenta, estaría entorpeciendo el proceso de duelo al evitar pensamientos dolorosos.

3.- Adaptarse a un medio en el que el fallecido esté ausente

La adaptación al medio cuando ha tenido lugar una pérdida también tiene significados diferentes para cada persona. Esto dependerá de varios factores como la relación que tenía con la persona fallecida o el rol que cada uno desarrollaba. Muchas personas durante el duelo manifiestan resistencia al tener que desarrollar nuevas habilidades y roles que eran asumidos por esas personas que han fallecido. El duelo puede provocar, a este respecto, sentimientos de inutilidad e incapacidad generados por el intento fallido de cumplir con los roles del fallecido, pudiendo dar  lugar a una baja autoestima.

4.- Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo

Conviene recalcar en relación a la afirmación de Volkan que la eliminación de estos recuerdos dañaría nuestra propia identidad. Por tanto, no se trata de renunciar a nuestro ser querido, sino de encontrarle un lugar apropiado en nuestra vida psicológica. La tarea del psicólogo será, entre otras, ayudar a que pueda hallar un lugar adecuado y que de esta manera la persona pueda continuar viviendo de manera eficaz en el mundo. Worden (1997) enfatiza, a este respecto, la idea de que no se podrá completar la tarea IV sin amar.

Muchas personas mantienen el apego del pasado a partir de la muerte del ser querido y no continúan desarrollando nuevas relaciones de apego. Podrían incluso llegar al extremo de pactar consigo mismos nunca más volver a amar. Por todo esto se trata de la tarea más difícil de finalizar. De hecho, muchos se bloquean y por eso refieren que sus vidas “se detuvieron” en el momento de la pérdida de su ser querido.

El duelo se considera finalizado una vez que las tareas están completadas.

REFERENCIAS

Alverola, V., Adsuara, L., y López, N.R. (2007). Intervención Individual en duelo. En Camps, C., Sánchez, P.T. (Ed.), Duelo en Oncología (pp.137-154). Valencia: Sociedad Española de Oncología Médica.

Barbero, J., Gómez-Batiste, X., y Mateo, D. (2016). Manual para la atención psicosocial y espiritual a personas con enfermedades avanzadas. Barcelona: Obra Social “la Caixa”.

Frankl, V.E. (1988). El hombre en busca del sentido. Barcelona, España: Herder.

López, J., y Rodríguez, M. (2007). La posibilidad de encontrar sentido en el cuidado de un ser querido con cáncer.  Psicooncología, 4 (1), 11-120. Recuperado de https://www.researchgate.net/profile/Javier_Lopez13/publication/27594512_La_posibilidad_de_encontrar_sentido_en_el_cuidado_de_un_ser_querido_con_cancer/links/5437851d0cf2590375c526c6/La-posibilidad-de-encontrar-sentido-en-el-cuidado-de-un-ser-querido-con-cancer.pdf

Malca, B. (2005). Psicooncología: Abordaje emocional en oncología. Persona y bioética, 9 (2), 64-67.

Ross, K. (1989). La muerte: un amanecer. Barcelona, España: Luciérnaga

Worden, J.W., Aparicio, A y Barberán, G.S. (1997). El tratamiento del duelo; asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós

Artículo escrito por Cova de la Fuente.

El Trastorno de Personalidad Múltiple ha ido ganando cada vez más popularidad gracias a la infinidad de películas y novelas que lo han dado a conocer. Pero… ¿existe como tal o es un invento?

Trastorno Disociativo vs Trastorno de Personalidad Múltiple

Para empezar la disociación es un mecanismo de defensa que se produce tras un acontecimiento altamente estresante o traumático ocurrido durante los primeros años de la vida. Esto provoca que las personas no puedan integrar sus experiencias en una única identidad. Como resultado la persona tiene dos o más identidades.

Los síntomas que pueden presentar estas personas son amnesia disociativa, que implica la pérdida de memoria de acontecimientos de la vida cotidiana, información autobiográfica y de acontecimientos traumáticos o estresantes relacionados con el acontecimiento traumático. También pueden presentar una despersonalización y desrealización; es decir, la persona se siente desconectada de ella misma y/o del entono. Incluso pueden aparecer otros síntomas y conductas desorganizadas como depresión, ansiedad, abuso de sustancias, comportamiento suicida, episodios de automutilación y disfunciones sexuales entre otros.

Es común que la disociación aparezca en algún momento de nuestra vida sin que haga referencia a algún aspecto patológico, como por ejemplo cuando estamos sometidos a mucho estrés o bien tenemos una alta preocupación sobre nuestros conflictos personales y, como consecuencia puede suceder que no recordemos parte del camino de llegada a casa. Por el contrario, se convierte en patológico cuando la asociación se da en un alto grado y provoca la ruptura de la personalidad. En este caso, la persona no tiene sensaciones de sí misma (despersonalización) y de las percepciones de la vida diaria (desrealización).

Por otro lado, en cuanto al trastorno de personalidad múltiple, la cultura popular ha sido la que se ha apropiado en gran medida de este término. Está muy arraigado tanto por su utilización en el cine como en la literatura.

En la literatura los ejemplos que mayor popularidad han tenido son la novela de Robert Louis Stevenson El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, así como la obra del poeta Fernando Pessoa. En ambos casos los autores inventan una personalidad y biografía completa haciendo creer que sus protagonistas poseían personalidades diferentes y reales. En el cine apareció por primera vez con Las tres caras de Eva (The Three Faces of Eve) en 1957. Posteriormente se ha utilizado infinidad de veces en Hollywood, como en el caso de la película Múltiple, donde el protagonista convive con hasta 23 personalidades diferentes. En definitiva, la cultura popular lleva al diagnóstico de trastorno de identidad disociativo a una exageración. Sin embargo, es únicamente realidad en la ficción y no en la vida real.

Y entonces... ¿Cambia la personalidad?

La personalidad se va modificando a partir de la influencia de factores como la genética que heredamos de nuestros antepasados, el temperamento, los antecedentes familiares y  factores externos como el entorno y los eventos vividos durante nuestro desarrollo. También se ve influida con relación al logro de un mayor bienestar personal, es decir, nuestra personalidad se reajustará para lograr estar más satisfechos o felices. Por tanto, en la disociación influyen factores de riesgo como los eventos dolorosos o traumáticos vividos sobre todo en la infancia, que pueden hacer que cambie nuestra personalidad otorgando un papel protector al defendernos de algo impactante y doloroso para nosotros.

Entonces... ¿existe el trastorno de personalidad múltiple?

Podemos concluir diciendo que el trastorno de personalidad múltiple no existe como tal. Existen algunos trastornos que implican tener ideas que te hacen estar fuera de la realidad pero que no implican tener más de una personalidad. Por ejemplo, la idea de tener otra edad, otro sexo, experimentar eventos disociativos como dejar de ver, de sentir, oír voces, etc. Estos últimos se relacionan con trastornos psicóticos como la esquizofrenia. También pueden aparecer situaciones en las que la persona pueda ser muy explosiva en determinados momentos, por lo que se definirían como rasgos de personalidad; o incluso padecer trastornos del estado de ánimo, pero todo ello relacionado con trastornos de personalidad como el trastorno límite. Toda esta sintomatología ha sido, y sigue siendo reconocida de forma errónea como trastorno de personalidad múltiple, pese a qué en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V) adquiere la denominación de Trastorno de Identidad Disociativo.

BIBLIOGRAFÍA

-https://depsicologia.com/personalidad-multiple-verdad-o-mito/

-https://depsicologia.com/puede-uno-cambiar-su-personalidad/

-https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-de-la-salud-mental/trastornos-disociativos/trastorno-de-identidad-disociativo

-https://longsoulsystem.com/trastorno-identidad-disociativo/criterios/criterios-dsmv/[/vc_column_text]

Artículo escrito por Sofía Pérez.

“Tenía una vida perfecta, acababa de terminar mis estudios de grado en Turismo, hacía deporte, salía con mis amigos, estaba feliz con mi pareja, tenía muy buena relación con mi hermana y mis padres, muchos planes para viajar este verano… De pronto, ¿qué me ocurre? Me fatigo mucho, hablo con dificultad, me cuesta mantener el equilibrio. Me hacen pruebas y más pruebas, me siento débil, me mareo, siento un hormigueo en las piernas… Llegó el día, ya han dado con mi diagnóstico: Esclerosis Múltiple. ¿Y ahora qué? ¿Me curaré? ¿Podré viajar? ¿Podré continuar con mis planes? ¿Podré formar una familia?”

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad autoinmunitaria que afecta al cerebro y a la médula espinal. El 70% de los diagnósticos se da en personas jóvenes de entre 20 y 40 años. Actualmente existen más de 50000 casos en toda España y se estima que cada año son diagnosticados 2000 nuevos casos.

Estudios informan de que en las últimas décadas la cantidad de pacientes con la enfermedad se ha duplicado. Después de la epilepsia, es la enfermedad neurológica más frecuente en adultos jóvenes.

Cuando la persona es diagnosticada, es posible que su vida se ponga por un instante en pausa: Esclerosis Múltiple, una enfermedad que actualmente no tiene cura, ¿y ahora qué? Son muchas las preguntas que pasan por la cabeza de quien la padece, “la enfermedad de las mil caras” como se le llama comúnmente, por la gran variedad de formas que tiene de poder afectar a la persona: el equilibrio, el habla, la memoria, hormigueo en varias partes del cuerpo, parálisis y un largo etc. Si bien no tiene cura cada vez existen más tratamientos que se han demostrado eficaces para sobrellevar sus síntomas lo mejor posible.

Al igual que en otras enfermedades crónicas y degenerativas, uno de los tratamientos que debe ir de la mano del médico es el tratamiento psicológico. Frente a los problemas físicos que conlleva existen otros psicológicos que se deben abordar.

Surgen muchas dudas. Por algún motivo es una enfermedad que no tiene mucha visibilidad y que se confunde habitualmente con otras como el ELA, o alguna enfermedad de los huesos, en la que se desconocen los síntomas y, por lo tanto, hay ocasiones en las que estos son confundidos con, por ejemplo, la pérdida de equilibrio o el problema del habla. Algunos enfermos de Esclerosis Múltiple afirman haber sido acusados de ir “con una copa de más” cuando realmente están padeciendo una de sus secuelas.

Otra de las consecuencias de la Esclerosis Múltiple, y posiblemente el síntoma más común a todos los que la padecen, es la fatiga: un cansancio constante que en determinados momentos, como al finalizar el día o en las estaciones en las que hace más calor, se ve en aumento. El problema de este síntoma es que no se ve, es algo que sienten y al no verse y no poder demostrarse, a la gente que tienen alrededor les cuesta entender.

A estos síntomas y falta de comprensión o ignorancia por parte de la gente ajena, le debemos añadir la aceptación de la enfermedad de quienes la padecen. Ponte en el lugar de alguien a quien acaban de diagnosticar Esclerosis Múltiple, ¿te imaginas que te dicen que tienes una enfermedad degenerativa, crónica y que no tiene cura? Desde ese momento sabes que tu vida ya no va a ser la misma, no puedes hacer nada para cambiar el diagnóstico, pero sí para aprender a vivir con ello de la mejor manera posible.

La aparición de la enfermedad afecta no sólo a quien la padece sino también a su círculo cercano. Por este motivo se debe abordar en el ámbito individual, de pareja, familiar y en grupo, junto con otros pacientes que se encuentren en la misma situación.

Es importante saber explicar qué consecuencias tiene, aportando información adecuada, pero no poniéndose en el peor de los casos sino tratando de buscar soluciones a los problemas que se dan en el momento actual, con un asesoramiento correcto. Muchos de los pacientes se ven obligados a buscar nuevas oportunidades laborales adaptadas a sus circunstancias y nuevas actividades que fomenten una vida activa.

“Cuando dejas de hacerte el héroe, te pones en manos de los que saben y te rodeas de un buen equipo, entonces las cosas funcionan”. Estas son las palabras de Ramón Arroyo, diagnosticado con Esclerosis Múltiple en el 2004, fue capaz de realizar un Iron Man a pesar de que los doctores le aseguraron que no podría caminar ni 100 metros. Un ejemplo de superación. No quiere decir que por ser diagnosticado ya debas hacer todo lo posible por convertirte en un atleta, pero sí es un claro ejemplo de que la enfermedad no detiene tu vida.

“Esclerosis Múltiple ¿Y ahora qué? ¿Me curaré? ¿Podré viajar? ¿Podré continuar con mis planes? ¿Podré formar una familia? No me curaré, pero: podré viajar, podré continuar con mis planes, si no son los mismos, serán otros, podré formar una familia…Podré VIVIR.”

El 30 de mayo es el día mundial de la Esclerosis Múltiple. Hagamos más visible esta enfermedad y rompamos los estigmas que existen.

BIBLIOGRAFÍA

Carmen, C. (28 de diciembre de 2016). Dani Rovira en el cine. Ramón Arroyo. Teresa Perales, Fundación Telefónica. https://teresaperales.fundaciontelefonica.com/gente-capaz/ramon-arroyo-dani-rovira-cien-metros/

Merck Group. (31 de mayo de 2019). Datos y cifras de la esclerosis múltiple en España. Con la EM. https://www.conlaem.es/actualidad/esclerosis-multiple-españa-cifras

Telemadrid. (18 de junio de 2019). Eso no se pregunta: Esclerosis Múltiple. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=bapoyhcbdls

Artículo escrito por Belén López.

Una preocupación muy común en los padres es el miedo de los hijos. A muchos adultos no se les ha enseñado a relacionarse con sus emociones, o no saben cómo enseñar a manejarlas.

El miedo es una emoción cuya función es protegernos ante un peligro: se encarga tanto de prevenirlo como de prepararnos para enfrentarlo, lo que nos permite adaptarnos mejor al medio.

El miedo suele aparecer a los siete meses de vida, produciéndose ante ruidos fuertes o alturas. Conforme el niño se va desarrollando se encuentra con estímulos nuevos y desconocidos hasta entonces, siendo característica la aparición de miedos concretos a determinadas edades. A esto se le denomina miedos evolutivos.

Algunos de los miedos evolutivos más importantes son:

Ante diversas emociones, a veces tendemos a intentar minimizar su importancia con frases como “no tengas miedo” o “si no pasa nada”, pero estas no le permiten crear habilidades para relacionarse con su miedo y, como hemos dicho, el miedo es adaptativo y como tal necesario. Lo apropiado es ayudar a nuestros hijos a enfrentarse a ellos. Para ello, es importante que validemos su emoción, escuchándole, ayudándole a definir y entender el miedo sin restarle importancia.

Otra estrategia que podemos usar es la normalización. Con este fin podemos contarle algún miedo que hayamos tenido o podemos ayudarnos de algún cuento infantil. Existen numerosos cuentos en el mercado destinados a este objetivo, que presentan también un modelo en el que el protagonista supera algún miedo.

Es importante entender que la finalidad es que aprendan a relacionarse con el miedo como lo que es, una alarma que nos permite identificar un posible peligro, sin que por ello tengamos que permitir que este controle nuestros actos y puedan decidir por ellos mismos. Obligarles a permanecer en una situación que les produce miedo puede tener el efecto contrario.

En ocasiones las estrategias anteriores no son suficientes para que el niño se sienta preparado para enfrentarse a la situación que le produce miedo. Puede que necesite que le acompañemos en un primer momento, o de algún objeto que le de cierta seguridad, acerca del cual diversos autores (Díaz et al., 2017; Labrador, 2014) recomiendan una retirada gradual. Algo que puede ayudarle también es dividir la situación en pequeñas aproximaciones que le permitan ir consiguiendo metas. En estos casos es necesario que valoremos cualquier acercamiento que tenga a la situación para aumentar la probabilidad de que estos se sigan realizando con éxito.

Si vemos que el miedo se mantiene, es demasiado elevado para poder manejarlo o no sabemos cómo hacerlo, es recomendable buscar ayuda de un profesional. Puede encontrar más información en: https://psicologosprincesa81.com/psicologo-ansiedad-infancia-madrid.

BIBLIOGRAFÍA

Alzina, R. B. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida. Revista de investigación educativa, 21(1), 7-43.

Labrador Encinas, F. J. (2014). Técnicas de modificación de conducta. Ediciones Pirámide.

Díaz García, M. I., Ruiz Fernández, M. Á., & Villalobos Crespo, A. (2017). Manual de técnicas y terapias cognitivo conductuales. Desclée de Brouwer.

Pérez Álvarez, M., Fernández Hermida, J. R., Fernández Rodríguez, C., & Amigo Vázquez, I. (2018). Guía de tratamientos psicológicos eficaces II. Comercial Grupo ANAYA, SA.

Sandín, B. (1997). Ansiedad, miedos y fobias en niños y adolescentes. Librería-Editorial Dykinson.

Artículo escrito por María del Mar Jódar

Detrás de cada fallecimiento por Covid, hay historias de sufrimiento de familiares y personas cercanas que, a fin de cuentas, también son víctimas.  Estas personas tienen un alto riesgo de sufrir el llamado duelo complicado.

¿Cuáles son los principales factores de riesgo implicados en los fallecimientos por Covid-19?

Convergen varios factores de riesgo:

Ante estas circunstancias, si no se toman medidas adecuadas, podría derivar en algunos casos en duelo complicado.

¿Se puede hacer algo para atenuar o evitar las secuelas?

Existen una serie de pautas que pueden ayudar a la elaboración del duelo y prevenir efectos adversos. A continuación, se detallan algunas recomendaciones:

Los miembros de la familia deben asumir la realidad de la pérdida y tomar conciencia de lo que ha ocurrido. Para ello puede resultar útil que puedan ver al fallecido, con el objeto de conmemorarle llevando a cabo los rituales que consideren necesarios. Es positivo hablar sobre las circunstancias en que se produjo la muerte, así como valorar objetiva y positivamente la atención que han dado al enfermo. Incluso si dadas las circunstancias no se ha podido estar con él en el momento del desenlace, se debe asumir que no ha sido posible.

Es recomendable adquirir conocimientos del proceso del duelo y como se manifiesta, con el objetivo de normalizar sentimientos y comportamientos: estimular las verbalizaciones sobre el fallecido, su historia y la relación con él, revisando tanto los aspectos positivos como negativos. Expresar pensamientos, sentimientos y emociones.

¿Cómo se puede tratar la cuestión con los más pequeños?

Para realizar una comunicación adecuada a los más pequeños, habría que preguntar que es lo que conocen sobre la muerte, para saber lo que aún necesitan aprender y asimilar a nivel emocional. Los niños deben entender que la muerte es universal, que llega a todos los seres vivos tarde o temprano, que es irreversible (si no comprende todo lo que implica, habría que explicar que todas las constantes vitales se paran), y que es la consecuencia de una enfermedad que ha provocado unos problemas funcionales y físicos en el organismo que no hacen viable la supervivencia.

Habría que utilizar un lenguaje claro, preciso, sincero y adaptado a su edad a la hora de explicar los conceptos; no se deben utilizar metáforas que confundan (está en el cielo, se ha dormido, etc.). Es importante explicar la diferencia entre el virus y la enfermedad, quienes son las personas de riesgo, qué medidas se están tomando y dar seguridad en el futuro sin quitar gravedad. Es preciso evitar que los niños generen miedos a contraer la enfermedad ellos mismos o sus hermanos o progenitores.

Hay que favorecer el uso del juego, el dibujo y la dramatización para expresar sus emociones. Los niños manifiestan su dolor por la pérdida de forma diferente a la de los adultos, pudiendo mostrar cambios frecuentes de humor, disminuir el rendimiento escolar y presentar alteraciones en la alimentación y el sueño.

Los niños, en su fantasía, podrían considerar que algo que pensaron o dijeron en algún momento determinado ha causado la muerte de su ser querido, por ello hay que favorecer la comunicación y evitar que se produzca cualquier sentimiento de culpa.

¿Cómo se podría proceder con los adolescentes?

Los adolescentes tienen plena conciencia de lo que significa la muerte desde una perspectiva biológica y filosófica. Sin embargo, hay que animarlos a que expresen su propia opinión acerca del porqué de la muerte y si existe o no un más allá.

A la hora de comunicar el fallecimiento, habría que explicarles, gradualmente y con pocas palabras, como ocurrió la muerte y responder a todas las preguntas que planteen con franqueza, ya que sus fantasías podrían ser peores que la realidad. Es preferible que sea la figura de apego más cercana la que les dé la mala noticia, pero si no resultase posible, es importante escoger una persona emocionalmente próxima y subrayarles que su figura de apego no está con él porque no puede, no porque no quiera.

Si van a participar en los ritos funerarios, es aconsejable explicarles previamente como se va a desarrollar la situación y, por supuesto, acompañarlos en aquello que quieran hacer (no dejar ver el cadáver solos). Por el contrario, si deciden no asistir, no hay que reprochar.

Por lo tanto, resulta primordial favorecer la expresión de las emociones y eliminar cualquier sentimiento de culpa. Necesitan sentirse parte activa de la familia, dar su opinión y ser tenidos en cuenta.

¿Y qué pasa con los adultos?

La pareja de la persona fallecida, si tiene niños pequeños o adolescentes, su papel será complicado. Por un lado debe tratar de sobrellevar su propio duelo y, por otro, ayudar a afrontar el duelo al resto de la familia. Deberá mantenerse física y emocionalmente cerca de ellos, garantizarles el afecto, compartir el dolor con ellos y ofrecerles modelos de actuación. Deberá explicar que no van a olvidar al fallecido y que van a seguir queriéndole.

Es muy importante mantener los hábitos, las costumbres, los horarios y las normas establecidas de forma que no sienta que el mundo entero se desestabiliza y se desorganiza ante ellos. Esta manera de actuar ayuda a conservar cierto orden, dentro de la confusión que supone la muerte de un ser querido.

Resulta recomendable animar al conjunto de la familia a que retome su vida y sus relaciones sociales, tan pronto como sea posible y cuando el levantamiento de los confinamientos lo permitan. En el caso de niños y adolescentes, pasar tiempo comunicándose con sus amigos puede serles de gran ayuda. Por el contrario, hay que evitar que sus hijos ocupen “el lugar o papel del fallecido”. Por último, es muy recomendable reforzar los recuerdos positivos de la persona perdida, sin sublimarla.

Algún recurso que puede ayudar a elaborar el duelo es escribirle una carta o realizar, cuando sea posible, un acto bonito de conmemoración.

Como conclusión, la Covid -19 no solo está afectando a las personas que lo padecen sino también a todo su entorno familiar. Abordar el duelo, en las durísimas condiciones que se está desarrollando la pandemia, es un factor de riesgo de padecer un trastorno emocional. No obstante, podemos actuar y comunicar de una forma que facilite la elaboración del duelo, consistente básicamente en compartir y expresar el dolor y no evitarlo. Es un error pensar que los más pequeños o adolescentes son ajenos a este sufrimiento. La consabida frase “pasará con el tiempo” no es del todo acertada. Un duelo mal elaborado puede producir resonancia emocional toda la vida.

BIBLIOGRAFÍA

Artículo escrito por Blanca Alcanda .

¿En qué consiste el Síndrome de X-Frágil?

El Síndrome X frágil (FXS) consiste en un trastorno genético, siendo la causa más frecuente de discapacidad intelectual de origen hereditario y la segunda cromosopatía después del síndrome de Down. Este síndrome está asociado al gen FMR1, el principal encargado de producir una proteína (FMRP) necesaria para el desarrollo sináptico y plasticidad cerebral. Por esta razón si hay algún efecto en el gen la persona no producirá o lo hará en cantidades limitadas dicha proteína.

Actualmente su prevalencia ha ido disminuyendo considerablemente, señalando una mayor afectación a hombres (1 de cada 4000) que a mujeres (1 de 6000). También existe la posibilidad de ser portador; es decir, con ausencia del síndrome, pero sí puede poseer alguna de las copias del gen, estimando en torno a 1 de cada de cada 750 hombres y 1 de cada 250 mujeres.

En función del portador del síndrome, la herencia genética de este podría variar:

¿Qué características tiene a nivel cognitivo, conductual y físico?

Cognitivo: las personas con el Síndrome de X frágil muestran una disminución del desarrollo intelectual a nivel general. Aunque haya gran afectación en esta área siempre hay algunas funciones más conservadas que otras; en este caso, aquellas más relacionadas con los conocimientos y estrategias adquiridas a través de la historia de aprendizaje del sujeto (que requieren acceso a la información a largo plazo). Por otro lado, muestran mayores dificultades en las tareas de que requieren un mayor razonamiento abstracto.

A niveles generales suelen presentar mayores dificultades en la memoria de trabajo, funciones ejecutivas y habilidades matemáticas y visoespaciales. Las mujeres en este caso presentan mayores capacidades intelectuales a niveles generales. De hecho, muchas de las mujeres no llegan a presentar criterios de discapacidad intelectual, mientras muchos de los hombres afectados si presentan esta característica.

Conductual: la alteración genética del X frágil lleva asociada unas determinadas características de comportamiento como son la impulsividad o falta de atención, retraimiento social, algunas dificultades en el lenguaje, agresividad o inflexibilidad cognitiva entre otras:

Físico:

¿Qué influye en sus dificultades de aprendizaje?

Muchos de los niños que padecen X frágil en su nacimiento no muestran ningún rasgo físico que haga pensar en su aparición, si no que los primeros indicios suelen presentarse en las primeras etapas, cuando el niño no es capaz de alcanzar algunos de los hitos del desarrollo y tiene dificultades a nivel motriz, en el habla, control de los impulsos o algunos rasgos llamativos en el comportamiento. A lo largo de estas primeras etapas, sus limitaciones a nivel cognitivo y en el procesamiento de la información limitan de manera clara su desarrollo y condicionan sus aprendizajes. Entre las características más comunes se encuentran:

Como vemos las personas afectadas con X Frágil muestran muchas dificultades en ámbitos diferentes. Por ello es fundamental favorecer, en la medida de lo posible, los apoyos en sus aprendizajes, para que sean capaces de alcanzar sus máximas potencialidades y, derivado de ello, una mayor adaptación en la sociedad.

Referencias Bibliográficas

Tejada Mínguez, M., (2011). Síndrome X frágil. Libro de consulta para familias y profesionales.

Medina, B. (2014). Fenotipo conductual: conocer para comprender. En B. Medina, Y. de Diego e I. García (Coords.), Síndrome X frágil. Manual para familias y profesionales, 99-120. Tarragona: Publicaciones Altaria.

Alonso, M., y Gómez, M., (2017). Comportamiento, lenguaje y cognición de algunos síndromes que cursan con discapacidad intelectual. Revista INFAD de Psicología. International Journal of Developmental and Educational Psychology.4(1), 55-66.

Artículo escrito por Raquel Sarmiento.

La situación excepcional actual nos ha hecho cambiar nuestras rutinas, hábitos, costumbres y, también, nuestra forma de pensar y de relacionarnos, provocando cambios en todas las esferas de nuestra vida, en una nueva manera de morir y de despedir a nuestros seres queridos. A causa de todos estos cambios, nos hemos visto obligados a buscar estrategias de adaptación a la situación actual.

Un proceso que se ha visto especialmente afectado en esta pandemia mundial ha sido el del duelo, ya que actos alrededor de la pérdida tan significativos para el doliente como disponer del apoyo social en unos momentos tan difíciles, o poder desarrollar con normalidad los rituales propios de nuestra comunidad (velatorios, ceremonias religiosas o rituales familiares...) se han limitado en gran medida, siendo éstos muy importantes para que el proceso de duelo sea normal y no se convierta en un duelo complicado.

Características del duelo por COVID-19

Entonces ¿cómo podemos despedirnos en esta situación tan excepcional?

Gracias a Alarcón, Cabrera, García, Montejo, Plaza, Prieto, Rey, Robles y Vega (2020), un conjunto de psicólogos que se reunieron para hablar sobre esta situación, contamos con las siguientes posibles actividades a realizar en estos tiempos tanto a nivel personal como familiar:

En definitiva, contamos con distintos rituales a realizar en esta situación que ha influido en la elaboración del duelo y en su desarrollo. Sin embargo, también hay que tener en cuenta los deseos de los dolientes, ya que, si ha decidido que en estos primeros momentos no le apetece compartir la pérdida socialmente y prefiere llevarla sólo consigo mismo y de manera más íntima, hay que respetar esos deseos y derechos propios. No obstante, es necesario transmitirle al resto de las personas de su entorno que éste es su deseo, aunque es importante permitir que las personas que le quieren y rodean estén ahí para él y dejar que le cuiden en la medida de lo posible. Para concluir, lo más importante de todo es entender que es una situación excepcional y que más adelante, si se necesita, se puede llevar a cabo la ceremonia o el ritual que le hubiera gustado realizar en ese momento.

Artículo escrito por Ángela Esteban.

La pandemia ha sido como un huracán, una revolución en la historia reciente tanto de España como a nivel mundial, con reales consecuencias para la salud y el bienestar de las personas, especialmente de la población mayor. Entre estas consecuencias destaco el sentimiento de soledad, que actualmente es un síntoma más del COVID-19, el cual está camuflado entre las condiciones de salud o sintomatología asociada a este virus.

Pero… ¿qué es la soledad?

Se le pueden poner diferentes apellidos; sin embargo, cuando hablamos de soledad nos referimos a un estado subjetivo, pues a diferencia del aislamiento, la persona que se siente sola considera que podría tener muchas más conexiones con los amigos, familiares, etc. En esta línea se hace referencia a esa sensación subjetiva de sufrimiento —por no estar conectado a los demás— y que la pandemia ha puesto en aumento.

Se habla de soledad subjetiva porque depende de cómo lo viva cada uno; por ejemplo: hay personas que están solas y no se sienten solas; la diferencia se encuentra en sentimiento de desconexión con los otros y con uno mismo.

Mi experiencia con las personas mayores me está permitiendo ver desde cerca diferentes aspectos durante ésta etapa vital. Tras conocer sus verdaderas necesidades de salud física, psíquica y en el ámbito social, puedo entender como la pandemia ha llevado a muchos mayores “a entrar en una situación de depresión o cuadros de ansiedad”.

Estas son algunas de las expresiones que he podido recoger de diferentes testimonios de personas con depresión, por la soledad que les ha traído la pandemia:

"La soledad como el peor de los castigos”,

“la soledad como una opción asignada”.

“La soledad identificada como una tristeza inmensa de no poder hablar, no compartir mi día a día con otra persona, al mismo tiempo me genera frustración”,

“La soledad como incomprensión: pienso que no me comprenden cuando explico cómo en encuentro”.

“La soledad como incomprensión: a veces me hace sentir que es lo que me tocaba, que solo valgo para estar solo, esto me paraliza.

De acuerdo con los resultados de algunos estudios y encuestas sobre qué personas se sienten más solas, señalo que podrían ser aquellas que dicen sentirse incomprendidas y por tanto desconectadas; esta situación se ha ido potenciando debido a las diferentes conductas discriminatorias durante la pandemia:

Estos mensajes han despertado en la población mayor un sentimiento de inservible, “no válido para contribuir”, solo para estar protegidos, con lo cual se ha fortalecido la actitud del rechazo y el miedo a envejecer solo.

Algunos de los efectos de la pandemia relacionados con el sufrimiento y estado de depresión en las personas mayores

La soledad que estaba escondida en muchas personas por la realización de talleres diarios y tareas habituales ha empezado a hacerse visible mediante el confinamiento, debido a la ruptura de esas actividades que armaban de utilidad a muchas personas jubiladas. Tras este hecho se han encontrado con grandes vacíos, pues para muchas de ellas los encuentros en estas actividades era la única fuente de comunicación o posiblemente las únicas relaciones que tenían, sustituyendo a la falta de comprensión y/o escucha activa por sus hijos, nietos, familiares y amigos. Es por ello que la ruptura de estos hábitos ha dejado al descubierto estas necesidades, lo cual genera una situación tan desagradable como desfavorable para las personas que viven esta situación.

De acuerdo con los datos recogidos en otros estudios, una de las principales causas de la soledad puede ser el percibir que otras personas te rechazan o no se preocupan por ti, aumentando el sentimiento de incomprensión. Quienes se sienten de esta forma suelen trasmitir cierta negatividad, o se alejan de los demás, debido a ese rechazo percibido, lo cual refuerza su aislamiento.

Un ejemplo de dialogo que veo más frecuente en consulta es: ““Cuando salgo de casa y me relaciono con otras amistades, me da vergüenza de contar mis experiencias están muy distanciadas a las de los demás, me van a juzgar, doy pena…”, “antes podía hablar de las actividades en las que participaba…”, “me siento triste no puedo cambiarlo con esta situación”….”

Por otra parte es necesario destacar la brecha digital que existe en la mayoría de las personas de este colectivo. En este año de confinamiento, la comunicación digital ha sido esencial y salvadora. Sin embargo tanto la carencia de recursos como de conocimiento de las nuevas tecnologías ahonda más los sentimientos de aislamiento y soledad en nuestros mayores.

Recomendaciones sobre las medidas para paliar con la soledad en las personas mayores

Un elemento esencial es la escucha activa hacia la población de 3ª generación; un modo de potenciarla sería involucrando a las personas mayores en la preparación de los protocolos de acción y las iniciativas que les atañen.

Otro aspecto muy favorable sería el aumento de la responsabilidad política, creando nuevos planes que apoyen y respalden el papel de la vecindad cuidadora, a diferencia del gran individualismo en el que se está viviendo en la actualidad; sobretodo adaptados a la nueva situación y dando lugar al aumento de las relaciones sociales entre la gente mayor. Este tipo de planes ayudarán a llenar ese vacío por la falta de comprensión o escucha que puedan tener las personas mayores en su día a día, dado que la mayoría de los hijos u otros familiares están trabajando, además de tener la responsabilidad de otra familia.

Para que estas medidas no sean un mero parche y resulten eficientes, es muy importante que además de localizar dónde se encuentran estas personas, se empleé el factor de escucha individual y de cercanía. De este modo se podrá entender qué les ha llevado a sentirse en soledad; observando las necesidades individuales, sus intereses y los recursos que tienen para poderlas ayudar. Por tanto es imprescindible establecer las medidas desde un nivel micro, de tal forma que no sean una para todos, sino realizar un abordaje trasversal, donde se puedan implantar planes de humanización.

Finalmente decir que para poder poner en práctica estas recomendaciones o medidas se necesita fomentar la investigación sobre cómo mejorar la sensibilidad interpersonal y el compromiso social hacia los demás.

Conclusiones

  1. La pandemia ha generado grandes daños en la tercera generación: uno de ellos ha sido la aparición de la soledad y el aumento de este sentimiento en personas que la han estado viviendo a lo largo de sus
  2. El fenómeno de soledad en las personas mayores debido al aislamiento que contemplan algunas de las medidas del COVID-19 está generando estados de depresión y, según los testimonios recogidos, se dan por la falta de conexión con otras personas al dejar de hacer sus actividades habituales, junto con la incomprensión

Esta situación nos lleva a la necesidad de dirigir las medidas hacia la comprensión de las personas y a su escucha, recreando modelos basados en el ser, cara al desarrollo personal; es decir, que para cada individuo cobre sentido y significado lo que él hace, fomentando también la conexión con la propia persona, pues los modelos en los que se ha basado el apoyo a los mayores —centrados en la actividad— se quedan pobres u obsoletos.

Se recomienda establecer medidas para lidiar con la soledad, centradas en la personas a nivel micro, creando gran variedad de actividades y recursos de tal forma que se evite la realización de una norma para todos.

BIBLIOGRAFÍA

Fernández-Ballesteros R. Impacto del COVID-19 en Personas Mayores en España: Algunos Resultados y Reflexiones. (2020) Recuperado el 20 de diciembre del 2020 de: https://www.eldiario.es/sociedad/coronavirus-personas-mayores-television_1_1220529.html

Graham J. (2019) Comprendiendo la soledad en adultos mayores y diseñado una solución. Recuperado el 20 de diciembre de 2020, de KHN website: https://khn.org/news/comprendiendo- la-soledad-en-los-adultos-mayores-y-disenando-una-solucion/

La angustia de muchas personas en el confinamiento: soledad, miedo y una angustia de muchas personas mayores sanas en el confinamiento: soledad, miedo y una televisión plagada de malas noticias. (2020). Recuperado 18 de diciembre de 2020, de El DIARIO.ES website: https://www.eldiario.es/sociedad/coronavirus-personas-mayores-television_1_1220529.html

Soledad y aislamiento vinculado a afecciones graves (2020). Recuperado 18 de diciembre de 2020, de website: https://www.cdc.gov/aging/spanish/features/lonely-older-adults.html

Artículo escrito por María Jesús Puente.

Desde tiempos remotos, el ser humano siempre ha realizado actividad física de un modo u otro, ya sea corriendo, andando, nadando, trepando o reptando. Habilidades las cuales han permitido nuestra supervivencia como especie (Luarte, Garrido, Pacheco & Daolio, 2016). A la hora de hacer una búsqueda sobre los efectos del deporte en la salud encontramos numerosos artículos, libros y revistas que hacen referencia a dichos efectos.

Actualmente, en la sociedad moderna, las personas suelen tener bastantes problemas para dedicar un mínimo de tiempo vital en realizar ejercicio, pero si dejamos de practicarlo  nuestro cuerpo empezará a acostumbrarse a la inactividad y esto es algo que se podría evitar.

Además, la inactividad física es una de las causas más comunes de muerte según la OMS (2016). Es por ello que, si le dedicamos un mínimo de tiempo, estaremos estimulando nuestro cuerpo y por tanto generaremos ganancias en nuestra salud.

A nivel físico, resulta evidente que el beneficio más importante que encontramos es la mejora en nuestra capacidad aeróbica y por consiguiente nuestro sistema cardiovascular. Otros resultados que se van dando con el tiempo son el fortalecimiento de huesos y músculos, una mayor flexibilidad, fuerza y resistencia.

A nivel psicológico, también se hayan numerosos resultados como el fortalecimiento de la autoestima y del autoconcepto, aumento de la calidad del sueño, mejora de las habilidades sociales, mayor capacidad comunicativa, cambios en la dieta y mayor concienciación de lo que supone realizar ejercicio.

Cuando nos habituamos a la práctica deportiva, también se producen cambios en nuestra imagen corporal. En líneas generales, nos vemos más atléticos, más esbeltos o atractivos, características que son recibidas con una connotación positiva en la sociedad actual. A este respecto existen estudios, como el de Martínez & Veiga (2007), que afirman la correlación existente entre realizar ejercicio físico y una mayor satisfacción con la imagen corporal.

Sin embargo, los adolescentes suelen conformar el grupo de edad que tiene una insatisfacción más alta en relación a su silueta. Sobre todo, debido a los cambios evolutivos asociados a su crecimiento y que pueden suponer un rechazo en base a los cánones de belleza establecidos por la sociedad en la que vivimos (Levine y Smolak, 2002, citados en Requena, Martín & Lago, 2015), siendo las mujeres el sexo que presenta mayor incidencia en la población mundial (Cruz-Saéz, Pascual, Extebarría & Echeburúa, 2013).

Normalmente, tal y como sostienen Arcelus, García-Dantas, Sánchez & Del Río (2015) el rechazo del propio cuerpo, por parte de los adolescentes, suele estar relacionado con un estado de ánimo depresivo, menor autoestima y mayor probabilidad de desarrollar un trastorno de conducta alimentaria (TCA).

La imagen corporal (IC) que tenemos de nosotros mismos se va construyendo a lo largo del tiempo y tiene en cuenta las dimensiones cognitiva, perceptiva, afectiva y comportamental, sin descartar la influencia del contexto (León, Sepúlveda, & Botella, 2001).

En relación al sexo masculino, para ellos la preocupación por la silueta ha sido menor que en el caso de las mujeres tal y como recoge la literatura científica, aunque parece que sí son más conscientes de los beneficios en la salud que produce la práctica continua de ejercicio físico (Martínez, 2003). Sin embargo, según Baile (2011), los varones que suelen practicar deporte con regularidad presentan una mayor preocupación por su imagen, pudiendo en algunos casos presentar trastornos TDC como la vigorexia.

Ejercitarnos con una frecuencia y duración determinadas, además de ajustada a cada individuo, parece influir en el desarrollo y mantenimiento de una imagen corporal más positiva. Estudios como los de Alley (1991), Camacho (2005) y Tornero y Sierra (2008) avalan dicha conclusión.

Aunque hay alguna que otra evidencia científica de que, a medida que nos hacemos mayores, nos volvemos más tolerantes con nuestro cuerpo (Montaño, 2008), pocos estudios hay al respecto con lo que se aboga por realizar más investigaciones que incluyan la edad al estudiar la imagen corporal.

Conclusiones

Si bien es sabido que el deporte reporta numerosos beneficios, tanto a nivel físico como a nivel mental, resulta conveniente resaltar que también influye en la percepción global que tenemos de nuestra imagen corporal.

Cuando somos más jóvenes, parece haber menor aceptación con el propio cuerpo. Sin embargo, este tema parece perder fuerza a medida que vamos creciendo, no sin olvidar que se recomienda una mayor investigación en la influencia de la edad con respecto a la imagen física.

Son las mujeres las que presentan mayor insatisfacción con su propio cuerpo, debido en gran parte a la influencia que tienen los medios de comunicación y la publicidad. También son las que tienen mayor probabilidad de sufrir un TCA como la anorexia nerviosa (AN), bulimia nerviosa (BN) y trastorno por atracón, debido a esos cánones imperantes en la sociedad. En concreto, las adolescentes serían el grupo con mayor riesgo de sufrir dichos trastornos tal y como se recoge en la literatura científica.

Para finalizar, comentar que está demostrado que practicar ejercicio con regularidad correlaciona positivamente con una mayor tolerancia a la silueta propia aunque sería conveniente mostrar un mayor interés en la insatisfacción que tienen las personas con su propio cuerpo, ya que es un problema creciente en las sociedades modernas y que cursa con individuos con menor autoestima, síntomas depresivos y mayor probabilidad de sufrir un TCA o un trastorno dismórfico corporal (TDC) (Cash & Fleming, 2002; Otero, Lameiras, & Rodríguez, 2004; Stice, Hayward, Cameron, Killen, & Taylor, 2000; Eric Stice, Ng, & Shaw, 2010).

REFERENCIAS

Arcelus, J., García-Dantas, A., Sánchez, M., & Del Río, C. (2015). Influence of perfectionism on variables associated to eating disorders in dance students. Revista de Psicología del Deporte, 297-303.

Baile, J. (2011). Psychologia: Avances de la disciplina. Psychologia. Avances de La Disciplina, 5(1), 135–136.

Cruz-Saéz, M., Pascual, A., Extebarría, I., & Echeburúa, E. (2013). Riesgo de trastorno de la conducta alimentaria, consumo de sustancias adictivas y dificultades emocionales en chicas adolescentes. Anales de Psicología, 724-733.

León, J., Sepúlveda, A., Botella, J. (2001). La alteración de la imagen corporal en los trastornos de la alimentación: Un meta-análisis. Psicothema, 13(1), 7-16.

Luarte, C., Garrido, A., Pacheco, J. y Daolio, J. (2016). Antecedentes históricos de la Actividad Física para la salud. Revista Ciencias de la Actividad Física UCM, 17(1), 67-76.

Montaño, I. (2008). Imagen corporal y envejecimiento. Avances en Psiquiatría Biológica, 9, 57-73.

Requena, C. M., Martín, A. M., & Lago, B. S. (2015). Imagen corporal, autoestima, motivación y rendimiento en practicantes de danza. Revista de Psicología del Deporte, 37-44.

Artículo escrito por Antonio Baca.

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que tiene el juego en sus diversas variantes (casino, apuestas deportivas, bingo, máquinas de azar, etc.) para que pueda suponer una adicción y esté recogido en el DSM-5 dentro de los trastornos adictivos como juego patológico?

¿Por qué actualmente supone una lacra social y está haciendo estragos últimamente en la población más joven?

¿Por qué cada vez se engancha más gente?

¿Qué tiene el juego que cada vez es más adictivo y genera más jugadores patológicos en nuestra sociedad?

¿Por qué la población joven es más vulnerable a caer en las garras del juego patológico?

La respuesta la encontramos en el potencial adictivo del juego.

El potencial adictivo del juego reside en las peculiaridades propias que tiene cada juego que le hace potencialmente adictivo; es decir, las características que facilitan que una persona se enganche a dicho juego.

Dicho potencial adictivo es uno de los factores clave a la hora de desarrollar una adicción al juego o ludopatía, ya que facilita la aparición de la dependencia y su agravamiento con el aumento del tiempo y consumo.

Estas características que convierte al juego en algo especialmente adictivo son:

El fácil acceso: la disponibilidad y el acceso al juego es casi total y esto aumenta la capacidad adictiva. Desde el propio móvil u ordenador hay posibilidad de jugar en cualquier momento y en cualquier lugar, de manera anónima, sin observadores si se desea. Este es uno de los principales factores causales de la proliferación exponencial que ha tenido el juego online en los últimos años.

El tiempo tan breve que se da entre la apuesta y el resultado: cuanto menor sea el intervalo transcurrido entre la apuesta y el resultado mayor es el potencial adictivo debido al refuerzo inmediato que se produce. Por ejemplo, el tiempo que transcurre desde que se compra lotería de navidad hasta conocer el resultado es de días e incluso semanas, mientras que en la mayoría de juegos de casino y apuestas son casi inmediatos, y por lo tanto, mucho más adictivos.

La aceptación social: cuanto mayor sea la permisividad y facilidades legales para acceder a los casinos, casas de apuestas y al juego en general, mayor será la aceptación que se genere en la sociedad por efecto de la normalización social hacia esta actividad.

La ilusión de control: que producen la mayoría de juegos y que inducen al sesgo cognitivo de creer, por parte del jugador, que los resultados del juego dependen más de las propias decisiones, acciones y habilidad personal que del azar. La ilusión de control es una característica altamente estudiada a la hora de diseñar los juegos para generar este sesgo cognitivo.

El grado de activación generado: dados diversos factores de vulnerabilidad como variables de personalidad, emocionales, sociales, biológicas, genéticas o cognitivas la respuesta ante el juego no es la misma para todas las personas, con lo que el grado de activación generado es valorado de forma diferente. La baja autoestima, una cohesión familiar débil, intolerancia a los estímulos displacenteros, impulsividad, carencia de afecto, búsqueda de sensaciones, un estado de ánimo disfórico, pobreza en relaciones sociales o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas son variables causales y facilitadoras de la adicción al juego.

La posibilidad de aumentar la apuesta: genera una sensación y creencia de mayor ganancia por el mismo o menor riesgo, por lo que los juegos que permiten elevar la apuesta tienen una mayor capacidad adictiva.

El juego es uno de los negocios más rentables que desde tiempos inmemoriales han existido. La simbiosis del estudio y perfecto conocimiento de la psicología del jugador patológico así como la legislación permisiva y la aparición de las nuevas tecnologías aplicadas al juego han generado una suerte de red que actúa como trampa ilusoria para las personas más vulnerables y susceptibles de acabar en el padecimiento de la ludopatía, de la cual es muy difícil escapar cuando ya se está dentro. Las consecuencias son devastadoras, llegando a arruinar a familias enteras y en no pocos casos al suicidio.

Si se detectan conductas de riesgo con el juego o conductas patológicas de juego, es fundamental acudir lo antes posible a terapia para evitar el agravamiento de dicha adicción así como el empeoramiento de las consecuencias asociadas.

Artículo escrito por Francisco Javier Guardia.

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