El Accidente Cerebro Vascular (ACV) o más comúnmente conocido como ictus, presenta una incidencia anual de 2-8 por cada 1000 habitantes. Es la segunda causa más frecuente de muerte en el mundo y supone una causa de discapacidad en la población adulta. Entre los factores de riesgo se destacan la edad (son más frecuentes a partir de los 55 años), la vulnerabilidad genética y las enfermedades vasculares previas. Desafortunadamente, se espera que en los próximos años esta tendencia se mantenga e incluso aumente. Por ello, resulta verdaderamente importante ofrecer cierta visibilidad sobre esta problemática y, concretamente, sobre sus consecuencias neuropsicológicas a corto y largo plazo.
Las alteraciones neuropsicológicas que un individuo presenta tras un ictus dependerán de la localización de la lesión en relación con los territorios vasculares cerebrales. Estas, en su mayor medida, son altamente disfuncionales para la persona que las padece; por ello resulta esencial que las conozcamos, contemplemos la rehabilitación neuropsicológica como una opción que permite un margen de mejora en la calidad de vida de la persona.
Las manifestaciones clínicas asociadas a la presencia de alteraciones en las funciones ejecutivas tras un ictus incluyen desinhibición, inflexibilidad cognitiva, conducta perseverante, distractibilidad o dificultad para mantener, actualizar y manipular contenidos mentales de diferente índole. Paralelamente a estos déficits cognitivos, es frecuente que se produzcan alteraciones emocionales y cuadros de desmotivación y apatía (caracterizados, estos últimos, por un desinterés extremo por el día a día, escasa iniciativa y ausencia de objetivos). Resulta indudable la utilidad que puede suponer conocer esta información para poder diseñar un plan de intervención acorde con las necesidades del paciente.
De manera más específica, podemos resaltar que las alteraciones cognitivas asociadas a un ictus suponen importantes déficits sobre el funcionamiento ejecutivo (debido fundamentalmente a lesiones de los lóbulos frontales). Algunas de las funciones ejecutivas que acaparan más importancia en estas lesiones son las alteraciones disejecutivas, como la habilidad para cambiar de una tarea a otra, mantener y manipular información en la memoria operativa, e incluso lentitud en el procesamiento de la información. Concretamente, las alteraciones cognitivas más representativas de las lesiones en el hemisferio izquierdo son la afasia, apraxia y dificultades de aprendizaje verbal. Por otra parte, las lesiones derechas afectan a los procesos viso-espaciales, aprendizaje no verbal, falta de conciencia del déficit, alteraciones en la pragmática de la comunicación y dificultades atencionales. Además, muchos pacientes con lesiones derechas presentan una marcada indiferencia emocional, desinhibición verbal así como presencia de anosognosia o falta de conciencia del déficit.
Desde el ámbito de la Neuropsicología, resulta esencial diseñar evaluaciones y rehabilitaciones individualizadas que se adapten lo máximo posible a las funciones cognitivas preservadas y alteradas del paciente. De esta manera es posible conseguir, en un intervalo de tiempo determinado, mantener y fortalecer las áreas preservadas y minimizar al impacto de las áreas alteradas en el día a día del paciente, ofreciendo pautas y herramientas alternativas. Además, resulta altamente recomendable la combinación de rehabilitación neuropsicológica con terapia psicológica en muchos casos. Por ello, debemos trabajar desde un enfoque multidisciplinar en coordinación con otros compañeros sanitarios, dotándonos de toda fuente de información útil para diseñar una atención individualizada y eficaz.
Por otro lado, es esencial tener en cuenta el papel de la neuroplasticidad. Son numerosos los estudios que resaltan la importancia de que, tras un ictus, se inicie la rehabilitación cognitiva cuanto antes, ya que así se producirá una sinergia positiva entre la recuperación espontánea inducida por el propio cerebro y el efecto facilitador ejercido por la rehabilitación, aprovechando la mayor plasticidad cerebral que existe en la base inmediatamente posterior a la aparición del daño cerebral.
Un factor que favorece la recuperación a largo plazo es el aumento en el número de nuevas neuronas, en determinadas áreas como el hipocampo, como mecanismo de compensación frente a la pérdida de las neuronas dañadas. La neuroplasticidad también se expresa en el crecimiento de los axones enervados que activan su regeneración a una velocidad de 1mm/día. Por lo tanto, la recuperación del daño cerebral adquirido, en este caso un ictus, está condicionada por la acción combinada de diversos factores:
Los factores intrínsecos: edad, género, lateralidad, personalidad previa, nivel cognitivo premórbido, conciencia del déficit y empleo de rehabilitación.
Los factores extrínsecos: modo de instauración, gravedad, localización y presencia de coma.
Resulta esencial tener en cuenta toda esta información para poder adaptar la rehabilitación neuropsicológica a las necesidades del paciente en ese momento y considerar sus posibles repercusiones a largo plazo. Por lo tanto, como psicólogos sanitarios, debemos concebir ciertos problemas que aparentemente son médicos como posibles áreas de trabajo dentro de la Psicología, en este caso, desde la Neuropsicología Clínica.
Artículo escrito por Isabel Martín.
Durante toda nuestra vida, el sueño ocupará una tercera parte de nuestro tiempo. Es decir: una persona, antes de morir, puede haber pasado 330.000 horas dormido, el equivalente a 37.4 años de nuestras vidas.
Todos los seres vivos necesitamos dormir de una manera reparadora que nos permita estar activos y descansados durante la vigilia. Sin embargo, el número de horas de descanso que se necesitan puede variar de una especie a otra, incluso de un ser humano a otro, dependiendo de la edad, los hábitos, o la naturaleza.
Por ejemplo: en el reino animal, los murciélagos son los que más duermen, unas 20 horas al día. Las jirafas, sin embargo, duermen solo unas 4 horas realizando, eso sí, varias siestas durante la vigilia. Entre los animales acuáticos las ballenas son un caso curioso porque mientras duermen, mantienen uno de los hemisferios cerebrales en actividad.
Por otro lado, entre los seres humanos podríamos decir que hay distintos patrones: Leonardo Da Vinci, por ejemplo, tan solo dormía 2 horas por la noche, y por el día realizaba siestas de 20 minutos cada 4 horas. Aunque este comportamiento en el sueño no deja de ser algo poco habitual.
El insomnio es en la actualidad uno de los trastornos que más desequilibrios produce en el bienestar de las personas. Vivimos en un mundo acelerado y donde pasamos mucha parte del tiempo trabajando, o conectados a las nuevas tecnologías hasta tarde y, en consecuencia, restando horas de sueño y descanso.
Las consecuencias de un mal descanso pueden empezar en forma de irritabilidad, somnolencia o falta de concentración y atención durante la vigilia, pudiendo haber también alteraciones físicas relacionadas con esa falta de sueño. En casos graves puede aparecer una confusión intensa, depresión respiratoria o incluso síndrome de abstinencia.
El problema no está en que durmamos menos de 7 u 8 horas, sino cuánto de ese sueño ha sido realmente reparador. Aunque el promedio esté en 7.5 horas, algunas personas tienen bastante con 5 o 6 horas, y otras entre 9 o 10 horas.
Cuando hemos roto el hábito del sueño a menudo buscamos remedios que sean inmediatos: los somníferos y tranquilizantes se han convertido, en la actualidad, en soluciones demasiado habituales. Y no están, sin embargo, exentos de considerables efectos secundarios a largo plazo. Por esta y otras razones resulta tan importante adquirir unos buenos hábitos de sueño que nos faciliten a su vez la desconexión de los problemas y el descanso.
El problema no está en que durmamos 7 u 8 horas, sino cuánto de ese sueño ha sido realmente reparador.
Algunos de los hábitos que ayudan a conciliar el sueño nocturno de una forma adecuada, mejorando la calidad en el descanso son:
- No ingerir comidas copiosas durante la cena
- Evitar el alcohol y la cafeína al menos de 6 a 8 horas antes de acostarse. En el caso de los tés es conveniente que no tengan teína
- Las infusiones antes de acostarse, como la tila, manzanilla, valeriana o pasiflora, ayudan a bajar la tensión y relajar el estado fisiológico y mental
- Evitar beber mucho líquido entre la cena y la hora de acostarse
- Lo contrario puede provocar que nos levantemos muchas veces al servicio durante la noche, provocando la ruptura del sueño
- Cuidado con los analgésicos y antigripales, suelen contener cafeína
- Procurar que pasen 2 horas desde que se cena hasta que uno se acuesta
- Es conveniente incluir alimentos ricos en triptófano, vitaminas del grupo B y magnesio: lechuga, canónigos, pescado azul, yogurt con almendras o nueces, vaso de leche con miel
- Es recomendable ingerir comida durante la cena, porque si se ayuna, puedes despertarte durante la noche debido a la sensación de hambre
- Dormir de lado ayuda a no roncar y por tanto a disfrutar de un descanso más reparador
- La temperatura de la habitación importa. La idónea sería 18 grados en verano y 21-22 grados en invierno
- Acostarse siempre a la misma hora
- Debemos mantener horarios fijos para acostarnos y levantarnos, independientemente de la hora a la que nos metamos en la cama
- No te acuestes antes de las 23.00 ni más tarde de la 1.00 de la madrugada
- No tener la televisión en el dormitorio
- La luz que emite los aparatos electrónicos confunde al cerebro, provocando que éste interprete que aún no es la hora de dormir
- La musicoterapia es recomendable para mantener y restaurar el bienestar
- Evitar actividades estimulantes antes de dormir, como el ejercicio físico
- Es importante que las actividades que se realicen antes de acostarse sean relajantes: dar un paseo, leer, darse un baño, practicar Mindfulness o yoga, escuchar música relajante
En conclusión ¿Qué consecuencias tiene para nosotros y nuestro organismo dormir bien?
- El sueño es una actividad imprescindible para que podamos estar despiertos durante el día
- Nos prepara para no tener una somnolencia excesiva diurna
- Tenemos un mejor estado de ánimo que provoca en nuestras allegadas tranquilidad y alegría
- La energía que tenemos es mucho mayor, lo que hace que nuestro día sea más productivo
- Conseguimos estar más concentrados en la tarea que estamos realizando
- Nuestra piel mejora y nuestras facciones están más relajadas
Cuando se tiene la percepción de no haber descansado adecuadamente, o sientes demasiada somnolencia durante el día o un cansancio continuo, puede ser importante ir a La Unidad de Sueño. Allí estudian las diversas alteraciones del sueño a través de una polisomnografía; es decir, una prueba que permite observar mientras se duerme el movimiento de los ojos, el tono del mentón, la actividad del cerebro, el ritmo cardiaco, la respiración y los movimientos de las piernas.
Un diagnóstico certero podrá ayudarte a aplicar las mejores soluciones para evitar el insomnio mejorando tu salud y tu calidad de vida
Bibliografía
Dormir bien para dummies (Dr Eduard Estivill). Edición Planeta de Libros.
Trastornos del sueño (Dr Francisco Marín). Edición especial Saber Vivir.
Artículo escrito por Sofía Pascual.
Pensamos que necesitamos de una pareja para poder disfrutar de una vida plena. Nos han hecho creer que somos medias naranjas, en busca de la otra media. De tal forma que si no existe esa colisión estaremos condenados a vivir con un sentimiento de vacío: un vacío que no podrá llenar nadie, ni amigos ni familiares, solamente esa persona que te da ese tipo de amor diferente. Y si bien es cierto que a un porcentaje elevado de la población le gustaría o preferiría tener a esa media naranja o persona especial, es importante saber diferenciar entre si lo prefieres o es que en verdad lo necesitas.
Cuando se rompe una relación de la que no se quería salir, y tras un periodo de continuos pensamientos y emociones desagradables relacionados en su mayoría con la tristeza, una persona que no es dependiente emocional es muy probable que, a pesar de la tristeza y de la dificultad de muchas situaciones, no tenga impedimentos a la hora de disfrutar o realizar otras actividades de la vida y, por lo tanto, consiga reponerse tras un periodo de tiempo saludable.
Cuando una persona es dependiente emocional es muy probable que no soporte el hecho de estar sola, por lo que sus energías estarán encaminadas a que esa situación de soledad no perdure ni sea eterna. Una persona dependiente suele simplificar todos sus recuerdos a situaciones felices vividas con la persona en cuestión, o bien buscando a otra pareja que sirva para llenar ese vacío y así mitigar ese dolor, provocando una cadena de relaciones.
La autoestima es el sentimiento que tenemos hacia nosotros/as mismos/as. Del mismo modo que cuando quieres a alguien, le/la proteges y valoras; lo mismo sucede cuando te quieres a ti mismo/a. Si no nos valoramos no nos queremos. Es difícil que elijamos libremente, por lo que acabaremos asumiendo a cualquiera que cubra esa necesidad. Si no nos aceptamos, no podremos disfrutar de nuestra soledad.
Es posible no darnos cuenta que el amor de otro/a, aunque es maravilloso, no puede sustituir el amor propio, y lo que es peor, si no nos queremos no podremos dar lo que no tenemos. Si tu búsqueda va en ese sentido ¿Cómo vas a saber si estás con ésa persona porque lo has elegido o porque realmente lo necesitas?
¿Cuáles son los síntomas de un dependiente emocional?
- Antepones a esa persona por encima de todo lo demás. Dejas de priorizar tus ideas, necesidades, aficiones y/o familia, dando mayor importancia a las de la otra persona. Es la exaltación del “por ti lo dejo todo”, incluso puedes llegar a abandonar tus estudios o trabajo, si se interponen en tu relación. La persona dependiente se coloca por debajo en una organización jerárquica rígida.
- Sientes un miedo constante a perderle. ¿Te suenan estas frases? “No puedo vivir sin él/ella” “Si me deja, me muero” “Mi vida no tiene sentido ahora” “Qué voy a hacer”. La persona dependiente no se imagina que la relación pueda terminar, esa posibilidad ni se la plantea y en el momento en que percibe señales de riesgo o de abandono sufrirá un elevado malestar. Además, el contacto con la pareja puede ser como una droga y le puede suponer un síndrome de abstinencia ante la retirada, apareciendo ideas obsesivas, de ansiedad y fuerte sintomatología depresiva. Todo este enorme padecimiento desaparece por una simple llamada, mensaje o encuentro, pues por fin se produjo el ansiado contacto, recibió su dosis, lo que hace que la dependencia se mantenga y se crea más necesaria de lo que realmente es, relacionando el bienestar emocional con esa persona.
- La felicidad solo la encuentras en el amor. La persona dependiente no soporta estar a solas consigo misma, la soledad le provoca angustia e incomodidad y evoca la idea de que nadie le quiere. Hay personas que llevan toda su vida en la misma relación, probablemente en un insano equilibrio de sumisión y control, pero lo más común es encontrar personas que enlazan relaciones infructuosas y que no sueltan a una pareja hasta tener a otra bien asegurada. También hay personas que se aferran a la primera persona que aparece tras una ruptura y si no encuentran a ese alguien que quiera quedarse a su lado, comienzan una espiral de relaciones pasajeras y de promiscuidad, como intento de llenar ese vacío.
- Idealizas a esa persona pensando que lo bueno que tienes es gracias a ella, y en muchas ocasiones no te enamoras de la persona real, si no de la imagen que te has formado de ella, de tal manera que no eres capaz de ver nada negativo en él o en ella; muchas veces se venera a la pareja como si de un ser superior se tratara. En este punto, la persona dependiente sobrevalorará las cualidades de su pareja e infravalorará las propias creyendo que no son capaces de tomar decisiones o lograr objetivos sin esa persona a su lado.
- Eres vorazmente afectivo/a. Al no tener estrategias propias contra el malestar emocional cuando se viven situaciones desagradables las vuelcas en la otra persona y cuando recibes atención por su parte, sientes paz y te calmas. Lo que no sabes es que es una sensación poco duradera: cada vez necesitarás más, hasta llegar a devorar emocionalmente a la pareja, que se sentirán exhausta y agotada.
Para estar en una relación sin dependencia es importante aprender a amar desde el conocimiento y la aceptación. Esto es: reconociendo las virtudes y defectos de la persona, sin idealización ni demasiada admiración. Con dependencia emocional no se logra disfrutar de las relaciones, ya que hay un enganche en tan poco tiempo que se pierde la capacidad de ser feliz por uno/a mismo/a y con los demás.
Disminuir, para después eliminar, esta dependencia es posible siempre y cuando se sea consciente y se trabaje en ello.
Existen algunas prácticas que podemos hacer poco a poco para superar esa dependencia emocional. Entre ellas destacamos:
- Refuerza tu autoestima. Comienza a valorarte haciendo cosas por y para ti, cosas que has aplazado por dedicar tus energías a otra persona. Eso te ayudará a potenciar las virtudes y fortalezas que tienes por ti misma.
- Relaciónate con otras personas. Tener amigos fuera del círculo de la pareja es fundamental para disfrutar de tu tiempo libre y ganar independencia. Al principio te puede costar, pero poco a poco verás que disfrutas también con otra compañía.
- Afronta el miedo a la pérdida. Piensa que una relación es libre y cualquiera de las dos partes tiene el derecho de querer romperla. Si somos conscientes de que este hecho puede ocurrir, será mucho más fácil gestionar una posible pérdida.
- Sé asertivo. Aprende a decir no y a tomar tus propias decisiones según tus pensamientos y objetivos. No cedas siempre, no pienses siempre en sus preferencias para actuar en consecuencia. No antepongas siempre sus gustos a los tuyos; aunque te haga feliz verle feliz, es cuestión de tiempo que descubras la felicidad en tu prioridad.
- Acéptate y perdónate. Todos/as cometemos errores y no siempre actuamos de la mejor forma con nosotros/as mismos/as ni con el resto. Ver el error como un nuevo aprendizaje, tratándote con cariño y respeto para cambiarlo, te ayudará en este proceso.
Es fundamental que aprendamos a aceptarnos y priorizarnos, para después poder incorporar todo esto en nuestras relaciones. Generando una relación de respeto, tolerancia y entendimiento mutuo. No somos medias naranjas en busca de la otra mitad, somos naranjas completas que encuentran a otras enteras.
Artículo escrito por Guadalupe Mena
El Principito (Saint-Exupéry)
Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Para mí, tú serás único en el mundo. Para ti, yo seré único en el mundo.
Las mayores dificultades que podemos experimentar en la vida adulta tienen más que ver con el amor que recibimos en la infancia, que con cualquier otra necesidad primaria. John Bowlby, psicólogo británico, estudió de qué manera le afectaban a los niños —huérfanos y/o hospitalizados— después de la Segunda Guerra Mundial el cuidado afectivo que recibían.
Él y su colega John Robertson grabaron cómo le afectaba a una niña de dos años la visita de sus padres al hospital en el que estaba ingresada. Cuando ellos estaban junto a ella, se mostraba alegre y jugaba; cuando ellos se iban pasaba a estar triste y decaída (Hoffman, Cooper, Powell, 2019).
Sus conclusiones cambiaron las normas para las visitas en los hospitales y han influido, de manera lenta pero progresiva e imparable, sobre cómo los profesionales deben atender el vínculo entre los padres y sus hijos. Hoy, por ejemplo, es una práctica habitual en casi todos los hospitales públicos de nuestro país realizar piel con piel con el recién nacido inmediatamente tras el parto.
Los efectos del apego perduran toda la vida, y está relacionado con la capacidad de autocontrol, autoestima, dependencia emocional, seguridad y toma de decisiones… Determina la manera en la que nos relacionamos de adultos, la pareja que elegimos y la forma en la que educaremos a nuestros hijos. Por otra parte, proporciona la guía para afrontar las situaciones dolorosas y de pérdida que inevitablemente viviremos a lo largo de nuestro ciclo vital.
Qué es el apego
El apego es la vinculación emocional que se establece entre el bebé y su cuidador principal, normalmente la madre.
El apego se relaciona directamente con la supervivencia y es un cimiento básico para el desarrollo de la identidad y la seguridad emocional, permitiéndonos explorar el entorno y generar representaciones de mi yo en el mundo.
En la relación que se establece entre el niño y sus padres debe haber un entendimiento sobre las necesidades del primero y cómo se responde a ellas por parte de los segundos. Los movimientos que se establecen en este vínculo, como si fuera una danza, entretejen la relación de tal forma que dura en el niño —y posterior adulto— toda la vida.
El niño emitirá una serie de señales que necesita que el adulto interprete adecuadamente: tal vez llora, balbucea, patalea, gime o ríe en búsqueda de una respuesta que sea afín a su necesidad.
Cuando el adulto entiende lo que el niño necesita, éste se calma, se siente satisfecho, se regula emocionalmente y puede continuar experimentando otras sensaciones nuevas. Sin embargo, cuando el adulto desatiende las señales del niño, las ignora o malinterpreta provoca en el niño tal insatisfacción que su sistema emocional se altera, con lo que buscará nuevas formas de ser atendido ya sea haciendo más intensa sus señales o apagándolas si no tiene expectativas de obtener una respuesta.
Esto es tan importante como la capacidad de separarse y explorar el mundo a solas. Cuando el niño aprende a regular proximidad y distancia de sus progenitores, y éstos aprueban su autonomía, es cuando podemos hablar de que la conducta de apego y el vínculo se ha establecido.
La química del amor
El apego tiene una función biológica-evolutiva para garantizar la supervivencia de la especie que sin los mecanismos neurobiológicos que se producen durante la gestación y parto del bebé sería imposible su establecimiento.
Este proceso es muy parecido al que vivimos cuando nos enamoramos, en el que se producen ajustes hormonales, neuroquímicos y de neurotransmisión que ayudan a establecer la conducta de apego. La oxitocina y prolactina, por ejemplo, están vinculados a la lactancia, la calma y el bienestar del bebé.
También intervendrán los opiáceos endógenos que regularán a la madre midiendo las separaciones con el bebé, la atención ante el llanto, y en definitiva el apego. La madre sentirá una especie de adicción que la mantendrá enfocada en el cuidado y el afecto hacia su hijo, sobre otras áreas de su vida. Cualquier desajuste que se de en este sistema inteligente podría suponer en el niño altos niveles de cortisol en sangre (sustancia relacionada con la respuesta al estrés).
Una vez que la biología ha cumplido su función, la manera en la que se relacionan los padres con sus hijos hará el resto y determinará el tipo de apego que desarrollarán.
Tipos de apego
M. Ainsworth, una de las colegas de Bowlby, desarrolló en los años 60 un modelo denominado Situación Extraña (Strange Situation): un procedimiento en el que podía observar a los bebés respondiendo frente a distintos estímulos (encontrarse en un lugar nuevo, una mujer adulta extraña, estar separado de la madre por un período breve y estar solo en un lugar no conocido por un momento). Como resultado de estas investigaciones, Ainsworth definió tres patrones de apego: el Apego Seguro, el Apego Ansioso-Evitativo y el Apego Ansioso-Ambivalente (Ainsworth, 1969).
En el Apego Seguro, los niños usaban a la figura de apego como su lugar seguro a partir del cual explorar el ambiente. Cuando se enfrentaban a algo que les estresaba, se acercaban o realizaban algún tipo de señal que les permitiera que su figura de apego se acercara. Cuando esto se producía, volvían a explorar y alejarse.
En el Apego Ansioso-Evitativo, los niños que enfrentaban un momento de separación con sus madres eran relativamente indiferentes cuando aquellas retornaban: no las saludaban, ignoraban sus intentos de tomar contacto y actuaban sin darle mayor importancia a su presencia.
En el caso del Apego Ansioso-Ambivalente, se observaron comportamientos combinados de ansiedad y acercamiento. Cuando estos niños se juntaban con sus madres luego de una breve separación emitían señales de ansiedad paralelamente a su comportamiento de apego.
Main y Solomon introdujeron en 1986 un cuarto tipo de codificación del apego: el estilo Desorganizado. Estos niños parecen no poseer una estrategia consistente para manejar el alejamiento y la proximidad. Se trata de niños cuyas experiencias tempranas son tan dolorosas que sus estrategias defensivas se vuelven caóticas.
El apego es la fuente de la autoestima y regulación emocional
La autoestima procede de sentirse seguro y reconocido tal como uno es. Un estudio longitudinal con 500 niños de primaria de la Universidad de Amsterdam en 2015 afirma que aquellos niños que decían que sus padres les decían que les querían mantuvieron su autoestima alta seis meses después del estudio; frente a aquellos que escuchaban de sus padres que eran especiales.
La autoestima procede de sentirse aceptado, no sobrevalorado. La fuente es el apego seguro que es la base de la confianza para desarrollar la propia autovaloración.
Cuando el apego es seguro el niño (Hoffman, Cooper, Powell, 2019):
- Es más feliz con sus padres
- Siente menos rabia hacia sus padres
- Se lleva mejor con sus amigos
- Tiene amistades más fuertes y estables
- Tienen una autoestima más alta
- Tienen mejores relaciones con sus hermanos
- Confían en que les sucederán cosas buenas
- Son amables con las personas de su entorno
El significado psicológico y trascendental del apego.
El apego nos muestra el deseo de amar y ser amados como eje de la vida; nos habla de que somos seres que necesitamos a otros para sobrevivir y para desarrollar nuestra identidad única.
El amor, en el que nos vinculamos y permitimos al otro su espacio de desarrollo y experimentación, trasciende los primeros años de vida para ser un pilar en todo el ciclo vital. A través de la relación con nuestros primeros cuidadores, buscamos la experiencia íntima de lo que somos en otras relaciones posteriores con los primeros amigos íntimos, parejas, y posteriormente hijos pero también nietos.
El apego es la fuente primaria de nuestro instinto de relación pero también de trascendencia en el que la herencia, la psicología, el propósito de la vida y el significado del mundo se unen.
Artículo escrito por Noelia Estévez (Psicóloga , terapeuta familiar).
El Sexting corresponde a los intercambios de material explícitamente sexual o de contenido provocativo a través de mensajes de texto, fotos y vídeos. El uso del Smartphone, Internet y las Redes Sociales (RRSS) como Snapchat o Instagram, entre otras, favorecen el fácil acceso e intercambio de contenido sexual entre personas de todas las edades. En este sentido la práctica de sexting consensuado puede favorecer la exploración de la sexualidad y el mantenimiento del vínculo emocional en una relación de pareja a distancia, mejorando tanto la satisfacción sexual como una mayor satisfacción de la relación de aquellas parejas consolidadas.
La cara opuesta del sexting comprende las relaciones sexuales de riesgo (contraer enfermedades de transmisión sexual, no utilizar protección o la coerción sexual), el consumo de drogas y la violencia en las relaciones de pareja. De hecho la práctica continuada de sexting dentro de una pareja influye sobre la conflictividad y ambivalencia en las relaciones. Sin embargo, el problema más prevalente de dicha práctica es la posible difusión del contenido sexual o erótico enviado por parte de la persona que lo ha recibido sin su consentimiento. En España esto supone un problema que ha experimentado aproximadamente el 4% de los adultos de 18 a 60 años.
Entre las formas más habituales encontramos la presión o amenaza de la pareja, amigos o extraños a:
- Enviar mensajes de texto con contenido erótico o sexualmente explícito
- Compartir información íntima o sexual
- Realizar un acto sexual y subirlo a algún dominio en Internet
- Mantener relaciones sexuales en directo
Estas prácticas corresponden a lo que se denomina sexting secundario, generalmente se hace sin consentimiento, por lo que aumentan los riesgos de dañar la reputación de la víctima. Esta forma de ciberacoso es más común entre adolescentes y adultos jóvenes debido a la familiaridad con las nuevas tecnologías, aunque ellas muestran una mayor vulnerabilidad a la victimización de esta forma de violencia que incrementa el riesgo de sufrir episodios de noviazgo violento (dating violence).
La doble moral que favorece a aquellos que practican sexting, un mejor estatus y la aceptación dentro de su círculo social resultan para ellas en insultos, humillaciones, sentimientos de vergüenza y el daño de su reputación sexual. Las consecuencias negativas del ciberacoso, con frecuencia a través de la pornovenganza por parte de sus parejas o exparejas, generan un alto impacto emocional y consecuencias negativas para las involucradas. El impacto negativo en los adolescentes se ha relacionado con depresión, ansiedad, impulsividad y el uso problemático del móvil o Internet. Aunque esta práctica puede realizarse con personas con las que no necesariamente se tiene una relación sentimental, es usual en las relaciones de noviazgo de los adolescentes a causa de su carácter más esporádico.
El noviazgo violento hace referencia a las primeras relaciones de pareja durante la juventud que se caracterizan por la manifestación de violencia psicológica, física, sexual y digital. Esto es particularmente importante de considerar dadas las altas tasas de agresión de pareja entre los adultos jóvenes. En este sentido, el sexting no deseado puede ser un mecanismo adicional a través del cual ocurre la violencia sexual y psicológica en las relaciones de pareja, por ejemplo en aquellos que son presionados a practicar sexting para evitar una discusión o el enfado de su pareja.
Las agresiones físicas suponen la principal forma de violencia dentro de la relación de pareja para los más jóvenes, por lo que la violencia psicológica pasa desapercibida debido a la dificultad para detectarla y se normaliza la violencia psicoemocional como forma de resolver conflictos y demostraciones de amor. Otros de los ingredientes necesarios para la aparición del noviazgo violento o dating violence son la justificación de los celos, el control obsesivo y las conductas violentas para demostrar el vínculo de pareja basado en la idealización del amor romántico en los primeros momentos de la relación.
En estas relaciones de noviazgo el uso de las RRSS facilita controlar a sus parejas o exparejas mediante el ciberacoso. Esta forma de violencia digital basada en la victimización por la pareja, el control coercitivo y la justificación de conductas de control y vigilancia incluye:
- Abuso emocional
- Acechar y espiar su teléfono o RRSS
- Conductas restrictivas como impedir relaciones con amigos y familiares
- Conductas de control como elegir sobre las fotos que sube su pareja a las RRSS
- Abuso psicológico
- Menospreciar
- Denigrar mediante la retirada hostil de la palabra sobre un tema o cambiar de tema a propósito cuando la otra persona intenta conversar sobre un problema
- Ridiculizar
- Abuso sexual a través del sexting secundario no consensuado
- Agresión física en forma de amenazas
En definitiva, la violencia en el noviazgo contra la mujer al igual que la violencia de género no depende de la desigualdad de género sino del aprendizaje temprano de la aceptación de la violencia como una forma de resolver problemas. Este aprendizaje puede tener lugar desde la infancia dentro de la familia o en el entorno social, de forma directa o por la vivencia de la violencia entre otras personas significativas. En cualquier caso la violencia de pareja puede originarse a cualquier edad por diferentes razones como los celos patológicos, el descontrol de la ira, el abuso de drogas como el alcohol, etc. En este sentido, la violencia en las parejas jóvenes es un precursor de la violencia en las parejas adultas, cuya identificación de los signos de alerta correspondientes puede ayudar a frenar la violencia de género mediante la acción preventiva.
Bibliografía
Cornelius, T., Bell, K., Kistler, T. & Drouin, M. (2020). Consensual Sexting among College Students: The Interplay of Coercion and Intimate Partner Aggression in Perceived Consequences of Sexting. Int. J. Environ. Res. Public Health, 17, 1-18. doi:10.3390/ijerph17197141
Del Rey, R., Ojeda, M., Casas, J.A., Mora-Merchán, J.A. & Elipe, P.(2019) Sexting Among Adolescents: The Emotional Impact and Influence of the Need for Popularity. Front. Psychol. 10:1828. doi: 10.3389/fpsyg.2019.01828
Echeburúa, E. (2019). Sobre el papel del género en la violencia de pareja contra la mujer. Comentario a Ferrer-Pérez y Bosch-Fiol, 2019. Anuario de Psicología Jurídica, 29, 77-79. doi: 10.5093/apj2019a4
García-Carpintero, M. Á., Rodríguez-Santero, J., & Porcel-Gálvez, A. M.(2018). Diseño y validación de la escala para la detección de violencia en el noviazgo en jóvenes en la Universidad de Sevilla. Gaceta Sanitaria, 32(2), 121-128. doi: 10.1016/j.gaceta.2017.09.006
Gassó, A., Mueller-Johnson, K. & Montiel, I. (2020). Sexting, Online Sexual Victimization, and Psychopathology Correlates by Sex: Depression, Anxiety, and Global Psychopathology. Int. J. Environ. Res. Public Health, 17, 1-18. doi:10.3390/ijerph17031018
Morelli, M., Bianchi, D., Baiocco, R., Pezzuti, L. & Chirumbolo, A. (2016). Sexting, psychological distress and dating violence among adolescents and young adults. Psicothema, 28 (2), 137-142. doi: 10.7334/psicothema2015.193
Quesada, S.; Fernández-González, L.; Calvete, E. (2018). El sexteo (sexting) en la adolescencia: Frecuencia y asociación con la victimización de ciberacoso y violencia en el noviazgo. Psicol. Conduct. Behav. Psychol. 2018, 26, 225–242.
Artículo escrito por María Santísima Gálvez.
Puede que lo primero que hayas pensado al leer el título sea que ya hay otra persona buscando visitas en internet o que es otra locura como inyectarse lejía, o, quizás, preguntarte cómo es posible que una persona introvertida pueda tener más éxito en algo que otra que sea extrovertida. Pues, aunque pueda chocarte al principio, te animo a que leas mi reflexión acerca del tema.
Para comenzar, vamos a aclarar a qué nos referimos con que una persona es introvertida, porque aún a día de hoy nos podemos encontrar a mucha gente que utiliza la palabra erróneamente.
La introversión consiste en un rasgo de la personalidad que predispone a una persona a actuar, pensar y sentir de una forma predeterminada. Las personas introvertidas son aquellas que tienen tendencia a ser tranquilas, reservadas e introspectivas. Les gusta el orden y la planificación, siendo personas prudentes y cuidadosas. Prefieren estar en grupos reducidos —de 2 ó 3 personas— y que haya distancia física, a no ser que la persona con la que se encuentrne sea alguien muy cercano y de su confianza. Sin embargo, en reuniones con mucha gente pueden desgastarse mucho, ya que se sienten más cómodos en la intimidad, donde las situaciones son sencillas y controladas, que en situaciones de mucho contacto físico, espontáneas e impredecibles. Además serían personas que se sienten cómodas cuando están solas, aprovechando para realizar actividades que les puedan generar bienestar como leer, jugar a videojuegos, escuchar música o, simplemente, disfrutar de un rato de silencio.
Es importante no confundir con las personas tímidas, donde la principal diferencia se encontraría en que éstas tendrían miedo o temor a situaciones donde concurren muchas personas. La persona introvertida puede hacerlo sin manifestar temor o ansiedad, pero se encuentra incómoda y prefiere limitar esas relaciones con grandes grupos. Esto no quiere decir que introversión y timidez sean incompatibles, pero es necesario puntualizar la diferencia.
En el otro polo se encontraría la extroversión que, por el contrario, caracteriza a aquellas personas que se sienten cómodas estando en grupos con mucha gente, donde hay mayor número de contactos y suelen buscar el contacto físico, pero sin embargo se encuentran incómodas en la soledad prefiriendo hacer actividades en grupo. Los extrovertidos tienen gran facilidad para conocer gente nueva ya que tienden a ser más divertidos, espontáneos, impulsivos, alegres y despreocupados. También pueden resultar muy impacientes y tener problemas para regular sus propias emociones si no es a través del contacto social.
Una de las diferencias, por ejemplo, sería que a las personas extrovertidas les puede generar agobio no tener un plan o varios con gente en el fin de semana, ya que no toleran tanto la soledad. Mientras que a las introvertidas les puede abrumar que haya muchos planes y disfrutan mucho más de los momentos de intimidad con pocas personas de confianza o actividades en solitario, ya que les ayudan a regularse y cargar energía.
Además, cabe añadir que en nuestra cultura occidental se tiende a considerar a las personas extrovertidas como personas exitosas en áreas como la profesional o la personal, dada su facilidad para relacionarse con gente de todo tipo, su espontaneidad y apertura a nuevas experiencias, las cuales son carácterísticas que actualmente se valoran muy positivamente. En contraparte a las personas introvertidas, quienes no cumplen estos criterios subjetivos, se les deja en una posición que no es tan reconocida o valorada por la sociedad al tender precisamente a lo contrario. Es decir, hay una valoración muy positiva del ser extrovertido frente a la valoración negativa de ser introvertido, llegando a considerar que ser extrovertido es mejor que introvertido.
Sin embargo, cualquiera de los dos polos tiene sus virtudes y sus defectos y, a través de esta reflexión, se pretende dar un punto de vista en el que no sólo existen virtudes en las personas introvertidas sino que pueden ser más adaptativas en este momento histórico concreto. También es necesario remarcar que hablamos de dos polos pero no son únicos; hay una amplia variedad de grises entre ambos conceptos que tampoco debemos olvidar, ya que habrá personas más o menos introvertidas y extrovertidas.
En el último año, nuestra sociedad ha sufrido una situacion de pandemia que ha condicionado nuestro día a día como especie: lavado de manos, mascarilla, distancia social y reuniones reducidas… son algunas de las medidas de prevención que venimos escuchando un día tras otro en los medios de comunicación para poder hacer frente a esta situación. ¡Vaya! parece que aspectos como el tener menos contacto físico o reuniones con menos gente entra dentro de las preferencias de las personas introvertidas, ayudando así a que la posibilidad de contagio, y posterior propagación, sea menor.
Seguramente hayas visto en las noticias a entrevistados diciendo “Si es que hay que vivir” o “El ser humano es un ser social y necesita estar en contacto con otras personas”, y efectivamente el contacto social es una de las necesidades que tenemos como especie, pero después de conocer las diferencias entre un polo y otro es esperable que una persona introvertida realice menos conductas de riesgo para que se propague el virus que otra extrovertida.
Un ejemplo prototípico sería el tipo de plan con amigos. Es esperable que las personas extrovertidas se reúnan con mayor frecuencia en terrazas, bares, discotecas o casas y, a mayor número de personas y el mismo espacio, más facilmente podrán contagiarse en caso de haber un positivo en el grupo. Por su parte, las personas introvertidas al preferir la intimidad o la soledad, es esperable que reduzcan la frecuencia con la que quedarán con otras personas. Además, al preferir la intimidad tenderán a limitar el número de contactos con los que ser contagiado o contagiar.
Además, podemos añadir que al ser mucho más planificadores, pensarán muy bien qué hacer, priorizando situaciones donde no se den sobresaltos o sorpresas, controlando más la posibilidad de ponerse en riesgo. Sin embargo, si un extrovertido se deja llevar por sus necesidades de contacto o espontaneidad, puede llevarle a sitios muy concurridos, a tener más descuidos con respecto a las medidas de prevención y en definitiva, a exponerse más al virus o expandirlo.
Otro detalle es que las personas introvertidas, al sentirse cómodas llamando menos la atención, tenderán a usar tonos de voz más bajos. Este detalle es importante: se ha visto que cuanto más alto se hable, más volumen de aerosoles expulsamos.
Incluso en los momentos de confinamiento, donde nos hemos visto obligados a pasar mucho más tiempo en soledad, las personas más extrovertidas son las que peor han pasado por este evento. No están tan acostumbradas ni se sienten cómodas estando en solitario, mientras que las introvertidas no han sentido ese impacto al poder seguir haciendo las actividades que ya hacían antes. Esto no quiere decir que no se haya podido pasar mal estando confinados: ser introvertido no es sinónimo de no querer contacto social o no necesitarlo, pero sí se es menos dependiente de él.
Para finalizar, es importante remarcar que esto no quiere decir que ser introvertido implique tener una especie de barrera protectora mejor que cualquier mascarilla, o que no podamos contagiar el virús, como si fuera la solución a la pandemia. Lo que se pretende es reflexionar acerca de que la forma de ser y actuar de las personas introvertidas les lleva a comportarse de modo más adaptativo, como especie, en este momento de la historia. También es necesario dejar claro que ser extrovertido tampoco significa ser un demonio que va expandiendo la pandemia a diestro y siniestro, sólo reflejar que presentan mayor predisposición a realizar estas conductas que, en este contexto concreto, pueden resultar desadaptativas. De hecho, aquellas personas extrovertidas que hayan cumplido a rajatabla las precauciones habrán hecho un enorme esfuerzo por controlar sus impulsos, y eso es algo que también se debería valorar.
Bibliografía
Eysenck, H. J. & Eysenck, M. (1985). Personality and Individual Differences, N.Y.: Plenum Press.
Eysenck, H. J. & Eysenck, S. B. G. (1987). Cuestionario de Personalidad EPI. Madrid: TEA Ediciones.
Goldberg. L.R. (1990). An alternative "description od personality": The Big Five factor structure. fournal of Personality and Social Psychology, 59, 1216-1229.
Pueyo, A. A. (1997). Manual de Psicología Diferencial. Madrid: Mc Graw Hill.
Artículo escrito por Manuel Ruíz.
Voy a hablaros de una temática que me parece muy interesante abordar ya que muchas veces pasa desapercibida; ya sea por falta de empatía, de conocimiento e incluso por temor a sacar el tema con la persona que lo está sufriendo. Os hablo de las consecuencias psicológicas para la mujer derivadas de haber sufrido un aborto espontáneo e involuntario.
Pero ¿qué es un aborto espontáneo? ¿Cuál es su incidencia?
La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) define como aborto espontáneo precoz cuando se da antes de las 12 semanas de gestación, y se estima que son entre el 15 y el 25% de los embarazos (López, 2011). Las mujeres que ya han pasado por un aborto espontáneo tienen más posibilidades de volver a abortar, y la edad materna es el principal factor de riesgo de aborto espontáneo: 11.1% entre 20-24 años, 11.9% de 25-29 años, 15% de 30-34 años, 24.6% de 35-39 años, 51% de 40-44 años y del 93.4% a partir de los 44 años (Moscarello, 1989).
Se habla de aborto espontáneo cuando la causa es natural, y no es ni voluntario ni provocado. Las causas son diversas: desde alteraciones cromosómicas del feto hasta por enfermedades de la gestante de tipo endocrinas, inmunológicas, infecciosas y malformaciones del aparato genital o disfunción placentaria (Aleman et al., 2006 citado en Bouquet de Durán, 2012).
Visto la incidencia, muchas mujeres en la dulce espera se enfrentan a la dura realidad de un aborto de este tipo. La muerte en la etapa gestacional puede llegar a tener graves consecuencias psicológicas y sociales para la mujer que sufre la pérdida.
¿Qué consecuencias psicológicas pueden darse tras un aborto espontáneo?
“Tras una mala noche, con unos dolores abdominales terribles. Yo llegaba a consulta con mil dudas, temblando, con ganas de hablar, de desahogarme, pero no hubo más allá de un “Hola y túmbese ahí", ni un comentario que mostrara algo de empatía.
Tras la ecografía, las únicas palabras de la Ginecóloga fueron "Nada, no hay nada, lo has perdido”. Y, tras un largo silencio por mi parte, la Ginecóloga, me dijo… "No te preocupes, los abortos espontáneos son muy comunes. Ahora, a descansar, y cuando estés preparada de nuevo, a volver a intentarlo".
Así, sin más. En serio ¿no me va a decir nada más?”
El embarazo puede desencadenar emociones y sensaciones corporales muy intensas, dando lugar a respuestas psicológicas diversas, así como reactivar memorias traumáticas previas (cesárea, exploraciones ginecológicas).
Dentro de los problemas psicológicos, principalmente se hace referencia a reacciones depresivas, trastornos de ansiedad (trastorno por estrés agudo, trastorno por estrés postraumático), trastornos del comportamiento, trastorno adaptativo, trastornos de conducta alimentaria, sintomatología de duelo e incluso ideación suicida y suicidio.
Respecto a la temática del suicidio encontramos evidencias significativas: según Gissler et al., (1996) el nacimiento del niño protege a la madre de las ideas suicidas, así como de llevarlo a cabo, con una bajada en la tasa anual en mujeres en edad reproductiva de 11,3 por 100 000 a 5,9 por 100 000 en asociación con el nacimiento.
Igualmente, en un estudio realizado en Finlandia, Gissler et al., (1996) encontraron que los intentos suicidas son el síntoma más frecuente en esta población. Encontraron que la tasa de suicidio de la población finlandesa es de 11 personas por cada 100000 habitantes, siendo las mujeres que han tenido abortos inducidos uno de los grupos con mayor tasa —el 34.7% de estas mujeres realizan algún intento suicida— en comparación con el 18.1% de mujeres que sufrieron un aborto espontáneo y el 5.8 % de mujeres embarazadas.
La evidencia emergente ha sugerido que el aborto espontáneo podría estar asociado con consecuencias psicológicas significativas y posiblemente duraderas; se comenta que hasta el 50% de las mujeres que abortan sufren algún tipo de morbilidad psicológica en los meses posteriores a la pérdida (Lok et al., 2007).
Tras una pérdida gestacional y perinatal, aparece un periodo de duelo. Estos procesos acostumbran a ser difíciles; sin embargo, el duelo que resulta de las pérdidas perinatales es bastante complejo y único.
La práctica habitual ante un duelo gestacional y perinatal de los familiares y amigos, y según se ha visto en diferentes estudios, es el de evitar hablar del tema por temor a causar más daño, e incluso hay una minimización de la pérdida por parte de los otros.
Doka (2002) lo categoriza como un duelo desautorizado, ya que se trata de una pérdida que no puede ser abiertamente reconocida, expresada en público o apoyada por la red social, y que los padres suelen pasar en soledad.
Se pueden destacar nueve elementos que se dan en el duelo perinatal: dificultad de concentración, culpabilidad, rabia, confusión temporal, agotamiento, falta de energía, negación de la realidad, depresión y sueños continuos y repetitivos con el bebé perdido (Peppers y Knapp, 1980, citado en López Garcia (2011))
Siguiendo con el mismo estudio se descubrió que alrededor del 40% de las mujeres que tenían un aborto espontáneo desarrollaban síntomas de dolor patológico, un 10-50% padecían sintomatología relacionada con trastorno depresivo mayor, una ansiedad elevada, persistiendo dichos síntomas de 6 meses a 1 año después del aborto (Lok et al., 2007).
¿Se está haciendo todo lo que se tendría que hacer desde el punto de vista de asistencia psicológica?"
Cada vez son más los profesionales que dan importancia al aspecto emocional en las pérdidas gestacionales tempranas, pero aún queda muchísimo por hacer, tanto en el ámbito público como en lo privado.
¿Qué conclusiones podemos sacar de todo lo descrito anteriormente?
No demos nada por sabido, y no dejemos pasar que el apoyo en esos momentos es esencial para una buena salud mental, y para retomar de nuevo el equilibrio.
Bibliografía
- Bouquet de Durán, Romina Izzedin. (2012). Aborto espontáneo. Liberabit, 18(1), 53-58.
- Doka, K. (Ed.). (2002). Disenfranchised grief. New directions, challenges and strategies for practice. Champaing, Estados Unidos: Research Press.
- Gissler, M., Hemminki, E., Lonnqvist, J.
“Suicides after pregnancy in Finland, 1987–94: register linkage study”. BMJ 313, 1996, 1431–1434. - Lok IH, Neugebauer R. Psychological morbidity following miscarriage. Best Pract Res Clin Obstet Gynaecol. 2007 Apr;21(2):229-47.
- López García de Madinabeitia, Ana Pía. (2011). Duelo perinatal: un secreto dentro de un misterio. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 31(1), 53-70.
- Moscarello R. Perinatal bereavement support service: three-year review. J
Palliat Care 1989; 5:12-8
Artículo escrito por Ana Isabel San Joaquín.
A diario oímos comentarios sobre las casas de apuestas, sobre su legislación, sobre el juego patológico, sobre las páginas web de apuestas deportivas, etc. Pero ¿Existe en realidad una alarma social? ¿Son los medios los que lo están exagerando? ¿Qué riesgos existen realmente?
Poco a poco, hemos ido viendo como abren locales de apuestas deportivas en cada calle de los barrios más empobrecidos de las ciudades. ¿Tanta gente apuesta? ¿Qué hay de la frase “la banca siempre gana”? Parece que rápido se nos ha olvidado que si abren tantos locales es por ser un negocio lucrativo, no por afán solidario de regalar dinero a nadie; además a esto se debe añadir las páginas online, muchas de ellas ni siquiera tributan en España, como es el caso de William Hill, Bet365, Bwin o Betway que tienen su sede en Malta.
La alarma social nos hace ver a todas las personas que utilizan las apuestas deportivas o los juegos de azar como potencialmente adictas al juego. Nada más lejos de la realidad: existen numerosas personas que utilizan el juego como un mero pasatiempo, sin llegar a interferir en su vida diaria. Otras, en cambio, aumentan sus gastos dedicados a esta actividad, que irán interfiriendo en el resto de su vida diaria.
Antes de nada, aclarar que el juego tiene ya vigente una legislación en la que se impide apostar a menores de edad; por tanto, no se encuentra el debate en esto, pues claramente las casas de apuestas que permiten jugar a menores están incumpliendo la ley, siendo por tanto delito permitir que estas personas apuesten hasta que no cumplan la mayoría de edad.
Ahora pensamos en aquel hijo o hija de esos amigos (o conocidos) que comenta sus ganancias con estas apuestas, aquellas zapatillas nuevas que ganó con Codere ¿es algo problemático? ¿Existe el juego responsable? ¿Por qué nuestros jóvenes cada vez juegan más?
Variables que influyen entre nuestros jóvenes para que aumente el juego.
Ganancias económicas: En numerosas ocasiones la falta de recursos económicos hace ver el mundo de las apuestas deportivas o de los juegos de azar como una oportunidad para ganar más dinero, sobre todo en modalidades dónde se gana muy rápido al principio. Esto hace que sea más probable desembocar en juego patológico.
Accesibilidad al juego y disponibilidad 24/7: La oportunidad de poder jugar desde cualquier dispositivo, en cualquier lugar con cobertura hace que la accesibilidad sea ilimitada. Además, las numerosas páginas web y Apps permiten que puedas elegir dónde jugar e incluso crear cuentas diferentes y evadir la normativa legal vigente.
La normalización mediática: Qué famosos anuncien páginas web de apuestas deportivas, que existan programas donde salen torneos de póker y que se nos bombardee en todos los eventos deportivos con webs y casas de apuestas hace que estos juegos se vean como una oportunidad de ganar dinero fácil y segura.
Variables emocionales que pueden influir en el juego patológico entre las personas jóvenes
Fuertes sentimientos de imperfección: sienten que son poco queridos —o poco válidos— en su vida diaria; en ocasiones consideran que si les conocieran realmente tal como son, no podría quererles nadie.
Con dependencia hacia otras personas: Pueden considerar que sin la ayuda de otras personas no podrían afrontar su vida de manera competente.
Tienen una relación de apego hacia la persona de referencia (sus padres o su pareja) excesivamente cercana, considerando que no podrán ser felices sin ellos y que su existencia es sólo por tener a esa persona.
En ocasiones pueden sentir que sus emociones les desbordan: no son capaces de controlar los estados emocionales, sobre todo los negativos, y esto les influye en todos los aspectos de su vida: laboral/educativa, social e incluso en el sueño.
Generalmente, las personas con una autoestima baja y estas características tienen más probabilidades de caer en problemas de juego patológico que personas que se muestran más estables emocionalmente y con una mejor autoestima.
Qué hacer ante la sospecha de que nuestro hijo/a comienza a tener un problema con el juego
Debemos hablar claramente con nuestro hijo/a, saber de dónde obtiene el dinero o, por el contrario, que hace con este. Nunca desde el enfado, sino desde la comprensión de que algo está pasando.
Podemos explicar claramente cómo funcionan los juegos de azar e intentar que nuestro hijo/a comprenda que la ilusión de control que pueda tener sobre las apuestas es eso: una mera ilusión.
Debemos intentar crear en casa un ambiente de confianza, en el que no se sienta juzgado. Será fundamental que encuentre en el hogar un referente de ayuda a lo que le está pasando, para así poder expresar libremente lo que le sucede, y sentirse comprendido y apoyado.
Cuando la persona ha recapacitado sobre su problema y se encuentra motivada para el cambio, se debe acudir a un especialista que le guíe en el proceso de modificación de hábitos y conductas relacionadas con el juego.
Bibliografía
Casas-Mas, Belén (2018). Uso y abuso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación por adolescentes: Un estudio representativo de la ciudad de Madrid. Revista del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, 9.
Estévez, Ana; Sarabia, Izaskun y Herrero, David (2013). Factores facilitadores de conductas adictivas de juego patológico en jóvenes y adolescentes. Universidad de Deusto
Estévez, Ana; Sarabia, Izaskun y Herrero, David (2013). Situación actual del juego con dinero en jóvenes y adolescentes. Originales.
García Ropero, Javier (2019). Cinco empresas españolas mueven más de 2.000 millones solo en apuestas deportivas. CincoDías. Recuperado de: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/09/04/companias/1567622757_301598.html
Artículo escrito por Laura Vaca.
La meditación es un proceso de autorregulación atencional y un estado de conciencia ampliada (Carlson y Garland, 2005). Es una vía de crecimiento espiritual, un camino hacia nuestro perfeccionamiento personal. En concreto, la meditación zen, vinculada a la filosofía budista, persigue el ideal de la iluminación, a la que define como la liberación espiritual de las posesiones mundanas y los apegos que nos esclavizan e impiden vivir plenamente el presente.
Una de las formas de meditación que se trabajan dentro de la corriente zen es la localización de los procesos atencionales en el campo global, como ocurre en la práctica del mindfulness.
El mindfulness es un estado de plena consciencia del presente, del aquí y del ahora dentro y fuera de nosotros, que se observa pero no se juzga. Permite desarrollar una gran sensibilidad hacia lo que nos rodea, una mayor apertura a la adquisición de nueva información y la contemplación de diversas perspectivas.
Además del desarrollo de nuestra dimensión espiritual (no necesariamente vinculada a la religión), la práctica de la meditación produce cambios tanto a corto como a largo plazo en nuestro cerebro. Estos cambios se dan a nivel neurofisiológico, estructural y funcional, y se traducen en una serie de beneficios para nuestra salud psicológica y nuestra vida en general.
Algunos de los cambios que la ciencia ha estudiado hasta el momento son:
- Una mayor activación neuronal en la ínsula anterior, que es la encargada del reconocimiento de las emociones y de vincular estas a las experiencias y percepciones.
- Una reducción del tamaño de la amígdala, implicada en las respuestas de estrés, miedo y ansiedad. También disminuyen las conexiones entre esta y otras áreas cerebrales.
- El hipotálamo recoge toda la información procedente del sistema límbico y controla la liberación de hormonas por parte de la hipófisis: se reducen los niveles de cortisol (hormona del estrés) y se elevan los de DHEA o dehidroepiandrosterona (hormona de la juventud), que palia las alteraciones producidas por el cortisol.
- Una mayor concentración de sustancia gris en el giro temporal inferior, implicado en el procesamiento de imágenes visuales, y en el hipocampo, que se encarga de mediar en la creación y recuperación de recuerdos, así como en la carga emocional que estos conllevan.
- Un aumento del tamaño del córtex prefrontal, implicado en tareas de concentración, toma de decisiones y autocontrol. El grosor del tejido se incrementa especialmente en las áreas 9 y 10 de Brodmann, encargadas de asociar experiencias para generar ideas abstractas.
- Un engrosamiento de la corteza cingulada anterior, involucrada en la regulación de las funciones endocrinas, en el almacenamiento de la memoria y en el control de la percepción de displacer por el dolor.
- Un crecimiento en las dimensiones de la unión temporo-parietal, responsable de las relaciones sociales: específicamente de la empatía y la comprensión.
Esta serie de cambios en nuestro cerebro optimizan nuestro rendimiento cognitivo, disminuyen los niveles de estrés y la intensidad de las emociones negativas, mejoran nuestras relaciones interpersonales y nuestra autoestima e incrementan nuestra sensación de bienestar. Además, favorecen la apertura a las distintas perspectivas acerca de todo lo que acontece dentro y fuera de nosotros, así como la flexibilidad ante el cambio y la resolución de problemas.
Por todos estos motivos, la práctica de la meditación está dirigida a cualquier persona que tenga interés en beneficiarse de ella. Sabiendo que conlleva una intencionalidad y un aprendizaje progresivo, puesto que no es fácil alcanzar el nivel de concentración y relajación óptimos para su práctica, sería recomendable comenzar con un guía que nos oriente. En la práctica clínica, podría ser adecuado trabajar la meditación como parte del proceso terapéutico, ya que además de los beneficios generales que aporta, puede resultar útil para el tratamiento de determinados trastornos o dificultades. Esto podría realizarse bien dentro de consulta, o bien como complemento a las sesiones que se lleven a cabo entre terapeuta y paciente, facilitándole a este las indicaciones necesarias para que pueda realizarla por su cuenta.
Artículo escrito por Elisa Puertas .
La primera tendencia es pensar que es una cuestión de orgullo. Pero ¿qué es el perdón? ¿Qué entendemos por perdonar?
En Psicología, el perdón ha estado muy olvidado por los investigadores. Se encuentran pocos trabajos. Quizás se deba a lo ligado que ha estado a ciertas creencias religiosas o a la filosofía, la teología o la moral. El auge de su estudio podría asociarse a que la Psicología Positiva lo considera una de las fortalezas humanas debido a que nos aporta felicidad y efectos positivos al bienestar de las personas.
Al igual que cualquier constructo psicológico, es complejo. Requiere una buena definición. La más acertada encontrada por ahora en la literatura es la propuesta por Robert Enright << el deseo de abandonar el derecho al resentimiento, al juicio negativo, y a la conducta indiferente hacia quien nos ha herido injustamente, a la vez que se fomentan las cualidades de compasión, la generosidad e incluso el amor hacia él o ella>> .
Cuando consideramos que alguien nos ha producido algún tipo de daño, nuestra respuesta automática es de no-perdón. Si dividimos esta respuesta en dimensiones encontramos elementos del perdón a tres niveles: afectivos, cognitivos y conductuales. La persona dañada experimenta sentimientos de traición, ira, dolor, tristeza, confusión. Se llevan a cabo pensamientos de venganza, nos preguntamos porqué. Y por último se realizan conductas de distanciamiento, evitación, expresión de rabia o llanto y en algunos casos se pone fin radicalmente a esa relación.
Lo que resulta evidente es que cuando nos hieren nos cuesta mucho frenar ese sufrimiento. ¿Cómo podemos mitigar ese malestar? Volviendo al principio, nuestro orgullo y nuestro significado de perdonar nos lleva a esperar que la otra persona haga algo para restablecer o compensar esa ofensa. Ahora bien, es muchas ocasiones no hemos sido capaces de perdonar incluso cuando hemos recibido disculpas por parte del ofensor. Esto podría deberse a la atribución realizada de la acción de perdonar: si partimos de un concepto erróneo, actuaremos erróneamente y esto puede aliviar cierto malestar pero no encontraremos ese sentimiento de plenitud.
El perdón es un proceso que se realiza completamente en el individuo dañado, con independencia de la posición del agresor, del pasado, del presente y del futuro.
El mismo autor de la definición previa hace para mi gusto una mejor y más reducida descripción del concepto diciendo que es <<un regalo incondicional que se da a quién ha producido el daño>>.
No es sano perdonar con intenciones de que así la conducta de la otra persona cambie. Solo cuando no buscamos nada en el otro hemos conseguido el objetivo. Esto nos lleva a distinguir dos tipos de perdón: el unilateral o intrapersonal y el perdón interpersonal o bilateral.
El primero sería al que se viene haciendo referencia y el segundo se entendería como un perdón negociado con la función de reparar relaciones o daños. A través del diálogo, el ofendido espera que el culpable realice una serie de pasos: admitir, reconocer su responsabilidad sin excusas y arrepentimiento. Si estas acciones se dan por parte del agresor, muchas personas estarían dispuestas a perdonar. Si consideramos que estos prerrequisitos son incompletos, el sentimiento de injusticia no desaparecerá. En ausencia de alguna de ellas la relación podría no restaurarse nunca.
Perdonar no es olvidar ni simular que nada sucedió. Seguramente hemos vivido situaciones en que miramos a otro lado como si nada y luego hemos observado como la calidad de la relación se ha ido deteriorando. El perdón debería experimentarse desde una posición de fuerza, no de debilidad. Si ha ocurrido una injusticia, se considerará como lo que es.
Ninguna relación es igual en cercanía ni importancia, y lo mismo ocurre con las situaciones o agresiones que generan el dolor. El tipo de perdón utilizado dependerá de ambas.
Para disminuir el malestar del no-perdón se pueden usar herramientas como la aceptación, retribución de sucesos, manejo del estrés o control de la ira A niveles más clínicos, cuando se busca estimular el perdón dentro de una psicoterapia se podrían resumir unos cuantos pasos:
Lo primero sería que la persona consiga ver la ofensa con perspectiva, ni negarla ni minimizar o magnificar su importancia. Debe objetivarlo y disminuir los sentimientos de victimización innecesarios.
En segundo lugar las personas no podemos perdonar sin intentar comprender el mundo del ofensor. Sin entendimiento no habría perdón completo.
En tercer lugar empatía. Componente fundamental del perdón.
Y por último recordar cuando nosotros hemos ofendido y el agradecimiento que hemos sentido al recibir perdón.
En general los efectos del perdón suelen ser positivos. Las investigaciones sugieren que las intervenciones que promueven el perdón reducen los efectos negativos en la salud mental. Se considera que la hostilidad y el perdón suelen tener una relación inversa y son muy conocidos los efectos adversos que conlleva la hostilidad en la salud.
La resolución de conflictos en múltiples ocasiones está igualmente ligada al perdón, como podemos imaginar, especialmente en las relaciones de pareja. Las dinámicas de perdón juegan un papel esencial en la construcción de una buena convivencia. Por otro lado y no menos importante, destacar el lado oscuro que puede tener el perdón. En ocasiones puede ocurrir que se incremente la probabilidad de recibir nuevas ofensas; un ejemplo claro que hoy en día tenemos muy presente es la reincidencia dentro de la violencia de género, donde el ciclo de perdón-agresión se suele repetir sucesivamente si no se pone fin.
En cualquier caso el papel del psicólogo juega un papel fundamental a la hora de analizar cuando puede ser un potenciador terapéutico y en que situaciones estaría desaconsejado.
De un modo u otro, la reconciliación con uno mismo siempre será un buen propósito.
Artículo escrito por Eva Álvarez Prieto.

