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Vivimos en una época en la que todo parece ir demasiado rápido: las conversaciones, las decisiones y también las relaciones. En el último episodio de nuestro podcast Entre Divanes, Ana Millán, codirectora de Psicólogos Princesa y directora de la Escuela de Psicología, conversa con Belén Serrano, psicóloga y alumna de la Escuela, sobre cómo la inmediatez y la sobreestimulación están transformando nuestra forma de vincularnos.

Durante el episodio, Belén Serrano reflexiona sobre una idea que muchas personas reconocen en su día a día: la necesidad constante de estímulos rápidos y gratificantes. Tal y como comenta en el podcast: “Creo que gran parte de lo que nos encontramos es esa dopamina, ¿no?, que enseguida nos da ese hype y ese chute.”

Esta frase resume muy bien uno de los fenómenos psicológicos más frecuentes en consulta actualmente. Vivimos rodeados de estímulos inmediatos: redes sociales, mensajes instantáneos, aplicaciones de citas o contenido diseñado para captar nuestra atención durante segundos. Nuestro cerebro se acostumbra a recompensas rápidas y eso puede dificultar la construcción de relaciones profundas y sostenidas en el tiempo.

La sobreestimulación y el miedo a la soledad

En el episodio también se aborda cómo esta dinámica puede alejarnos de nosotros mismos. Belén Serrano señala que detrás de estas relaciones rápidas y superficiales existe: “mucha sobreestimulación, mucha desconexión de nosotros mismos, mucho miedo a la soledad, mucho miedo al dolor”.

Desde la psicología, sabemos que evitar el malestar emocional puede llevarnos a buscar distracciones constantes o vínculos intensos pero poco estables. Sin embargo, conectar emocionalmente con otra persona requiere tiempo, presencia y capacidad para sostener la incomodidad que a veces aparece en las relaciones humanas.

Bauman y el concepto de “amor líquido”

Durante la conversación, Ana Millán y Belén Serrano mencionan también el concepto de “modernidad líquida”, desarrollado por el sociólogo Zygmunt Bauman. Según esta idea, vivimos en un mundo cambiante y acelerado donde cuesta mantener estructuras sólidas, incluidas las relaciones afectivas.

Como explica Belén en el podcast: “¿Cómo vamos a llegar a conectar con otras personas si todo es efímero, es rápido, es dinámico, es cambiante?” Esta reflexión conecta con una realidad que observan muchos profesionales de la salud mental integral: la dificultad para parar, reflexionar y construir relaciones desde la autenticidad. Cuando vivimos desde la inmediatez, resulta más complicado identificar qué necesitamos emocionalmente y qué tipo de vínculo queremos crear.

Recuperar la conexión emocional

Frente a esta dinámica, la intervención psicológica puede ayudar a desarrollar una relación más consciente con uno mismo y con los demás. Herramientas como la terapia cognitiva conductual (TCC), el trabajo emocional o las técnicas de regulación emocional permiten comprender mejor nuestros patrones relacionales y fortalecer el bienestar emocional.

Además, distintos estudios psicológicos han señalado que la conexión social profunda y el apoyo emocional actúan como factores protectores frente al estrés y la ansiedad. Dedicar tiempo a cultivar vínculos sanos no solo mejora nuestras relaciones, sino también nuestra salud mental.

En Psicólogos Princesa, trabajamos desde una perspectiva integradora ofreciendo atención psicológica presencial y modalidad online para acompañar a personas que desean mejorar sus relaciones y su bienestar emocional.

¿Te has sentido identificado con esta sensación de desconexión o superficialidad en los vínculos? Buscar asesoramiento psicológico puede ser un primer paso para entender qué hay detrás de esas dificultades y aprender a construir relaciones más conscientes y saludables.

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En un momento en el que la conversación sobre salud mental integral y bienestar emocional ocupa cada vez más espacio en nuestra sociedad, comprender conceptos relacionados con la identidad de género resulta fundamental para fomentar espacios más seguros, respetuosos y humanos. En un episodio de nuestro podcast Entre Divanes, presentado por Ana Millán, el psicólogo y autor Rafael San Román abordó de forma clara y cercana una cuestión que todavía genera muchas dudas: qué es exactamente la identidad de género.

A menudo, cuando hablamos de género, pensamos únicamente en categorías visibles o sociales. Sin embargo, como explicó Rafael San Román durante la conversación, “la identidad de género es quién digo yo que soy, no lo que se ve desde fuera que yo soy”. Esta frase resume una idea esencial: la identidad de género tiene que ver con la vivencia interna de cada persona y con cómo se reconoce a sí misma, independientemente de su apariencia física.

Durante el episodio, el especialista recordó que “hace algunos años, se conocía como identidad sexual, pero que actualmente se llama identidad de género”. Además, explicó que esta realidad no es algo simple ni uniforme, sino un espectro amplio y diverso. En sus palabras: “las personas cisgénero son aquellas en las que la identidad de género y el cuerpo se corresponde. Personas trans, aquellas personas en las que esta correspondencia no se da”.

Más allá de lo binario: comprender la diversidad de género

Uno de los puntos más interesantes del episodio fue la explicación sobre las identidades no binarias. Rafael San Román describió este concepto como “un universo dentro del universo”, haciendo referencia a la enorme diversidad de experiencias que existen.

Según explicó en Entre Divanes, hay personas que “no se identifican con ninguno de los géneros tradicionales, hombre, mujer”, mientras que otras pueden sentirse identificadas “con los dos, con ninguno o con algún punto intermedio”. Esta perspectiva ayuda a entender que el género no siempre funciona como una categoría cerrada, sino como una experiencia personal compleja.

El impacto social de la identidad de género

Rafael San Román recordó en el podcast que “no es tan previsible y tan simple como puede aparecer”. Y es que la identidad de género puede tener importantes implicaciones psicológicas, sociales y sanitarias en la vida cotidiana.

Diversas investigaciones han señalado que las personas que encuentran entornos de aceptación y validación suelen experimentar mayores niveles de bienestar emocional y menor malestar psicológico. Por el contrario, el rechazo social o la invisibilización pueden generar elevados niveles de estrés emocional.

Por ello, desde centros especializados en psicología en Madrid y atención psicológica integral, se insiste cada vez más en la importancia de un enfoque respetuoso, inclusivo y centrado en la persona. La intervención psicológica no busca etiquetar, sino acompañar y ofrecer herramientas para que cada persona pueda comprenderse mejor y vivir con mayor autenticidad.

Si estás buscando apoyo profesional, asesoramiento psicológico o un espacio seguro donde hablar sobre identidad, relaciones o bienestar emocional, contacta con nosotros.

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Las relaciones de pareja ocupan un lugar central en la vida emocional de muchas personas. No es casualidad que, en consulta, gran parte de las conversaciones giren en torno a vínculos afectivos, rupturas, inseguridades o dificultades para construir relaciones sanas. En el episodio de nuestro podcast Entre Divanes,en el que tuvimos a Rafael San Román como invitado, reflexionamos junto a Ana Millán precisamente sobre cómo las relaciones, la identidad y la libertad impactan directamente en nuestro bienestar emocional y nuestra salud mental integral.

Tal y como comenta Rafael San Román en el episodio: “yo te diría que un porcentaje altísimo […] de las consultas van sobre relaciones de pareja”. Una afirmación que conecta con la experiencia habitual de muchos profesionales de la atención psicológica. Las relaciones afectivas son uno de los espacios donde más se activan nuestras inseguridades, expectativas, miedos y necesidades emocionales.

La pareja como espejo emocional

Las relaciones de pareja no solo tienen que ver con el amor romántico. También funcionan como un espejo de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo. En muchas ocasiones, los conflictos de pareja revelan dificultades relacionadas con la autoestima, la dependencia emocional o la necesidad de validación externa.

Desde enfoques como la terapia cognitiva conductual (TCC), se trabaja precisamente en identificar patrones de pensamiento y conductas que pueden generar sufrimiento en las relaciones. La evidencia científica respalda que este tipo de intervención psicológica resulta eficaz para mejorar la regulación emocional y la comunicación interpersonal.

Según explica Ana en el podcast, vivimos en una época marcada por una gran sensación de libertad, aunque esa libertad tiene diferentes dimensiones. En sus palabras:“estaría la libertad de liberarse […] de estructuras externas, de cosas impuestas, de convenciones sociales y luego está la libertad para decidir lo que es importante para ti”.

Esta reflexión resulta especialmente relevante en el contexto actual. Hoy existen más posibilidades para definir cómo queremos vivir, relacionarnos o construir nuestra identidad. Sin embargo, esa amplitud de opciones también puede generar incertidumbre, ansiedad o sensación de desorientación.

La libertad de ser y la libertad para ser

Uno de los conceptos más interesantes que aparece en la conversación es la diferencia entre “la libertad de ser” y “la libertad para ser”. Rafael San Román lo expresa así: “Ser es a qué bares voy, con qué personas tengo relaciones sexuales, cómo me defino explícitamente delante de los demás […] y eso por supuesto repercute en cómo me siento, cómo me defino, cuál es mi estado de ánimo, cuál es mi bienestar”.

Esta idea conecta con algo fundamental en psicología: la identidad no es únicamente algo interno o abstracto. También se construye a través de nuestras decisiones cotidianas, nuestros vínculos y la manera en la que nos mostramos ante otras personas.

En consulta, muchas personas llegan precisamente con el malestar de sentir que viven alejadas de quienes realmente son. A veces por miedo al rechazo, otras por presión social o por expectativas familiares. Esto puede traducirse en ansiedad, bloqueo emocional o dificultades en las relaciones.

Por eso, espacios de asesoramiento psicológico y acompañamiento emocional pueden ayudar a explorar estas preguntas desde un lugar seguro y libre de juicio.

Bienestar emocional en una sociedad llena de opciones

Vivimos en un contexto donde las posibilidades parecen infinitas: aplicaciones de citas, nuevas formas de relacionarse, cambios sociales constantes y una exposición permanente en redes sociales. Aunque esto amplía la libertad individual, también puede generar una sensación de exigencia continua: elegir bien, definirse constantemente y encontrar una identidad estable.

En muchas ocasiones, el problema no es la falta de libertad, sino la presión de tener que construir una versión perfecta de uno mismo. Ahí es donde la intervención psicológica puede ser especialmente útil para aprender a tomar decisiones más alineadas con nuestros valores personales y desarrollar relaciones más auténticas.

Desde Psicólogos Princesa, centro psicológico en Princesa 81, trabajamos precisamente desde una perspectiva de salud mental integral, ofreciendo atención psicológica presencial y modalidad online para terapia adaptada a las necesidades de cada persona.

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Un artículo de Rodrigo Andrés Jiménez

Vivimos en una sociedad que premia la rapidez, la disponibilidad constante y la sensación de estar siempre “haciendo algo”. Contestamos mensajes mientras atendemos una reunión, revisamos el correo mientras comemos y escuchamos un podcast mientras organizamos mentalmente el resto del día. La multitarea no solo está normalizada, sino que se ha convertido en una cualidad deseable.

Ser “multitarea” se asocia con eficiencia, competencia y éxito. Pero ¿es realmente una fortaleza cognitiva o estamos ante una creencia socialmente reforzada? Para responder a esta pregunta, primero debemos entender qué ocurre en nuestro cerebro cuando intentamos hacer varias cosas a la vez.

¿Multitarea real o cambio constante de tareas?

En términos generales, la multitarea se define como la capacidad de realizar más de una actividad simultáneamente. Sin embargo, desde la Psicología Cognitiva es necesario matizar esta idea. Nuestro cerebro no puede procesar de manera paralela dos tareas complejas que requieren atención consciente. Lo que realmente hacemos, en la mayoría de los casos, es alternar rápidamente el foco atencional entre una tarea y otra. Este proceso se conoce como cambio de tareas (task switching).

Puede parecer un detalle técnico, pero no lo es, porque cada vez que cambiamos de tarea, nuestro cerebro necesita reajustarse. Y ese reajuste tiene un coste.

El coste oculto de cambiar de tarea

La investigación en Psicología Experimental ha demostrado que alternar entre tareas aumenta el tiempo necesario para completarlas y eleva la probabilidad de cometer errores. Rubinstein, Meyer y Evans (2001) observaron que este “coste de cambio” implica un esfuerzo adicional del sistema ejecutivo del cerebro. Es decir, aunque subjetivamente sintamos que estamos siendo productivos, objetivamente estamos perdiendo eficiencia.

Además, en un contexto más actual, caracterizado por la sobreestimulación digital, diversos estudios han señalado que las personas que realizan multitarea de forma habitual con dispositivos electrónicos muestran mayores dificultades para filtrar información irrelevante y mantener la atención sostenida (Ophir, Nass y Wagner, 2009).

Si cambiar constantemente de tarea implica un desgaste cognitivo, la siguiente pregunta es inevitable: ¿por qué seguimos creyendo que funciona?

La ilusión de productividad

La multitarea produce una sensación inmediata de avance. Cada mensaje respondido, cada notificación atendida o cada pequeña tarea completada genera una micro-recompensa. Esa activación constante puede interpretarse como eficacia.

Sin embargo, esta sensación no siempre se corresponde con un mejor rendimiento. De hecho, la sobrecarga de estímulos y la fragmentación atencional pueden dificultar la concentración profunda y sostenida. Diversas investigaciones sobre atención y rendimiento han subrayado cómo la interferencia constante y la sobrecarga cognitiva afectan negativamente a la ejecución de tareas complejas (García-Sevilla, 1997). Cuando la atención se fragmenta, también lo hace la calidad del procesamiento.

Así, lo que percibimos como productividad puede ser, en realidad, estar a muchas cosas al mismo tiempo sin profundizar en ninguna. Y esta dispersión no solo afecta al rendimiento, sino también al bienestar emocional.

Multitarea y desgaste psicológico

El cambio continuo de foco atencional mantiene al cerebro en un estado de activación constante. A corto plazo puede pasar desapercibido, pero a medio y largo plazo suele traducirse en:

En consulta es frecuente encontrar personas que refieren agotamiento sin una causa claramente identificable. Cuando miramos de cerca su día a día en un contexto terapéutico, descubrimos una rutina marcada por interrupciones constantes y por la sensación de tener que estar siempre disponibles y ser productivos.

No se trata solo de hacer muchas cosas, sino de no permitir que la mente permanezca en una sola. Sin embargo, esto no significa que cualquier combinación de tareas sea perjudicial.

¿Hay situaciones en las que sí es posible?

Sí, pero con una condición importante: que al menos una de las tareas esté automatizada.

Podemos caminar mientras escuchamos música o doblar la ropa mientras vemos una serie porque una de esas actividades no requiere un control atencional intenso. El problema surge cuando ambas tareas exigen procesamiento consciente: redactar un informe mientras respondemos mensajes o estudiar mientras revisamos redes sociales.

Cuanto mayor es la demanda cognitiva de ambas actividades, mayor será la interferencia. Comprender esta diferencia es clave, porque nos permite pasar de la creencia de “soy multitarea” a una pregunta más ajustada: “¿qué nivel de atención requiere esta actividad?”.

Y quizá ahí esté el verdadero cambio: dejar de intentar estar en todo al mismo tiempo y empezar a elegir con mayor conciencia dónde ponemos nuestra atención.

Referencias

García-Sevilla, J. (1997). Psicología de la atención. Síntesis.

Ophir, E., Nass, C., & Wagner, A. D. (2009). Control cognitivo en personas que realizan multitarea con medios digitales. Proceedings of the National Academy of Sciences, 106(37), 15583–15587.

Rubinstein, J. S., Meyer, D. E., & Evans, J. E. (2001). Control ejecutivo de los procesos cognitivos en el cambio de tareas. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 27(4), 763–797.

Un artículo de Amaya Lillo

La vejez no es un punto final, ni una etapa tenue en el recorrido de la vida. Es el periodo que, aunque vendrá acompañado de desafíos, como cambios físicos, pérdidas o transformaciones sociales, también puede convertirse en un territorio fértil de serenidad, creatividad y sabiduría. Hablar de bienestar emocional en esta estaba de la vida, no solo es hablar de salud mental, sino hablar de cómo las personas mayores se reconcilian con el paso del tiempo y se reinventan para disfrutar del presente.

El significado del bienestar emocional en la vejez

El bienestar emocional se entiende como la capacidad para experimentar emociones positivas y afrontar adecuadamente las negativas. En la vejez, este equilibrio se redefine. Habrá quien sienta miedo ante la dependencia, la soledad o el deterioro y habrá quien encuentre alivio al haber sido capaz de superar muchas de las presiones que ocuparon la juventud y la vida laboral.

Los estudios de psicología del envejecimiento apuntan que, lejos del tópico de la “decadencia”, muchas personas mayores logran niveles más altos de satisfacción en la vida. La “paradoja del bienestar” describe cómo, a pesar de la pérdida de capacidades o de relaciones sociales, el bienestar subjetivo suele mantenerse o puede incluso aumentar.

¿Por qué? Con la edad aprendemos a relativizar, valoramos lo esencial y dejamos de luchar contra lo que no depende de nosotros.

Aceptar el cambio como proceso

Ninguna etapa vital estará libre de cambios, pero en la vejez, los cambios se hacen más visibles y pueden generar cierta incertidumbre. El cuerpo envejece, la rutina se transforma y también nuestra manera de entender el mundo que nos rodea. Afrontar estos cambios con una actitud flexible será la clave.

La aceptación no consiste en resignarse, sino en reconocer la realidad y usar la capacidad de actuar en ella. Algunas estrategias son:

Reevaluar metas personales: ya no se trata de lograr grandes objetivos, sino de disfrutar de pequeñas experiencias cotidianas: una conversación agradable, un paseo sin prisa, un recuerdo compartido.

Cultivar vínculos afectivos: mantener relaciones sociales reduce la aparición de depresión y ansiedad. Conservar vínculos significativos y sentirse parte de una comunidad.

Cuidar la salud mental y física: un enfoque integral que combine actividad física, una alimentación equilibrada y estimulación cognitiva, genera bienestar global.

Mantener proyectos personales: como tener un propósito, colaborar en una asociación o cuidar de un jardín, mantiene activo el sentido vital y la autoestima.

Buscar apoyo profesional cuando sea necesario: pedir ayuda psicológica no es signo de debilidad, sino una buena forma de autocuidado. A través de la terapia, se puede aprender a reformular pensamientos y emociones ante los cambios de esta etapa.

El valor de la experiencia y la gratitud

La vejez puede regalarnos una mirada más compasiva y amplia hacia la vida. Quien ha vivido mucho tiene una perspectiva más amplia, y esa experiencia puede ser una fuente de bienestar si se acompaña de gratitud. Practicar la gratitud —reconocer lo vivido, lo aprendido y lo compartido— mejora el estado emocional en la vejez y favorece una mejor resiliencia.

También hay espacio para la creatividad. Muchas personas mayores redescubren talentos olvidados, como la pintura, la música o la escritura. Estas actividades no solo ofrecen placer, también refuerzan la sensación de utilidad e identidad.

Aprender a envejecer

Envejecer bien no significa “no parecer mayor”, sino hacerlo con serenidad. Este aprendizaje requiere tiempo y cariño. Aprender a pedir ayuda, a delegar, a disfrutar del silencio, y a seguir curioseando son formas de mantener la mente con vida. Como decía el psicólogo Viktor Frankl, quien tiene un “por qué” para vivir puede soportar casi cualquier “cómo”. En la vejez, ese “porqué” puede ser tan simple y poderoso como compartir tiempo con quienes se ama.

Podríamos concluir que el bienestar emocional en la vejez se construye día a día, en la aceptación y el disfrute del presente. No se trata de negar los cambios, sino de aprender a convivir con ellos desde una perspectiva más compasiva hacia uno mismo. Y en ese camino, profesionales de la psicología desempeñan un papel esencial: fomentar la autonomía, acompañar emocionalmente y ayudar a redescubrir ese valor del propio recorrido vital. 

La vejez, entendida así, se convierte en una oportunidad para seguir creciendo, conectando y sintiendo. No es una etapa de pérdida, sino de transformación.

Referencias

García, M. (2020). Psicología del envejecimiento. Editorial Síntesis.

Frankl, V. E. (1992). El hombre en busca de sentido. Herder.

Un artículo de Raquel Mula

A veces la vida nos devuelve escenas repetidas. Un comentario que nos enciende, una mirada que encoge el pecho, una discusión que siempre empieza en el mismo punto... Y justo ahí aparece ese “clic”: ¿por qué reaccioné así?, ¿por qué me pasa siempre lo mismo?, ¿por qué algo tan pequeño me duele tanto?

La respuesta, casi siempre, está en un lugar muy íntimo y silencioso: nuestra herencia emocional.

La herencia emocional no siempre son traumas evidentes. A veces es como un idioma aprendido antes de saber hablar que se nos quedó grabado en gestos, tonos y silencios, mucho antes de entender lo que significaban.

En consulta lo vemos a diario. Personas que llegan diciendo: “no entiendo por qué me afecta tanto”, “sé que no debería dolerme”, “siempre elijo parejas iguales”, “sé poner límites en el trabajo… pero en casa…”. Y cuando rascamos un poquito, lo que aparece no es debilidad, ni exageración, ni inmadurez. Es historia. Y también es memoria emocional.

Como explica Muñoz (2020), nuestras primeras experiencias establecen patrones que luego se filtran en la vida adulta como una música de fondo que no siempre escuchamos. Esa melodía emocional puede convertirse en la brújula con la que sobrevivimos, incluso mucho después de que las circunstancias hayan cambiado.

Lo que heredaste de tus padres… incluso sin que lo dijeran

Cuando hablamos de herencia emocional hablamos tanto de lo que ocurrió… como de lo que faltó. Porque no se heredan solo las palabras, sino también los silencios, las ausencias y los miedos.

Barudy y Dantagnan (2019) lo explican con claridad: nuestras figuras de referencia nos transmiten modelos implícitos de cómo amar, cómo calmarnos, cómo resolver conflictos y cómo pedir ayuda. Cada abrazo dado (o negado) deja una huella. Y esas huellas, ya sean felices o dolorosas, son las que luego escriben nuestras relaciones adultas.

Por eso hay quien ama con prisa, quien huye cuando se siente querido, quien confunde intensidad con afecto, quien cede por miedo a perder, quien explota porque nunca aprendió a ser escuchado, quien se congela porque el conflicto siempre fue peligro…

No son rasgos de personalidad. Son adaptaciones. De niños sobrevivimos como podemos, y de adultos intentamos amar como sabemos. Y en ese puente, muchas veces, es donde se rompen nuestras relaciones.

Cuando la historia se cuela en la pareja

“No entiendo por qué en pareja soy diferente” es uno de los grandes motivos por los que muchas personas acuden a terapia. Y tiene sentido, ya que las relaciones son un espejo psicológico, y no muestran solo quién eres hoy, sino también quién fuiste cuando aprendiste a vincularte.

La pareja activa los patrones más antiguos que tenemos. Los que aprendimos antes de saber que existían.

Bowlby (2020) lo planteaba así: los patrones de apego no son una camisa de fuerza, pero sí un mapa que tendemos a repetir hasta que algo (una crisis, un insight, una terapia…) nos invita a mirarlo con honestidad.

Por eso, en pareja solemos discutir como vimos discutir, callar como nos enseñaron a callar, ceder como aprendimos a sobrevivir, o pedir lo que un día no pudimos pedir. Y esto no es culpa de nadie, ni es destino; es historia. Y la historia, por suerte, puede reescribirse.

El cuerpo también recuerda

A veces identificamos una herida por sus síntomas, no por su origen.

Ese nudo en el pecho cuando alguien sube la voz. Esa urgencia por explicarlo todo, por miedo a ser malinterpretado. Esa sensación de abandono cuando la pareja tarda en contestar. Ese bloqueo cuando algo requiere un límite claro. Ese impulso de disparar antes de ser herido…

La memoria emocional no habla en frases, habla en reacciones. Y el cuerpo, que es más sincero que la mente, suele avisar antes de que entendamos qué ocurre. Lo que aprendimos para protegernos sigue funcionando… incluso cuando ya no lo necesitamos.

Entender esto da paz y da permiso. Para dejar de pelear contigo mismo. Para mirar atrás sin quedarte a vivir allí. Para decirte: “esto ya no me sirve”.

La parte más bonita: también heredamos fuerza

No todo lo que recibimos son heridas. También heredamos resistencia, humor, intuición, ternura, capacidad de amar. Heredamos gestos, frases que consuelan, modos de mirar que sostienen. Y heredamos el deseo profundo de ser mejores que aquello que nos dolió.

Tu historia no solo explica tus dificultades, sino también tus recursos. Y todo ello también forma parte de tu herencia, y también es digno de ser honrado.

Reescribir tu historia (aunque al principio de vértigo)

Llegar a terapia es un acto de valentía. Es decirle a tu historia: “hasta aquí”, y decidir que el pasado te explique, pero no te limite. En consulta trabajamos justo en esto, en dar sentido a tu trayectoria, identificar qué patrones siguen activos y comprender qué necesitas hoy, no lo que necesitaste entonces.

Como señala Muñoz (2020), el cambio real ocurre cuando dejamos de culparnos por lo que aprendimos en modo supervivencia y empezamos a relacionarnos desde un lugar más adulto y compasivo.

Si algo te ha resonado, si alguna frase te ha tocado por dentro, probablemente no es casualidad. Son esas pequeñas grietas por donde empieza a entrar la luz.

Conclusión: lo que heredaste no define lo que mereces

La herencia emocional no es una sentencia. Es un mapa. Y tú eliges el camino.

Si estás leyendo esto con un nudo en el pecho… Si llevas años pidiendo poco, conformándote con migajas, repitiendo patrones que te cansan… Si has pensado demasiadas veces que “el problema eres tú”… No lo eres. Nunca lo fuiste. Y no, no es falta de amor. Es falta de seguridad aprendida. Y lo maravilloso —de verdad maravilloso— es que se puede aprender ahora.

Si necesitas un espacio para entenderlo, sentirlo o sanarlo, en Psicólogos Princesa estamos aquí. Porque nadie merece vivir toda la vida en modo supervivencia. Ni tú tampoco. Porque la herencia emocional puede doler… pero también puede transformarse en tu mayor fortaleza. Y aunque no elegiste tu historia, sí puedes elegir cómo seguir escribiéndola.

Referencias

Barudy, J., & Dantagnan, M. (2019). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Gedisa.

Bowlby, J. (2020). Una base segura: Aplicaciones clínicas del apego. Paidós.
Muñoz, M. (2020). Psicología del desarrollo emocional: Una mirada relacional. Síntesis.

Las relaciones de pareja ya no responden a un único modelo. Cada vez más personas que buscan atención psicológica llegan a consulta con dudas, inseguridades o conflictos relacionados con formas de vínculo no monógamas. En nuestro podcast “Entre Divanes”, Ana Millán conversó con Rafael San Román sobre esta realidad, aportando claridad y matices a dos conceptos que a menudo se confunden: las relaciones abiertas y el poliamor.

¿Qué son las relaciones abiertas?

Tal y como explicó Rafael en el episodio, las relaciones abiertas se definen por una estructura afectiva concreta: “Relaciones abiertas, en lo sexual. Es una pareja formada habitualmente por dos personas (…) solo ellas forman la pareja, solo ellas mantienen un vínculo afectivo romántico, pero se abren a mantener relaciones sexuales de manera consensuada, pactada, acordada con otras personas que no forman parte de la relación”.

Este tipo de acuerdos requieren comunicación clara, negociación constante y una revisión periódica de los límites, aspectos que desde Psicólogos Princesa solemos trabajar en procesos de asesoramiento psicológico orientados al bienestar emocional.

Poliamor: un universo relacional diverso

Cuando hablamos de poliamor, el escenario cambia de forma significativa. Rafael lo define de manera pedagógica, reconociendo la amplitud del concepto: “Poliamor, todo un universo, todo un espectro nuevamente (…) lo que yo entiendo por poliamor es que son parejas cuya estructura está formada por más de dos personas”.

Estas configuraciones pueden adoptar múltiples formas. Desde una trieja hasta redes relacionales más amplias, donde los vínculos afectivos se entrelazan. Como comentó Rafael: “Pueden ser relaciones cerradas aunque sean poliamorosas (…) o relaciones abiertas”. Esto pone de manifiesto que no existe un único modo “correcto” de vincularse, sino acuerdos construidos desde el consenso y la responsabilidad afectiva.

Acompañamiento psicológico en diversos modelos relacionales

Desde una perspectiva de salud mental integral, lo importante no es la estructura de la relación, sino cómo se vive. La gestión de los celos, la comunicación de necesidades o el manejo del estrés emocional son motivos habituales de consulta.

En Psicólogos Princesa, entendemos que cada persona y cada relación es única. Ofrecemos intervención psicológica y asesoramiento especializado para quienes desean reflexionar sobre su manera de relacionarse, ya sea desde modelos monógamos o no monógamos.

¿Te surgen dudas sobre tus vínculos afectivos o acuerdos de pareja? Contacta con nosotros y solicita una primera cita de valoración psicológica. Estamos aquí para acompañarte, sin juicios, hacia un mayor bienestar emocional.

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¿Por qué nos unimos a alguien?

En consulta, es muy habitual escuchar una pregunta que atraviesa generaciones, edades y tipos de relaciones: “¿Por qué ya no estamos igual?”. Muchas personas describen que algo se ha desajustado, pero no siempre saben identificar qué.

En nuestro podcast “Entre Divanes”, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, conversó con Rafael San Román, psicólogo y autor de “Qué le cuento a mi psicólogo”, sobre una idea sencilla pero profunda: las motivaciones que nos llevan a iniciar y sostener una relación de pareja.

Las tres conexiones básicas de la pareja

Ana Millán lo resumió de forma clara durante el episodio: “¿Cuáles son las tres motivaciones para entrar en una relación de pareja? La motivación mental, la conexión mental, la motivación emocional, conexión emocional y la pasión, la conexión física.”

Estas tres dimensiones: mental, emocional y física, suelen estar muy presentes en los inicios de una relación. Conversaciones estimulantes, sensación de complicidad, ilusión, deseo y cercanía corporal. Aunque, como matizó Rafael, no son los únicos factores.

Desde el asesoramiento psicológico en pareja, esta idea resulta especialmente útil porque ofrece un mapa sencillo para entender qué está funcionando y qué no en un momento determinado de la relación.

El reto no es empezar, sino sincronizarse

Uno de los puntos más valiosos del diálogo aparece cuando Rafael introduce una palabra clave: armonía. “Que haya una armonía, que haya una sincronía en el punto en el que estamos, porque igual para uno de los componentes de la pareja sigue pesando mucho lo sexual, pero para el otro no.”

Aquí aparece una realidad frecuente en la vida adulta: las prioridades cambian. El trabajo, la crianza, el estrés laboral o las experiencias vitales pueden hacer que una de estas conexiones pese más que las otras. Y eso no significa que la relación esté “rota”, sino que necesita ser atendida.

Desde la intervención psicológica, este tipo de desajustes se entienden como previsibles y abordables, algo que el propio Rafael subrayó: “Entonces eso va a suponer un conflicto, no necesariamente letal para la pareja, es más bien previsible y más bien asumible, pero habrá que abordarlo.”

Comprender el conflicto como parte del vínculo

En lugar de vivir estas diferencias como un fracaso, comprenderlas puede ser una vía directa hacia el bienestar emocional. No todas las personas sienten lo mismo al mismo tiempo, ni dan el mismo peso a cada dimensión de la relación.

Desde Psicólogos Princesa, consideramos que este enfoque ayuda a muchas parejas a revisar en qué punto están, qué necesitan ahora y cómo comunicarse desde un lugar más consciente. Modelos como la terapia cognitiva conductual (TCC) o el trabajo con vínculo y emociones cuentan con amplio respaldo científico para mejorar la comunicación y reducir el estrés relacional. 

¿Te sientes identificado o identificada?

Si al leer este artículo has pensado en tu propia relación, quizá sea un buen momento para parar y mirar qué conexiones están presentes y cuáles necesitan atención.

En Psicólogos Princesa ofrecemos atención psicológica presencial en Madrid y modalidad online, adaptada a cada persona y cada relación.

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Un artículo de Nagore Fernández

El sueño es una función biológica necesaria en los seres humanos, pero es especialmente indispensable en edades tempranas y adolescencia, ya que contribuye a una buena maduración y funcionamiento del sistema nervioso. Como se explica en el artículo de Riggins et al. (2024), el sueño no solo acompaña los hitos evolutivos del cerebro, sino que podría influir de manera activa en otros procesos clave como la maduración estructural y funcional de las redes neuronales. Desde la infancia hasta la adolescencia, el cerebro atraviesa etapas críticas de sinaptogénesis, poda sináptica y mielinización, vinculándose estos procesos con cambios en la macroestructura y microestructura del sueño (principalmente en la actividad de ondas lentas y aparición de husos del sueño).

Estos autores señalan que se han encontrado asociaciones predictivas entre la topografía de las ondas lentas y el grado de mielinización futura, así como relaciones entre el sueño de ondas lentas y el desarrollo del hipocampo, y entre la duración del sueño, el volumen de sustancia blanca y la conectividad cerebral global. Es por ende que la deprivación o alteración crónica del sueño en nuestros menores podría tener efectos negativos sobre la eficiencia y estabilidad de las redes funcionales del cerebro, así como sobre la maduración de estructuras implicadas en la memoria y las funciones ejecutivas. (Riggins et al., 2024). Otras estructuras cerebrales que podrían verse afectadas son:

Corteza prefrontal

La falta o mala calidad del sueño afecta también a la corteza prefrontal, en concreto a la dorsolateral y ventrolateral, dando como resultado menor activación y peor rendimiento en tareas de atención sostenida, memoria de trabajo e inhibición de respuestas. Como resultado, el niño o adolescente presentará más dificultades académicas y problemas de impulsividad. (Urrila et al., 2017; Anastasiades y Urban, 2022).

Sistema límbico (amígdala e hipocampo)

La amígdala mostraría hiperreactividad como respuesta a estímulos negativos después de una noche de sueño reducido, además de menos conectividad funcional con la corteza prefrontal, lo que causaría reacciones emocionales más intensas y peor regulación afectiva (Ouellet et al., 2024).

El hipocampo es la estructura clave para la consolidación de la memoria, por lo que la privación de horas de sueño reduce la eficacia de la memoria a largo plazo y el peor afianzamiento de memorias nuevas en niños y adolescentes. (Crowley et al., 2024). 

Redes por defecto y parietales

La falta de sueño afecta a la red por defecto (corteza prefrontal medial y corteza cingulada posterior); dará como resultado problemas de atención interna, rumiación y síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes. (Tashjian et al., 2018; Zhang et al., 2025).

Las regiones parietales están implicadas a su vez en la integración sensorial y la atención, y la mala calidad del sueño contribuirá a la disminución de rendimiento en tareas de concentración sostenida. (Zhang et al., 2025; Di et al., 2024).

El Colegio Oficial de Psicólogos alerta de que muchos niños duermen menos de lo requerido, con repercusiones en la salud física (homeostasis hormonal, obesidad, aumento de niveles de cortisol y posibles enfermedades crónicas en un futuro) y mental, como hemos visto más arriba. Pero debemos ir más allá y considerarlo como un asunto no solamente de índole individual, sino con afectación en el sistema familiar, escolar y social.

No hay estadísticas oficiales a nivel nacional o mundial que nos indiquen datos claros, pero lo que sí parece preocupante es que, según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), en junio de 2025, el 52.4 % de los adolescentes españoles van a clase con menos de 8 horas de sueño, afectando su rendimiento académico y salud emocional (SEMG, 2025). Por otro lado, la fundación FAROS del Hospital de San Joan de Déu también registra el descenso del número de horas de sueño en menores, con un 17% que acuden al colegio con sueño y adolescentes, 52%, que no llegan a dormir 8 horas entre semana, con graves dificultades para despertarse por la falta de sueño.

No se trata de datos anecdóticos, sino de un problema crónico de falta de descanso que parece ir en aumento. (Infocop, 2025). Es por ello que las familias deben tomarlo en cuenta y establecer buenas rutinas para una adecuada higiene del sueño. Además, como psicólogos, debemos prevenir y recomendar el tratamiento y atención adecuada en caso de trastornos del sueño como son las parasomnias (terrores nocturnos, sonambulismo, despertar confusional y pesadillas) y las disomnias (insomnio y dificultad para dormirse). En el caso del insomnio, no tratado a tiempo, puede volverse persistente hasta la edad adulta.

Hay evidencia científica que señala la relación bidireccional entre la mala calidad del sueño continuada y crónica (por ejemplo, en el insomnio) y la aparición de diversas alteraciones de salud de tipo endocrino, metabólico, cardiovascular, inmunológico, mental y neurovegetativo. Esto correlaciona con patologías más graves a largo plazo como demencias, ictus, obesidad, ansiedad y depresión, entre otras.

Factores de riesgo

Recomendaciones

Los padres son los primeros agentes modeladores de sus hijos con la exhibición de buenos hábitos y disciplina continuada para prevenir los problemas del sueño:

Como profesionales de la salud y padres, no debemos subestimar el poder restaurador y funcional del sueño en estas etapas tan importantes, en las que el sistema nervioso está aún madurando en nuestros menores.

Referencias

Anastasiades, P. G., & Urban, N. N. (2022). Adolescent sleep and the foundations of prefrontal cortical development. Brain Research Reviews, 36(22), 2314–2325. https://doi.org/10.1016/j.brainresrev.2022.04.023

Crowley, R., et al. (2024). A systematic and meta-analytic review of the impact of sleep deprivation on hippocampal activation. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 154, 105743. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2024.105743

Di, T., et al. (2024). The impact of REM sleep loss on human brain connectivity. Translational Psychiatry, 14, 985–993. https://doi.org/10.1038/s41398-024-02985-x

Infocop. (2025, 26 de octubre). El déficit de sueño impacta en la salud psicológica y física de la población infanto-juvenil según el último informe FAROS. Infocop Online. https://www.infocop.es/el-deficit-de-sueno-impacta-en-la-salud-psicologica-y-fisica-de-la-poblacion-infanto-juvenil-segun-el-ultimo-informe-faros/

Riggins, T., Ratliff, E. L., Horger, M. N., & Spencer, R. M. C. (2024). The importance of sleep for the developing brain. Current Sleep Medicine Reports, 10(4), 437–446. https://doi.org/10.1007/s40675-024-00307-7

Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). (2025, 11 de junio). El 52,4% de los adolescentes españoles van a clase con menos de 8 horas de sueño, lo que afecta a su rendimiento académico y a su salud. SEMG Noticias. https://www.semg.es/index.php/noticias/item/1327-noticias-semg-20250611-2

Ouellet, J., et al. (2024). Neurocognitive consequences of adolescent sleep disruptions and risk for psychosis: A longitudinal study. Nature Mental Health, 1, 242–253. https://doi.org/10.1038/s44184-024-00058-x

Tashjian, S. M., Goldenberg, D., Monti, M., Galván, A., & Fuligni, A. J. (2018). Sleep quality and adolescent default mode network connectivity. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 13(3), 290–299. https://doi.org/10.1093/scan/nsy013

Urrila, A. S., et al. (2017). Sleep habits, academic performance, and the adolescent brain structure. Scientific Reports, 7, 41678. https://doi.org/10.1038/srep41678

Zhang, L., Geier, C. F., & Sweeney, J. A. (2025). Latent Default Mode Network Connectivity Patterns: Associations With Sleep Health and Adolescent Psychopathology. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 66, 552–563. https://doi.org/10.1111/jcpp.13757

Un artículo de Raquel Merchán

“El mayor daño que puede hacer la inteligencia artificial

 es que la gente crea que la puede comprender”

Eliezer Yudkoswky

¿Desde tu móvil, una Tablet o desde el ordenador? Si has llegado hasta aquí es porque te interesa, sobre todo, la salud mental y estás preocupado/a por esta cuestión, cada día más en boga en la población.

Es innegable, la tecnología está cada vez más presente en nuestras vidas. A través de ella lo podemos controlar todo: qué comemos, a donde vamos, dónde están nuestros amigos, cuántos pasos damos, etc. Sin embargo, no todo son ventajas. Su uso está generando en la población diferentes trastornos de conducta que a lo largo de este artículo intentaremos desgranar.

Redes sociales vs salud mental: un equilibrio complejo

¿Cuántas horas pasas al día en redes sociales? Uno de los grandes problemas de las RRSS está relacionado con las adicciones. En Psicología, en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, uno de los manuales de referencia conocido popularmente como DSM, ya en el año 2012 se produjeron grandes debates en el seno de su edición sobre la pertinencia o no de incluir esta cuestión dentro del manual por sus similitudes con el “Juego Patológico”. ¿Cómo podemos identificar una adicción a Internet o a las redes sociales?. Permanece atento a estos síntomas:

Las redes sociales se convierten en el centro de la vida del individuo

Su uso acarrea cambios en el comportamiento

Síndrome de abstinencia cuando se reduce su uso o se interrumpe

Creación de diferentes conflictos en terrenos interpersonales, sociales o laborales

Mi perfil vs perfil del resto: una batalla psicológica

Las redes sociales y su impacto en el ámbito de la Psicología, así como las conductas anormales que provocan en los usuarios, se han ido estudiando a la par que estas evolucionaban y adquirían un gran peso dentro de la sociedad. Al albor de la creación de las nuevas plataformas de comunicación las conductas desadaptadas se han ido haciendo cada vez más patentes no sólo entre los jóvenes sino, también, en una gran parte de la población.

Se estima que uno de cada seis jóvenes va a experimentar ansiedad en algún momento de su vida. De hecho, los Trastornos de Ansiedad y Depresión han aumentado de forma significativa en los últimos años. En diferentes estudios llevado a cabo sobre este tema, y cuya muestra eran jóvenes con alta presencia en redes sociales, se llegó a la conclusión que la participación en este tipo de redes aumentaba sus sentimientos de ansiedad.

¿Cuáles eran los sentimientos más latentes en estos jóvenes? Sobresalen dos conceptos: comparación y desesperación. Es indudable que las redes sociales ofrecen una plataforma ideal para comunicar y compartir. Pero ¿qué sucede cuando el producto es nuestra vida? Muchos de estos jóvenes llegaron a desarrollar baja autoestima. Compararse con otras personas partiendo única y exclusivamente de la imagen que se genera en una red social como, por ejemplo, Instagram puede dar lugar este tipo de conductas.

De la misma forma, la perfección y el mundo idealizado en el que se mueven algunos perfiles (sobre todo, de personas reconocidas) ha llevado a que los jóvenes quieran alcanzar tanto unos niveles de perfeccionamiento como el anhelo de una vida semejante a la que estos perfiles proyectan en las redes sociales. Un deseo difícilmente alcanzable que trae consigo no sólo un efecto de desesperación sino, también, un aumento de la ansiedad y frustración por no ser capaz de conseguir o alcanzar aquellas metas. Sentimientos mantenidos e, incluso, exacerbados en el tiempo que pueden desembocar en comportamientos más graves como, por ejemplo, ideas autolíticas.

Además, el uso de las RRSS ha traído consigo otro tipo de coyunturas relacionadas, por ejemplo, con la imagen corporal. De nuevo, la comparativa (sobre todo de las mujeres) con respecto a perfiles reconocidos en lo que se refiere a cuestiones que afectan al peso o las propias imperfecciones ha demostrado como muchas de ellas, con el tiempo, han mostrado su deseo de modificar su imagen corporal en pro de conseguir una figura o unos rasgos idealizados en las redes sociales.

Es significativo y llamativo el aumento de operaciones estéticas a raíz del incremento del uso de las redes sociales. Las propias clínicas estéticas han reconocido cómo usuarias de estas redes acuden a sus centros con el objetivo de tener rasgos, así como una imagen, que coincide con filtros propios de la red social Instagram.

Si a las redes sociales pero… con límites 

Hemos visto la otra cara de las RRSS. Sin embargo, existen multitud de aspectos positivos que hacen de estas plataformas una forma de expresión así como de ayuda y construcción de relaciones sociales. Demonizarlas no es una opción pero si será importante establecer algunas recomendaciones y límites al uso de cara a prevenir así como proteger nuestra salud mental y la de aquellos que nos rodean.

Toma nota de algunos consejos:

Establece un tiempo determinado para el uso de redes sociales

El descanso es importante: no utilices el móvil antes de irte a dormir

Desinstala las apps de redes sociales de tu teléfono. De esta forma, tendrás que acceder desde un dispositivo fijo como, por ejemplo, un ordenador y no estarás enganchado ni llevaras la red social todo el día contigo

Pasa tiempo de desconexión: realiza ocio saludable

Recuerda que tú eres único y no debes compararte con nadie y menos… con un algoritmo

Y sobre todo… si necesitas ayuda, ¡no dudes en pedirla a un profesional!

Referencias bibliográficas

Faros., (2021). “Los riesgos de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes”. Hospital Sant Joan de Déu.

Fernández Sánchez, N., (2013). “Trastornos de la conducta y redes sociales en Internet”. Revista Salud Mental, 36, pp. 521- 527.

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