Psicólogos Princesa - LogotipoOpen menu icon

Aquí conocerás los síntomas, formas de tratamiento, datos oficiales y cómo ayudar a alguien que lo padece.

En primer lugar, comenzar explicando que este trastorno en el DSM-5 (Manual donde se encuentra la clasificación oficial de los trastornos mentales) está dentro de los trastornos denominados "Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos".  Se incluye dentro de esta clasificación porque en el Juego Patológico se activan sistemas de recompensa similares a los que se activan con las drogas. Es decir, que las sensaciones corporales, psicológicas y comportamientos que se dan en una persona que tiene este trastorno es similar a otra que tenga alguna adicción a una sustancia tóxica.

¿Cómo se da el juego patológico?

Cuando la persona que lo padece juega de manera persistente y recurrente, provocando un deterioro o malestar clínicamente significativo en su día a día. Debe presentar cuatro o más de los siguientes síntomas:

Perfil de los/as jugadores/as

Según la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), el número de usuarios/as activos en España en 2017 fue de 1.394.949 con un incremento anual de 7.01% jugadores/as. Siendo el 81.6% hombres y el 15% mujeres.

Según la DGOJ el 81.6% de los/as usuarios/as tienen edades comprendidas entre los 18 y 45, en 2017.

La DGOJ establece que el 24.3% de los españoles no son jugadores, 69.4% son jugadores sin riesgo, el 4.4% jugadores en situación de riesgo, el 1% jugadores con problemas y el 0.9% son jugadores patológicos.

Desde estos datos podemos ver cómo a finales del año 2019 la media de edad ha descendido, generando con ello un elevado agravio y descontento ya no solo a las personas que lo padecen, sino también a nivel social.

¿Qué tratamientos existen?

Actualmente, varios estudios controlados sugieren que los tratamientos psicológicos y las intervenciones farmacológicas combinadas son eficaces en la reducción de los síntomas de jugadores patológicos.

Los tratamientos psicológicos que se emplean son:

¿Cómo podemos ayudar a alguien con Trastorno patológico?

  1. Debes comprender que está sufriendo una enfermedad, así que busca toda la información que puedas sobre dicho trastorno para que entiendas mejor tanto la situación como a la persona
  2. No juzgues, los juicios no os permiten avanzar; solo os van a limitar
  3. Proporciónale alternativas profesionales: busca centros y profesionales donde le puedan brindar la ayuda que necesita. Cuanto antes se comience a trabajar sobre el trastorno antes se comenzará a obtener buenos resultados
  4. Motívale para el cambio
  5. Busca actividades de ocio saludables
  6. Dale tu apoyo. Como cualquier enfermo necesita cuidado y atención, proporciónasela

Artículo escrito por Carmen Marcos

Las agresiones sexuales son algo que como sociedad repudiamos por múltiples motivos, como por la gravedad que supone atentar contra la liberad sexual de alguien, el miedo que generan en el ámbito social y las consecuencias para la víctima.  Si bien las condenas por agresiones sexuales en España representan únicamente el 5% de todas las condenas penales, debemos tener en cuenta que dichas agresiones en muchas ocasiones no se denuncian. Se estima que únicamente el 45% de las mujeres denunciarán los hechos.

Como aproximación a estos sucesos, sabemos que el 35% de las mujeres universitarias se sentirán agredidas durante el curso de sus estudios superiores. Por otro lado, las mujeres universitarias suponen uno de los grupos más vulnerables a las agresiones sexuales en las que se ve involucrada alguna sustancia, ya sea alcohol o algún otro tipo de droga ilegal.

Pero no solo ser mujer de edad universitaria es un factor de cierta vulnerabilidad a la hora de sufrir alguna agresión bajo los efectos de sustancias. En general, el hecho de ser mujer junto a otros factores de riesgo como es la etnia, nivel educativo, orientación sexual o nivel económico influirán directa o indirectamente en el riesgo de padecer una agresión.

Los daños y abusos que se contemplan en las agresiones sexuales podemos desglosarlos en:

Por otro lado, sabemos que no todas las agresiones sexuales  son iguales:

Es decir, si bien las agresiones producidas por desconocidos son aquellas que las mujeres temen en muchas ocasiones, suelen ser casos muy graves y afortunadamente de baja prevalencia.

No obstante, las agresiones sexuales no son tan fáciles de identificar, ya que socialmente validamos ciertas conductas o situaciones que nunca deberían serlo. Estas justificaciones de la agresión no son hechas, en la mayoría, de manera consciente y con el fin de dañar a la víctima. Algunas de estas ideas pueden venir por parte de creencias basadas en la doble moral, en las que la valoración y aceptación de la conducta será más o menos positiva en función al género de la persona, como puede ser la agresividad o promiscuidad. Por otro lado, la presencia de creencias que pueden justificar o minimizar la importancia de la agresión está en la base de las siguientes verbalizaciones:

Cuando se trata de las agresiones sexuales producidas por la pareja o expareja, también hablamos de eventos sumamente complejos ya que pueden deberse a varios motivos:

Pero no solo son personas ajenas a la agresión quienes se ven influidas por estas creencias; dicho de otro modo, estas creencias pueden mediar en los derechos que un agresor puede pensar que tiene frente su pareja (como puede ser creer que tiene derecho a que su pareja satisfaga sus necesidades sexuales por el hecho de ser su pareja o depositar toda la responsabilidad de sus comportamientos en un instinto masculino que no puede ser reprimido), al igual que pueden interferir en la interpretación de la víctima a la hora de evaluar la situación y decidir si se siente agredida o no.

Conclusión

Aunque parece simple hacer esa valoración, llegar a esa conclusión tiene serias implicaciones: la primera aceptar que la condición de víctima de una agresión en la que sus derechos sexuales han sido vulnerados, implica posibles trámites legales (con su correspondiente gasto económico, de tiempo y emocional al tener que recordar durante todo el proceso lo sucedido), conlleva un posible estrés y desgaste emocional y por último, conlleva aceptar que alguien que consideraba de su confianza le ha hecho daño.

Si tenemos en mente los factores de vulnerabilidad vinculados con las agresiones sexuales, entenderemos que esos factores pueden darse solos, algunos o todos.

Es decir, si bien formar parte de una etnia minoritaria es un factor de riesgo, esa persona será más vulnerable a dichas situaciones si además no tiene estudios, sufre racismo por parte de la sociedad, tiene muchas creencias que justifican las agresiones sexuales y tiene una enfermedad mental estigmatizada.

Paradójicamente a su vez, estos factores se retroalimentan entre sí, dificultando de este modo que la víctima entienda su condición de agredida y pida ayuda.

Artículo escrito por Marta Ruiz.

Generalmente los pacientes que han pasado por un proceso terapéutico no hablan del cambio, del momento del antes y el después, si no generalmente hablan del resultado: “yo fui y me fue genial, me sirvió mucho”. Pero ¿exactamente cómo avanza un paciente para que se pueda señalar un cambio gracias a la terapia?

Los pensamientos, las emociones y las conductas tienen un origen común: las neuronas de nuestro sistema nervioso. En primer lugar, los pensamientos no son más que mensajes eléctricos y químicos entre neuronas en el sistema nervioso central (compuesto por el cerebro, cerebelo y tallo encefálico). Además, las emociones son el resultado de la interacción entre las neuronas y los órganos que segregan hormonas en nuestro cuerpo (que nos hacen sentirnos tristes, contentos, etc.). Y, por otro lado, la conducta no es más que la señal eléctrica de las neuronas a nuestros sistemas motores (músculos) para poder movernos. Si nos fijamos, el cambio en la terapia se resume en el cambio en el que las neuronas funcionan y se organizan en el cuerpo: “no quiero seguir sintiéndome triste, quiero sentirme contento”, “me gustaría poder ser capaz de usar el ascensor porque tengo miedo cuando me subo en él”, “me gustaría dejar de sentir tristeza y ansiedad cada vez que veo a mi expareja”, etc. Lo que se busca es cambiar la respuesta producida por las neuronas ante los problemas.

Este cambio que buscamos, ¿sucede en un punto crítico de la terapia, puntual y breve como el representado en películas o libros? Es cierto que en ocasiones se puede dar un proceso catártico, un momento de darse cuenta de una información, de una relación entre ideas que nunca habíamos tenido o nos habíamos planteado. Sin embargo, dependiendo del nivel y el tipo de realización el cambio puede necesitar un trabajo posterior de consolidación. Metafóricamente hablando, si queremos arreglar una herramienta que no es útil para nosotros ahora mismo (como la ansiedad), y queremos repararla para que sea útil, el herrero (o psicólogo) nos ayudará a trabajarla en caliente (gracias a la terapia). Pero puede darse el caso de que, al volver a casa, la herramienta que hace un momento volvía a funcionar, haya vuelto a estar como al principio. Se debe a que, de la misma forma que las neuronas tienen plasticidad para crear nuevas conexiones, es necesario afianzarlas porque si no desaparecerán de nuevo. Si nosotros atravesamos un campo de césped, apenas se notarán nuestras huellas al pasar. Sin embargo, si pasamos veinte, cincuenta, o cien veces, se irán notando cada vez más, e incluso se generará un camino de tierra donde no crecerá el césped. Las neuronas poseen la misma naturaleza de funcionamiento: en terapia podemos conseguir un cambio crítico, pero necesita ser mantenido en el tiempo para que se consolide en nosotros.

Y no sólo es importante la consolidación de la conexión entre dos neuronas, tenemos que poner en perspectiva la enorme cantidad que tenemos, que son necesarias para producir un cambio. Simplemente dos neuronas pueden generar, desde cero, puentes o conexiones sólidas entre ellas en cuestión de horas. Ahora tengamos en cuenta que las neuronas conforman fibras nerviosas mediante la conexión de cientos y miles de ellas conectadas entre sí. Hay que considerar que solamente el cerebro está formado por más de veinte partes diferentes que regulan la información de una forma única (y sin hablar siquiera de las conexiones necesarias con el cerebelo, o el tallo encefálico). Tendremos que tener en cuenta además las conexiones necesarias con los órganos corporales que segregan las hormonas que sentimos como emociones, y como estas conexiones en todas estas áreas, generan a su vez nuevos puentes. Es decir, al producir un cambio en el sistema nervioso, éste se reajusta de nuevo generando incluso más conexiones, lo que conlleva más tiempo por cada conexión nueva, así como su consolidación. Como resultado, mensajes como “me doy cuenta de que tengo miedo”, “no me siento querido”, “echo de menos a personas que no están” y otros similares expresados en terapia, generan imágenes y nuevos pensamientos en ese mismo momento. Es común oír mensajes donde se conectan contenidos con un sentido para nosotros como por ejemplo “curiosamente ahora que me siento triste me he acordado de un amigo” o “no sé por qué, pero intentando resolver mi preocupación he acabado hablando de mi hermana”.

Como conclusión, el cambio terapéutico se suele traducir, metafóricamente hablando, en gotas de agua que van permeando poco a poco en nosotros. Esto se puede conseguir mediante ideas que relacionamos, conceptos que aprendemos o bien pensamientos que rebatimos y que son una pequeña parte del problema general que padecemos. Esto se traduce en cambios lentos y constantes, en puentes nuevos entre neuronas de nuestro sistema nervioso hasta que, con los días o incluso meses, hayan generado un cambio lo suficientemente significativo como para poder darnos cuenta de él. Con el trabajo terapéutico, cualquier día puede ser el día esperado en el que cambiemos a una versión mejor de nosotros mismos.

Artículo escrito por Borja Alonso.

La situación que llevamos atravesando desde hace un par de meses por la aparición del Covid-19 en nuestras vidas nos ha obligado a un reajuste, en muchos aspectos, de nuestra forma de vivir, tanto con uno mismo como con los demás. Son los sociólogos los primeros en señalar que “después de cada catástrofe hay una revolución cultural”. Parece tan inevitable como un tanto imposible tener que eliminar hábitos que podrían considerarse innatos para nosotros, y sustituirlos por algunos aún por descubrir. No hay que alarmarse, pues es bien sabido que el ser humano siempre ha sobrevivido adaptándose. Pero ¿A qué nos toca adaptarnos esta vez? ¿Qué nos supone vivir de este modo?

Desde el punto de vista de un análisis funcional podríamos identificar como un estresor constante la situación en sí. Bien es sabido que nuestro cuerpo es capaz de soportar el estrés a lo largo del tiempo que este permanece presente, llegándolo a integrar en el caso más perjudicial. Sus síntomas son fácilmente identificables como efectivos si no llegamos a gestionarlo bien: sensación de angustia, alteración del sueño, catastrofismo… pudiendo afectar a nuestro entorno más inmediato. Las diferencias individuales son claves para entender la gravedad de la cuestión, ya que cada uno pondrá en marcha los recursos emocionales de los que dispone para gestionar la situación. Circunstancias o escenarios que ya eran altamente nocivos o peligrosos parecen estar condenados a agravarse debido a la carencia o mal uso de estas habilidades de afrontamiento, como por ejemplo situaciones de violencia en el hogar, cuadros de trastorno depresivo, o trastornos de angustia agudo.

Y ahora hay que añadir los propios estragos que ha ocasionado este virus en muchas familias: pérdida de seres queridos de los cuales no han podido despedirse, dando lugar a lutos muy complicados de resolver. También el temor y la incertidumbre constante de contagiarse o contagiar a algún ser querido.

La pandemia inevitablemente ha colocado el estrés como filtro a la hora de establecer pensamientos acorde a la realidad que se avecina, generando niveles perjudiciales de ansiedad.

¿Y qué significa convivir con una situación estresante?

Estrés es una palabra que en nuestra cultura del siglo XXI resulta altamente nociva, casi se podría clasificar como una patología propia… Sin embargo son numerosos los estudios que señalan que el estrés en sí es un tipo de respuesta que genera nuestro organismo ante una amenaza que nos acecha.

Así que en primera instancia, posee una función adaptativa y de supervivencia ya que nos alerta de los peligros del contexto. La respuesta en un primer momento alcanza niveles elevados de intensidad; suele ser de una alta sobreactivación fisiológica y cognitiva, que requiere de una demanda excesiva de nuestros recursos. Cuando la situación estresante se mantiene en el tiempo (como parece ser el caso del Covid-19) dicha respuesta fisiológica puede no ser tan adaptativa y convertirse en nociva para el organismo, produciendo alteraciones fisiológicas. Se le conoce como síndrome general de adaptación, termino acuñado por Selye (1926), quien propone tres etapas a la hora de que nuestro organismo gestione el estrés: La primera, fase de alarma, es la que hemos definido previamente cuando se genera una sobreactivación ante la presencia del estímulo nocivo, y nuestros recursos se predisponen para actuar, dando lugar a la segunda fase, la fase de resistencia, en la que nuestros recursos intentan resolver de la forma más óptima la situación.

Si el elemento estresor perdura en el tiempo, ya que no hemos podido resolverlo de forma deseable entramos en la fase de agotamiento, en la que se ponen de manifiesto dificultades o alteraciones en el organismo por mantener la sobreactivación fisiológica y cognitiva de manera indefinida. Estaríamos hablando de cefaleas, alteración del estado del ánimo, alteración del sueño, rumiaciones...

Es importante encontrar formas óptimas de gestionar dicho estrés, de darle salida, por ejemplo a través del ejercicio físico, ya que si no, corre el riesgo de integrarse de forma permanente en nuestra actividad cognitiva.

¿Y ahora? ¿Qué es lo siguiente?

El plan de desconfinamiento por fases ya se ha puesto en marcha, y ha quedado patente la idea de que se trata de otra transición adaptativa a la que tenemos que enfrentarnos.

En la propia ciudad china de Wuhan, cuna del Covid-19, tras el confinamiento se estima que más de la mitad de la población requirió de atención psicológica, mientras que un 5% había desarrollado algún tipo de trastorno mental. Esto nos puede servir de orientación para sociedades en las que estamos dando nuestros primeros pasos en la desescalada. Aunque no todo tiene que ser negativo; algún aprendizaje o ganancia habremos adquirido a través de esta experiencia. Es más que probable que hayamos reforzado nuestras capacidades de adaptación (como se anunciaba al inicio de este artículo), de resistencia al estrés, quizá algo de pragmatismo vital tal vez… No estaría nada mal.

Pero atendiendo al posible desencadenamiento de patologías mentales, los profesionales de la salud señalan que el desconfinamiento no va a ser igual para todos, ya que la percepción del riesgo es subjetiva. Una vez más salen a relucir nuestros recursos personales propios: el peligro sigue en el exterior, el virus continúa siendo una amenaza. Así nos lo recuerdan una y otra vez en los medios de comunicación. Por lo tanto podemos señalar, en relación con la situación previa de confinamiento, dos cosas:

Lo primero, que el elemento estresor perdura en el tiempo, llegando a integrarse en nuestra cotidianidad.

Lo segundo, que una alta dosis de información de los medios sigue siendo tan perjudicial y confusa como en el inicio de la pandemia.

Tras un periodo de dos meses de confinamiento, en el cual hemos pasado por momentos de incertidumbre, confusión, dificultad para la gestión de la ansiedad y las emociones... no sería de extrañar que nos encontrásemos con síntomas como apatía, fatiga, irritabilidad, intranquilidad, problemas de sueño... todos ellos propios de cuadros englobables en los trastornos de ánimo, que tienden a aflorar en esta etapa de reajuste, llegando a generar cuadros de ansiedad y malestar clínico si perduran a lo largo del tiempo. Algunos especialistas de la salud mental señalan que la mayoría de los problemas se solucionarán con respuestas más adaptativas en cuestiones puntuales: podemos por pasar por momentos de inquietud, de rabia o ansiedad... de forma episódica. Pero nuestras habilidades de resiliencia se van a empezar a manifestar.

Las herramientas, recordemos, las poseemos nosotros mismos, y la figura del sanitario mental actúa reforzando dichas habilidades, o bien descubriéndoselas al propio sujeto… A continuación expongo algunos consejos recogidos de diversos artículos que abordan como podemos afrontar psicológicamente esta nueva era post Covid-19:

Comprender y asumir que la realidad esta sujeta a cambios drásticos que escapan a nuestro control podría ser el primer paso para afrontar nuestros temores, haciéndonos conscientes de la situación que estamos viviendo. Sin embargo esta idea no nos exime de la responsabilidad de actuar sobre ella para mejorar nuestra calidad de vida y salud mental, así como la de nuestro entorno.

Evitar caer en pensamientos negativos recurrentes, estableciendo un control de la dosis de información que uno recibe puede ser un recurso para mantener el foco de atención en otros ámbitos que permitan nuestro desarrollo.

Fomentar una comunicación abierta entre el núcleo familiar, no reprimir lo que nos está pasando, ya que nos está pasando juntos y podemos apoyarnos los unos en los otros.

Esforzarse en la medida de lo posible en recuperar viejos hábitos agradables, luchar contra el sedentarismo constituyen formas de combatir el estrés y reducir el foco de atención en lo negativo, y poco a poco recuperar nuestra vida.

En conclusión, el apoyo y la orientación psicológica parece alcanzar un papel de extrema necesidad en estos momentos. Serán muchas las emociones que se nos muevan dada las circunstancias, y que influirán en nuestra forma de interpretar la realidad. Sobra decir que estas emociones están teñidas por las “funestas” y “alarmantes” predicciones de los analistas de nuestra sociedad.

Identificar dichas emociones es clave para entender nuestros pensamientos y conductas y no “dejarnos llevar por el miedo”. Un esfuerzo en la dirección del auto-conocimiento y la autoreflexión parece vital para combatir ese desajuste emocional.

Volver a la normalidad, a nivel personal y emocional, puede ser un camino arduo para algunas personas. Como hemos señalado al inicio, gente que ya presentaba un cuadro desadaptativo antes de esta situación puede haber agravado su condición. El temor y la incertidumbre al futuro son generadores permanentes de estrés, que van a formar parte durante un tiempo de la cotidianidad. Nuestra asistencia y acompañamiento se hace de nuevo indispensable para la transición, que nos aguarda, a la nueva normalidad.

BIBLIOGRAFÍA

Cyrulnik, B. (2020, Abril 21). Después de una catástrofe, siempre hay una revolución. Recuperado de www.xlsemanal.com/conocer/psicologia-c onocer/20200421/boris-cyr ulnikneurologo-y-psiquiatra-resiliencia-recuperarse-trauma-crisis-coronavirus.html

Harari, Y. (2020, Abril 12). Superaremos la pandemia, pero corremos el peligro de despertar a un mundo diferente. Recuperado de https://www.xlsemanal.com/personajes/20200412/yuval-noahharari-despues-coronavirus-mundo-crisis-historia.html

Chavarrías, M. (2020, Mayo 4). Estos son los trastornos psicológicos pueden surgir tras el confinamiento. Recuperado de https://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/Estres-depresionansiedad-confinamiento_0_1023648037.html

López, A. (2020, Mayo 2). El nuevo reto: lidiar con las secuelas psicológicas del confinamiento.
Recuperado https://www.lavanguardia.com/vivo/lifestyle/20200502/48850239606/confinamientosecuelas-psicologicas-ayuda.html

Colegio Oficial de Psicólogos (2020, Mayo 21). Guía para un afrontamiento psicológico eficaz del
proceso de desconfinamiento ¿Y ahora qué?. Recuperado de https://www.copmadrid.org/web/comunicacion/noticias/1554/guia-un-afrontamiento-psicologicoeficaz-proceso-desconfinamiento-y-ahora-que

Artículo escrito por Álvaro Fernández.

El sueño, una necesidad que exige nuestro cuerpo para vivir, tanto o incluso más que la comida y el agua. Se dice que sin dormir podríamos vivir una semana como máximo y que parte de esos días los pasaríamos en coma. Como todas las necesidades, el sueño tiene una función que consiste en proporcionar un tiempo de recuperación para el cuerpo tras la actividad física y mental diaria y, también, procesar todo lo que hemos vivido durante el día. Por ello es tan importante cuidar nuestro sueño, tanto que Maslow lo incluyó en la base de su pirámide sobre la jerarquía de las necesidades del ser humano.

El hecho de dormir de forma inadecuada nos afecta tanto a nivel físico como mental y emocional. Centrándonos a nivel mental y emocional, puede aparecer irritabilidad y síntomas depresivos o ansiosos que pueden contribuir a la aparición de un trastorno mental. Por tanto, hay una relación patente indirecta entre el sueño inadecuado con diversos síntomas y trastornos mentales.

A raíz de esta explicación sobre la importancia del sueño y su función, quiero señalar una serie de medidas eficaces para mejorar el rendimiento del sueño desde el campo de la psicología. Gracias a estas medidas podremos evitar, o bien disminuir, el consumo de fármacos —como los ansiolíticos y sus efectos secundarios— y controlar nuestro descanso por cuenta propia. Estas herramientas son una serie de medidas generales sencillas de aplicar y que pueden ser adaptadas a cada persona según su situación vital. Cuantas más medidas realicemos de la lista, mayor beneficio obtendremos en nuestro descanso.

Antes de exponer la lista con medidas para el sueño, debemos realizar una autoobservación de nuestro descanso diario y anotar aquellos aspectos que consideramos que necesitan un cambio. Esta observación se centraría en aspectos básicos del sueño: cuántas horas dormimos, la luminosidad y temperatura de la habitación, cuánto tardamos en dormirnos, cuántas veces nos despertamos de noche, con qué estado de ánimo nos acostamos, qué nivel de tensión presentamos… de estos aspectos y otros que consideremos relevantes, podemos obtener mucha información para conocer la calidad de nuestro sueño y en qué podemos mejorarla en cuanto la comparemos con las medidas aquí propuestas.

A continuación, se presentan las medidas:

  1. Mantener un horario de sueño regular y constante, acostarse y levantarse todos los días a la misma hora, incluido fines de semana, para crear un hábito regular. En ese horario se recomienda dormir entre 7 y 8 horas como mínimo, en niños suelen ser necesarias más horas.
  2. No dormir la siesta y, si tu situación es de mucha fatiga o cansancio, duerme una siesta de no más de 20 minutos.
  3. No beber alcohol ni tomar cafeína o fumar en las horas previas a acostarse.
  4. Sólo nos debemos acostar cuando tengamos sueño. En el caso de no conseguir dormirte, levántate unos minutos y lee un libro en el salón o realiza una actividad tranquila y relajante hasta que tengas sueño y puedas ir a la cama.
  5. El dormitorio debe utilizarse solo para dormir y, en especial, la cama. No se debe realizar ninguna otra actividad en la cama que no sea dormir o tener relaciones sexuales.
  6. No tomar cenas pesadas que nos hinchen la barriga. Procurar comer unas 2 ó 3 horas antes de dormir.
  7. Hacer de tu habitación un entorno confortable donde haya una temperatura de 18 a 22ºC, carencia de ruidos, ventilación, iluminación tenue o regulable, almohada de dureza media y un colchón adaptado a nosotros. Las mantas no deben ser muy pesadas para que no nos opriman el cuerpo.
  8. Si os gustan los remedios de nuestras abuelas, podemos tomar un vaso de leche tibia por la noche que nos ayudará a conciliar mejor el sueño gracias al contenido de triptófano. En el caso de no tomar leche podemos tomar una porción pequeña de carbohidratos u otras bebidas relajantes como manzanilla, hierbaluisa, melisa o tila.
  9. Es recomendable tener unos rituales previos a acostarnos como ducharse con agua templada, lavarse los dientes, leer un libro, escuchar la radio, apagar la luz… Estos rituales serán una señal de aviso a nuestra mente que significará que estamos preparados para dormir.
  10. Si hemos tenido un día agitado, es recomendable utilizar algún método de relajación como la respiración abdominal o visualización de imágenes positivas.
  11. Evitar ir al dormitorio con preocupaciones y pensamientos recurrentes, para ello podemos utilizar las técnicas de relajación mencionadas antes o buscar alguna técnica de distracción para que la mente se aparte de dichos pensamientos como leer o realizar pasatiempos. Si esto no funciona, entonces podemos realizar una lista de las tareas para el día siguiente o de las preocupaciones que nos rondan la cabeza: esto ayudará a organizar las ideas y despejar la mente porque habremos trasladado las preocupaciones al papel.
  12. Evitar el sedentarismo por medio de ejercicio físico regular que debe realizarse durante las horas de sol y no antes de dormir para evitar ir activados a la cama. Este ejercicio nos ayudará a regular la energía y el humor y nos proporcionará salud física y mental.
  13. Y por último, pero no menos importante, evitar usar el móvil y ver la televisión o utilizar algún aparato electrónico un rato antes de ir a dormir, y mucho menos llevarlo con nosotros a la cama. La iluminación, principalmente la azul, de estos aparatos retrasa la producción de melatonina, la hormona del sueño que es necesaria para tener un sueño reparador.

Teniendo ya la lista con las diferentes medidas que podemos aplicar a nuestro día a día, es importante saber cómo aplicarlas. Este punto es muy importante porque las rutinas de sueño no se deben cambiar de golpe sino que requiere algo de planificación, práctica y paciencia.

Si hay muchos hábitos que cambiar, es recomendable realizar una lista ordenando las medidas que nos parezcan de más fáciles a difíciles de aplicar según nuestra opinión. Así, podremos incorporar cada semana dos o tres medidas nuevas, comenzando por las fáciles y, así, continuar progresivamente. Hacerlo de esta manera es esencial para que nos resulte más sencillo adquirir nuevos hábitos del sueño.

En caso de tener mucha urgencia de cambiar las pautas de sueño podemos aplicar más medidas a la vez pero teniendo en cuenta que el cuerpo requiere un periodo de adaptación, con lo que requeriremos algo de paciencia para ver los beneficios de los cambios en nuestra rutina diaria.

Por último, debemos tener en cuenta que cuanto más adaptemos estas pautas a nuestra vida, más sencillas serán de realizar y mantener en el tiempo. Lo más importante es tener presente que este cambio es un proceso donde el fin es mantener en el tiempo un sueño que nos resulte reparador, proporcionándonos la energía necesaria para disfrutar nuestra rutina vital.

Artículo escrito por Belén Tonda.

Con la reciente película de la saga Star Wars se menciona mucho el lado oscuro, y éste es un tema que también ha sido abordado por la psicología: la Tríada Oscura se mencionó por primera vez en el estudio de Paulhus & Williams (2002), y en él se estudiaban 3 rasgos de personalidad: maquiavelismo, narcisismo subclínico y psicopatía subclínica. En dicho estudio se plantearon si estos tres rasgos estarían interrelacionados o si por el contrario eran independientes. Finalmente encontraron que, aunque se solapaban en algunas áreas, estos 3 constructos eran diferentes.

En 1976 Cleckley establece 16 criterios diagnósticos para la psicopatía subclínica:

  1. Encanto superficial y notable inteligencia
  2. Ausencia de alucinaciones y otros signos de pensamiento irracional
  3. Ausencia de nerviosismo y/o de manifestaciones psiconeuróticas
  4. Indigno de confianza
  5. Falsedad o insinceridad
  6. Incapacidad para experimentar remordimiento o vergüenza
  7. Conducta antisocial sin aparente justificación
  8. Falta de juicio y dificultades para aprender de la experiencia
  9. Egocentrismo patológico e incapacidad para amar
  10. Pobres reacciones afectivas
  11. Pérdida específica de intuición
  12. Insensibilidad en las relaciones interpersonales ordinarias
  13. Conducta exagerada y desagradable bajo el consumo de alcohol y, a veces, sin él
  14. Amenazas de suicidio constantes, pero raramente consumadas
  15. Vida sexual impersonal, frívola y poco estable
  16. Incapacidad para seguir cualquier plan de vida

A este respecto se han encontrado evidencias de que las personas que puntúan alto en la Triada Oscura usarán sus habilidades para conseguir posiciones de liderazgo en sus trabajos, son más propensas a hacer trampas en entornos académicos y se ven a sí mismas como socialmente dominantes.

Jonason, P. K., Li, N. P., Webster, G. D., & Schmitt, D. P. (2009) encontraron que hombres que puntuaban alto en estos rasgos de personalidad poseían cualidades que facilitaban relaciones explotativas y de corta duración. Sin embargo, estas mismas cualidades dificultaban las relaciones de larga duración.

Pese a que, en entornos naturales, las personas que puntúan alto en la Triada Oscura tienden a tener malas relaciones sociales, y la gente que los conoce tiende a tener una mala imagen de ellos, en el mundo mediático han encontrado un hueco de alta demanda, formando parte de la personalidad de los llamados antihéroes; generalmente estos antihéroes estaban relegados a un segundo plano, siendo el malo de la peli al que el héroe debía vencer. Sin embargo, en estos últimos años han ganado en atractivo para las masas y hoy en día se pueden ver numerosos ejemplos sobre antihéroes protagonistas.

¿Somos capaces de reconocer a personas que puntúan alto en la Triada Oscura?

Gordon, D. S., & Platek, S. M. (2009) realizaron un estudio para dar respuesta a esta pregunta. Para ello idearon un experimento: en él enseñarían caras de personas que puntuasen alto en narcisismo, maquiavelismo y psicopatía y mediante escáneres cerebrales vieron si nuestro cerebro reaccionaba de forma distinta frente a caras de individuos con dichos atributos o si no era capaz de discernir la diferencia entre ellas y alguien normal. Lo que encontraron fue que nuestro cerebro si tiene una cierta capacidad innata para reconocer este tipo de personas, las cuales generaban una activación de la amígdala, la cual está relacionada con el miedo y la reacción de huida.

BIBLIOGRAFÍA

Barrutieta, L. H., & Ursúa, M. P. (2011). La psicopatia subclinica y la triada oscura de la personalidad. Psicología Conductual19(2), 317.

Campbell, W. K., & Baumeister, R. F. (2006). Narcissistic personality disorder. In Practitioner’s guide to evidence-based psychotherapy (pp. 423-431). Springer, Boston, MA.

Gordon, D. S., & Platek, S. M. (2009). Trustworthy? The brain knows: Implicit neural responses to faces that vary in dark triad personality characteristics and trustworthiness. Journal of Social, Evolutionary, and Cultural Psychology3(3), 182.

Jonason, P. K., Li, N. P., Webster, G. D., & Schmitt, D. P. (2009). The dark triad: Facilitating a short‐term mating strategy in men. European Journal of Personality: Published for the European Association of Personality Psychology23(1), 5-18.

Jones, D. N., & Paulhus, D. L. (2009). Machiavellianism.

Moraga, F. R. G. (2015). La tríada oscura de la personalidad: maquiavelismo, narcisismo y psicopatía. Una mirada evolutiva. Criminalidad57(2), 253-265.

Paulhus, D. L., & Williams, K. M. (2002). The dark triad of personality: Narcissism, Machiavellianism, and psychopathy. Journal of research in personality36(6), 556-563.

Romero, P., & Manuel, J. (2016). Psicópatas integrados en las relaciones de pareja: la tríada oscura de la personalidad.

Snyder, G. K., Smith, C. V., Øverup, C. S., Paul, A. L., & Davis, T. M. (2018). Characters we love to hate: Perceptions of dark triad characters in media. Psychology of Popular Media Culture.

Artículo escrito por Carlos Checa .

Ante todo, las personas somos animales sociales y, por lo tanto, necesitamos de estas relaciones para mantener cierto grado de bienestar. ¿Qué pasa cuando sentimos que no nos desenvolvemos bien en los ámbitos sociales? Es posible que estén fallando algunas de nuestras habilidades o que nuestros propios pensamientos nos estén boicoteando de alguna manera. A continuación vamos a desarrollar algunos aspectos importantes a tener en cuenta en estas situaciones.

En algunas ocasiones se tiende a pensar que porque “soy tímido” o “soy así” simplemente no se vale para estas cosas y no se puede hacer nada por mejorarlo. Esto no es real. Estos aspectos no se consideran parte esencial de la persona, sino el resultado de ciertas experiencias negativas que se van sumando hasta dar lugar a este problema: “no sé desenvolverme del todo bien en un entorno social”.

Los pensamientos: ¿influyen?

Exacto. Los pensamientos negativos pueden influir en nuestra manera de relacionarnos con otras personas. Estos pensamientos pueden tener mucha fuerza para nosotros, y por ello es importante saber identificarlos, ser conscientes de que en muchas ocasiones son automáticos y que podemos darles la vuelta de manera que se conviertan en más realistas y menos negativos. Cambiar el lenguaje que utilizamos puede ser muy útil; no es lo mismo pensar “tengo que parecer fuerte” o “debo aparentar seguridad” que “voy a pasarlo bien” o “voy a ser yo mismo/a”. Cambiando la forma en que pensamos también nos ayudará a quitarnos presión y a sentirnos más cómodos.

Además de la forma, el contenido de nuestros pensamientos nos puede también afectar. En ocasiones podemos pensar que “si me ven nervioso/a van a pensar que no valgo” y tomarlo como algo real, cuando el hecho de estar nervioso no va ligado necesariamente a la inutilidad. Cambiar estos estilos cognitivos puede ayudarnos a disfrutar en mayor medida de nuestras relaciones sociales.

La manera en la que nos comunicamos importa

Los factores que influyen en una interacción con otra persona no solo van a ser pensamientos, por supuesto afecta también la forma en la que nos comunicamos. Seguramente hayas oído hablar de la asertividad, esa habilidad para responder de una manera correcta de forma que nos sintamos valorados y respetados, defendiendo nuestras opiniones de un modo firme pero siempre respetándonos a nosotros mismos y a los demás. Esta habilidad es fundamental, y como habilidad se puede entrenar o desarrollar.

Dentro de la asertividad podemos encontrarnos con tres tipos de comunicación:

¿Qué consecuencias trae? Una buena autoestima y sensación de control emocional.

Seguramente os hayáis sentido identificados con alguno de estos tipos, pero la realidad es que en función de las situaciones podemos movernos de un estilo a otro; lo ideal es acercarnos al zorro lo máximo posible para mantener nuestras relaciones sociales y, a su vez, disfrutarlas.

¿Y qué trucos podríamos utilizar para ser más asertivos?

Existe un gran número de técnicas de comunicación asertiva y, a continuación, vamos a ver cómo podríamos responder ante diferentes situaciones:

Es común encontrarte en algún momento de la vida a esa persona tan insistente que solo se nos acerca para pedirnos algo. Pues bien, en estas ocasiones nada mejor que responder como un disco rayado: Sí, habéis leído bien; exponer nuestra negativa a la petición que nos están haciendo de forma repetida ayuda a que estas personas dejen de insistirnos. Con un ejemplo se puede entender mejor:

Quizá parezca algo inadecuado, pero resulta bastante eficaz en estas situaciones.

También es importante saber cómo manejar ciertas críticas o situaciones algo más incómodas. Una de las formas para afrontarlas sería reconocer a la otra persona que sus críticas son ciertas en parte, sin darle toda la razón (¡y únicamente si sabemos que es así!). Por ejemplo:

(Por un momento te distraes en una conversación y la otra persona lo nota)

En esta ocasión admitimos que no estamos escuchando, pero no damos la razón en que NUNCA escuchamos. Aunque, muy parecida a esta situación, podría darse alguna en la que la crítica en su totalidad sea cierta. En esos casos, ¿por qué luchar contra algo que sabemos que es verdadero? Es mejor aceptar nuestro error; además de esta manera la otra persona lo agradecerá y la conversación será mucho más sencilla.

La manera en la que nos comunicamos es muy importante, pero también lo es que lo hagamos con empatía. Pueden darse situaciones en las que la persona con la que estamos hablando haya tenido un mal día, o por sus gestos notemos que lo que le estamos diciendo no le sienta bien. Por lo tanto, procuremos ser empáticos, tratando de ponernos en su lugar, a la hora de comunicarnos; de esta manera será más sencillo.

Existe mucho más…

Existe mucha más información relacionada con este aspecto, a la que podemos recurrir si es de nuestro interés.

Si esta información ha resultado de tu interés y quieres ponerla en práctica, y así seguir informándote para poder cuidar más de tus relaciones sociales, ya tienes mucho ganado. Como ya explicábamos anteriormente: si ponemos de nuestra parte todos podemos mejorar.

Artículo escrito por Marta Barrio.

¿Cuándo y cómo surge la terapia online?

Si habéis llegado hasta aquí probablemente es que las nuevas tecnologías e Internet ya forman parte de vuestra vida. Del mismo modo que estas se han incorporado a diferentes ámbitos cotidianos: hacer la compra, pedir citas a diversos servicios, reservar hoteles o restaurantes, hablar con familiares y amigos…, también lo han hecho en el campo de la salud mental y el bienestar psicológico a través de diferentes modalidades: realidad virtual, realidad aumentada y telepsicología.  Nos centraremos en esta última: definida ya en 1998 como el uso de la tecnología de las telecomunicaciones para poner en contacto a los pacientes con profesionales de la salud con el objetivo de facilitar el diagnóstico, tratamiento, consultas, investigación y otras actividades relacionadas.

Aunque es ahora cuando se ha hecho más popular esta modalidad terapéutica, su primer uso fue en los años 60 para la realización de una videoconferencia y la creación de programas de intervención, como el programa ELIZA y la aplicación DOCTOR. Podríamos decir que es una modalidad que se ha ido consolidando con los años, pero la realidad es que la práctica psicológica a través de las nuevas tecnologías es recibida con ambivalencia entre los profesionales.

Se han realizado diversos estudios para conocer la situación respecto al uso de la terapia online en España, concluyendo que en 2010 se produjo un incremento significativo de su aplicación, siendo el medio más utilizado la videoconferencia y las principales razones a petición del propio cliente, complemento a la terapia presencial en días de viaje o traslados y para llegar a mayor número de personas. En cuanto a la edad de los profesionales que lo utilizan se ve que es más predominante en los sujetos jóvenes, probablemente por la familiaridad y normalización que estos tienen respecto a internet y las nuevas tecnologías. También se ha visto que las mujeres acceden en mayor medida.

La terapia online surge como una oportunidad para ofrecer ayuda a aquellas personas que por diferentes motivos (lejanía, idioma, propias consecuencias del problema psicológico…) no pueden acudir a una terapia presencial.

¿Qué ventajas y limitaciones presenta la terapia online?

Como todo proceso terapéutico presenta una serie de ventajas y limitaciones que en función de dónde se coloque el foco será una opción aceptada por los profesionales o no.

Una de las principales ventajas que se encuentran es la accesibilidad ya que facilita la atención psicológica a diversos colectivos que presentan dificultades para acudir a terapia presencial, como personas con diversidad funcional, movilidad reducida, centros sanitarios saturados o lejanos o residir en áreas rurales. Aún teniendo la oportunidad de ampliar la población diana las tecnologías no son utilizadas por muchas personas, las cuales quedarían fuera.

Se presenta igualmente como una alternativa de acceso a una ayuda psicológica inicial para personas con dificultades para acudir a un servicio presencial; por ejemplo, en el caso de que el propio problema psicológico impida  acudir a terapia. Por el contrario las personas que requieren una intervención en crisis presentan grandes dificultades con esta modalidad terapéutica.

En cuanto a los costes económicos, también presenta ventajas al reducir los gastos de desplazamiento tanto para el terapeuta como para el cliente, aunque sí es cierto que se necesita una inversión inicial para disponer de la tecnología apropiada.

Por otro lado, se presenta como una modalidad ventajosa para quienes tienen dificultad de mantener un contacto regular y continuado aunque existe una ausencia de requisitos claros respecto a la normativa legal y ética.

Por último, permite que la información del cliente sea accesible de forma rápida y exista un intercambio de esta entre diferentes profesionales, aunque hay que tener precauciones con la protección de datos.

En resumen, existen claras ventajas que superan las limitaciones que puedan encontrarse, las cuales podrían superarse a través de la investigación y la difusión de información clara y concisa acerca de los procesos, los protocolos de actuación y las precauciones a adoptar. La modalidad online se plantea como una alternativa a las dificultades que presenta la terapia presencial: mayores costes, largas listas de espera, estigmas relacionados con acudir a un psicólogo, incompatibilidad de horarios…

Y lo más importante… ¿funciona realmente la terapia online?

En los diversos estudios realizados, se ha encontrado que la terapia online presenta beneficios en síntomas depresivos, fatiga, trastornos de ansiedad, trastornos de  la conducta alimentaria, síntomas en cuidadores de enfermedades crónicas, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de estrés postraumático, insomnio o problemas de jetlag, adicciones y problemas de la psicología de la salud.

Bien es cierto que la terapia online exige por parte de los participantes mayor motivación y creencias en el modelo terapéutico; por tanto, para que la terapia online se pueda llevar a cabo con mayor nivel de adherencia terapéutica hay que trabajar la motivación intrínseca.

Desde el 2003 se han propuesto diferentes programas de intervención utilizando internet como medio de comunicación, entre los que destacan: inter-terapia, internet me ayuda, programa ODIN, beating the blues, bluepages, moodGYM, Sahar, háblame y sin miedo.

Para finalizar, añadir una valoración personal basada en las conclusiones de la literatura científica consultada y en la propia experiencia personal tras más de seis meses utilizando esta modalidad. Aunque es cierto que se han obtenido en el ámbito de la investigación resultados eficaces del uso de la tecnología en intervenciones psicológicas en diferentes problemas y trastornos, es imprescindible por parte del profesional crear una forma de trabajar que supere las limitaciones, por un lado, espaciales y casi temporales que pueden surgir en una videoconferencia (cortes en la comunicación, conexión desde lugares seguros, desfase del sonido, congelación de la imagen…) y, por otro lado, aquellas en las que interviene la comunicación no verbal y la expresión emocional (tono de voz, incongruencia de la posición del cuerpo y las palabras, aparición de momentos difíciles…). La investigación nos ha dado luz verde para el uso de esta modalidad en el ámbito aplicado. Es este último el responsable de conseguir que la terapia online funcione.

BIBLIOGRAFÍA

Alfonsson, S., Johansson, K., Uddling, J., & Hursti, T. (2017). Differences in motivation and adherence to a prescribed assignment after face-to-face and online psychoeducation: An experimental study. BMC Psychology, 5(1). https://doi.org/10.1186/s40359-017-0172-5

Botella, C., Baños, R., García-Palacios, A., Quero, S., & Guillén, V. (2007). La utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en psicología clínica. 10.

González-Peña, P., Torres, R., Barrio, V. del, & Olmedo, M. (2017). Uso de las nuevas tecnologías por parte de los psicólogos españoles y sus necesidades. Clínica y Salud, 28(2), 81-91. https://doi.org/10.1016/j.clysa.2017.01.001

Muriel, J. G. V. (2012). A Reflection on how Psychologists Perceive Online psychological Interventions. (35), 21.

Proctor, B. J., Moghaddam, N., Vogt, W., & das Nair, R. (2018). Telephone psychotherapy in multiple sclerosis: A systematic review and meta-analysis. Rehabilitation Psychology, 63(1), 16-28. https://doi.org/10.1037/rep0000182

Soto-Pérez, F., Franco, M., Monardes, C., & Jiménez, F. (2010). Internet y psicología clínica: Revisión de las ciber-terapias. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 15(1). https://doi.org/10.5944/rppc.vol.15.num.1.2010.4082

Torre, M. de la, & Pardo, R. (2018). Guía para la intervención telepsicológica. Colegio Oficial de Psicólogos (España).

Artículo escrito por Natalia Mateos

Con relación a las alteraciones psicológicas se ha encontrado que los cuidadores familiares sufren distintos grados de depresión, ansiedad, conflictos familiares (Conde-Sala 1998; Laserna et al, 1997; Rodríguez, 2005), pérdida de su autoestima y disminución de su autoeficacia y finalmente agresividad hacia el paciente u otras personas (Conde – Sala, 1998; Laserna et al, 1997; Marmaneu- Moliner, 2007; Rodríguez del Álamo, 2002). En la mayoría de ocasiones esto se desencadena debido a que el cuidador se olvida de su propia vida, su tiempo de ocio, sus logros, sus hobbies, entre otros aspectos. Su vida pasa a enfocarse totalmente hacia el cuidado de su familiar.

Desde el punto de vista del modelo biopsicosocial, se considera que esta situación deteriora cada vez más la salud del cuidador, pues él mismo debe enfrentarse a una gran cantidad de estresores, los cuales se relacionan con la sobrecarga. Debido a esto es muy importante que se evite desde el principio que el paciente invada completamente la vida del cuidador, ya que como mencionamos anteriormente el mal manejo de la situación provocará una sobrecarga hasta tal punto que no pueda llevar a cabo la responsabilidad de cumplir con su labor. Claramente para poder llevarla a cabo de una manera efectiva es necesario que el cuidador este descansado y estable emocionalmente.

Ma Vicenta, Ma Carmen, & Emilia (1998) afirman que las principales características que padece el cuidador principal de un enfermo de Alzheimer son:

Como lo vemos anteriormente, podemos decir que el cuidador puede llegar a padecer diferentes dificultades a nivel psicologico y de salud; por esto es importante que la carga no recaiga solamente en un familiar, sino que se puedan establecer horarios y se puedan llegar a repartir tareas y responsabilidades entre dos o más miembros de la familia.

Todos los cuidadores que están atravesando esta difícil situación por diferentes circunstancias utilizan diferentes técnicas de afrontamiento que, si bien algunas son sanas, otras pueden llegar a ser más nocivas para el cuidador. Pearlin et al (1990), citado por (Gilberto & Leticia, 2012) nos habla de una de las estrategias que es la denominada contención de estrés: proceso por el cual los cuidadores limitan o disminuyen los efectos de los estresores primarios y secundarios mediante la utilización de variables mediadoras, siendo estos los recursos psicológicos de que disponen para interactuar con dichos estresores.

Con respecto a la variable mediadora entre el estrés y el cuidador, aquí juegan un papel muy importante las predisposiciones personales que cada uno tiene para asumir las situaciones, en este caso la enfermedad. Existen diferentes tipos de afrontamiento y esto va a depender de la calidad de relación que tenga n cuidador-persona con demencia. Roger, Jarvis y Najarian (1993) clasifican a los estilos de afrontamiento por desapego emocional y racional como estilos adaptativos, mientras que a la evitación y al afrontamiento emocional les consideran estilos desadaptativos.

Teniendo en cuenta esto, en estudios se logro identificar que los cuidadores informales y formales tienden a tener estrategias más racionales, sin embargo también presentan estrategias desadaptativas en segundo lugar. Según (Gilberto & Leticia, 2012) en el grupo de cuidadoras informales el estilo de afrontamiento con la media más alta es el racional, seguido de evitación, emocional y finalmente el desapego. Por su parte, el grupo de las cuidadoras formales no profesionales muestra una tendencia ligeramente diferente a la anterior: el estilo de afrontamiento más empleado es el racional, seguido de evitación, luego desapego y finalmente emocional.

Con respecto a esto podríamos decir que en general los cuidadores familiares tienen estilos de afrontamiento menos adaptativos con respecto a los cuidadores formales. Los cuidadores familiares tienden más a evadir y evitar la situación, pero sin desapegarse de esa responsabilidad; podríamos considerar que un factor que sostiene esta tendencia seria el vinculo afectivo que existe con la persona con demencia, mientras que con los cuidadores formales el aspecto emocional es el ultimo estilo estratégico de afrontamiento que utilizan, debido a que en ellos en cuanto al vinculo paciente–cuidador, no hay tanta carga emocional.

Finalmente, teniendo en cuenta la realidad de esta enfermedad, no debemos omitir la importancia que tienen los cuidadores de personas con demencia senil, en especial los cuidadores familiares quienes no presentan ningún tipo de formación acerca de esta labor. Ellos también son víctimas principales de esta enfermedad, con lo que necesitan apoyo social y búsqueda de ayuda profesional; con el fin de obtener psicoeducación acerca de esta patología así como estrategias de afrontamiento más sanas para el desarrollo de su propia vida.

BIBLIOGRAFÍA

Garriga, O. T., Cors, O. S., Olmo, J. G., Pousa , S. L., Franch, J. V., & Vila, S. M. (2008). Distribucion factorial de la carga en cuidadores de pacientes con enfermedad de alzheimer. NEUROL, 582-588.

G. A., & L. G. (2012). Sobrecarga, afrontamiento y salud en cuidadoras de pacientes con demencia tipo Alzheimer. SUMMA PSICOLOGICA UST, 5-14.

M. R., M. A., & E. S. (1998). La sobrecarga en los cuidadores principales de enfermos de alzheimer. Anales de psicologia, 215-227.
(s.f.).[

Artículo escrito por Juliana Unigarro.

Se estima que hoy en día existen 24,3 millones de personas en el mundo con demencia, y cada año se suman aproximadamente 4,6 millones de nuevos casos. Los cálculos establecen que se presenta un nuevo caso cada siete segundos y que para el año 2040 el mundo tendrá 81,1 millones de personas con demencia, de los cuales entre el 50 y 55% serán debido a la demencia senil tipo Alzheimer —DTA (Alzheimer ́s Disease International, 2009)—. A medida que avanzamos en el tiempo las enfermedades con demencia estan aumentando y los cientificos siguen buscando la cura a este tipo de patologías neurodegenerativas, centrándose en el paciente que posee la enfermedad, con el fin de brindarles una mejor calidad de vida; sin embargo estamos dejando de lado las personas que lo rodean, los cuidadores que conviven con la enfermedad, sus sintomas y la forma como afrontan esta difícil situación.

La psicología de la salud en el abordaje de la DTA, al igual que con otras enfermedades crónicas, considera la evaluación, estudio y tratamiento tanto del paciente como de la persona que ejerce su cuidado, ya que ambas se convierten en víctimas de este trastorno (Aldana-Sierralta, 2003; Aldana-Sierralta, 2009 y Brannon y Feist, 2001). En este caso nos centraremos en los cuidadores de pacientes que padecen demencia senil tipo alzheimer. Observaremos la enfermedad y sus caracteristicas, tipos de cuidadores, la sobrecarga que padecen así como el afrontamiento a la enfermedad que los cuidadores experimentan.

La Enfermedad de Alzheimer (EA) se caracteriza por un progresivo deterioro cognitivo y funcional que limita la capacidad para el desarrollo de las actividades de la vida diaria (AVD) (Garriga, y otros, 2008). Inicialmente se olvidan recuerdos inmediatos y a medida que la enfermedad avanza se comienzan a perder facultades básicas del día a día. Esto trae consigo cambios a nivel emocional, físico, conductuales e incluso a nivel de la personalidad.

El hecho de que el paciente vaya perdiendo facultades cognitivas hace que se convierta en una persona dependiente y esto afecta significativamente al cuidador, ya que hacerse cargo de estas personas requiere de actividades altamente demandantes y estresantes. Con los cambios que se van produciendo las responsabilidades aumentan cada vez más con el tiempo, desencadenando de esta manera una sobrecarga alta o baja que va a depender de la percepcion de la situacion que tiene cada cuidador. Asi como lo afirma Garriga y otros (2008) “La percepción de carga depende de la interacción entre la carga física, la psicológica y la social. En este sentido, además del grado de dependencia del paciente, la percepción del cuidador de los problemas, de la capacidad para afrontarlos, y la percepción subjetiva de autoeficacia o del respaldo social también son determinantes fundamentales en la percepción de la carga”.

Podríamos definir sobrecarga, de la misma forma que Dillehay y Sandys (1990), como un “estado psicológico que resulta de la combinación de trabajo fisico, presión emocional, restricciones sociales, así como las demandas económicas que surgen al cuidar dicho enfermo”(pp. 268). La sobrecarga del cuidador principal puede dividirse en dos vertientes: La primera sería la sobrecarga objetiva del cuidador, que se refiere exactamente al desempeño de las tareas de cuidado que tienen que ver mas con las necesidades básicas como por ejemplo: asear al enfermo todos los días, darle de comer, llevarlo al baño, controlar que no coja utensilios con los que pueda autolesionarse, etc. La segunda sería la sobrecarga subjetiva del cuidador, y ésta se referiría al plano de los sentimientos y emociones que le provocan dicha labor de cuidado. (Ma Vicenta, Ma Carmen, & Emilia, 1998). Esta ultima vendría siendo la que actualmente influencia mucho mas negativamente en cada una de las personas cuidadoras, pues su estado de ánimo, aislamiento social y pérdida de sentido personal es lo que esta afectando significativamente en el desarrollo de su vida como ser humano, olvidándose de si mismo con el fin de cumplir una función; caso que se evidencia mucho mas en los cuidadores familiares o informales.

Como lo mencionamos anteriormente existen diferentes tipos de cuidadores: están los formales e informales.  La diferencia entre estos es que los primeros están preparados para asumir la responsabilidad de cuidar a estos pacientes, cumplen un horario por las tareas que realizan y reciben remuneracion, mientras que los segundos son familiares de la persona con demencia, los cuales asumen la responsabilidad y el compromiso del cuidado. Su labor se caracteriza por una dedicación horaria ilimitada sin recibir remuneración. Estas características generalmente se toman como base para considerar que los cuidadores familiares o informales soportan una mayor sobrecarga y, por lo tanto, un mayor compromiso en su salud y bienestar en comparación con los cuidadores profesionales o formales. (Gilberto & Leticia, 2012)

Esto sugiere que el cuidado de un paciente con demencia tipo Alzheimer genera más deterioro y desgaste físico, psicológico y emocional a personas que están vinculadas afectivamente con el paciente y que no tienen ninguna formación previa en el ejercicio del rol del cuidador. El hecho de haber un lazo afectivo hace que la persona sienta más compromiso y le afecte más vivenciar los cambios que se van observando durante las diferentes etapas de la enfermedad. Todo esto sugiere que las instituciones de salud gubernamentales deberían ofrecer mayores recursos para la formación de personal que se dedique al cuidado de pacientes con demencia tipo Alzheimer, entrenando a nivel profesional a los cuidadores, dotándoles de estrategias de afrontamiento para el cuidado de los familiares que por circunstancias del entorno se ven en la obligación de asumir. (Gilberto & Leticia, 2012). Es muy importante que tanto los pacientes como los cuidadores principales puedan buscar ayuda y acompañamiento profesional por su bienestar.

Artículo escrito por Juliana Unigarro.

magnifier