De forma general los objetivos de la psicología se resumirían en una comprensión de los procesos de la mente humana, en dar solución a las diversas patologías mentales y emocionales y en encontrar respuestas sobre la naturaleza de la conciencia. En los últimos tiempos la alianza entre la psicología y las nuevas tecnologías nos está abriendo caminos novedosos de investigación facilitando por tanto la consecución de dichos objetivos. Tenemos apps, realidad virtual y robots que ya se utilizan como apoyo terapéutico. Podemos hipotetizar sobre el futuro de la psicología, a corto y a largo plazo, pero lo que ya es una realidad es que la sociedad está cambiando a un ritmo vertiginoso desde que se embarcó en la aventura tecnológica (IA, big data…). Por todo ello, es de vital importancia que dispongamos de herramientas para conseguir un buen ajuste frente a las nuevas realidades, adaptándonos y aprendiendo a gestionar, de forma más saludable, el exceso de información que recibimos a diario y que aumenta exponencialmente. Resulta por ello imprescindible una psicoeducación en valores morales y éticos, que nos ayude a no transgredir los límites legales.
¿Qué futuro le espera a la psicología en esta alianza tecnológica?
El futuro de la psicología a corto plazo
Lentamente se está produciendo un cambio social respecto a esta disciplina, siendo aceptada y dejando de estigmatizar a aquellos que recurren a ella, desmontando la falsa creencia de que los psicólogos sólo tratan aspectos negativos, sino que también nos ayudan a la autorrealización (Maslow) y nos proporcionan herramientas para un mayor bienestar a nivel individual y social.
La psicología, como ciencia que es, se basa en el método hipotético-deductivo, y los nuevos avances tecnológicos, especialmente la IA y el big data, nos están ayudando a ser más accesibles y flexibles, desarrollándose una psicología mas rigurosa a través de la constante recogida de datos (apps, terapia online, neurofeedback, robots…) en diferentes áreas de nuestra vida; analizando nuestras conductas, cogniciones, emociones… en definitiva analizando nuestra realidad.
Las nuevas tecnologías se están alimentando de múltiples conocimientos, entre ellos la psicología. Como resultado, se han logrado avances que nos aportan un mayor soporte terapéutico, cada vez más diverso. Estas son algunas de las herramientas que se están utilizando en la actualidad:
Apps
B-resol: Es un proyecto para adolescentes que une conciencia social e innovación tecnológica, para luchar contra el bullying, ciberbullying, acoso y trastornos alimentarios.
NovoPsych Psychometrics: Pensada para psicólogos, pueden encontrar diferentes test de evaluación aplicables a los pacientes.
AirPersons: Sirve para que se puedan comunicar tanto psicólogos como otros profesionales, con sus clientes a través de videochat o videollamada.
Robots
Nao: Un robot provisto de sensores táctiles, que reconoce voces, objetos y caras y que interactúa con humanos mediante un sistema de inteligencia artificial. Para tratar alzheimer y autismo.
Leka: Un robot esférico con sensores que le permiten entender los estímulos que recibe, respondiendo con luces y colores para que el usuario pueda participar de los juegos que propone a la vez que evalúa los progresos. Para niños con necesidades especiales.
Teresa: Un robot con inteligencia social. Un dispositivo “Skype sobre ruedas” con aplicaciones en el campo de los servicios sociales y de la salud(visitas médicas, clases a distancia para niños hospitalizados...).
Tico: Un robot social que favorece el diagnóstico, de déficit de atención e hiperactividad, y de trastornos en el lenguaje.
Mario: Un robot que da soluciones a los pacientes con demencia para mejorar su calidad de vida.
Realidad Virtual
Psious: Es una plataforma de realidad virtual de psicología y salud mental, en la que podemos vencer los miedos.
Woebot: Es un terapeuta virtual para lidiar con la ansiedad, depresión, fobias.
PsicoRV: A diferencia de otras plataformas de realidad virtual y aumentada, ésta puede crear nuevos escenarios personalizados consiguiendo una mejor adaptación a las necesidades de cada paciente.
Previ: Se utiliza para tratar la agorafobia, claustrofobia, fobia a las alturas, miedo a volar, juego patológico, trastornos alimentarios.
NeuroAtHome: Ayuda en la rehabilitación. Pensada para enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, o lesiones neurológicas.
El futuro de la psicología a largo plazo
Podría dejar de existir tal y como la concebimos hoy en día. Una hipótesis sobre las posibles realidades con las que nos podríamos encontrar es que el avance tecnológico engullirá a la psicología, dando paso a una integración multidisciplinar, desde una perspectiva cuántica y holística que englobará todos los conocimientos de las diferentes escuelas y ramas, recogiendo datos de todas nuestras etapas del desarrollo, así como de nuestros sistemas, pudiéndose aplicar el axioma de la Gestalt «El todo es mayor que la suma de sus partes». Formándonos y educándonos con la IA desde antes de nacer llegaríamos a un hipotético punto ideal de autorregulación, a través de diferentes ámbitos científicos (nanotecnología, modificación del ADN, células madre, hipotermia terapéutica…) donde seríamos nuestros propios especialistas en cualquier campo sanitario. Podríamos disponer de nuevas capacidades que ahora están en estudio (telepatía, comunicarnos con otras especies…) y otras muchas que aún no estamos preparados para entender, o imaginar, como ocurre en “Planilandia” (Edwin Abbott Abbott). Incluso la ciencia y la fe podrían darse la mano y tomar la misma dirección.
Una conclusión importante que podemos sacar de todo esto es que para poder asimilar y tener un buen ajuste frente a todos estos cambios, que ya se están produciendo cada vez con mayor rapidez, es de vital importancia que preparemos a la sociedad proporcionándoles las herramientas necesarias para desarrollar rasgos de personalidad saludables (entre ellos, la Inteligencia Emocional), así como también psicoeducarles en valores éticos y morales.
La inundación de información a la que estamos siendo sometidos desde hace décadas está afectando seriamente a nuestra salud (estrés, ansiedad, depresión…) y va en aumento, por lo cual es necesario que las personas tomen conciencia de lo importante que es aprender a gestionar sus conductas, sus cogniciones, sus emociones… en definitiva, su vida. Tenemos la oportunidad, gracias a la flexibilidad y la accesibilidad que nos proporciona hoy en día la tecnología, de comenzar a ajustarnos y disfrutar del camino.
Abraham Maslow
Supongo que es tentador tratar todo como si fuera un clavo, si la única herramienta que tienes es un martillo
REFERENCIAS
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Artículo escrito por Mª Vanessa Roldán.
Los estilos parentales son la forma en la que los padres actúan con respecto a sus hijos en la vida cotidiana, en la resolución de problemas y la toma de decisiones. Es decir, son el conjunto de técnicas que utilizan los padres en la educación de los hijos. Las distintas formas de actuar dan pie a expectativas y límites que serán el marco de referencia para los menores.
Existen diversos estilos educativos, pero no son excluyentes. Hay padres que pueden utilizar combinaciones de estos, pero esto implica una baja consistencia, que no es lo más correcto para una buena educación.
¿Qué estilos parentales existen?
La combinación del tono de la relación, del nivel de comunicación y de las conductas empleadas para encaminar el comportamiento darán lugar a los diferentes estilos parentales, que varían con el paso del tiempo y también están influidos por características propias del menor, dado que las relaciones entre padres e hijas son bidireccionales.
- Estilo democrático o autorizativo: En este estilo existe un afecto constante y manifiesto hacia el hijo. Los padres se muestran sensibles ante las necesidades del menor, se le proporcionan las explicaciones necesarias y se promueve la conducta deseable.Las técnicas que se utilizan para cambiar las conductas son razonadas y se favorece la comunicación sin barreras. Se puede observar como este estilo estimula que los hijos sean competentes socialmente, motivados, con iniciativa y con autocontrol. Del mismo modo facilita una buena autoestima así como un autoconcepto realista, finalmente reduce la probabilidad de que exista tensión entre padres e hijos.
- Estilo autoritario: En este estilo las normas son minuciosas y rígidas, castigando el fallo, pero sin alabar las conductas adecuadas. La comunicación suele ser de arriba abajo, cerrada y con poco diálogo, promoviendo la afirmación de poder de los padres sobre el menor.Se puede observar que este estilo parental favorece una escasa autonomía, reduce la creatividad y desemboca en una baja competencia social del menor, siendo frecuente que predomine la impulsividad en el niño así como una concepción moral poco sólida en la que sólo se pretende evitar el castigo.
- Estilo indulgente o permisivo: En este estilo predomina que los padres sean indiferentes tanto ante las conductas positivas como a las negativas de sus hijos, mostrándose pasivos y dedicándose sólo a atender las necesidades de los menores. Se evita así la afirmación de la autoridad, y en muy pocas ocasiones hacen uso de límites o castigos, tolerando cualquier impulso de estos.Esto desemboca en una baja competencia social o poco autocontrol, ya que no se muestra respeto hacia las normas o personas, baja autoestima e inestabilidad emocional. Por otro lado, también suele favorecer un bajo rendimiento escolar.
- Estilo negligente: Los padres con este estilo parental no se sienten implicados ni afectivamente ni en la tarea de educar; es más, invierten en sus hijos el menor tiempo posible.Como consecuencia existe poca motivación, poca capacidad de esfuerzo y cierta inmadurez, favoreciendo un bajo control de impulsos y agresividad.
¿Qué puedo hacer para ser más democrático?
- Se consistente con las normas y reglas que aplicas
- Procura no gritar ni insultar a tu hijo
- Fomenta la comunicación y la escucha
- Deshecha el castigo físico. Tiene más consecuencias negativas que positivas
- Explícale a tu hijo porque algo está mal y asegúrate de que entiende que hay consecuencias a los actos. Pero siempre avísale antes para que tenga la oportunidad de decidir si quiere seguir adelante con esa conducta o no
- Demuéstrale afecto a tu hijo, se cariñoso y pasa tiempo de calidad con él. Aprende de sus intereses
- Hay que seguir adelante con los castigos, si se ha infringido una norma debe haber una consecuencia
- En adolescentes se puede negociar con ellos las conductas y sus consecuencias o privilegios
- No eres su amigo. Este es un fallo típico de los padres. Los padres deben ejercer como tales. Un hijo necesita normas y supervisión.
- No uses etiquetas con tu hijo. La conducta que ha hecho puede estar mal, pero esto no es lo mismo que decirle “eres malo”. No calificar al niño con adjetivos
- Elogia a tu hijo siempre que haga algo bien. Si hace algo mal ayúdale a corregir la conducta
- No compares a tu hijo con otros niños o con sus hermanos
- Enséñale a pedir disculpas (y pídela tu cuando te equivoques) y a perdonar. Enséñale a no mentir
- La mejor educación viene de un buen ejemplo. Sé un buen ejemplo para tu hijo, no utilices palabrotas ni lleves a cabo conductas que no quieres que el niño repita
- Hay que dejar que los niños exploren, se equivoquen, comentan fallos. No podemos sobreprotegerlos. El mejor aprendizaje proviene de la experiencias
- No hagas por tus hijos cosas que son capaces de hacer por sí mismos
- Exígeles responsabilidades (acordes a su edad)
Artículo escrito por Laura Díaz
La identidad de género representa la manera interna que tiene cada persona de vivir su género, el cual puede ser independiente del sexo con el que se nace y de la orientación sexual que se tenga. Es un concepto que está directamente relacionado con cómo vivimos y sentimos nuestro cuerpo, y como lo reflejamos en el ámbito público. La identificación de género como un derecho promueve la diversidad sexual y un desarrollo sexual saludable.
La ONU define la identidad de género como “la vivencia interna e individual del género tal y como cada persona la experimenta, la cual podría corresponder o no, con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo y otras expresiones de género como el habla, la vestimenta o los modales”.
La identidad de género está relacionada con nuestra manera de percibir nuestro género. Pese a que habitualmente se identifiquen sólo dos identidades de género, hay que resaltar que existe una amplia diversidad de identidades, las cuales se pueden definir mediante el concepto de transgenerismo, el cual indica la disconformidad entre el sexo biológico de la persona y la identidad de género que le fue tradicionalmente asignada. Dentro de esta categoría se encuentra la transexualidad, en la que se incluyen a las personas que se sienten pertenecientes al género opuesto que se les ha asignado, social y culturalmente, de acuerdo a su sexo biológico y que en algunos casos deciden recurrir a una intervención médica para adecuar su físico a su identidad social.
Es importante resaltar la diferencia entre expresión de género e identidad de género. La primera es la “manifestación externa de los rasgos culturales que permiten identificar a una persona como masculina o femenina conforme a los patrones considerados propios de cada género por una determinada sociedad en un momento histórico determinado”. La expresión de género hace referencia a la manera en la que las personas interpretan el género de alguien en concreto, sin que importe como se identifique esa persona.
Habitualmente se ha considerado la expresión de género como un concepto formado por dos partes: por un lado, se encuentra lo femenino, atribuido a las mujeres, y por el otro se encontraría lo masculino, relacionado con los hombres. Cabe destacar que la expresión de género es independiente del sexo biológico, la identidad de género y la orientación sexual.
Por otra parte, la identidad de género alude a como una persona se asume a sí misma, sin importar cómo la perciben los demás.
La aclaración de estos conceptos disminuye la confusión que tan frecuentemente observamos en la sociedad, la cual en muchas ocasiones no entiende como una persona que ha nacido como hombre se sienta mujer, y/o se sienta atraída por el sexo opuesto.
En este punto es importante definir el concepto de sexo biológico, el cual se puede explicar de tres maneras:
- Hembra: Persona que nació con cromosomas XX y con aparato reproductor femenino, es decir, ovarios y genitales femeninos.
- Macho: Persona que nació con cromosomas XY y tiene aparato reproductor masculino.
- Intersexualidad: Concepto conocido como hermafrodismo. Es una combinación de ambos sexos, considerada una condición natural dónde la persona presenta discrepancia entre su sexo cromosómico (XX/XY), sus genitales y gónadas (ovarios/ testículos), presentando características de ambos sexos.
Todos los conceptos que han surgido a lo largo de la historia y que siguen apareciendo en cuanto a la libertad de género están incluidos y protegidos por la comunidad LGBT (lesbiana, gay, bisexual y transgénero) que actualmente es llamada LGBTIQ al haber añadido la Ietra I de intersex y la Q de queer: la palabra intersex hace referencia a las personas cuyo sexo biológico no se ajusta a la definición binaria de hombre/mujer, ya que existen una gran cantidad de atributos sexuales que no se ajustan a estas categorías binarias.
Por otro lado, la palabra queer, la cual significa raro en inglés, en un principio fue utilizada despectivamente para hablar de las personas que no se ajustaban a los parámetros de la heterosexualidad, pero a partir de la década de los noventa el término fue redefinido y actualmente es utilizado en contra de la normativa impuesta, para no clasificar a personas gays o lesbianas, para no etiquetarlas dentro de su condición, ya que cada persona puede ser o comportarse de una determinada manera dentro de su condición de gay o de lesbiana.
Esta comunidad se formó a partir de los años noventa con el objetivo de defender los derechos de las personas no binarias y para luchar contra la discriminación que estas sufrían. Actualmente estos géneros intermedios y mixtos están logrando más visibilidad a través de este tipo de organizaciones, intentando con ello alcanzar una normalidad en una sociedad que sigue etiquetando identidades sin que exista una integración real de las personas que no se identifican con los géneros binarios tradicionales impuestos.
Artículo escrito por Laura Nuñez
Durante los años 70 la población sufrió un aumento significativo de la esperanza de vida. En estos años suponía alargar el periodo de declive, de enfermedad, discapacidad y dependencia, ya que el envejecimiento estaba asociado a estos conceptos.
Fue en los años 80, gracias a los avances de la medicina y los nuevos estilos de vida, cuando se empieza a afirmar que el tiempo de vida que se disfruta en la tercera edad, con salud, era cada vez mayor, retrasándose la aparición de enfermedades. Se comienza a hacer hincapié en la necesidad de garantizar el bienestar y la calidad de vida, dejando en un segundo plano la asociación de la enfermedad y la discapacidad con el envejecimiento.
Desde entonces hasta ahora, han sido muchos los autores que han explicado sus teorías y modelos sobre el envejecimiento con éxito.
¿A qué nos referimos con éxito?
Cuando hablamos de envejecimiento con éxito, estamos hablando de un envejecimiento positivo, saludable, activo... El envejecimiento no se refiere solo a la tercera edad. Los investigadores apuntan a que es un proceso que dura toda la vida, y la manera en que actuamos influye directamente en el modo en que nos desarrollamos durante la vejez: nuestro estilo de vida, nuestra alimentación, el consumo de alcohol y tabaco, la actividad física, entre otros, son factores influyentes en el desarrollo de enfermedades y en el declive físico y funcional.
Por otro lado, la puesta en valor de las relaciones sociales que hemos desarrollado a lo largo de nuestra vida, será nuestro círculo y nuestro apoyo socioemocional. Las habilidades socioemocionales son especialmente importantes en la adaptación a esta etapa de la vida.
Por tanto, envejecer con éxito sobrepasa el plano físico y va más allá. Implica la realización de actividades productivas que tengan un significado para la persona, actividades que tengan un valor social y generen relaciones interpersonales gratificantes. La persona debe mantener un lugar activo y participativo en la sociedad, considerándose parte de ella, ejerciendo sus derechos, aprovechándose de los recursos. Debe mantenerse activo en actividades físicas y de ocio, llevar a cabo una adecuada alimentación y autocuidados, mantener relaciones sociales, gestionar las emociones y habilidades para adaptarse a los cambios de esta etapa, y, sobre todo, sentirse satisfecho con su vida.
La importancia de envejecer con éxito
Podemos decir que el periodo de la tercera edad comienza con la jubilación, lo que supone una transición en el ciclo vital. La persona debe adaptarse a un cambio en sus funciones y roles, donde su identidad o autoestima pueden verse afectadas. La jubilación supone un cambio en sus actividades, en sus responsabilidades… en este periodo la persona es más vulnerable emocionalmente y, por tanto, más propensa a desarrollar trastornos emocionales como ansiedad o depresión, que pueden conllevar su aislamiento social. También las cargas familiares (cuidado de nietos, cónyuge), viudedad… Los cambios físicos y cognitivos, así como las enfermedades crónicas típicas de este periodo, mantienen una asociación con los factores psicológicos y comportamentales. Todos estos cambios demandan una adaptación de la persona a su entorno, generando un desafío para el bienestar y la calidad de vida.
La investigación ha demostrado, entre otras cosas, que el declive funcional que sufrimos los seres humanos durante la vejez se puede reducir y retrasar mediante actividades motoras, físicas y cognitivas. Algunos de los autores de este campo indican que el funcionamiento físico y mental y la alta participación social son componentes clave de un envejecimiento con éxito. A pesar de las dificultades y pérdidas que caracterizan al envejecimiento es posible conseguir un estado de bienestar. Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso, en el año 2002, un modelo de envejecimiento activo, asumiendo que las personas que envejecen con problemas de salud también pueden tener un envejecimiento positivo si se mantienen activas física, cognitiva y socialmente. Dicho nivel de actividad resulta clave para envejecer con éxito, reduciendo los riesgos de un envejecimiento patológico. La OMS ha propuesto desde entonces diferentes modelos de intervención en la población mayor, con el fin de conseguir promover un envejecimiento saludable y con éxito.
Porque no es solo la persona la que debe llevar a cabo conductas para lograr este objetivo, la sociedad cumple un papel igual de importante, siendo responsable de ofrecer recursos y servicios de calidad. Es necesario potenciar el envejecimiento con éxito, ofreciendo intervenciones de prevención y promoción de estilos de vida saludables, generando comportamientos adaptativos a los cambios y bienestar psicológico en las personas mayores. El psicólogo cumple, a este respecto, un papel esencial en la educación de habilidades y dotación de estrategias, necesarias en este periodo de transición del ciclo vital.
No podemos olvidar que actualmente se está produciendo un incremento en la esperanza de vida de la población, lo que significará cambios socioculturales y nuevas formas de intervención en promoción de la salud y bienestar en esta etapa vital.
Resulta por ello imprescindible continuar la investigación en este campo para lograr una mejora sostenible en esta población, reduciendo la enfermedad y la discapacidad y logrando un bienestar y calidad de vida en este periodo; porque sí, es posible un envejecimiento con éxito.
Artículo escrito por Ana Orellana Poyatos.
España, como muchos otros destinos, es un país que recibe miles de inmigrantes anualmente, provenientes de diversos países como Marruecos, Venezuela, Honduras, Ecuador, Perú, China, Italia entre muchos otros; esta circunstancia ha convertido sobre todo la capital en una ciudad multicultural, llena de oportunidades, diversidad y en constante crecimiento.
Sin embargo, el emigrar de un país trae consigo consecuencias a considerar, que podrían ser positivas o negativas dependiendo de cómo se afronten las diversas situaciones; si bien es cierto, se conoce que el emigrar implica esfuerzo, cambios, retos y posiblemente obstáculos, los cuales colaboran con el estrés crónico del inmigrante, también conocido como Síndrome de Ulises.
Entre los síntomas que comúnmente se ven reflejados en esta población podemos mencionar: síntomas depresivos, ansiedad, somatizaciones, estados de confusión y problemas de salud, sin dejar de lado el normal e inevitable duelo migratorio
El síndrome de Ulises es un cuadro reactivo de estrés ante situaciones de duelo migratorio extremo, que no pueden ser afrontadas y elaboradas. Este término contribuye a evitar que los emigrantes sean víctimas de la desvalorización de sus padecimientos, y de diagnósticos incorrectos, por el simple hecho de no tener en cuenta un concepto claro para esta problemática.
Joseba Achotegui, psiquiatra Español y profesor de la Universidad de Barcelona, precisa la existencia de cuatro elementos desencadenantes de este síndrome:
- La soledad, provocada por la separación forzada de la familia y los seres queridos
- El duelo por el fracaso del proyecto migratorio
- La lucha por la supervivencia, dividida en la alimentación y la vivienda
- El miedo a los peligros físicos relacionados con el viaje
Asimismo, Achotegui plantea la sintomatología de este síndrome:
- Tristeza, llanto, baja autoestima, culpa, perdida de interés e ideas de muerte
- Nerviosismo, tensión y preocupación excesiva
- Cefaleas y fatiga
- Alteración en la memoria, en la atención y estados de confusión
Entendiendo ahora un poco la teoría, vámonos a la práctica: creo que tengo estos síntomas y ahora ¿qué hago?
Lo primero es empezar a detectar que síntomas estamos padeciendo y con qué intensidad nos están afectando en el desarrollo de nuestras actividades, ya que sentir nostalgia, nervios o tensión es algo normal cuando se pasa por este proceso, lo importante es tener conciencia sobre que tan bien puedes manejarlo y no perder el Norte.
Sin embargo, todos tenemos momentos en los que nos sentimos desbordados por la presión de un cambio de tal magnitud y atendernos a nosotros mismos a tiempo es fundamental para conseguir el éxito. No descuidar nuestras emociones y buscar apoyo psicológico cuando se necesita nos ayudará a sobrellevar los obstáculos del camino y seguir para adelante
Conclusión
Una vez iniciado el proceso de inmigración, incluso antes de salir del país de origen, hay miles de interrogantes e incertidumbres que atacan. En lo personal podría decir que se empiezan a tener síntomas que hasta por el mismo estrés de la migración empezamos a normalizar y poco a poco, sin darnos cuenta, van interfiriendo en nuestro estado de ánimo, nuestro desempeño e inclusive nuestra salud.
Sin caer en un positivismo excesivo o fantasioso, puedo afirmar desde la experiencia que la forma en la que veamos las diversas situaciones es crucial para afrontarlas: tratar siempre en la medida de lo posible ver el vaso medio lleno y no medio vacío, agradecer por lo que se tiene sin tanto pensar en lo que se tuvo y fijar la mente hacia objetivos a corto y largo plazo. ¡Es momento para darte la oportunidad de palpar tus sueños!
Si bien sabemos, integrarnos a una sociedad requiere cambios en cuanto a normas, tradiciones, lengua y cultura, por lo que es necesario empezar a vivir este nuevo estilo de vida y a conocer más a fondo la sociedad en la cual nos estamos incorporando. Empezar a compartir y disfrutar de la diversidad y no verla como un despojo de tu esencia cultural sino como un agregado más a la experiencia de la vida.
Emigrar es un proceso complicado e individual de cada persona; sin embargo, en todos los casos independientemente de las circunstancias el contacto frecuente con la familia, amigos y seres queridos siempre será un apoyo fundamental, así como también darnos tiempo a nosotros mismos para adaptarnos y en caso tal, de sentir que nos desbordan las emociones y necesitamos mayores herramientas para recorrer el camino, siempre estaremos nosotros los psicólogos para acompañarte de la mano.
¡No tengas miedo, la vida es ahora!
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Artículo escrito por Daniela Rivas
Si en algo coinciden la mayoría de los padres es que la maternidad y paternidad es como una montaña rusa de emociones, llena de experiencias, alegrías y preocupaciones. Algunos afirman que es la experiencia más sacrificada y reconfortante de su vida y otros que ellos mismos pasan a un segundo plano, siendo lo principal su hijo. Por tanto si algo tienen en común es que, a pesar de todas las emociones positivas, la maternidad y paternidad se caracteriza por la preocupación. Las preocupaciones van dependiendo de las etapas: al principio aparecen los miedos sobre si el embarazo irá bien, luego el gran miedo del parto, cuando él bebe va creciendo aparecen preocupaciones cada vez que se pone malo, sus primeras experiencias, les aterra la idea de que algo malo le pueda pasar.
Cuando llega la adolescencia, dichas preocupaciones aumentan. Debido a los cambios que se producen en esta etapa, los padres suelen mantener la incertidumbre hacia el rendimiento académico, amistades, fiestas, drogas, videojuegos, redes sociales etc. Cada adolescente es un mundo, aunque en los últimos años (según un estudio de UCCA) se afirma que el 39,1% de ellos realizan apuestas online. En 2013 había 239.465 personas y en 2018 883.174, siendo lo más común las apuestas online, póker, casino, ruleta de la suerte, ect.
¿Por qué ha aumentado el número de adolescentes que juegan?
El consumo de aplicaciones y páginas web relacionado con las apuestas online ha aumentado considerablemente entre los adolescentes, este aumento se relaciona con varios factores:
- Percepción de dinero fácil.
- Percepción de bajo riesgo, no lo asocian a adicción ni a posible ludopatía.
- Asociación a Ídolos y referentes famosos. Actualmente cada vez es más común que personas famosas como Cristiano Ronaldo sean la imagen de estas aplicaciones y páginas web. Esto tiene graves consecuencias entre los jóvenes, ya que lo asocian a un bajo riesgo, normalizándolo, lo que produce una desensibilización de la asociación al riesgo. Actualmente es un tema que genera una gran controversia; al igual que están prohibidos los anuncios de tabaco, de cocaína y de otras adicciones, con el juego no es solo que no exista dicha prohibición, sino que además lo asocian a algo positivo.
- Accesibilidad: si en algo coinciden varios expertos es que el aumento de la accesibilidad aumenta el consumo, tanto de sustancias como de adicción al juego (Chaloupkaetal., 2002). Hablamos de la disponibilidad en aumento de las aplicaciones, páginas web y distintos establecimientos que se dedican exclusivamente a apuestas y casinos, así como de otros negocios que, a pesar de que no se dedican exclusivamente a ello, si que realizan estas actividades. Como, por ejemplo, gasolineras que venden tarjetas para las apuestas online, esto hace que en cualquier momento y lugar se pueda realizar una apuesta, jugar al póker, ruleta, etc.
- La accesibilidad es mayor debido a las estrategias utilizadas. Por ejemplo, en la suscripción a estas páginas al principio el registro es gratuito, se puede usar una edad falsa, se puede usar nombre anónimo, pago con PayPal, etc.
¿Cómo se produce la adicción al juego?
Como todas las adicciones, se debe a una interacción entre aspectos individuales —factores biológicos, genéticos, personalidad— y la interacción con elementos externos como los factores de riesgo, disponibilidad, accesibilidad, familia, grupos de iguales, etc.
Lo que al principio empieza como una apuesta circunstancial, en el momento que comienza a ganarse más dinero del apostado se activa el sistema cerebral de recompensa, el cual es el responsable del uso compulsivo del juego, la pérdida de control y la aparición de estados emocionales negativos mientras no se juega. Cuando se está jugando, en el sistema cerebral de recompensa hay un aumento de Dopamina en el núcleo Accumbens, produciéndose así una sensación de placer. Es muy común que cuando se empieza a apostar y se gana, aparezcan pensamientos de: "¡Toma! lo sabía", "Sabía que iba a ser ese", "Que bueno soy".
La adicción se genera por refuerzo; es decir, cada vez que se realiza una apuesta y se gana se produce un refuerzo positivo, una sensación de placer, la ilusión por el éxito, dinero. El aspecto que más fortalece dicha asociación es el reforzamiento intermitente variable; es decir, cuanto mas juegue el sujeto, más probabilidad de ganar. La adicción también se produce por un refuerzo negativo: la persona juega para liberarse del malestar de no jugar y para disminuir la ansiedad que le provoca.
Las adicciones van asociadas a la búsqueda de placer, impulsividad, y un sesgo atencional a lo positivo. Resulta muy común que los adolescentes se refugien en comentarios como: "Javi el otro día apostó 20€ y ganó 100€" en vez de fijarse que probablemente Javi el día anterior perdió 5€, el anterior 10€, etc; es decir, el adolescente solo atiende a las ganancias y no a las perdidas.
Es muy común, como vemos, que se tenga una falsa sensación de control, creyéndose con la capacidad de controlar el azar y buscar estrategias para ganar.
La Dirección General de Ordenación del Juego (organismo encargado del control del juego online) concluyó que el 44 % de las personas que se iniciaron en el juego con menos de 18 años desarrollaron juego patológico. Y otro dato igualmente grave: en 2017 se emitieron 2,7 millones de anuncios de juego online frente a 128.000 de 2013.
¿Qué medidas pueden tomar los padres?
Lo primero y más importante es que los padres tomen conciencia de que realizar apuestas online y estar suscrito a estas páginas, o tener descargadas estas aplicaciones, son factores de riesgo. Y estos factores de riesgo pueden desencadenar en una adicción al juego. Hay que ser conscientes por tanto de lo que esto supone:
- Nunca proporcionar a los adolescentes dinero para apuestas o juegos online.
- Controlar si los hijos tienen estas aplicaciones descargadas en el móvil.
- Tratar el tema en casa con total normalidad y avisar al adolescente de los riesgos que supone, al igual que el consumo de otra droga.
- Hacerles ver que no es dinero fácil; es más si existen estas páginas y establecimientos es por que la empresa gana dinero, siempre se pierde más dinero del que se gana.
- Concienciar a los más jóvenes.
- Si el adolescente cada vez aumenta más sus apuestas, percibiéndolo como algo inocente, sin maldad, y se ve como conductas de riesgo, acudir a un psicólogo especializado en estos temas.
Como apuntábamos al principio, si en algo coinciden la mayoría de los padres es que la maternidad y la paternidad es un continuo aprendizaje.
Artículo escrito por Alba Santervás.
Todos hemos dicho alguna vez de alguien… “cómo miente, seguro que es un mentiroso compulsivo”. Sin embargo, ¿cuál es la diferencia entre una persona que miente y un mentiroso compulsivo? ¿Todas las personas que mienten padecen de trastorno de pseudología fantástica (es decir, mentira compulsiva)? ¿En qué punto radica la diferencia? ¿Qué rasgos suelen tener en común este tipo de personas?
Todas las personas, a lo largo de nuestra etapa vital, hemos dicho alguna mentira. Ésta se utiliza con una función, ya sea obtener un beneficio (“he estudiado todo el día, ahora puedo salir”), evitar una consecuencia negativa (“estoy enfermo, no puedo ir a trabajar“), las llamadas mentiras piadosas para evitar, en cierta medida, dañar a alguien (“no eres tú, soy yo”) u ofrecer una imagen positiva (“estaba a punto de llamarte”), así como evitar conflictos: “tienes razón”. Éstas son algunas de las razones por las que la gente utiliza la mentira como una manera de relacionarse en la vida cotidiana.
Es importante aclarar que una persona que miente no padece por ello un trastorno, por lo tanto, ¿en qué punto podemos considerarlo como tal?
La mitomanía (también llamada pseudología fantástica o mentira compulsiva) fue descrita por primera vez por Dupré (1900) como una tendencia patológica a inventarse episodios de su propia vida, tratándose de una entidad clínica específica, aunque actualmente es considerada como un síndrome o conjunto de síntomas más que un trastorno en sí mismo.
Las personas que padecen mitomanía o mentira compulsiva son aquellas que sin una causa específica inventan hechos o narraciones fantaseadas a causa de una necesidad afectiva. Estas personas se valen de la mentira en situaciones cotidianas en las que no es necesario hacerlo, y no como fin para conseguir ningún objetivo o cambio, a diferencia de una mentira simple. En múltiples circunstancias pueden contar historias o aventuras en cierto modo probables y cercanas a la realidad. También acostumbran a mezclar detalles falsos y hechos reales en su narración, por lo que en muchas ocasiones resulta complicado dudar acerca de la veracidad de sus relatos, y pueden finalmente no ser capaces de distinguir entre sus fantasías y la realidad.
Con el tiempo aprenden a creérselas, dándoles una categoría social de realidad, perdiendo el dominio de sus propias mentiras. Cuando se les confronta acerca de ellas, la persona tiende a generar nuevas fantasías. No pueden dejar de mentir, volviéndose adictas a ello, ya que utilizan este medio como forma de comunicación y para relacionarse con los demás.
Algunos de los ejemplos más famosos son: Enric Marco, que afirmó ser víctima del régimen nazi, llegando a estar años en un campo de concentración, dedicando su vida a dar diversas conferencias a lo largo del mundo relatando su experiencia. También Alicia Esteve, que afirmaba estar presente en el atentado del 11 de Septiembre, llegando a representar a una asociación de víctimas de los atentados de las torres gemelas. En ambos casos se descubrió que mentían.
¿Por qué mienten estas personas?
Las motivaciones varían en función de cada persona y las experiencias que ha vivido; sin embargo, sí existen ciertos rasgos que suelen ser comunes, como una falta de aceptación de su propia realidad, siendo personas con una baja autoestima, utilizando la mentira como un modo de huir de ella, sustituyéndola por una ficción más deseable para esa persona. En los casos expuestos anteriormente, utilizan la mentira como un medio para construir una nueva identidad.
Por lo general, la mentira compulsiva es común en alguno de los siguientes cuadros clínicos:
- Personalidad histriónica: aquellas personas que sienten la necesidad de ser el centro de atención, con cambios rápidos a nivel emocional, que utilizan la teatralización y expresión exagerada de las emociones. Normalmente, en sus relatos son protagonistas (héroes o víctimas) en temas relacionados con la sexualidad.
- Personalidad antisocial: personas impulsivas, con presencia de irritabilidad o agresividad y con ausencia de remordimiento e incumplimiento por las normas sociales. En sus fantasías, los relatos tendrían como objetivo la justificación de su propia conducta u ocultación de un delito.
- Síndrome de Munchausen por poderes: en el que el individuo inventa o induce síntomas; tanto a sí mismo como a los demás, obteniendo así un rol de enfermo o incluso llegando a provocar enfermedades reales en otros.
- Personalidad límite: relaciones personales inestables, inestabilidad del yo, impulsividad y con presencia crónica de sensación de vacío. Suelen utilizar la mentira para aumentar su autoestima e idealización.
- Personalidad narcisista: personas caracterizadas por ideas de grandeza, necesidad constante de admiración, falta de autoestima y déficit empático. Las fantasías tienen como base éxito ilimitado, amor idealizado, brillantez o belleza irreal.
Por tanto, ni alguien que dice muchas mentiras padece un trastorno ni tiene por qué tratarse de una persona mentirosa compulsiva. Todos hemos empleado la mentira en alguna ocasión, con el objetivo de obtener un beneficio. Sin embargo, los mentirosos compulsivos no pueden evitar hacer de la mentira su modo de interacción con la realidad, sin ninguna expectativa de beneficio personal o ganancia asociada, como ocurriría con la simple mentira.
En la mayoría de estos casos, estas personas no solicitan voluntariamente apoyo psicológico; o si lo hacen, es por otros motivos.
REFERENCIAS
- Casas, R. y Zamarro, M. (1990). La mitomanía en la clínica actual. A propósito de un caso clínico. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. 10 (34), 345-353.
- Oliveros, S. (2017). Mitomanía o pseudología fantástica, la vida en un mundo paralelo. Recuperado de: https://www.grupodoctoroliveros.com/mitomania-o-pseudologia-fantastica-la-vida-en-un-mundo-paralelo.
- Dithrich, C. W. (1991). Pseudologia fantastica, dissociation, and potential space, in child treatment. International journal of psycho-analysis, 72, 657-667.
- Dike, C.C, Baranoski, M. y Griffith, E.E. (2005). Pathological lying revised. Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online. 33(3), 342-349.
Artículo escrito por Alejandra Toth
Causas físicas frente a causas orgánicas de las disfunciones sexuales
¿Conoces la respuesta sexual humana?
Las fases que puede tener son:
- deseo
- excitación
- meseta
- orgasmo
- resolución
Hay algo que no va bien…
Disfunciones sexuales: alteraciones en alguna de las fases del ciclo de la respuesta sexual o dolor asociado a la relación sexual.
Seguro que esto que me pasa lo soluciona el médico…
Al contrario de los que la gente cree las causas orgánicas son excepcionales
¿El psicólogo tiene algo que hacer en esto?
Los factores psicológicos son los más frecuentes por ello los sexólogos son los que trabajan las disfunciones a través de la terapia sexual.
Los agrupamos en tres factores psicológicos:
- Predisponentes
- Precipitantes
- Mantenedores
Factores Predisponentes
Hace a la persona vulnerable para padecer una futura disfunción:
Educación moral y religiosa restrictiva con valoraciones negativas hacia la sexualidad, como algo dañino, peligroso o sucio. Así la persona suele inhibir su respuesta sexual, ignorarla, o sentirse culpable por experimentarla.
Inadecuada información y educación sexual: la búsqueda de conocimientos se hace en fuentes de información poco fiables o adecuadas (por ej. la pornografía), generando una información sexual inadecuada, origen de miedos y problemas.
Creencias sexuales erróneas o disfuncionales: dicha inadecuada educación sexual puede desembocar en mitos y creencias negativas e irracionales respecto al sexo y la sexualidad.
Modelos paternos inadecuados: relaciones entre los padres conflictivas y deterioradas.
Experiencias sexuales traumáticas en la infancia (abusos sexuales): repercuten muy negativamente en la sexualidad. Pueden desarrollar un temor intenso a situaciones relacionadas con el sexo o situaciones de intimidad debido al daño producido, físico o emocional. Cuando la experiencia se cursa con placer son comunes sentimientos de culpa y/o vergüenza, rechazo y evitación a la respuesta sexual.
Inseguridad temprana en el rol psicosexual: el sentimiento de inseguridad ante las primeras experiencias sexuales, miedo a parecer inexpertos, etc.
Primeras experiencias sexuales inadecuadas o problemáticas: una experiencia desagradable puede llevar a que se vivan futuras situaciones sexuales con miedo y ansiedad.
Rasgos de personalidad
Estilo de apego inseguro o evitativo
Factores Precipitantes
Factores que pueden desencadenar la aparición de una disfunción. La suma de factores predisponentes puede agudizar la disfunción:
Disfunción sexual previa propia o de la pareja. Muchas veces si la pareja presenta una disfunción sexual, puede desencadenar en el otro miembro la aparición de dificultades sexuales.
Por ejemplo: en la eyaculación precoz la pareja puede desarrollar problemas para excitarse o alcanzar el orgasmo; o en los casos de vaginismo, es frecuente que el compañero desarrolle disfunción eréctil tras varios intentos fracasados de coito.
Problemas generales de pareja: también se puede deteriorar el área sexual.
Expectativas no realistas sobre el sexo
Reacción emocional ante fallos esporádicos debido a ingesta excesiva de alcohol, drogas o una situación estresante.
Ansiedad de ejecución o de rendimiento: vivir los encuentros sexuales con gran ansiedad y tensión por la preocupación de “hacerlo bien”.
Rol de espectador: autoobservación y autoevaluación del propio funcionamiento sexual. La persona se observa con atención y evalúa su comportamiento sexual. Vigilan sus reacciones (sus sensaciones, sus movimientos o posturas, su aspecto físico...) con lo que ser juez y espectador de sus resultados perjudica el desarrollo de la respuesta sexual.
Altos niveles de exigencia y autocrítica
Sentimientos de vergüenza o ridículo
Experiencias sexuales traumáticas (agresiones sexuales o una violación): suelen desencadenar en el inicio de una disfunción sexual. Situaciones como éstas pueden conducir a intensas reacciones emocionales negativas como pánico, ansiedad, asco, etc.
Reacción psicológica a causas orgánicas: a veces hay causas orgánicas que generan alguna disfunción sexual que puede provocar a su vez reacciones emocionales, por lo que tras resolver la causa orgánica, muchas veces se hace necesario atajar posteriormente esas reacciones mediante terapia sexual ya que, aunque la causa orgánica ya no esté, se han desarrollado causas psicológicas.
Episodios de estrés excesivo, cansancio y fatiga: el sexo acaba por ocupar el último lugar en la lista de prioridades. Las relaciones sexuales en vez de ser vividas como algo placentero se experimentan como una obligación que es necesario atender a costa de momentos de descaso y sueño. El estado de agotamiento dificulta la aparición de la excitación y el deseo sexual.
Trastornos mentales como depresión, alcoholismo, anorexia nerviosa o ansiedad deterioran el funcionamiento sexual.
Miedo a ser rechazado
Déficit de habilidades: cómo proporcionar placer o demostrar afecto a la pareja y optimizar el propio placer. Se presenta un repertorio de conductas limitado.
Miedo al compromiso y a la intimidad
Reacciones psicológicas ante ciertas experiencias: el nacimiento de un hijo, la búsqueda de un embarazo, un aborto, la infertilidad y los tratamientos dirigidos a lograr la concepción, el divorcio o la separación, una infidelidad, problemas laborales, sociales, problemas económicos o familiares, etc. Todas estas situaciones pueden causar altos niveles de estrés y ansiedad.
Hostilidad inconsciente a los hombres/las mujeres como género
Homosexualidad no reconocida o latente que produce un rechazo a las relaciones heterosexuales
Factores Mantenedores
Estos factores contribuyen a que la disfunción sexual se instaure como respuesta automática ante el estímulo sexual. La forma de responder ante una disfunción sexual puede hacer que la misma se agudice o empeore y que perdure en el tiempo:
Ansiedad de ejecución o de rendimiento sexual: esta ansiedad lleva a que la persona adopte una actitud de espectador de sí mismo/a durante la relación, evaluando el rendimiento (si está excitado/a o no, etc) lo que impide y bloquea la respuesta fisiológica, conduciendo a un desenlace insatisfactorio.
Temor al fracaso
Anticipación del fracaso: cuando se ha sufrido situaciones previas de problemas sexuales, agravan y mantienen la disfunción al generar un estado de ansiedad y temor por las expectativas de insatisfacción y malestar que aparecen ante la idea de mantener relaciones sexuales.
Obligación de resultados: establecer metas (tener erección, llegar al orgasmo, realizar el coito...) diferenciando el éxito o fracaso. La atención se desvía hacia cuestiones no eróticas perdiendo la clave erótica.
Ausencia o pérdida de clave erótica (clave racional):
- Clave erótica: situación en la que los estímulos de los que la persona es consciente adquieren una interpretación sexual.
- Clave racional o no sexual. A pesar de encontrarse en un estado de excitación, aparece un estímulo que no es clasificado en positivo (molesto, amenazante, doloroso, etc). Deserotizan las situaciones y las clasifican como no sexuales.
Rol de espectador
Altruismo excesivo: la preocupación por satisfacer sexualmente a la pareja lleva a estar más pendientes del disfrute del otro que del suyo propio, generando dificultades para la excitación o la consecución del orgasmo.
No abandono a las sensaciones y al placer
Sentimientos de culpa: por no tener deseo o por no excitarse, puede esforzarse por tener relaciones sexuales con su pareja. A veces son las quejas de la pareja hacia lo que considera un funcionamiento sexual anormal, favoreciendo la culpabilidad por no poder darle al otro/a lo que desea o necesita.
Falta de atracción entre los miembros de la pareja
Problemas en la relación de pareja
Miedo a la intimidad y al compromiso
Deterioro de la autoimagen (complejos físicos y otros problemas de autoestima)
Relaciones sexuales clásicas y pobres: juego erótico empobrecido y estimulación inadecuada, centrándose la relación casi exclusivamente en el coito. Resultado: desgana y apatía.
Limitantes ambientales: como la falta de privacidad, el tiempo, incompatibilidad horaria, etc.
Profecías autocumplidas: atribución errónea del problema y confusión respecto a lo que sucede.
Artículo escrito por Ane Larrañaga
Los seres humanos se desarrollan tanto cognitiva como emocionalmente a través del tiempo, influidos continuamente por el contexto en el cual se encuentren a medida que van atravesando las diferentes fases del ciclo vital. Es en la etapa de adultez emergente (fase de transición que se inicia a los 18 años y termina a los 25) donde se empieza a tener toma de decisiones independiente, se obtiene independencia económica de los padres, aceptación de la responsabilidad personal, búsqueda de pareja estable y cambios emocionales y psicológicos. Otros dos de los fenómenos más importantes durante esta edad es el trabajo y el amor, en cuanto a que la madurez se concentra en la capacidad de amar y de trabajar.
De aquí que, en la búsqueda de una pareja estable, lo que le concierne al adulto emergente es establecer una relación duradera, con la cual pueda compartir pasión, intimidad y compromiso, dando lugar a la formación de vínculos afectivos y emocionales.
La elección de pareja en la antigüedad
La elección de pareja desde hace muchos años ha sido un tema de controversia pues en ella influyen muchos fenómenos sociales y psicológicos, desde “la premodernidad la mayoría de los matrimonios se realizaban por contrato, más no sobre la base de la atracción sexual mutua, si no por circunstancias económicas”.
En cuanto a esto, se ha escrito que “durante el siglo XII la iglesia desarrolló un derecho matrimonial, en el cual determinaba quien podía casarse con quien, lo definía como indisoluble, y establecía lo que constituía un matrimonio”; explica al respecto que en la antigüedad la unión entre hombres y mujeres se daba por un negocio, para beneficiar los intereses de los padres de la pareja que se casaba. Esto no cambio hasta el siglo XIX que las personas comenzaron a elegir por sí solas sus parejas y de acuerdo a sus intereses propios. Pero a pesar de esto, el cómo y el por qué surge la elección de la pareja sigue siendo un motivo de estudio de la ciencia contemporánea.
¿Qué aspectos influyen en la elección de pareja?
Existen distintas teorías sobre la elección de pareja: una de estas es la teoría sobre el principio de semejanzas, en donde las personas se sienten atraídas por los que tienen aspectos semejantes. Otra teoría es la de la complementariedad en donde las personas buscan personas diferentes, que satisfagan sus necesidades, especialmente en la parte personal. La atracción física se refiere a las características externas que las personas tienen y que subjetivamente se califican entre buenas y malas. En relación a lo anterior, Darwin propuso que la belleza física es un componente biológico muy importante en el momento de la elección de pareja.
Además de estos aspectos, otro factor importante a la hora de elegir una pareja es la edad: “según la teoría de la semejanza, una similitud en la que concuerdan la mayoría de las teorías clínicas es que las parejas tienen el mismo nivel de madurez a pesar de las diferencias superficiales”.
Otra característica o variable que podría influenciar a este respecto es la personalidad, la cual pude definirse como las causas internas que subyacen al comportamiento individual y a la experiencia de la persona. Esta se manifiesta por medio de la cultura y la apariencia, y ambas proporcionan los signos externos a partir de los cuales se pueden derivar los elementos internos de la personalidad. En la interpretación de la conducta de los demás influye en forma especial el respeto y confianza que se siente hacia ellos, y aunque la gente muestra diferencias en las clases de vínculos sociales que forma, es más probable que se generen relaciones en cuanto a la búsqueda de personalidades parecidas. También se tiene a la ética y los valores como un aspecto importante al momento de elegir compañero de vida.
El nivel socioeconómico es otro de los rasgos que podría influir a la hora de elegir una pareja, el cual se refiere tanto a “la renta y la riqueza material como en termino de los bienes y servicios a que este da acceso, viendo a este capital como una parte importante de la relación que une el entorno familiar a las diferentes posiciones socioeconómicas”.
Al igual que la educación y la cultura a través de la historia determinan normas, creencias y valores, de lo que es el hombre, la mujer y la relación especial entre ambos, generando así las expectativas de lo que debe ser la relación de pareja, y las formas de interacción de los sexos pero esto no es lo único; en una misma cultura pueden haber distintos grupos, presentando particularidades dependiendo de la zona de residencia, oportunidades educativas, las clases sociales, oportunidades laborales, de diversión y de asociación y de otros aspectos que podrían influir en el estilo de vida.
Además, en una cultura los roles sexuales tienen su propio significado: los dos géneros juegan un papel diferente dependiendo de las comunidades y de los grupos a los cuales pertenecen. Estas diferencias de género son notables a la hora de elegir una pareja, ya que “desde la adolescencia las diferencias conductuales y psicológicas entre hombres y mujeres se empiezan a pronunciar, ya que aparecen las presiones de socialización para cumplir los papeles de género prescritos por la cultura".
En concordancia con lo anterior se menciona que tanto “los hombres como las mujeres perciben de manera diferente las relaciones, ya que los hombres están más interesados por la relación corporal y por la atracción física"; esto en correlación con que para “los hombres la raíz principal para iniciar un noviazgo es el interés físico, la amistad, la diversión y el gusto por la aventura”.
En cuanto a las mujeres, estas se inclinan a las características socioeconómicas, intelectuales, expresivas, a la preocupación por el bienestar de otros y a las relaciones interpersonales afectivas, en concordancia con que la raíz principal de una relación para las mujeres es la atracción, después de la amistad, tener alguien con quien conversar, compartir, admirar, querer y no sentirse solas, además de que tengan intereses en común.
Cabe señalar que las diferencias de género tienen mucho que ver con las diferencias de clases sociales, ya que tradicionalmente la mayoría de las mujeres han sido dependientes económicamente de sus esposos por lo que su posicionamiento de clase está determinado por la situación social de estos. Dicho argumento es cuestionado en nuestros tiempos dado que en primer lugar cada vez más encontramos a mujeres proveyendo económicamente a su hogar.
En conclusión, tanto la religión, la cultura, el género, el físico, la personalidad, el nivel socioeconómico, la educación, la ética y los valores intervienen para que cada persona tenga un estilo de vida e intereses propios; en vista de esto muchos autores han debatido que para determinar la clase social de un individuo no solamente hay que prestar atención a variables económicas o de empleabilidad sino también en factores culturales como lo son el estilo de vida. Identidades individuales son estructuradas de tal manera que afecta a nuestros estilos de vida como lo son la forma de vestir, de comer, cuidado del cuerpo, entre otros.
La cultura machista hace que la manera en cómo se elige pareja o se generan vínculos afectivos no sean los adecuados, debido a la cosificación de la mujer como objeto de satisfacción de deseos, aunque también se está dando de manera inversa. Lo anteriormente mencionado podría dar como resultado embarazos no deseados, rupturas de relaciones afectivas, conductas de riesgo (alcohol, promiscuidad, drogas) así como mala gestión de las emociones.
Por tanto, las condiciones o habilidades personales de los adultos emergentes deben ser tanto reforzadas como potenciadas para minimizar los factores de riesgo y aumentar los factores protectores que van a permitir elegir de manera adecuada y consciente a la pareja, permitiendo un desarrollo mutuo dentro de la relación amorosa. En definitiva, la elección de pareja puede ser un proceso complejo en el cual la gente considera factores personales, psicológicos, sociales y emocionales.
Artículo escrito por Santiago Guasaquillo.
Cuando preguntamos a las personas por qué les apetece comer, la mayoría responden que comen porque tienen hambre, pero al pedirles que describan la sensación de hambre no saben como hacerlo. Una de las causas por las que esto ocurre es porque existen diferentes clases de hambre; todos estos tipos son experiencias que suceden en forma de emociones, sensaciones y pensamientos. Hay diferentes razones por las cuales podemos sentir hambre: puede ser que la última ingesta la hayamos realizado hace 8 horas o puede que nos sintamos cansados, ansiosos o solos. Algunas de nuestras experiencias no están relacionadas con el hambre de comida, pero cuando las sentimos tratamos erróneamente de apaciguarlas comiendo.
El hambre más básica y la primera que a todos se nos viene a la cabeza es el hambre fisiológica, que aparece cuando las reservas de energía de nuestro cuerpo están bajas. Todo sería muy sencillo si este fuese el único tipo de hambre, pero… hay más, mucho más. Tenemos hambre visual, hambre de tacto, hambre auditiva, hambre olfativa, hambre bucal, hambre estomacal, hambre mental y hambre del corazón.
Es el tipo de hambre que aparece cuando vemos alguna comida apetitosa. Independientemente de que tu estómago se encuentre saciado, si se activa este tipo de hambre, sentirás el impulso de dar un bocado a aquello que la activó.
Algunos ejemplos de hambre visual los podemos experimentar cuando, tras una copiosa comida estamos llenos, pero falta el postre y… ¡siempre hay un hueco para el postre! O cuando al ver un anuncio de una jugosa hamburguesa se nos antoja ir a cenar a una hamburguesería.
Hambre de tacto
El hambre de tacto se refiere al hecho de sentir más satisfacción al comer si lo hacemos con las manos en lugar de utilizar cubiertos. En nuestra cultura esto nos puede parecer antihigiénico pero los árabes, indios y africanos comen con las manos y según ellos utilizar cubiertos es como atacar la comida con un arma. Al comer de esta manera nos conectamos más con lo que estamos comiendo, haciéndolo de manera más consciente.
Hambre auditiva
Es aquella que se produce por el sonido de los alimentos. Solemos preferir aquellos alimentos que crujen, lo cual se debe a que si esto sucede implica que es fresco como ocurre con las zanahorias, manzanas o la lechuga. Esto no es nada novedoso; de hecho, los publicistas llevan años beneficiándose de este tipo de hambre: un ejemplo de ello lo podemos ver en los anuncios de patatas Lays cuando afirman que sus patatas producen el crujido más intenso o en los del helado Magnum, que destacan por el sonido del crujir del chocolate al dar el primer mordisco.
Hambre olfativa
Esta hambre se despierta ante un olor agradable, como por ejemplo el que desprende el pan recién hecho o la salsa de tomate para la pasta. El olor de los alimentos tiene la capacidad de crearnos sensación de hambre incluso cuando no la tenemos.
La lengua solo puede diferenciar cinco sabores: dulce, salado, amargo, agrio y umami (sabroso) y es el olor de la comida lo que nos permite disfrutar del amplio abanico de sabores que tenemos a nuestro alcance, por ello no es casualidad que cuando estamos enfermos y no podemos oler, la comida nos sepa insípida.
Hambre bucal
El hambre bucal es el deseo de la boca de experimentar placer, pero lo placentero varía de una persona a otra en función de la genética, los hábitos de alimentación de cada familia y de factores culturales. Un ejemplo de esto último puede experimentarse al viajar a otros continentes: los asiáticos consideran que comer cangrejos y langostas es asqueroso, mientras que para ellos los insectos fritos son un perfecto snack.
Hambre estomacal
Esta hambre es aquella que solemos identificar como una sensación de vacío o como retortijones en el estómago. Podemos pensar que este órgano nos avisa de cuando debemos alimentarlo, pero en realidad esto no es así, sino que somos nosotros, con nuestros hábitos alimentarios quienes le hemos enseñado a avisarnos de cuando debemos llenarlo de comida. Por ejemplo, las personas que nunca desayunan no experimentan hambre hasta el mediodía, mientras que quienes si que lo hacen se levantan con apetito, pero basta con dejar de desayunar durante 4 días para que esa sensación de vacío en el estómago a primera hora de la mañana desaparezca.
Hambre mental
El hambre mental está basada en pensamientos: “me merezco un helado”, “debería de hacer 6 comidas al día” o “tengo que beber 2 litros de agua diarios”.
Esta hambre está condicionada por lo que leemos y escuchamos sobre la alimentación. Por ejemplo, hace años se pensaba que comer más de dos huevos al día era malo para la salud porque aumentaba el colesterol, por lo que las personas se preocupaban mucho de no sobrepasar su ingesta de huevos. Actualmente se han publicado diversos estudios que evidencian que esto es falso y que el colesterol elevado no tiene nada que ver con la cantidad de huevos consumidos. La idea de que debemos comer según lo que se publique en los últimos estudios científicos nos ha llevado a seguir diferentes dietas de moda, la mayoría de las cuales no suelen tener ningún sentido, como la dieta de la piña o la idea de no comer hidratos de carbono a partir de las 6 de la tarde. Todo esto nos lleva a comer con ansiedad porque nos distrae de las señales que nos manda nuestro cuerpo, en quien realmente deberíamos confiar.
Hambre del corazón
Cuando sentimos esta hambre lo que intentamos llenar no es un agujero en el estómago, sino en el corazón. Comemos cuando tenemos un desengaño amoroso, cuando fallece un ser querido… en definitiva, cuando nos sentimos solos. De esta manera intentamos cuidar de nosotros mismos sin ser conscientes que la comida no llenará el vacío o el dolor que sentimos, porque ese vacío solo se llena con la interconexión que sentimos con los demás.
¿Cómo podemos satisfacer el hambre del corazón? Algunas ideas pueden ser hablar con un amigo, dar un paseo bajo el sol, escuchar música, dibujar… cualquier cosa que te satisfaga y te haga sentir en conexión con los demás y contigo mismo.
Artículo escrito por María Sacristán.

