España, como muchos otros destinos, es un país que recibe miles de inmigrantes anualmente, provenientes de diversos países como Marruecos, Venezuela, Honduras, Ecuador, Perú, China, Italia entre muchos otros; esta circunstancia ha convertido sobre todo la capital en una ciudad multicultural, llena de oportunidades, diversidad y en constante crecimiento.
Sin embargo, el emigrar de un país trae consigo consecuencias a considerar, que podrían ser positivas o negativas dependiendo de cómo se afronten las diversas situaciones; si bien es cierto, se conoce que el emigrar implica esfuerzo, cambios, retos y posiblemente obstáculos, los cuales colaboran con el estrés crónico del inmigrante, también conocido como Síndrome de Ulises.
Entre los síntomas que comúnmente se ven reflejados en esta población podemos mencionar: síntomas depresivos, ansiedad, somatizaciones, estados de confusión y problemas de salud, sin dejar de lado el normal e inevitable duelo migratorio
El síndrome de Ulises es un cuadro reactivo de estrés ante situaciones de duelo migratorio extremo, que no pueden ser afrontadas y elaboradas. Este término contribuye a evitar que los emigrantes sean víctimas de la desvalorización de sus padecimientos, y de diagnósticos incorrectos, por el simple hecho de no tener en cuenta un concepto claro para esta problemática.
Joseba Achotegui, psiquiatra Español y profesor de la Universidad de Barcelona, precisa la existencia de cuatro elementos desencadenantes de este síndrome:
- La soledad, provocada por la separación forzada de la familia y los seres queridos
- El duelo por el fracaso del proyecto migratorio
- La lucha por la supervivencia, dividida en la alimentación y la vivienda
- El miedo a los peligros físicos relacionados con el viaje
Asimismo, Achotegui plantea la sintomatología de este síndrome:
- Tristeza, llanto, baja autoestima, culpa, perdida de interés e ideas de muerte
- Nerviosismo, tensión y preocupación excesiva
- Cefaleas y fatiga
- Alteración en la memoria, en la atención y estados de confusión
Entendiendo ahora un poco la teoría, vámonos a la práctica: creo que tengo estos síntomas y ahora ¿qué hago?
Lo primero es empezar a detectar que síntomas estamos padeciendo y con qué intensidad nos están afectando en el desarrollo de nuestras actividades, ya que sentir nostalgia, nervios o tensión es algo normal cuando se pasa por este proceso, lo importante es tener conciencia sobre que tan bien puedes manejarlo y no perder el Norte.
Sin embargo, todos tenemos momentos en los que nos sentimos desbordados por la presión de un cambio de tal magnitud y atendernos a nosotros mismos a tiempo es fundamental para conseguir el éxito. No descuidar nuestras emociones y buscar apoyo psicológico cuando se necesita nos ayudará a sobrellevar los obstáculos del camino y seguir para adelante
Conclusión
Una vez iniciado el proceso de inmigración, incluso antes de salir del país de origen, hay miles de interrogantes e incertidumbres que atacan. En lo personal podría decir que se empiezan a tener síntomas que hasta por el mismo estrés de la migración empezamos a normalizar y poco a poco, sin darnos cuenta, van interfiriendo en nuestro estado de ánimo, nuestro desempeño e inclusive nuestra salud.
Sin caer en un positivismo excesivo o fantasioso, puedo afirmar desde la experiencia que la forma en la que veamos las diversas situaciones es crucial para afrontarlas: tratar siempre en la medida de lo posible ver el vaso medio lleno y no medio vacío, agradecer por lo que se tiene sin tanto pensar en lo que se tuvo y fijar la mente hacia objetivos a corto y largo plazo. ¡Es momento para darte la oportunidad de palpar tus sueños!
Si bien sabemos, integrarnos a una sociedad requiere cambios en cuanto a normas, tradiciones, lengua y cultura, por lo que es necesario empezar a vivir este nuevo estilo de vida y a conocer más a fondo la sociedad en la cual nos estamos incorporando. Empezar a compartir y disfrutar de la diversidad y no verla como un despojo de tu esencia cultural sino como un agregado más a la experiencia de la vida.
Emigrar es un proceso complicado e individual de cada persona; sin embargo, en todos los casos independientemente de las circunstancias el contacto frecuente con la familia, amigos y seres queridos siempre será un apoyo fundamental, así como también darnos tiempo a nosotros mismos para adaptarnos y en caso tal, de sentir que nos desbordan las emociones y necesitamos mayores herramientas para recorrer el camino, siempre estaremos nosotros los psicólogos para acompañarte de la mano.
¡No tengas miedo, la vida es ahora!
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Achotegui, J. (2006). Estrés límite y salud mental: El síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (Síndrome de Ulises). Revista del Instituto Universitario de estudios sobre migraciones. (19), 59-85. Recuperado de: https://revistas.comillas.edu/index.php/revistamigraciones/article/view/3083/2847
Achotegui, J. (2003). La depresión en los inmigrantes extracomunitarios: características del síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises). Revista clínica electrónica en atención primaria, (03). Recuperado de: https://ddd.uab.cat/pub/rceap/rceap_a2004m2n3/rceap_a2004m2n3a10.pdf[/vc_column_text]
Artículo escrito por Daniela Rivas
Si en algo coinciden la mayoría de los padres es que la maternidad y paternidad es como una montaña rusa de emociones, llena de experiencias, alegrías y preocupaciones. Algunos afirman que es la experiencia más sacrificada y reconfortante de su vida y otros que ellos mismos pasan a un segundo plano, siendo lo principal su hijo. Por tanto si algo tienen en común es que, a pesar de todas las emociones positivas, la maternidad y paternidad se caracteriza por la preocupación. Las preocupaciones van dependiendo de las etapas: al principio aparecen los miedos sobre si el embarazo irá bien, luego el gran miedo del parto, cuando él bebe va creciendo aparecen preocupaciones cada vez que se pone malo, sus primeras experiencias, les aterra la idea de que algo malo le pueda pasar.
Cuando llega la adolescencia, dichas preocupaciones aumentan. Debido a los cambios que se producen en esta etapa, los padres suelen mantener la incertidumbre hacia el rendimiento académico, amistades, fiestas, drogas, videojuegos, redes sociales etc. Cada adolescente es un mundo, aunque en los últimos años (según un estudio de UCCA) se afirma que el 39,1% de ellos realizan apuestas online. En 2013 había 239.465 personas y en 2018 883.174, siendo lo más común las apuestas online, póker, casino, ruleta de la suerte, ect.
¿Por qué ha aumentado el número de adolescentes que juegan?
El consumo de aplicaciones y páginas web relacionado con las apuestas online ha aumentado considerablemente entre los adolescentes, este aumento se relaciona con varios factores:
- Percepción de dinero fácil.
- Percepción de bajo riesgo, no lo asocian a adicción ni a posible ludopatía.
- Asociación a Ídolos y referentes famosos. Actualmente cada vez es más común que personas famosas como Cristiano Ronaldo sean la imagen de estas aplicaciones y páginas web. Esto tiene graves consecuencias entre los jóvenes, ya que lo asocian a un bajo riesgo, normalizándolo, lo que produce una desensibilización de la asociación al riesgo. Actualmente es un tema que genera una gran controversia; al igual que están prohibidos los anuncios de tabaco, de cocaína y de otras adicciones, con el juego no es solo que no exista dicha prohibición, sino que además lo asocian a algo positivo.
- Accesibilidad: si en algo coinciden varios expertos es que el aumento de la accesibilidad aumenta el consumo, tanto de sustancias como de adicción al juego (Chaloupkaetal., 2002). Hablamos de la disponibilidad en aumento de las aplicaciones, páginas web y distintos establecimientos que se dedican exclusivamente a apuestas y casinos, así como de otros negocios que, a pesar de que no se dedican exclusivamente a ello, si que realizan estas actividades. Como, por ejemplo, gasolineras que venden tarjetas para las apuestas online, esto hace que en cualquier momento y lugar se pueda realizar una apuesta, jugar al póker, ruleta, etc.
- La accesibilidad es mayor debido a las estrategias utilizadas. Por ejemplo, en la suscripción a estas páginas al principio el registro es gratuito, se puede usar una edad falsa, se puede usar nombre anónimo, pago con PayPal, etc.
¿Cómo se produce la adicción al juego?
Como todas las adicciones, se debe a una interacción entre aspectos individuales —factores biológicos, genéticos, personalidad— y la interacción con elementos externos como los factores de riesgo, disponibilidad, accesibilidad, familia, grupos de iguales, etc.
Lo que al principio empieza como una apuesta circunstancial, en el momento que comienza a ganarse más dinero del apostado se activa el sistema cerebral de recompensa, el cual es el responsable del uso compulsivo del juego, la pérdida de control y la aparición de estados emocionales negativos mientras no se juega. Cuando se está jugando, en el sistema cerebral de recompensa hay un aumento de Dopamina en el núcleo Accumbens, produciéndose así una sensación de placer. Es muy común que cuando se empieza a apostar y se gana, aparezcan pensamientos de: "¡Toma! lo sabía", "Sabía que iba a ser ese", "Que bueno soy".
La adicción se genera por refuerzo; es decir, cada vez que se realiza una apuesta y se gana se produce un refuerzo positivo, una sensación de placer, la ilusión por el éxito, dinero. El aspecto que más fortalece dicha asociación es el reforzamiento intermitente variable; es decir, cuanto mas juegue el sujeto, más probabilidad de ganar. La adicción también se produce por un refuerzo negativo: la persona juega para liberarse del malestar de no jugar y para disminuir la ansiedad que le provoca.
Las adicciones van asociadas a la búsqueda de placer, impulsividad, y un sesgo atencional a lo positivo. Resulta muy común que los adolescentes se refugien en comentarios como: "Javi el otro día apostó 20€ y ganó 100€" en vez de fijarse que probablemente Javi el día anterior perdió 5€, el anterior 10€, etc; es decir, el adolescente solo atiende a las ganancias y no a las perdidas.
Es muy común, como vemos, que se tenga una falsa sensación de control, creyéndose con la capacidad de controlar el azar y buscar estrategias para ganar.
La Dirección General de Ordenación del Juego (organismo encargado del control del juego online) concluyó que el 44 % de las personas que se iniciaron en el juego con menos de 18 años desarrollaron juego patológico. Y otro dato igualmente grave: en 2017 se emitieron 2,7 millones de anuncios de juego online frente a 128.000 de 2013.
¿Qué medidas pueden tomar los padres?
Lo primero y más importante es que los padres tomen conciencia de que realizar apuestas online y estar suscrito a estas páginas, o tener descargadas estas aplicaciones, son factores de riesgo. Y estos factores de riesgo pueden desencadenar en una adicción al juego. Hay que ser conscientes por tanto de lo que esto supone:
- Nunca proporcionar a los adolescentes dinero para apuestas o juegos online.
- Controlar si los hijos tienen estas aplicaciones descargadas en el móvil.
- Tratar el tema en casa con total normalidad y avisar al adolescente de los riesgos que supone, al igual que el consumo de otra droga.
- Hacerles ver que no es dinero fácil; es más si existen estas páginas y establecimientos es por que la empresa gana dinero, siempre se pierde más dinero del que se gana.
- Concienciar a los más jóvenes.
- Si el adolescente cada vez aumenta más sus apuestas, percibiéndolo como algo inocente, sin maldad, y se ve como conductas de riesgo, acudir a un psicólogo especializado en estos temas.
Como apuntábamos al principio, si en algo coinciden la mayoría de los padres es que la maternidad y la paternidad es un continuo aprendizaje.
Artículo escrito por Alba Santervás.
Todos hemos dicho alguna vez de alguien… “cómo miente, seguro que es un mentiroso compulsivo”. Sin embargo, ¿cuál es la diferencia entre una persona que miente y un mentiroso compulsivo? ¿Todas las personas que mienten padecen de trastorno de pseudología fantástica (es decir, mentira compulsiva)? ¿En qué punto radica la diferencia? ¿Qué rasgos suelen tener en común este tipo de personas?
Todas las personas, a lo largo de nuestra etapa vital, hemos dicho alguna mentira. Ésta se utiliza con una función, ya sea obtener un beneficio (“he estudiado todo el día, ahora puedo salir”), evitar una consecuencia negativa (“estoy enfermo, no puedo ir a trabajar“), las llamadas mentiras piadosas para evitar, en cierta medida, dañar a alguien (“no eres tú, soy yo”) u ofrecer una imagen positiva (“estaba a punto de llamarte”), así como evitar conflictos: “tienes razón”. Éstas son algunas de las razones por las que la gente utiliza la mentira como una manera de relacionarse en la vida cotidiana.
Es importante aclarar que una persona que miente no padece por ello un trastorno, por lo tanto, ¿en qué punto podemos considerarlo como tal?
La mitomanía (también llamada pseudología fantástica o mentira compulsiva) fue descrita por primera vez por Dupré (1900) como una tendencia patológica a inventarse episodios de su propia vida, tratándose de una entidad clínica específica, aunque actualmente es considerada como un síndrome o conjunto de síntomas más que un trastorno en sí mismo.
Las personas que padecen mitomanía o mentira compulsiva son aquellas que sin una causa específica inventan hechos o narraciones fantaseadas a causa de una necesidad afectiva. Estas personas se valen de la mentira en situaciones cotidianas en las que no es necesario hacerlo, y no como fin para conseguir ningún objetivo o cambio, a diferencia de una mentira simple. En múltiples circunstancias pueden contar historias o aventuras en cierto modo probables y cercanas a la realidad. También acostumbran a mezclar detalles falsos y hechos reales en su narración, por lo que en muchas ocasiones resulta complicado dudar acerca de la veracidad de sus relatos, y pueden finalmente no ser capaces de distinguir entre sus fantasías y la realidad.
Con el tiempo aprenden a creérselas, dándoles una categoría social de realidad, perdiendo el dominio de sus propias mentiras. Cuando se les confronta acerca de ellas, la persona tiende a generar nuevas fantasías. No pueden dejar de mentir, volviéndose adictas a ello, ya que utilizan este medio como forma de comunicación y para relacionarse con los demás.
Algunos de los ejemplos más famosos son: Enric Marco, que afirmó ser víctima del régimen nazi, llegando a estar años en un campo de concentración, dedicando su vida a dar diversas conferencias a lo largo del mundo relatando su experiencia. También Alicia Esteve, que afirmaba estar presente en el atentado del 11 de Septiembre, llegando a representar a una asociación de víctimas de los atentados de las torres gemelas. En ambos casos se descubrió que mentían.
¿Por qué mienten estas personas?
Las motivaciones varían en función de cada persona y las experiencias que ha vivido; sin embargo, sí existen ciertos rasgos que suelen ser comunes, como una falta de aceptación de su propia realidad, siendo personas con una baja autoestima, utilizando la mentira como un modo de huir de ella, sustituyéndola por una ficción más deseable para esa persona. En los casos expuestos anteriormente, utilizan la mentira como un medio para construir una nueva identidad.
Por lo general, la mentira compulsiva es común en alguno de los siguientes cuadros clínicos:
- Personalidad histriónica: aquellas personas que sienten la necesidad de ser el centro de atención, con cambios rápidos a nivel emocional, que utilizan la teatralización y expresión exagerada de las emociones. Normalmente, en sus relatos son protagonistas (héroes o víctimas) en temas relacionados con la sexualidad.
- Personalidad antisocial: personas impulsivas, con presencia de irritabilidad o agresividad y con ausencia de remordimiento e incumplimiento por las normas sociales. En sus fantasías, los relatos tendrían como objetivo la justificación de su propia conducta u ocultación de un delito.
- Síndrome de Munchausen por poderes: en el que el individuo inventa o induce síntomas; tanto a sí mismo como a los demás, obteniendo así un rol de enfermo o incluso llegando a provocar enfermedades reales en otros.
- Personalidad límite: relaciones personales inestables, inestabilidad del yo, impulsividad y con presencia crónica de sensación de vacío. Suelen utilizar la mentira para aumentar su autoestima e idealización.
- Personalidad narcisista: personas caracterizadas por ideas de grandeza, necesidad constante de admiración, falta de autoestima y déficit empático. Las fantasías tienen como base éxito ilimitado, amor idealizado, brillantez o belleza irreal.
Por tanto, ni alguien que dice muchas mentiras padece un trastorno ni tiene por qué tratarse de una persona mentirosa compulsiva. Todos hemos empleado la mentira en alguna ocasión, con el objetivo de obtener un beneficio. Sin embargo, los mentirosos compulsivos no pueden evitar hacer de la mentira su modo de interacción con la realidad, sin ninguna expectativa de beneficio personal o ganancia asociada, como ocurriría con la simple mentira.
En la mayoría de estos casos, estas personas no solicitan voluntariamente apoyo psicológico; o si lo hacen, es por otros motivos.
REFERENCIAS
- Casas, R. y Zamarro, M. (1990). La mitomanía en la clínica actual. A propósito de un caso clínico. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. 10 (34), 345-353.
- Oliveros, S. (2017). Mitomanía o pseudología fantástica, la vida en un mundo paralelo. Recuperado de: https://www.grupodoctoroliveros.com/mitomania-o-pseudologia-fantastica-la-vida-en-un-mundo-paralelo.
- Dithrich, C. W. (1991). Pseudologia fantastica, dissociation, and potential space, in child treatment. International journal of psycho-analysis, 72, 657-667.
- Dike, C.C, Baranoski, M. y Griffith, E.E. (2005). Pathological lying revised. Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online. 33(3), 342-349.
Artículo escrito por Alejandra Toth
Causas físicas frente a causas orgánicas de las disfunciones sexuales
¿Conoces la respuesta sexual humana?
Las fases que puede tener son:
- deseo
- excitación
- meseta
- orgasmo
- resolución
Hay algo que no va bien…
Disfunciones sexuales: alteraciones en alguna de las fases del ciclo de la respuesta sexual o dolor asociado a la relación sexual.
Seguro que esto que me pasa lo soluciona el médico…
Al contrario de los que la gente cree las causas orgánicas son excepcionales
¿El psicólogo tiene algo que hacer en esto?
Los factores psicológicos son los más frecuentes por ello los sexólogos son los que trabajan las disfunciones a través de la terapia sexual.
Los agrupamos en tres factores psicológicos:
- Predisponentes
- Precipitantes
- Mantenedores
Factores Predisponentes
Hace a la persona vulnerable para padecer una futura disfunción:
Educación moral y religiosa restrictiva con valoraciones negativas hacia la sexualidad, como algo dañino, peligroso o sucio. Así la persona suele inhibir su respuesta sexual, ignorarla, o sentirse culpable por experimentarla.
Inadecuada información y educación sexual: la búsqueda de conocimientos se hace en fuentes de información poco fiables o adecuadas (por ej. la pornografía), generando una información sexual inadecuada, origen de miedos y problemas.
Creencias sexuales erróneas o disfuncionales: dicha inadecuada educación sexual puede desembocar en mitos y creencias negativas e irracionales respecto al sexo y la sexualidad.
Modelos paternos inadecuados: relaciones entre los padres conflictivas y deterioradas.
Experiencias sexuales traumáticas en la infancia (abusos sexuales): repercuten muy negativamente en la sexualidad. Pueden desarrollar un temor intenso a situaciones relacionadas con el sexo o situaciones de intimidad debido al daño producido, físico o emocional. Cuando la experiencia se cursa con placer son comunes sentimientos de culpa y/o vergüenza, rechazo y evitación a la respuesta sexual.
Inseguridad temprana en el rol psicosexual: el sentimiento de inseguridad ante las primeras experiencias sexuales, miedo a parecer inexpertos, etc.
Primeras experiencias sexuales inadecuadas o problemáticas: una experiencia desagradable puede llevar a que se vivan futuras situaciones sexuales con miedo y ansiedad.
Rasgos de personalidad
Estilo de apego inseguro o evitativo
Factores Precipitantes
Factores que pueden desencadenar la aparición de una disfunción. La suma de factores predisponentes puede agudizar la disfunción:
Disfunción sexual previa propia o de la pareja. Muchas veces si la pareja presenta una disfunción sexual, puede desencadenar en el otro miembro la aparición de dificultades sexuales.
Por ejemplo: en la eyaculación precoz la pareja puede desarrollar problemas para excitarse o alcanzar el orgasmo; o en los casos de vaginismo, es frecuente que el compañero desarrolle disfunción eréctil tras varios intentos fracasados de coito.
Problemas generales de pareja: también se puede deteriorar el área sexual.
Expectativas no realistas sobre el sexo
Reacción emocional ante fallos esporádicos debido a ingesta excesiva de alcohol, drogas o una situación estresante.
Ansiedad de ejecución o de rendimiento: vivir los encuentros sexuales con gran ansiedad y tensión por la preocupación de “hacerlo bien”.
Rol de espectador: autoobservación y autoevaluación del propio funcionamiento sexual. La persona se observa con atención y evalúa su comportamiento sexual. Vigilan sus reacciones (sus sensaciones, sus movimientos o posturas, su aspecto físico...) con lo que ser juez y espectador de sus resultados perjudica el desarrollo de la respuesta sexual.
Altos niveles de exigencia y autocrítica
Sentimientos de vergüenza o ridículo
Experiencias sexuales traumáticas (agresiones sexuales o una violación): suelen desencadenar en el inicio de una disfunción sexual. Situaciones como éstas pueden conducir a intensas reacciones emocionales negativas como pánico, ansiedad, asco, etc.
Reacción psicológica a causas orgánicas: a veces hay causas orgánicas que generan alguna disfunción sexual que puede provocar a su vez reacciones emocionales, por lo que tras resolver la causa orgánica, muchas veces se hace necesario atajar posteriormente esas reacciones mediante terapia sexual ya que, aunque la causa orgánica ya no esté, se han desarrollado causas psicológicas.
Episodios de estrés excesivo, cansancio y fatiga: el sexo acaba por ocupar el último lugar en la lista de prioridades. Las relaciones sexuales en vez de ser vividas como algo placentero se experimentan como una obligación que es necesario atender a costa de momentos de descaso y sueño. El estado de agotamiento dificulta la aparición de la excitación y el deseo sexual.
Trastornos mentales como depresión, alcoholismo, anorexia nerviosa o ansiedad deterioran el funcionamiento sexual.
Miedo a ser rechazado
Déficit de habilidades: cómo proporcionar placer o demostrar afecto a la pareja y optimizar el propio placer. Se presenta un repertorio de conductas limitado.
Miedo al compromiso y a la intimidad
Reacciones psicológicas ante ciertas experiencias: el nacimiento de un hijo, la búsqueda de un embarazo, un aborto, la infertilidad y los tratamientos dirigidos a lograr la concepción, el divorcio o la separación, una infidelidad, problemas laborales, sociales, problemas económicos o familiares, etc. Todas estas situaciones pueden causar altos niveles de estrés y ansiedad.
Hostilidad inconsciente a los hombres/las mujeres como género
Homosexualidad no reconocida o latente que produce un rechazo a las relaciones heterosexuales
Factores Mantenedores
Estos factores contribuyen a que la disfunción sexual se instaure como respuesta automática ante el estímulo sexual. La forma de responder ante una disfunción sexual puede hacer que la misma se agudice o empeore y que perdure en el tiempo:
Ansiedad de ejecución o de rendimiento sexual: esta ansiedad lleva a que la persona adopte una actitud de espectador de sí mismo/a durante la relación, evaluando el rendimiento (si está excitado/a o no, etc) lo que impide y bloquea la respuesta fisiológica, conduciendo a un desenlace insatisfactorio.
Temor al fracaso
Anticipación del fracaso: cuando se ha sufrido situaciones previas de problemas sexuales, agravan y mantienen la disfunción al generar un estado de ansiedad y temor por las expectativas de insatisfacción y malestar que aparecen ante la idea de mantener relaciones sexuales.
Obligación de resultados: establecer metas (tener erección, llegar al orgasmo, realizar el coito...) diferenciando el éxito o fracaso. La atención se desvía hacia cuestiones no eróticas perdiendo la clave erótica.
Ausencia o pérdida de clave erótica (clave racional):
- Clave erótica: situación en la que los estímulos de los que la persona es consciente adquieren una interpretación sexual.
- Clave racional o no sexual. A pesar de encontrarse en un estado de excitación, aparece un estímulo que no es clasificado en positivo (molesto, amenazante, doloroso, etc). Deserotizan las situaciones y las clasifican como no sexuales.
Rol de espectador
Altruismo excesivo: la preocupación por satisfacer sexualmente a la pareja lleva a estar más pendientes del disfrute del otro que del suyo propio, generando dificultades para la excitación o la consecución del orgasmo.
No abandono a las sensaciones y al placer
Sentimientos de culpa: por no tener deseo o por no excitarse, puede esforzarse por tener relaciones sexuales con su pareja. A veces son las quejas de la pareja hacia lo que considera un funcionamiento sexual anormal, favoreciendo la culpabilidad por no poder darle al otro/a lo que desea o necesita.
Falta de atracción entre los miembros de la pareja
Problemas en la relación de pareja
Miedo a la intimidad y al compromiso
Deterioro de la autoimagen (complejos físicos y otros problemas de autoestima)
Relaciones sexuales clásicas y pobres: juego erótico empobrecido y estimulación inadecuada, centrándose la relación casi exclusivamente en el coito. Resultado: desgana y apatía.
Limitantes ambientales: como la falta de privacidad, el tiempo, incompatibilidad horaria, etc.
Profecías autocumplidas: atribución errónea del problema y confusión respecto a lo que sucede.
Artículo escrito por Ane Larrañaga
Los seres humanos se desarrollan tanto cognitiva como emocionalmente a través del tiempo, influidos continuamente por el contexto en el cual se encuentren a medida que van atravesando las diferentes fases del ciclo vital. Es en la etapa de adultez emergente (fase de transición que se inicia a los 18 años y termina a los 25) donde se empieza a tener toma de decisiones independiente, se obtiene independencia económica de los padres, aceptación de la responsabilidad personal, búsqueda de pareja estable y cambios emocionales y psicológicos. Otros dos de los fenómenos más importantes durante esta edad es el trabajo y el amor, en cuanto a que la madurez se concentra en la capacidad de amar y de trabajar.
De aquí que, en la búsqueda de una pareja estable, lo que le concierne al adulto emergente es establecer una relación duradera, con la cual pueda compartir pasión, intimidad y compromiso, dando lugar a la formación de vínculos afectivos y emocionales.
La elección de pareja en la antigüedad
La elección de pareja desde hace muchos años ha sido un tema de controversia pues en ella influyen muchos fenómenos sociales y psicológicos, desde “la premodernidad la mayoría de los matrimonios se realizaban por contrato, más no sobre la base de la atracción sexual mutua, si no por circunstancias económicas”.
En cuanto a esto, se ha escrito que “durante el siglo XII la iglesia desarrolló un derecho matrimonial, en el cual determinaba quien podía casarse con quien, lo definía como indisoluble, y establecía lo que constituía un matrimonio”; explica al respecto que en la antigüedad la unión entre hombres y mujeres se daba por un negocio, para beneficiar los intereses de los padres de la pareja que se casaba. Esto no cambio hasta el siglo XIX que las personas comenzaron a elegir por sí solas sus parejas y de acuerdo a sus intereses propios. Pero a pesar de esto, el cómo y el por qué surge la elección de la pareja sigue siendo un motivo de estudio de la ciencia contemporánea.
¿Qué aspectos influyen en la elección de pareja?
Existen distintas teorías sobre la elección de pareja: una de estas es la teoría sobre el principio de semejanzas, en donde las personas se sienten atraídas por los que tienen aspectos semejantes. Otra teoría es la de la complementariedad en donde las personas buscan personas diferentes, que satisfagan sus necesidades, especialmente en la parte personal. La atracción física se refiere a las características externas que las personas tienen y que subjetivamente se califican entre buenas y malas. En relación a lo anterior, Darwin propuso que la belleza física es un componente biológico muy importante en el momento de la elección de pareja.
Además de estos aspectos, otro factor importante a la hora de elegir una pareja es la edad: “según la teoría de la semejanza, una similitud en la que concuerdan la mayoría de las teorías clínicas es que las parejas tienen el mismo nivel de madurez a pesar de las diferencias superficiales”.
Otra característica o variable que podría influenciar a este respecto es la personalidad, la cual pude definirse como las causas internas que subyacen al comportamiento individual y a la experiencia de la persona. Esta se manifiesta por medio de la cultura y la apariencia, y ambas proporcionan los signos externos a partir de los cuales se pueden derivar los elementos internos de la personalidad. En la interpretación de la conducta de los demás influye en forma especial el respeto y confianza que se siente hacia ellos, y aunque la gente muestra diferencias en las clases de vínculos sociales que forma, es más probable que se generen relaciones en cuanto a la búsqueda de personalidades parecidas. También se tiene a la ética y los valores como un aspecto importante al momento de elegir compañero de vida.
El nivel socioeconómico es otro de los rasgos que podría influir a la hora de elegir una pareja, el cual se refiere tanto a “la renta y la riqueza material como en termino de los bienes y servicios a que este da acceso, viendo a este capital como una parte importante de la relación que une el entorno familiar a las diferentes posiciones socioeconómicas”.
Al igual que la educación y la cultura a través de la historia determinan normas, creencias y valores, de lo que es el hombre, la mujer y la relación especial entre ambos, generando así las expectativas de lo que debe ser la relación de pareja, y las formas de interacción de los sexos pero esto no es lo único; en una misma cultura pueden haber distintos grupos, presentando particularidades dependiendo de la zona de residencia, oportunidades educativas, las clases sociales, oportunidades laborales, de diversión y de asociación y de otros aspectos que podrían influir en el estilo de vida.
Además, en una cultura los roles sexuales tienen su propio significado: los dos géneros juegan un papel diferente dependiendo de las comunidades y de los grupos a los cuales pertenecen. Estas diferencias de género son notables a la hora de elegir una pareja, ya que “desde la adolescencia las diferencias conductuales y psicológicas entre hombres y mujeres se empiezan a pronunciar, ya que aparecen las presiones de socialización para cumplir los papeles de género prescritos por la cultura".
En concordancia con lo anterior se menciona que tanto “los hombres como las mujeres perciben de manera diferente las relaciones, ya que los hombres están más interesados por la relación corporal y por la atracción física"; esto en correlación con que para “los hombres la raíz principal para iniciar un noviazgo es el interés físico, la amistad, la diversión y el gusto por la aventura”.
En cuanto a las mujeres, estas se inclinan a las características socioeconómicas, intelectuales, expresivas, a la preocupación por el bienestar de otros y a las relaciones interpersonales afectivas, en concordancia con que la raíz principal de una relación para las mujeres es la atracción, después de la amistad, tener alguien con quien conversar, compartir, admirar, querer y no sentirse solas, además de que tengan intereses en común.
Cabe señalar que las diferencias de género tienen mucho que ver con las diferencias de clases sociales, ya que tradicionalmente la mayoría de las mujeres han sido dependientes económicamente de sus esposos por lo que su posicionamiento de clase está determinado por la situación social de estos. Dicho argumento es cuestionado en nuestros tiempos dado que en primer lugar cada vez más encontramos a mujeres proveyendo económicamente a su hogar.
En conclusión, tanto la religión, la cultura, el género, el físico, la personalidad, el nivel socioeconómico, la educación, la ética y los valores intervienen para que cada persona tenga un estilo de vida e intereses propios; en vista de esto muchos autores han debatido que para determinar la clase social de un individuo no solamente hay que prestar atención a variables económicas o de empleabilidad sino también en factores culturales como lo son el estilo de vida. Identidades individuales son estructuradas de tal manera que afecta a nuestros estilos de vida como lo son la forma de vestir, de comer, cuidado del cuerpo, entre otros.
La cultura machista hace que la manera en cómo se elige pareja o se generan vínculos afectivos no sean los adecuados, debido a la cosificación de la mujer como objeto de satisfacción de deseos, aunque también se está dando de manera inversa. Lo anteriormente mencionado podría dar como resultado embarazos no deseados, rupturas de relaciones afectivas, conductas de riesgo (alcohol, promiscuidad, drogas) así como mala gestión de las emociones.
Por tanto, las condiciones o habilidades personales de los adultos emergentes deben ser tanto reforzadas como potenciadas para minimizar los factores de riesgo y aumentar los factores protectores que van a permitir elegir de manera adecuada y consciente a la pareja, permitiendo un desarrollo mutuo dentro de la relación amorosa. En definitiva, la elección de pareja puede ser un proceso complejo en el cual la gente considera factores personales, psicológicos, sociales y emocionales.
Artículo escrito por Santiago Guasaquillo.
Cuando preguntamos a las personas por qué les apetece comer, la mayoría responden que comen porque tienen hambre, pero al pedirles que describan la sensación de hambre no saben como hacerlo. Una de las causas por las que esto ocurre es porque existen diferentes clases de hambre; todos estos tipos son experiencias que suceden en forma de emociones, sensaciones y pensamientos. Hay diferentes razones por las cuales podemos sentir hambre: puede ser que la última ingesta la hayamos realizado hace 8 horas o puede que nos sintamos cansados, ansiosos o solos. Algunas de nuestras experiencias no están relacionadas con el hambre de comida, pero cuando las sentimos tratamos erróneamente de apaciguarlas comiendo.
El hambre más básica y la primera que a todos se nos viene a la cabeza es el hambre fisiológica, que aparece cuando las reservas de energía de nuestro cuerpo están bajas. Todo sería muy sencillo si este fuese el único tipo de hambre, pero… hay más, mucho más. Tenemos hambre visual, hambre de tacto, hambre auditiva, hambre olfativa, hambre bucal, hambre estomacal, hambre mental y hambre del corazón.
Es el tipo de hambre que aparece cuando vemos alguna comida apetitosa. Independientemente de que tu estómago se encuentre saciado, si se activa este tipo de hambre, sentirás el impulso de dar un bocado a aquello que la activó.
Algunos ejemplos de hambre visual los podemos experimentar cuando, tras una copiosa comida estamos llenos, pero falta el postre y… ¡siempre hay un hueco para el postre! O cuando al ver un anuncio de una jugosa hamburguesa se nos antoja ir a cenar a una hamburguesería.
Hambre de tacto
El hambre de tacto se refiere al hecho de sentir más satisfacción al comer si lo hacemos con las manos en lugar de utilizar cubiertos. En nuestra cultura esto nos puede parecer antihigiénico pero los árabes, indios y africanos comen con las manos y según ellos utilizar cubiertos es como atacar la comida con un arma. Al comer de esta manera nos conectamos más con lo que estamos comiendo, haciéndolo de manera más consciente.
Hambre auditiva
Es aquella que se produce por el sonido de los alimentos. Solemos preferir aquellos alimentos que crujen, lo cual se debe a que si esto sucede implica que es fresco como ocurre con las zanahorias, manzanas o la lechuga. Esto no es nada novedoso; de hecho, los publicistas llevan años beneficiándose de este tipo de hambre: un ejemplo de ello lo podemos ver en los anuncios de patatas Lays cuando afirman que sus patatas producen el crujido más intenso o en los del helado Magnum, que destacan por el sonido del crujir del chocolate al dar el primer mordisco.
Hambre olfativa
Esta hambre se despierta ante un olor agradable, como por ejemplo el que desprende el pan recién hecho o la salsa de tomate para la pasta. El olor de los alimentos tiene la capacidad de crearnos sensación de hambre incluso cuando no la tenemos.
La lengua solo puede diferenciar cinco sabores: dulce, salado, amargo, agrio y umami (sabroso) y es el olor de la comida lo que nos permite disfrutar del amplio abanico de sabores que tenemos a nuestro alcance, por ello no es casualidad que cuando estamos enfermos y no podemos oler, la comida nos sepa insípida.
Hambre bucal
El hambre bucal es el deseo de la boca de experimentar placer, pero lo placentero varía de una persona a otra en función de la genética, los hábitos de alimentación de cada familia y de factores culturales. Un ejemplo de esto último puede experimentarse al viajar a otros continentes: los asiáticos consideran que comer cangrejos y langostas es asqueroso, mientras que para ellos los insectos fritos son un perfecto snack.
Hambre estomacal
Esta hambre es aquella que solemos identificar como una sensación de vacío o como retortijones en el estómago. Podemos pensar que este órgano nos avisa de cuando debemos alimentarlo, pero en realidad esto no es así, sino que somos nosotros, con nuestros hábitos alimentarios quienes le hemos enseñado a avisarnos de cuando debemos llenarlo de comida. Por ejemplo, las personas que nunca desayunan no experimentan hambre hasta el mediodía, mientras que quienes si que lo hacen se levantan con apetito, pero basta con dejar de desayunar durante 4 días para que esa sensación de vacío en el estómago a primera hora de la mañana desaparezca.
Hambre mental
El hambre mental está basada en pensamientos: “me merezco un helado”, “debería de hacer 6 comidas al día” o “tengo que beber 2 litros de agua diarios”.
Esta hambre está condicionada por lo que leemos y escuchamos sobre la alimentación. Por ejemplo, hace años se pensaba que comer más de dos huevos al día era malo para la salud porque aumentaba el colesterol, por lo que las personas se preocupaban mucho de no sobrepasar su ingesta de huevos. Actualmente se han publicado diversos estudios que evidencian que esto es falso y que el colesterol elevado no tiene nada que ver con la cantidad de huevos consumidos. La idea de que debemos comer según lo que se publique en los últimos estudios científicos nos ha llevado a seguir diferentes dietas de moda, la mayoría de las cuales no suelen tener ningún sentido, como la dieta de la piña o la idea de no comer hidratos de carbono a partir de las 6 de la tarde. Todo esto nos lleva a comer con ansiedad porque nos distrae de las señales que nos manda nuestro cuerpo, en quien realmente deberíamos confiar.
Hambre del corazón
Cuando sentimos esta hambre lo que intentamos llenar no es un agujero en el estómago, sino en el corazón. Comemos cuando tenemos un desengaño amoroso, cuando fallece un ser querido… en definitiva, cuando nos sentimos solos. De esta manera intentamos cuidar de nosotros mismos sin ser conscientes que la comida no llenará el vacío o el dolor que sentimos, porque ese vacío solo se llena con la interconexión que sentimos con los demás.
¿Cómo podemos satisfacer el hambre del corazón? Algunas ideas pueden ser hablar con un amigo, dar un paseo bajo el sol, escuchar música, dibujar… cualquier cosa que te satisfaga y te haga sentir en conexión con los demás y contigo mismo.
Artículo escrito por María Sacristán.
Los psicólogos llevan décadas estudiando y abordando los distintos desórdenes mentales para lograr su cura. Como padres, poco nos hemos parado a pensar sobre dónde se originan y qué podemos hacer para prevenir este devastador efecto en nuestros niños.
Los padres nos esforzamos en invertir incansables cantidades de dinero en una buena vida para nuestros hijos; traducido esto en disponer de los mejores colegios, los mejores médicos, mejores juguetes, mejores comidas, etc. No estamos entrenados para llevar a cabo la tarea que nos toca y el arte de educar queda suspendido en el aire, o a lo sumo, amparado en alguna lectura que otra sobre el tema. Pero ¿dónde está la clave para construir niños felices? El niño se debería construir desde dentro hacia fuera.
Hoy en día se oye cada vez más hablar sobre la autoestima. La autoestima es lo que sentimos cada uno por nosotros mismos. En qué medida nos gustamos. Cuando un niño la tiene dañada hará lo imposible para buscarla fuera y tratar de impresionar a los demás. Y el niño con alta autoestima no necesitará hacerlo, y tendrá más posibilidades de éxito. Como padres, debemos ayudarles a que crean en ellos mismos. ¿Cómo? Empezando nosotros por confiar en ellos. Hay dos conceptos básicos que todo niño necesita:
- sentirse digno de que le amen
- sentirse valioso.
Según el estudio de Stanley Coopersmith, este factor de la autoestima no depende del status económico de la familia, ni de la educación, ni del país de residencia, ni del status social, ni de la profesión del padre o de si la madre está o no en casa, etc. Depende, en cambio, de la calidad de las relaciones del niño con aquellos que están al cuidado suyo. La mirada que de ellos reciba, se convertirá en su propia mirada el día de mañana.
Hace poco me contaron la historia de Dylan: Dylan era un niño que desde pequeño fue muy rechazado. Era muy movido. No paraba de hablar. Nadie quería quedarse con él. Incluso sus abuelos lo evitaban, cuando podían. Sus padres se separaron cuando él tenía apenas 2 años. Buscaba la manera de llamar la atención de la gente: hablando, o incordiando a los demás. Su profesora, cuando él tenía 4 años, llamó a la madre para advertirle que no podía con él. Académicamente era muy bueno, consiguiendo muy buenos resultados siempre. La profesora llegó a decirle a su madre que como no le llevara al orientador del colegio, Dylan llegaría a ser un psicópata, porque no veía en él ningún grado de empatía, y siempre estaba molestando. La madre, alarmada, fue convencida por la profesora, y así lo hicieron. Un día antes de la cita con el orientador, Raquel llamó a la profesora para cancelarla. Sabía que si llevaba al orientador a su hijo, acabaría como muchos otros niños hoy en día; medicado, y profundamente marcado por el TDH.
Y así fue pasando el tiempo, hasta que con 9 años Dylan empezó a decir que no quería ir al cole. La madre comenzó a escuchar esta petición de ayuda que el niño estaba lanzando, pensando en otras alternativas: llevarle a un sitio nuevo, donde nadie supiera de él, donde la mirada de la gente fuera nueva y limpia, libre de cualquier comentario o juicio que enturbiara, aún más, su ya deteriorada imagen.
Para ello tuvo que cambiar de trabajo, de ciudad, de casa. Puso patas arriba su vida pero se negaba a aceptar el diagnóstico que se le había impuesto: “¿¿un psicópata??” Buscó pedagogías alternativas en internet y descubrió una donde hablaban de la tolerancia a la diferencia, la mirada sin juicio, el trabajo personal con las emociones y, sobre todo, lo que más le llamó la atención fue que al entrar cada mañana a clase, la profesora iba a mirar a su hijo a los ojos y le iba a decir con cariño y una sonrisa: “buenos días Dylan”. La madre de Dylan sumó todas las mañanas que hay en un curso escolar y pensó: “si cada día, unos segundos alguien puede mirar a mi hijo con amor, podría ser su salvación”. Había que probar.
Le llevaron tres días de prueba a ver si encajaba en la clase y si la profesora, María se llamaba, veía que podía integrarse bien. El primer día Raquel fue toda nerviosa a recogerle, porque quería hablar con ella. Se temía lo peor. María le dijo: “mire Raquel, no sé qué ha pensado usted hacer, pero yo me lo quedo. Su hijo tiene un corazón de oro”. Mientras escuchaba esto se le iluminaba la cara. La madre no pudo mas que romper a llorar porque nunca nadie antes le había dicho ni siquiera que su hijo tuviera corazón. A su vez, Dylan se acercó al oído de su madre y le dijo: “mamá por favor, déjame aquí”
El primer curso fue de adaptación. Ocurrieron conflictos entre los niños, y Dylan se mostraba muy susceptible y a la defensiva, fruto de su experiencia anterior. Estaba dañado. La profesora hablaba mucho mucho al corazón de Dylan, y Dylan lloraba, de todo el dolor que llevaba arrastrado mientras ella le abrazaba. Eso se repitió a menudo durante el primer año. Los compañeros le arroparon también, porque habían sido educados en la tolerancia, el respeto, la empatía y el amor. Después de ese proceso terapéutico para él, Dylan pasó a ser otro niño: querido, buscado, incluso siempre votado para ser el delegado. Y empezó a crecer integrando en él una mirada diferente a la que ya conocía. Ganó en confianza y empezó a gustarse.
Iba siendo adolescente, y todos los amigos le pedían consejo para todo, porque él tenía un sentido de la justicia y lealtad impresionante; y porque como bien dijo su profesora, tenía un gran corazón… y eso fue lo que desarrolló Dylan esos años, su corazón. Gracias a que María lo supo ver primero. Ya de mayor, decidió estudiar psicología para ayudar y acompañar a otros en su proceso personal. Y encontró su camino sirviendo a los demás y extendiendo ese amor que le fue dado.
¿Por qué no se receta más amor? ¿Será que es gratis?
Artículo escrito por Lidia Serrano.
Blaise Pascal
El corazón tiene sus razones, que la razón no comprende
Comparación entre hemisferios y principales características.
El cerebro humano, que es sorprendentemente plástico, tiene su mayor virtud en la capacidad de aprender. Está formado por dos hemisferios que se relacionan con áreas muy diversas de actividad y funcionan de modo diferente pero complementario. Están separados físicamente, son relativamente independientes el uno del otro y están unidos por un pequeño conjunto de fibras nerviosas, que funcionan como conector, llamadas cuerpo calloso.
- Por un lado tenemos el hemisferio cerebral izquierdo que controla el lado derecho del cuerpo. Lo utilizamos para pensar, tiene relación con el tiempo, se centra en el pensamiento que nos permite analizar lo que sucede, controla el lenguaje, las matemáticas, el pensamiento lógico, la sensibilidad y la escritura.
- En este se encuentra el centro del habla: Es la parte motriz capaz de reconocer grupos de letras formando palabras y grupos de palabras formando frases tanto en lo que se refiere al habla, a la escritura, numeración, matemáticas y lógica, como también a las facultades necesarias para transformar un conjunto de informaciones en palabras, gestos y pensamientos.
- Por otro lado, el hemisferio cerebral derecho controla la parte izquierda del cuerpo. Tiene funciones intuitivas, nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, es el pensamiento creativo, la fantasía, el talento musical y todas las actividades artísticas que podamos desarrollar.
- Se especializa en la percepción visual y espacial más que en palabras y conceptos. Su manera de encarar el mundo no es lineal, ni ordenada ni secuencial. Observa la realidad de un modo global, es decir, no se detiene en las partes que componen un todo sino que en lo que ellas conforman en conjunto. El lado derecho del cerebro está más ligado a la intuición y a los sentimientos.
No hay uno más importante que el otro, son como las alas de un pájaro: somos la unión de los dos. Pero tienen funciones discretamente diferentes; ambos hemisferios operan paralelamente para procesar e interactuar con la información y la realidad que nos rodea.
Sin embargo, en muchas ocasiones en nuestra sociedad se maximiza la importancia del lado izquierdo: que es el lado analítico, estratégico, científico, racional, lógico y verbal, menospreciando las características y funciones del derecho: que es el intuitivo, el filosófico, el creativo, donde reposan los sueños, el que actúa de forma más global y cuando hay que tomar decisiones arriesgadas.
Nos han enseñado a pensar, a estudiar, a trabajar desde el hemisferio izquierdo pero la clave del éxito está en el derecho....... ¿por qué?
Porque nos conecta con nosotros mismos y con los demás a través de las emociones, nos permite tomar conciencia de ellas y evitar caer en el secuestro emocional, en esos momentos en que no somos capaces de reconocernos. Cuando se manifiestan emociones que no son las que esperamos ni las que queremos pero aparecen de forma automática; cuando tomamos conciencia de ello nos arrepentimos y preguntamos cómo y de dónde ha salido eso...
Es por ello que en este mundo que nos toca vivir predomina la preocupación por el pasado y por el futuro fomentando la ansiedad y la centralización en el problema, dificultando proyectarnos hacia el éxito. Dificultando igualmente el desarrollo interno de la creatividad y en muchos casos nuestra comunicación con el mundo exterior, la capacidad de tomar decisiones novedosas o de vivir experiencias significativas y placenteras en el aquí y ahora.
Si queremos hacer las cosas de manera diferente, hemos de aprender a trabajar con nuestro hemisferio derecho. Para ello hay que estimularlo cada día, generando así nuevos circuitos neuronales que se convertirán en hábitos poderosos y que nos acercarán a la mejor versión de nosotros mismos.
A continuación vamos a proponer algunas formas de estimular el hemisferio derecho:
- Pensar los problemas en dibujos: cambia, utiliza el pensamiento proyectivo y no el inductivo. Dibujando somos capaces de ver los problemas desde otro lado.
- Cuidarnos: hacer deporte, utiliza la actividad física para estimular el cerebro, reducir el cortisol (la hormona del estres) para generar endorfinas, dopamina y diversas hormonas relacionadas con el bienestar y la felicidad.
- Meditar: De la forma que sea, nos ayuda a conectar con nosotros mismos, con el yo interior. Nos ayuda a avanzar, a conocer nuestra esencia.
- Poner el foco en lo importante de la vida: saber quién eres, donde estás y a donde vas.
- Bajo el agua: Uno de los pocos sitios donde no es posible llevar el móvil es en la ducha, momento que se puede aprovechar para desarrollar la creatividad, las mejores ideas. Menos conexión con la tecnología y más con nosotros mismos, amigos y familia.
- Aprender a crear: La creatividad tiene que ver con generar hábitos, con hacer cosas diferentes todos los días. La creatividad se aprende y se puede desarrollar, de nosotros depende.
- Olvidarse de los precedentes: El pasado no se puede cambiar, pero sí cada minuto de ahora en adelante y hasta el final de nuestros días. El pasado fue útil, pero el futuro puede ser excelente. Siempre hay opciones, hay que buscarlas.
- Sueña despierto: El sueño es inherente al ser humano, perseguirlos es lo que nos llevará a conseguirlos. A que de nosotros dependa nuestro futuro; soñar nos hace más poderosos, hay que recuperar los sueños que teníamos cuando éramos niños, cuando predominaba nuestro hemisferio derecho.
Artículo escrito por Julián Marcelo Caruso Selgas.
Observemos la siguiente escena:
Marta: “Otra vez Lunes y la oficina llena de papeles por resolver, ni con dos tazas de café acabaré esto antes de la hora de comer, y para colmo mi jefe me ha dado unos archivos que le urgen mucho, el teléfono no para de sonar y no voy a poder llegar a todo. De pronto se me cae la taza de café en la falda, acabo impregnado de ese fuerte olor y ese color de suciedad. En la reunión de las 12:00 confundo los papeles que debo leer frente a mis compañeros, estos se ríen y lo pasó fatal, cuando llegan las 14:00 y voy para casa mientras pienso que he tenido un día horrible y que no puede irme peor, me atiborro a comida mientras me lamento de mi situación”.
Sofía: “Es Lunes genial, cuando salga del trabajo tengo sesión de yoga, además con ese monitor nuevo voy a mejorar mi concentración. Esa que me ayuda para concentrarme más en mi trabajo, por lo que aligero mejor mí tiempo y aprendo a gestionar tanto las llamadas como los papeles que tengo que resolver. Al igual que a Marta, también se le cae el café en la falda, (se ríe), lo veo bien porque justo me había comprado una falda nueva antes de entrar a trabajar. Al entrar en la reunión de las 12:00 todos la miran y le alaban el gusto que tiene con la ropa, además hace una exposición clara frente a sus compañeros. Al llegar las 14:00 me voy a casa, me cambio de ropa y sonrío porque me toca la clase de yoga que estaba esperando toda la mañana”.
Tras este pequeño ejemplo, podemos ver que a Sofía le va mejor que a Marta y es porque practica el optimismo.
¿Qué es eso del optimismo?
Se trata de tener la capacidad de ver el lado positivo de lo que nos sucede a diario. Una manera de pensar buscando el lado bueno de las cosas.
¿Cómo consiguió Sofía ser optimista?
Ella tiene habilidades para saber mirar el lado bueno de las cosas; sabe darle la vuelta a las situaciones para buscar las ventajas que le ofrecen a pesar de no ser muy apetitosa, disfruta con esa actitud. Claro que todo esto a Sofía le supone que para ser optimista tiene que hacer un gran esfuerzo y mostrar mucha voluntad en querer ver el lado positivo de la situación. A medida que lo fue practicando más lo automatizaba, por lo que ahora le sale de forma espontánea. Lo que no quita que en momentos más complicados tenga que dedicar mayor esfuerzo y mayor voluntad para sacar su optimismo a pasear.
¿Cómo puede ser Marta optimista?
Para que Marta empiece a ser optimista tiene que empezar a cambiar su forma de verse, tiene que empezar a quererse más a sí misma. Por tanto dejar de ser su propia enemiga, dejar de lado sus frustraciones y límites que ella misma se pone. Aprender a valorarse de forma positiva, queriendo sus virtudes pero también sus defectos. Aprendiendo a ver de los demás que si ellos pueden, ella también. Potenciar sus virtudes, y reírse más de todo.
Marta tiene que ver que ella es capaz de tomar las decisiones adecuadas por sí misma, sin que nadie más que ella les dé el visto bueno. Dejar atrás lo que opinen los demás sobre sus decisiones, acciones o movimientos. Sus actos los tiene que consentir ella, nada de dejarse influir por lo que digan los amigos, o su entorno cercano. Ella tiene capacidad de tomar una buena decisión por sí sola.
Además Marta tiene que aprender a decir que no. En ocasiones se encuentra en situaciones en las que no sabe dar una negativa, y se ve colapsada de trabajo —o atendiendo peticiones que no le apetecen nada— pero como no sabe decir no, y pretende agradar a los demás se ve realizando actividades que no le apetecen nada. Ella debe aprender a poner sus propios límites y a saber decir a las personas un “no”. Esto la ayudará a controlar las situaciones en las que se venía viendo envuelta y que no le agradaban. Ganará confianza en sí misma y restará posibles miedos que podía tener ante una reacción negativa de la persona que le solicita algo.
Junto a todo esto Marta deberá aprender a gestionar sus fracasos. No pasa nada por equivocarnos, eso significa que debemos mejorar y seguir aprendiendo. Es más, para Marta es fundamental obtener una enseñanza positiva de cada uno de sus fracasos. De este modo obtendrá una lección enriquecedora de cada error sucedido.
Con todo esto Marta es capaz de darse cuenta de que es mejor encontrar el lado positivo de las cosas en vez de, como hacía antes, centrarse en cada momento en el lado negativo de las situaciones. Marta comprende que le va mejor desde que ha cambiado su enfoque: como cuando se le derramó el café en la falda, o cuando se equivocó de papeles en la reunión. Ahora piensa que esa falda estaba ya muy desgastada y que esos papeles los podía mejorar.
Marta comprende que desde que decidió ser optimista le funcionan mejor las cosas; es más ahora entiende en mayor medida sus emociones, comprendiéndolas, asimilándolas y sobre todo controlarlas para estar en buena armonía frente a las mismas.
¿Cuáles son los beneficios de ser optimista?
Ahora, tanto Sofía como Marta, al tener una actitud frente a la vida más optimista, presentan una mejora de su salud, ya que quienes practican el optimismo tienden a enfermar menos y recuperarse antes que quienes se quejan todo el día. Una actitud negativa nos perjudica tanto que llega hasta el punto de afectar a nuestro sistema inmunológico, deteriorándolo, dejando la puerta abierta a posibles enfermedades. En cambio, una persona con una actitud positiva influye en que su sistema inmunológico segregue hormonas de forma más rápida para combatir de manera más inmediata a los anticuerpos sobrevenidos.
Sofía y Marta obtienen igualmente un menor nivel de estrés frente a una persona que es pesimista. Ellas, al ser optimistas, creen en sí mismas: en su valía, en sus logros, en sus cualidades, pero además conocen sus defectos, aprenden de ellos además de ser capaces de ver el lado positivo de las circunstancias.
Sofía y Marta han mejorado sus relaciones por tener una actitud positiva frente a la vida, puesto que una persona optimista presenta mayor calidad en las relaciones con su familia, pareja, amigos y/o compañeros de trabajo, ya que saben relacionarse, aprender de los que les rodean obteniendo lo bueno de cada persona y de cada situación.
En general, Sofía y Marta han experimentado una mejora en su calidad de vida gracias a llevar a cabo este esfuerzo por ver la realidad desde esta perspectiva.
La vida no son solo estos ejemplos sencillos como hemos leído, también nos da reveses importantes; pero si prácticas de forma habitual el optimismo, esos reveses los podrás sobrellevar de mejor manera.
Artículo escrito por Carolina Lozano,
El fenómeno conocido como el Valle Inquietante o, en inglés, the Uncanny Valley, se basa en el efecto psicológico que se genera como consecuencia de la percepción humana sobre el grado de contraste entre el pretender, o aparentar, ser humano y el ser humano de manera auténtica. Profundizando en esto, encontramos que la biología reacciona cuando nuestro cerebro percibe que algo no es natural, y aunque lo racional sería pensar que, a mayor semejanza con la figura humana, mayor identificación y por tanto mayor respuesta emocional positiva (como empatía, aceptación, etc.), este fenómeno demuestra que no siempre es así. La explicación reside en que las diferencias existentes se ven acentuadas en aquellas entidades que se aproximan en apariencia a la humanidad, razón por la cual en la percepción se destacan éstas mismas diferencias que mencionamos por encima de las similitudes, activando así las alarmas del cerebro con el objetivo de protegernos de lo que puede resultar potencialmente una amenaza, mientras que nos centramos en los factores comunes cuando un ente es diferente al ser humano, y este conjunto de puntos coincidentes sí generan empatía.
Este es un concepto relativamente reciente basado en un principio de robótica que fue formulado por primera vez por Masashiro Mori en los años 70, cuando se observó y posteriormente se analizó la respuesta que dieron diferentes personas frente a los esfuerzos por emular la apariencia antropomorfa por parte de los robots androides. Este hecho es cuestionado o negado por muchos desarrolladores de animación en 3D, profesionales y empresas del sector de los videojuegos, y científicos como la prestigiosa Sara Kiesler, de la Universidad Carnegie Mellon (EEUU), que es una de las más reconocidas en el campo de investigación superior de ciencias de la computación y la robótica. Son muchos los ingenieros y psicólogos robóticos que centran actualmente sus esfuerzos en desarrollar a estos androides de manera que no destaquen por sus diferencias, evitando así generar inseguridad en los usuarios. Por otro lado, se está empezando a tener en cuenta el fenómeno en el ya mencionado mundo de los videojuegos, que es uno de los más afectados actualmente por la influencia potencial de este suceso.
El estilo de algunos videojuegos cae directamente en el Valle Inquietante, y el resultado parece en ocasiones reflejarse a posteriori de la mano de espectadores y consumidores, si bien no siempre se identifica con este concepto. Square Enix anunció en 2008 que estaban estudiándolo para evitar su influencia en el desarrollo de Final Fantasy XIII. Wukmir plantea que para un ser vivo lo más relevante es la vida y la supervivencia, mientras que la emoción es el resultado de una medida subjetiva de la probabilidad de supervivencia del organismo en una situación determinada que nos informa sobre el nivel de favorabilidad, por lo que cuanto más positivas sean nuestras emociones, más saludable será nuestro estado. Por otro lado, los errores en las emociones acaban perjudicando al organismo inevitablemente.
Existen diversas teorías que tratan de justificar este hecho, siendo las más prestigiosas aquellas que encuentran su hipótesis explicativa en la disonancia cognitiva, partiendo del hecho de que se generan emociones negativas, y especialmente de rechazo que surgirían como resultado de la diferencia entre lo que parece, o pretende ser, y lo que auténticamente es, focalizando así sobre la falta de humanidad como punto de conflicto. También se han conceptualizado otras explicaciones desde la justificación que aporta una perspectiva adaptativa-evolutiva, que aborda la morbilidad y lo que puede ser considerado perjudicial o una amenaza, haciendo así referencia a la semejanza con enfermos, difuntos, seres deformes o monstruos antropomorfos, por ejemplo. Otra visión podría ser la psicoanalista, partiendo de las teorías de Freud y Lacan principalmente, en las que se destaca el papel del inconsciente reprimido ante la sensación de inseguridad o la precipitación de conflictos internos que podría provocar una entidad impostora, desencadenando la angustia.
Esta curiosidad, en apariencia poco relevante, cobra un nuevo sentido en un mundo tecnológico donde la robótica y las inteligencias artificiales (IAs) tienen un papel cada vez más relevante, en el cual a menudo se busca una figura semejante a la de su creador, lo que debería facilitar un espectro de emociones positivas avalados posiblemente por una adaptación evolutiva en relación al grado de semejanza o familiaridad que podemos encontrar en otros entes. La cuestión clave del Valle reside en que cuanto mayor es el grado de parecido con la figura humana, mayor es el rechazo potencial que éste puede provocar, situando este a través del símil en el cual se compara la brusquedad del cambio descendente en una línea imaginaria que previamente había ido ascendiendo en representación de nuestra respuesta ante una entidad robótica que guarde una elevada semejanza al comportamiento y apariencia humanos.
Una imagen estática generaría un menor sentimiento de rechazo, ya que las acciones de robots o personajes dan lugar a diferencias que el observador puede llegar a considerar como fallos, incrementando así el efecto del Valle Inquietante, aunque se ha demostrado que este puede atenuarse con pequeños gestos que aportan humanidad, como pausas entre acciones o frases, movimientos de corte fortuito, o un buen grado de fiabilidad en la interacción humana. Este inicio en el descenso de los niveles de simpatía se relaciona con unos determinados porcentajes que sitúan la similitud con la apariencia humana entre el 50% y el 70%, y en los cuales se genera una respuesta de repulsión. Cabe destacar la alta variación existente tanto en el grado de aceptación como en la respuesta que puede presentar cada individuo, desde un leve estremecimiento hasta experimentar la emoción del miedo, dependiendo entre otros factores de rasgos de personalidad como empatía o nivel de alerta.
El estudio del Valle Inquietante puede resultar de interés en la actualidad debido a la situación tecnológica en que nos encontramos, si bien aún queda mucho camino para superar los obstáculos mencionados; sin embargo, el campo de la robótica se encuentra en pleno auge, ya que cada vez son más los profesionales formados y la necesidad de expansión en éste ámbito, la evolución de los robots y de las inteligencias artificiales (IAs) así como las posibilidades y mejoras en la caracterización e interacción de los mismos de manera que faciliten la experiencia de los seres humanos en diferentes ámbitos.
Artículo escrito por María Jesús Martínez.

