Si alguna vez has pensado en que estabas pensando, significa que has estado haciendo uso de tu sistema metacognitivo, y con ello, de analizar tus pensamientos y hacer inferencias sobre los de otros. Las estrategias metacognitivas pueden tener mucho que ver con una buena mente lógica: estrategias de aprendizaje, procedimientos, planificación… el pensamiento lógico conlleva una serie de relaciones simbólicas, a veces arbitrarias, a veces derivadas o transformadas, tal como estableció Steven C. Hayes en la Teoría de los Marcos Relacionales.
Estas relaciones simbólicas generan en nosotros una estructura categorizada de pensamiento y a su vez, esta estructura nos ayuda a entender el mundo, a ordenarlo, a prever los acontecimientos… en definitiva, a garantizar un buen procesamiento automático, y con ello, aumentar la eficacia en el funcionamiento cognitivo, empleando los mínimos recursos. Sin embargo, si intentásemos dar un tinte transpersonal existe un lado oscuro de la fuerza; esas mismas relaciones verbales aprendidas ejercen control sobre lo que las personas hacemos, nos condicionan después de llevar a cabo esas construcciones simbólicas: si A entonces B. El hecho de relacionar palabras-objetos-eventos-funciones es el punto clave que revierte del aprendizaje en la comunidad verbal.
El aprendizaje del lenguaje origina que las cosas, las palabras, los acontecimientos con los que nos relacionamos puedan tener funciones que no vienen dadas por sus características físicas ni por una historia directa, sino que proceden de los marcos de relación en los que se incluye la propia historia de la persona. La literalidad del lenguaje nos juzga, nos evalúa, nos compara, nos propone metas inalcanzables, utiliza atajos como “bueno-malo”, “más menos”, “inclusión-exclusión”… e incluso nos anticipa a un futuro inexistente, eliminando prácticamente y de manera inconsciente la incorporación de otros elementos moduladores.
¿Nos cuestionamos entonces aquello que pensamos, o estamos fusionados con nuestros pensamientos?
Es difícil disociar el pensamiento del ser: ¿qué ocurre entonces cuando asumimos que nuestros pensamientos son nuestro ser, sin cuestionarnos esas reglas con las que hemos crecido?
Nuestro subconsciente, nuestra esencia, nuestro ser propiamente dicho (da igual como lo llamemos) lo sabe:
Y reacciona con toda una baraja de emociones, que pueden nuevamente ser sintetizadas a simbolismos verbales construidos por otros y alimentados por otros muchos más —“¿por qué me siento así, si lo tengo todo?” “tengo que ser feliz” “aprovecha cada día”— propiciando la evitación de los aspectos nucleares del ser humano, así como generando una reacción emocional secundaria que ensombrece y convierte en patológica la primaria.
Las manifestaciones son muy diversas, si les quisiéramos dar un nombre: ansiedad, obsesiones, comportamientos compulsivos, depresión… y otros patrones que se transforman en cuadrados viciosos, o pensamientos recurrentes, que al procurar suprimirlos se transforman en obsesivos, propiciando una potente fuente de infelicidad, valiéndose en muchos casos de una vida en forma de piloto automático (uno de los refugios más extendidos de la sociedad actual), adormeciendo al cerebro y a la capacidad de conectar con la experiencia.
Ante esta inminente actividad mental se vuelve necesaria la desliteralización, la debilitación del apego excesivo al contenido, dejando espacio a los contenidos mentales no deseados, sin enredarse en esfuerzos inútiles por eliminarlos, huir de ellos o pretender controlarlos.. ¿Qué dicen esos contenidos sobre nosotros mismos? Para contestar esta pregunta, resulta conveniente dar paso a la aceptación, sin juicios, como una mera información del yo-en el contexto, facilitando que la persona se implique en la experiencia de una manera plena, con actitud de curiosidad, para aprender de ello y abrir un espacio en el que tenga lugar.
Muy probablemente, esos pensamientos, exentos de juicios, nos proporcionarán información valiosa sobre las direcciones que queremos para nuestras vidas, y muy probablemente ocurra que esas direcciones son distintas a las prefijadas, a las aprendidas o a las establecidas por un entorno sociocultural cargado de reglas. Esas direcciones en constante cambio requieren del compromiso con los valores relevantes para la persona, el cómo quiere vivir su vida y qué conlleva eso, decisiones disruptivas en muchos de los casos. Cabe decir que los valores no son objetivos, o consecuencias claras y tangibles, si no que se trata de objetivos abstractos a través de diferentes comportamientos. Los valores cambian, y la persona ha de cambiar con ellos: “El éxito de la unión, reside en el éxito de la evolución conjunta, y para ello ha de existir el potencial necesario para que eso ocurra”.
Es importante señalar que no estamos debatiendo entre razón y emoción, si no que estamos haciendo nuestra propia construcción de lo que significa una vida plena, logrando la coherencia entre lo que somos, las metas valiosas para nuestra vida, lo que sentimos, como todo ello permuta en un contexto en constante cambio y se relaciona de manera adaptativa con nuestros pensamientos.
Adquirir un compromiso con esa sincronía despliega un conjunto de habilidades cargadas de apertura y disposición ante el cambio; adoptando una postura de flujo, ya que la vida resulta ser, en realidad, la única oportunidad de jugar una apasionante baza, donde, en muchas ocasiones hay que perder la torre para ganar la partida… para lograr, la tan ansiada, cuadratura del círculo.
Artículo escrito por María José Pérez Regalado.
¿Qué es?
El síndrome de Prader-Willi no es solo una obsesión por comer, es una enfermedad crónica y compleja que muchos sufren y pocos conocen. Una patología de origen genético que afecta al cromosoma 15, se les atribuye un error genético casual que sucede durante o cerca del momento de la concepción por razones desconocidas. En un porcentaje de casos pequeños (2% o menos) la mutación genética, que no afecta a los padres, es transmitida al niño, y en estas familias más de un hijo puede quedar afectado. Raramente, aunque también existe la posibilidad el SPW puede también adquirirse después del nacimiento, si una porción del hipotálamo del cerebro es dañada a través de una herida o cirugía.
Se estima que 1 individuo entre 12.000 y 15.000 nacidos vivos padecen este síndrome. El SPW afecta a ambos sexos y a todas las razas. Esta enfermedad rara tiene como síntoma más característico la obesidad provocada por la falta de sensación de saciedad que puede conducir a una ingesta excesiva de alimentos, afectando de manera directa a su comportamiento y desarrollo. Además suele causar bajo tono muscular, pequeña estatura, desarrollo sexual incompleto, desórdenes cognitivos y problemas de comportamiento. El desconocimiento general que existe acerca de este síndrome provoca desconcierto y ansiedad entre las familias afectadas.
¿Cuáles son sus síntomas?
Ausencia de movimientos fetales durante el embarazo. Los primeros síntomas aparecen con el nacimiento del bebé, el niño nace con nulo o escaso tono muscular (hipotonía) y bajo peso. Las posibilidades de un diagnóstico temprano son bajas, apenas existe información acerca de esta enfermedad. La sospecha clínica se confirma a través de una prueba genética especializada, solo así se validará el diagnóstico. Alrededor de los 2 o 3 años de edad se evidencia la característica diferenciadora: una obsesión compulsiva por la comida que nunca cesa y que puede provocar la obesidad si no se controla, ya que los supresores del apetito no funcionan. Las personas con SPW tienen dañada el área cerebral correspondiente al hipotálamo, el cual normalmente registra o detecta las sensaciones de hambre o saciedad.
A pesar de que el problema no es entendido en su totalidad, está claro que las personas con síndrome de Prader-Willi nunca se sienten llenas, tienen una continua urgencia por comer y no pueden aprender a controlarse. Para agravar este problema, necesitan menos comida que otras personas, ya que sus cuerpos tienen menos masa muscular y tienden a quemar menos calorías. Este ansia por comer no aparece necesariamente desde el nacimiento; de hecho, los recién nacidos con síndrome de Prader-Willi a menudo no pueden recibir suficiente alimento debido a que su bajo tono muscular les impide succionar. Muchos necesitan técnicas especiales de alimentación —sondas— durante varios meses después de su nacimiento, hasta que el control muscular mejora. Normalmente, antes de la edad escolar, los niños afectados con este síndrome desarrollan un interés en torno a la comida pudiendo llegar al sobrepeso rápidamente si las calorías no se restringen. Desafortunadamente, ningún inhibidor de apetito ha funcionado para todos los que padecen este síndrome.
Los niños con síndrome de Prader-Willi también sufren retrasos en el desarrollo del aprendizaje general (pensamiento y lenguaje), tardan más en andar y en hablar. A pesar de su carácter amigable y de sus cualidades, estos niños tienen problemas de comportamiento que se incrementan con la edad. Tanto ellos como sus familiares tendrán que aprender a convivir con esta enfermedad toda su vida.
Las personas con el síndrome de Prader-Willi son conscientes y les duele saber cómo el síndrome afecta a sus vidas. Ellos se dan cuenta de que son diferentes a los amigos y familiares. La distancia entre ellos y los demás les lleva a pensar que nadie los comprende y que no les importan sus sentimientos, sueños, metas y su lucha con la comida, o cuanto les cuesta atravesar un día cualquiera.
Actualmente las investigaciones que se están llevando a cabo ofrecen la esperanza de encontrar nuevas vías que permitan a las personas con SPW llevar a cabo una vida independiente. Con la ayuda de todos, tendrán una oportunidad.
Aunque el apetito insaciable es el síntoma diferenciador, existen otros. No todos los síntomas tienen que estar presentes, además, el grado de severidad puede variar de unos a otros.
Otros síntomas
- Temperatura corporal inestable
- Sensibilidad al dolor reducida
- Lesiones y autolesiones en la piel
- Déficits cognitivos, en su mayoría debidos al retraso mental
- Problemas de conducta, debidos a una disfunción del sistema neurológico que acompaña al síndrome
El Síndrome de Prader-Willi en el ámbito escolar
Los profesores y el resto de profesionales deberán conocer todas las advertencias médicas oportunas para entender al niño con Prader-Willi y así poder desarrollar al máximo sus capacidades. La sintomatología que presentan habitualmente consiste en: desarrollo motor grueso, apnea del sueño, trastornos respiratorios y circulatorios generalizados, alta resistencia al dolor, disfunciones en la temperatura corporal y rascarse picaduras y heridas entre otras. Además el alumno con Prader-Willi padece retraso en el desarrollo del aprendizaje; esta deficiencia se manifiesta en el lenguaje y en el pensamiento abstracto con metacogniciones débiles, por lo que requiere de una atención especial que puede variar según el grado. A este respecto existen una serie de conductas y respuestas comunes que servirán de referencia a sus educadores, por ello es de especial premura la necesidad de dar un diagnóstico temprano que pueda servir de guía para ofrecer una atención integral al afectado, a pesar de que no exista una prevención médica.
Nuestra sociedad gira en torno a las comidas. Esto hace que la vida familiar de las personas afectadas con SPW esté muy limitada. La obsesión constante en el ámbito familiar o escolar por controlar todo cuanto comen origina un círculo vicioso del que es difícil salir. Los familiares y amigos deberán asumir el reto diario de llevar a cabo este control ayudándoles a seguir una dieta ordenada y baja en calorías. Para ello deberán informar a las personas de su entorno de la necesidad de escucharles con cariño, amabilidad, buen humor, comprensión y respeto. Porque solo así conseguirán entenderles.
Si bien es cierto que las descripciones del niño con SPW giran en torno a dos etapas bien diferenciadas como serían el retraso en el desarrollo y en el lenguaje y las dificultades en la alimentación, no debemos olvidarnos de los problemas de conducta que pocas veces se mencionan en este síndrome. Estas personas son extraordinariamente cabezotas, listas, manipulativas, irritables, de humor variable, protestonas, con tendencia a rabietas y ataques de ira que pueden incluir agresividad hacia ellas mismas y hacia los demás. La mentira y el robo son muy frecuentes (con el único fin de conseguir comida a toda costa) así como las dificultades emocionales e interpersonales.
Si asumimos por tanto que estos comportamientos son crónicos y forman parte del síndrome las estrategias, en cuanto a problemas de conducta se refieren, deben ir dirigidas a la prevención de situaciones que favorezcan tales comportamientos (entornos estructurados, guía de actuación que especifique reglas, horarios y rutinas, etc).
Algunas normas para el ámbito profesional, escolar y familiar
Marque límites claros con la comida
- No utilice la comida como premio o castigo
- Hágalo siempre partícipe de todas las decisiones
- No prometa nada que no pueda o vaya a cumplir
- No ignore su mal comportamiento, trate de intervenir para impedirlo
- Alabe y reconozca siempre sus buenas acciones
- No intente razonar durante rabietas ¡No funciona!
- Escúchele siempre que necesite hablar
- Tráteles con cariño, amabilidad, buen humor, comprensión y respeto
Es importante recordar que cada persona es única. Y que el trato y la enseñanza también lo son.
Un niño con Prader-Willi tiene mucho que enseñarle
Artículo escrito por Lorena Castelo Martínez"
Un impactante artículo publicado por la terapeuta Victoria Proody bajo el lema La silenciosa tragedia que afecta a nuestros hijos hoy día causó un gran impacto; fue leído por más de 20 millones de personas en todo el mundo. En dicho artículo se pone de manifiesto la tragedia silenciosa que se está produciendo en multitud de hogares y que afecta a los seres más preciados que tenemos: nuestros hijos. A través de su trabajo como psicoterapeuta, habiendo tratado con cientos de niños y familias, ha podido comprobar con sus propios ojos cómo esta dramática situación se está desarrollando de modo imparable, sumiendo a niños de diversos países en un devastador estado emocional.
Los resultados de numerosas investigaciones de los últimos 15 años muestran unas cifras devastadoras sobre el aumento de enfermedades mentales en la infancia:
- 1 de cada 5 niños tiene problemas de salud mental
- El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) ha aumentado un 43%
- La depresión en los adolescentes ha subido un 37%
- La tasa de suicidios ha crecido un 200% en niños de 10 a 14 años
¿Qué más necesitamos para darnos cuenta de que algo está sucediendo?
Científicamente está comprobado que el cerebro tiene la capacidad para conectarnos con nuestro entorno pero desgraciadamente tanto nuestro entorno como nuestros estilos de educación están proporcionando a nuestros hijos una dirección errónea, lo que dificulta que puedan aprender a afrontar los desafíos de la vida diaria.
Según esta terapeuta los niños están privados de elementos esenciales para llevar una infancia sana como:
- Padres emocionalmente disponibles
- Establecimiento de unos límites claramente definidos
- Ejercicio de responsabilidades
- Pautas regulares de sueño y alimentación saludable
- Ejercicio al aire libre
- Juegos creativos, interacciones sociales
¿Qué es lo que encuentran?
Padres distraídos digitalmente
- Progenitores indulgentes y permisivos que dejan que sean los hijos los que dirijan y gobiernen
- Pautas de sueño inadecuadas y una alimentación desequilibrada basada en comida precocinada y rápida, cada vez más escasa en nutrientes saludables imprescindibles para un adecuado funcionamiento nervioso como pescado y legumbres
- Un estilo de vida cada vez más sedentario, con menos ejercicio al aire libre y una ausencia cada vez mayor de interacciones sociales en el juego.
- Aprendizaje basado en gratificaciones inmediatas, esto conlleva a una escasa tolerancia a la frustración
- Estimulación permanente y con escasos momentos para aburrirse, lo que conlleva niños con hiperactividad y con dificultades para concentrarse y mantener la atención; son niños muy movidos, que cambian constantemente de tarea y con un gran nivel de activación
Es necesaria una toma de conciencia de esta realidad y una vuelta a los orígenes, tenemos que empezar a hacer cambios en la vida de nuestros hijos si no queremos que acaben estando medicados.
El estado emocional del niño puede mejorar en pocas semanas con la puesta en marcha de una serie de pautas de comportamiento y aprendizajes adecuados debido a que la plasticidad del cerebro de los niños es muy elevada, siendo máxima en los primeros años. Cuando se habla de plasticidad cerebral se entiende como la capacidad de la estructura cerebral para modificarse con el aprendizaje, que resulta imprescindible para la adaptación al medio.
¿Qué podemos hacer?
Se proponen una serie de pautas básicas que se consideran imprescindibles:
- Establecimiento de una disciplina positiva, que no implica ni autoritarismo ni permisividad. Ninguno de los extremos es bueno pero… ¿Cómo se consigue esto? Mediante el establecimiento de unas reglas y normas bien claras y establecidas, que deben de ser conocidas y entendidas para que puedan ser interiorizadas, además de ser aplicadas por todos los miembros de la familia. La inexistencia de las mismas conlleva que los niños no estén seguros y se vean desorientados, por lo que estos deben saber cuáles son estar normas y que deben cumplirse, de lo contrario implicarán unas consecuencias como la pérdida de un beneficio para ellos: menos tiempo viendo la TV o pérdida del disfrute del móvil, por ejemplo.
- No reforzar en ningún caso cualquiera de las conductas que resultan indeseables, pues si el niño consigue lo que quiere mediante una conducta inadecuada lo único que conseguiremos es que está conducta se vea reforzada y, por lo tanto, mantenida en el tiempo, por lo que se volverá a repetirla en más ocasiones. Esta es una premisa básica del aprendizaje de manejo de conductas que nunca debemos olvidar.
- Fomentar su autonomía. El niño debe aprender a ser responsable de sus propias conductas, estas responsabilidades han de ser adecuadas a su edad y adaptarse a su etapa evolutiva. El niño es un ser independiente y es el adulto el que debe proveer a este de las herramientas necesarias para que aprenda a superar sus problemas y dificultades. La sobreprotección siempre ha existido por el afán de facilitar la vida a nuestros hijos pero esto no les beneficia, sino todo lo contrario; mediante la sobreprotección descuidamos aspectos básicos para su desarrollo evitando que este adquiera sus propias capacidades personales.
- Importancia de un lenguaje adecuado, que no sea impositivo ni agresivo sino que fomente una actitud reflexiva en el niño así como el diálogo entre todos. Lo importante es que lo que se diga se haga en un tono firme, claro y amable.
- La importancia de una alimentación saludable. No solo porque durante la infancia es cuando se establecen unos hábitos alimentarios que posteriormente serán difíciles de cambiar sino porque en esta etapa resulta muy importante ya que el organismo del niño se encuentra en crecimiento y formación lo que le hace más vulnerable a cualquier problema nutricional. Un correcto funcionamiento del organismo implica un buen crecimiento, una óptima capacidad de aprendizaje, de comunicarse, de pensar, de socializar y de adaptarse a nuevos ambientes y personas.
Con este artículo no se pretende ser alarmista pero sí una llamada a la reflexión sobre esta realidad, el primer paso para pasar a la acción.
Artículo escrito por Carmen Sánchez Rodríguez
El esfuerzo es la capacidad personal que nos ayuda a conseguir las metas que nos proponemos y a vencer los obstáculos de la vida diaria. Sin embargo, hoy en día vivimos en una sociedad donde la cultura del esfuerzo se está perdiendo; constantemente nos llegan mensajes de cómo adelgazar sin movernos del sofá o cómo preparar la comida en tres minutos. Todo ello hace que busquemos la comodidad y la inmediatez en lo que hacemos, transmitiendo a los niños el mensaje de buscar el camino fácil para alcanzar el éxito. Pero… ¿de verdad las metas que nos proponemos se consiguen sin esfuerzo?
Jesse Owens
Todos tenemos sueños. Pero para convertir los sueños en realidad se necesita una gran cantidad de dedicación, autodisciplina y esfuerzo
El esfuerzo va acompañado de la fuerza de voluntad, la motivación, la confianza y la constancia. Todos estos valores son educables, por tanto, deben de ser enseñados y entrenados para ser aprendidos por los niños. Por eso, va a ser fundamental que la actitud pedagógica de los adultos no se base en minimizarles las dificultades ni en sobreprotegerles, sino en ayudarles, acompañándoles en la construcción de estrategias para enfrentarse a las adversidades con confianza en sí mismos.
Si por el contrario no enseñamos a los niños a esforzarse desde pequeños, a la larga generará en ellos una dependencia que producirá sentimientos de inutilidad e inconformismo, además de no apreciar el valor de lo que tienen y lo que cuesta conseguir las cosas. Por tanto, para que los niños sean capaces de adquirir el valor del esfuerzo la educación llevada a cabo por los adultos deberá equilibrarse entre dos polos: la exigencia y la ayuda. Es decir, no podemos dejar solos a los pequeños en las adversidades ya que en el abandono no sólo no se construye la autonomía sino que se mina la seguridad; por ello debemos de impulsarlos hacia la búsqueda acompañada de su autonomía y seguridad.
No solo vale con enseñarles a esforzase. Para que los niños se esfuercen es necesario que se sientan competentes y que no piensen que van a fracasar. Para ello, los adultos deben de mandar tareas en las que vayan a tener éxito e ir valorando todos los pequeños avances que van consiguiendo, ya que eso recompensará su esfuerzo y aumentará su autoestima.
Otro factor a tener en cuenta es que los niños asumirán y aprenderán mejor a valorar el esfuerzo, sobre todo, cuando la tarea tenga sentido para ellos. Es necesario que estén motivados, que sean capaces de entender tanto lo que hacen como la finalidad de hacerlo, para que surja de ellos la disposición a esforzarse y querer lograr un objetivo determinado. En esta línea, también debemos educarles en que habrá veces que, a pesar del esfuerzo llevado a cabo, las cosas no saldrán como estaban previstas y no por ello deben de sentir que no ha valido la pena intentarlo.
Mahatma Ghandi
Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total, es una victoria completa
Educar en la cultura del esfuerzo requiere implicación, constancia y dedicación por parte de los padres. El problema es que muchos progenitores no tienen tiempo para sus hijos, y el poco de que disponen procuran que sea de gran calidad. De hecho, suele ser frecuente escuchar a los padres decir a sus hijos “quita, que acabo yo antes” evitando perder tiempo en cosas que se pueden hacer más rápido y mejor. Sin embargo, aunque no seamos conscientes de ello, les estamos haciendo un flaco favor a los niños. Con este tipo de expresiones no estamos fomentando ni el esfuerzo, ni la confianza para creerse que son capaces de hacer las cosas por ellos mismos, ni inculcándoles la disciplina necesaria para que aprendan a posponer lo que les apetece hacer en ese momento y llevar a cabo lo que deben.
Vamos a presentar algunas pautas que pueden servir de ayuda para promover el esfuerzo en los niños:
- Ayudarles a marcar metas que sean realistas.
- Darles responsabilidades adecuadas para su edad intentando que obtengan éxito al final del proceso. Además de ocuparse de las tareas obligatorias del colegio, por ejemplo, que se hagan cargo de alguna tarea de la casa acorde a su edad.
- Enseñarles a ser disciplinados y fomentar hábitos. Deben de terminar cada tarea que empiecen y, además, hacerlo de la mejor manera que puedan.
- Realizar pequeñas tareas que supongan alcanzar retos.
- Afrontar los fracasos de forma positiva analizando con los niños los fallos, aprendiendo de los errores y generando expectativas de éxito para el futuro.
- Enseñarles a través del ejemplo.
- Dialogar con ellos explicándoles la finalidad de hacer las cosas para que puedan comprender por qué tienen que hacer algo determinado.
- Fomentar su autoestima y sus capacidades para que tengan confianza y seguridad en sí mismos.
- Motivar positivamente sus buenos comportamientos a través del reconocimiento de sus esfuerzos.
Y tú ¿cómo educas a tus hijos?
Artículo escrito por Paula Díaz Figueroa
La era de la información: acceso para todo el mundo a información acerca de medicina, de farmacia, de economía, de derecho… en fin, de todas las disciplinas imaginables. Por supuesto, también hay acceso a información acerca de psicología. Pero… ¿quién escribe esto? ¿Es una fuente fiable?
A continuación, vamos a repasar un par de artículos que frecuentemente puedes encontrar en las redes sociales; nuestra intención es ofrecer una visión un poco más crítica y científica sobre el contenido de dichos artículos:
https://postcron.com/es/blog/como-ser-feliz/
¿Cómo ser feliz con 7 claves? Este tipo de artículos circula mucho por internet. En primer lugar, sería interesante debatir acerca de qué es la felicidad: la RAE define la felicidad como “un estado de grata satisfacción espiritual y física” y como “la ausencia de inconvenientes o tropiezos”. Sin embargo, especialmente esta segunda definición parece poco realista: la vida supone tropiezos, supone dolor… pero eso no implica un estado de insatisfacción total (igual que la ausencia de problemas no implica un estado de satisfacción total). Una vida plena no es un vida llena de emociones agradables (o mal llamadas positivas), sino una vida en la que aceptemos nuestras emociones desagradables sin que éstas tengan un impacto sobre las cosas que más nos importan. No se trata de evitar la tristeza o la ansiedad, sino de, a pesar de sentirnos mal, continuar haciendo las cosas que nos acercan a nuestros valores.
Si consideramos la felicidad como un estado en el que siempre estamos contentos y nunca hay problemas, nunca lo alcanzaremos. Esta búsqueda puede frustrarnos mucho y terminar siendo tremendamente infelices al perseguir una meta inalcanzable. La vida plena no es un objetivo, es una forma de vida.
La búsqueda de una felicidad irrealista puede traernos mucha infelicidad:
En mi opinión, la felicidad vendría a ser algo más parecido a esto:
Todos experimentamos miedo, tristeza, ansiedad, pereza, ira… estas emociones nos puede alejar de las cosas importantes de la vida si siempre respondemos a sus demandas. Son inevitables. Son parte de nosotros, pero no son nosotros en su totalidad. No podemos decidir estar tristes o contentos, pero sí podemos decidir qué hacer con esa tristeza (o con ese miedo, ansiedad…). Lo importante es que, a pesar de nuestras emociones desagradables, elijamos nuestra dirección. Haz las cosas con miedo, haz las cosas con ansiedad, haz las cosas con tristeza, pero sobretodo… ¡hazlas si son importantes para ti!
Las rabietas: una de las grandes preocupaciones de los papás y mamás. A menudo los padres se sienten avergonzados cuando su hijo o hija patalea, grita, llora, etc. Este artículo pertenece a una web en la que se incluyen consejos acerca de cómo manejar algunas situaciones difíciles con los hijos, cómo mejorar el vínculo afectivo, etc.
Aunque no va desencaminado en algunas cosas, si que hay algunos detalles que deben ser matizados. Es cierto que las rabietas son parte del desarrollo evolutivo, que ocurren y, además, es bueno que se den; por supuesto, esto no quiere decir que las pasemos por alto: hay que atenderlas y corregirlas.
La propuesta que hace este artículo y que es además una idea muy extendida, es que se debe ignorar por completo al niño. Que no debemos prestar ningún tipo de atención… Bien. Vamos por partes:
Es cierto que las rabietas a menudo son una forma de demandar atención, que la atención del adulto actúa como un refuerzo positivo para el niño en esa situación. Es ampliamente conocido que, si un niño tiene una rabieta porque quiere unos dulces y nosotros cedemos y se los damos, está consiguiendo lo que quiere (consigue su refuerzo positivo), pero de una manera no muy deseable. Pues bien, con nuestra atención pasa algo parecido: si el niño tiene una rabieta para conseguir nuestra atención (por ejemplo, porque estamos haciendo caso a su hermano/a pequeño y a él no), y nosotros se la damos (aunque solo sea para reñirle), estamos reforzando su rabieta. Así, el niño aprende que, la próxima vez que se encuentre en una situación similar, haciendo lo mismo conseguirá lo que quiere.
Entonces, ¿qué podemos hacer? Un niño es más que una rabieta; es decir, se debe ignorar la conducta (rabieta), no a la persona. ¿Acaso un niño de 2 o 3 años sabe autorregularse? ¿Va a aprender a regular sus emociones por arte de magia? La respuesta es clara: no. Los niños aprenden a entender sus propias emociones gracias a la interacción con los adultos. Si no recogemos la emoción de un niño tremendamente enfadado, la angustia sube, sube, sube… quizás luego baje… pero no habrá aprendido nada. Nosotros, como adultos, sí que sabemos lo que ocurre en una rabieta: está enfadado. Es nuestra responsabilidad ayudarle a reconocer esta emoción (bueno, en realidad, esta y todas). Podemos decir: “vaya, veo que estás bastante enfadado…”. Lo más probable es que, en ese momento, la intensidad de la rabieta disminuya algo. ¿Es un milagro? No, es la tranquilidad que a todos nos surge cuando nos comprendemos a nosotros mismos y cuando alguien nos comprende. No hace falta entrar en una conversación profunda acerca de cómo se siente (eso ya vendrá cuando sea más mayor). Es suficiente con ayudarle a poner nombre a eso que está sintiendo.
Quizás siga enfadado durante unos minutos. Es normal. ¿O es que una emoción puede desaparecer tan rápido? Necesita su tiempo, como cualquier otra emoción en cualquier otra persona.
En el artículo anterior, comentábamos la importancia de aceptar nuestras emociones desagradables: ¡Enseñemos esto a los niños! No hay por qué decir: “no te enfades” o “no llores”, pues es su experiencia interna, no se la podemos negar. Pero sí podemos ayudar a que la reconozca y la acepte. Al fin y al cabo, las emociones están presentes todos los días a lo largo de toda nuestra vida. ¡No tiene sentido rechazarlas!
En conclusión, es muy importante poner límites… pero siempre con afecto y aprendizaje.
PARA LEER
- Steven Hayes. (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. Desclée de Brouwer.
- Russ Harris. (2010). La trampa de la felicidad. Barcelona: Planeta.
- Scott O. Lilienfer, Seteven Jay Lynn, John Ruscion y Barry Beyerstein. 50 grandes mitos de la psicología popular: Las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana. Ed. Biblioteca Buridán
- Josefina Aldecoa (2001). La educación de nuestros hijos. Temas de hoy.
Artículo escrito por Irene Lorza
Gracias a los avances médicos y tecnológicos la esperanza de vida ha aumentado permitiendo que las personas vivan más años. Por ello se ha producido un aumento significativo de la población mayor de sesenta y cinco años que está influyendo en la estructura generacional, así como en el nuevo tipo de relaciones establecidas entre los miembros de dichas generaciones. Se dice que vamos hacia un modelo de familia más larga y más estrecha: más larga en el sentido de que coexisten más personas de más generaciones, más estrecha en cuanto a que se ha reducido el número de hijos.
La abuelidad, o todo aquello que tiene que ver con el hecho de ser abuela o abuelo, va incorporándose cada año con más fuerza a nuestras celebraciones sociales y a nuestra vida en general. La importancia que está adquiriendo el rol de abuelo/a en la actualidad está determinado por cambios en la sociedad debidos a la mayor longevidad conseguida en las últimas décadas, ya que hoy día se puede ser abuelo muchos más años y con mejor salud, lo que da lugar a una mayor relación y coexistencia entre las generaciones. La condición de abuelidad se adquiere sin buscarla, a diferencia de la de paternidad, y es recibida con agrado por la mayoría llegando a ser uno de los acontecimientos más importantes en la vida de las personas; sin embargo, si esta etapa llega con responsabilidades que tienen que ver con el cuidado y la educación de los nietos (que le correspondería a los padres), y además de manera obligatoria, puede ser poco gratificante.
Desde el punto de visto del abuelo/a, el nieto representa una continuidad de su nombre y su familia, con lo que se vuelca en su cariño y dedicación y se recibe con ilusión. El rol de abuelo/a determina una relación funcional cuando actúa como cuidador de su/s nieto/s en el momento en que sus padres no puedan, y van a tener o van a poder gozar de una relación distinta con sus nietos, más lúdica, más dedicada a la sabiduría por encima de la instrumentación que es más propia de tutores, padres y responsables, por lo que el abuelo puede entretenerse en contar historias y en descubrir cosas juntos.
Los abuelos, más allá del papel afectivo y funcional que cumplen, son importantes para el crecimiento, la educación, la objetividad y tienen la función de transmisores de la historia y la cultura familiar, lo que resulta gratificante para los nietos y contribuye a conformar su identidad personal y familiar. También son fundamentales por el sólo hecho de ser unas figuras constantes a su lado con una edad biológica diferente y con unas formas de trato muy distintas: ir a casa del abuelo/a puede ser igual a ir a una fiesta, algo divertido y diferente de lo cotidiano.
A muchos niños les encanta estar con sus abuelos por diferentes razones: algunos porque a su lado no existen tantas órdenes ni obligaciones, otros porque pueden hacen cosas distintas con ellos, como preparar galletas, comer dulces, ir al parque y realizar actividades que hacen que ellos se sientan más libres. También hay algunos nietos que ven a sus abuelos como un amigo, una especie de guía, al ser divertidos, cariñosos y encantarles estar con ellos. Pero, claro, todo depende de la forma de ser de los abuelos porque los hay que apenas envejecen y continúan tratando a los más pequeños de una manera muy autoritaria y demasiado exigente.
Por lo general las familias en las que se pueden incluir los abuelos se ven enriquecidas con el encuentro intergeneracional que se da en su casa. Cuando estas relaciones no son conflictivas suponen intercambio, enriquecimiento y satisfacción, pues las generaciones se necesitan y crean lazos de interdependencia. Dichas necesidades de afecto, amistad o educación determinan una motivación mutua que produce satisfacción en los abuelos cuando se sienten útiles, así como en los nietos al adquirir nuevas experiencias.
Por otro lado, la condición de abuelidad no transforma a la persona pero según como se viva puede hacerle sentir una placentera expansión vital ya que se está integrando el presente, el pasado y el futuro: la vida y la muerte. En este sentido se produce la ambivalencia de sentir que se ha vencido a la propia muerte a través de la descendencia a la vez que el nieto le hace consciente de su vejez; esto le permite ubicarse en su identidad de abuelo. Por tanto, la abuelidad en si es una relación no sólo del abuelo con sus nietos, sino también de este consigo mismo y con todos los demás miembros del grupo familiar y social.
El proceso de abuelización es muy importante, el debut como abuelo/a es un hito en el desarrollo personal, familiar y generacional. A través de los genes trasciende la propia descendencia perpetuándose las características personales. El nacimiento del primer nieto/a tiene mucho impacto y significación psicológica, especialmente en la mujer, en quien suele coincidir el fin de la fertilidad con el momento enriquecedor de una nueva vida. Es un proceso complejo y multivariado, en el que la relación con el pequeño se va construyendo, a lo largo del tiempo, a través de las emociones y experiencias, sobre la base de varios factores: biológicos, psicológicos y socioeconómicos. Este proceso puede comenzar, por ejemplo, con el deseo, la fantasía y la experiencia de la llegada de un nieto cuando el hijo se casa o forma pareja. En ello se busca una compensación por la ausencia del descendiente que se va; que se aleja, no sólo de la casa, sino que forma su propia vida.
Por lo general, los abuelos sienten mucho placer con sus nietos. Estar con ellos es también una forma de renovarse personalmente, al tener más participación en la familia y sentirse más jóvenes y actualizados. Consideran que estar con ellos es un aprendizaje mutuo. La abuelidad constituye, en resumen, una función de indudable valor en la vida familiar. No tener abuelos o no tener ningún contacto con ellos representa un empobrecimiento en la vida de los niños, y para los abuelos la pérdida de un factor importante de bienestar psicológico.
Artículo escrito por Cristina Pérez Bernal
La respuesta la podemos encontrar en la definición de pasión.
El origen de la palabra pasión se deriva del latín passio, y esta a su vez se desprende del verbo pati, patior: significa padecer, sufrir o tolerar. Se infiere entonces que este es un vocablo que tiene un doble significado, y es por el hecho de que el padecimiento y el sufrimiento siempre conllevan al dolor; además el diccionario de la Real Academia la define como “lo contrario a la acción, o estado pasivo en el sujeto”, lo cual indica resignación o conformidad por parte de este, y también hace entender que mientras sentimos pasión no somos capaces de dominar el sentimiento, lo que lo lleva a sentirse de alguna manera inconforme por no haber cumplido algo.
Otras definiciones de pasión son:
- Sentimiento muy intenso y perturbador que domina la voluntad y la razón: “Se dejó llevar por la pasión y no pensó en las consecuencias de sus actos”. Arrebato
- Atracción intensa que una persona siente por otra: “Tiene pasión por el mayor de sus hijos”. Predilección
- Afición extraordinaria por una cosa: “Siente pasión por la música”. Entusiasmo
De alguna manera la pasión no permite razonar correctamente en el momento que se experimenta; por este motivo se habla de no ser capaz de dominar al sentimiento, simplemente se deja llevar debido a que se sufre un desborde emocional muy fuerte y la persona es capaz de atreverse a tomar decisiones por impulso. Cuando el deslumbramiento termina la pasión también lo hace, y es por no ser un suceso racional sino precisamente pasional.
Muchas personas tienen este amor pasional idealizado —bien pudiera llamarse enamoramiento patológico— que no llegando a ser el de Don Quijote también sufren en silencio por carecer de los otros dos componentes: la decisión y el compromiso, lo cual implica mantener la relación, en los buenos y en los malos momentos. Por otro lado estaría la intimidad que promueven el acercamiento y el vínculo afectivo hacia la otra persona, que surge de los sentimientos de cercanía y relación.
Pero sin duda alguna para lograr los tres componentes y por tanto el amor perfecto según Stemberg, la clave es amarse a uno mismo, lo cual implica el compromiso de mantener ese amor propio hacia sí mismo en los buenos y en los malos momentos; la intimidad y conexión con su Self; y la pasión para expresar los propios deseos y necesidades a los demás.
¿Estaba loco Don Quijote?
En un diario digital se escribió un artículo que lleva por encabezado esta cuestión.
En dicho artículo se exponen las principales conclusiones de un estudio realizado por un grupo de más de 600 psiquiatras residentes en España, consistente en exponer sus respectivos criterios en relación a la existencia o no de algún tipo de patología mental en la figura de don Alonso Quijano.
El diagnostico que recibe el personaje por parte de los diferentes psiquiatras es heterogéneo. Para la mayoría del grupo (un 30,33%) Don Quijote no sería un enfermo mental; hablaríamos más bien de un inconformista, revolucionario y fanático en pos de alcanzar un ideal, adornado por la cualidad del altruismo.
Para otro grupo de especialistas (el 25,6%) sería un personaje de ficción y por tanto resultaría imposible realizar un diagnóstico certero según los criterios DSM-V o CIE-10.
Frente a estos dos grupos se encuentra un tercero (55,93%) que sí hallaría en Don Quijote síntomas claros de patología, siendo las opiniones diferentes respecto a los diferentes diagnósticos psiquiátricos con que se relaciona al personaje, tales como el trastorno esquizotípico de la personalidad, el Síndrome de Ganser, la Parafrenia, el Delirio, el trastorno esquizoafectivo o el trastorno afectivo bipolar; este último diagnóstico en base a la conducta desinhibida que mostraba en ciertos momentos: la excesiva exaltación del ánimo, la grandilocuencia o ideación megalómana… mientras que en otros momentos su conducta giraba al extremo opuesto —es decir a la parte depresiva—, mostrándose cansado, con decaimiento, perdida de ilusión, el insomnio, etc.
En lo que sí coinciden todos y cada uno de los que participaron en el estudio es que si una persona así hubiera existido realmente, deambulando por las calles, hubiese tenido muchas posibilidades de ser ingresado en una Unidad de Psiquiatría.
Personalmente comparto la idea que alude a su carácter de personaje de ficción, con lo que sería prácticamente imposible diagnosticarlo según los criterios de las herramientas de que disponemos en la actualidad (DSM-V y CIE-10), y como mucho lo podríamos considerar de subclínico. Sin embargo sí parece haber un nexo de unión entre los diferentes trastornos que se mencionan en este estudio: este nexo de unión sería la disociación.
La disociación según Briere (2002) es la separación de procesos funcionales que deberían de ser accesibles y habitualmente integrados, tales como la fragmentación de la conciencia, de la memoria, de la identidad y de la percepción de sí mismo y del entorno. La disociación según este autor incluye las siguientes facetas: desconexión (separación emocional y cognitiva del entorno inmediato), despersonalización (alteración en la percepción del propio cuerpo o de sí mismo), desrrealización (alteración en la percepción del mundo externo), alteraciones de la memoria (pérdida de memoria para acontecimientos personales específicos), constricción emocional (menor emotividad o capacidad de respuesta emocional disminuida) y disociación de la identidad (la percepción o experiencia de que existe más de una persona o sí mismo dentro de la propia mente).
La disociación también se atribuye a personas que han sido víctimas de episodios traumáticos. Janet en 1859 ya proponía una teoría de la disociación o desagregación como una predisposición constitucional en los individuos traumatizados. Esta sería, según Janet, una defensa frente a la ansiedad, que persistiría en forma de ideas fijas subconscientes en la mente del traumatizado, llevándole a un estrechamiento y fragmentación de la conciencia que impediría que unas experiencias se asociaran con otras.
Otro asunto bien distinto es preguntarse por el creador de dicho personaje literario, si tenía este conocimiento documentado sobre la disociación o era más bien un saber implícito. Podemos leer en su biografía que fue un soldado activo durante varias batallas, en una de las cuales perdió la funcionalidad de su mano izquierda. Posteriormente Cervantes estuvo 5 años cautivo en Argel, en los que prefirió la tortura a la delación, hasta que finalmente fue rescatado, junto a otros prisioneros, con la ayuda de los monjes trinitarios. Podría decirse que Don Miguel de Cervantes fue un auténtico veterano de guerra, la cual sin duda alguna dejó su huella en el autor. Cuál fue el calado de dicha huella y si le produjo o no alguna patología, es algo que como mínimo se debería de tener en cuenta a la hora de estudiar su obra.
Artículo Nueva tribuna: ¿Estaba loco Don Quijote?
Artículo escrito por Francisco Javier García"
En el proceso de atracción que conduce a la formación de la pareja y la búsqueda del amor perfecto nos encontramos con diferentes tipos de amor, los cuales surgen de cuatro principios relacionados con la relación interpersonal.
El principio de semejanza: Este principio indica que las personas tendemos a sentirnos atraídas por personas semejantes a nosotros. Byrne formuló la ley de atracción que sostiene que hay una relación lineal directa entre semejanza de actitudes y atracción. las razones de por qué nos sentimos atraídos hacia otras personas parecidas a nosotros serían: porque nos ayudan a validar nuestro autoconcepto y forma de ver el mundo; además la interacción suele ser más agradable, ya que es más probable que compartamos intereses y actividades, y por tanto intimemos, con quienes percibimos parecidos a nosotros.
El principio de proximidad: El compartir el mismo entorno proporciona oportunidades para la interacción social, lo cual es probable que termine convirtiéndose en una relación de amistad o pareja. Las personas a las que vemos con frecuencia tienden a caernos mejor que aquellos que nos son desconocidos. La atracción hacia la otra persona suele explicarse, en este caso, por el mero hecho de la exposición repetida a un estímulo que en principio nos resulta neutro pero es condición suficiente para que nuestras actitudes hacia dicho estímulo mejoren con la exposición repetida. No obstante también se puede dar el efecto contrario, es decir que la exposición prolongada empeoren las actitudes hacia dicho estímulo.
El principio de reciprocidad: Este principio sostiene que nos sentimos atraídos por aquellas personas a las que creemos agradar. La investigación confirma que respondemos positivamente a quienes gustamos, debido al motivo de pertenencia. Ser aceptados por los otros es una fuente importante de emociones positivas: El efecto espejo.
El principio fisiológico, experimento de Dutton y Aron (1994): En este experimento los autores llegaron a la conclusión que cuando las personas están sometidas a un mayor nivel de ansiedad, es más probable que se sientan atraídos por la persona con la que comparten esa situación. Cuando se ve alguien atractivo el corazón se acelera, sube la tensión arterial y el cuerpo se prepara para la acción. Dutton y Aron demostraron que ante una situación en la que procesos fisiológicos similares se producen por otra causa (ej. situación de riesgo) aumenta igualmente la atracción.
Por otro lado, hay que tener en cuenta los rasgos psicológicos:
Las personas nos sentimos atraídas por aquellos que tienen las características que nos gustaría tener a nosotros, lo que sería el yo ideal. De ser así, solo podría existir relación cuando el yo real y el yo ideal se pareciesen. De estas características psicológicas habría tres componentes básicos relativamente independientes entre sí: la intimidad, la pasión y la decisión/compromiso. De la combinación de estos tres componentes surgen los diferentes tipos de amor de pareja, o clases de amor según la teoría triangular de Stemberg. Estas diferentes clases de amor serán o no adecuadas para cada persona dependiendo de sus valores y circunstancias personales, aunque si la persona lo que busca es el amor completo debe de valorar entonces si su relación tiene los tres componentes básicos antes citados:
| Combinaciones de intimidad, pasión y compromiso | |||
| Tipo de amor | Intimidad | Pasión | Compromiso |
| Ausencia de amor | |||
| Cariño-Agrado | X | ||
| Encaprichamiento | X | ||
| Amor vacío | X | ||
| Amor romántico | X | X | |
| Amor sociable-Amor compañero | X | X | |
| Amor fatuo-Amor necio | X | X | |
| Amor completo-Amor consumado | X | X | X |
Los tres componentes del amor según Stemberg
- La intimidad, entendida como aquellos sentimientos dentro de una relación que promueven el acercamiento, el vínculo, la conexión y principalmente la autorrevelación. Dicho de otra forma, el afecto hacia otra persona que surge de la cercanía, vínculo afectivo y relación, implica el deseo de dar, recibir, compartir, etcétera.
- La pasión, como estado de intenso deseo de unión con el otro, como expresión de anhelos y necesidades, gran deseo sexual o romántico, acompañado de excitación psicológica.
- La decisión o compromiso, la decisión de amar a otra persona y el compromiso por mantener ese amor. Este componente implica mantener la relación en los buenos y en los malos momentos.
Artículo escrito por Francisco Javier García
Las habilidades sociales son el conjunto de conductas y actitudes que realiza una persona ante la interacción con otros individuos; están formadas por la expresión de opiniones, sentimiento y deseos. Forman parte de nuestra naturaleza por lo tanto se desarrollan desde los primeros meses de vida y están presentes en todas las etapas evolutivas.
Las personas somos seres sociales por lo que de manera inevitable tenemos que relacionarnos con los demás para sobrevivir. Por tanto, las habilidades sociales son necesarias ya que a todo el mundo le gusta tener amigos, una relación de pareja, que le aprecien... en caso de carecer de dichas habilidades las relaciones sociales pueden convertirse en fuente de malestar y estrés al no saber interaccionar con otras personas.
De hecho, los estudios demuestran que aquellos carentes de ellas suelen sufrir más depresiones y episodios de ansiedad por no controlar las relaciones con el entorno. Por esto, si conocemos y optimizamos nuestras habilidades sociales tendremos mayor éxito ya que tendremos un mayor control en las relaciones con quienes interaccionamos día a día.
Las habilidades sociales se aprenden desde una edad muy temprana, por lo que tanto padres como educadores tienen un papel muy importante en este campo. Como la mayoría de aprendizajes que realizamos a lo largo de nuestra vida las adquirimos a través de los siguientes mecanismos:
- Mediante la experiencia: cuando ponemos en práctica alguna habilidad y comprobamos que obtenemos una respuesta positiva por parte de las otras personas.
- Mediante observación: adquirimos habilidades cuando vemos conductas que a otras personas les han funcionado y las empezamos a poner en práctica nosotros.
- Mediante aprendizaje verbal: este aprendizaje se produce cuando otra persona nos dice cómo nos tenemos que comportar en un contexto social.
Para que logremos adaptarnos de manera satisfactoria a las diferentes situaciones que se nos presentan en el día a día es fundamental tener un buen repertorio de habilidades sociales. Entonces seremos capaces de generar buenos vínculos con otras personas, así como otros aspectos muy importantes y que están relacionados con la satisfacción vital, como son el defender nuestras opiniones y expresar nuestros sentimientos.
Las dos habilidades más importantes, debido a su gran utilidad, que se deben trabajar son la empatía y la asertividad. La asertividad resulta imprescindible para desenvolvernos en el ámbito social de manera satisfactoria. Esta consiste en expresar de forma adecuada las opiniones personales, defendiendo los propios derechos incluso cuando los otros tienen un punto de vista diferente. Por el contrario, personas poco asertivas son las que no dicen lo que piensan o aceptan todo lo que otros individuos les dicen. También las que de manera agresiva (aunque solo sea verbalmente) tratan de imponer sus opiniones sin respetar las de los demás.
Ejemplos de personas con dificultades en las habilidades sociales son las que tienen problemas para comunicarse con los demás, les cuesta transmitir sus emociones, están incómodas cuando se relacionan con gente que no conocen, no saben decir “no” cuando les piden un favor... a este respecto es importante saber que las personas podemos ser asertivas en un ámbito de nuestra vida y no en los demás. Por ejemplo podemos tener unas buenas habilidades sociales con nuestra pareja pero en el trabajo tener dificultad para decir que no a un compañero o comportarse de manera agresiva con los amigos... dichas habilidades se dan en un contexto determinado ya que varían en función de la cultura, momento histórico así como la situación concreta en el que nos encontremos. Estas diferencias son las que provocan los choques culturales que se dan cuando nos encontramos en una cultura distinta a la de origen.
Gran parte de los problemas que tenemos las personas en la sociedad actual derivan en un déficit de habilidades sociales, ya que hay pocos trastornos psicológicos en los que no esté implicada, en mayor o menor medida, el área social. Resulta fundamental prestar atención y evaluar cómo nos desenvolvemos con los demás, y si nuestras relaciones sociales son satisfactorias. Las relaciones exitosas con nuestros amigos, jefes, compañeros de trabajo o pareja harán a su vez que nos sintamos valorados y respetados, lo cual mejora nuestra autoestima y está directamente relacionado con lo felices que seamos en nuestro día a día.
Una vez explicado todo esto y teniendo en cuenta que hay personas con mejores habilidades sociales que otras nos surge la pregunta de si se pueden mejorar. Lo bueno es que todo lo que consideramos como una habilidad puede ser aprendido y desarrollado con la práctica. De hecho, los expertos en comunicación y psicología coinciden en que se pueden aprender aspectos tales como la correcta gestión de las emociones, la comunicación eficaz y la empatía con los demás. También existen otros conceptos que podemos trabajar conjuntamente como son la escucha activa, la amabilidad, la postura corporal, la entonación y el lenguaje utilizado, la mirada, la sonrisa, ser capaz de hacer y recibir críticas constructivas, la cortesía, la empatía, la inteligencia emocional... En función de nuestras necesidades, adquirir o mejorar las habilidades sociales favorece el desarrollo personal y una mejor adaptación a las diferentes situaciones en las que nos encontramos en la vida, convirtiéndonos en personas más integradas y capaces de lograr más metas.
Como hemos mencionado anteriormente tener un buen repertorio de habilidades sociales nos abre muchas puertas hacia el éxito personal, ya que facilita la satisfacción laboral, familiar, de pareja, con los amigos… al estar directamente relacionadas con tantos aspectos clave de nuestra vida, resulta fundamental conocer si disponemos de un buen repertorio de habilidades; de no ser así sería recomendable acudir a un profesional de la psicología para que nos ayude a mejorarlas en función de nuestro caso en concreto.
Artículo escrito por Pilar Vicente
Me gustaría llamar la atención sobre la oposición de estas dos palabras y poder reflexionar sobre cómo nos condicionan en la toma de decisiones, o en cómo vemos o pensamos sobre las personas con las que interaccionamos todos los días. Estas palabras se suelen utilizar de forma indiscriminada. Incluso desde la psicología es difícil de definir, ya que se encuentra cargado de subjetividad.
Según la Real Academia de la Lengua Española, en sus tres primeras definiciones de la palabra normal dice:
Del lat. normālis.
- Adj. Dicho de una cosa: que se halla en su estado natural.
- Adj. Que sirve de norma o regla.
- Adj. Dicho de una cosa: que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.
El hecho de crear normas o considerar como normal un comportamiento es sumamente beneficioso para que podamos relacionarnos y minimizar la posibilidad de que surjan conflictos sociales. Esta normalización es en ocasiones utilizada de forma hegemónica por los poderes del estado, o bien por pueblos para ejercer control sobre los grupos sociales.
Las modas actuarían también como un tipo de norma social; estas nos influyen en nuestro día a día, explicando muchas de nuestras conductas, decisiones y actitudes. Nos cuesta llevar la contraria a la mayoría, ya que la influencia social ejercida por los distintos grupos sociales favorece que tengamos la tendencia de comportarnos igual que nuestro vecino, disfrutar de los eventos de los que los demás disfrutan, desear ser como nuestros ídolos… etc.
Las personas tenemos la necesidad de pertenecer al grupo: la pertenencia grupal se puede ver como un sentimiento de vinculación o dependencia que experimenta un miembro de una sociedad. Sentir que pertenece a un grupo, sentirse parte de ese grupo. Pertenecer a un país, la familia, su grupo de trabajo, un club, un partido político, un grupo religioso… aminora el miedo a ser excluidos, que nos tachen de “no ser normales” “están locos, son maricas, lesbianas, excéntricos, enfermos mentales, discapacitados, raros…” En definitiva, seguir en el rebaño pero evitando convertirse en la oveja negra.
¿Estoy en el grupo de los normales o de los no normales?
Si nos paramos a reflexionar sobre todo lo expuesto, e intentando ser sinceros con nosotros mismos, quizá nos sorprendería el tiempo que necesitaríamos para decidir si incluirnos en uno u otro grupo, y las posibles dudas que surgirían.
Continuando con esta reflexión, fijándonos en nuestro alrededor y buscando entre nuestros amigos, conocidos o gente cercana: ¿Quién no tiene algún tipo de excentricidad, fobia absurda, manía obsesiva, una pasión extraña, debilidad inconfesable, costumbre irracional…?, ¡ojo!, sin llevarlas al extremo de que interfiera en nuestro día a día o nos genere malestar significativo.
Aun teniendo en cuenta todo ello, la mayoría de nosotros llegaríamos a la conclusión de que somos normales, en parte alentados por esta necesidad de pertenencia y de no ser excluidos del grupo mayoritario.
Ver lo diferente como normal.
Puede ser que, en ocasiones, esta tendencia a la normalización se vuelva en nuestra contra, dejando de servir como instrumento de socialización y propiciando la aparición del efecto rebote, surgiendo una serie de conflictos debidos a la no aceptación de la diversidad y variabilidad del ser humano; pilares estos, me atrevería a decir, de la evolución como especie.
Tenemos que darnos cuenta que el concepto de normalidad es un constructo que no en todas las épocas históricas ha sido el mismo, que cambia dependiendo de la cultura, clase social, etnia, género… etc.
Quizá debido a esta tendencia, en ocasiones exagerada, de normalizarlo todo, de utilizar incorrectamente estos términos, de dar una connotación negativa cargada de prejuicios, nosotros mismos nos alejemos de poder aceptar las diferencias, lo distinto, lo no habitual…Creando categorizaciones que en algunos casos aíslan o discriminan a las minorías.
El aumento de los casos de bullying podía verse alentado a consecuencia de esta exagerada tendencia a la normalización, categorizando y encasillando a personas que no se ajustan a los estándares fijados. En definitiva, a sesgar su definición, llevándola al extremo de considerarlas como raras, cuando en realidad son distintas o diferentes. Esta tendencia nos puede llevar a considerar como patológicas conductas o actitudes que habitualmente no son más que expresiones de creatividad, discrepancias o desacuerdos con lo que piensa o hace la mayoría.
Creo que, en la actualidad, existe la tendencia de justificar, incluso de alentar este sesgo. Me gustaría encuadrar todo lo argumentado en un contexto concreto. Por ejemplo, cuando a un niño no le gusta el fútbol y al resto de sus compañeros sí, unos padres que no son partidarios de que sus hijos realicen actividades extraescolares, cortarse el pelo de una forma determinada, tatuarse la mayor parte del cuerpo, tener una orientación sexual distinta a la de la mayoría, ponerse uno o varios piercings… de manera cada vez más frecuente nuestra reacción ante estas conductas es criticar, rechazar o intentar convencer para que cambien de opinión, pensar que les sucede algo, apelando a expresiones del tipo “vaya educación que estará recibiendo” “pero cómo se le puede ocurrir ” “qué dirán los vecinos” “es una tontería de adolescente” “le falta un hervor”, seguido de un intento de corrección, NORMALIZAR, interpretándolo como una desviación o intentando buscar una causa externa, como culpabilizando a l@s amig@s con que se junta. Estos son algunos de los muchos ejemplos que se nos pueden ocurrir de lo que la sociedad considera socialmente correcto para cada edad, sexo, raza, cultura, etc.
Creo que se debería de divulgar la información de que lo normal es también lo distinto, diferente, creativo, genuino, único… de esta manera potenciaríamos la empatía y la integración, generando curiosidad por conocer, entender y llegar a comprender la función de estos repertorios de comportamiento, facilitando su expresión sin que ello implique sentirse señalado.
Charles Chaplin
Yo soy lo que soy, un individuo único y diferente
Artículo escrito por Julio Pico

