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Durante la conversación que mantuvieron Carlos Argaber y Ana Millán en el último capítulo de nuestro podcast, Ana explicó una idea clave para entender por qué tantas personas sienten que les cuesta avanzar en su vida social o afectiva. Lo expresa así: “Lo que pasa cuando tenemos miedo y mucho miedo, pues es que nos congelamos… hay tres estados del sistema nervioso: el estado de calma, el de lucha-huida y luego el estado de congelación.”

Esta tercera respuesta, la congelación, aparece cuando la persona ha vivido repetidas situaciones sociales en las que se ha sentido incapaz o desbordada. Como señala Ana: “Cuando uno se ha visto en una y otra situación… en la que a nivel social no se ve capaz, pues lo que hace es que su cuerpo se congele.”

Este mecanismo dificulta la espontaneidad, la conexión emocional y la expresión natural en contextos sociales o afectivos. Es aquí donde la intervención psicológica o el asesoramiento emocional pueden ayudar a recuperar la sensación de seguridad.

Autopercepción, diferencia social y desesperanza aprendida

Ana profundiza en cómo, para algunas personas, sentirse “distintas” provoca un mantenimiento del bloqueo: “Al verse tan diferentes… se genera este proceso de congelación de ‘no tengo confianza ya en que esto vaya a funcionar’”.

Cuando se combina esta sensación con dinámicas de evitación —muy frecuentes en quienes intentan manejar situaciones sociales desafiantes— aparece la llamada “desesperanza relacional". 

El mito de las infinitas posibilidades en las apps de citas

Abrir Tinder o cualquier otra aplicación parece ofrecer infinitas opciones… pero no es así. Ana lo expresa claramente: “Ves una cantidad de personas con las que tú potencialmente te podrías relacionar, pero eso no es verdad.”

Carlos Argaber aporta un dato revelador desde la antropología: “Alrededor de un tercio de los usuarios… son mujeres, lo que significa que los otros dos tercios son hombres.” Esto genera una dinámica de competitividad, presión y validación externa que afecta a la autoestima y a la salud emocional, incluso en personas que podrían considerarse “atractivas”: “Muchos hombres tienden a validarse a través de los resultados que obtienen en Tinder… y aún así no tienen el resultado que quizá esperarían.”

Construir relaciones desde la calma

Comprender estas dinámicas permite recuperar el control. En Psicólogos Princesa trabajamos desde enfoques como la Terapia Cognitiva Conductual (TCC) o el EMDR para trauma, ofreciendo recursos para mejorar la autoconfianza, gestionar la ansiedad social y fortalecer el bienestar emocional.

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En el último episodio de Entre Divanes, Ana Millán —Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa— conversa con el antropólogo social y cultural Carlos Argaber sobre un fenómeno cotidiano que, aunque parece insignificante, dice mucho sobre nuestra salud mental integral: el uso del teléfono móvil en situaciones, por ejemplo, como cuando nos vamos a dormir.

Cuando el entretenimiento se convierte en refugio

Carlos lanza una pregunta que abre una reflexión profunda: “¿Cuántas personas se duermen hoy con el móvil escuchando algo, viendo vídeos?”. Y añade: “Muchas veces lo que tratamos de hacer es huir de nosotros mismos, de huir sobre los pensamientos que tenemos… porque nos genera miedo, porque nos genera ansiedad”.

En un mundo dominado por el consumo constante de contenido, esta idea conecta directamente con lo que muchas personas nos consultan en terapia: la dificultad para detenerse, escuchar su mundo interno y manejar emociones intensas como el estrés o la preocupación constante.

La hiperatención al entretenimiento perpetuo puede convertirse en una barrera para nuestro bienestar emocional, especialmente cuando sustituye espacios de autocuidado o descanso mental. Desde la psicología contemporánea, este patrón se entiende como un modo de evitación experiencial, un intento automático de alejarse de pensamientos o sensaciones incómodas.

Terapias de tercera generación para reconectar con uno mismo

Ana Millán conecta esta reflexión con un enfoque terapéutico cada vez más solicitado al pedir atención psicológica: “Una terapia que es muy prevalente… son las terapias de tercera generación, como la terapia de aceptación y compromiso y la terapia tipo mindfulness.”

Estas intervenciones ayudan a las personas a desarrollar una relación más amable con su mundo interno. No buscan eliminar pensamientos incómodos, sino aprender a convivir con ellos sin que dominen la vida diaria. Se utilizan con frecuencia en procesos de asesoramiento para ansiedad, manejo del estrés laboral e intervención en crisis emocionales.

Aprender habilidades basadas en mindfulness o aceptación es un apoyo útil para quienes buscan mejorar hábitos de descanso, reducir el consumo compulsivo de pantallas o desarrollar estrategias de bienestar emocional.

¿Por qué cuesta tanto estar en silencio?

Dormir con el móvil no es solo un hábito moderno: para muchas personas es una forma de evitar pensamientos que actúan como una alarma que no deja de sonar. Las técnicas de relajación para el estrés, la terapia cognitiva conductual (TCC) y la terapia EMDR para trauma pueden ayudar a entender y gestionar estas alarmas internas desde un enfoque respetuoso, científico y centrado en la persona.

Para comenzar a “romper el ciclo”, recomendamos dedicar 5 minutos antes de dormir a respirar sin pantallas, observar qué pensamientos aparecen cuando apagas el móvil y considerar una valoración psicológica si sientes que evitar tus emociones te está sobrepasando.

¿Necesitas acompañamiento?

En Psicólogos Princesa, en la zona de Argüelles–Moncloa, ofrecemos atención psicológica presencial y terapia online para ayudarte a reconectar contigo, reducir el estrés y construir un bienestar emocional sostenible.

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En el último episodio de Entre Divanes, nuestra codirectora, Ana Millán, conversó con Carlos Argaber, antropólogo social y cultural, sobre las nuevas formas de relación que surgen en la era digital. Entre los temas abordados, el fenómeno de OnlyFans ocupó un lugar importante, al reflejar cómo la búsqueda de validación y conexión puede transformarse en un síntoma de la soledad contemporánea.

Como señaló Carlos: “OnlyFans es el fenómeno de la competición intrasexual femenina 2.0”. Con esta afirmación, reflexionó sobre cómo muchas mujeres “exponen su cuerpo para ganar validación social” en un contexto donde la visibilidad digital se asocia con éxito y pertenencia.

La validación digital y el impacto emocional

Las redes sociales y plataformas como OnlyFans han convertido la exposición en una moneda simbólica de valor. Según Argaber, la aprobación social se traduce, en muchos casos, en aprobación sexual, “una validación que se convierte en dinero” y que puede llevar a “entregar la intimidad del cuerpo a cambio de calderilla”.

Desde la psicología, Ana planteó que este fenómeno enlaza directamente con la cultura del aislamiento, ya que hay una parte del consumidor que busca una relación parasocial, una conexión ficticia que evita el rechazo real.

Este tipo de vínculos virtuales pueden aliviar momentáneamente la sensación de soledad, pero también generan una desconexión emocional progresiva. La atención constante a la imagen y al reconocimiento externo activa mecanismos de estrés y comparación social, que afectan al bienestar y a la autoestima.

En Psicólogos Princesa, observamos cada vez más personas que llegan a consulta refiriendo malestar emocional derivado del uso de redes sociales o del sentimiento de desconexión interpersonal, pese a estar “hiperconectadas”. Este fenómeno evidencia una paradoja: cuanto más conectados estamos digitalmente, más se intensifica la sensación de vacío o aislamiento.

La búsqueda de conexión y los riesgos de la soledad

Carlos explicó que muchos hombres que consumen contenido en OnlyFans “no lo hacen por el contenido erótico, sino por la relación parasocial que ofrecen estas mujeres”, un tipo de vínculo ficticio en el que la interacción se produce a cambio de dinero. Este modelo, señalaba, “sustituye las interacciones reales por interacciones basadas en el teléfono móvil”.

Desde una mirada psicológica, esta sustitución tiene efectos directos sobre la regulación emocional y el apego. La falta de contacto auténtico y la exposición continua a estímulos virtuales reducen la capacidad de sostener relaciones reales, provocando lo que Ana describió como “la desconexión por hiperconexión”.

En un entorno donde la intimidad se mercantiliza y la atención se fragmenta, la salud mental integral requiere nuevas formas de intervención y acompañamiento. La terapia cognitiva conductual (TCC) o el enfoque mindfulness ayudan a reconectar con el presente y con las emociones propias, favoreciendo un bienestar emocional duradero.

Repensar la intimidad en la era digital

La conversación entre Ana y Carlosinvitó a reflexionar sobre el papel que juegan las nuevas plataformas en la construcción de identidad y en la forma de relacionarnos. Como concluye Ana, “vivimos en un entorno hiperestimulado que nos desconecta de nosotros mismos; tenemos tantas cosas con las que distraernos que dejamos de estar en contacto con lo que sentimos”.

Recuperar el equilibrio implica aprender a regular el sistema nervioso, fomentar relaciones basadas en la autenticidad y, en muchos casos, pedir ayuda profesional para identificar patrones de dependencia digital o emocional.

Atención psicológica en Psicólogos Princesa

En Psicólogos Princesa, ofrecemos atención psicológica presencial y terapia online, con un enfoque integral para el cuidado del bienestar emocional. Nuestro equipo de psicólogos generales sanitarios acompaña procesos de intervención en crisis emocionales o dificultades relacionales.

¿Sientes que la soledad digital o las redes están afectando tu bienestar?

Contacta con nosotros y descubre cómo podemos ayudarte a recuperar tu equilibrio emocional.

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En el último episodio de nuestro podcast "Entre Divanes", Ana Millán conversó con el antropólogo social y cultural Carlos Argaber sobre un tema tan actual como complejo: cómo las redes sociales, la inmediatez y los nuevos modelos de relación están transformando nuestra manera de amar y de vincularnos.

Como reflexionó Ana al inicio del episodio:“En un intento de liberarnos de la dependencia y el sufrimiento en el amor, hemos creado una guerra de sexos, un mercado de vínculos efímeros”. Con esta frase, se resume el tono de una charla que invita a la reflexión sobre las dinámicas afectivas contemporáneas.

Redes sociales y la paradoja de la conexión

Carlos Argaber explica que su interés por el estudio del género y las relaciones surgió al observar cómo las redes sociales modificaban los comportamientos tradicionales:

“Instagram está mucho más centrado en el yo… he apreciado que había una tendencia por parte de algunas mujeres a exponer su cuerpo de manera muy habitual, algo que antes no se veía.”

El antropólogo plantea que vivimos un “shock tecnológico” que ha transformado nuestras interacciones: el ser humano está diseñado para convivir con unas 150 personas, pero ahora “tenemos acceso a miles a través de un teléfono móvil”. Esa hiperconexión, añade Ana, genera “la desconexión por hiperconexión”: múltiples contactos, pero pocas conexiones auténticas.

Desde la psicología, este fenómeno se relaciona con un incremento del estrés y la soledad. En Psicólogos Princesa lo observamos a diario en consulta: la dificultad para construir vínculos sanos o mantener la atención plena en una relación se ha convertido en un motivo recurrente de asesoramiento.

La cultura del rendimiento emocional

Uno de los momentos más reveladores del episodio llega cuando ambos abordan cómo los modelos de libertad sexual y las expectativas sociales pueden derivar en nuevas formas de presión. Como comentó Ana: “Lo que ha sido la liberación sexual se ha convertido para muchas mujeres en una obligación autoimpuesta. No es libertad si sientes que tienes que hacerlo para gustar.”

Argaber añade que tanto hombres como mujeres viven bajo la exigencia de “cumplir” emocional o sexualmente, lo que alimenta la ansiedad relacional. Este enfoque conecta con la terapia cognitivo-conductual (TCC), que promueve la conciencia plena (mindfulness) y la aceptación de las emociones como vía para recuperar el equilibrio y el bienestar emocional.

El espejismo de las apps y la soledad digital

El episodio también aborda el impacto de las aplicaciones de citas y plataformas como OnlyFans. Para Carlos, estas herramientas “distorsionan la realidad y aumentan la competencia entre los sexos”, mientras que Ana señala que fomentan un tipo de relaciones “anestesiadas por el consumo y el entretenimiento”.

Ambos coinciden en que la sobreexposición y la búsqueda constante de validación generan una desregulación del sistema nervioso, lo que se traduce en ansiedad, insomnio y estrés. En este sentido, trabajar el manejo del estrés, así como recuperar espacios de conexión real, se vuelve esencial para una salud mental integral.

Repensar los vínculos: del ideal al encuentro real

En la recta final del episodio, Ana y Carlos invitan a repensar el amor más allá de los modelos tradicionales o las etiquetas contemporáneas.

Como dijo Argaber: “Lo que no funciona no es la monogamia, sino las relaciones entre hombres y mujeres. Hemos hecho de las relaciones algo sagrado, pero deberíamos aprender a disfrutarlas sin ansiedad por su final.”

Ana destacó que el desafío actual pasa por “aceptar la incertidumbre y reconectar con uno mismo antes de buscar al otro”. Una reflexión que, más allá de lo teórico, tiene una aplicación práctica: aprender a regular nuestro sistema nervioso, a sostener las emociones sin huir de ellas y a cultivar vínculos auténticos, no inmediatos.

Cuidar el bienestar emocional en tiempos líquidos

La conversación entre Ana Millán y Carlos Argaber deja un mensaje claro: no podemos comprender la salud mental sin entender el contexto relacional en el que vivimos.

En Psicólogos Princesa, creemos que el bienestar emocional se construye desde la atención psicológica, la conexión humana y el aprendizaje continuo.

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Aprender a fortalecer tu tolerancia a la frustración y evitar conductas compulsivas que agraven el malestar, es clave para conectar contigo mismo y acabar favoreciendo a tu bienestar emocional.

Durante la conversación del último episodio de nuestro podcast, Ana Millán le comentó a Miguel de Lucas lo siguiente: “Una cosa que se habla mucho en psicología, es el tema de la tolerancia a la frustración y luego que esa emoción desagradable, uno no se enganche como con una conducta compulsiva”

Esta frase resume un problema muy común en nuestra vida diaria: cuando algo nos genera malestar, muchas veces tratamos de “quitárnoslo de encima” de forma inmediata. Pero en lugar de aliviarlo, ese intento de escape puede llevarnos a actuar de manera impulsiva o evitativa.

Aceptar el malestar como parte del bienestar emocional

Ana explicó que “es absolutamente natural que todo sube y todo baja”. Esta idea, tan sencilla como profunda, nos recuerda que las emociones negativas no son un error del sistema, sino una parte inevitable del equilibrio psicológico.

Sin embargo, en una sociedad que prioriza la productividad y la satisfacción inmediata, se hace difícil tolerar el dolor emocional o la frustración. Cuando no lo conseguimos, es fácil caer en lo que Ana llama “conductas compulsivas o evitativas”, como salir a beber, refugiarse en redes sociales o buscar distracciones rápidas para no sentir.

Estas estrategias pueden parecer eficaces a corto plazo, pero con el tiempo nos alejan del bienestar emocional. Buscar atención psicológica puede ayudar a trabajar precisamente en este punto: aprender a convivir con las emociones desagradables sin que ellas nos dominen.

Técnicas para fortalecer la tolerancia a la frustración

Como señala Ana, existen conductas conscientes que ayudan a sobrellevar los momentos de malestar: “Si tú haces una conducta consciente, una técnica de distracción, como es salir a correr, hablar con alguien de una manera tranquila, consciente, entonces podrás sobrellevar esa emoción y esa situación.”

Estas prácticas son herramientas simples pero potentes para reducir la intensidad de la emoción sin evitarla. Desde la perspectiva de la terapia cognitiva conductual (TCC), este tipo de estrategias ayudan a identificar los pensamientos automáticos y promover respuestas más adaptativas frente al estrés o la ansiedad.

De hecho, diversos estudios han demostrado que la TCC es una de las intervenciones psicológicas más efectivas para mejorar la regulación emocional y aumentar la tolerancia al malestar.

Cuando el impulso manda: las trampas del alivio inmediato

El problema, como subraya Ana, surge “cuando intentas escaparte del dolor corriendo o intento hacer algo: o salgo y bebo, o voy, me meto en una aplicación y tengo que conocer gente corriendo”. Estas conductas buscan un alivio rápido, pero refuerzan la idea de que no somos capaces de sostener el malestar.

Aprender a detenerse, respirar y observar la emoción sin reaccionar impulsivamente es una habilidad que se puede desarrollar con acompañamiento profesional. En Psicólogos Princesa, nuestros profesionales ofrecen asesoramiento psicológico en áreas como el estrés laboral, la ansiedad, las crisis emocionales, etc, tanto en formato presencial en Madrid como en terapia online.

Cuidar la salud mental desde la aceptación

Aceptar el malestar no significa resignarse, sino reconocer que forma parte de nuestra experiencia humana. En palabras de Ana: “querer evitarlo como sea” solo nos lleva a más sufrimiento. La verdadera gestión emocional empieza cuando dejamos de luchar contra lo que sentimos y aprendemos a relacionarnos con ello desde la conciencia.

¿Quieres aprender a gestionar mejor tus emociones?

En Psicólogos Princesa, contamos con un equipo especializado en salud mental integral, manejo del estrés y bienestar emocional. Ofrecemos atención psicológica presencial en Madrid (zona Argüelles-Moncloa) y terapia online.

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Por más que en muchas ocasiones nos resulte costoso otorgar el perdón, este esfuerzo consciente por dejar atrás el daño causado nos permite, en palabras de Irene Villa que cita María Gracia Albines en su artículo, “poder sobrellevar la vida, poder empezar de nuevo (…)”. Estamos seguros que os va a interesar.

El valor de un “incomprensible”: reflexiones en torno al perdón

Por María Gracia Albines

Madrid, 17 de octubre de 1991. Irene Villa, de tan solo 12 años, y su madre, María Jesús González, fueron víctimas de un atentado terrorista que marcó sus vidas para siempre. Como consecuencia del ataque, Irene perdió ambas piernas y tres dedos de la mano izquierda y su madre, una pierna y un brazo. Han pasado más de treinta años desde aquel día, pero hay un mensaje que permanece:“Decidimos perdonar y mirar hacia adelante sin sentir rencor” (Antena 3, 2024). El atentado prescribió sin que se encontraran culpables. ¿Es acaso una locura? ¿Una forma de humillación? ¿O quizá una muestra de fortaleza y dignidad? Para Irene Villa, perdonar es el camino “para poder sobrellevar la vida, para poder empezar de nuevo, (...) para romper el vínculo con quien ha hecho daño.”

Ruanda, abril de 1994. Immaculée Ilibagiza, una mujer tutsi, sobrevivió al genocidio que cobró la vida de más de 800 000 personas. Entre ellas, sus padres y dos de sus hermanos. Durante 91 días, permaneció escondida en un baño de apenas un metro cuadrado, junto con otras siete mujeres. Terminado este período, Immaculée tomó una decisión impensable para muchos: perdonó a los asesinos de su familia, e incluso llegó a visitarlos en prisión. ¿Se trata de una disociación compleja? ¿De una incapacidad para sentir dolor? ¿Es posible sostener en el tiempo una actitud tan incomprensible? Con los años, Immaculée continúa compartiendo su testimonio como un ejemplo de perdón y libertad interior. Frente a quienes suponen ausencia de sufrimiento en su testimonio, refiere: “mi corazón destrozado ha sido reparado a través del perdón” (Ilibagiza y Erwin, 2014).

Dos experiencias de dolor profundo, y un tema común de perdón. A veces se piensa que esta disposición al perdón es poco terapéutica e imposible de plantear tras haber experimentado vivencias de daño complejas, pero sin duda, contiene un valor poco conocido y de gran trascendencia. 

¿Qué supone perdonar? ¿Qué implica esta disposición? Hay un consenso académico y de práctica clínica en Psicología que establece que el perdón no es una “negación”, pues es necesario, en primer lugar, aceptar que ha existido un daño; el perdón tampoco supone “olvido”, como si se tratase de una actitud automática capaz de eliminar una ofensa de la conciencia. En realidad si se olvida, no hay nada que perdonar y, finalmente, tampoco supone “justificación”, por la que se accede a aceptar los motivos que llevaron al ofensor a cometer su error (Echeburúa, 2013; Guzmán, 2010).

Perdonar implica que la persona ha vivenciado el dolor de una ofensa, reconoce la naturaleza hiriente de ésta y aún a sabiendas de que la situación puede ser injustificada y la persona no merece ser perdonada, decide hacerlo (Guzmán, 2010); por lo tanto es un acto del todo consciente, una decisión de libertad a la que no se puede obligar, ni siquiera sugerir de forma ligera, porque forma parte de un proceso terapéutico de sanación, de superar una herida emocional y trascender al daño.

Hay un concepto implícito en una relación que necesita perdón: el sentido de comunidad. Así, este acto no solo permite sanar a la víctima y al agresor, sino que restaura relaciones y reintegra al otro en la comunidad (Vanier, 2001). Al respecto, en los dos testimonios descritos puede mencionarse que tienen en común que el agresor no constituye una persona con un lazo inicial estrecho, como ocurre en otras experiencias de trauma complejo, en las que es necesario distanciarse, al menos temporalmente, de quien ha hecho daño, para poder comprender la situación, restaurar en el tiempo y en libertad, y poder elegir cómo continuar.

Hay quienes han descrito el perdón como sinónimo de liberación, puede representar un favor a alguien, pero en realidad constituye una oportunidad para uno mismo; la de no vivir atormentado, sacudirse el yugo del pasado, mejorar la salud, y en definitiva, reconciliarse consigo mismo y recuperar la paz interior (Echeburúa, 2013).

En este sentido, sin perdón no hay presente ni futuro. Queda únicamente un pasado que pide ser restaurado y que genera resentimiento o ira contenida. Perdonar implica colaborar conscientemente a que la herida se cicatrice de manera auténtica para luego aprender a vivir con esa cicatriz. Con este acto se deshacen los sentimientos de culpa y resentimiento que se hacen continuamente presentes, se resta el control que tiene dicha experiencia para condicionar el presente (Arendt, 1993), y se reduce también la motivación de distanciarse o buscar venganza. Puede compararse con una carretera de doble sentido: al perdonar a otros, también se experimenta una forma de perdón hacia uno mismo; así como ser tolerante con los demás facilita aceptar los propios errores, por la compasión y empatía presentes (Echeburúa, 2013; Wade y Worthington, 2005)

Para cerrar la puerta de forma definitiva a esa experiencia de daño, es necesario colocar los acontecimientos en el momento temporal al que corresponden y establecer nuevas formas de relacionarse. Desde una mirada transformadora, este proceso implica pasar por la superación del dolor y del odio, comprendiendo la experiencia, aceptándola, y generando experiencias de reconstrucción personal y comunitaria. 

Finalmente, perdonar significa liberarse también de la concepción de víctima, una implicación importante en el proceso terapéutico, dado que esta resignificación facilita la capacidad de agenciamiento y responsabilidad personal con la propia vida (Bravo y Rojas, 2021).

Sin embargo, quedan conceptos aún por tratar: ¿es condicional o incondicional al arrepentimiento de quien ha hecho daño? ¿supone reconciliación? ¿qué sucede cuando ya no está presente quien ha cometido la ofensa? En todos estos aspectos juega un papel fundamental nuevamente la libertad, en la que los actos personales están motivados por una fuerza muchas veces incomprensible para otros, como las realidades más complejas de la persona humana.

Todas estas razones que operan a nivel psicológico son abundantes, pero no suficientes para abordar el tema del perdón. Es necesario tener una mirada antropológica que no se reduzca a un sentimiento de bienestar emocional que engendra el perdón. No se trata de una estrategia cognitiva, fruto de un sentimiento de compasión hacia alguien, en realidad perdonar es un acto de magnanimidad, supone un nuevo comienzo en el obrar, rompe la cadena de las consecuencias de la acción de agravio, supone reconocer la libertad del otro para cambiar y la propia para no quedar determinada por el pasado y permite la restauración de la convivencia y de la esperanza  (Arendt, 2005). 

Es necesario reconocer que la persona es más que su afectividad, que tiene un alma propiamente humana, que la dota de libertad y permite entender que su crecimiento personal se da cuando da a los demás aquello de lo que dispone, como refiere Polo (2003). Se trata de un acto de apertura al otro, que repara la ruptura de la donación interpersonal, que reconoce la dignidad del otro más allá de sus acciones, que trasciende el límite del yo, superando el resentimiento, y se abre al don, liberando al perdonador y al perdonado.

El perdón aúna y comprende la vulnerabilidad y la grandeza, propias de la naturaleza humana. En cierto sentido necesita haber experimentado el perdón y un nivel de trascendencia tal, que le otorgue un sentido personal en la vida.

Referencias bibliográficas

Arendt, H. (1993). La condición humana (R. Gil Novales, Trad.). Paidós.

Arendt, H. (2006). Responsabilidad y juicio (M. Mur, Trad.). Paidós.

Bravo, A. y Rojas, L. (2023). Valoración del perdón desde las víctimas del conflicto armado colombiano. Informes Psicológicos. 23(1); pp. 159 - 174.

Echeburúa, E. (2013). El valor psicológico del perdón en las víctimas y en los ofensores. Eguzkilore: Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología, 27, 65‑72.

Guzmán, M.; Santelices, M. y Trabucco, C. (2015). Apego y Perdón en el Contexto de las Relaciones de Pareja. Terapia Psicológica. 33(1). http://dx.doi.org/10.4067/S0718-48082015000100004. 

Ilibagiza, I., y Erwin, S. (2014). Mi viaje hacia el perdón: Renaciendo de las cenizas del genocidio de Ruanda. Palabra.

Millán, E. y Ahedo, J. (2023). Perspectiva Antropológica del perdón desde Hannah Arendty Leonardo Polo. Sophia: Filosofía, Antropología y Educación, pp. 65-86. https://doi.org/10.17163/soph.n34.2023.02.

Polo, L. (2003). Antropología trascendental II: La coexistencia del hombre. Eunsa.

Vanier, J. (2001). Comunidad: lugar de perdón y fiesta. España: Sauce.

Villa, I., y González, M. J. (2024, 17 de octubre). Irene Villa y su madre recuerdan el atentado que cambió su vida: «Aceptas lo que no puedes cambiar y piensas que has nacido así». Espejo Público, Antena 3. Recuperado de: https://www.antena3.com/.

Villa-Gómez, J. (2016) Perdón y reconciliación: una perspectiva psicosocial desde la no violencia. Polis, Revista Latinoamericana. 15(23). 131 – 157.

Wade, N. y Worthington, E. (2005). In search of a common core: A content analysis of interventions to promote forgiveness. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training, 42(2), 160-177. https://doi.org/10.1037/0033-3204.42.2.160.

Si has visto el último capítulo de nuestro podcast, recordarás la anécdota que compartió Miguel de Lucas, sobre el manejo del miedo, la búsqueda de bienestar emocional y la importancia de mantener los pies en la tierra incluso en los momentos de mayor éxito.

Cuando Miguel nos contó que tiene la gran fortuna de poder hacer conferencias para muchas empresas y que acababa de hacer una para 4500 alumnos en su primer día de universidad, para darles la bienvenida y algunos tips para que vivieran esa aventura como nunca, Ana le preguntó por el mensaje que quiso transmitirles, a lo que él respondió con naturalidad: “Yo les he dicho que vivan, que se equivoquen, que descubran que el miedo va a llegar”.

Estas palabras resumen uno de los pilares de la salud mental integral: aceptar nuestras emociones sin juzgarlas. El miedo, la incertidumbre o el error no son enemigos, sino señales que nos invitan a crecer. Como subraya Miguel, incluso el rector de aquella universidad conectó con esa idea al decir: “Chicos, chicas, el miedo os llegará, no os preocupéis porque es normal, vamos a ver qué hacemos con el miedo, nosotros os vamos a ayudar”.

Esta frase refleja un enfoque profundamente humano y psicológico: el miedo es parte de la vida, pero también puede transformarse en aprendizaje si contamos con el acompañamiento adecuado.

El miedo como punto de partida

En Psicólogos Princesa, entendemos el miedo como una emoción básica que cumple una función adaptativa. Sin embargo, cuando se vuelve constante, por ejemplo, ante la presión laboral o las exigencias personales, puede generar estrés crónico y malestar. En estos casos, la terapia cognitivo-conductual (TCC) o las técnicas de relajación para el estrés pueden ayudar a identificar los pensamientos que alimentan el miedo y ofrecer herramientas prácticas para gestionarlo.

Además, en procesos más profundos, la terapia EMDR ha demostrado ser eficaz para procesar recuerdos dolorosos o situaciones de bloqueo emocional, ayudando a la persona a reconectar con su sensación de seguridad.

El “cable a tierra”: mantener la perspectiva

Tras compartir su experiencia, Miguel relata un momento que conecta la reflexión con la vida cotidiana: “Cuando acabó la conferencia, que sales un poco de subidón, me llamó mi mujer y me dijo: ‘Oye, Miguel, que hay que ir a Mercadona a comprar’. Y me encanta cuando hace esas llamadas porque digo, ¡Bom!, cable a tierra, que lo importante es que no tenemos pan para que los niños desayunen mañana”.

Ese “cable a tierra” simboliza la importancia de volver al presente, recordar lo esencial y mantener el equilibrio emocional. En psicología, esta idea se asocia con técnicas de mindfulness, que ayudan a centrar la atención en el aquí y ahora, reduciendo la rumiación y el estrés.

Aprender a vivir con autenticidad

La enseñanza que deja este fragmento es clara: vivir implica sentir, equivocarse y aceptar que el miedo forma parte del camino. Desde Psicólogos Princesa, acompañamos a quienes buscan mejorar su bienestar emocional, ya sea a través de atención psicológica presencial en nuestro centros psicológicos en Madrid o mediante terapia online.

Porque, como dice Miguel, se trata de “vivir esa aventura como nunca”, con miedo, con ilusión y con los pies firmes en el suelo.

¿Necesitas apoyo para manejar el miedo? Contacta con nosotros y empieza a construir tu propio “cable a tierra”.

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La relación entre el ego, la disciplina y el crecimiento fue uno de los temas que trataron Ana Millán y Miguel de Lucas en el último episodio de nuestro podcast.

Ana comenzaba reflexionando: “Las cosas yo creo que no se consiguen, son un proceso. La cuestión es ser consciente y es que tener ego es absolutamente normal, sobre todo cuando hay tanta atención sobre ti. Aquí la cuestión, ya te digo, es cómo lo utilizas”.

Esta frase resume una idea fundamental dentro de la psicología del bienestar emocional: el éxito no se trata de alcanzar una meta concreta, sino de recorrer un proceso de aprendizaje constante. En un mundo que premia la inmediatez, la conciencia del proceso y la gestión del ego son esenciales para mantener el equilibrio mental y emocional.

Ego y autoconocimiento: una mirada desde la psicología

El ego, entendido como la percepción que tenemos de nosotros mismos, no es algo negativo en sí mismo. Como recuerda Ana, lo importante es cómo lo utilizamos y muchas personas buscan precisamente ese equilibrio entre la confianza en sí mismas y la humildad necesaria para seguir creciendo.

Miguel de Lucas apuntaba también: “En el caso de vuestra escuela… que está funcionando como un tiro… Eso te puede decir: ‘Wow, mi socia y yo somos unas máquinas’. Eso, ¿cómo lo gestionáis?”

La pregunta no es trivial: ¿cómo mantener la autenticidad y la vocación cuando el éxito empieza a llegar?

Disciplina y sacrificio: el oficio de lo sagrado

Ana respondía con una claridad que conecta con la filosofía de trabajo de Psicólogos Princesa: “Aquí no se llega de ninguna forma nada más que trabajando. Con disciplina y sacrificio, que yo creo que son dos conceptos muy importantes que se han perdido. Disciplina, que viene de discípulo, de seguir lo que realmente es importante para mí, y sacrificio, que es el oficio de lo sagrado: hacer todos los días lo que es importante para mí.”

En psicología del trabajo y de las organizaciones, la disciplina y el compromiso personal se asocian con un mayor bienestar emocional y con una reducción del estrés laboral. No se trata de exigirse más, sino de actuar desde el propósito: mantener la atención en lo que realmente importa.

Conclusión: lo sagrado de lo cotidiano

El mensaje de Ana Millán nos recuerda que el verdadero crecimiento no está en “conseguir”, sino en “seguir”. La disciplina y el sacrificio no son cargas, sino caminos hacia lo sagrado: aquello que da sentido a nuestras acciones y fortalece nuestra salud mental.

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Los prejuicios hacia las personas mayores configuran en la actualidad una de las mayores formas de exclusión social. ¿Realmente somos conscientes de nuestra visión negativa acerca de la vejez? María Domínguez dedica el siguiente artículo a responder a esta cuestión. Estamos seguros que os va a interesar.

La cultura occidental legitima diferentes estereotipos acerca de las personas mayores. Estas ideas preconcebidas son interiorizadas como modelos estables del desarrollo presentes en todos los individuos, formando parte del sistema de creencias, a pesar de la variabilidad interpersonal reconocida en la población restante. Estas percepciones sociales de la vejez influyen en el transcurso de la misma, pues es la propia persona quien acaba aceptando su papel pasivo asociado a un deterioro cognitivo y físico inevitables. 

De este modo surge la tercera gran forma de discriminación social, precedida únicamente por el racismo y el sexismo: el edadismo. El edadismo o discriminación por edad supone la percepción negativa de las personas a medida que se hacen mayores, asociándose a conductas de desdén, desagrado, insulto, evitación de la cercanía y del contacto físico, así como a la invalidación de las capacidades y opiniones de esta población. Y es aquí donde uno debe pararse y reflexionar acerca de qué significa hacerse mayor: la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) define envejecimiento como el proceso natural que se produce por el paso del tiempo en los seres vivos, y que trae consigo una serie de cambios y modificaciones a distintos niveles (morfológico, conductual, funcional, etc.). 

Estos no son lineales ni uniformes, y su vinculación con la edad de una persona en años es relativa, suele asociarse a transiciones vitales como la jubilación y el fallecimiento de seres queridos. Con el tiempo transcurre la edad cronológica, todos envejecemos, el niño se hace joven, el joven se vuelve adulto y este a su vez anciano.  Pero, a su vez, la edad subjetiva es la definición que hace la persona de sí misma, sus aspiraciones y metas, desarrollándose en función de la autoestima, salud, adaptabilidad, habilidades sociales y ambiente. Por lo tanto, a diferencia de las anteriores, es una discriminación que afecta a la totalidad de la población, ya que es una condición evolutiva común. Esta concepción no solo es legitimada por los jóvenes, sino también por el propio grupo de edad afectado.

Además, al tratarse de un fenómeno social que se desenvuelve en la cultura patriarcal afecta en mayor medida a las mujeres. Éstas se convierten en mayores invisibles mucho antes que los hombres, evaluándolas de manera más negativa especialmente en lo que a la apariencia física se refiere, entendiendo a ellas como viejas y a ellos como maduros. Son percibidas como receptoras de cuidados y necesitadas de apoyo económico y no como cuidadoras y proveedoras de su tiempo, energía, conocimientos, apoyo afectivo, material y económico a la familia y a la sociedad. Además, pertenecer a una minoría estigmatizada (como es el colectivo LGTBI o la clase social baja) aumenta la probabilidad de sufrir una mayor discriminación por edad.

Para poder combatir el edadismo es necesario reconocer las ideas negativas relacionadas con este grupo de edad: 

(a) Todas las personas de la tercera edad son muy parecidas, se trata de una población homogénea con los mismos gustos, intereses y necesidades. 

(b) Están enfermas, son frágiles y dependientes por lo que están socialmente aisladas.

(c) La mayoría tienen algún grado de deterioro cognitivo y están deprimidas. 

(d) Se vuelven difíciles de tratar y son más rígidas, mostrándose reacias a los cambios sociales y discriminando a las minorías. 

(e) Debido a todas las limitaciones mencionadas no se encuentran en una disposición adecuada para trabajar y aquellos que lo hacen, desempeñan su labor de forma poco productiva. 

Se trata como vemos de una percepción negativa que incluye ideas como pérdida, enfermedad, dependencia, deterioro, etc. y que en la mayoría de los casos no se corresponde con la realidad de muchas personas, que viven con autonomía, independencia, salud y energía hasta edades muy avanzadas. 

¿Cuáles son las consecuencias del edadismo?

En las personas mayores se produce la profecía autocumplida: adoptan una imagen negativa asociada a su grupo de edad y se comportan en consonancia con los estándares, infravalorando sus capacidades, creando una relación inversamente proporcional entre la edad, el sentimiento de autoeficacia y el rendimiento, volviéndose cada vez más dependientes, aumentando su estado depresivo e incluso la tasa de mortalidad. Esto se ve reforzado por el trato recibido en las instituciones, donde se utiliza baby talk: un trato paternalista que consiste en hablar a las personas mayores como si fueran niños, lo que refuerza los comportamientos y pensamientos negativos acerca de sus capacidades.

Además, en el ámbito de la salud se produce un infradiagnóstico tanto de enfermedades físicas como de trastornos mentales. Se aplican patrones de actuación diferenciales que no se encuentran avalados por la literatura científica, pues este grupo de edad es infrarrepresentado en las poblaciones estudiadas. Con respecto a la salud mental, este infradiagnóstico es resultado de la creencia errónea de la tristeza como estado basal de las personas. Así mismo, las derivaciones a psicólogos para su tratamiento son escasas, debido a la incapacidad de aprender y adaptarse a nuevas situaciones. Es por esto que algunas asociaciones como la Asociación Americana de Psicología (APA) defienden la intervención sobre las actitudes edadistas de los profesionales que la componen. 

¿Cómo combatir esta injusticia social?

Para erradicar la discriminación por edad es necesario transformar los ámbitos sociales que perpetúan estas ideas tales como los medios de comunicación o las políticas gubernamentales, y fomentar la intergeneracionalidad. 

En las instituciones que se dedican al cuidado de estas personas debe trabajarse desde el modelo de Atención Integral Centrado en la Persona (AICP), priorizando su calidad de vida, garantizando sus derechos y respetando sus decisiones y preferencias, fomentando la participación efectiva, la inclusión y la participación activa en la sociedad.

Además, a nivel individual debemos revisar la percepción y actitudes hacia las personas mayores, corrigiendo aquellas que puedan resultar discriminatorias e incluyendo tanto en el bagaje comportamental como actitudinal conductas dirigidas a la preservación de la dignidad de las mismas y al fomento de sus capacidades. Para ello se debe: 

(a) Preservar su autonomía y su capacidad de decisión, preguntando y aceptando su elección a pesar de no compartirla plenamente. 

(b) En ningún caso se debe disponer de sus bienes como si no los fueran a necesitar mientras vivan, les pertenecen. 

(c) Al igual que los demás, pueden ser una fuente de ayuda, pero no se deben anteponer las necesidades propias a sus posibilidades o deseos. 

(d) Se le prestará ayuda como a cualquier otra persona que la necesita, no debemos anularles. 

(e) Al igual que hacemos con los demás, es importante reconocerles todo aquello que aportan en el día a día, y agradecerles todo lo que hacen por nosotros, su tiempo, al igual que el nuestro, tiene valor. 

Todo esto se podría sintetizar en respetar y cuidar a las personas mayores como nos gustaría que nosotros fuésemos cuidados. 

Referencias

Bárcena, C., Iglesias, J. A., Galán, M. I., y Abella, V. (2009). Dependencia y edadismo. Implicaciones para el cuidado. Revista Enfermería Castilla Y León, 1(1), 46–52. http://www.revistaenfermeriacyl.com/index.php/revistaenfermeriacyl/article/view/18

Organización Mundial de la Salud (4 de octubre de 2021). Envejecimiento y salud. Centro de prensa. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ageing-and-health

¿Estáis de acuerdo con Miguel de Lucas, el último invitado de nuestro podcast, en que nunca es tarde para ilusionarse? Con esta afirmación, Miguel nos invitó a repensar cómo cultivamos la salud mental integral en nuestra vida cotidiana.

“Creo que la ilusión se pierde cuando dejamos de hacer aquellas cosas que de algún modo nos gustan, sean las que sean, muchas veces las dejamos de hacer un poco porque la gente de nuestra edad ya no las hace”, explicó Miguel durante el episodio. “A mí me gusta salir a correr, me gusta jugar con el diábolo, me gusta coger una baraja de cartas y experimentar…”.

Esa mirada sobre la ilusión, no como un estado pasajero, sino como una actitud vital, conecta directamente con el bienestar emocional. Recuperar la capacidad de sorprendernos, de disfrutar y de aprender cosas nuevas, puede ayudarnos en diferentes aspectos de nuestras vida como, por ejemplo, a manejar el estrés laboral, mejorar la autoestima y reforzar nuestros vínculos personales.

Ilusionarse como herramienta de bienestar emocional

En Psicólogos Princesa, nuestros profesionales en atención psicológica, trabajan desde la idea de que la ilusión forma parte del equilibrio emocional. A través del asesoramiento psicológico o de intervenciones como la terapia cognitiva conductual (TCC), se ayuda a las personas a reconectar con aquellas actividades que les devuelven un sentido de propósito y disfrute.

La ciencia lo respalda. Diversos estudios en psicología positiva señalan que las personas que se involucran regularmente en actividades que disfrutan, muestran niveles más altos de bienestar general y menores indicadores de ansiedad o depresión, por ello, aprender a “volver a ilusionarse”, es tan importante.

Los pequeños placeres como forma de autocuidado

Correr, jugar, aprender una nueva habilidad o simplemente disfrutar de un hobby no son gestos triviales. Son, en palabras de Miguel de Lucas, “pequeños detalles” que alimentan nuestra energía mental. Desde la psicología, estos momentos se relacionan con estrategias de regulación emocional que ayudan a reducir el estrés y favorecer la resiliencia.

Integrar estos espacios en la rutina diaria puede ser un primer paso hacia un mayor equilibrio entre mente y cuerpo. En algunos casos, cuando la desmotivación o el agotamiento emocional se prolongan, una valoración psicológica puede ayudar a detectar qué factores están interfiriendo en nuestro bienestar y diseñar una intervención personalizada para recuperarlo.

Cultivar la ilusión en la vida adulta

Muchos adultos, como señalaba Miguel, dejan de hacer cosas que les entusiasman porque “ya no se consideran apropiadas para su edad”. Sin embargo, redescubrir esas pasiones puede ser una poderosa forma de reconexión personal. La terapia cognitiva conductual trabaja precisamente sobre estos patrones de pensamiento, ayudando a las personas a cuestionar creencias limitantes y abrir espacio a nuevas experiencias.

Volver a ilusionarse: un acto de autocuidado

En definitiva, recuperar la ilusión no requiere grandes cambios, sino prestar atención a lo cotidiano. Una charla con amigos, una nueva afición o una simple caminata pueden convertirse en actos de autocuidado emocional. Como recordaba Miguel de Lucas, la ilusión vive en los pequeños gestos que nos hacen sentir vivos.

¿Quieres aprender a reconectar con tu ilusión y bienestar emocional?
En Psicólogos Princesa, nuestro equipo ofrece atención psicológica presencial en Argüelles-Moncloa y terapia online adaptada a tus necesidades.


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