¿Es la psicología una ciencia? ¿Es un arte? En el nuevo episodio de Entre Divanes se aborda entre Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa, una de las preguntas más comunes entre estudiantes y nuevos profesionales: cómo integrar el conocimiento teórico con la práctica terapéutica real. Porque ser psicólogo no es solo aplicar protocolos; es también crear un espacio humano, seguro y significativo para el otro.
De la teoría al encuentro humano
Uno de los mayores retos que enfrentan los alumnos al comenzar su práctica clínica es cómo pasar de los libros a la consulta. ¿Cómo aplicar todo lo aprendido sin que la intervención se convierta en un interrogatorio? ¿Cómo mantener la estructura y el método sin perder la calidez ni la autenticidad del vínculo?
En palabras del podcast: “la preocupación que tienen los alumnos es cómo, de toda esta teoría que yo he estudiado, con protocolos de intervención, me siento delante de un paciente y no le hago un interrogatorio”. La respuesta no es sencilla, pero sí clara: se trata de encontrar el punto justo entre técnica y presencia.
Mente y palabra: el arte de acompañar
La relación terapéutica exige una preparación rigurosa, pero también una disposición emocional y relacional. Saber cuándo intervenir, cómo hacerlo, cuándo callar o cuándo dejar espacio forma parte del arte del terapeuta. “Primero, la experiencia es la madre de la ciencia”, se recuerda en el episodio, y también que “uno tiene que ir con la mente por delante y con la palabra por detrás”.
Es decir, el terapeuta debe tener una comprensión profunda de lo que ocurre en sesión, pero intervenir desde la escucha y la empatía, no desde la prisa o la necesidad de aplicar recetas.
Técnica, intuición y humanidad
Este equilibrio entre ciencia y arte se construye con el tiempo, con práctica, con supervisión y con trabajo personal. Requiere dominar herramientas, pero también confiar en la propia intuición clínica, que no es improvisación, sino fruto de la experiencia y de una observación afinada.
El objetivo no es solo aliviar el malestar, sino acompañar a la persona en un proceso de autoconocimiento real. Y para eso, la técnica es fundamental, pero la presencia genuina del terapeuta es insustituible.
La psicología es una ciencia de la salud, sí. Pero también es un arte. El arte de estar con el otro, de escuchar lo que no se dice, de intervenir sin invadir, de acompañar sin dirigir. Para quienes comienzan en este camino, el reto es grande, pero también apasionante.
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En este episodio de Entre Divanes, se profundiza en una realidad cada vez más presente en las consultas psicológicas: muchas personas acuden a terapia sin cumplir criterios diagnósticos clínicos, pero con un malestar real que afecta a su vida cotidiana. De esto nos hablan Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa.
Este fenómeno, que se ha intensificado en los últimos años, plantea una reflexión importante sobre el modelo desde el que se aborda la salud mental. Como se menciona en el episodio: “un porcentaje muy alto de las personas que vienen a terapia, a diferencia con años anteriores, no cumplen criterios para un diagnóstico. Lo que tienen son problemas”.
El límite del diagnóstico
Tradicionalmente, la psicología clínica ha estado muy vinculada al modelo biomédico, basado en la identificación de síntomas y en la categorización de trastornos. Sin embargo, este enfoque tiene sus límites, especialmente cuando el sufrimiento no encaja en una etiqueta diagnóstica concreta.
Muchas personas llegan a consulta sin que su malestar sea clínicamente significativo, pero aun así “se sienten mal, se sienten bloqueadas o perdidas, y buscan ayuda para entenderse y avanzar”. En estos casos, lo que se necesita no es un diagnóstico, sino una comprensión más amplia de la experiencia personal.
Del síntoma a la historia
El enfoque actual hacia el que se dirige la psicología,y que se promueve desde Psicólogos Princesa, es el modelo biopsicosocial. Este modelo no se queda en la superficie del síntoma, sino que busca entender el contexto completo de la persona: su cuerpo, su mente, su entorno, su historia vital.
Como se explica en el podcast: “la psicología cada vez más no se centra en el propio síntoma, sino que tratamos de encontrar cuál es la historia o el origen de ese malestar”. La ansiedad, el cansancio emocional o la tristeza persistente no siempre son síntomas de una enfermedad, sino señales de que algo en la vida de esa persona necesita ser mirado, entendido y reconfigurado.
Escuchar el malestar sin juzgar
Este cambio de mirada es fundamental. Permite acoger la experiencia del paciente sin necesidad de patologizarla. No se trata de minimizar el sufrimiento, sino de humanizarlo, comprendiendo que muchas veces lo que necesita la persona no es un diagnóstico, sino un espacio seguro en el que poder pensar(se), expresar(se) y reconstruir(se).
En Psicólogos Princesa se apuesta por una psicología integradora, que no solo atiende el síntoma, sino que busca el sentido de lo que le ocurre a cada persona. Porque entender el origen del malestar no solo ayuda a aliviarlo, sino que puede convertirse en una puerta hacia el crecimiento personal.
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En los últimos años las estadísticas no dejan de mostrarnos que las dificultades de los jóvenes para llevar a cabo su plan de vida están afectando a su salud mental. En su artículo Lucía González se detiene a valorar aspectos tan definitorios a este respecto como la indefensión aprendida o el maniqueísmo inherente a la doctrina del “querer es poder”. Estamos seguros que os va a interesar.
Cada año, las tasas de suicidio, depresión y ansiedad aumentan entre la juventud actual. En el rango de 15 a 29 años el suicidio es la principal causa de muerte externa aumentando un 7,9 % en el último año, al igual que las tasas de depresión y ansiedad: hay un 22% de jóvenes con indicadores de depresión y un 44% con indicadores de ansiedad. No se trata de un suceso aislado de los cambios sociales que se han experimentado los últimos años. Más del 55% de los jóvenes en España con dificultades económicas reportan problemas de salud mental, los jóvenes que no pueden satisfacer necesidades básicas tienen tasas de ideación suicida significativamente más altas y en el 59% de los jóvenes que combinan estudios y trabajo (los denominados sisi) los problemas psicológicos se han visto incrementados.
Los telediarios abren las noticias con la crisis de la vivienda, la inflación o el aumento del coste de los productos más esenciales y la generación Z ve cómo lograr una independencia económica y social se retrasa hasta la edad de los 30 años. Solo el 16% de los jóvenes pueden emanciparse y el precio del alquiler representa hasta el 93,9% del salario medio. Tras años estudiando, la juventud actual está saliendo al mercado laboral para darse de frente con ofertas que valoran por encima de todo experiencia, un listado de formaciones adicionales eternas o contratos abusivos y mal pagados.
De forma paralela, durante los últimos años han ido surgiendo gurús del estilo de vida y de las finanzas que prometen a la juventud alcanzar el éxito a través del “poder es querer”. Incitan a las masas a pensar que la mentalidad y la actitud es el único impedimento para alcanzar una vida exitosa. Afirman con sus lecciones que se pueden volver fácilmente millonarios y que aquel que no lo consiga es por falta de voluntad. Estas afirmaciones van ganando una gran cantidad de seguidores, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Nos podremos preguntar ¿Cuál es el nexo de estos acontecimientos?
La explicación entre los dos primeros fenómenos nombrados: la crisis social, económica y de la vivienda y el empeoramiento de la salud mental puede parecer más obvia. Para explicarlo me gustaría rescatar un concepto que acuñó Martin Seligman: Indefensión Aprendida. Este autor realizó un experimento donde se exponía a perros a choques eléctricos en una caja con dos zonas separadas, pero no podían huir de las descargas porque en ambas partes de la caja las recibían. Es decir, hicieran lo que hicieran recibían una descarga. Posteriormente se cambió la condición a que pudieran escapar de la situación de recibir una descarga, ya que, en una zona de la caja la recibían, pero en la otra no. Los perros ya habían aprendido que no podían escapar de estas descargas y lo que se observó es que se quedaban inmóviles soportándolas. Este experimento sienta las bases para la explicación de por qué las personas pueden aprender a comportarse pasivamente y con la percepción de ausencia de control sobre una situación, aunque esta cambie. Pertenece a las bases teóricas del desarrollo de la depresión y la ansiedad. Si sentimos que no podemos cambiar lo que nos ocurre, nuestra respuesta será quedarnos inmóviles, aunque esto no contribuya a nuestro bienestar psicológico. Trasladándonos al tema que acontece ¿no es posible que la juventud del siglo XXI esté teniendo esta misma sensación que el perro del experimento al ver que no puede cambiar su situación?
De forma completamente opuesta, desde hace unos años vemos como influencers asociados al fitness y al emprendimiento tienen un significativo aumento de popularidad especialmente entre la juventud con el mensaje de “querer es poder”. Esta motivación utiliza la responsabilidad de los jóvenes para tomar consciencia sobre sus acciones movilizando cambio y de paso, ganar seguidores y dinero. El más conocido dentro de este grupo (conocido como Llados) invita a pensar que si algo ha salido mal en tu vida (relaciones, negocios, emanciparse, etc.) es porque la persona no se había esforzado lo suficiente, utilizando la culpa como motor de cambio. Lejos de cuestionar los métodos de estas personas, los intereses económicos subyacentes y lo que muchos han calificado como secta, ¿acaso no está respondiendo a una necesidad de nuestra sociedad? Más allá de los trucos persuasivos, este tipo de mensajes devuelven la sensación de control a las personas: el fracaso es su responsabilidad, pero su éxito también. Ahora bien, ¿debemos irnos al extremo contrario y pensar que tenemos el control de todo lo que nos ocurre?
Desde la psicología sabemos que tan dañino puede ser hacernos responsables de todos nuestros éxitos y fracasos como únicamente hacer responsable al entorno. Cierto es que el contexto tiene un gran papel en la salud mental de las personas y es válido y comprensible que como sociedad las crisis económicas y sociales generen estrés e impotencia. sin embargo, considero que es necesario un empoderamiento sano de la juventud, un equilibrio donde podamos reconocer aquello que no está en nuestra mano a la par que recuperamos la sensación de poder gestionar el estrés que eso nos genera. Me parece fascinante observar cómo ocurren fenómenos tan contrapuestos y considero que desde la psicología poder analizarlos nos lleva a entender mejor las necesidades de la sociedad y de la juventud.
Referencias
Instituto Nacional de Estadística. (2024). Defunciones según la causa de muerte 2023. INE. Recuperado de https://www.ine.es.
Observatorio de Salud Mental de España. (2024). Informe anual sobre salud mental y juventud. Madrid, España. Recuperado de https://www.fsme.es.
Consejo de la Juventud de España. (2024). Crisis de vivienda y salud mental: impacto en la juventud. Informe de coyuntura. Recuperado de https://www.cje.org.
Infobae. (2024). Día Mundial de la Depresión: por qué aumentan los casos en el mundo y en qué se diferencia de la ansiedad. Recuperado de https://www.infobae.com.
Oxfam Intermón & Consejo de la Juventud de España. (2024). Equilibristas: las acrobacias de la juventud para sostener su salud mental en una sociedad desigual. Recuperado de https://www.elnacional.cat.
Observatorio de Emancipación. (2023). Informe sobre las dificultades de acceso a la vivienda y su impacto en la juventud. Consejo de la Juventud de España. Recuperado de https://www.cje.org.
Cada vez son más las personas que deciden estudiar Psicología. El interés por el conocimiento del ser humano y la importancia creciente del bienestar emocional han hecho de esta disciplina una de las carreras con mayor número de matriculaciones en España. Pero ¿qué ha motivado este auge? ¿Cuál es la situación real de la profesión? ¿Y qué perspectivas ofrece a quienes están formándose hoy?
Estas son algunas de las preguntas que abordan Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa en el último episodio de Entre Divanes.
Un antes y un después: el impacto del COVID
Uno de los datos más reveladores mencionados en el episodio es que “desde el COVID ha habido un superaumento, y no solamente en Psicología, sino en todas las profesiones sanitarias. Pero Psicología destaca incluso por encima de otras”. Este fenómeno no solo refleja un cambio en la percepción social de la salud mental, sino también una transformación estructural en el papel del psicólogo dentro de la sociedad.
El confinamiento, la incertidumbre y las consecuencias emocionales de la pandemia actuaron como un catalizador. Las personas comenzaron a buscar herramientas para gestionar el malestar, y los psicólogos pasaron a ocupar un lugar central en el cuidado de la salud integral. Desde entonces, la demanda de atención psicológica no ha dejado de crecer.
De los prejuicios a los datos
Durante muchos años, la Psicología arrastró ciertos estigmas que todavía hoy resuenan en algunas conversaciones. Como se menciona en el podcast: “cuando estudiábamos, lo típico que nos decían era: ‘¿pero cómo vas a estudiar Psicología? Te vas a morir de hambre’”. Afortunadamente, los datos actuales desmienten esos temores.
La tasa de empleabilidad de los graduados en Psicología es del 75% al terminar la carrera, y alcanza el 85% a los cinco años. Además, se ha diversificado notablemente: un 45% de esa empleabilidad se sitúa en el ámbito de la Psicología Clínica y Sanitaria, pero el resto se reparte entre otras áreas como la educativa, organizacional, social o investigadora.
Estos datos muestran que la Psicología ya no es una profesión precaria ni residual, sino una opción profesional sólida y con múltiples salidas. Como bien se indica en el episodio: “son datos, y ya no es una percepción”.
Un campo en expansión... que requiere compromiso
El crecimiento de la profesión también implica nuevos retos. La alta demanda de formación, el aumento de profesionales y la proliferación de centros de atención psicológica suponen una mayor necesidad de formación rigurosa, supervisión ética y construcción de una identidad profesional sólida.
En este sentido, desde Psicólogos Princesa se apuesta por el acompañamiento profesional desde los primeros pasos, no solo en lo académico, sino también en lo emocional y vocacional. Porque estudiar Psicología no es solo adquirir conocimientos, sino aprender a ser un canal válido para acompañar el sufrimiento humano desde la conciencia y el cuidado.
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"¿Qué le pasa a un psicólogo?" No desde el punto de vista clínico, sino profesional. ¿Qué retos encuentra quien decide formarse en Psicología? ¿Qué ocurre después de todos esos años de carrera universitaria? ¿Existe una guía real hacia el mundo laboral y el desarrollo de una identidad profesional sólida?
Todas estas preguntas las responden Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa, en el décimo episodio de Entre Divanes, en el que abordan un tema clave para quienes ya ejercen o están en proceso de formarse como psicólogos: la profesión en sí misma.
La brecha entre la teoría y la práctica
Una de las reflexiones más destacadas del episodio es la falta de orientación profesional tras finalizar los estudios universitarios. Como se menciona en el podcast: “parece mentira que después de tantos años estudiando en la facultad, con tantas materias y asignaturas, realmente no haya un acompañamiento más orientado a lo profesional”.
En muchos casos, el alumno termina la carrera con una gran carga teórica, pero con poca claridad sobre los pasos a seguir. ¿Cómo se construye una carrera profesional dentro del ámbito de la psicología clínica, educativa, organizacional o social? ¿Cómo se desarrolla una marca personal coherente con la vocación y los valores propios?
Este vacío ha impulsado iniciativas como la unidad de prácticas, el experto en abordaje integral de la psicoterapia y servicios de mentoría y supervisión profesional, todos ellos diseñados para tender un puente entre el aprendizaje académico y el ejercicio real de la psicología.
Psicología: una profesión en expansión
Según los datos mencionados en el episodio, cada año se matriculan en Psicología más de 15.000 estudiantes en España, en universidades tanto públicas como privadas. Este crecimiento se ha acelerado especialmente desde la pandemia, reflejando una mayor conciencia social sobre la importancia de la salud mental.
Pero con el auge también llegan nuevos desafíos: aumento de la competencia, necesidad de especialización, exigencias éticas y emocionales, y un escenario laboral cambiante. Por ello, el acompañamiento a futuros psicólogos se vuelve más necesario que nunca.
Más allá del título: identidad y propósito profesional
Otro de los puntos clave abordados en el podcast es el papel de la marca personal. En un contexto donde las redes sociales y la exposición digital son parte del ejercicio profesional, la marca personal no puede reducirse a una imagen pública. Como se señala: “la marca personal no es un perfil de Instagram; es el desarrollo profesional y personal que luego se proyecta al mundo”.
Construir una identidad profesional sólida implica explorar los propios valores, entender qué enfoque terapéutico resuena más con la forma de trabajar y aprender a comunicarlo con claridad, ética y autenticidad.
Una profesión vocacional, pero no improvisada
Ser psicólogo exige mucho más que vocación. Implica formación continua, compromiso ético, trabajo personal y conexión humana. También, como se menciona en el episodio, tener presente que esta profesión no solo se basa en conocimientos técnicos: “hay que ir con la mente por delante y con la palabra por detrás”. Es decir, saber hacia dónde se quiere acompañar al otro, sin imponer, sin precipitarse, y respetando siempre los tiempos y necesidades del paciente.
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En el décimo episodio de “Entre Divanes”, el podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa; abren una conversación muy necesaria sobre la profesión de la psicología.
En lugar de centrarse en un tema concreto de intervención o teoría, esta vez el foco está puesto en la experiencia de ser psicólogo, desde los inicios hasta la consolidación profesional, pasando por los retos emocionales y éticos que acompañan al ejercicio de esta vocación.
Una profesión en auge… y en transformación
Según datos compartidos en el episodio, Psicología es hoy una de las carreras más demandadas en España, con más de 15.000 nuevos matriculados cada año. Desde la pandemia, la demanda ha crecido exponencialmente, especialmente en universidades privadas, lo que refleja un interés creciente por el bienestar mental y por comprender al ser humano desde una perspectiva profunda.
Aun así, el salto entre la formación académica y la realidad profesional no siempre es fácil. Como se plantea en el episodio, “parece mentira que después de tantos años estudiando en la facultad, realmente no haya un acompañamiento del alumno más orientado a lo profesional”. Esta desconexión genera dudas, inseguridad y, muchas veces, una sensación de desorientación en los primeros pasos.
De la teoría al encuentro real con el otro
Durante la conversación se hace hincapié en la importancia de una psicología que combine ciencia y arte. “La experiencia es la madre de la ciencia”, señalan, recordando que ningún protocolo sustituye la presencia humana del terapeuta. En este sentido, se profundiza en el modelo integrativo, que no busca mezclar corrientes sin sentido, sino adaptarse con flexibilidad a lo que cada persona necesita, partiendo de la premisa de que el modelo debe ajustarse al paciente, y no al revés.
También se señala un cambio de paradigma importante: del modelo biomédico al biopsicosocial, e incluso espiritual. El malestar psicológico rara vez responde únicamente a una categoría diagnóstica. En palabras del episodio: “el síntoma es solo la punta del iceberg”. Por ello, se apuesta por una mirada más amplia, que contemple la historia personal, el contexto social, la regulación corporal y las emociones como fuentes de información esenciales.
Retos invisibles, pero presentes
No se evita hablar de la cara menos visible de la profesión: el desgaste emocional, la soledad del terapeuta, las dudas constantes sobre la eficacia del proceso o la carga emocional que implican ciertas historias. “Ser psicólogo te exige una evolución personal”, se afirma en el episodio, y no desde la perfección, sino desde la responsabilidad consciente.
También se menciona el riesgo del burnout, que aparece cuando se pierde el equilibrio entre el dar y el cuidarse. Cada profesional tiene sus propias señales de alerta, pero “cuando uno está en modo supervivencia, es momento de parar y recolocarse”.
En este sentido, se destaca la importancia de la supervisión, el acompañamiento entre colegas y la figura del mentor, no solo para adquirir técnica, sino para sostenerse emocionalmente y crecer profesionalmente de manera más saludable.
Marca personal, redes y el lugar del psicólogo en el mundo actual
Otro de los temas clave del episodio fue la relación entre la psicología y la divulgación. Aunque las redes sociales son hoy una herramienta útil, se recuerda que “la marca personal no es tener un Instagram, es hacerse una propia carrera, una propia formación, un propio desarrollo profesional y personal; y después proyectarlo al mundo”. También se advierte sobre los riesgos de una sobreexposición vacía o de convertirse en “influencers de salud mental” sin un marco ético claro.
Por último, se hace referencia a la inteligencia artificial, subrayando que a día de hoy no puede reemplazar el vínculo humano que se establece en la terapia. Se recalca además un fenómeno cada vez más frecuente: la compulsión a preguntar a ChatGPT como forma de evitar la incertidumbre, lo que puede convertirse en un patrón ansioso. La tecnología es un complemento, no una solución.
Este episodio de Entre Divanes ofrece una visión honesta, profunda y realista sobre lo que significa ser psicólogo hoy. Una profesión que, como se recuerda a lo largo del capítulo, exige conocimiento, ética, amor por el otro y también mucho trabajo personal.
Porque ser psicólogo es mucho más que una salida profesional: es una forma de mirar el mundo y de estar al servicio del bienestar colectivo.
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En esta reflexión relativa al sentido de la vida Jimena Martínez apela a su bagaje filosófico, literario, inclusive mitológico para llegar a conclusiones muy reveladoras acerca de la insatisfacción derivada de la sociedad del control: “Bailar con el caos es aceptar que la existencia no es una línea recta ni un destino escrito, sino un proceso que se revela en el movimiento”. Estamos seguros que os va a interesar.
Sentir que tenemos el control de nuestra vida puede ser profundamente tranquilizador… pero también, paradójicamente, limitante. En una época marcada por la incertidumbre, la necesidad de control ha dejado de ser un capricho o una obsesión individual. Se ha convertido en una forma de supervivencia emocional. No es que nos hayamos vuelto más controladores como sociedad. Es que el mundo que nos rodea se ha vuelto más incontrolable.
Solo hace falta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el suelo bajo nuestros pies ya no es firme. Desde la pandemia que alteró nuestras rutinas más elementales hasta guerras que creíamos propias del pasado, el mundo se mueve demasiado rápido. Y lo que ayer parecía estable, hoy puede venirse abajo en cuestión de horas.
En este nuevo paradigma, la sociedad ha perdido certezas. Vivimos en “un mundo líquido”, como diría Zygmunt Bauman, donde nada permanece del todo, donde el futuro es más una intuición que una promesa. Y eso nos da miedo. Ese miedo se camufla bajo rutinas hipercontroladas, agendas repletas, listas de tareas infinitas. Buscamos comodidad, pero terminamos en rigidez. Una rigidez que nos vuelve frágiles: al mínimo imprevisto, todo se desmorona.
Y entonces, nos refugiamos en el control. Organizamos cada detalle: la comida, el tiempo, el cuerpo, el entorno. Hacemos listas, descargamos apps de productividad, buscamos rutinas que nos devuelvan una mínima sensación de poder. Incluso consumimos contenido que refuerce esa idea de orden posible: los vlogs diarios, por ejemplo, donde la vida se muestra medida, planificada, armónica.
Ver a otros ordenar su mundo nos da paz, como si al ver su rutina pudiéramos ordenar la nuestra. Pero hay algo inquietante en ese deseo. Un deseo de vida sin caos… y, en el fondo, sin cambio. Y eso me recuerda una escena de Entrevista con el vampiro, de Anne Rice. Louis, convertido en vampiro, reflexiona sobre su existencia: inmortal, sí; poderosa, también. Pero atrapada en una eternidad donde nada cambia, nada evoluciona. Todo está bajo control… y sin embargo, ha perdido el alma.
Porque cuando se elimina el caos, también se elimina lo humano.
Cuando todo está calculado, cronometrado, predecible… la vida se vuelve eterna, sí, pero hueca. Porque cuando lo tenemos todo “bajo control”, cuando medimos nuestra vida al milímetro, nos perdemos el factor sorpresa, no dejamos hueco a que esta nos sorprenda.
Eliminando el factor de la incertidumbre, del caos, el factor humano, nos volvemos máquinas. Eficientes, sí… pero frías. Automatizadas. Y la vida, en esa rigidez, empieza a perder su esencia.
Recuerdo a una amiga, bailarina profesional, que me decía:
"Cuando te profesionalizas tanto, cuando te centras tanto en la técnica, el baile pierde alma. Ya no eres tú bailando. Eres una máquina que ejecuta pasos."
Y con la vida pasa igual. Cuando nos cerramos tanto al control, lo que realmente estamos evitando es mirar a los ojos de la vida. Porque, a veces, controlar no es más que una distracción del miedo a lo esencial. A lo que realmente importa. Y quizás, la vida va justamente de eso: de soltar un poco, de entregarse al movimiento, de perder la forma para encontrar el fondo.
La búsqueda del control absoluto puede parecer una solución. Pero, a menudo, es una negación del misterio, del dolor, del deseo, de la transformación propia de la vida. Es como querer congelar la vida para que no duela. Pero en ese congelamiento, también se pierden la belleza, la sorpresa y el sentido. Es ir contra la esencia misma de la existencia.
Sí, el control tiene su lugar: nos calma, nos estructura, nos ayuda a sostenernos. Pero si nos aferramos demasiado, si le damos las llaves de todo… dejamos de bailar con la vida, y empezamos a repetirla como una coreografía vacía.
Desde los mitos más antiguos se nos recuerda que el caos no es el enemigo: en la Cosmogonía Griega del Caos, ese vacío fértil, sin forma ni dirección, surgió Gea, la Tierra, la estabilidad, el cuerpo. No hay creación sin desorden, ni forma sin fondo incierto.
Somos hijos de ambos: del caos primigenio y de la tierra que le dio forma. Mitad raíz, mitad misterio. Y quizás, vivir sea precisamente eso: aprender a habitar esa tensión. No negar el caos, sino entregarse a bailar con él.
Porque el caos no siempre destruye; a veces, desarma lo que ya no sirve, abre fisuras por donde puede entrar la luz. Es el germen de toda posibilidad, el espacio donde la forma aún no ha elegido qué ser.
Bailar con el caos es aceptar que la existencia no es una línea recta ni un destino escrito, sino un proceso que se revela en el movimiento. Es reconocer que lo incierto no es lo opuesto al sentido, sino su condición. Y que solo quien se atreve a perder el equilibrio puede encontrar una nueva forma de caminar.
Alude Míriam González en su artículo a los prejuicios existentes acerca de las Constelaciones Familiares, aplicación terapéutica de la Psicología Sistémica con mucho que enseñarnos, si nos acercamos a sus aportaciones con la mirada limpia, acerca de la manera en que nos relacionamos las personas. Estamos seguros que os va a interesar.
El amor llena lo que el orden abarca: La teoría de las Constelaciones Familiares
En esta carrera, que es joven y tiene algunos rasgos de inseguridad, me he ido encontrando con muchos prejuicios contra varias corrientes. Una de las ramas que sufre estos prejuicios son las Constelaciones Familiares. No es de extrañar puesto que no se puede explicar, al menos de momento, qué ocurre cuando uno se presenta en “el campo”. Alguien dice unas pocas frases de su historia, personas se ponen de pie para “representar a los miembros de su familia” y estos representantes sienten la necesidad de mirar a uno u otro lado, sienten una u otra relación con los demás representantes y de parte del constelador tan solo escuchamos “los representantes sienten lo mismo que los representados”.
De momento sólo lo podemos ver como algo mágico y es tal vez el prejuicio contra esta magia lo que nos impide darnos cuenta de que además esta rama propone una base clara, firme y fundamental sobre las relaciones humanas: Los 3 Órdenes del Amor.
Antes de entrar en cuáles son, hemos de sentar algunas bases. Estamos hablando de un tipo de Psicología Sistémica. Su mirada está puesta en el sistema en el que están las personas para entender cuáles son sus efectos en el individuo. Desde que nacemos estamos sumergidos en un sistema: la familia, y los restantes a los que pertenecemos se van ampliando a lo largo de la vida en círculos concéntricos. empezamos en una familia, que está en una red familiar más extensa, conocemos luego amigos, pareja…
Los Órdenes del Amor, o las condiciones en las cuales el amor puede fluir de manera ordenada dependen del tipo de relación. La relación de padres e hijos sigue un orden y la relación entre iguales otro. Pero aunque se concreticen según la relación, estos tres órdenes son en realidad tres necesidades fundamentales a cumplir para que las relaciones nos satisfagan. La conciencia, que opera a través de los sentimientos de inocencia y culpa es la que vigila que nuestras relaciones sigan estas normas, nos sean favorables o no.
1.La Vinculación
“Así como un árbol no elige el lugar en el que crece, un niño se integra en su grupo de origen sin cuestionarlo”. El niño no se pregunta si las condiciones que le ofrece su familia son razonables o sanas, él ama y se vincula a lo que exista en casa sin cuestionarlo, y ofrecerá su felicidad o el sacrificio que haga falta por el bien del vínculo.
Este vínculo innegable ha de ser respetado. No importa que alguien “no se merezca” el amor, o, en estos términos, seguir perteneciendo al sistema; pertenece y punto. En algunos casos las situaciones que viven algunas personas en su familia son muy complicadas y cuando alguien sufre un abuso, hay una herida que hay que sanar y se han de dar los pasos de seguridad, separación o legales que hagan falta, pero no podemos excluir del corazón a alguien de nuestra familia. Aunque se atraviese un periodo de duelo en el que haya enfado, dolor, frustración, rabia (y nadie se lo puede saltar, hay que atravesarlo), finalmente casi que da igual cómo haya sido la situación, habrá vinculación y no podemos faltarle al respeto diciéndole a la persona “tienes que dejar de querer a tu padre”. Porque sabemos que entonces habrá una pelea en su corazón entre su vinculación y “lo que debería sentir”, que solo va a traer culpa e incomprensión.
2.El equilibrio entre dar y tomar
Para iniciar una relación uno da y el otro recibe: puede ser escucha, un favor, o una invitación a comer. El segundo se siente en deuda, y ninguno está a gusto hasta que el segundo devuelve al primero y el equilibrio se restablece. Si el segundo devuelve exactamente lo mismo que el primero dio, el equilibrio se alcanza y la relación termina. Normalmente devuelve lo que recibió y un poquito más, de manera que ahora el primero tiene que devolver a su vez y la relación continúa y se expande. Si tomamos del otro, sacrificamos un poquito de libertad, por eso cuando las personas quieren “mantenerse libres” sólo pueden dar y recibir muy poco. Sin embargo, la profundidad de la felicidad en una relación está estrechamente relacionada con la magnitud del intercambio. Y cuanto más grande sea el intercambio también más se fortalece el vínculo.
Hay casos en los que este equilibrio no se respeta. Por ejemplo, queremos dar sin recibir. De esta manera nunca le debemos nada a nadie y todos nos deben a nosotros y sentimos una ilusión de superioridad. Hay que tener cuidado con esta posición porque muy pronto los que solo pueden recibir se cansan de esta posición de “deber algo” y se marchan. “Es de suma importancia para cualquier relación que no se dé más de lo que se esté dispuesto a recibir y que el otro sea capaz de devolver”.
Este equilibrio sólo es posible entre iguales. En la relación de padres e hijos, los hijos jamás podrán devolver a sus padres todo lo que han recibido. Una forma de devolver “un poquito” es a través del agradecimiento. El que agradece reconoce y acepta el regalo recibido. Sin embargo la única solución final que se encuentra a este desequilibrio es pasar un gran regalo a otros.
3.El orden
El primer orden que hay que respetar es el de llegada, los que estaban antes tienen prioridad sobre los que llegan después. Primero son los padres, luego el hermano mayor, luego el pequeño. Este orden afecta también al equilibrio del dar y el recibir. Los mayores dan y los pequeños reciben. El hermano mayor tiene prioridad sobre el pequeño pero el pequeño recibe del mayor. Una alteración común de este orden es cuando alguien no recibió el amor o la atención que quería de sus padres o no recibe el amor o la atención que querría de su pareja y espera conseguirlo de sus hijos. Pero al igual que un río no puede fluir hacia arriba, por mucho que se esfuerce el hijo (que como vemos en el orden de la vinculación será todo lo que pueda) jamás logrará satisfacer la necesidad de amor y atención de sus padres. El amor llena lo que el orden abarca, y donde no hay orden, el amor no alcanza.
Cuando se trata de sistemas, los sistemas nuevos tienen prioridad sobre los antiguos. Cuando alguien se casa, su nuevo sistema ha de tener prioridad sobre el de origen, si no, empieza a haber problemas entre nuerxs y suegrxs. ¿Cuál es el conflicto? Por ejemplo, la mamá quiere seguir mandando sobre los muebles que tendrá su hijo y la pareja nota que su libertad está coartada por su suegra y con ella tiene peleas, sin embargo lo único que puede resolver este conflicto es que el hijo se vuelva hacia su madre y le ponga el límite que acuerde con su pareja.
El contenido de este artículo está basado en los tres primeros capítulos de Felicidad Dual, de Gunthard Weber, es el origen de todas las menciones y recomiendo encarecidamente darle una oportunidad para una lectura en profundidad.
En la búsqueda del amor, muchas personas desean encontrar una pareja que reúna todas las cualidades ideales: inteligencia, cariño, compatibilidad sexual, estabilidad emocional, ambición, sentido del humor… y la lista sigue. Pero, ¿realmente es posible encontrarlo todo en una sola persona?
En este artículo exploraremos la influencia de nuestras expectativas en la pareja, la importancia del equilibrio y cómo la psicología integrativa y la terapia de pareja pueden ayudarnos a construir relaciones más sanas y satisfactorias.
1. La ilusión de la pareja perfecta
Es común escuchar frases como:
- “Quiero alguien tan inteligente como mi primer novio, tan cariñoso como el segundo y con la química sexual del tercero.”
- “Me encantaría que mi pareja fuera divertida, ambiciosa, emocionalmente estable y detallista.”
Pero la realidad es que nadie es perfecto y que ninguna persona puede cumplir el 100% de nuestras expectativas. La clave está en entender que cada pareja tiene fortalezas y debilidades, y que la relación se basa en el compromiso, la compatibilidad y el crecimiento conjunto.
2. Expectativas vs realidad: ¿Qué buscamos en la pareja?
Según la psicología integrativa, al elegir pareja solemos basarnos en tres centros principales:
- Intelectual: Nos atrae su inteligencia, conversaciones y visión de la vida.
- Emocional: Buscamos conexión, cariño y compatibilidad afectiva.
- Físico/Sexual: La atracción y la química juegan un papel clave en la relación.
El problema surge cuando queremos que una sola persona sobresalga en todos los aspectos. En la realidad, las personas tienen cualidades más marcadas en algunas áreas que en otras, y aprender a equilibrar nuestras expectativas es clave para construir una relación estable.
3. ¿Debemos renunciar a algo en la pareja?
No se trata de conformarse, sino de encontrar un equilibrio realista. Algunas estrategias para manejar nuestras expectativas incluyen:
- Identificar lo que realmente importa: ¿Qué valores y cualidades son esenciales para ti en una pareja?
- Aceptar que la perfección no existe: La clave está en la compatibilidad general, no en un ideal inalcanzable.
- Ajustar expectativas sin perder lo esencial: No se trata de renunciar a lo que es importante para ti, sino de flexibilizar ciertos aspectos.
Si sientes que tus expectativas te generan insatisfacción en tus relaciones, un proceso de terapia de pareja en Madrid, como el que ofrecen los especialistas de Psicólogos Princesa, puede ayudarte a trabajar en ello.
4. Conclusión: Construyendo relaciones reales y satisfactorias
El amor no es encontrar a alguien que cumpla con una lista de requisitos, sino aprender a valorar, aceptar y construir una relación equilibrada basada en el respeto, la conexión y la compatibilidad.Si quieres aprender más sobre relaciones y crecimiento personal, te recomendamos explorar los recursos de Victoria Cadarso en www.victoriacadarso.com y conocer más sobre la psicología integrativa en Psicólogos Princesa.
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En el siguiente artículo de Raquel Ballarín exploraremos la importancia de cuidar a quienes cuidan, destacando estrategias y consejos para mantener su bienestar físico y emocional durante este viaje desafiante. Estamos seguros que os va a interesar.
Mejorando el cuidado del cuidador
Vivir con una enfermedad neurodegenerativa es un desafío que afecta no solo a quienes la padecen, sino también a quienes los rodean. En este contexto, los cuidadores desempeñan un papel fundamental, proporcionando apoyo emocional y físico a sus seres queridos. Sin embargo, es esencial recordar que los cuidadores también necesitan cuidado y atención.
1. Reconociendo la Importancia del Rol del Cuidador
El papel del cuidador en el contexto de enfermedades neurodegenerativas va más allá de la asistencia física. Implica una carga emocional significativa, ya que los cuidadores a menudo experimentan estrés, ansiedad y agotamiento. Reconocer la importancia de su papel es el primer paso para brindarles el apoyo necesario.
2. Priorizando la Salud Física y Mental
Cuidar de alguien con una enfermedad neurodegenerativa puede ser agotador física y emocionalmente. Los cuidadores deben priorizar su propia salud para poder ofrecer un apoyo efectivo. Esto incluye mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio regularmente y programar revisiones médicas periódicas. La salud mental también es crucial; la búsqueda de apoyo psicológico puede ayudar a gestionar el estrés y afrontar los desafíos emocionales.
3. Estableciendo Redes de Apoyo
Compartir experiencias y consejos con otros cuidadores puede ofrecer un sentido de comunidad y comprensión mutua. Los cuidadores a menudo enfrentan una carga emocional abrumadora, estrés, a veces soledad; y es vital establecer una red de apoyo que incluya familiares, amigos y profesionales de la salud.

4. Aprendiendo a Delegar Responsabilidades
Los cuidadores a menudo sienten la presión de hacerlo todo por sí mismos. Sin embargo, aprender a delegar tareas y aceptar ayuda es fundamental. Familiares y amigos pueden asumir ciertas responsabilidades, permitiendo que los cuidadores tengan tiempo para descansar y recargar energías.
Es importante reconocer los propios límites y establecerlos claramente. Los cuidadores no pueden hacerlo todo, con lo que reconocer cuándo pedir ayuda o tomar un descanso es fundamental para evitar el agotamiento físico y emocional.
Cuidar a alguien con una enfermedad neurodegenerativa puede ser abrumador, y los cuidadores a menudo sienten que deben hacerlo todo.
La comunicación abierta con el paciente y otros miembros del equipo de atención médica es esencial. Establecer expectativas claras, expresar necesidades y abordar problemas de manera proactiva desde un principio puede mejorar la calidad del cuidado y mejorar el vínculo ya formado.
5. Tomando Tiempo para el Descanso y la Recuperación
El agotamiento es un riesgo constante para los cuidadores. Tomarse el tiempo necesario para descansar y recuperarse es crucial para mantener un equilibrio saludable. Esto podría incluir periodos de descanso programados y la posibilidad de tomarse días libres cuando sea recomendable para su salud física y psíquica.
Las enfermedades neurodegenerativas pueden tener un curso impredecible. Los cuidadores deben ser flexibles y adaptarse a las necesidades cambiantes del paciente. Esto implica ajustar rutinas, planes y estrategias de cuidado según sea necesario.
6. Buscando Recursos y Formación
Estar bien informado sobre la enfermedad neurodegenerativa en cuestión puede ayudar a los cuidadores a sentirse más capacitados y preparados. La formación y el acceso a recursos específicos pueden ofrecer herramientas prácticas para abordar situaciones cotidianas.
También es importante poder enfrentar los desafíos médicos que puedan surgir, además conocer las opciones de tratamiento, terapias y servicios disponibles puede mejorar la toma de decisiones informada.
7. Fomentando Actividades Recreativas y Sociales
A pesar de las demandas del papel de cuidador, es esencial reservar tiempo para actividades recreativas y sociales. Mantener una vida equilibrada y conectarse con actividades, familiares y amigos que puedan brindar alegría y satisfacción puede ser revitalizante.
8. Celebrar Pequeños Logros
Celebrar los pequeños logros, por mínimos que sean, puede proporcionar un impulso emocional y recordar a los cuidadores el impacto positivo de su labor. No solo para mantener una actitud positiva, si no que también se verá en su trabajo como cuidador.
Conclusión: Un Cuidador Saludable es un Mejor Cuidador
En última instancia, cuidar a quienes cuidan es esencial para garantizar que puedan desempeñar su papel de manera efectiva y sostenible. Al implementar estrategias para mantener la salud física y mental de los cuidadores, no solo se mejora su calidad de vida, sino que también se fortalece el apoyo que brindan a aquellos que enfrentan enfermedades neurodegenerativas. Cuidar a los cuidadores es un acto de amor y resiliencia que beneficia a toda la comunidad.
Referencias
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