¿Qué es ser feliz? A una de las cuestiones fundamentales de la existencia humana trata de responder Diana Cabrera apelando a dos conceptos fundamentales: el bienestar y la gratitud. Estamos seguros que os va a interesar.
La felicidad una meta de todos
Inicialmente podemos pensar que todos queremos ser felices y buscar esa felicidad en el día a día. Sin embargo, la felicidad requiere ser contextualizada, debemos saber que culturalmente la felicidad tiene diferentes percepciones. Para muchas tradiciones donde prima el individualismo es una meta importante para cada integrante de la comunidad, pero en cuanto a sociedades más pluralistas hay otras metas primordiales, más allá de la felicidad, como lo son el honor o la pertenencia a un grupo.
La definición de felicidad es universal pero la experiencia interna es personal. Sociedades como la nuestra la ven como un objetivo fundamental, lo que acumula presiones para ser alcanzada, conllevando desarrollar emociones adversas en su búsqueda, lo que terminaría siendo contradictorio. Entendemos que no es suficiente con hacer parte de un grupo o llevar a cabo actividades en solitario: es necesario disfrutar la vida y esto hace que de alguna manera haya una retroalimentación positiva que funciona como un refuerzo. Cuando la felicidad es experimentada, esto se disfruta e intentamos hacer cosas para que se mantenga y además se prolongue; por lo tanto, prevalece un mayor grado de satisfacción dentro de la experiencia subjetiva con alcances incalculables.
¿El bienestar y la felicidad están relacionados?
Podemos decir que muchas veces son términos que usamos indistintamente. Pero los autores han considerado la importancia de diferenciarlos y encontrar entre ellos puntos en común. Cuando no hay claridad entre un término y otro al encontrarlos o experimentarlos podemos llegar incluso a rechazarlos. En general, decimos que la felicidad es el grado en que los individuos evalúan de forma positiva su vida. Es profunda, parte de nuestra naturaleza, que intenta resplandecer en cada circunstancia o vivencia.
El bienestar, a su vez, está influido por factores externos que contribuyen en la persona con emociones y relaciones positivas, compromiso, sentido, significado y logros. El bienestar está relacionado con las fortalezas internas, que a pesar de las situaciones adversas permiten a los individuos tener confianza, libertad, serenidad y fuerza. Estas dos concepciones están vinculadas y aportan de forma trascendente en la calidad de vida y realización de las personas. El estado de felicidad-bienestar no es transitorio e impregna todos los estados emocionales.
¿Disfrutamos el camino a la felicidad?
En el mundo de hoy notamos que las tareas que emprendemos se vuelven las metas que nos imponemos y a esto ligamos la posibilidad de encontrar la felicidad. Cada vez tendremos más metas y su consecución será el sinónimo de éxito o reconocimiento y al final encontraremos por ende la felicidad. Es decir, esta se puede volver inalcanzable si cada vez tenemos más labores que resolver. No disfrutamos el camino para alcanzarlo porque nos enfocamos en el fin último. Cuando nos damos cuenta cual es nuestra percepción sobre la plenitud personal y colectiva, tenemos metas irreales, perdemos el control, confundimos la felicidad con la perfección y la acumulación de logros en nuestra vida.
Esto nos lleva por lo tanto a niveles elevados de frustración e infelicidad. Mejor entonces buscar no llevar la felicidad al último término y que esta sea más tangible en el día a día, sin abandonar nuestros propósitos personales o sueños, simplemente haciendo un balance con la realidad, lo que podemos controlar, y en el camino del optimismo resaltar los aspectos positivos de las experiencias diarias. Nuestra mente haría una apertura a un mejor y satisfactorio funcionamiento, con mayores probabilidades de éxito.
¿Estamos usando nuestro tiempo para ser felices?
El tiempo lo utilizamos de acuerdo con nuestras prioridades, el cual esta influenciado por lo que espera la sociedad de nosotros. Así demostramos cuanto avanzamos o progresamos. Con la manera como usamos el tiempo, revelamos la forma como vivimos, que tanto invertimos en nuestro bienestar físico, social y mental. Una parte del tiempo lo empleamos para cumplir responsabilidades, este es un tiempo casi que invariable, pero lo que dedicamos a actividades de ocio o tiempo libre para disfrutar es más escaso, inestable y de baja permanencia. Tener menos tiempo de éste es proporcional a la baja percepción de satisfacción y felicidad.
Por ende, un factor relacionado con la felicidad es la percepción del tiempo, su disposición y control. Muchas de los cuestionamientos que nos hacemos como individuos es sobre nuestro propósito, hacia donde nos dirigimos, como sentir alivio, tranquilidad, como podemos manejar mejor nuestro tiempo y así conducirnos a ser felices. Es necesario promover la cultura del autoconocimiento, para tener una verdadera conciencia del valor del tiempo y de la oportunidad subyacente a este, para garantizar su uso en plenitud y con mayores grados de satisfacción.
La gratitud un complemento ideal en la búsqueda de felicidad
La gratitud es una de las emociones más poderosas y agradables que el ser humano pueda experimentar, ya que nos vuelve conscientes y nos permite disfrutar de nuestro contexto. Ser agradecidos es darnos cuenta de que recibimos un beneficio que es agradable en nuestra vida. La gratitud más allá de circunscribirse a una emoción, podemos verla como una forma de vida. Una filosofía desde la cual se pueden estructurar la esperanza, el bienestar, la calidad de vida, la satisfacción, etc. En definitiva, es una de las herramientas clave hacia la felicidad.
La gratitud es posible cultivarla y vivir la experiencia de la gratificación como un continuum. Nos enseña a identificar los aspectos positivos derivados de nuestras vivencias, que al final de cuenta nos conecta con la felicidad y demás emociones positivas. Hemos comprendido que la relación entre gratitud y felicidad es bidireccional, pues la felicidad también provoca gratitud. En cada situación que vivimos de características favorables o desfavorables la gratitud puede estar presente, su práctica aumenta la percepción de felicidad y tranquilidad y disminuye la presencia de alteraciones psicológicas como depresión o ansiedad. Cuando experimentamos las funciones de la gratitud, somos agentes de cambio y esto estimula en los otros las acciones benefactoras, llevando a una satisfacción mutua.
Cuando nos conectamos con nuestra realidad y cada una de las vivencias en el marco de la gratitud, logramos explorar nuestras metas y objetivos, detenernos a analizarlos y plantear acciones de solución acorde con lo que queremos. Atenderemos a lo verdaderamente importante, lo simple. Estar en modo de agradecimiento nos genera vitalidad, agrado y decisiones saludables que busquen una vida llena de bienestar, plenitud y sobre todo felicidad.
Referencias
Layous, K. & Lyubomirsky, S. (2013). The how, why, what, when and who of happiness: mechanisms underlying the success of positive activity interventions. Positive Emotion (pp. 473-495). DOI:10.1093/acprof:oso/9780199926725.003.0025
García-Alandete, J. (2014). Psicología positiva, bienestar y calidad de vida. En-claves del pensamiento, 8(16), 13-29. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-879X2014000200013&lng=es&tlng=es.
Seligman, M. (2011). La vida que florece. Barceló ediciones.
Kabat-Zinn et al. (2019). El poder sanador del mindfulness: una nueva manera de ser. Kairós. Barcelona.
Domínguez-Bolaños, R. E., & Cruz, E. I. (2017). La psicología positiva: Un nuevo enfoque para el estudio de la felicidad. Razón y Palabra, 21(1_96), 660–679. https://www.revistarazonypalabra.org/index.php/ryp/article/view/865
Achor, S. (2011). The Happiness Dividend. Harvard Business Review, 1–4. https://hbr.org/2011/06/the-happiness-dividend
Emmons, R.A. (2007). ¡Gracias! De cómo la gratitud puede hacerte feliz. España: Ediciones B.
Steindl-Rast, D. (2013). Want to be happy? Be Grateful. Ted Talks.
Hablar de vínculos afectivos implica hablar, tarde o temprano, de los estilos de apego. En el primer episodio de la segunda temporada de Entre Divanes, se aborda uno de los estilos que más confusión genera tanto dentro como fuera de consulta: el apego evitativo.
“El apego evitativo en realidad no deja de ser uno de los tipos de apegos que define la teoría del apego... que tú vas generando en tu desarrollo desde la infancia y que suele ser estable en la adultez”, explica Irene, alumna del Máster General Sanitario. Esta afirmación recoge un aspecto central de la teoría formulada por John Bowlby: los vínculos tempranos con nuestras figuras cuidadoras no solo influyen en nuestra infancia, sino que tiñen la forma en la que nos relacionamos durante toda la vida.
Las personas con un estilo de apego evitativo suelen haber aprendido, desde muy pequeñas, que mostrar necesidades emocionales o buscar consuelo puede no ser seguro o bien recibido. Como consecuencia, han desarrollado mecanismos de defensa centrados en la autosuficiencia, el control emocional y la distancia afectiva. “Básicamente podrían ser personas que necesitan mantener una distancia emocional… desde fuera se puede ver como que son muy independientes y autónomas porque sí que es cierto que valoran mucho esta independencia”.
Esta aparente autonomía no siempre es comprendida. Desde fuera, quien tiene un apego evitativo puede parecer frío, distante o “desconectado”. Pero lo que hay detrás no es falta de afecto, sino miedo: miedo al exceso de intimidad, al dolor de la pérdida o a verse vulnerables frente al otro. “Obviamente son personas que pueden tener pareja”, cuenta Irene, “pero cuando de repente la pareja empieza a ser como demasiado cercana… o bien se asustan o algo sucede que les hace alejarse”.
No es extraño que en terapia aparezcan frases como “no sé por qué siempre me alejo cuando las cosas van bien” o “cuando siento que me quieren demasiado, me bloqueo”. Y es que para quienes han desarrollado este estilo de apego, el amor puede vivirse con ambivalencia: se desea la conexión, pero también se teme. El desafío está en permitir la cercanía sin que eso active mecanismos de huida emocional.
Desde el enfoque terapéutico, el trabajo con personas con apego evitativo no consiste en forzar la emocionalidad, sino en crear un espacio seguro donde puedan comenzar a explorar, sin juicio, su mundo interno. Poco a poco, se trata de ayudarles a identificar sus patrones, comprender su origen y, sobre todo, permitirse experimentar nuevas formas de vincularse, más abiertas y menos defensivas.
Es importante subrayar que tener un estilo de apego evitativo no es “estar roto” ni tener un trastorno. Es, simplemente, una forma de relacionarse que responde a experiencias anteriores. Y como toda forma aprendida, también puede flexibilizarse con tiempo, apoyo profesional y conciencia emocional.
Comprender el apego evitativo es comprender que la independencia no siempre significa bienestar. Que a veces la distancia es una forma de protección. Y que detrás de cada persona que se aleja, puede haber una historia de amor contenida, esperando el momento y el espacio seguro para salir.
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El hecho de que históricamente nuestras relaciones sexuales se hayan centrado en el coito, por más que sean, en palabras de Álvaro López,“(…) mucho más que una penetración”, obedece a diversas causas sobre las que conviene llevar a cabo una reflexión. Estamos seguros que os va a interesar.
¿Cuál es el verdadero objetivo de mantener una relación sexual? El zoólogo Desmond Morris ya respondía a esta pregunta en 1970 en su libro El zoo humano. En el identifica hasta 10 funciones de las relaciones sexuales: por placer, por cariño, para tener un bebé… lo más importante es que la función se la damos nosotros mismos, que las relaciones deben ser consensuadas y que una relación sexual es mucho más que la penetración. En la actualidad gracias, en gran parte, a los movimientos sociales han surgido nuevos términos para dar nombre e importancia a problemas muy concretos, especialmente en el área sexual, como es el caso del coitocentrismo.
El coitocentrismo es la tendencia o interpretación errónea de la penetración como eje central de las relaciones sexuales y eróticas. Y además es una tendencia mucho más común de lo que se cree. Un ejemplo de esto es la expresión “perder la virginidad”, que frecuentemente es usada para referirse a la primera penetración. Ahora nos queda preguntarnos ¿Por qué una relación sexual se reduce a una penetración? ¿Sin penetración no hay sexo? ¿Qué diferencia hay entre una relación coital y los preliminares? ¿Son menos satisfactorios? La respuesta a estas preguntas se encuentra en las primeras líneas: puede que las relaciones sexuales se confundan con las relaciones coitales porque la función tradicional del sexo es la reproducción y, por ello, el resto de funciones se olvidan. Por el contrario, los sexólogos definen las relaciones sexuales como el contacto físico entre, fundamentalmente, dos personas donde se aunan objetivos reproductivos y dar y recibir placer. Las relaciones coitales son parte de las relaciones sexuales, así como pueden ser los besos, caricias o masturbaciones entendidos normalmente como los “preliminares del sexo” pero siendo en muchas ocasiones mucho más placenteros que una relación coital.
El coitocentrismo está presente en muchos ámbitos. Podemos verlo en el cine, cuando una pareja se besa e inmediatamente después, sin ningún tipo de estimulación añadida, sin preservativo, ni lubricación previa llegan al orgasmo coitalmente. El sexo, para casi todos/as, es un tema tabú en nuestra sociedad y podemos entender el coitocentrismo como una consecuencia de este tabú, de la desinformación cotidiana y del machismo arraigado. Para entender el coitocentrismo es especialmente importante atender a las diferencias entre los hombres y las mujeres. Y es que este es un problema que afecta especialmente a las mujeres heterosexuales, las cuales, según investigaciones, quedan más veces insatisfechas sexualmente.
El tabú del sexo y del placer femenino hace que las mujeres, por lo general, tiendan a unir el sexo con lo emocional, ya que tener sexo por puro placer siendo mujer está condenado socialmente. Pero también afecta a los hombres, tanto en las relaciones heterosexuales como en las relaciones homosexuales. Un ejemplo de esto puede verse en la dificultad de tener una erección tan intensa como para conseguir una penetración, lo cual muchas veces es complicado por factores como la edad, consumo de sustancias, miedos relacionados con el sexo… generando en muchos hombres frustración y ansiedad.
En general, el coitocentrismo perjudica a todo el mundo. Tener una relación sexual exitosa va más allá de la dicotomía pene-vagina/ pene-ano. En el resto del cuerpo se encuentran muchísimas zonas erógenas que explorar y estimular, el sentido del gusto, del olfato, la vista, el oído y por supuesto el tacto. Además, no se puede quedar atrás la fantasía y el deseo: estimular el cerebro, ese órgano encargado de la excitación. Un punto importante es que a pesar de que el orgasmo pueda ser el fin o el culmen de la relación sexual, el hecho de no conseguirlo no implica que se haya fracasado o que no haya sido una relación sexual satisfactoria.
Para conseguir tener relaciones sexuales de calidad es importante la obtención de información, así como tener muy buena comunicación, sentirse excitado/a y excitar a la/s otra/s persona/s. A modo de conclusión, se debe aprender la diferencia entre practicar sexo y practicar el coito, ya que para disfrutar más es recomendable probar nuevas experiencias, desde algo más habitual como los masajes, las caricias y sexo oral hasta prácticas menos convencionales como aceites, lubricantes, velas aromáticas o juguetes sexuales. Y por último evitar expectativas y falsos mitos sobre el sexo, se le debe dar la importancia justa, ni enaltecerlo ni estigmatizarlo.
En resumen, el coitocentrismo es una tendencia arcaica, perpetrada por el sistema patriarcal y la falta de educación sexual, esa gran asignatura pendiente de las escuelas. Si desde la infancia el sexo no fuera un tabú, se hablara con información veraz tanto en el colegio como en casa y los niños/as no se educaran a través del porno se podría disfrutar más de la sexualidad y existirían menos falsos mitos en torno al sexo. En lugar de prohibirlo debería enseñarse a practicarlo de forma segura ya que, al final, es algo que todo el mundo hace.
Referencias
Desmond, M. (1970). El zoo humano. Plaza & Janes Editores.
Sanchis, R. (2010). Tejiendo hilos de placer. Aula de Innovación Educativa, (191), 33-37.
En consulta, muchas personas llegan con síntomas que, en apariencia, encajan en diagnósticos claros: ansiedad, tristeza persistente, apatía, insomnio, sensación de vacío. Sin embargo, tal y como se expone en el nuevo episodio del podcast Entre Divanes, cuando se profundiza un poco más allá de esos síntomas, suele aparecer un patrón constante: una historia relacional que duele.
Carlos, alumno del Máster General Sanitario, lo explica así: “Es cierto que muchas veces te vienen porque tienen síntomas depresivos o porque tienen síntomas ansiosos, pero cuando escarbas un poco te das cuenta de que ha habido antecedentes previos en los cuales esa persona ha tenido problemas con las relaciones de pareja pasadas”. Esta observación, compartida desde la experiencia clínica en formación, revela algo que los profesionales saben bien: las emociones, los pensamientos y la salud mental rara vez están aislados de nuestra manera de vincularnos con los demás.
El malestar emocional muchas veces no nace de la nada ni aparece desconectado del contexto vital de la persona. Al contrario, suele estar profundamente entrelazado con vivencias relacionales que han dejado huella. Relaciones pasadas que no cerraron bien, vínculos actuales que generan sufrimiento, dinámicas repetitivas que se instalan sin darnos cuenta. Como señala Carlos: “En todos [los casos] hay una dinámica relacional”. Y esa afirmación invita a reflexionar sobre cómo las relaciones moldean nuestra forma de estar en el mundo.
Desde la psicología clínica no se trata solo de poner una etiqueta diagnóstica, aunque esta pueda ser útil en muchos casos, sino de comprender cómo ese diagnóstico se enmarca en una historia personal. Por eso, cuando un paciente llega y habla de ansiedad, el trabajo no se limita a reducir síntomas. Se trata de preguntarse: ¿Qué relación ha tenido esa persona con el apego, con el abandono, con la seguridad emocional? ¿Qué heridas se activan en sus vínculos actuales? ¿Qué patrones repite sin ser consciente?
El episodio recuerda que detrás de muchos cuadros clínicos hay historias de dolor no verbalizado, conflictos de pareja no resueltos, rupturas que siguen abiertas y formas de amor aprendidas que hoy generan sufrimiento. Esos “antecedentes previos” de los que habla el invitado no son datos sueltos en la historia del paciente: son claves para comprender cómo ha llegado hasta aquí y, sobre todo, hacia dónde puede ir en su proceso terapéutico.
Además, este enfoque relacional permite alejarse de la idea de que hay algo “roto” en el individuo. No se trata de “arreglar” a nadie, sino de comprender los contextos, los vínculos y los aprendizajes emocionales que han influido en su manera de estar en la vida. La terapia, en ese sentido, se convierte en un espacio para revisar esas dinámicas, poner palabras donde antes solo había síntomas y, poco a poco, construir formas de relacionarse más sanas, consigo mismo y con los demás.
Así, lo que en un primer momento parece solo ansiedad o depresión, se revela como parte de algo mucho más complejo: un mapa relacional que merece ser explorado con cuidado, compasión y profundidad.
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El enfoque basado en el conocimiento de los elementos comunes a los trastornos mentales más prevalentes, como detalla Carlos Sáez en el siguiente artículo, está abriendo nuevos caminos en el abordaje terapéutico de sus síntomas definitorios. Estamos seguros que os va a interesar.
Históricamente, la corriente que ha dominado la psiquiatría ha sido la que entiende los trastornos mentales y del comportamiento como realidades naturales (que son objetivas y por ello ajenas a las opiniones del observador clínico). Para su clasificación, se han construido sistemas de categorías semejantes a las de las enfermedades físicas. Estas categorías se basan en principios del todo o nada, o se tiene la enfermedad o no se tiene, a modo de criterios de diagnóstico que son sintomáticos (se deben reunir un número de síntomas requeridos para realizar el diagnóstico), de duración, de gravedad clínica y de interferencia en la calidad de vida y el funcionamiento del individuo. El sistema más reconocido internacionalmente ha sido el desarrollado por la Asociación Americana de Psiquiatría en su Manual Diagnóstico y Estadístico o DSM (Diagnostic and Statistical Manual por sus siglas en inglés) que ya ha alcanzado su quinta y más reciente edición en 2013.
Paralelamente a este enfoque categorial, la Psicología Clínica ha realizado esfuerzos por clasificar las alteraciones mentales mediante criterios dimensionales en lugar de criterios categoriales. El enfoque dimensional entiende que los desórdenes mentales no son manifestaciones del todo o nada sino que son continuos, es decir, que todos los individuos de la población comparten los mismos procesos psicológicos, sea población clínica o no clínica, y que los trastornos son exacerbaciones en intensidad, frecuencia y duración de estos procesos. Por esta razón, tanto los individuos sanos como los afectados de alguna psicopatología se ubicarían en diferentes puntos de un continuo en cada dimensión. Estas dimensiones serían independientes entre ellas.
Ambos enfoques, el categorial y el dimensional, han recibido diferentes críticas. El enfoque categorial ha sido criticado por la validez de sus categorías (¿realmente existen de forma natural o son construcciones arbitrarias?), por la necesidad de que las categorías diagnósticas sean mutuamente excluyentes (el tener un trastorno A implica no tener el trastorno B), por su utilidad clínica y por el concepto de comorbilidad: la comorbilidad hace referencia a la presencia en el mismo individuo de un diagnóstico principal y de diagnósticos secundarios y es la norma en las enfermedades físicas. Por ejemplo: tener un diagnóstico de diabetes lleva asociada la posibilidad de presentar hipertensión arterial, cardiopatías o cáncer. En los trastornos mentales, son frecuentes la presencia de comorbilidades y las más frecuentes de ellas se producen entre trastornos de ansiedad y trastornos depresivos. Se estima que aproximadamente un 40-50% de los pacientes con trastornos de ansiedad presentan síntomas depresivos clínicamente significativos y que en torno a un 60% de los pacientes con trastornos depresivos presentan síntomas de ansiedad. Esto ha llevado a pensar que, lejos de tratarse de grupos de trastornos diferenciados, pertenecen a un único grupo que se han denominado trastornos emocionales (TE) y que comparten mecanismos explicativos causales y de mantenimiento semejantes.
Por su parte, la corriente dimensional ha sido criticado por la complejidad de su clasificación, por su poca utilidad en la investigación y porque algunas categorías de trastornos mentales sí parecen tener un origen natural. Por esto, en las recientes décadas ha surgido un enfoque integrador, la perspectiva transdiagnóstica. Esta perspectiva fue desarrollada inicialmente en 2003 por Christopher Fairburn, psiquiatra británico, sobre la base de factores comunes en todos los trastornos de la conducta alimentaria o TCAs (anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno por atracón) aunque luego se ha generalizado a otros trastornos como los TE.
El nuevo enfoque entiende que los trastornos que presentan altas comorbilidades entre ellos no son categorías independientes sino expresiones de un mismo grupo de trastornos con mecanismos psicopatológicos subyacentes comunes y que, por tanto, comparten síntomas nucleares comunes. Por ejemplo, en todos los TCAs, independientemente del tipo que sea, existiría perfeccionismo clínico, baja autoestima, baja tolerancia de afectos y dificultades en las relaciones sociales. Así, diseñando protocolos de intervención unificados que trataran estas dimensiones subyacentes se conseguiría la remisión clínica de síntomas de cualquier tipo de trastorno del grupo de los TCAs.
Del mismo modo, en 2018 David Barlow, desde la Universidad de Boston, ha diseñado un protocolo unificado (PU) para el tratamiento transdiagnóstico de los TE. Este autor ha identificado un factor de vulnerabilidad general que implica mayor riesgo de padecer un TE, el neuroticismo, o predisposición a padecer muchas emociones negativas, siendo estas más intensas e incontrolables y, además, a ser altamente intolerante a estas emociones. Junto con este factor, se han añadido otros mecanismos psicopatológicos transdiagnósticos de todos los TE: la sensibilidad a la ansiedad que se define como la expectativa de la persona de que los síntomas físicos de la ansiedad provocarán consecuencias negativas; la evitación de experiencias, es decir, la evitación a exponerse a experiencias internas negativas (pensamientos, recuerdos y emociones) y las deficiencias en conciencia plena, término que se refiere a la atención volcada hacia el presente con aceptación de los contenidos mentales (que no resignación), sin juzgarlos, con independencia de lo intensos o negativos que sean esos contenidos.
Los protocolos de terapias transdiagnósticas han sido validados en estudios de investigación y se ha encontrado evidencia de su eficacia y efectividad. Actualmente, se están realizando esfuerzos por desarrollar nuevas intervenciones unificadas para otros grupos de trastornos además de los TCAs y los TE. El tiempo dirá si se consiguen resultados que avalen su utilidad clínica y social.
Referencias
Chorot, P., Valiente, R.M. y Sandín, B. (2020). Clasificación y diagnóstico en psicopatología. En Belloch, A., Sandín, B., y Ramos, F.: Manual de psicopatología (volumen I) Pp.: 69-96. McGraw-Hill.
Osma López, J.J. (coord.) (2019). Aplicaciones del Protocolo Unificado para el tratamiento transdiagnóstico de la disregulación emocional. Madrid: Alianza Editorial
Cuando cada vez más se habla sobre salud mental, los términos psicológicos circulan por redes sociales como si fuesen modas, Entre Divanes, podcast de Psicólogos Princesa, se propone “desmitificar” lo emocional desde una base profesional y científica. “El mundo no necesita más etiquetas, necesita verdad”, así comienza este capítulo, que marca el inicio de su segunda temporada.
Acompañada por Irene Gil y Carlos Sáez, alumnos del máster habilitante en Psicología General Sanitaria, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación propone una conversación centrada en uno de los temas más recurrentes en consulta: las relaciones afectivas problemáticas, comúnmente denominadas “relaciones tóxicas”. Ambos invitados coinciden en su importancia. Carlos destaca: “Es una cosa que se ve todos los días, que afecta a todo el mundo”. Irene, por su parte, subraya: “La prevalencia que tiene tanto a nivel social como clínico es impresionante... tarde o temprano sale en consulta”.
Durante el episodio se introduce un “glosario relacional psicopop”, una herramienta para comprender y distinguir conceptos muy extendidos pero malinterpretados. Entre ellos, la dependencia emocional, que según Carlos “es un patrón estable de relaciones nocivo y perjudicial... con necesidad extrema de satisfacer los deseos del otro, miedo intenso al rechazo y una baja autoestima”. Sin embargo, advierten que no todo malestar en pareja indica dependencia: “Que una persona quiera estar con su pareja, la eche de menos o busque apoyo social... son estrategias normales”, aclara.
También se aborda el apego evitativo, un estilo de vinculación que suele interpretarse como frialdad o desinterés, pero que en realidad es una forma aprendida de protegerse. Irene explica que “les cuesta mostrar sus emociones... suelen mantener distancia emocional aunque desde fuera parezcan autosuficientes”. Y Ana añade: “No es que estén trastornados, simplemente no te pueden dar más... y eso también hay que saber respetarlo”.
El episodio también introduce el concepto de irresponsabilidad afectiva, definido como “entrar en un vínculo sin hacerse cargo del impacto emocional que tus actos o tu silencio generan en el otro”. No se trata de asumir las emociones del otro, sino de reconocer que una relación requiere presencia y responsabilidad compartida. Como resumen, Ana afirma: “No te voy a resolver la emoción, pero te acompaño”.
A lo largo del programa se revisan dinámicas tóxicas muy extendidas, como el gaslighting, “una estrategia de abuso psicológico donde se niega sistemáticamente la percepción de la otra persona”, el love bombing, “un bombardeo de atenciones para generar dependencia emocional rápida” y el ghosting, que “genera una ruptura abrupta y sin explicación, dejando a la persona sin posibilidad de elaborar un duelo”.
Estas conductas, advierten, deben entenderse en su contexto. “No todo lo que incomoda es abuso”, recuerda Carlos. Por eso insisten en considerar la frecuencia, intensidad y duración para evaluar si una conducta es problemática. “Acusar al otro de manipulador emocional por una diferencia puntual es invalidar sus opiniones”, aclaran.
El episodio cierra con una reflexión esperanzadora: aunque las relaciones pueden doler, también pueden sanar. “Cuidarnos es saber decir hasta aquí, porque el amor mal vivido destruye, pero el amor bien vivido construye y repara”.
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Si la historia de vida puede conceptualizarse como una narración,
convendremos que tiene sentido plasmarla, como apunta María Gracia Albines
en su artículo, en un folio en blanco para ser protagonistas de nuestro propio
relato. Estamos seguros que os va a interesar.
Si tuvieses que elegir un título que represente el libro de tu vida ¿Cuál sería?
¿Cómo le llamarías a este capítulo de tu historia? ¿Quiénes son los
protagonistas?
Estamos acostumbrados a contarnos historias, algunos se han atrevido a decir
que la humanidad se ha reunido en torno a éstas, y a través de los relatos que
se han contado, ha sido posible aprender. Ciertamente, el relato acompaña la
historia del hombre, puede decirse que hay una historia para explicar el origen
del mundo, otra para el desarrollo de culturas y civilizaciones. También las hay
para cada país, otras para explicar la formación de cada familia, y también hay
una historia de nuestra propia vida. ¡Hay muchas maneras de contar una
misma historia!
La narrativa está estrechamente relacionada al conocimiento, pues nos da la
posibilidad de otorgar significado a la realidad, a la experiencia que vivimos y
transmitimos. Esta narrativa solo es posible a través del lenguaje. Así, palabras
y gestos que tienen significado se van relacionando unas con otras,
estableciendo una matriz narrativa que necesita coherencia y cohesión para
poder ser entendida y comunicada.
Cabe mencionar que dicha narrativa no se construye de manera individual,
toma sentido en su dimensión dialógica. Es por eso que cuando queremos
hablar de la historia personal, incluimos el lenguaje verbal y no verbal de las
figuras significativas que nos enseñaron a comunicarnos y a cómo hacerlo, lo
que ellos vivieron, lo que dijeron de nosotros, también de lo que no se dijo… Y
llegado el momento, podemos ser capaces de dar significado a lo que somos.
Las historias personales se nutren de esta narrativa, intentan explicar y dar
significado a diversas realidades, dar sentido al pasado y solo así, ser capaces
de entender dónde estamos y reflexionar sobre a dónde queremos ir y cómo
queremos hacerlo.
La historia de la vida tiene un pasado, que incluye cosas que no siempre se
recuerdan, pero que forman parte de un relato que nos contaron, se une a otras
historias significativas; también incluye recuerdos de alegrías, tristezas,
dolores, miedos; experiencias que hoy recordamos o que están presentes de
manera inconsciente, y que podemos aceptar como parte de lo que nos ha
permitido llegar al presente.
Algo que no es menos importante es saber que, cuando las experiencias pasan
por la mayor cantidad de nuestros sentidos, de manera consciente, hay mayor
probabilidad de aprender de manera eficaz. Cuando escribimos, nuestro
cerebro involucra los distintos lóbulos de ambos hemisferios y requiere de
procesos complejos como la atención, el lenguaje, la memoria, destrezas
motoras y funciones ejecutivas que pretenden construir un relato que sea
capaz de expresar algo coherente.
¿Entonces qué? Aquí hay un ejercicio que puede ayudarte a dar sentido y
significado a tu historia personal. Cuando intentas explicar acontecimientos
significativos de tu vida a través del relato, tratas de unir experiencias, y con el
ejercicio pragmático del lenguaje, intentas que esta historia tenga sentido.
Además de cohesión, coherencia. Puedes empezar a entender lo que ha
sucedido en tu vida, a explicar el pasado para entender tu presente y
proyectarte a lo que quieras seguir escribiendo: en lo que dependa de ti, en el
futuro de tu vida.
Referencias
Gonçalves, O. (2002). Psicoterapia cognitiva narrativa: Manual de terapia
breve. Bilbao, España: Editorial Desclée de Brouwer.
Manfrida, G. (2019). La narración psicoterapéutica: Invención, persuasión y
técnicas retóricas de la terapia relacional sistémica. Ediciones Morata.
Quintero Aldana, G. C. (2019). Mediaciones y procesos cognitivos implicados
en la escritura académica en educación superior. Sello Editorial
Universidad del Tolima.
¿Es la psicología una ciencia? ¿Es un arte? En el nuevo episodio de Entre Divanes se aborda entre Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa, una de las preguntas más comunes entre estudiantes y nuevos profesionales: cómo integrar el conocimiento teórico con la práctica terapéutica real. Porque ser psicólogo no es solo aplicar protocolos; es también crear un espacio humano, seguro y significativo para el otro.
De la teoría al encuentro humano
Uno de los mayores retos que enfrentan los alumnos al comenzar su práctica clínica es cómo pasar de los libros a la consulta. ¿Cómo aplicar todo lo aprendido sin que la intervención se convierta en un interrogatorio? ¿Cómo mantener la estructura y el método sin perder la calidez ni la autenticidad del vínculo?
En palabras del podcast: “la preocupación que tienen los alumnos es cómo, de toda esta teoría que yo he estudiado, con protocolos de intervención, me siento delante de un paciente y no le hago un interrogatorio”. La respuesta no es sencilla, pero sí clara: se trata de encontrar el punto justo entre técnica y presencia.
Mente y palabra: el arte de acompañar
La relación terapéutica exige una preparación rigurosa, pero también una disposición emocional y relacional. Saber cuándo intervenir, cómo hacerlo, cuándo callar o cuándo dejar espacio forma parte del arte del terapeuta. “Primero, la experiencia es la madre de la ciencia”, se recuerda en el episodio, y también que “uno tiene que ir con la mente por delante y con la palabra por detrás”.
Es decir, el terapeuta debe tener una comprensión profunda de lo que ocurre en sesión, pero intervenir desde la escucha y la empatía, no desde la prisa o la necesidad de aplicar recetas.
Técnica, intuición y humanidad
Este equilibrio entre ciencia y arte se construye con el tiempo, con práctica, con supervisión y con trabajo personal. Requiere dominar herramientas, pero también confiar en la propia intuición clínica, que no es improvisación, sino fruto de la experiencia y de una observación afinada.
El objetivo no es solo aliviar el malestar, sino acompañar a la persona en un proceso de autoconocimiento real. Y para eso, la técnica es fundamental, pero la presencia genuina del terapeuta es insustituible.
La psicología es una ciencia de la salud, sí. Pero también es un arte. El arte de estar con el otro, de escuchar lo que no se dice, de intervenir sin invadir, de acompañar sin dirigir. Para quienes comienzan en este camino, el reto es grande, pero también apasionante.
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Psicólogos Princesa – Humanity Needs Psychology 💙
En este episodio de Entre Divanes, se profundiza en una realidad cada vez más presente en las consultas psicológicas: muchas personas acuden a terapia sin cumplir criterios diagnósticos clínicos, pero con un malestar real que afecta a su vida cotidiana. De esto nos hablan Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa.
Este fenómeno, que se ha intensificado en los últimos años, plantea una reflexión importante sobre el modelo desde el que se aborda la salud mental. Como se menciona en el episodio: “un porcentaje muy alto de las personas que vienen a terapia, a diferencia con años anteriores, no cumplen criterios para un diagnóstico. Lo que tienen son problemas”.
El límite del diagnóstico
Tradicionalmente, la psicología clínica ha estado muy vinculada al modelo biomédico, basado en la identificación de síntomas y en la categorización de trastornos. Sin embargo, este enfoque tiene sus límites, especialmente cuando el sufrimiento no encaja en una etiqueta diagnóstica concreta.
Muchas personas llegan a consulta sin que su malestar sea clínicamente significativo, pero aun así “se sienten mal, se sienten bloqueadas o perdidas, y buscan ayuda para entenderse y avanzar”. En estos casos, lo que se necesita no es un diagnóstico, sino una comprensión más amplia de la experiencia personal.
Del síntoma a la historia
El enfoque actual hacia el que se dirige la psicología,y que se promueve desde Psicólogos Princesa, es el modelo biopsicosocial. Este modelo no se queda en la superficie del síntoma, sino que busca entender el contexto completo de la persona: su cuerpo, su mente, su entorno, su historia vital.
Como se explica en el podcast: “la psicología cada vez más no se centra en el propio síntoma, sino que tratamos de encontrar cuál es la historia o el origen de ese malestar”. La ansiedad, el cansancio emocional o la tristeza persistente no siempre son síntomas de una enfermedad, sino señales de que algo en la vida de esa persona necesita ser mirado, entendido y reconfigurado.
Escuchar el malestar sin juzgar
Este cambio de mirada es fundamental. Permite acoger la experiencia del paciente sin necesidad de patologizarla. No se trata de minimizar el sufrimiento, sino de humanizarlo, comprendiendo que muchas veces lo que necesita la persona no es un diagnóstico, sino un espacio seguro en el que poder pensar(se), expresar(se) y reconstruir(se).
En Psicólogos Princesa se apuesta por una psicología integradora, que no solo atiende el síntoma, sino que busca el sentido de lo que le ocurre a cada persona. Porque entender el origen del malestar no solo ayuda a aliviarlo, sino que puede convertirse en una puerta hacia el crecimiento personal.
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Puedes ver el capítulo completo aquí
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En los últimos años las estadísticas no dejan de mostrarnos que las dificultades de los jóvenes para llevar a cabo su plan de vida están afectando a su salud mental. En su artículo Lucía González se detiene a valorar aspectos tan definitorios a este respecto como la indefensión aprendida o el maniqueísmo inherente a la doctrina del “querer es poder”. Estamos seguros que os va a interesar.
Cada año, las tasas de suicidio, depresión y ansiedad aumentan entre la juventud actual. En el rango de 15 a 29 años el suicidio es la principal causa de muerte externa aumentando un 7,9 % en el último año, al igual que las tasas de depresión y ansiedad: hay un 22% de jóvenes con indicadores de depresión y un 44% con indicadores de ansiedad. No se trata de un suceso aislado de los cambios sociales que se han experimentado los últimos años. Más del 55% de los jóvenes en España con dificultades económicas reportan problemas de salud mental, los jóvenes que no pueden satisfacer necesidades básicas tienen tasas de ideación suicida significativamente más altas y en el 59% de los jóvenes que combinan estudios y trabajo (los denominados sisi) los problemas psicológicos se han visto incrementados.
Los telediarios abren las noticias con la crisis de la vivienda, la inflación o el aumento del coste de los productos más esenciales y la generación Z ve cómo lograr una independencia económica y social se retrasa hasta la edad de los 30 años. Solo el 16% de los jóvenes pueden emanciparse y el precio del alquiler representa hasta el 93,9% del salario medio. Tras años estudiando, la juventud actual está saliendo al mercado laboral para darse de frente con ofertas que valoran por encima de todo experiencia, un listado de formaciones adicionales eternas o contratos abusivos y mal pagados.
De forma paralela, durante los últimos años han ido surgiendo gurús del estilo de vida y de las finanzas que prometen a la juventud alcanzar el éxito a través del “poder es querer”. Incitan a las masas a pensar que la mentalidad y la actitud es el único impedimento para alcanzar una vida exitosa. Afirman con sus lecciones que se pueden volver fácilmente millonarios y que aquel que no lo consiga es por falta de voluntad. Estas afirmaciones van ganando una gran cantidad de seguidores, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Nos podremos preguntar ¿Cuál es el nexo de estos acontecimientos?
La explicación entre los dos primeros fenómenos nombrados: la crisis social, económica y de la vivienda y el empeoramiento de la salud mental puede parecer más obvia. Para explicarlo me gustaría rescatar un concepto que acuñó Martin Seligman: Indefensión Aprendida. Este autor realizó un experimento donde se exponía a perros a choques eléctricos en una caja con dos zonas separadas, pero no podían huir de las descargas porque en ambas partes de la caja las recibían. Es decir, hicieran lo que hicieran recibían una descarga. Posteriormente se cambió la condición a que pudieran escapar de la situación de recibir una descarga, ya que, en una zona de la caja la recibían, pero en la otra no. Los perros ya habían aprendido que no podían escapar de estas descargas y lo que se observó es que se quedaban inmóviles soportándolas. Este experimento sienta las bases para la explicación de por qué las personas pueden aprender a comportarse pasivamente y con la percepción de ausencia de control sobre una situación, aunque esta cambie. Pertenece a las bases teóricas del desarrollo de la depresión y la ansiedad. Si sentimos que no podemos cambiar lo que nos ocurre, nuestra respuesta será quedarnos inmóviles, aunque esto no contribuya a nuestro bienestar psicológico. Trasladándonos al tema que acontece ¿no es posible que la juventud del siglo XXI esté teniendo esta misma sensación que el perro del experimento al ver que no puede cambiar su situación?
De forma completamente opuesta, desde hace unos años vemos como influencers asociados al fitness y al emprendimiento tienen un significativo aumento de popularidad especialmente entre la juventud con el mensaje de “querer es poder”. Esta motivación utiliza la responsabilidad de los jóvenes para tomar consciencia sobre sus acciones movilizando cambio y de paso, ganar seguidores y dinero. El más conocido dentro de este grupo (conocido como Llados) invita a pensar que si algo ha salido mal en tu vida (relaciones, negocios, emanciparse, etc.) es porque la persona no se había esforzado lo suficiente, utilizando la culpa como motor de cambio. Lejos de cuestionar los métodos de estas personas, los intereses económicos subyacentes y lo que muchos han calificado como secta, ¿acaso no está respondiendo a una necesidad de nuestra sociedad? Más allá de los trucos persuasivos, este tipo de mensajes devuelven la sensación de control a las personas: el fracaso es su responsabilidad, pero su éxito también. Ahora bien, ¿debemos irnos al extremo contrario y pensar que tenemos el control de todo lo que nos ocurre?
Desde la psicología sabemos que tan dañino puede ser hacernos responsables de todos nuestros éxitos y fracasos como únicamente hacer responsable al entorno. Cierto es que el contexto tiene un gran papel en la salud mental de las personas y es válido y comprensible que como sociedad las crisis económicas y sociales generen estrés e impotencia. sin embargo, considero que es necesario un empoderamiento sano de la juventud, un equilibrio donde podamos reconocer aquello que no está en nuestra mano a la par que recuperamos la sensación de poder gestionar el estrés que eso nos genera. Me parece fascinante observar cómo ocurren fenómenos tan contrapuestos y considero que desde la psicología poder analizarlos nos lleva a entender mejor las necesidades de la sociedad y de la juventud.
Referencias
Instituto Nacional de Estadística. (2024). Defunciones según la causa de muerte 2023. INE. Recuperado de https://www.ine.es.
Observatorio de Salud Mental de España. (2024). Informe anual sobre salud mental y juventud. Madrid, España. Recuperado de https://www.fsme.es.
Consejo de la Juventud de España. (2024). Crisis de vivienda y salud mental: impacto en la juventud. Informe de coyuntura. Recuperado de https://www.cje.org.
Infobae. (2024). Día Mundial de la Depresión: por qué aumentan los casos en el mundo y en qué se diferencia de la ansiedad. Recuperado de https://www.infobae.com.
Oxfam Intermón & Consejo de la Juventud de España. (2024). Equilibristas: las acrobacias de la juventud para sostener su salud mental en una sociedad desigual. Recuperado de https://www.elnacional.cat.
Observatorio de Emancipación. (2023). Informe sobre las dificultades de acceso a la vivienda y su impacto en la juventud. Consejo de la Juventud de España. Recuperado de https://www.cje.org.

