Cada vez son más las personas que deciden estudiar Psicología. El interés por el conocimiento del ser humano y la importancia creciente del bienestar emocional han hecho de esta disciplina una de las carreras con mayor número de matriculaciones en España. Pero ¿qué ha motivado este auge? ¿Cuál es la situación real de la profesión? ¿Y qué perspectivas ofrece a quienes están formándose hoy?
Estas son algunas de las preguntas que abordan Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa en el último episodio de Entre Divanes.
Un antes y un después: el impacto del COVID
Uno de los datos más reveladores mencionados en el episodio es que “desde el COVID ha habido un superaumento, y no solamente en Psicología, sino en todas las profesiones sanitarias. Pero Psicología destaca incluso por encima de otras”. Este fenómeno no solo refleja un cambio en la percepción social de la salud mental, sino también una transformación estructural en el papel del psicólogo dentro de la sociedad.
El confinamiento, la incertidumbre y las consecuencias emocionales de la pandemia actuaron como un catalizador. Las personas comenzaron a buscar herramientas para gestionar el malestar, y los psicólogos pasaron a ocupar un lugar central en el cuidado de la salud integral. Desde entonces, la demanda de atención psicológica no ha dejado de crecer.
De los prejuicios a los datos
Durante muchos años, la Psicología arrastró ciertos estigmas que todavía hoy resuenan en algunas conversaciones. Como se menciona en el podcast: “cuando estudiábamos, lo típico que nos decían era: ‘¿pero cómo vas a estudiar Psicología? Te vas a morir de hambre’”. Afortunadamente, los datos actuales desmienten esos temores.
La tasa de empleabilidad de los graduados en Psicología es del 75% al terminar la carrera, y alcanza el 85% a los cinco años. Además, se ha diversificado notablemente: un 45% de esa empleabilidad se sitúa en el ámbito de la Psicología Clínica y Sanitaria, pero el resto se reparte entre otras áreas como la educativa, organizacional, social o investigadora.
Estos datos muestran que la Psicología ya no es una profesión precaria ni residual, sino una opción profesional sólida y con múltiples salidas. Como bien se indica en el episodio: “son datos, y ya no es una percepción”.
Un campo en expansión... que requiere compromiso
El crecimiento de la profesión también implica nuevos retos. La alta demanda de formación, el aumento de profesionales y la proliferación de centros de atención psicológica suponen una mayor necesidad de formación rigurosa, supervisión ética y construcción de una identidad profesional sólida.
En este sentido, desde Psicólogos Princesa se apuesta por el acompañamiento profesional desde los primeros pasos, no solo en lo académico, sino también en lo emocional y vocacional. Porque estudiar Psicología no es solo adquirir conocimientos, sino aprender a ser un canal válido para acompañar el sufrimiento humano desde la conciencia y el cuidado.
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"¿Qué le pasa a un psicólogo?" No desde el punto de vista clínico, sino profesional. ¿Qué retos encuentra quien decide formarse en Psicología? ¿Qué ocurre después de todos esos años de carrera universitaria? ¿Existe una guía real hacia el mundo laboral y el desarrollo de una identidad profesional sólida?
Todas estas preguntas las responden Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa, en el décimo episodio de Entre Divanes, en el que abordan un tema clave para quienes ya ejercen o están en proceso de formarse como psicólogos: la profesión en sí misma.
La brecha entre la teoría y la práctica
Una de las reflexiones más destacadas del episodio es la falta de orientación profesional tras finalizar los estudios universitarios. Como se menciona en el podcast: “parece mentira que después de tantos años estudiando en la facultad, con tantas materias y asignaturas, realmente no haya un acompañamiento más orientado a lo profesional”.
En muchos casos, el alumno termina la carrera con una gran carga teórica, pero con poca claridad sobre los pasos a seguir. ¿Cómo se construye una carrera profesional dentro del ámbito de la psicología clínica, educativa, organizacional o social? ¿Cómo se desarrolla una marca personal coherente con la vocación y los valores propios?
Este vacío ha impulsado iniciativas como la unidad de prácticas, el experto en abordaje integral de la psicoterapia y servicios de mentoría y supervisión profesional, todos ellos diseñados para tender un puente entre el aprendizaje académico y el ejercicio real de la psicología.
Psicología: una profesión en expansión
Según los datos mencionados en el episodio, cada año se matriculan en Psicología más de 15.000 estudiantes en España, en universidades tanto públicas como privadas. Este crecimiento se ha acelerado especialmente desde la pandemia, reflejando una mayor conciencia social sobre la importancia de la salud mental.
Pero con el auge también llegan nuevos desafíos: aumento de la competencia, necesidad de especialización, exigencias éticas y emocionales, y un escenario laboral cambiante. Por ello, el acompañamiento a futuros psicólogos se vuelve más necesario que nunca.
Más allá del título: identidad y propósito profesional
Otro de los puntos clave abordados en el podcast es el papel de la marca personal. En un contexto donde las redes sociales y la exposición digital son parte del ejercicio profesional, la marca personal no puede reducirse a una imagen pública. Como se señala: “la marca personal no es un perfil de Instagram; es el desarrollo profesional y personal que luego se proyecta al mundo”.
Construir una identidad profesional sólida implica explorar los propios valores, entender qué enfoque terapéutico resuena más con la forma de trabajar y aprender a comunicarlo con claridad, ética y autenticidad.
Una profesión vocacional, pero no improvisada
Ser psicólogo exige mucho más que vocación. Implica formación continua, compromiso ético, trabajo personal y conexión humana. También, como se menciona en el episodio, tener presente que esta profesión no solo se basa en conocimientos técnicos: “hay que ir con la mente por delante y con la palabra por detrás”. Es decir, saber hacia dónde se quiere acompañar al otro, sin imponer, sin precipitarse, y respetando siempre los tiempos y necesidades del paciente.
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En el décimo episodio de “Entre Divanes”, el podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa; abren una conversación muy necesaria sobre la profesión de la psicología.
En lugar de centrarse en un tema concreto de intervención o teoría, esta vez el foco está puesto en la experiencia de ser psicólogo, desde los inicios hasta la consolidación profesional, pasando por los retos emocionales y éticos que acompañan al ejercicio de esta vocación.
Una profesión en auge… y en transformación
Según datos compartidos en el episodio, Psicología es hoy una de las carreras más demandadas en España, con más de 15.000 nuevos matriculados cada año. Desde la pandemia, la demanda ha crecido exponencialmente, especialmente en universidades privadas, lo que refleja un interés creciente por el bienestar mental y por comprender al ser humano desde una perspectiva profunda.
Aun así, el salto entre la formación académica y la realidad profesional no siempre es fácil. Como se plantea en el episodio, “parece mentira que después de tantos años estudiando en la facultad, realmente no haya un acompañamiento del alumno más orientado a lo profesional”. Esta desconexión genera dudas, inseguridad y, muchas veces, una sensación de desorientación en los primeros pasos.
De la teoría al encuentro real con el otro
Durante la conversación se hace hincapié en la importancia de una psicología que combine ciencia y arte. “La experiencia es la madre de la ciencia”, señalan, recordando que ningún protocolo sustituye la presencia humana del terapeuta. En este sentido, se profundiza en el modelo integrativo, que no busca mezclar corrientes sin sentido, sino adaptarse con flexibilidad a lo que cada persona necesita, partiendo de la premisa de que el modelo debe ajustarse al paciente, y no al revés.
También se señala un cambio de paradigma importante: del modelo biomédico al biopsicosocial, e incluso espiritual. El malestar psicológico rara vez responde únicamente a una categoría diagnóstica. En palabras del episodio: “el síntoma es solo la punta del iceberg”. Por ello, se apuesta por una mirada más amplia, que contemple la historia personal, el contexto social, la regulación corporal y las emociones como fuentes de información esenciales.
Retos invisibles, pero presentes
No se evita hablar de la cara menos visible de la profesión: el desgaste emocional, la soledad del terapeuta, las dudas constantes sobre la eficacia del proceso o la carga emocional que implican ciertas historias. “Ser psicólogo te exige una evolución personal”, se afirma en el episodio, y no desde la perfección, sino desde la responsabilidad consciente.
También se menciona el riesgo del burnout, que aparece cuando se pierde el equilibrio entre el dar y el cuidarse. Cada profesional tiene sus propias señales de alerta, pero “cuando uno está en modo supervivencia, es momento de parar y recolocarse”.
En este sentido, se destaca la importancia de la supervisión, el acompañamiento entre colegas y la figura del mentor, no solo para adquirir técnica, sino para sostenerse emocionalmente y crecer profesionalmente de manera más saludable.
Marca personal, redes y el lugar del psicólogo en el mundo actual
Otro de los temas clave del episodio fue la relación entre la psicología y la divulgación. Aunque las redes sociales son hoy una herramienta útil, se recuerda que “la marca personal no es tener un Instagram, es hacerse una propia carrera, una propia formación, un propio desarrollo profesional y personal; y después proyectarlo al mundo”. También se advierte sobre los riesgos de una sobreexposición vacía o de convertirse en “influencers de salud mental” sin un marco ético claro.
Por último, se hace referencia a la inteligencia artificial, subrayando que a día de hoy no puede reemplazar el vínculo humano que se establece en la terapia. Se recalca además un fenómeno cada vez más frecuente: la compulsión a preguntar a ChatGPT como forma de evitar la incertidumbre, lo que puede convertirse en un patrón ansioso. La tecnología es un complemento, no una solución.
Este episodio de Entre Divanes ofrece una visión honesta, profunda y realista sobre lo que significa ser psicólogo hoy. Una profesión que, como se recuerda a lo largo del capítulo, exige conocimiento, ética, amor por el otro y también mucho trabajo personal.
Porque ser psicólogo es mucho más que una salida profesional: es una forma de mirar el mundo y de estar al servicio del bienestar colectivo.
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En esta reflexión relativa al sentido de la vida Jimena Martínez apela a su bagaje filosófico, literario, inclusive mitológico para llegar a conclusiones muy reveladoras acerca de la insatisfacción derivada de la sociedad del control: “Bailar con el caos es aceptar que la existencia no es una línea recta ni un destino escrito, sino un proceso que se revela en el movimiento”. Estamos seguros que os va a interesar.
Sentir que tenemos el control de nuestra vida puede ser profundamente tranquilizador… pero también, paradójicamente, limitante. En una época marcada por la incertidumbre, la necesidad de control ha dejado de ser un capricho o una obsesión individual. Se ha convertido en una forma de supervivencia emocional. No es que nos hayamos vuelto más controladores como sociedad. Es que el mundo que nos rodea se ha vuelto más incontrolable.
Solo hace falta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el suelo bajo nuestros pies ya no es firme. Desde la pandemia que alteró nuestras rutinas más elementales hasta guerras que creíamos propias del pasado, el mundo se mueve demasiado rápido. Y lo que ayer parecía estable, hoy puede venirse abajo en cuestión de horas.
En este nuevo paradigma, la sociedad ha perdido certezas. Vivimos en “un mundo líquido”, como diría Zygmunt Bauman, donde nada permanece del todo, donde el futuro es más una intuición que una promesa. Y eso nos da miedo. Ese miedo se camufla bajo rutinas hipercontroladas, agendas repletas, listas de tareas infinitas. Buscamos comodidad, pero terminamos en rigidez. Una rigidez que nos vuelve frágiles: al mínimo imprevisto, todo se desmorona.
Y entonces, nos refugiamos en el control. Organizamos cada detalle: la comida, el tiempo, el cuerpo, el entorno. Hacemos listas, descargamos apps de productividad, buscamos rutinas que nos devuelvan una mínima sensación de poder. Incluso consumimos contenido que refuerce esa idea de orden posible: los vlogs diarios, por ejemplo, donde la vida se muestra medida, planificada, armónica.
Ver a otros ordenar su mundo nos da paz, como si al ver su rutina pudiéramos ordenar la nuestra. Pero hay algo inquietante en ese deseo. Un deseo de vida sin caos… y, en el fondo, sin cambio. Y eso me recuerda una escena de Entrevista con el vampiro, de Anne Rice. Louis, convertido en vampiro, reflexiona sobre su existencia: inmortal, sí; poderosa, también. Pero atrapada en una eternidad donde nada cambia, nada evoluciona. Todo está bajo control… y sin embargo, ha perdido el alma.
Porque cuando se elimina el caos, también se elimina lo humano.
Cuando todo está calculado, cronometrado, predecible… la vida se vuelve eterna, sí, pero hueca. Porque cuando lo tenemos todo “bajo control”, cuando medimos nuestra vida al milímetro, nos perdemos el factor sorpresa, no dejamos hueco a que esta nos sorprenda.
Eliminando el factor de la incertidumbre, del caos, el factor humano, nos volvemos máquinas. Eficientes, sí… pero frías. Automatizadas. Y la vida, en esa rigidez, empieza a perder su esencia.
Recuerdo a una amiga, bailarina profesional, que me decía:
"Cuando te profesionalizas tanto, cuando te centras tanto en la técnica, el baile pierde alma. Ya no eres tú bailando. Eres una máquina que ejecuta pasos."
Y con la vida pasa igual. Cuando nos cerramos tanto al control, lo que realmente estamos evitando es mirar a los ojos de la vida. Porque, a veces, controlar no es más que una distracción del miedo a lo esencial. A lo que realmente importa. Y quizás, la vida va justamente de eso: de soltar un poco, de entregarse al movimiento, de perder la forma para encontrar el fondo.
La búsqueda del control absoluto puede parecer una solución. Pero, a menudo, es una negación del misterio, del dolor, del deseo, de la transformación propia de la vida. Es como querer congelar la vida para que no duela. Pero en ese congelamiento, también se pierden la belleza, la sorpresa y el sentido. Es ir contra la esencia misma de la existencia.
Sí, el control tiene su lugar: nos calma, nos estructura, nos ayuda a sostenernos. Pero si nos aferramos demasiado, si le damos las llaves de todo… dejamos de bailar con la vida, y empezamos a repetirla como una coreografía vacía.
Desde los mitos más antiguos se nos recuerda que el caos no es el enemigo: en la Cosmogonía Griega del Caos, ese vacío fértil, sin forma ni dirección, surgió Gea, la Tierra, la estabilidad, el cuerpo. No hay creación sin desorden, ni forma sin fondo incierto.
Somos hijos de ambos: del caos primigenio y de la tierra que le dio forma. Mitad raíz, mitad misterio. Y quizás, vivir sea precisamente eso: aprender a habitar esa tensión. No negar el caos, sino entregarse a bailar con él.
Porque el caos no siempre destruye; a veces, desarma lo que ya no sirve, abre fisuras por donde puede entrar la luz. Es el germen de toda posibilidad, el espacio donde la forma aún no ha elegido qué ser.
Bailar con el caos es aceptar que la existencia no es una línea recta ni un destino escrito, sino un proceso que se revela en el movimiento. Es reconocer que lo incierto no es lo opuesto al sentido, sino su condición. Y que solo quien se atreve a perder el equilibrio puede encontrar una nueva forma de caminar.
Alude Míriam González en su artículo a los prejuicios existentes acerca de las Constelaciones Familiares, aplicación terapéutica de la Psicología Sistémica con mucho que enseñarnos, si nos acercamos a sus aportaciones con la mirada limpia, acerca de la manera en que nos relacionamos las personas. Estamos seguros que os va a interesar.
El amor llena lo que el orden abarca: La teoría de las Constelaciones Familiares
En esta carrera, que es joven y tiene algunos rasgos de inseguridad, me he ido encontrando con muchos prejuicios contra varias corrientes. Una de las ramas que sufre estos prejuicios son las Constelaciones Familiares. No es de extrañar puesto que no se puede explicar, al menos de momento, qué ocurre cuando uno se presenta en “el campo”. Alguien dice unas pocas frases de su historia, personas se ponen de pie para “representar a los miembros de su familia” y estos representantes sienten la necesidad de mirar a uno u otro lado, sienten una u otra relación con los demás representantes y de parte del constelador tan solo escuchamos “los representantes sienten lo mismo que los representados”.
De momento sólo lo podemos ver como algo mágico y es tal vez el prejuicio contra esta magia lo que nos impide darnos cuenta de que además esta rama propone una base clara, firme y fundamental sobre las relaciones humanas: Los 3 Órdenes del Amor.
Antes de entrar en cuáles son, hemos de sentar algunas bases. Estamos hablando de un tipo de Psicología Sistémica. Su mirada está puesta en el sistema en el que están las personas para entender cuáles son sus efectos en el individuo. Desde que nacemos estamos sumergidos en un sistema: la familia, y los restantes a los que pertenecemos se van ampliando a lo largo de la vida en círculos concéntricos. empezamos en una familia, que está en una red familiar más extensa, conocemos luego amigos, pareja…
Los Órdenes del Amor, o las condiciones en las cuales el amor puede fluir de manera ordenada dependen del tipo de relación. La relación de padres e hijos sigue un orden y la relación entre iguales otro. Pero aunque se concreticen según la relación, estos tres órdenes son en realidad tres necesidades fundamentales a cumplir para que las relaciones nos satisfagan. La conciencia, que opera a través de los sentimientos de inocencia y culpa es la que vigila que nuestras relaciones sigan estas normas, nos sean favorables o no.
1.La Vinculación
“Así como un árbol no elige el lugar en el que crece, un niño se integra en su grupo de origen sin cuestionarlo”. El niño no se pregunta si las condiciones que le ofrece su familia son razonables o sanas, él ama y se vincula a lo que exista en casa sin cuestionarlo, y ofrecerá su felicidad o el sacrificio que haga falta por el bien del vínculo.
Este vínculo innegable ha de ser respetado. No importa que alguien “no se merezca” el amor, o, en estos términos, seguir perteneciendo al sistema; pertenece y punto. En algunos casos las situaciones que viven algunas personas en su familia son muy complicadas y cuando alguien sufre un abuso, hay una herida que hay que sanar y se han de dar los pasos de seguridad, separación o legales que hagan falta, pero no podemos excluir del corazón a alguien de nuestra familia. Aunque se atraviese un periodo de duelo en el que haya enfado, dolor, frustración, rabia (y nadie se lo puede saltar, hay que atravesarlo), finalmente casi que da igual cómo haya sido la situación, habrá vinculación y no podemos faltarle al respeto diciéndole a la persona “tienes que dejar de querer a tu padre”. Porque sabemos que entonces habrá una pelea en su corazón entre su vinculación y “lo que debería sentir”, que solo va a traer culpa e incomprensión.
2.El equilibrio entre dar y tomar
Para iniciar una relación uno da y el otro recibe: puede ser escucha, un favor, o una invitación a comer. El segundo se siente en deuda, y ninguno está a gusto hasta que el segundo devuelve al primero y el equilibrio se restablece. Si el segundo devuelve exactamente lo mismo que el primero dio, el equilibrio se alcanza y la relación termina. Normalmente devuelve lo que recibió y un poquito más, de manera que ahora el primero tiene que devolver a su vez y la relación continúa y se expande. Si tomamos del otro, sacrificamos un poquito de libertad, por eso cuando las personas quieren “mantenerse libres” sólo pueden dar y recibir muy poco. Sin embargo, la profundidad de la felicidad en una relación está estrechamente relacionada con la magnitud del intercambio. Y cuanto más grande sea el intercambio también más se fortalece el vínculo.
Hay casos en los que este equilibrio no se respeta. Por ejemplo, queremos dar sin recibir. De esta manera nunca le debemos nada a nadie y todos nos deben a nosotros y sentimos una ilusión de superioridad. Hay que tener cuidado con esta posición porque muy pronto los que solo pueden recibir se cansan de esta posición de “deber algo” y se marchan. “Es de suma importancia para cualquier relación que no se dé más de lo que se esté dispuesto a recibir y que el otro sea capaz de devolver”.
Este equilibrio sólo es posible entre iguales. En la relación de padres e hijos, los hijos jamás podrán devolver a sus padres todo lo que han recibido. Una forma de devolver “un poquito” es a través del agradecimiento. El que agradece reconoce y acepta el regalo recibido. Sin embargo la única solución final que se encuentra a este desequilibrio es pasar un gran regalo a otros.
3.El orden
El primer orden que hay que respetar es el de llegada, los que estaban antes tienen prioridad sobre los que llegan después. Primero son los padres, luego el hermano mayor, luego el pequeño. Este orden afecta también al equilibrio del dar y el recibir. Los mayores dan y los pequeños reciben. El hermano mayor tiene prioridad sobre el pequeño pero el pequeño recibe del mayor. Una alteración común de este orden es cuando alguien no recibió el amor o la atención que quería de sus padres o no recibe el amor o la atención que querría de su pareja y espera conseguirlo de sus hijos. Pero al igual que un río no puede fluir hacia arriba, por mucho que se esfuerce el hijo (que como vemos en el orden de la vinculación será todo lo que pueda) jamás logrará satisfacer la necesidad de amor y atención de sus padres. El amor llena lo que el orden abarca, y donde no hay orden, el amor no alcanza.
Cuando se trata de sistemas, los sistemas nuevos tienen prioridad sobre los antiguos. Cuando alguien se casa, su nuevo sistema ha de tener prioridad sobre el de origen, si no, empieza a haber problemas entre nuerxs y suegrxs. ¿Cuál es el conflicto? Por ejemplo, la mamá quiere seguir mandando sobre los muebles que tendrá su hijo y la pareja nota que su libertad está coartada por su suegra y con ella tiene peleas, sin embargo lo único que puede resolver este conflicto es que el hijo se vuelva hacia su madre y le ponga el límite que acuerde con su pareja.
El contenido de este artículo está basado en los tres primeros capítulos de Felicidad Dual, de Gunthard Weber, es el origen de todas las menciones y recomiendo encarecidamente darle una oportunidad para una lectura en profundidad.
En la búsqueda del amor, muchas personas desean encontrar una pareja que reúna todas las cualidades ideales: inteligencia, cariño, compatibilidad sexual, estabilidad emocional, ambición, sentido del humor… y la lista sigue. Pero, ¿realmente es posible encontrarlo todo en una sola persona?
En este artículo exploraremos la influencia de nuestras expectativas en la pareja, la importancia del equilibrio y cómo la psicología integrativa y la terapia de pareja pueden ayudarnos a construir relaciones más sanas y satisfactorias.
1. La ilusión de la pareja perfecta
Es común escuchar frases como:
- “Quiero alguien tan inteligente como mi primer novio, tan cariñoso como el segundo y con la química sexual del tercero.”
- “Me encantaría que mi pareja fuera divertida, ambiciosa, emocionalmente estable y detallista.”
Pero la realidad es que nadie es perfecto y que ninguna persona puede cumplir el 100% de nuestras expectativas. La clave está en entender que cada pareja tiene fortalezas y debilidades, y que la relación se basa en el compromiso, la compatibilidad y el crecimiento conjunto.
2. Expectativas vs realidad: ¿Qué buscamos en la pareja?
Según la psicología integrativa, al elegir pareja solemos basarnos en tres centros principales:
- Intelectual: Nos atrae su inteligencia, conversaciones y visión de la vida.
- Emocional: Buscamos conexión, cariño y compatibilidad afectiva.
- Físico/Sexual: La atracción y la química juegan un papel clave en la relación.
El problema surge cuando queremos que una sola persona sobresalga en todos los aspectos. En la realidad, las personas tienen cualidades más marcadas en algunas áreas que en otras, y aprender a equilibrar nuestras expectativas es clave para construir una relación estable.
3. ¿Debemos renunciar a algo en la pareja?
No se trata de conformarse, sino de encontrar un equilibrio realista. Algunas estrategias para manejar nuestras expectativas incluyen:
- Identificar lo que realmente importa: ¿Qué valores y cualidades son esenciales para ti en una pareja?
- Aceptar que la perfección no existe: La clave está en la compatibilidad general, no en un ideal inalcanzable.
- Ajustar expectativas sin perder lo esencial: No se trata de renunciar a lo que es importante para ti, sino de flexibilizar ciertos aspectos.
Si sientes que tus expectativas te generan insatisfacción en tus relaciones, un proceso de terapia de pareja en Madrid, como el que ofrecen los especialistas de Psicólogos Princesa, puede ayudarte a trabajar en ello.
4. Conclusión: Construyendo relaciones reales y satisfactorias
El amor no es encontrar a alguien que cumpla con una lista de requisitos, sino aprender a valorar, aceptar y construir una relación equilibrada basada en el respeto, la conexión y la compatibilidad.Si quieres aprender más sobre relaciones y crecimiento personal, te recomendamos explorar los recursos de Victoria Cadarso en www.victoriacadarso.com y conocer más sobre la psicología integrativa en Psicólogos Princesa.
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En el siguiente artículo de Raquel Ballarín exploraremos la importancia de cuidar a quienes cuidan, destacando estrategias y consejos para mantener su bienestar físico y emocional durante este viaje desafiante. Estamos seguros que os va a interesar.
Mejorando el cuidado del cuidador
Vivir con una enfermedad neurodegenerativa es un desafío que afecta no solo a quienes la padecen, sino también a quienes los rodean. En este contexto, los cuidadores desempeñan un papel fundamental, proporcionando apoyo emocional y físico a sus seres queridos. Sin embargo, es esencial recordar que los cuidadores también necesitan cuidado y atención.
1. Reconociendo la Importancia del Rol del Cuidador
El papel del cuidador en el contexto de enfermedades neurodegenerativas va más allá de la asistencia física. Implica una carga emocional significativa, ya que los cuidadores a menudo experimentan estrés, ansiedad y agotamiento. Reconocer la importancia de su papel es el primer paso para brindarles el apoyo necesario.
2. Priorizando la Salud Física y Mental
Cuidar de alguien con una enfermedad neurodegenerativa puede ser agotador física y emocionalmente. Los cuidadores deben priorizar su propia salud para poder ofrecer un apoyo efectivo. Esto incluye mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio regularmente y programar revisiones médicas periódicas. La salud mental también es crucial; la búsqueda de apoyo psicológico puede ayudar a gestionar el estrés y afrontar los desafíos emocionales.
3. Estableciendo Redes de Apoyo
Compartir experiencias y consejos con otros cuidadores puede ofrecer un sentido de comunidad y comprensión mutua. Los cuidadores a menudo enfrentan una carga emocional abrumadora, estrés, a veces soledad; y es vital establecer una red de apoyo que incluya familiares, amigos y profesionales de la salud.

4. Aprendiendo a Delegar Responsabilidades
Los cuidadores a menudo sienten la presión de hacerlo todo por sí mismos. Sin embargo, aprender a delegar tareas y aceptar ayuda es fundamental. Familiares y amigos pueden asumir ciertas responsabilidades, permitiendo que los cuidadores tengan tiempo para descansar y recargar energías.
Es importante reconocer los propios límites y establecerlos claramente. Los cuidadores no pueden hacerlo todo, con lo que reconocer cuándo pedir ayuda o tomar un descanso es fundamental para evitar el agotamiento físico y emocional.
Cuidar a alguien con una enfermedad neurodegenerativa puede ser abrumador, y los cuidadores a menudo sienten que deben hacerlo todo.
La comunicación abierta con el paciente y otros miembros del equipo de atención médica es esencial. Establecer expectativas claras, expresar necesidades y abordar problemas de manera proactiva desde un principio puede mejorar la calidad del cuidado y mejorar el vínculo ya formado.
5. Tomando Tiempo para el Descanso y la Recuperación
El agotamiento es un riesgo constante para los cuidadores. Tomarse el tiempo necesario para descansar y recuperarse es crucial para mantener un equilibrio saludable. Esto podría incluir periodos de descanso programados y la posibilidad de tomarse días libres cuando sea recomendable para su salud física y psíquica.
Las enfermedades neurodegenerativas pueden tener un curso impredecible. Los cuidadores deben ser flexibles y adaptarse a las necesidades cambiantes del paciente. Esto implica ajustar rutinas, planes y estrategias de cuidado según sea necesario.
6. Buscando Recursos y Formación
Estar bien informado sobre la enfermedad neurodegenerativa en cuestión puede ayudar a los cuidadores a sentirse más capacitados y preparados. La formación y el acceso a recursos específicos pueden ofrecer herramientas prácticas para abordar situaciones cotidianas.
También es importante poder enfrentar los desafíos médicos que puedan surgir, además conocer las opciones de tratamiento, terapias y servicios disponibles puede mejorar la toma de decisiones informada.
7. Fomentando Actividades Recreativas y Sociales
A pesar de las demandas del papel de cuidador, es esencial reservar tiempo para actividades recreativas y sociales. Mantener una vida equilibrada y conectarse con actividades, familiares y amigos que puedan brindar alegría y satisfacción puede ser revitalizante.
8. Celebrar Pequeños Logros
Celebrar los pequeños logros, por mínimos que sean, puede proporcionar un impulso emocional y recordar a los cuidadores el impacto positivo de su labor. No solo para mantener una actitud positiva, si no que también se verá en su trabajo como cuidador.
Conclusión: Un Cuidador Saludable es un Mejor Cuidador
En última instancia, cuidar a quienes cuidan es esencial para garantizar que puedan desempeñar su papel de manera efectiva y sostenible. Al implementar estrategias para mantener la salud física y mental de los cuidadores, no solo se mejora su calidad de vida, sino que también se fortalece el apoyo que brindan a aquellos que enfrentan enfermedades neurodegenerativas. Cuidar a los cuidadores es un acto de amor y resiliencia que beneficia a toda la comunidad.
Referencias
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En este episodio de “Entre divanes” , Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Alberto Peña Chavarino, psicólogo y experto en autoconocimiento; comentan la importancia de aceptar que hay cosas en nosotros que no van a cambiar, y cómo esta aceptación puede ser un punto de partida para el verdadero bienestar emocional.
La aceptación como parte del crecimiento
En la búsqueda del crecimiento personal, muchas personas se enfocan en cambiar ciertos aspectos de sí mismas sin darse cuenta de que la clave no siempre está en la transformación radical, sino en la aceptación consciente. En psicoterapia, uno de los mayores avances ocurre cuando el paciente comprende que hay partes de su personalidad que no van a cambiar del todo, pero que pueden entenderse y usarse de forma más equilibrada.
Como explica Ana Millán: “Los grandes cambios que yo he visto en terapia es cuando una persona acepta que hay ciertas cosas que no van a cambiar y que lo que pasa es que a lo mejor sirven y tú no te estabas dando cuenta”
Es decir, no se trata de eliminar patrones o emociones que consideramos “negativas”, sino de observar con atención qué función han cumplido en nuestra vida. Esa forma de reaccionar, de protegernos o de vincularnos puede haber sido útil, incluso necesaria, en etapas anteriores. Y en muchos casos, sigue siéndolo. Lo que cambia es la consciencia con la que lo gestionamos.
¿Por qué nos cuesta aceptarnos?
Muchas veces, tratamos de encajar en una imagen idealizada de quién deberíamos ser. Esa búsqueda constante de una versión “mejorada” de nosotros mismos puede convertirse en una lucha interna contra lo que ya somos. Nos cuesta aceptar nuestras emociones intensas, nuestras reacciones automáticas o incluso nuestra forma de pensar, porque creemos que deberíamos ser distintos.
Sin embargo, la autoaceptación no implica resignación, sino comprensión. Cuando entendemos que ciertos aspectos de nuestra personalidad tienen un origen, una lógica y una utilidad, podemos empezar a relacionarnos con ellos desde otro lugar. El reto no es cambiarlo todo, sino integrarlo de manera más saludable y consciente.
Fluir con lo que somos: una mirada terapéutica
El cambio genuino no nace de negar lo que somos, sino de aceptarlo y transformarlo desde la comprensión. Algunas claves que pueden ayudarnos en este proceso son:
- Identificar patrones de comportamiento que se repiten y preguntarnos: ¿para qué me ha servido esto?
- Reconocer que muchas respuestas emocionales no son un error, sino una forma de protección aprendida.
- Explorar de qué manera esas características pueden seguir siendo útiles, pero desde una perspectiva más equilibrada.
Aceptar no es quedarse quieto, es dejar de pelear con uno mismo para empezar a construir desde lo que ya hay.
Una nueva forma de avanzar
Si sientes que llevas tiempo luchando contra partes de ti que no logras cambiar, quizás sea el momento de cambiar la mirada. En lugar de querer borrar esas partes, ¿y si aprendes a conocerlas, entenderlas y gestionarlas? A veces, eso que más te molesta de ti, ha sido tu mayor recurso de supervivencia.
Si sientes que llevas tiempo luchando contra partes de ti mismo sin éxito, puede ser momento de cambiar la perspectiva y aprender a aceptarte y trabajar con lo que ya eres. En Psicólogos Princesa, ofrecemos terapia presencial y terapia online para ayudarte. Contáctanos y comienza tu camino hacia el bienestar emocional.
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Psicólogos Princesa – Humanity Needs Psychology 💙
En este episodio de “Entre divanes” , Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Alberto Peña Chavarino, Psicólogo y experto en autoconocimiento; comentan cómo los antiguos griegos ya diferenciaban entre la realidad y la percepción que tenemos de ella. Un concepto que, aunque tiene siglos de antigüedad, sigue siendo profundamente actual y aplicable a nuestra vida diaria.
La percepción según la filosofía griega
Uno de los mayores legados de la filosofía griega es la reflexión sobre cómo percibimos la realidad y el impacto que esta percepción tiene en nuestra existencia. Estos filósofos comprendieron que no vemos el mundo tal como es, sino como somos nosotros. Es decir, lo que interpretamos está influido por nuestros valores, creencias, emociones y experiencias pasadas.
Alberto nos comentaba un ejemplo: “¿qué es lo que hace que haya personas que vivan una vida plena y otras no? pues su forma de percibir el mundo, el sistema de valores y creencias con los cuales filtran su visión de la realidad”
Desde esta perspectiva, la realidad no es algo que simplemente sucede, sino algo que construimos en nuestra mente. Por eso, dos personas pueden vivir la misma situación y experimentarla de maneras completamente distintas. Y aquí es donde radica el poder del enfoque: nuestra interpretación puede ser fuente de sufrimiento o de bienestar.
La percepción como clave del bienestar
Si observamos a las personas que llevan una vida plena, con sentido y equilibrio, encontramos un patrón común. No es lo que les ocurre lo que determina su nivel de felicidad, sino cómo interpretan esas experiencias. La forma en que percibimos la realidad afecta directamente nuestra salud mental, nuestras decisiones y nuestra manera de relacionarnos con el entorno.
Una persona exitosa, en términos de dignidad humana, eficacia y plenitud emocional, no es necesariamente aquella que ha alcanzado grandes logros materiales. Muchas veces es aquella que ha aprendido a alinear su percepción con los principios que rigen la naturaleza, la coherencia interna y la sabiduría emocional.
Aplicaciones en la vida cotidiana
Adoptar una visión más consciente y realista de la realidad nos ayuda a:
- Manejar el estrés laboral al cambiar la forma en que interpretamos la presión y las responsabilidades.
- Fortalecer las relaciones personales, al comprender que nuestras expectativas y creencias pueden distorsionar la comunicación.
- Reducir la ansiedad y la depresión, aprendiendo a modificar pensamientos limitantes y desarrollar una mentalidad más flexible.
- Intervención en crisis emocionales, proporcionando herramientas para afrontar momentos de incertidumbre con mayor claridad.
Si quieres profundizar en cómo tu percepción influye en tu bienestar y aprender herramientas para transformar tu manera de ver la realidad, en Psicólogos Princesa, ofrecemos terapia presencial y terapia online para ayudarte. Contáctanos y comienza tu camino hacia el bienestar emocional.
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En este episodio de “Entre divanes” , Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Alberto Peña Chavarino, psicólogo y experto en autoconocimiento; comentan como el Eneagrama no solo nos ayuda a conocernos mejor, sino que nos plantea una de las grandes preguntas del desarrollo personal: ¿Debemos aceptarnos tal como somos o buscar cambiar?
Luces y sombras de cada personalidad
Uno de los aspectos más valiosos del Eneagrama es que nos muestra que ningún tipo es bueno o malo en sí mismo, sino que depende de cómo lo utilicemos. Cada rasgo puede tener una versión adaptativa o desadaptativa y conocer esa dualidad es clave para el equilibrio emocional.
Ana Millán lo explicaba así:“...la misma dimensión puede ser adaptativa o desadaptativa. Por ejemplo: Si eres muy perfeccionista puedes volverte TOC, pero si eres perfeccionista en equilibrio puedes ser una persona que se desarrolle, que avance y que le gusten las cosas bien hechas”
Reconocer estos patrones nos ayuda no solo a convivir mejor con nosotros mismos, sino también a desarrollar estrategias más efectivas en el ámbito personal, profesional y relacional. El Eneagrama se convierte así en un recurso útil para mejorar nuestra salud mental, tomar decisiones más conscientes y avanzar en nuestro desarrollo integral.
Este sistema de autoconocimiento es aplicable en distintos entornos: puede utilizarse en terapia de pareja, en procesos de coaching personal y también en la vida diaria. Nos permite entender con mayor claridad los patrones cognitivos, emocionales y conductuales que condicionan nuestras acciones y relaciones.
Estrategias alternativas: compensar sin perder la esencia
El objetivo del Eneagrama no es etiquetar ni encasillar. Al contrario, lo que busca es ofrecer herramientas para compensar nuestras debilidades sin desconectarnos de nuestra esencia. Esto se logra a través de estrategias alternativas que nos permiten integrar nuevas formas de actuar sin dejar de ser nosotros mismos.
En este sentido, el Eneagrama no se presenta como una solución rápida, sino como una guía que acompaña procesos de transformación profunda. Es una herramienta que invita a la reflexión, al equilibrio interno y a una mayor conciencia sobre cómo vivimos y nos relacionamos.
También se utiliza como complemento para ayudar a los pacientes a reconocer sus respuestas automáticas, entender el origen de ciertos bloqueos emocionales y trabajar en el equilibrio de sus pensamientos, emociones y comportamientos.
¿Cómo puede el Eneagrama ayudar en la psicoterapia?
En el ámbito terapéutico, el Eneagrama es especialmente útil para diseñar intervenciones personalizadas. Al conocer el tipo de personalidad del paciente, los psicólogos pueden crear estrategias más eficaces y naturales, alineadas con la forma en que esa persona entiende y vive el mundo.
También se ha demostrado útil en la gestión del estrés, la mejora de la comunicación interpersonal, el fortalecimiento del liderazgo y la prevención del agotamiento emocional, especialmente en contextos laborales.
Si quieres profundizar en tu autoconocimiento y desarrollar estrategias para vivir de manera más equilibrada, el Eneagrama puede ser el mapa que necesitas.
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