Psicólogos Princesa - LogotipoOpen menu icon

Para poder vivir de manera congruente con nuestras emociones primero debemos conocerlas. En el siguiente artículo Celia Méndez-Cabezas detalla la funcionalidad de las emociones primarias, poniendo de relieve su influencia en nuestra manera de sentir, pensar y comportarnos. Estamos seguros que os va a interesar.

De la alegría al miedo: la importancia de conocer nuestras emociones

Las emociones son reacciones psicofisiológicas y naturales que las personas experimentamos ante diferentes estímulos, son una parte intrínseca de la experiencia humana. Desde la alegría que sentimos al ver a un ser querido, hasta el miedo que nos invade en situaciones de peligro, las emociones moldean nuestra percepción del mundo y guían nuestras acciones. Funcionan como un espejo interno que refleja nuestro estado y nos muestra lo que ocurre en nuestro interior, ayudándonos a comprender cómo nos afectan las cosas que vivimos.

Las emociones generan cambios en nuestro cuerpo a través de una serie de reacciones corporales involuntarias y automáticas que normalmente podemos percibir. Tener ciertas sensaciones en el estómago, que nos cambie el color de la cara, que el ritmo cardíaco se acelere o ralentice, que nos cueste más dormir, o sentirnos más o menos enérgicos… Estas son solamente algunos de los cambios que habitualmente percibimos en nuestro cuerpo en base a cómo nos sentimos.

Además, también influyen en cómo nos comportamos, ya que nos impulsan a actuar en una u otra dirección. Nos pueden llevar a alejarnos y evitar ciertas situaciones, pero también a acercarnos y buscar otras. Nuestro estado emocional afecta a la forma en la que nos comunicamos y nos relacionamos con otras personas y con el entorno.

Por otra parte, cambian nuestros pensamientos y otros procesos mentales, como la memoria o la atención. Tienen el poder de modificar lo que pensamos, la intensidad y la frecuencia de nuestros pensamientos, y también nuestro juicio y análisis de las situaciones en las que nos encontramos.

Las personas sentimos emociones constantemente. Sin embargo, no siempre nos paramos a pensar sobre ellas ni sobre lo que nos ocurre interiormente. Darnos el tiempo y el espacio para hacerlo nos puede ayudar a identificarlas, expresarlas y gestionarlas mejor.

Uno de los mitos más extendidos en este campo es que algunas emociones son buenas y otras son malas, pero esto no es cierto, todas ellas son buenas, importantes y necesarias para nuestra supervivencia. Será más apropiado hablar de “emociones agradables” y “emociones desagradables”. Habitualmente, las personas tendemos a evitar sentir emociones desagradables. Sin embargo, es importante dar su espacio a cada emoción, y entender por qué está ahí y de qué quiere avisarnos. 

¿Cuáles son las emociones básicas?

Son las emociones universales y compartidas por todos los seres humanos, independientemente de su cultura o entorno. Normalmente se habla de seis emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco. 

Estas emociones han evolucionado como respuestas adaptativas que nos ayudan a sobrevivir y desarrollarnos, y todas ellas tienen una función, nos protegen y nos ayudan a modificar nuestro comportamiento para adaptarnos al entorno.

¿Para qué sirve la alegría?

La ALEGRÍA nos ayuda a identificar todo aquello que nos gusta y nos sienta bien, y nos motiva a repetirlo. También nos acerca a los demás, puesto que facilita las relaciones interpersonales y fomenta la conexión y el vínculo con otras personas. De esta forma, nos anima a cooperar promoviendo las relaciones de apoyo mutuo. Además, la alegría nos impulsa a tener más creatividad y a ser más flexibles mentalmente. Esto nos ayudará a la hora de afrontar problemas y de adaptarnos a nuevos retos.

¿Para qué sirve la tristeza?

La TRISTEZA nos ayuda a procesar el dolor, las pérdidas o las situaciones complicadas. De esta manera nos ayuda a darnos el tiempo que necesitamos para reflexionar y sanar. Es normal, saludable y necesario sentirnos tristes cuando sufrimos alguna pérdida o pasamos por un momento difícil. Además, también tiene una función social, ya que nos ayuda a comunicar a los demás que necesitamos apoyo o estamos en un mal momento. Esto a menudo nos hace acercarnos y conectar más con nuestros amigos y familiares, a través de la empatía y el apoyo mutuo.

¿Para qué sirve el miedo?

El MIEDO nos ayuda a sobrevivir ya que nos permite identificar situaciones en las que podemos estar en peligro o que pueden ser dañinas. Funciona como una señal de alarma, activando respuestas fisiológicas que nos permiten actuar rápidamente. Por tanto, nos prepara para enfrentar las situaciones potencialmente peligrosas o huir de ellas, con lo que nos protege. ¿Alguna vez has sentido que ante un posible peligro se te aceleraba el ritmo del corazón o empezabas a sudar? Estas son señales de que tu cuerpo está segregando adrenalina, es decir, preparándose para reaccionar.

Además, el miedo nos ayuda a tomar decisiones de una manera más consciente y responsable. Por ejemplo, estudiar para no suspender un examen, o esperar a que el semáforo se ponga en verde para no ser atropellado.

¿Para qué sirve el enfado?

La IRA o el ENFADO nos sirven para alertarnos de que hay algo que no está bien, no nos gusta, o nos resulta injusto. Nos ayuda a defender nuestros derechos, a poner límites con las personas, y nos alerta cuando creemos que alguien ha cruzado uno de esos límites. 

También nos ayuda a hacer cambios y nos motiva actuar para buscar soluciones. Por ejemplo, sentir enfado ante una situación injusta en el trabajo nos puede ayudar a hablar sobre ello con un compañero o responsable, acercándonos a ponerle solución. ¡Pero cuidado! Tener derecho a enfadarnos no implica tener derecho a faltar el respeto a otras personas ni a comunicarnos o comportarnos de manera agresiva. Es importante, para nuestro bienestar y el de los demás, entrenar nuestra capacidad de expresar el enfado a través de la asertividad.

¿Para qué sirve el asco?

El ASCO nos protege de sustancias o situaciones que son peligrosas para la salud. Por ejemplo, nos ayuda a evitar comer un alimento en mal estado que nos podría hacer enfermar.

También tiene una función social, apareciendo ante situaciones o comportamientos que consideramos inmorales o inaceptables, como por ejemplo las actitudes tóxicas de algunas personas o aquello que nos parece injusto.

¿Para qué sirve la sorpresa?

La SORPRESA tiene una función de alerta, ya que nos prepara para procesar algo nuevo o inesperado. Al experimentar sorpresa, centramos nuestra atención en aquello que nos ha sorprendido, ayudándonos a adaptarnos rápidamente a cambios en el entorno.

Además, la sorpresa puede motivarnos a explorar y aprender, generando curiosidad y abriendo la puerta a nuevas experiencias. Nos impulsa a cuestionar lo que creíamos saber, y en ocasiones, a cambiar nuestras creencias.

Entender para qué sirve cada emoción nos ayuda a comprender que todas ellas son normales y saludables, porque nos informan sobre lo que vivimos, nos ayudan a procesarlo y nos permiten entendernos. Sin embargo, hay veces que podemos sentir que emociones como la tristeza, el enfado o el miedo nos invaden y toman el control de nuestro día a día.

Por ejemplo, a veces podemos sentir tanta tristeza que nos cueste mucho salir de la cama o pasar tiempo con nuestros seres queridos. Otras veces, sentimos tanto miedo que nos paraliza, nos impide hacer un examen, montar en coche o hablar de cómo nos sentimos por las consecuencias que pueda tener. También es posible que nos demos cuenta de que nos enfadamos constantemente, estamos a la defensiva, hablamos mal o gritamos a las personas de nuestro entorno ¿Qué podemos hacer ante estas situaciones?

  1. Es muy importante encontrar un espacio para hablar sobre ello con amigos, familiares o profesionales. Hablar sobre lo que nos ocurre a nivel emocional con personas que sentimos que nos entienden, apoyan y cuidan nos puede ayudar a gestionar mejor nuestras emociones.
  1. Pararnos a pensar sobre qué nos ocurre cuando aparecen algunas emociones es necesario. Reconocer las emociones, entender por qué y para qué aparecen, y cuál es el mensaje que nos quieren transmitir normalmente nos ayuda a detectar cuando algo no va bien y a darnos cuenta de qué es lo que necesitamos.
  1. Permitir que cada emoción tenga su espacio es imprescindible para tener una vida saludable emocionalmente. Cuando evitamos sentir algunas emociones y las reprimimos pueden aparecer de otro modo, como dolores de cabeza, nerviosismo, impulsividad o nudo en el estómago, entre otras muchas formas. Además, reprimir o evitar ciertas emociones nos impedirá aprender de lo que ha ocurrido y crecer personal y emocionalmente, sin resolver el problema o la situación.
  1. Debemos recordarnos que tenemos derecho a sentir todas las emociones, y es bueno hacerlo, pero que también tenemos el derecho de buscar ayuda cuando no nos sentimos capaces de gestionarlas, y está bien hacerlo.

En resumen, las emociones son una parte fundamental de nuestra vida cotidiana, y tienen una función adaptativa esencial. Nos guían, nos protegen y nos ayudan a navegar por el mundo, aportándonos información valiosa sobre nuestro estado interior y el entorno que nos rodea, ya que cada emoción, desde la alegría hasta el miedo, cumple una función importante. Reconocer la importancia de todas las emociones, sin clasificarlas como buenas o malas, nos permite abrazar cada una de ellas como una estrategia para nuestro bienestar. Aprender a identificarlas, expresarlas y gestionarlas de forma consciente nos ayudará a tomar decisiones más equilibradas, mejorar nuestras relaciones, y afrontar las dificultades con mayor resiliencia y comprensión.

Referencias

Las relaciones de pareja no se construyen en el vacío. Cada uno de nosotros lleva consigo una historia personal, marcada por nuestras experiencias familiares, nuestras primeras relaciones y los modelos de amor que hemos aprendido a lo largo de la vida. Como menciona Victoria Cadarso, en el episodio 9 de Entre Divanes, nuestras memorias y redes neuronales influyen profundamente en la manera en que nos vinculamos con nuestra pareja actual.

En este artículo, exploraremos cómo nuestro apego temprano, los modelos de pareja que hemos visto en nuestra infancia y nuestras experiencias previas afectan nuestra vida amorosa. Además, hablaremos sobre la importancia de sanar heridas emocionales para construir relaciones más saludables y satisfactorias.


1. El impacto del apego en nuestras relaciones de pareja

Desde el momento en que nacemos, establecemos un vínculo de apego con nuestros cuidadores principales, generalmente nuestra madre y nuestro padre. Este apego define la manera en que aprendemos a relacionarnos con los demás, ya sea desde la seguridad y la confianza, o desde el miedo y la inseguridad.

En la adultez, el tipo de apego que hemos desarrollado influye en nuestra forma de vivir el amor:

Apego seguro: Nos permite establecer relaciones equilibradas, con confianza y buena comunicación.
Apego ansioso: Nos hace depender emocionalmente de nuestra pareja, con miedo al abandono.
Apego evitativo: Nos lleva a evitar la intimidad y a mantener una distancia emocional en la relación.
Apego desorganizado: Produce una relación caótica, con dificultades para gestionar emociones.

Si queremos mejorar nuestras relaciones de pareja, el primer paso es identificar nuestro estilo de apego y trabajar en su transformación. Un acompañamiento profesional, como el que ofrecen los especialistas en Psicólogos Princesa, puede ayudarnos en este proceso.


2. El modelado familiar y la influencia de nuestros padres

Otro factor clave en nuestras relaciones es el modelo de pareja que vimos en nuestra infancia. Sin darnos cuenta, tendemos a replicar patrones familiares en nuestras relaciones adultas.

🔹 Si nuestros padres tenían una relación sana, basada en el respeto y la comunicación, es probable que busquemos un modelo similar.
🔹 Si vivimos relaciones conflictivas o disfuncionales, podemos repetir patrones tóxicos o, por el contrario, rechazar cualquier parecido con lo que vimos en casa.

Esta dinámica se da de manera inconsciente. Por ejemplo, podemos sentirnos atraídos por personas que nos recuerdan a uno de nuestros padres o, en el caso opuesto, evitar ciertos rasgos porque los asociamos con experiencias negativas del pasado.

Para romper con estos ciclos, es fundamental hacer un trabajo de autoconocimiento. Victoria Cadarso y otros expertos en psicología integrativa explican que el objetivo no es culpar a nuestros padres, sino comprender cómo su modelo ha influido en nuestra forma de amar y decidir qué queremos cambiar.


3. La actualización de nuestro sistema emocional: relaciones pasadas y aprendizaje

Nuestra primera relación de pareja es una especie de actualización de nuestro sistema operativo emocional. A partir de ahí, vamos viviendo diferentes experiencias que dejan huellas en nuestra forma de amar.

Las relaciones tóxicas o traumáticas pueden generar bloqueos emocionales y miedo a volver a confiar.
Las relaciones reparadoras nos enseñan nuevas formas de vincularnos y sanar heridas del pasado.

Cada relación que tenemos nos da la oportunidad de reconocer patrones, identificar nuestras heridas emocionales y aprender a gestionarlas. Sin embargo, muchas personas repiten los mismos errores una y otra vez porque no han tomado conciencia de lo que necesitan sanar.

Aquí es donde la terapia de pareja en Madrid, como la que ofrece Psicólogos Princesa, juega un papel clave. Con la ayuda de un profesional, podemos:

✔️ Identificar nuestras creencias limitantes sobre el amor.
✔️ Trabajar en nuestra autoestima y seguridad emocional.
✔️ Aprender herramientas de comunicación efectiva.


4. ¿Cómo podemos sanar y construir relaciones más saludables?

El primer paso para mejorar nuestras relaciones es hacernos conscientes de nuestros patrones y heridas emocionales. Algunas estrategias para lograrlo incluyen:

🔹 Reflexionar sobre nuestras experiencias pasadas: ¿Qué patrones repetimos en nuestras relaciones? ¿Cómo influyeron nuestros padres en nuestra forma de amar?
🔹 Trabajar en nuestro autoconocimiento: Explorar nuestras emociones y necesidades nos ayuda a tomar decisiones más conscientes en nuestras relaciones.
🔹 Buscar ayuda profesional: La psicología integrativa nos ofrece herramientas para sanar nuestras heridas y construir relaciones más equilibradas.

Si sientes que repites patrones dañinos en tu vida amorosa o que no logras establecer relaciones satisfactorias, la ayuda de expertos en terapia de pareja puede marcar la diferencia. Te invitamos a visitar Psicólogos Princesa y descubrir cómo su equipo de especialistas puede acompañarte en este proceso.


Conclusión: El amor como aprendizaje continuo

Las relaciones de pareja son una oportunidad de crecimiento personal. Venimos a ellas con nuestras experiencias pasadas, pero también con la posibilidad de aprender, evolucionar y construir vínculos más sanos.

El amor no es solo un sentimiento, sino un aprendizaje. Si logramos sanar nuestras heridas, tomar conciencia de nuestros patrones y abrirnos a la vulnerabilidad, podremos construir relaciones más satisfactorias y auténticas.

Si este tema te interesa, te recomendamos conocer más sobre el trabajo de Victoria Cadarso en su página web www.victoriacadarso.com, donde encontrarás recursos sobre psicología integrativa y desarrollo personal.

📌 ¿Te ha resonado este artículo? Déjanos tu comentario y compártelo con alguien a quien pueda ayudar.

📲 Sigue a Victoria Cadarso en:

🔹 YouTube:    / @victoria_cadarso  

🔹 Facebook:   / victoriacadarso  

🔹 LinkedIn:   / victoriacadarsosanchez  

🔹 Instagram:   / victoriacadarsoteam  

📲 Síguenos en redes sociales:

🔹 Instagram:   / psicologosprincesa  

🔹 LinkedIn:   / psic-logos-princesa-81  

🔹 Facebook:   / psicologosprincesa  

🔹 TikTok:   / psicologosprincesa_  

🦋 Psicólogos Princesa – Humanity Needs Psychology 💙

El amor es un tema que nos acompaña a lo largo de la vida, pero ¿realmente comprendemos cómo nuestras experiencias de infancia influyen en nuestras relaciones de pareja? En el episodio 9 de Entre Divanes, hemos tenido el placer de conversar con Victoria Cadarso, psicóloga, autora de siete libros y experta en psicoterapia integrativa, sobre el impacto del apego, la vulnerabilidad y la consciencia en las relaciones amorosas.

En este artículo exploraremos las claves de una relación de pareja sana, la importancia del autoconocimiento y cómo las terapias de pareja pueden ayudarnos a sanar patrones inconscientes.


¿Qué es el apego y cómo influye en las relaciones de pareja?

Desde el nacimiento, los seres humanos establecemos lazos de apego con nuestras figuras de referencia, generalmente nuestros padres o cuidadores principales. Estos primeros vínculos forman nuestra manera de relacionarnos con los demás y, en la edad adulta, influyen en nuestras relaciones de pareja.

Según la teoría del apego, existen cuatro estilos principales:

  1. Apego seguro: Se desarrolla cuando el niño crece en un entorno donde sus necesidades son atendidas con regularidad y coherencia. Como adultos, estas personas suelen tener relaciones de pareja estables y saludables.
  2. Apego ansioso: Ocurre cuando el niño recibe atención de manera inconsistente, generando una sensación de incertidumbre. En la adultez, esto se traduce en relaciones con altos niveles de ansiedad, miedo al abandono y dependencia emocional.
  3. Apego evitativo: Se da cuando el niño crece en un ambiente donde sus necesidades emocionales no son cubiertas, aprendiendo a reprimir sus emociones. En pareja, pueden ser personas distantes, autosuficientes y con dificultades para la intimidad emocional.
  4. Apego desorganizado: Es el resultado de experiencias traumáticas donde la figura de apego es también fuente de miedo. Se asocia con relaciones caóticas y dificultad para gestionar emociones.

¿Podemos cambiar nuestro estilo de apego?

Sí. Aunque el apego se forma en la infancia, no es un destino inmutable. A través de la psicoterapia y el autoconocimiento, es posible desarrollar un apego más seguro y construir relaciones más saludables. La terapia de pareja, en particular, puede ser una herramienta clave para identificar patrones y mejorar la comunicación.


Repetición de patrones: ¿Por qué elegimos siempre el mismo tipo de pareja?

Uno de los aspectos más interesantes que se discutieron en el podcast es cómo repetimos patrones de relaciones sin darnos cuenta. Victoria Cadarso menciona el concepto del imago, una idea desarrollada por el terapeuta Harville Hendrix, que sugiere que tendemos a sentirnos atraídos por personas que reflejan dinámicas familiares pasadas.

Por ejemplo, si crecimos en un hogar donde el amor era condicional o escaso, es posible que busquemos inconscientemente parejas que refuercen esa experiencia. La clave para romper estos patrones es la conciencia y el trabajo personal.

Si sientes que repites relaciones poco saludables, la ayuda de psicólogos en Madrid, como los profesionales de Psicólogos Princesa, puede ayudarte a identificar estas dinámicas y desarrollar nuevas formas de vincularte.


El amor vs. el miedo en la pareja

Una de las ideas más poderosas del episodio es que el amor es lo contrario al miedo. Muchas veces, en nuestras relaciones de pareja, actuamos desde el miedo en lugar de la conexión genuina.

Cuando nos sentimos inseguros, solemos reaccionar impulsivamente en lugar de responder con consciencia. Victoria Cadarso destaca la importancia de diferenciar entre reacción y respuesta:

🔹 Reaccionar: Actuar desde la impulsividad, el miedo o la defensiva.
🔹 Responder: Tomar conciencia de nuestras emociones y actuar con empatía.

Practicar la escucha activa, la autorregulación emocional y la comunicación consciente son claves para construir una relación basada en el respeto y la comprensión mutua.


La importancia de la vulnerabilidad en el amor

Ser vulnerables en pareja no significa ser débiles, sino mostrarnos auténticos. Sin embargo, muchas personas tienen miedo de hacerlo por temor al rechazo o al juicio.

Psicólogos Princesa, centro especializado en psicología integrativa y terapia de pareja en Madrid, destaca que la vulnerabilidad nos permite conectar a un nivel más profundo y establecer relaciones más significativas. Para lograrlo, es fundamental:

Trabajar la autoestima y el amor propio.
Aprender a comunicar nuestras necesidades de forma asertiva.
Aceptar nuestras imperfecciones y las del otro.

Cuando dejamos de intentar encajar en una imagen idealizada del amor y aceptamos la realidad con sus matices, las relaciones se vuelven más auténticas y satisfactorias.


Fases del enamoramiento y cómo mantener el amor a largo plazo

El amor no es estático, sino un proceso que atraviesa diferentes fases:

1️⃣ Enamoramiento: Un cóctel de hormonas que nos hace idealizar a la otra persona.
2️⃣ Protesta: Cuando aparecen los primeros conflictos y diferencias.
3️⃣ Consolidación: Aceptar al otro con sus luces y sombras.
4️⃣ Proyecto común: Construcción de un plan de vida juntos basado en el compromiso y el respeto.

Uno de los problemas más comunes en la actualidad es la idealización del amor, lo que lleva a muchas personas a abandonar relaciones en la fase de protesta sin darles la oportunidad de evolucionar.

Si sientes que tu relación necesita apoyo, la terapia de pareja en Madrid con profesionales de Psicólogos Princesa puede ser una excelente opción para fortalecer el vínculo.


Conclusión: Construyendo relaciones conscientes y saludables

El amor es un proceso de aprendizaje continuo. Nuestras experiencias pasadas pueden influir en la forma en que nos relacionamos, pero con conciencia, autoconocimiento y apoyo profesional, podemos construir relaciones más sanas y satisfactorias.

Si este tema te interesa, te recomendamos visitar la página de Victoria Cadarso para conocer más sobre su enfoque en psicología integrativa y desarrollo personal.

📌 ¿Te ha resultado útil este artículo? Comparte tu opinión en los comentarios y síguenos en redes sociales para más contenido sobre psicología y bienestar emocional.

📲 Sigue a Victoria Cadarso en:

🔹 YouTube:    / @victoria_cadarso  

🔹 Facebook:   / victoriacadarso  

🔹 LinkedIn:   / victoriacadarsosanchez  

🔹 Instagram:   / victoriacadarsoteam  

📲 Síguenos en redes sociales:

🔹 Instagram:   / psicologosprincesa  

🔹 LinkedIn:   / psic-logos-princesa-81  

🔹 Facebook:   / psicologosprincesa  

🔹 TikTok:   / psicologosprincesa_  

🦋 Psicólogos Princesa – Humanity Needs Psychology 💙

Escuchamos mucho hablar en estos días de soledad no deseada, lo que demuestra la importancia de un sentimiento que cuando se vuelve forzado y duradero adquiere inevitablemente una connotación negativa. Acerca del impacto que la soledad no decidida ocasiona, en una población tan sensible como la adolescente, reflexiona en el siguiente artículo Lourdes Núñez de Arenas. Estamos seguros que os va a interesar.

¿Qué es eso de la soledad no deseada?

¿Alguna vez nos hemos sentido solos?  ¿Algunas veces queremos estar solos y no lo conseguimos? ¿Qué pensamos que es la soledad no deseada?

Y es que ahí está el quid de la cuestión: a veces la soledad es voluntaria y a veces es autoimpuesta.  El sentimiento de soledad es muy subjetivo; cada persona vive la soledad de una manera distinta. La soledad voluntaria es positiva, nos incita a la reflexión, la inspiración. Sin embargo, la soledad forzada nos genera dolor. 

No es lo mismo estar sólo que sentirse sólo

No se trata tanto de cuánto de aislados estamos sino de cuánto de aislados nos sentimos.  Podemos estar rodeados de gente y amigos a nuestro alrededor y sin embargo sentirnos solos, tener la “experiencia subjetiva de estar socialmente aislados” (Tilman van soest, 2020, Luhmann ~Wawkley, 2016). 

La soledad no deseada solemos asociarla con los mayores. Cierto es que la evidencia se ha centrado hasta ahora en las personas de avanzada edad. Sin embargo, comienza a despertar interés otro sector de la población cuyas estadísticas van en aumento: los adolescentes. Los estudios muestran una distribución en forma de U en la que la que la adolescencia formaría parte del otro extremo. 

A pesar de la falta de estudios empíricos, parece que hay muchos factores que ayudan al desarrollo de ese sentimiento subjetivo de soledad no deseada: socioeconómicos, culturales, de personalidad, avalados por las estadísticas.

Ahora algo de estadística

Un estudio de la OCDE (2021) reveló que el 41% de los jóvenes (15-24 años) en países desarrollados reportan sentirse solos frecuentemente, con un aumento considerable desde el inicio de la pandemia de COVID-19.

Un estudio global en adolescentes publicado en The Lancet encontró que los niveles de soledad entre los jóvenes aumentaron en un 25% durante la pandemia, con implicaciones negativas en su bienestar mental y físico. 

Y es que la soledad no deseada afecta a nuestro bienestar mental y físico: aumenta el riesgo de hipertensión y enfermedades coronarias, disminuye la efectividad del sueño provocando fatiga crónica, problemáticas de salud mental como depresión, ansiedad, bajo estado de ánimo, ideación suicida, adicciones y desordenes alimentarios.

Un estudio realizado por la BBC en 2018 (Lonelyness Experiment) identificó 5 factores comunes en la soledad no deseada: no tener a nadie con quien hablar, sentirse desconectado del mundo, sentirse dejado de lado, tristeza y no sentirse entendido.

Concretamente en España, un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE)  a través de la encuesta de calidad de vida, encontró que el 30% de los jóvenes entre 16 y 24 años experimentaron sentimientos de soledad durante 2020. Todo ello implica la necesidad de abordar la soledad no deseada en adolescentes y jóvenes. 

La adolescencia es una etapa que implica grandes cambios de tipo social, cognitivo y biológico. Es una etapa de la vida en la que las relaciones emocionales con los padres y otros miembros de la familia se van debilitando y distanciando, y toman más fuerza las relaciones con los pares. 

Relacionarnos con otros nos hace vulnerables; compartimos vivencias personales y nos arriesgamos a que los otros nos conozcan… nos aterroriza el miedo al rechazo social y a percibirnos amenazados por nuestros pares.

Por otra parte, el papel que juega el contexto en el que crecen y se desarrollan (colegio, familia, relaciones de pareja…) puede influir considerablemente en el desarrollo de la persona.  Un adolescente que se siente acompañado en el seno de una familia y/o en un ambiente escolar saludable es probable que tienda a socializar y sentirse integrado. Además, sus niveles subjetivos de soledad probablemente sean relativamente bajos.

Y las redes no ayudan

La soledad, en adolescentes y jóvenes, parece estar relacionada con el uso excesivo de redes sociales.  

Estamos más conectados que nunca a través de plataformas digitales, y utilizamos en exceso las redes sociales. Todo ello ha mostrado tener efectos negativos sobre las relaciones interpersonales reales. Los adolescentes que dependen demasiado de las interacciones online tienden a experimentar más soledad. Las interacciones superficiales en línea suelen sustituir las conexiones emocionales profundas.

Es tal la adicción a las redes sociales, que el abuso de las mismas está propiciando en algunos países la aparición de fenómenos como el de los Hikikomori: un trastorno que relaciona el aislamiento social y la adicción a las plataformas virtuales.  Está basado en un comportamiento asocial y evitativo caracterizado por la tendencia al aislamiento extremo y el abandono de la sociedad, con lo que la vida de estas personas gira en torno al uso de la tecnología sin salir de su habitación (De la Calle y Muñoz, 2018, p117).

¿Qué hacemos?

A la hora de trabajar con esta población, el abordaje se desarrollará en tres niveles:  Intervenciones grupales, tratamientos individualizados y trabajo comunitario.

En los últimos años, las terapias de tercera generación tienden a ofrecer recursos más adaptativos para abordar esta problemática, planteando que la función de la soledad no deseada podría estar asociada a la evitación experiencial, es decir, la persona trata de evitar el sufrimiento que le  supone enfrentarse a sus propios eventos (emociones, sentimientos, pensamientos y conductas) y afrontar esa vulnerabilidad al exponerse a otros. Como consecuencia de ello decide evitar esas situaciones y aislarse cada vez más. De tal manera que su vida se va limitando progresivamente (García, R.F., 2000)

Concluyendo

En definitiva, la soledad no deseada es un hecho de tal importancia que se está considerando como un grave problema de salud pública, y en algunos países se está considerando una cuestión de estado, como así lo indica The Family Watch (2019). En concreto, la soledad en adolescentes es un problema creciente que necesita nuestra atención. Las intervenciones tempranas, tanto a nivel social como psicológico, pueden ayudar a mitigar sus efectos negativos en el bienestar de los jóvenes.

Referencias: 

En el último episodio reciente del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversó con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre la evolución de las relaciones de pareja y la percepción de quererlo todo en una relación.

¿Han cambiado realmente las relaciones?

Ana plantea la pregunta central: "¿Cómo han cambiado las relaciones y tiene algo que ver con que lo queremos todo?".

Rafael responde desde su percepción personal, destacando que, en términos fundamentales, las relaciones no han cambiado demasiado. La manera en que comienzan, se desarrollan y finalizan sigue patrones similares a los de hace décadas. Sin embargo, reconoce que ciertos aspectos sí han evolucionado, particularmente en lo que respecta a la diversidad de estructuras de pareja y la libertad de elección dentro de ellas.

"Se han autorizado más nuevas estructuras de pareja. Se les ha puesto palabras. En cierto sentido, se han puesto de moda, pero también se han normalizado y se ejercen con más naturalidad.", explica Rafael.

Más libertad, más decisiones

Una de las diferencias que Rafael identifica es el aumento del "permiso social" para cambiar de pareja, interrumpir relaciones y probar diferentes formas de convivencia. A nivel sociológico, ahora hay más flexibilidad en la manera en que las parejas se configuran y evolucionan con el tiempo. No obstante, él enfatiza que la esencia de la pareja como concepto sigue siendo la misma.

¿Se puede tener todo en una relación?

Rafael reflexiona sobre la idea de "tenerlo todo" en una relación y señala que la percepción de plenitud varía según la persona.

"El todo para mí no es lo mismo que el todo para ti. Tu todo no es mi todo. Entonces quizá tú sí lo puedes tener todo, pero yo no, porque necesitamos cosas diferentes y aspiramos a cosas distintas.", aclara.

Desde su experiencia con pacientes, menciona que muchas personas fantasean con el tipo de relación que desean, ya sea porque aún no la tienen o porque enfrentan fricciones dentro de la misma. En este punto, el trabajo en terapia se centra en la exploración de deseos y necesidades, ayudando a los individuos a entender que no hay una obligación de ajustarse a una estructura predeterminada.

Entre la modernidad y la tradición

Otro aspecto interesante que surge en terapia, según Rafael, es la dicotomía entre el discurso moderno sobre las relaciones y la realidad emocional de las personas.

"En mi mente y de boquilla soy muy moderno en el tema de la pareja, pero en la práctica me descubro más siglo XX o XIX de lo que habría esperado.", comenta.

Este fenómeno refleja cómo, aunque se promuevan nuevos modelos de pareja y relaciones abiertas, muchas personas siguen sintiendo comodidad en estructuras más tradicionales.

La conversación entre Ana y Rafael nos invita a cuestionar nuestras expectativas sobre las relaciones y a aceptar que no hay un único camino válido. Lo importante no es ajustarse a una idea impuesta de éxito en pareja, sino construir relaciones que sean auténticas y satisfactorias para cada persona.

Para explorar más sobre este tema, escucha el episodio completo del podcast aquí.

En un episodio reciente del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversó con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre un tema profundo y complejo: ¿qué define a una familia y qué determina su éxito o dificultades?

¿Qué es una familia y cuál es su misión?

Ana plantea la pregunta clave: "¿Qué es una familia y qué es el éxito de una familia?". En respuesta, Rafael San Román aborda el concepto desde una perspectiva funcional, describiendo a la familia como un grupo con una misión específica.

Según Rafael, una posible lectura de la misión de una familia es la de sobrevivir en el tiempo. Es decir, más allá de la convivencia y los lazos de sangre o políticos, la familia debe facilitar que sus miembros se desarrollen y avancen generación tras generación. Esta capacidad de impulsar el crecimiento individual y colectivo es lo que otorga a una familia su verdadero propósito.

La familia como estructura en evolución

Rafael explica que las familias se forman a través de distintos tipos de vínculos y contratos, y que su éxito no radica únicamente en su estructura, sino en la forma en que cumplen su misión. Si una familia no logra crear un entorno en el que sus miembros puedan desarrollarse, apoyar sus proyectos de vida y adaptarse a los cambios, su cualidad de familia comienza a desvanecerse.

"Si la misión de una familia no está lo suficientemente cumplida, entonces tenemos un grupo de personas que conviven, comparten actividades y tiempo, pero cuya esencia familiar se ha diluido.", explica Rafael. En este caso, aunque externamente sigan siendo una familia, en la práctica han perdido la capacidad de cumplir su función esencial.

Familia exitosa vs. pseudofamilia

Rafael introduce un concepto interesante: la idea de la "pseudofamilia". Explica que existen familias que, aunque siguen existiendo formalmente, han perdido el sentido de su misión. En lugar de ser un núcleo de apoyo y desarrollo, se convierten en grupos donde los lazos se mantienen por inercia, sin cumplir una función real en la evolución de sus miembros.

"No se trata de que una familia deba ser perfecta o cumplir con un ideal rígido, sino de que realmente funcione como un sistema que favorece el crecimiento y la estabilidad de sus integrantes.", aclara Rafael.

La conversación entre Ana y Rafael nos invita a replantearnos el significado de la familia. No se trata únicamente de un conjunto de lazos sanguíneos o de convivencia, sino de un grupo con una misión clara: apoyar, impulsar y permitir el desarrollo de sus miembros en el tiempo. Comprender esta diferencia puede ayudarnos a evaluar nuestras propias dinámicas familiares y trabajar hacia un modelo de familia que realmente cumpla su propósito.

Para profundizar en este tema, escucha este fragmento del podcast aquí.

En un episodio reciente del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversó con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre la relación entre la autoestima y la diferencia entre el yo real y el yo ideal.

La brecha entre el yo real y el yo ideal

Ana introduce el tema señalando cómo, en terapia, se trabaja frecuentemente con el concepto del yo real y el yo ideal. Explica que la autoestima suele estar influenciada por la distancia entre quién una persona cree que es y quién desea ser. Esta discrepancia puede generar insatisfacción y afectar la percepción de uno mismo.

"¿Cómo salvamos esa diferencia?", plantea Ana, abriendo paso a la reflexión de Rafael sobre este desafío.

Identificar lo que realmente queremos ser

Rafael San Román destaca la importancia de hacer un trabajo profundo de diferenciación entre lo que realmente queremos ser y lo que creemos que debemos ser debido a influencias externas. Explica que muchas veces, lo que percibimos como nuestros deseos y metas pueden estar condicionados por mandatos sociales, familiares o culturales.

"Nos convencemos de que queremos ser algo, nos han hecho creer que debemos serlo o incluso nos sentimos obligados a serlo", señala Rafael.

Este proceso de introspección implica reconocer aquellas expectativas heredadas que, aunque puedan ser válidas, no necesariamente reflejan nuestra verdadera esencia. No se trata de rechazar por completo estos mandatos, sino de analizarlos y cuestionar si realmente resuenan con nuestra identidad.

Un trabajo de autoconocimiento continuo

Rafael enfatiza que este trabajo de diferenciación es un proceso largo y difícil, y que quizás nunca se complete del todo. Sin embargo, esto no debería generar angustia, sino verse como una oportunidad de crecimiento.

"Si logramos distinguir lo que es verdaderamente nuestro y lo que no nos pertenece, abrimos una posibilidad de avance", comenta Rafael.

Este ejercicio de autoconocimiento y autenticidad puede ayudar a reducir la brecha entre el yo real y el yo ideal, fortaleciendo así la autoestima y promoviendo una mayor conexión con uno mismo.

La conversación entre Ana y Rafael deja una enseñanza clara: la autoestima no se basa en alcanzar un yo ideal impuesto, sino en construir una identidad genuina y alineada con nuestras verdaderas necesidades y deseos. Aceptar que la evolución personal es constante y permitirnos cuestionar nuestras propias expectativas nos brinda la posibilidad de vivir con mayor autenticidad y bienestar.

Para conocer más sobre este tema, escucha este fragmento del podcast aquí.

En el último episodio del podcast de Psicólogos Princesa, Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, conversa con Rafael San Román, psicólogo y autor del libro ¿Qué le cuento a mi psicólogo?, sobre el concepto de identidad.

La complejidad de la identidad

Ana inicia la conversación con una pregunta fundamental: ¿Quién soy yo? No. ¿Qué es la identidad?.

Rafael San Román responde que la identidad es un concepto amplio y complejo, tanto a nivel psicológico como filosófico. Explica que es tentador definirla como la esencia de lo que somos, una parte nuclear que permanece con nosotros a lo largo del tiempo. Sin embargo, también existen capas de la identidad que cambian constantemente.

"Siempre somos nosotros, pero siempre somos diferentes a quienes hemos sido", menciona Rafael. Desde esta perspectiva, la identidad no solo es lo que somos en este momento, sino también lo que hemos sido y lo que seremos.

El conflicto de la identidad en la evolución personal

Uno de los mayores desafíos en la construcción de la identidad es la sensación de cambio. Rafael explica que las personas pueden sentirse confundidas cuando notan que han evolucionado y ya no encajan con una versión anterior de sí mismas.

"Quizá ese conflicto viene de que tienes que reconectarte y reordenar esa capa de tu identidad que siempre está en movimiento", sugiere Rafael. No se trata de una fragmentación o de perderse, sino de aceptar que la identidad es flexible y se adapta a nuevas circunstancias.

Definirnos también por lo que no somos

Rafael introduce una idea clave: para entender quiénes somos, también debemos reconocer quiénes no somos. La identidad se construye tanto a partir de nuestras experiencias como de aquellas decisiones que hemos tomado para no ser algo en particular.

"La respuesta a 'quién soy' también incluye quién he sido, quién quiero ser, quién no soy, quién no he sido y quién no quiero ser", explica Rafael. Este enfoque ayuda a construir una identidad más sólida y consciente, basada en la autenticidad y el autoconocimiento.

La identidad como un proceso continuo

La conversación entre Ana y Rafael destaca la identidad no como un concepto fijo, sino como un proceso en constante transformación. En un mundo donde las experiencias y los cambios son inevitables, aprender a adaptarnos y aceptar la evolución personal nos permite vivir con mayor claridad y confianza.

Si quieres profundizar más en este tema, escucha este fragmento del podcast aquí.

En este episodio de "Entre Divanes", Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, y Clara Simal, Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta EMDR, abordan un tema fundamental: ¿cómo decidir si iniciar o no una relación de pareja? Ambas comparten consejos prácticos y reflexiones para elegir desde la conciencia, evitando entrar en relaciones de manera compulsiva o guiados por patrones destructivos.

1. Conéctate contigo mismo: la base para elegir bien

Clara Simal comienza subrayando la importancia de la relación con uno mismo antes de pensar en una pareja: "No es un requisito amarme a mí mismo para ser amado, pero sí es clave conocerme: entender mis necesidades, mis límites y mi proyecto de vida. Cuanto más me conozco, más sensibilizado estoy para detectar qué me hace bien y qué no."

Añade que el autoconocimiento no es un lujo, sino una herramienta vital para protegernos: "No se trata de estar perfecto antes de entrar en una relación, pero si conozco mis límites, podré reconocer rápidamente cuando alguien los vulnere y tomar decisiones que me protejan."

2. Evalúa la compatibilidad: más allá de la atracción

Otro punto clave es determinar si la otra persona encaja con nuestro proyecto vital y valores. Clara explica: "No solo importa si le gusto al otro, sino si el otro me gusta a mí y encaja con mi vida. Es importante que haya sintonía en nuestros proyectos y nuestras inquietudes, no que seamos iguales, pero sí que compartamos una visión compatible."

Agrega  que esta compatibilidad también incluye aspectos prácticos como el compromiso, la estabilidad emocional y la capacidad de construcción conjunta. "Es crucial sentir que la relación fluye sin generar una alerta constante o sensación de amenaza. Desde el principio, debería haber una base de tranquilidad y seguridad."

3. Presta atención a las señales de alerta: detecta las red flags

En la conversación, Ana y Clara reflexionan sobre la importancia de estar atentos a las "red flags" o señales de alerta que pueden indicar patrones perjudiciales. Clara señala: "Hoy en día, con prácticas como el ghosting o la falta de responsabilidad emocional, es fácil caer en relaciones intermitentes y ambivalentes que destruyen nuestro equilibrio emocional."

Ana compara estas dinámicas con una máquina tragaperras: "Todo lo que es ambivalente, que genera un 'ahora sí, ahora no', engancha de manera muy intensa porque activa nuestro sistema nervioso. Pero esta intermitencia puede ser devastadora para nuestra salud emocional."

La clave, según Ana, es no autoengañarse: "A veces justificamos comportamientos que en el fondo sabemos que no nos hacen bien. Es importante escuchar nuestras emociones y no ignorar esas señales iniciales de incomodidad o desconfianza."

Elegir desde la conciencia

Ambas expertas concluyen que elegir una relación desde la conciencia implica preguntarse: ¿Esta persona encaja con mis valores y necesidades? ¿Me siento seguro y en paz al estar con ella?
Te invitamos a reflexionar sobre estos tres consejos y a escuchar este fragmento del episodio de "Entre Divanes" para profundizar en cómo construir relaciones saludables y evitar patrones que puedan afectar tu bienestar emocional.

En este episodio de "Entre Divanes", Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación, y Clara Simal, Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta EMDR, reflexionan sobre cómo nuestro sistema nervioso responde ante situaciones de amenaza, profundizando en las ideas clave de la teoría polivagal.

Respuestas automáticas ante la amenaza

Durante la conversación, Clara Simal explica que el cerebro, cuando enfrenta una situación amenazante, sigue un orden específico en sus respuestas automáticas: "Lo primero que intentamos es conciliar. Es una respuesta instintiva que busca pacificar o negociar para evitar el conflicto." Esta primera fase, que activa la vía ventral del sistema parasimpático, está estrechamente relacionada con nuestra capacidad de conexión social y seguridad.

Clara complementa esta idea destacando que "esta respuesta inicial es profundamente relacional. Intentamos conectarnos para minimizar el peligro porque, evolutivamente, nuestra supervivencia depende de los demás". Sin embargo, cuando esta estrategia falla, el cuerpo pasa a una segunda fase.

Clara describe cómo, al no lograr conciliar, el sistema parasimpático entra en acción: "En este punto, el cuerpo se activa para luchar o huir. La adrenalina aumenta, el corazón se acelera y todos los sistemas trabajan para escapar del peligro. Es una respuesta intensa, pero temporal." Clara señala que esta activación, aunque útil en situaciones de emergencia, puede generar desgaste si se prolonga en el tiempo.

Finalmente, Clara introduce la tercera respuesta automática: la congelación. "Cuando ni la conciliación ni la huida son posibles, el cerebro recurre a la vía dorsal del sistema parasimpático. En este estado, el cuerpo se paraliza y se desconecta como un mecanismo de protección". Clara agrega que esta "muerte fingida" puede llevar a una sensación de fragmentación entre cuerpo y mente, algo que las personas que han experimentado trauma describen como disociación.

La importancia de entender nuestras respuestas

Es fundamental no patologizar estas respuestas: "Son mecanismos naturales de supervivencia. La clave está en entender cómo funcionan y aprender a regularnos." 

Ambas psicólogas reflexionan sobre cómo estas respuestas están profundamente conectadas con nuestras experiencias pasadas y patrones de apego. Clara comenta: "La forma en que nuestro sistema nervioso responde ante la amenaza está moldeada por nuestras vivencias con figuras de confianza. Por eso, el trabajo terapéutico no solo aborda los síntomas, sino también las raíces de estas respuestas."

Sanar a través de la conexión y la autorregulación

En su conversación, ambas profesionales destacan la importancia de no minimizar ni exagerar nuestras reacciones ante el peligro. "Entender que el cuerpo tiene sus propios mecanismos de protección nos permite abordarlos sin juicio", concluye Clara.

Te invitamos a escuchar este fragmento del episodio de "Entre Divanes" para profundizar en cómo nuestras respuestas automáticas ante la amenaza pueden transformarse en oportunidades de crecimiento y sanación.

magnifier