
Detrás de cada fallecimiento por Covid, hay historias de sufrimiento de familiares y personas cercanas que, a fin de cuentas, también son víctimas. Estas personas tienen un alto riesgo de sufrir el llamado duelo complicado.
Convergen varios factores de riesgo:
Ante estas circunstancias, si no se toman medidas adecuadas, podría derivar en algunos casos en duelo complicado.
Existen una serie de pautas que pueden ayudar a la elaboración del duelo y prevenir efectos adversos. A continuación, se detallan algunas recomendaciones:
Los miembros de la familia deben asumir la realidad de la pérdida y tomar conciencia de lo que ha ocurrido. Para ello puede resultar útil que puedan ver al fallecido, con el objeto de conmemorarle llevando a cabo los rituales que consideren necesarios. Es positivo hablar sobre las circunstancias en que se produjo la muerte, así como valorar objetiva y positivamente la atención que han dado al enfermo. Incluso si dadas las circunstancias no se ha podido estar con él en el momento del desenlace, se debe asumir que no ha sido posible.
Es recomendable adquirir conocimientos del proceso del duelo y como se manifiesta, con el objetivo de normalizar sentimientos y comportamientos: estimular las verbalizaciones sobre el fallecido, su historia y la relación con él, revisando tanto los aspectos positivos como negativos. Expresar pensamientos, sentimientos y emociones.
Para realizar una comunicación adecuada a los más pequeños, habría que preguntar que es lo que conocen sobre la muerte, para saber lo que aún necesitan aprender y asimilar a nivel emocional. Los niños deben entender que la muerte es universal, que llega a todos los seres vivos tarde o temprano, que es irreversible (si no comprende todo lo que implica, habría que explicar que todas las constantes vitales se paran), y que es la consecuencia de una enfermedad que ha provocado unos problemas funcionales y físicos en el organismo que no hacen viable la supervivencia.
Habría que utilizar un lenguaje claro, preciso, sincero y adaptado a su edad a la hora de explicar los conceptos; no se deben utilizar metáforas que confundan (está en el cielo, se ha dormido, etc.). Es importante explicar la diferencia entre el virus y la enfermedad, quienes son las personas de riesgo, qué medidas se están tomando y dar seguridad en el futuro sin quitar gravedad. Es preciso evitar que los niños generen miedos a contraer la enfermedad ellos mismos o sus hermanos o progenitores.
Hay que favorecer el uso del juego, el dibujo y la dramatización para expresar sus emociones. Los niños manifiestan su dolor por la pérdida de forma diferente a la de los adultos, pudiendo mostrar cambios frecuentes de humor, disminuir el rendimiento escolar y presentar alteraciones en la alimentación y el sueño.
Los niños, en su fantasía, podrían considerar que algo que pensaron o dijeron en algún momento determinado ha causado la muerte de su ser querido, por ello hay que favorecer la comunicación y evitar que se produzca cualquier sentimiento de culpa.
Los adolescentes tienen plena conciencia de lo que significa la muerte desde una perspectiva biológica y filosófica. Sin embargo, hay que animarlos a que expresen su propia opinión acerca del porqué de la muerte y si existe o no un más allá.
A la hora de comunicar el fallecimiento, habría que explicarles, gradualmente y con pocas palabras, como ocurrió la muerte y responder a todas las preguntas que planteen con franqueza, ya que sus fantasías podrían ser peores que la realidad. Es preferible que sea la figura de apego más cercana la que les dé la mala noticia, pero si no resultase posible, es importante escoger una persona emocionalmente próxima y subrayarles que su figura de apego no está con él porque no puede, no porque no quiera.
Si van a participar en los ritos funerarios, es aconsejable explicarles previamente como se va a desarrollar la situación y, por supuesto, acompañarlos en aquello que quieran hacer (no dejar ver el cadáver solos). Por el contrario, si deciden no asistir, no hay que reprochar.
Por lo tanto, resulta primordial favorecer la expresión de las emociones y eliminar cualquier sentimiento de culpa. Necesitan sentirse parte activa de la familia, dar su opinión y ser tenidos en cuenta.
La pareja de la persona fallecida, si tiene niños pequeños o adolescentes, su papel será complicado. Por un lado debe tratar de sobrellevar su propio duelo y, por otro, ayudar a afrontar el duelo al resto de la familia. Deberá mantenerse física y emocionalmente cerca de ellos, garantizarles el afecto, compartir el dolor con ellos y ofrecerles modelos de actuación. Deberá explicar que no van a olvidar al fallecido y que van a seguir queriéndole.
Es muy importante mantener los hábitos, las costumbres, los horarios y las normas establecidas de forma que no sienta que el mundo entero se desestabiliza y se desorganiza ante ellos. Esta manera de actuar ayuda a conservar cierto orden, dentro de la confusión que supone la muerte de un ser querido.
Resulta recomendable animar al conjunto de la familia a que retome su vida y sus relaciones sociales, tan pronto como sea posible y cuando el levantamiento de los confinamientos lo permitan. En el caso de niños y adolescentes, pasar tiempo comunicándose con sus amigos puede serles de gran ayuda. Por el contrario, hay que evitar que sus hijos ocupen “el lugar o papel del fallecido”. Por último, es muy recomendable reforzar los recuerdos positivos de la persona perdida, sin sublimarla.
Algún recurso que puede ayudar a elaborar el duelo es escribirle una carta o realizar, cuando sea posible, un acto bonito de conmemoración.
Como conclusión, la Covid -19 no solo está afectando a las personas que lo padecen sino también a todo su entorno familiar. Abordar el duelo, en las durísimas condiciones que se está desarrollando la pandemia, es un factor de riesgo de padecer un trastorno emocional. No obstante, podemos actuar y comunicar de una forma que facilite la elaboración del duelo, consistente básicamente en compartir y expresar el dolor y no evitarlo. Es un error pensar que los más pequeños o adolescentes son ajenos a este sufrimiento. La consabida frase “pasará con el tiempo” no es del todo acertada. Un duelo mal elaborado puede producir resonancia emocional toda la vida.
Artículo escrito por Blanca Alcanda .