
Para Eva García la terapia de grupo constituye una forma de sanación, de ahí la importancia de, como ella misma apunta en este artículo, “vernos en las historias de otros”. Estamos seguros que os va a interesar.
Sanar acompañados es un acto profundamente humano. Nos permite vernos en las historias de otros. Descubrir que ese sentimiento que nos parecía único, lleno de angustia, dolor o vergüenza, tiene eco en otras vidas.
En la terapia grupal podemos encontrar la comprensión y la contención emocional que necesitamos a través de las experiencias compartidas.
¿Qué es la terapia de grupo?
Se trata de una modalidad de intervención psicológica en la que varias personas se reúnen bajo la coordinación de uno o más terapeutas para abordar diferentes conflictos, emociones o procesos personales. No solo permite trabajar lo individual, sino que, en una sociedad donde cada vez estamos más alejados del otro, ofrece una experiencia relacional en vivo, intensa y compartida.
La metáfora emocional como puente hacia el otro
En este espacio terapéutico, las palabras no siempre hablan directamente del dolor ni de las heridas. En ocasiones lo que mostramos en las primeras etapas dentro del grupo es un trampantojo: mostramos algo como real pero que no lo es. Este trampantojo emocional encuentra su expresión a través de la metáfora. Muchas veces nos resulta más sencillo “decir sin decir”, mostrar el dolor y el sufrimiento protegiéndonos, sin quedar demasiado expuestos y vulnerables.
Frases como “mi mochila está llena de cosas que no son mías”, “me encierro en mi caparazón” o “tengo un muro invisible que no puedo atravesar” nos permiten mostrar nuestro mundo interno y que comiencen a generarse vínculos en el grupo.
Este proceso de resonancia emocional permite reconocer lo del otro como propio o cercano, desde donde ya sí se puede abordar o explorar un problema. Permite la creación de un entorno privilegiado donde poder mostrarse uno mismo sin máscaras y verse a través de los ojos del otro.
Cada participante del grupo se convierte en espejo, sostén y acelerador del cambio del compañero.
Comienzan, poco a poco, a aparecer muchos beneficios de la creación y consolidación del vínculo:

“Y cuando estés cerca yo tomaré tus ojos y los pondré en el lugar de los míos, y tú tomarás mis ojos y los pondrás en el lugar de los tuyos. Y entonces yo te miraré a ti con tus ojos y tú a mí con los míos” (Moreno, 1961)
“El acto de revelarse completamente a otro y aún ser aceptado puede ser el principal vehículo de ayuda terapéutica.” (Yalom, 2005).
El vínculo generado hace que ese espacio seguro sea como un laboratorio en el que poder experimentar y jugar con nuestras heridas, cambiar nuestra perspectiva a través de la empatía con el otro, y aprender a ser más compasivos con nosotros mismos.
En ocasiones, la terapia grupal permite abrir puertas que no están disponibles en la terapia individual. El sentido de pertenencia que se genera ayuda a superar los sentimientos de soledad, aislamiento, desconexión o incomprensión. Sentirse acompañado y aceptado, saber que a otros también les pasa lo mismo, tiene un enorme poder sanador y reparador.
La terapia grupal no es solo una técnica: nos traslada a lo esencial, a vernos y a ver al otro, porque el dolor compartido es menor y puede convertirse en medicina.
¡Abramos esa puerta y sanemos juntos!
Referencias
May, R. (1983). The discovery of being: Writings in existential psychology. W. W. Norton & Company.
Moreno, J. L. (1961). Psicodrama. Buenos Aires: Hormé.
Yalom, I. D. (2018). El don de la terapia: Carta abierta a una nueva generación de terapeutas y a sus pacientes (J. Salvetti, Trad.). Ediciones Destino.
Yalom, I. D., & Leszcz, M. (2005). The theory and practice of group psychotherapy (5th ed.). Basic Books