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Multitarea: ¿realmente podemos hacer varias cosas a la vez?

Un artículo de Rodrigo Andrés Jiménez

Vivimos en una sociedad que premia la rapidez, la disponibilidad constante y la sensación de estar siempre “haciendo algo”. Contestamos mensajes mientras atendemos una reunión, revisamos el correo mientras comemos y escuchamos un podcast mientras organizamos mentalmente el resto del día. La multitarea no solo está normalizada, sino que se ha convertido en una cualidad deseable.

Ser “multitarea” se asocia con eficiencia, competencia y éxito. Pero ¿es realmente una fortaleza cognitiva o estamos ante una creencia socialmente reforzada? Para responder a esta pregunta, primero debemos entender qué ocurre en nuestro cerebro cuando intentamos hacer varias cosas a la vez.

¿Multitarea real o cambio constante de tareas?

En términos generales, la multitarea se define como la capacidad de realizar más de una actividad simultáneamente. Sin embargo, desde la Psicología Cognitiva es necesario matizar esta idea. Nuestro cerebro no puede procesar de manera paralela dos tareas complejas que requieren atención consciente. Lo que realmente hacemos, en la mayoría de los casos, es alternar rápidamente el foco atencional entre una tarea y otra. Este proceso se conoce como cambio de tareas (task switching).

Puede parecer un detalle técnico, pero no lo es, porque cada vez que cambiamos de tarea, nuestro cerebro necesita reajustarse. Y ese reajuste tiene un coste.

El coste oculto de cambiar de tarea

La investigación en Psicología Experimental ha demostrado que alternar entre tareas aumenta el tiempo necesario para completarlas y eleva la probabilidad de cometer errores. Rubinstein, Meyer y Evans (2001) observaron que este “coste de cambio” implica un esfuerzo adicional del sistema ejecutivo del cerebro. Es decir, aunque subjetivamente sintamos que estamos siendo productivos, objetivamente estamos perdiendo eficiencia.

Además, en un contexto más actual, caracterizado por la sobreestimulación digital, diversos estudios han señalado que las personas que realizan multitarea de forma habitual con dispositivos electrónicos muestran mayores dificultades para filtrar información irrelevante y mantener la atención sostenida (Ophir, Nass y Wagner, 2009).

Si cambiar constantemente de tarea implica un desgaste cognitivo, la siguiente pregunta es inevitable: ¿por qué seguimos creyendo que funciona?

La ilusión de productividad

La multitarea produce una sensación inmediata de avance. Cada mensaje respondido, cada notificación atendida o cada pequeña tarea completada genera una micro-recompensa. Esa activación constante puede interpretarse como eficacia.

Sin embargo, esta sensación no siempre se corresponde con un mejor rendimiento. De hecho, la sobrecarga de estímulos y la fragmentación atencional pueden dificultar la concentración profunda y sostenida. Diversas investigaciones sobre atención y rendimiento han subrayado cómo la interferencia constante y la sobrecarga cognitiva afectan negativamente a la ejecución de tareas complejas (García-Sevilla, 1997). Cuando la atención se fragmenta, también lo hace la calidad del procesamiento.

Así, lo que percibimos como productividad puede ser, en realidad, estar a muchas cosas al mismo tiempo sin profundizar en ninguna. Y esta dispersión no solo afecta al rendimiento, sino también al bienestar emocional.

Multitarea y desgaste psicológico

El cambio continuo de foco atencional mantiene al cerebro en un estado de activación constante. A corto plazo puede pasar desapercibido, pero a medio y largo plazo suele traducirse en:

  • Sensación de saturación mental
  • Mayor fatiga cognitiva
  • Incremento del estrés
  • Dificultad para concentrarse en tareas prolongadas
  • Irritabilidad o frustración

En consulta es frecuente encontrar personas que refieren agotamiento sin una causa claramente identificable. Cuando miramos de cerca su día a día en un contexto terapéutico, descubrimos una rutina marcada por interrupciones constantes y por la sensación de tener que estar siempre disponibles y ser productivos.

No se trata solo de hacer muchas cosas, sino de no permitir que la mente permanezca en una sola. Sin embargo, esto no significa que cualquier combinación de tareas sea perjudicial.

¿Hay situaciones en las que sí es posible?

Sí, pero con una condición importante: que al menos una de las tareas esté automatizada.

Podemos caminar mientras escuchamos música o doblar la ropa mientras vemos una serie porque una de esas actividades no requiere un control atencional intenso. El problema surge cuando ambas tareas exigen procesamiento consciente: redactar un informe mientras respondemos mensajes o estudiar mientras revisamos redes sociales.

Cuanto mayor es la demanda cognitiva de ambas actividades, mayor será la interferencia. Comprender esta diferencia es clave, porque nos permite pasar de la creencia de “soy multitarea” a una pregunta más ajustada: “¿qué nivel de atención requiere esta actividad?”.

Y quizá ahí esté el verdadero cambio: dejar de intentar estar en todo al mismo tiempo y empezar a elegir con mayor conciencia dónde ponemos nuestra atención.

Referencias

García-Sevilla, J. (1997). Psicología de la atención. Síntesis.

Ophir, E., Nass, C., & Wagner, A. D. (2009). Control cognitivo en personas que realizan multitarea con medios digitales. Proceedings of the National Academy of Sciences, 106(37), 15583–15587.

Rubinstein, J. S., Meyer, D. E., & Evans, J. E. (2001). Control ejecutivo de los procesos cognitivos en el cambio de tareas. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 27(4), 763–797.

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