
Existen muchas causas diferentes acerca de la dificultad de tomar decisiones. Una de ellas puede ser no haber aprendido estrategias de resolución de problemas, o habilidades de afrontamiento, o tener un trastorno de ansiedad. Pero el motivo del que vamos a hablar en este artículo es la Indefensión Aprendida de Seligman: es un estado psicológico que se manifiesta cuando una persona comienza a sentir que es incapaz de modificar alguna situación, comportamiento o estado mediante sus conductas.
Este fenómeno tiene lugar cuando ante una situación aversiva o desagradable intentamos todo tipo de respuestas sin obtener ningún resultado positivo. En lugar de seguir intentando resolver esta situación, tiramos la toalla, dejamos de probar y nos quedamos sin hacer nada al respecto. Esto ocurre cuando percibimos una falta de control ante los castigos del medio. Este tipo de patrón de comportamiento aparece en los seres humanos cuando han estado expuestos a condiciones aversivas que parecen aleatorias e inevitables, con lo que la sensación de impotencia, de no poder hacer nada para mejorar las circunstancias es uno de los factores clave en la depresión.
Se ha demostrado en un experimento que aquellas personas que se encuentran desarrollando una actividad de concentración con un ruido muy alto y molesto de fondo, pero teniendo la posibilidad de apretar un interruptor para apagarlo cuando quieran, tendrán mayor capacidad de resolver problemas y de tomar decisiones que las personas que se encuentran en la misma situación pero sin la posibilidad de apagarlo.
Es la falta de control percibido, la sensación subjetiva de no poder hacer nada para cambiar la situación, lo que hace que nos quedemos “en una esquina”, esperando que llegue el próximo castigo y sin movernos, es decir, con miedo a tomar decisiones.
Este miedo genera muchos pensamientos automáticos negativos tales como: “no sirve para nada intentarlo”; “la vida siempre me castiga”, “todo va a estar mal siempre”, etc. Esta serie de pensamientos son peligrosos, ya que podríamos entrar en depresión si son constantes y duran mucho tiempo.
Ejemplos de Indefensión Aprendida pueden ser:
Y es que la Indefensión Aprendida termina con nuestras ganas de luchar.
Como bien se describe en el término, la Indefensión Aprendida es una conducta aprendida.
Recuerda: todo lo que se aprende se puede desaprender, solo es cuestión de crear nuevos hábitos conductuales y cognitivos.
Artículo escrito por Marta Gray