
El mismo proceso de envejecimiento conlleva una pérdida de neuronas en nuestro cerebro; esa pérdida neuronal es la que se encarga de hacer que nuestra memoria ya no funcione tan bien como antes. Según la Dra. Stella Diamanti fenómenos como la ansiedad, la depresión o las distracciones pueden generar problemas de memoria. El cerebro envejecido funciona más lentamente que el cerebro joven, ya que las personas mayores tardan más tiempo en reaccionar a los estímulos. Por esta razón, hay que tener más paciencia y darles un mayor tiempo para que puedan hacer las cosas a su ritmo.
Las investigaciones han mostrado que este enlentecimiento puede traducirse, en algunas ocasiones, en un mayor desempeño en la actividad. Por ejemplo, en el caso de la artesanía, actividad que requiere “tiempo y dedicación”, las personas mayores han mostrado mejores rendimientos que los jóvenes.
En el envejecimiento no todo son pérdidas, los mayores tienen mayor memoria semántica. Este tipo de memoria hace referencia a los conocimientos culturales (como por ejemplo recordar cual es la capital de Alemania o el año que se descubrió américa). También se relaciona con el almacén léxico (el acceso a la búsqueda de una determinada palabra para ser utilizada en una conversación).
Muchas personas mayores, de entre 65-70 años, se quejan de que su memoria ya no es la que era... A raíz de este hecho pueden aparecer una serie de preguntas relacionadas con su capacidad mnésica como, por ejemplo:“¿estaré empezando a tener Alzheimer?”, “¿esto es normal o no?” o “mi memoria ya no funciona como antes” … Dichas quejas pueden generar cierta preocupación e inquietud, por lo que es conveniente dejar claro cuáles de estos fallos se consideran normales y cuáles no lo son. El objetivo de esta clasificación es normalizar para así reducir la preocupación que ciertas personas mayores tienen de cara a sus olvidos. Pero ¿Qué olvidos son normales y cuáles no?
Los olvidos normales son ocasionales, de poca importancia y con una evolución lenta. Están relacionados con la recuperación de información que ya tenemos almacenada previamente y no nos impiden realizar actividades cotidianas como cocinar, ducharnos, vestirnos o ir al supermercado. No acordarnos de donde hemos dejado las llaves, no encontrar la palabra adecuada cuando se necesita, no recordar el día que es, olvidar algunas cosas que teníamos que comprar u olvidar comunicar a la persona indicada un recado. Ante este tipo de olvidos no debemos preocuparnos, ya que son los propios de la edad.
Estos olvidos no se acompañan de otros déficits cognitivos como problemas de atención o problemas en las funciones ejecutivas: actividades mentales complejas, necesarias para planificar, organizar, guiar, revisar, regularizar y evaluar el comportamiento necesario para adaptarse eficazmente al entorno y alcanzar metas (Bauermeister, 2008).
Son propios de procesos cerebrales neurodegenerativos existiendo pruebas neurológicas que lo demuestran. Estos olvidos se dan con mayor frecuencia y son más evidentes; por ejemplo la persona no se acuerda de ir a recoger al colegio a su nieto cuando siempre lo ha hecho, tampoco recuerda el nombre de un familiar muy cercano como es su hijo o su hija o incluso su propio nombre. También pueden ocurrir desorientaciones, como perderse en lugares conocidos. Los olvidos malignos evolucionan a peor rápidamente e incluso se es incapaz de recordar acontecimientos importantes que la persona ha vivido como el día de su boda.
Impiden el normal desarrollo de las actividades cotidianas pues no se sabe seguir los pasos para vestirse, ducharse, o hacer la comida (cuando nunca ha tenido problemas para ello). Tampoco se es capaz de registrar ni aprender algo, ya que no se puede almacenar casi ningún tipo de información nueva. Estos fallos suelen acompañarse de déficits en otros procesos cognitivos como pueden ser problemas de atención o fallos en alguna función ejecutiva. En estos casos, sería conveniente acudir al hospital de referencia para realizar una exploración neurológica o neuropsicológica apropiada.
La memoria puede entrenarse y tratarse. Existen muchos recursos y medidas tanto para prevenir su deterioro como para mejorar su rendimiento en la edad adulta. Por ejemplo, existen instituciones como Cruz Roja que ofrecen talleres de memoria cuyo objetivo es estimular esta capacidad para prevenir un deterioro mayor con el paso del tiempo. En muchos centros de mayores públicos y privados también se ofrece este servicio.
Según el poeta Antonio Gala: “hacerse mayor es hacerse mejor”, poniendo de manifiesto que el envejecimiento puede ser una etapa activa de la vida donde potenciar nuestros conocimientos y crecer. Según indican las investigaciones, las personas más activas intelectualmente parecen estar más protegidas contra los efectos negativos del envejecimiento.
Para disminuir los olvidos cotidianos la profesora Duarte propone algunas recomendaciones:
Según el Instituto de Neurología Cognitiva: Fundación INECO de Buenos Aires y la Dra. Stella Diamanti hay que tener en cuenta los siguientes consejos si queremos prevenir y retrasar la aparición de los olvidos asociados a la edad:
Chetelat, G., y Lalevée, C. (2006). Pérdidas de memoria, normales y patológicas. Mente y cerebro, 17, 23-27.
Mesonero, A., y Fonbona, J. (2013). Envejecimiento y funciones cognitivas: las pérdidas de memoria y los olvidos frecuentes. International Journal of Developmental and Educational psychology, 1(2), 317-326.
Artículo escrito por Carlos Jara.