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El papel del individuo en la lucha contra el edadismo 

Los prejuicios hacia las personas mayores configuran en la actualidad una de las mayores formas de exclusión social. ¿Realmente somos conscientes de nuestra visión negativa acerca de la vejez? María Domínguez dedica el siguiente artículo a responder a esta cuestión. Estamos seguros que os va a interesar.

La cultura occidental legitima diferentes estereotipos acerca de las personas mayores. Estas ideas preconcebidas son interiorizadas como modelos estables del desarrollo presentes en todos los individuos, formando parte del sistema de creencias, a pesar de la variabilidad interpersonal reconocida en la población restante. Estas percepciones sociales de la vejez influyen en el transcurso de la misma, pues es la propia persona quien acaba aceptando su papel pasivo asociado a un deterioro cognitivo y físico inevitables. 

De este modo surge la tercera gran forma de discriminación social, precedida únicamente por el racismo y el sexismo: el edadismo. El edadismo o discriminación por edad supone la percepción negativa de las personas a medida que se hacen mayores, asociándose a conductas de desdén, desagrado, insulto, evitación de la cercanía y del contacto físico, así como a la invalidación de las capacidades y opiniones de esta población. Y es aquí donde uno debe pararse y reflexionar acerca de qué significa hacerse mayor: la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) define envejecimiento como el proceso natural que se produce por el paso del tiempo en los seres vivos, y que trae consigo una serie de cambios y modificaciones a distintos niveles (morfológico, conductual, funcional, etc.). 

Estos no son lineales ni uniformes, y su vinculación con la edad de una persona en años es relativa, suele asociarse a transiciones vitales como la jubilación y el fallecimiento de seres queridos. Con el tiempo transcurre la edad cronológica, todos envejecemos, el niño se hace joven, el joven se vuelve adulto y este a su vez anciano.  Pero, a su vez, la edad subjetiva es la definición que hace la persona de sí misma, sus aspiraciones y metas, desarrollándose en función de la autoestima, salud, adaptabilidad, habilidades sociales y ambiente. Por lo tanto, a diferencia de las anteriores, es una discriminación que afecta a la totalidad de la población, ya que es una condición evolutiva común. Esta concepción no solo es legitimada por los jóvenes, sino también por el propio grupo de edad afectado.

Además, al tratarse de un fenómeno social que se desenvuelve en la cultura patriarcal afecta en mayor medida a las mujeres. Éstas se convierten en mayores invisibles mucho antes que los hombres, evaluándolas de manera más negativa especialmente en lo que a la apariencia física se refiere, entendiendo a ellas como viejas y a ellos como maduros. Son percibidas como receptoras de cuidados y necesitadas de apoyo económico y no como cuidadoras y proveedoras de su tiempo, energía, conocimientos, apoyo afectivo, material y económico a la familia y a la sociedad. Además, pertenecer a una minoría estigmatizada (como es el colectivo LGTBI o la clase social baja) aumenta la probabilidad de sufrir una mayor discriminación por edad.

Para poder combatir el edadismo es necesario reconocer las ideas negativas relacionadas con este grupo de edad: 

(a) Todas las personas de la tercera edad son muy parecidas, se trata de una población homogénea con los mismos gustos, intereses y necesidades. 

(b) Están enfermas, son frágiles y dependientes por lo que están socialmente aisladas.

(c) La mayoría tienen algún grado de deterioro cognitivo y están deprimidas. 

(d) Se vuelven difíciles de tratar y son más rígidas, mostrándose reacias a los cambios sociales y discriminando a las minorías. 

(e) Debido a todas las limitaciones mencionadas no se encuentran en una disposición adecuada para trabajar y aquellos que lo hacen, desempeñan su labor de forma poco productiva. 

Se trata como vemos de una percepción negativa que incluye ideas como pérdida, enfermedad, dependencia, deterioro, etc. y que en la mayoría de los casos no se corresponde con la realidad de muchas personas, que viven con autonomía, independencia, salud y energía hasta edades muy avanzadas. 

¿Cuáles son las consecuencias del edadismo?

En las personas mayores se produce la profecía autocumplida: adoptan una imagen negativa asociada a su grupo de edad y se comportan en consonancia con los estándares, infravalorando sus capacidades, creando una relación inversamente proporcional entre la edad, el sentimiento de autoeficacia y el rendimiento, volviéndose cada vez más dependientes, aumentando su estado depresivo e incluso la tasa de mortalidad. Esto se ve reforzado por el trato recibido en las instituciones, donde se utiliza baby talk: un trato paternalista que consiste en hablar a las personas mayores como si fueran niños, lo que refuerza los comportamientos y pensamientos negativos acerca de sus capacidades.

Además, en el ámbito de la salud se produce un infradiagnóstico tanto de enfermedades físicas como de trastornos mentales. Se aplican patrones de actuación diferenciales que no se encuentran avalados por la literatura científica, pues este grupo de edad es infrarrepresentado en las poblaciones estudiadas. Con respecto a la salud mental, este infradiagnóstico es resultado de la creencia errónea de la tristeza como estado basal de las personas. Así mismo, las derivaciones a psicólogos para su tratamiento son escasas, debido a la incapacidad de aprender y adaptarse a nuevas situaciones. Es por esto que algunas asociaciones como la Asociación Americana de Psicología (APA) defienden la intervención sobre las actitudes edadistas de los profesionales que la componen. 

¿Cómo combatir esta injusticia social?

Para erradicar la discriminación por edad es necesario transformar los ámbitos sociales que perpetúan estas ideas tales como los medios de comunicación o las políticas gubernamentales, y fomentar la intergeneracionalidad. 

En las instituciones que se dedican al cuidado de estas personas debe trabajarse desde el modelo de Atención Integral Centrado en la Persona (AICP), priorizando su calidad de vida, garantizando sus derechos y respetando sus decisiones y preferencias, fomentando la participación efectiva, la inclusión y la participación activa en la sociedad.

Además, a nivel individual debemos revisar la percepción y actitudes hacia las personas mayores, corrigiendo aquellas que puedan resultar discriminatorias e incluyendo tanto en el bagaje comportamental como actitudinal conductas dirigidas a la preservación de la dignidad de las mismas y al fomento de sus capacidades. Para ello se debe: 

(a) Preservar su autonomía y su capacidad de decisión, preguntando y aceptando su elección a pesar de no compartirla plenamente. 

(b) En ningún caso se debe disponer de sus bienes como si no los fueran a necesitar mientras vivan, les pertenecen. 

(c) Al igual que los demás, pueden ser una fuente de ayuda, pero no se deben anteponer las necesidades propias a sus posibilidades o deseos. 

(d) Se le prestará ayuda como a cualquier otra persona que la necesita, no debemos anularles. 

(e) Al igual que hacemos con los demás, es importante reconocerles todo aquello que aportan en el día a día, y agradecerles todo lo que hacen por nosotros, su tiempo, al igual que el nuestro, tiene valor. 

Todo esto se podría sintetizar en respetar y cuidar a las personas mayores como nos gustaría que nosotros fuésemos cuidados. 

Referencias

Bárcena, C., Iglesias, J. A., Galán, M. I., y Abella, V. (2009). Dependencia y edadismo. Implicaciones para el cuidado. Revista Enfermería Castilla Y León, 1(1), 46–52. http://www.revistaenfermeriacyl.com/index.php/revistaenfermeriacyl/article/view/18

Organización Mundial de la Salud (4 de octubre de 2021). Envejecimiento y salud. Centro de prensa. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ageing-and-health

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