
Una de las experiencias más profundas —y a menudo olvidadas— del proceso terapéutico es la reconexión con lo humano. En el último episodio de nuestro podcast Entre Divanes, se aborda un concepto tan sencillo como poderoso: la humanidad compartida. Ese reconocimiento de que el sufrimiento, las dudas, los miedos y las alegrías forman parte de una experiencia común que todos, en algún momento, atravesamos.
En palabras de Ana: “El concepto de humanidad compartida para mí es muy interesante, se vio mucho en la pandemia, ¿no?”. Y es cierto. Durante aquel tiempo incierto, cuando el mundo entero se detuvo, muchas personas encontraron consuelo en saber que no estaban solas en su dificultad. Como ella misma señala, “si tú a una persona la encierras en su casa 2 meses, 3 meses, lo vive como un secuestro. Y sin embargo, sabiendo que estamos todos en la misma situación, el dolor se mitiga mucho”.
Este ejemplo revela una verdad esencial: cuando dejamos de mirarnos solo a nosotros mismos y comprendemos que otros también sufren, también luchan y también dudan, se abre un espacio de alivio y de conexión que, en sí mismo, puede ser terapéutico.
Ana lo expresa con claridad al decir que, en consulta, “no es que sea mal de muchos, consuelo de tontos… mal de muchos, consuelo de todos”. La diferencia es importante: no se trata de minimizar el sufrimiento individual comparándolo con el de otros, sino de abrir la mirada, de salir del aislamiento emocional para sentirnos parte de algo más grande. La sensación de “yo solo estoy roto” se transforma, así, en un “no estoy solo con esto”.
Este enfoque es especialmente relevante en una época en la que las redes sociales nos muestran constantemente versiones idealizadas de las vidas ajenas. Como cuenta Ana, “cuando los pacientes te dicen: ‘Es que todas mis amigas en las redes ponen esto y lo otro’, yo siempre les digo: ‘Si estuvieras aquí, si escucharas todo lo que yo escucho, esto sí que es una verdadera terapia’”. Escuchar las historias reales, sin filtros, nos devuelve a una realidad mucho más honesta y compasiva.
Reconocer nuestra humanidad compartida es también una forma de generar comunidad, de fortalecer vínculos, y de romper con la autoexigencia y la vergüenza que a menudo surgen al pensar que “deberíamos estar mejor”. Nos permite ser más amables con nosotros mismos y más empáticos con los demás.
En definitiva, este episodio del podcast nos recuerda que no necesitamos estar solos en lo que nos pasa. Que la salud mental también se nutre de miradas comprensivas y de espacios donde compartir lo que duele. Porque al final, sanar no siempre es resolverlo todo, sino sabernos acompañados en el camino.
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