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La importancia de nombrar la irresponsabilidad afectiva en terapia

En el proceso terapéutico, hay momentos difíciles pero necesarios. Uno de ellos es cuando el o la terapeuta detecta patrones que generan sufrimiento tanto en el paciente como en su entorno, y tiene la responsabilidad de ponerles nombre. Un ejemplo muy ilustrativo es el de la irresponsabilidad afectiva, un concepto que, aunque cada vez más presente en las conversaciones sobre salud mental, sigue siendo difícil de reconocer… y aún más de aceptar.

En un reciente episodio de Entre Divanes, Ana comparte una experiencia significativa: cuenta cómo, en una sesión, se atrevió a confrontar a un paciente que estaba ejerciendo una actitud claramente irresponsable a nivel afectivo. Lo hizo, por supuesto, desde un lugar respetuoso, cuidando las formas, pero sin edulcorar el mensaje. Le hizo ver no sólo que estaba siendo emocionalmente negligente, sino que además proyectaba la culpa sobre la otra persona implicada.

La reacción del paciente fue intensa: se enfadó, salió dando un portazo y no volvió. Esta experiencia no es infrecuente. La resistencia a mirarnos con honestidad, especialmente cuando eso implica asumir errores o reconocer el daño que podemos causar a otros, puede generar rechazo, enfado y huida. Y sin embargo, como explica la terapeuta en el vídeo, la psicología es, ante todo, un camino hacia la toma de conciencia.

Confrontar no significa atacar. En el espacio terapéutico, confrontar es ofrecer un espejo, una oportunidad para ver algo que hasta entonces estaba en la sombra. Y cuando se hace desde el respeto, con cuidado y sin juicio, puede ser profundamente transformador. Pero también es verdad que no todo el mundo está preparado para sostener esa mirada en determinados momentos de su vida.

Lo interesante del caso que se comparte es que pone en evidencia un fenómeno social más amplio. Vivimos en una cultura que tiende a buscar culpables externos, a priorizar el autocuidado sin integrar la responsabilidad afectiva hacia los demás. Muchas personas acuden a terapia con la expectativa de que se les confirme que “la culpa es del otro”, cuando uno de los grandes retos del trabajo psicológico es precisamente ese: aprender a ver en qué medida somos también responsables de lo que ocurre en nuestras relaciones.

Desde Psicólogos Princesa, entendemos que estas situaciones son parte del trabajo terapéutico profundo y valiente. No siempre es fácil, pero es ahí donde muchas veces se abre la puerta al cambio. Nombrar lo que duele, lo que incomoda, incluso lo que molesta, es un acto de honestidad que puede marcar un antes y un después en el proceso de sanación.

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