
En los últimos años, el término persona tóxica se ha vuelto parte del lenguaje cotidiano. Lo encontramos en redes sociales, en libros de autoayuda, en conversaciones entre amigos. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Estamos usando bien este concepto? ¿Qué implicaciones tiene etiquetar a alguien así?
En Entre Divanes aclaramos algo fundamental: “persona tóxica” no es un término clínico. No forma parte de los manuales diagnósticos ni corresponde a una categoría psicológica formal. Se trata de un concepto popularizado primero por la psicóloga Lillian Glass en su libro Toxic People, y extendido después por la literatura de autoayuda y los contenidos digitales.
Según este enfoque, se considera “tóxica” a una persona que genera un alto nivel de desgaste emocional en quienes la rodean. Alguien que nunca está satisfecho, que demanda constantemente, que critica de forma destructiva, que transmite hostilidad o negatividad y que rara vez valida o reconoce emocionalmente al otro. Estar cerca de una persona así puede hacer que uno se sienta agotado, desvalorizado o confundido.
Sin embargo, como bien dice Carlos, esta etiqueta se ha simplificado y extremado, y a menudo se usa de forma automática para referirse a alguien con quien hemos tenido un conflicto o una experiencia difícil. Y aquí es donde conviene hacer una pausa: llamar tóxica a una persona puede ser útil para identificar que una relación no nos está haciendo bien, pero también puede convertirse en una forma de deshumanizar al otro, o de evitar el análisis más profundo de lo que ha ocurrido.
En contraste, se ha puesto de moda el término persona vitamina, que representa a alguien que nos da energía, optimismo, afecto positivo. De repente, parece que las personas se dividen en dos categorías opuestas: o eres tóxico o eres vitamina. Como si fuésemos productos de supermercado.
Desde la psicología, esta visión es reduccionista. Las personas somos complejas, contradictorias, cambiantes. Podemos tener comportamientos que dañan a los demás por inseguridad, por falta de herramientas, por historias personales no resueltas, y eso no nos convierte automáticamente en “tóxicos”. Así como podemos aportar luz en unos vínculos y oscuridad en otros.
El verdadero reto está en identificar qué relaciones nos hacen daño, poner límites sanos y cuidar de nuestro bienestar emocional sin caer en juicios simplistas. No se trata de negar el impacto negativo que alguien puede tener en nuestra vida, sino de comprenderlo con más profundidad y responsabilidad.
🛋️ Si quieres seguir explorando este tipo de conceptos con más matices, te invitamos a escuchar el podcast Entre Divanes, donde abordamos temas como relaciones tóxicas, vínculos seguros y cómo crecer emocionalmente sin recurrir a etiquetas que nos limiten.
Puedes ver el capítulo completo del podcast en YouTube o Spotify
📲 Síguenos en redes sociales:
🔹 Instagram: / psicologosprincesa
🔹 LinkedIn: / psic-logos-princesa-81
🔹 Facebook: / psicologosprincesa
🔹 TikTok: / psicologosprincesa_
🦋 Psicólogos Princesa – Humanity Needs Psychology 💙