
Pese a los avances logrados en los últimos años persiste en la sociedad un cierto estigma relativo a la salud mental, que afecta especialmente a los más jóvenes. De la necesidad de combatirlo mejorando tanto la información como la empatía nos habla Sara González en el siguiente artículo. Estamos seguros que os va a interesar.
La salud mental se entiende como el bienestar del individuo de forma general, incluyendo la manera en que este piensa, regula sus emociones y sentimientos, y se comporta con los demás (American Psychiatric Association, 2019). Antiguamente, la salud mental no era reconocida como parte del bienestar de las personas. Sin embargo, en los últimos años se ha empezado a reconocer que para que un individuo tenga una salud íntegra, se ha de tener en cuenta, además del aspecto fisiológico, el ámbito psicológico.
Como llevamos tanto tiempo poniendo la salud mental en una sombra, ha surgido mucha ignorancia respecto a este tema y con ello el estigma.
El estigma es un fenómeno que por desgracia está presente en muchas áreas de la sociedad. Esto se debe al gran desconocimiento e ignorancia hacia lo no estandarizado, considerándose como una desventaja o aspecto negativo cuando una persona tiene una característica o rasgo distintivo (National Alliance on Mental Illness, 2017).
Se pueden distinguir tres dimensiones del estigma: los estereotipos negativos, la devaluación y la discriminación (Mukolo et al., 2010), fomentando todas ellas la creación de barreras hacia la integración social y la atención a las personas afectadas. Estas barreras se pueden crear desde la infancia, incluso llegando a provocar el auto-estigma, es decir, una discriminación o rechazo hacia ellos mismos si ven que presentan alguna singularidad en cuanto a sus iguales (Muñoz y Uriarte, 2006).
Dicho estigma afecta tanto a adultos como a niños. Estos últimos sufren más sus consecuencias pues aún existe la falsa creencia de que los trastornos mentales y la salud mental son temas más bien de adultos. Sin embargo, estudios como el de Ambikile y Outwater (2012) confirman que el 20% de la población mundial infanto-juvenil padece algún tipo de trastorno mental, por lo que, aunque no esté tan visibilizado, un gran porcentaje de los niños sufre de esto.
Algunos de los trastornos más prevalentes en esta población son el TDAH, la depresión infantil, los TCA, los trastornos del neurodesarrollo, los trastornos del apego, la ansiedad, los trastornos de conducta, y, sobre todo en adolescentes, el abuso de sustancias (Ambikile y Outwater, 2012).
Por otra parte, las principales causas del estigma son el desconocimiento y la ignorancia por parte de la población. Muchas personas tienden a rechazar aquello que no conocen por el miedo que les genera, en gran medida debido a esta falta de información. A veces, incluso la devaluación de la efectividad de la psicoterapia fomenta creencias erróneas sobre las personas que padecen trastornos mentales. La gran incomprensión por parte de las familias y de los profesores sobre estos diagnósticos se debe en cierta medida al ambiente en el que se han criado, cómo ellos han sido tratados y los valores que les han inculcado. Esto dificulta el trato que van a dar a los niños puesto que no saben qué hacer o decir al respecto, pero simplemente deben intentar comprenderlos y aceptarlos tal y como son, pues la validación es fundamental en estos casos.
Los estereotipos también son un factor de gran importancia de cara al estigma. Estos dan lugar a una gran cantidad de prejuicios hacia los niños que padecen algún trastorno mental, y a su vez esto puede desembocar en actitudes discriminatorias hacia este colectivo, sobre todo por parte de compañeros y amigos. La falta de empatía y apoyo social que pueden proporcionar los compañeros a los niños con trastornos mentales potencia aún más su estigmatización, con la consecuente exclusión hacia los mismos. Harrison y Gill (2010), enfatizan que el estigma dificulta la adaptación social de los infantes, así como la adherencia a los tratamientos.
La autoestima de los niños también se ve disminuida con este tipo de creencias y acciones hacia ellos, lo que también perpetua este auto-estigma, como se ha mencionado anteriormente (Harrison y Gill, 2010). Es por esta razón que se debería trabajar sobre el estigma en todos los ámbitos de la vida de los niños (familiar, educativo, social…) y tratar de eliminar las etiquetas.
En definitiva, aunque se trate de un proceso largo y complicado en el que tenemos que ayudar y acompañar a estas personas, el conocimiento sobre la salud mental es la clave para luchar contra el estigma de esta área. Establecer unos servicios públicos de salud mental y garantizar que todo el mundo tenga acceso a ellos deviene fundamental para ofrecer una vida más integrada en la comunidad y, sobre todo, digna.
Además, la normalización de los trastornos mentales en la población infanto-juvenil es una tarea que poco a poco vamos logrando con la ayuda de los medios de comunicación y los profesionales de la medicina y la psicología. Avanzamos hacia una sociedad en la que no haya normalidad o anormalidad, pero teniendo en cuenta la historia de la psicología a lo largo de los años, y cómo ésta ha repercutido en el estigma, podemos concluir que para que esto continúe resulta esencial que todas las entidades se coordinen en un trabajo conjunto.
Referencias
Ambikile, JS y Outwater, A. (2012). Desafíos del cuidado de niños con trastornos mentales: experiencias y puntos de vista de los cuidadores que asisten a la clínica ambulatoria del Hospital Nacional Muhimbili, Dar es Salaam-Tanzania. Psiquiatría infantil y adolescente y salud mental, 6 (1), 1-11.
American Psychiatric Association (Ed.) (2019). What is mental illness? https://www.psychiatry.org/patients-families/what-is-mental-illness.
Harrison, J. & Gill, A. (2010). The experience and consequences of people with mental health problems, the impact of stigma upon people with schizophrenia: a way forward. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 17, 242-250.
Mukolo, A., Heflinger, C. A., & Wallston, K. A. (2010). The stigma of childhood mental disorders: A conceptual framework. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 49(2), 92-103.
Muñoz, A. A., & Uriarte, J. J. U. (2006). Estigma y enfermedad mental. Norte de salud mental, 6(26), 49-59.
National Alliance on Mental Illness (Ed.) (2017). What is stigma? Why is it a problem?