
Durante toda nuestra vida, el sueño ocupará una tercera parte de nuestro tiempo. Es decir: una persona, antes de morir, puede haber pasado 330.000 horas dormido, el equivalente a 37.4 años de nuestras vidas.
Todos los seres vivos necesitamos dormir de una manera reparadora que nos permita estar activos y descansados durante la vigilia. Sin embargo, el número de horas de descanso que se necesitan puede variar de una especie a otra, incluso de un ser humano a otro, dependiendo de la edad, los hábitos, o la naturaleza.
Por ejemplo: en el reino animal, los murciélagos son los que más duermen, unas 20 horas al día. Las jirafas, sin embargo, duermen solo unas 4 horas realizando, eso sí, varias siestas durante la vigilia. Entre los animales acuáticos las ballenas son un caso curioso porque mientras duermen, mantienen uno de los hemisferios cerebrales en actividad.
Por otro lado, entre los seres humanos podríamos decir que hay distintos patrones: Leonardo Da Vinci, por ejemplo, tan solo dormía 2 horas por la noche, y por el día realizaba siestas de 20 minutos cada 4 horas. Aunque este comportamiento en el sueño no deja de ser algo poco habitual.
El insomnio es en la actualidad uno de los trastornos que más desequilibrios produce en el bienestar de las personas. Vivimos en un mundo acelerado y donde pasamos mucha parte del tiempo trabajando, o conectados a las nuevas tecnologías hasta tarde y, en consecuencia, restando horas de sueño y descanso.
Las consecuencias de un mal descanso pueden empezar en forma de irritabilidad, somnolencia o falta de concentración y atención durante la vigilia, pudiendo haber también alteraciones físicas relacionadas con esa falta de sueño. En casos graves puede aparecer una confusión intensa, depresión respiratoria o incluso síndrome de abstinencia.
El problema no está en que durmamos menos de 7 u 8 horas, sino cuánto de ese sueño ha sido realmente reparador. Aunque el promedio esté en 7.5 horas, algunas personas tienen bastante con 5 o 6 horas, y otras entre 9 o 10 horas.
Cuando hemos roto el hábito del sueño a menudo buscamos remedios que sean inmediatos: los somníferos y tranquilizantes se han convertido, en la actualidad, en soluciones demasiado habituales. Y no están, sin embargo, exentos de considerables efectos secundarios a largo plazo. Por esta y otras razones resulta tan importante adquirir unos buenos hábitos de sueño que nos faciliten a su vez la desconexión de los problemas y el descanso.
El problema no está en que durmamos 7 u 8 horas, sino cuánto de ese sueño ha sido realmente reparador.
Cuando se tiene la percepción de no haber descansado adecuadamente, o sientes demasiada somnolencia durante el día o un cansancio continuo, puede ser importante ir a La Unidad de Sueño. Allí estudian las diversas alteraciones del sueño a través de una polisomnografía; es decir, una prueba que permite observar mientras se duerme el movimiento de los ojos, el tono del mentón, la actividad del cerebro, el ritmo cardiaco, la respiración y los movimientos de las piernas.
Un diagnóstico certero podrá ayudarte a aplicar las mejores soluciones para evitar el insomnio mejorando tu salud y tu calidad de vida
Dormir bien para dummies (Dr Eduard Estivill). Edición Planeta de Libros.
Trastornos del sueño (Dr Francisco Marín). Edición especial Saber Vivir.
Artículo escrito por Sofía Pascual.