
¿Es la psicología una ciencia? ¿Es un arte? En el nuevo episodio de Entre Divanes se aborda entre Ana Millán, Codirectora de Psicólogos Princesa, Directora de la Escuela de Psicología y Presidenta de la Asociación Psicólogos Princesa, y Marta Perandones, Fundadora y Codirectora de Psicólogos Princesa y Directora de la Unidad de Psicología Integrativa, una de las preguntas más comunes entre estudiantes y nuevos profesionales: cómo integrar el conocimiento teórico con la práctica terapéutica real. Porque ser psicólogo no es solo aplicar protocolos; es también crear un espacio humano, seguro y significativo para el otro.
Uno de los mayores retos que enfrentan los alumnos al comenzar su práctica clínica es cómo pasar de los libros a la consulta. ¿Cómo aplicar todo lo aprendido sin que la intervención se convierta en un interrogatorio? ¿Cómo mantener la estructura y el método sin perder la calidez ni la autenticidad del vínculo?
En palabras del podcast: “la preocupación que tienen los alumnos es cómo, de toda esta teoría que yo he estudiado, con protocolos de intervención, me siento delante de un paciente y no le hago un interrogatorio”. La respuesta no es sencilla, pero sí clara: se trata de encontrar el punto justo entre técnica y presencia.
La relación terapéutica exige una preparación rigurosa, pero también una disposición emocional y relacional. Saber cuándo intervenir, cómo hacerlo, cuándo callar o cuándo dejar espacio forma parte del arte del terapeuta. “Primero, la experiencia es la madre de la ciencia”, se recuerda en el episodio, y también que “uno tiene que ir con la mente por delante y con la palabra por detrás”.
Es decir, el terapeuta debe tener una comprensión profunda de lo que ocurre en sesión, pero intervenir desde la escucha y la empatía, no desde la prisa o la necesidad de aplicar recetas.
Este equilibrio entre ciencia y arte se construye con el tiempo, con práctica, con supervisión y con trabajo personal. Requiere dominar herramientas, pero también confiar en la propia intuición clínica, que no es improvisación, sino fruto de la experiencia y de una observación afinada.
El objetivo no es solo aliviar el malestar, sino acompañar a la persona en un proceso de autoconocimiento real. Y para eso, la técnica es fundamental, pero la presencia genuina del terapeuta es insustituible.
La psicología es una ciencia de la salud, sí. Pero también es un arte. El arte de estar con el otro, de escuchar lo que no se dice, de intervenir sin invadir, de acompañar sin dirigir. Para quienes comienzan en este camino, el reto es grande, pero también apasionante.
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