
“Cuando consiga ese trabajo, seré feliz”, “El día que tenga pareja, seré feliz”, “En las vacaciones de verano al lado de la playa, seré feliz”, son algunas de las frases que hemos escuchado o, tal vez, hemos dicho nosotros mismos, haciendo alusión a que la felicidad es algo que llegará a nuestras vidas cuando un evento en particular suceda.
¿Te ha pasado que llegas a esa meta que tanto deseaste, solo para pensar en que hay otro nuevo objetivo que te va a llevar a la felicidad? Es como si fuéramos unos pajaritos que van de árbol en árbol, pero nunca disfrutando del paisaje mientras volamos. En eso se ha convertido nuestra vida de adultos: una constante persecución de objetivos, sin permitirnos un espacio para recargar energías o siquiera para reconsiderar el objetivo que vamos persiguiendo.
La felicidad, confundida normalmente con el concepto de alegría y de acuerdo a la definición de Wikipedia: “La felicidad es una emoción que se produce en un ser vivo cuando cree haber alcanzado una meta deseada.” Esta aproximación al concepto nos lleva a una vida concebida en perseguir el placer y la gratificación de algo pasajero; una vida muy demandante ya que mientras más fuerte corramos detrás de ella, más propensos seremos a los síntomas de ansiedad y depresión.
¿Has considerado alguna vez en que todos los esfuerzos que haces para ser feliz pudieran impedirte alcanzarlo?
Existe otro concepto de felicidad que es menos conocido y es el que prefiero: “Felicidad es vivir una vida rica, plena y llena de sentido”, y eso solo lo podemos lograr enfocándonos en las cosas que realmente nos resultan importantes, las que mueven nuestro corazón y nos llenan de vitalidad, a pesar de que dentro de este concepto pueden entrar eventos que nos lleven a sentimientos negativos como el miedo y la tristeza. En el fondo se trata de una vida completamente vivida, entendiendo que vendrán altas y bajas.
Cuando hablamos de felicidad, autores como Russ Harris en su libro La Trampa de la Felicidad nos menciona los mitos que existen en torno a este tema:
Algunas trampas psicológicas en que podemos caer, que maximizan nuestra percepción de los problemas y nos alejan de una vida plena, en equilibrio y con sentido son:
Atendiendo a estas trampas psicológicas la autora Ruth Baer, en su libro Mindfulness para la Felicidad, nos proporciona algunas pautas que pueden ayudarnos a enfrentarlas:
Vivir trae consigo eventos inevitables que nos causarán dolor y emociones percibidas como negativas, pero una vida plena y llena de sentido implica abrazarlas para seguir adelante, realizando cambios en la forma en que las gestionamos.
Ya nos decía el Dalai Lama: “El propósito de la vida es la felicidad”, pero reflexionemos qué tipo de felicidad estamos deseando: ¿La que persigue objetivos puntuales o la que anhela una vida plena y en paz?
Artículo escrito por Liliana Pérez.