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La importancia del sueño en niños y adolescentes

Un artículo de Nagore Fernández

El sueño es una función biológica necesaria en los seres humanos, pero es especialmente indispensable en edades tempranas y adolescencia, ya que contribuye a una buena maduración y funcionamiento del sistema nervioso. Como se explica en el artículo de Riggins et al. (2024), el sueño no solo acompaña los hitos evolutivos del cerebro, sino que podría influir de manera activa en otros procesos clave como la maduración estructural y funcional de las redes neuronales. Desde la infancia hasta la adolescencia, el cerebro atraviesa etapas críticas de sinaptogénesis, poda sináptica y mielinización, vinculándose estos procesos con cambios en la macroestructura y microestructura del sueño (principalmente en la actividad de ondas lentas y aparición de husos del sueño).

Estos autores señalan que se han encontrado asociaciones predictivas entre la topografía de las ondas lentas y el grado de mielinización futura, así como relaciones entre el sueño de ondas lentas y el desarrollo del hipocampo, y entre la duración del sueño, el volumen de sustancia blanca y la conectividad cerebral global. Es por ende que la deprivación o alteración crónica del sueño en nuestros menores podría tener efectos negativos sobre la eficiencia y estabilidad de las redes funcionales del cerebro, así como sobre la maduración de estructuras implicadas en la memoria y las funciones ejecutivas. (Riggins et al., 2024). Otras estructuras cerebrales que podrían verse afectadas son:

Corteza prefrontal

La falta o mala calidad del sueño afecta también a la corteza prefrontal, en concreto a la dorsolateral y ventrolateral, dando como resultado menor activación y peor rendimiento en tareas de atención sostenida, memoria de trabajo e inhibición de respuestas. Como resultado, el niño o adolescente presentará más dificultades académicas y problemas de impulsividad. (Urrila et al., 2017; Anastasiades y Urban, 2022).

Sistema límbico (amígdala e hipocampo)

La amígdala mostraría hiperreactividad como respuesta a estímulos negativos después de una noche de sueño reducido, además de menos conectividad funcional con la corteza prefrontal, lo que causaría reacciones emocionales más intensas y peor regulación afectiva (Ouellet et al., 2024).

El hipocampo es la estructura clave para la consolidación de la memoria, por lo que la privación de horas de sueño reduce la eficacia de la memoria a largo plazo y el peor afianzamiento de memorias nuevas en niños y adolescentes. (Crowley et al., 2024). 

Redes por defecto y parietales

La falta de sueño afecta a la red por defecto (corteza prefrontal medial y corteza cingulada posterior); dará como resultado problemas de atención interna, rumiación y síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes. (Tashjian et al., 2018; Zhang et al., 2025).

Las regiones parietales están implicadas a su vez en la integración sensorial y la atención, y la mala calidad del sueño contribuirá a la disminución de rendimiento en tareas de concentración sostenida. (Zhang et al., 2025; Di et al., 2024).

El Colegio Oficial de Psicólogos alerta de que muchos niños duermen menos de lo requerido, con repercusiones en la salud física (homeostasis hormonal, obesidad, aumento de niveles de cortisol y posibles enfermedades crónicas en un futuro) y mental, como hemos visto más arriba. Pero debemos ir más allá y considerarlo como un asunto no solamente de índole individual, sino con afectación en el sistema familiar, escolar y social.

No hay estadísticas oficiales a nivel nacional o mundial que nos indiquen datos claros, pero lo que sí parece preocupante es que, según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), en junio de 2025, el 52.4 % de los adolescentes españoles van a clase con menos de 8 horas de sueño, afectando su rendimiento académico y salud emocional (SEMG, 2025). Por otro lado, la fundación FAROS del Hospital de San Joan de Déu también registra el descenso del número de horas de sueño en menores, con un 17% que acuden al colegio con sueño y adolescentes, 52%, que no llegan a dormir 8 horas entre semana, con graves dificultades para despertarse por la falta de sueño.

No se trata de datos anecdóticos, sino de un problema crónico de falta de descanso que parece ir en aumento. (Infocop, 2025). Es por ello que las familias deben tomarlo en cuenta y establecer buenas rutinas para una adecuada higiene del sueño. Además, como psicólogos, debemos prevenir y recomendar el tratamiento y atención adecuada en caso de trastornos del sueño como son las parasomnias (terrores nocturnos, sonambulismo, despertar confusional y pesadillas) y las disomnias (insomnio y dificultad para dormirse). En el caso del insomnio, no tratado a tiempo, puede volverse persistente hasta la edad adulta.

Hay evidencia científica que señala la relación bidireccional entre la mala calidad del sueño continuada y crónica (por ejemplo, en el insomnio) y la aparición de diversas alteraciones de salud de tipo endocrino, metabólico, cardiovascular, inmunológico, mental y neurovegetativo. Esto correlaciona con patologías más graves a largo plazo como demencias, ictus, obesidad, ansiedad y depresión, entre otras.

Factores de riesgo

  • Malos hábitos de sueño o higiene inadecuada: El consumo de cafeína o bebidas energéticas al final de la tarde, siestas prolongadas, ambientes ruidosos o muy iluminados, exposición antes de dormir de contenidos violentos o muy estimulantes para el cerebro que activan el estado alerta.
  • Uso de pantallas: en el período previo al sueño, ya que la luz azul inhibe la secreción de melatonina. Además, el uso no supervisado de pantallas que pueda dar acceso a contenidos inapropiados para un menor que incremente la frecuencia de pesadillas.
  • Desajustes entre demandas sociales y ritmos biológicos: Este aspecto es de tener en cuenta con los adolescentes y sus cambios hormonales, que desplazan su reloj biológico con una tendencia a dormir más tarde, lo que es incompatible con el comienzo más temprano de las clases en institutos.

Recomendaciones

Los padres son los primeros agentes modeladores de sus hijos con la exhibición de buenos hábitos y disciplina continuada para prevenir los problemas del sueño:

  • Rutinas estables: Mantener una hora de acostarse y levantarse sin cambios, incluso durante el fin de semana.
  • Restricción de pantallas: Reducir el número de horas en que los menores usan las pantallas, especialmente una hora antes de la hora de dormir.
  • Ambiente propicio: Reducir el nivel de ruido e iluminación, además de mantener una temperatura adecuada.
  • Actividad física adecuada, lo que ayudará al sistema nervioso y al cuerpo a tener el cansancio que inducirá al sueño.
  • Alimentación adecuada: Evitar cenas abundantes, comidas estimulantes o azúcares que alteran el ciclo del sueño.
  • Educación y sensibilización familiar: evitando que duerman siestas demasiado largas con familias involucradas en la importancia de educar a sus menores a tener una buena higiene del sueño, considerándolo como una regla de obligado cumplimiento.
  • Detección profesional y concienciación de los médicos de familia de la importancia del adecuado número de horas de sueño, para derivar a servicios especializados en caso de que sea un problema persistente o un trastorno del sueño.

Como profesionales de la salud y padres, no debemos subestimar el poder restaurador y funcional del sueño en estas etapas tan importantes, en las que el sistema nervioso está aún madurando en nuestros menores.

Referencias

Anastasiades, P. G., & Urban, N. N. (2022). Adolescent sleep and the foundations of prefrontal cortical development. Brain Research Reviews, 36(22), 2314–2325. https://doi.org/10.1016/j.brainresrev.2022.04.023

Crowley, R., et al. (2024). A systematic and meta-analytic review of the impact of sleep deprivation on hippocampal activation. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 154, 105743. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2024.105743

Di, T., et al. (2024). The impact of REM sleep loss on human brain connectivity. Translational Psychiatry, 14, 985–993. https://doi.org/10.1038/s41398-024-02985-x

Infocop. (2025, 26 de octubre). El déficit de sueño impacta en la salud psicológica y física de la población infanto-juvenil según el último informe FAROS. Infocop Online. https://www.infocop.es/el-deficit-de-sueno-impacta-en-la-salud-psicologica-y-fisica-de-la-poblacion-infanto-juvenil-segun-el-ultimo-informe-faros/

Riggins, T., Ratliff, E. L., Horger, M. N., & Spencer, R. M. C. (2024). The importance of sleep for the developing brain. Current Sleep Medicine Reports, 10(4), 437–446. https://doi.org/10.1007/s40675-024-00307-7

Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). (2025, 11 de junio). El 52,4% de los adolescentes españoles van a clase con menos de 8 horas de sueño, lo que afecta a su rendimiento académico y a su salud. SEMG Noticias. https://www.semg.es/index.php/noticias/item/1327-noticias-semg-20250611-2

Ouellet, J., et al. (2024). Neurocognitive consequences of adolescent sleep disruptions and risk for psychosis: A longitudinal study. Nature Mental Health, 1, 242–253. https://doi.org/10.1038/s44184-024-00058-x

Tashjian, S. M., Goldenberg, D., Monti, M., Galván, A., & Fuligni, A. J. (2018). Sleep quality and adolescent default mode network connectivity. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 13(3), 290–299. https://doi.org/10.1093/scan/nsy013

Urrila, A. S., et al. (2017). Sleep habits, academic performance, and the adolescent brain structure. Scientific Reports, 7, 41678. https://doi.org/10.1038/srep41678

Zhang, L., Geier, C. F., & Sweeney, J. A. (2025). Latent Default Mode Network Connectivity Patterns: Associations With Sleep Health and Adolescent Psychopathology. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 66, 552–563. https://doi.org/10.1111/jcpp.13757

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